Nunca Dejes Que Una Crisis Te Gane La Partida — Philip Mirowski / Never Let A Serious Crisis Go To Waste: How Neoliberalism Survived the Financial Meltdown by Philip Mirowski

Mis sentimientos con respecto a “Nunca dejes que una crisis te gane la partida” de Mirowski están decididamente mezclados, por un lado, hay mucha información y análisis fascinantes con respecto tanto a los economistas como a la crisis financiera, por el otro … bueno, imagina a Thomas Franks ( de One Market Under God & amp; Pity the Billionaire fame) que incluye una gran cantidad de jerga académica, y tienes una idea del estilo en el que escribe Mirowski y el pequeño dolor de cabeza que desarrollé de vez en cuando al leerlo.

Algo de esto es brillante, Mirowski ha leído sobre Hayek y Friedman y el resto de la gente de Mont Pelerin (extendiéndose a aquellos con diferentes grados de conexiones en lo que Mirowski llama el Colectivo de Pensamiento Neo-Liberal), y sus pensamientos y métodos. ; Su examen de los vínculos entre los economistas macro y la Reserva Federal y con Wall Street arroja mucha luz sobre las razones de la falta casi total de innovación en sus respuestas a la crisis financiera. Pero incluso estas ideas tienen que ser extraídas de la pesada carga de terminología académica con la que él ha promovido este libro.

Este debería haber sido uno de los mejores libros escritos sobre la crisis financiera de 2007 en adelante, y ciertamente el mejor sobre economistas y la crisis, pero en cambio el riff- estridente de Mirowski. La rama de la terminología académica esotérica significa que él también podría haber erigido un “¡Fuera!” Firmar para el lector general.

Este libro es extremadamente esclarecedor con respecto a la evolución de la ideología neoliberal de libre mercado.
Sin embargo, la premisa principal del libro es que hay una conspiración en el trabajo con la doctrina neoliberal promulgada por y a través de la Sociedad Mount Pelerin que se extiende hacia los centros de estudios, universidades, medios de comunicación y formuladores de políticas gubernamentales. La difusión de esta ideología es asistida por información errónea deliberada diseñada para mantener a los oponentes fuera de balance y desconcertar absolutamente a las masas sin lavar.
La lista de villanos del Sr. Mirowski es extensa e incluye no solo a los sospechosos habituales, como los acólitos de Ayn Rand, sino también a los opositores de los mercados libres desenfrenados como Paul Krugman y Joe Stieglitz. Es cierto que estos últimos economistas mencionados son acusados más por su complacencia con respecto a la conspiración que por sus opiniones.
En general, esta es una discusión excelente y bien investigada sobre la ideología del libre mercado y su capacidad para desviar las críticas incluso después de 2008
desastre que debería haber resultado en una reforma importante al sistema bancario pero no lo ha hecho.
El ‘pero’ tiene que ver con el énfasis en la conspiración en lugar de otros factores asociados con la ascendencia del mercado libre.
Por ejemplo, el fin de la guerra fría y la reorientación de la atención a las preocupaciones del mercado y la globalización que no reflejan las opiniones consensuadas entre la población es concurrente con el crecimiento del neoliberalismo que reenfoca perfectamente la atención de la lucha contra el comunismo por muchos medios, incluida la guerra directa y apoyo de dictaduras de derecha a la dominación mundial por el mercado libre. Sin la conciencia colectiva de la comunidad que influyó en los políticos y la población a través de la depresión y la guerra mundial y continuó durante la guerra fría, hemos vuelto a los valores de la depresión de los años veinte.
No es necesario que haya una ‘conspiración’ para las instituciones bancarias sin obstáculos por regulaciones que ya no se consideran relevantes en el mundo moderno y sin las restricciones de la acción colectiva y los objetivos para idear qué equivalen a instrumentos financieros inútiles y riesgosos como CDO, swaps y otros para sus ganancia propia, así como el ascenso del ‘comerciante’ en lugar del ‘agente’ y la sustitución de la ‘especulación’ en lugar de la ‘inversión’. La simple avaricia explica estas acciones como explicaba las acciones de los barones ladrones a principios del siglo XIX.
¿Cómo puede un país que ejecutó a Rosenberg por traición aceptar el desmantelamiento deliberado si las industrias de Estados Unidos y la contratación de empleos a expensas de su propia población sin quejarse y sin responsabilizar a alguien? ¿Cómo pueden estas acciones resultar en
Las altas tasas permanentes de desempleo, los salarios estancados y los desastres económicos que se acumulan a intervalos más frecuentes serán beneficiosos para el interés a largo plazo de los Estados Unidos
El hecho de que las personas con dinero actúen para acumular más y más riqueza a expensas de la población en general es tan estadounidense como la tarta de manzana y solo se ha resistido de manera efectiva después de grandes desastres financieros que cambiaron la política, hasta que los recuerdos se desvanecen y lo hacemos todo de nuevo otra vez.
Esta vez, los intereses monetarios han evitado con éxito la responsabilidad porque la red de seguridad funcionó demasiado bien y el desastre no fue lo suficientemente extremo como para librar al Congreso de su influencia. Los barones ladrones del siglo XIX al menos proporcionaban empleos y salarios. Los barones de hoy están moldeando o usando a los gobiernos del mundo para su propio beneficio y nada más.
La profesión económica parece impotente, dividida entre Keynes y Hayek. ¿Por qué solo un enfoque es el enfoque ‘correcto’? Porque puede
¿No se ve que en ciertas circunstancias un enfoque es mejor que el otro? ¿Por qué hay una visión “fundamentalista” de la economía en lugar de una visión científica? ¿Por qué? Debido a que el mercado libre no tiene en cuenta el beneficio general de la comunidad para un “cada hombre por sí mismo”, “cada hombre obtiene lo que merece” y, por lo tanto, justifica la codicia. Sin un enemigo común para que la comunidad se reúnan en torno al individualismo egoísta, ocupa un lugar central.
Como dijo Warren Buffet, sí, hay una guerra de clases y mi clase ganó.
Recomiendo encarecidamente este libro, pero dudo en aceptar la teoría de la conspiración como una complicación innecesaria de las acciones de las personas que tienen un interés común, aunque obviamente existe cierta coordinación de acción. Quizás no estés de acuerdo conmigo después de leer al Sr. Malinowski. yo
Admito fácilmente que puedo estar equivocado y la conspiración es real.

