El Motín De La Naturaleza — Philipp Blom / Die Welt Aus Den Angeln (Nature’s Mutiny: How the Little Ice Age of the Long Seventeenth Century Transformed the West and Shaped the Present) by Philipp Blom

Esta es una de las cosas más interesantes que he leído en mucho tiempo. La idea principal del libro es que las presiones ejercidas sobre la sociedad por la Pequeña Edad de Hielo obligaron a los europeos a cambiar sus formas y que esto es lo que llevó a la cultura en la que vivimos hoy. Básicamente, las malas cosechas hicieron que la autosuficiencia no fuera confiable, lo que llevó a los campesinos a mudarse a barrios marginales urbanos, la gente se volvió más dependiente del comercio de larga distancia y el dinero para sobrevivir y esto alentó la explotación de los trabajadores, el colonialismo, la esclavitud, la competencia internacional, las carreras armamentistas militares y los extravagantes. acumulaciones de riqueza para los ricos. Las empresas requerían más fondos, lo que alentaba la creación de los primeros mercados bursátiles para que el riesgo pudiera distribuirse entre los accionistas, y el crecimiento económico se convirtió en una prioridad para que los propietarios de empresas pudieran mantenerse por delante de su competencia. También hizo que las personas cuestionaran su fe, ya que las oraciones y la quema de brujas resultaron ineficaces contra la ira de la naturaleza, lo que condujo a una mayor aceptación de las ideas científicas.
De alguna manera, estos cambios fueron buenos. Cuando la sociedad necesita solucionadores de problemas racionales y trabajadores calificados, fomenta la mejora de los sistemas educativos. El mercantilismo requiere que las diferentes culturas se lleven bien entre sí y, por lo tanto, la sociedad se vuelve más cosmopolita. El liderazgo se convierte en un poco más de una meritocracia ya que el “nacimiento noble” no garantiza las habilidades adecuadas para administrar negocios exitosos. En otros sentidos, los cambios fueron horribles. La tolerancia de los socios comerciales no se tradujo en respeto por todas las demás culturas. Fue solo una decisión pragmática sobre obtener ganancias, y en muchos casos fue obviamente más rentable explotar, saquear y esclavizar a otros.
Creo que es cierto que la tendencia de enfriamiento global de la década de 1600 empujó a la sociedad europea en esta dirección, pero ¿no estaba yendo de esa manera? Hace que suene un poco demasiado como si fuera un giro completo. En mi opinión, solo aceleró un proceso que ya estaba en marcha. Recuerde, uno de los contribuyentes a esta tendencia de enfriamiento (aunque un contribuyente muy pequeño en la opinión de Blom) es el genocidio de los nativos americanos y la reforestación de sus tierras de cultivo. El crecimiento de toda esa biomasa absorbió una gran cantidad de carbono de la atmósfera. Claramente, Europa