Los partidos de izquierda fueron destituidos sin miramientos por haber luchado para contener las peores repercusiones de la crisis. Por el contrario, las instituciones financieras que habían precipitado la crisis y habían sido rescatadas gracias a una acción gubernamental obtenían resultados positivos —prosperaban según los niveles previos a la crisis— y en un audaz despliegue de ingratitud sín límites, financiaban decididamente a la derecha emergente. En efecto, la asombrosa recuperación de los beneficios corporativos prácticamente garantizaba la exuberante exfoliación poscrisis de la pontificación de los laboratorios de ideas. Movimientos nacionalistas protofascistas brotaron en los lugares más insospechados, y propusieron argumentos sin un ápice de sentido. «Pesadilla» no era un término hiperbólico; era el fin de toda arrogancia.
La panacea de la «regulación» arrastra consigo gran cantidad de obstáculos irreflexivos sobre la naturaleza de los mercados, una dicotomía entre mercados y gobernabilidad, y un embrollo en torno a la intencionalidad, el voluntarismo y la espontaneidad que promulgan los neoliberales a un nivel subconsciente. Creo que éste ha sido uno de los síntomas principales del fracaso endémico de la imaginación económica de la izquierda.
Los economistas han atormentado nuestro sueño con sus diatribas medio coherentes para describir y analizar la sigilosa pesadilla. Sin embargo, han sido los neoliberales quienes han actuado como fuerzas de choque avanzadas frente a las hordas zombies, grupos de reconocimiento que desplegaban sus doctrinas y sus terapias de choque para congregar a los muertos vivientes a su paso.
Una vez concentrados, tambaleándose a través del paisaje, intimidando a la población con su terrible aspecto, los ojos abiertos y apagados, y sus continuos lamentos, los economistas neoclásicos se convirtieron en los principales activadores del Resurgimiento Neoliberal por todo el territorio. Tal como reconoce Quiggin: «Subestimé la velocidad y el poder de las ideas zombies».

El punto de partida del neoliberalismo es el reconocimiento, contrario a la doctrina liberal clásica, de que su visión de una buena sociedad solo triunfará si llega a reconciliarse con el hecho de que las condiciones para su existencia se tienen que construir, y no se producirán «de forma natural» en la ausencia de un esfuerzo político concertado y una organización.
El desprecio neoliberal por las categorías humanas se ha instalado firmemente en la vida cotidiana en las últimas tres décadas. Al margen de su situación, al margen de su condición social, se anima a todo el mundo a creer que también puede ser Metis, indiferente (o ignorante) de que su destino sea consumido por Zeus. Una y otra vez, se dice que el supuesto éxito de algun ídolo adolescente, gestor de hedge funds o estrella deportiva ilustra el manido tópico de que «puedes ser cualquier cosa que quieras, si lo deseas lo bastante». Esto presupone una individualidad que puede incorporar cualquier atributo, aceptar cuaquier reto, trascender cualquier limitación y encarnar cualquier cualidad. Hay pocas metáforas neoliberales más cínicas o conjuros más adecuados. Este catecismo de metamorfosis permanente ha generado numerosos mecanismos culturales que estructuran el neoliberalismo cotidiano.

Aunque la muñeca rusa (matrioskas) ha desarrollado elaboradas estrategias de reclutamiento y un semillero para mantener candidatos vivos en reserva, a todas luces se ha convertido en un imperativo para los neoliberales, como los hermanos Koch, para avanzar en la transformación de la profesión económica dispersando más su influencia. En efecto, precisamente debido a su avidez, unos pocos periodistas intrépidos descubrieron donativos de Koch para universidades como Clemson, Utah State, University of West Virginia y sobre todo Florida State, para tener una influencia directa a la hora de contratar nuevos economistas, además de un veto para boicotear a aquellos con un insuficiente «reconocimiento de la libertad académica».
Lo que distingue a Koch es la profundidad de sus conocimientos para hacer que esto suceda al tiempo que mantiene una tenue apariencia de independencia universitaria. En la Florida State (UFS), Koch donó 1,5 millones de dólares al departamento de economía en 2008, a cambio de elegir a los miembros de la junta asesora que aprobaba los contratos de los profesores, y facultó a un representante suyo con poder de veto por sí mismo, que ejerció en la primera ronda de contrataciones de 2009. Un representante de Koch también preseleccionaba a los candidatos en las entrevistas de trabajo de ASSA. Koch también estipuló como condición una asignatura nueva que presentaba los trabajos de Ayn Rand. El presidente del departamento de economía de la UFS, Bruce Benson, tenía una estrecha relación con Koch, y firmó el acuerdo sin someterlo a la votación del departamento.
Cuando este tipo de operaciones se revelaban en los medios, el colectivo de pensadores escogía unos portavoces que insinuaban que los acuerdos de Koch no eran tan diferentes de cuando George Soros financiaba el INET para transformar la profesión económica. Esto, naturalmente, era una intervención agnotológica en sí misma. Soros, a pesar de sus defectos, se ha comedido en cuanto a intervenir de forma directa en el INET; y en efecto, una de las cosas más sorprendentes de esa organización es la representación sustancial de neoliberales destacados en sus reuniones y, hasta cierto punto, en sus programas educativos. La principal diferencia entre Soros y los Koch es que estos últimos tienen medio siglo de desarrollo doctrinal del colectivo de pensadores para discriminar con fineza lo que deberían considerarse como conocimientos «aprobados».
Como escribió Thomas Pynchon en el gran clásico del siglo XX El arco iris de gravedad: «Si se le hacen las preguntas incorrectas, no tiene que preocuparse por las respuestas correctas». Como pasa con la publicidad, los medios exaltan sin cesar el choque de lo nuevo, cuando lo que realmente ocurre es que te venden los mismos viejos cacharros bajo una nueva marca. Así, la profesión económica y el Colectivo de Pensadores Neoliberales han alcanzado una cooperación conjunta en una simbiosis mutuamente beneficiosa, cuyo producto es el mantenimiento de un sistema económico y un sector financiero esencialmente inalterado por el mayor colapso global desde los años treinta.

Un famoso miembro de Mont Pèlerin, Hernando de Soto. En una mirada retrospectiva a la crisis, afirmó que «la recesión no tuvo que ver con burbujas, sino con la organización del conocimiento». Lo que no era del todo inesperado.
El problema actual de los movimientos de izquierda, sea lo que fuere que este oscuro término incluye hoy en día, es que han caído en una trampa donde las discusiones sobre la crisis acaban siendo desesperanzadoramente retrospectivas, predicando quizás la «restauración» de una «regulación» adecuada, rediseñando las configuraciones de poder de los Estados de mediados del siglo XX, volviendo a una redistribución «justa e igualitaria» de los beneficios, liberando a los deudores y permitiéndoles recuperarse perdonando su deuda, o renovando la economía evitando la dependencia y la proliferación de entidades corporativas financializadas, lo que recuerda la economía que reinaba durante el período inmediatamente posterior a la guerra. Algunos han derivado abiertamente hacia la nostalgia del New Deal, mientras otros idealizan los años sesenta. Ignoran una premisa básica aprendida por los conservadores hace mucho tiempo: «Para salvaguardar el régimen, los conservadores deben reconstruir el régimen».
Aunque parezca poco educado mencionarlo, el hundimiento del movimiento «Occupy» entre 2011 y 2012 se debió mayormente a la ya desacreditada idea de que la acción política podría sostenerse y ser efectiva en ausencia de cualquier tipo de guía teórica y sin una organización jerárquica de objetivos a corto y largo plazo…
Para los neoliberales, la respuesta preestablecida a cualquier problema, sea económica o de otra índole, es: «Más mercados».

Una cosa fue reducir la tormentosa historia de la economía a un cuento de ciencia-ficción de lo tecnológicamente sublime, pero otra muy distinta ha sido convertirla en el non plus ultra de la reacción neoliberal de amplio espectro a la crisis. Como en el caso de la geoingeniería, ha sido necesario reclutar científicos que acepten no actuar nunca contra la debilidad que subyace bajo la crisis, dirigiendo sus esfuerzos, en cambio, a vistosas «tiritas» con las que tratar los síntomas. Como se atribuye al economista Paul Romer, «Cada diez años más o menos cualquier sistema finito de regulación económica conducirá a una crisis del sistema financiero».

1) Los neoliberales han reaccionado individualmente a la disonancia cognitiva como la psicología social sugirió que lo harían. Las evidencias contrarias no hacen mella en su visión del mundo.
2) Lejos de retirarse del agonístico campo de batalla intelectual, después de un breve período de desorden redoblaron sus esfuerzos para influenciar y adueñarse de la profesión de economista, lo que ha beneficiado a los economistas a capear la crisis. La prevención de la ruptura del sector financiero como reacción a su insolvencia en casi todos los países fue el hecho más importante que reafirmó tanto a la profesión del economista ortodoxo a nivel internacional como al Colectivo de Pensadores Neoliberales.
3) Puesto que los economistas fueron pillados con la guardia baja durante el inicio de la crisis, tanto los periodistas como el público en general al principio tuvieron que volver la vista a explicaciones tradicionales del desastre, así como a las concepciones culturales de la economía dominante. De esta forma, las décadas anteriores del «neoliberalismo cotidiano» que habían arraigado en la cultura, constituyeron un baluarte hasta que la movilización activa del Colectivo de Pensadores Neoliberales fue capaz de formular nuevas respuestas.
4) El colectivo de pensadores ha recurrido a la fabricación de la ignorancia sobre la propia crisis a escala industrial, tomando como base el ya probado modelo de la «estrategia del tabaco». Las excusas aportadas por los economistas para defender su profesión fueron uno de los componentes principales de estas acciones.
5) Los neoliberales han desarrollado una forma relativamente novedosa de apropiarse de los movimientos de protesta, combinando una toma de poder jerarquizada de arriba abajo con una comercialización de abajo arriba de las acciones de protesta y de reclutamiento. Esto es la extensión de las prácticas del «murketing» a la mismísima acción política. La fascinación popular por el papel de las redes sociales en los movimientos de protesta sólo fortalece este desarrollo.
6) Finalmente, el Colectivo de Pensadores Neoliberales ha exhibido un patrón identificable y repetitivo de políticas reactivas de amplio espectro para una crisis realmente generalizada, consistente en un negacionismo de corto recorrido, la imposición a medio plazo de mercados financiados por el estado y, a largo plazo, el reclutamiento de empresarios para explorar imaginativos proyectos científicos con los que transformar las relaciones humanas para con la naturaleza.

Observamos que esto se ha producido durante la crisis económica global y no dudamos verlo de nuevo ante nuevos episodios de la catástrofe climática. Es en este punto donde es más obvio que se toman al pie de la letra su herencia schmittiana. Saben lo que significa no dejar que una crisis te gane la partida.

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My feelings regarding Mirowski’s “Never Let A Serious Crisis Go To Waste” are decidedly mixed, on the one hand there is much fascinating information and analysis with regards to both Economists and the Financial Meltdown, on the other… well imagine Thomas Franks (of One Market Under God & Pity the Billionaire fame) mainlining a hefty load of hard-core academic jargon, and you have some idea of the style Mirowski writes in and the minor headache I developed from time to time while reading it.

Some of it is brilliant, Mirowski has read up on his Hayek and Friedman and the rest of the Mont Pelerin folks (spreading out to those with varying degrees of connections into what Mirowski terms the Neo-Liberal Thought Collective), and their thoughts and methods; his examination of the links between Macro Economists and the Federal Reserve and with Wall St throws much light on the reasons for the almost total lack of innovation in their responses to the Financial Meltdown. But even these insights have to be teased out from the heavy load of academic terminology that he has larded this book with.

This should have been one of the best books written on the Financial Meltdown of 2007 onwards, and certainly the best one on Economists and the Meltdown, but instead Mirowski’s raucous riff-a-rama of esoteric academic terminology means that he may as well have erected a ‘Keep Out!’ sign for the general reader.

This book is extremely enlightening as regards the evolution of neoliberal free market ideology.
The main premise of the book is however that there is a conspiracy of sorts at work with neoliberal doctrine promulgated by and through the Mount Pelerin Society rippling outward to think tanks, universities, media outlets and government policy makers. The spreading of this ideology is assisted by deliberate misinformation designed to keep opponents off balance and absolutely baffle the unwashed masses.
Mr. Mirowski’s list of villains is extensive and includes not only the usual suspects such as Ayn Rand acolytes but also opponents of unbridled free markets as Paul Krugman and Joe Stieglitz. Admittedly these latter mentioned economists are indicted more for their complacency regarding the conspiracy than their opinions.
Overall this is an excellent and well researched discussion of free market ideology and its ability to deflect criticism even after the 2008
disaster which should have resulted in major reform to the banking system but has not.
The “but” has to do with the emphasis on conspiracy rather than other factors associated with free market ascendancy.
For instance,the end of the cold war and the refocusing of attention to market concerns and globalization which do not reflect consensus opinions among the population is concurrent with the growth of neoliberalism which seamlessly refocused attention from fighting communism by many means including outright warfare and the support of right wing dictatorships to world domination by the free market. Without the collective conscience of community which influenced politicians and populace through the depression and the world war and continued through the cold war we have reverted to the predepression values of the roaring twenties.
There need not be a ‘conspiracy’ for banking institutions unhindered by regulations no longer thought relevant in the modern world and without the constraints of collective action and goals to devise what amount to useless and risky financial instruments such as CDO’s, swaps and such for their own gain, as well as the rise of the ‘trader’ in place of the ‘agent’, and the substitution of ‘speculation’ in place of ‘investment’. Simple greed explains these actions as it explained the actions of the robber barons at the turn of the 19th century.
How can a country who executed the Rosenberg’s for treason accept the deliberate dismantling if America’s industries and the out sourcing of jobs at the expense of it’s own population without complaint and without holding someone responsible? How can these actions resulting in
permanent high rates of unemployment, stagnant wages and economic disasters accumulating at more frequent intervals be of benefit to the long term interest of the United States
The fact that those with money act to amass more and more wealth at the expense of the general population is as American as apple pie and has only been resisted effectively following major financial disasters which changed the politics, until memories fade and we do it all over
again.
This time around the money interests have successfully avoided responsibility because the safety net worked too well and the disaster wasn’t extreme enough to rid congress of its influence. The robber barons of the 19th century at least provided jobs and wages. Today’s barons are molding or using the governments of the world for their own gain and nothing else.
The economics profession seems helpless, divided between Keynes and Hayek. Why is only one approach the ‘right’ approach? Why can it
not be seen that at certain circumstances one approach is better than the other? Why is there a ‘fundamentalist’ view of economics rather than a scientific view? Why? Because the free market disregards the general benefit of the community for an ‘every man for himself’, ‘every man gets what he deserves’ rationalization and therefore justifies greed. Without a common enemy for the community to rally around selfish individualism takes center stage.
As Warren Buffet said, yes there is a class war and my class won.
I highly recommend this book but hesitate to buy in to the conspiracy theory as an unnecessary complication to the actions of people serving a common interest although obviously there is some coordination of action. Perhaps you will disagree with me after reading Mr. Malinowski. I
readily admit I may be wrong and the conspiracy is real.

The leftist parties were dismissed without regard for having fought to contain the worst repercussions of the crisis. On the contrary, the financial institutions that had precipitated the crisis and had been rescued thanks to government action obtained positive results – they prospered according to pre-crisis levels – and in a bold display of ingratitude without limits, they decidedly financed the emerging right . Indeed, the amazing recovery of corporate benefits practically guaranteed the exuberant post-crisis exfoliation of the pontification of the laboratories of ideas. Protofascist nationalist movements sprouted in the most unexpected places, and proposed arguments without an iota of meaning. “Nightmare” was not a hyperbolic term; It was the end of all arrogance.
The panacea of “regulation” carries with it a large number of thoughtless obstacles to the nature of markets, a dichotomy between markets and governance, and a mess around the intentionality, voluntarism and spontaneity that neoliberals enact at a subconscious level . I think this has been one of the main symptoms of the endemic failure of the economic imagination of the left.
Economists have tormented our dream with their half-coherent tirades to describe and analyze the stealthy nightmare. However, it has been the neo-liberals who have acted as advanced shock forces against the zombie hordes, recognition groups that deployed their doctrines and their shock therapies to congregate the walking dead as they passed.
Once concentrated, staggering through the landscape, intimidating the population with its terrible appearance, eyes open and dull, and its continuous regrets, neoclassical economists became the main activators of the Neoliberal Resurgence throughout the territory. As Quiggin acknowledges: “I underestimated the speed and power of zombie ideas”.

The starting point of neoliberalism is the recognition, contrary to classical liberal doctrine, that its vision of a good society will only triumph if it is reconciled with the fact that the conditions for its existence have to be built, and will not occur “Naturally” in the absence of a concerted political effort and an organization.
Neoliberal disregard for human categories has been firmly installed in everyday life in the last three decades. Regardless of their situation, regardless of their social status, everyone is encouraged to believe that Metis may also be indifferent (or ignorant) that his destiny is consumed by Zeus. Again and again, it is said that the supposed success of some teenage idol, hedge fund manager or sports star illustrates the topical insight that “you can be anything you want, if you want it enough.” This presupposes an individuality that can incorporate any attribute, accept any challenge, transcend any limitation and embody any quality. There are few more cynical neoliberal metaphors or more adequate spells. This permanent metamorphosis catechism has generated numerous cultural mechanisms that structure everyday neoliberalism.

Although the Russian doll (matrioskas) has developed elaborate recruitment strategies and a hotbed to keep candidates alive in reserve, it has clearly become an imperative for neoliberals, such as the Koch brothers, to advance the transformation of the economic profession by dispersing their influence. Indeed, precisely because of their greediness, a few intrepid journalists discovered donations from Koch to universities such as Clemson, Utah State, University of West Virginia and especially Florida State, to have a direct influence when hiring new economists, in addition to a veto to boycott those with insufficient “recognition of academic freedom.”
What distinguishes Koch is the depth of his knowledge to make this happen while maintaining a tenuous appearance of university independence. In Florida State (UFS), Koch donated $ 1.5 million to the department of economics in 2008, in exchange for electing the members of the advisory board that approved teachers’ contracts, and empowered a representative of his with power veto by himself, which he exercised in the first round of hiring in 2009. A representative of Koch also pre-selected the candidates in the ASSA job interviews. Koch also stipulated as a condition a new subject that presented the works of Ayn Rand. The president of the economics department of the UFS, Bruce Benson, had a close relationship with Koch, and signed the agreement without submitting it to the department’s vote.
When these types of operations were revealed in the media, the group of thinkers chose spokesmen who suggested that the Koch agreements were not so different from when George Soros financed the INET to transform the economic profession. This, of course, was an agnotological intervention in itself. Soros, despite its defects, has been restrained as to intervene directly in the INET; and indeed, one of the most amazing things about that organization is the substantial representation of neoliberals featured in their meetings and, to some extent, in their educational programs. The main difference between Soros and the Koch is that the latter have half a century of doctrinal development of the group of thinkers to discriminate with finesse what should be considered as “approved” knowledge.

As Thomas Pynchon wrote in the great classic of the twentieth century The Rainbow of Gravity: “If you are asked the wrong questions, you don’t have to worry about the right answers.” As with advertising, the media ceaselessly cease the shock of the new, when what really happens is that they sell you the same old pots under a new brand. Thus, the economic profession and the Collective of Neoliberal Thinkers have achieved joint cooperation in a mutually beneficial symbiosis, whose product is the maintenance of an economic system and a financial sector essentially unaltered by the greatest global collapse since the thirties.

A famous member of Mont Pèlerin, Hernando de Soto. In a retrospective look at the crisis, he said that “the recession had nothing to do with bubbles, but with the organization of knowledge.” What was not entirely unexpected.
The current problem of leftist movements, whatever this dark term includes today, is that they have fallen into a trap where discussions about the crisis end up being hopelessly retrospective, perhaps preaching the “restoration” of a “regulation »Adequate, redesigning the power configurations of the states of the mid-twentieth century, returning to a« fair and equal »redistribution of benefits, freeing debtors and allowing them to recover by forgiving their debt, or renewing the economy avoiding dependence and proliferation of financialized corporate entities, reminiscent of the economy that reigned during the period immediately after the war. Some have drifted openly to the nostalgia of the New Deal, while others idealize the sixties. They ignore a basic premise learned by conservatives a long time ago: “To safeguard the regime, conservatives must rebuild the regime”.
Although it seems uneducated to mention it, the collapse of the Occupy movement between 2011 and 2012 was largely due to the already discredited idea that political action could be sustained and effective in the absence of any theoretical guide and without a hierarchical organization of objectives in the short and long term …
For neo-liberals, the pre-established answer to any problem, whether economic or otherwise, is: “More markets”.

It was one thing to reduce the stormy history of the economy to a science fiction tale of the technologically sublime, but another very different has been to turn it into the non-ultra ultra of the broad-spectrum neoliberal reaction to the crisis. As in the case of geoengineering, it has been necessary to recruit scientists who agree never to act against the weakness that underlies the crisis, instead directing their efforts to showy “strips” with which to treat the symptoms. As attributed to economist Paul Romer, “Every ten years or so any finite system of economic regulation will lead to a crisis in the financial system.”

1) Neoliberals have reacted individually to cognitive dissonance as social psychology suggested they would. The contrary evidence does not make a dent in his vision of the world.
2) Far from withdrawing from the agonistic intellectual battlefield, after a brief period of disorder they redoubled their efforts to influence and take over the profession of economist, which has benefited economists to weather the crisis. The prevention of the rupture of the financial sector as a reaction to its insolvency in almost all countries was the most important fact that reaffirmed both the profession of the international orthodox economist and the Collective of Neoliberal Thinkers.
3) Since economists were caught off guard during the onset of the crisis, both journalists and the general public at first had to look back to traditional explanations of the disaster, as well as to the cultural conceptions of the dominant economy . In this way, the previous decades of “everyday neoliberalism” that had taken root in culture constituted a bulwark until the active mobilization of the Collective of Neoliberal Thinkers was able to formulate new responses.
4) The group of thinkers has resorted to the manufacture of ignorance about the crisis itself on an industrial scale, based on the already proven model of the “tobacco strategy”. The excuses provided by economists to defend their profession were one of the main components of these actions.
5) Neoliberals have developed a relatively novel way of appropriating protest movements, combining a hierarchical takeover from top to bottom with a bottom-up marketing of protest and recruitment actions. This is the extension of the practices of “murketing” to the very political action. The popular fascination with the role of social networks in protest movements only strengthens this development.
6) Finally, the Collective of Neoliberal Thinkers has exhibited an identifiable and repetitive pattern of broad-spectrum reactive policies for a truly widespread crisis, consisting of short-term denial, medium-term imposition of state-financed markets and In the long term, the recruitment of entrepreneurs to explore imaginative scientific projects with which to transform human relationships with nature.

We note that this has occurred during the global economic crisis and we do not hesitate to see it again in the face of new episodes of the climate catastrophe. It is at this point that it is most obvious that their Schmittian heritage is taken to the letter. They know what it means to not let a crisis win your game.

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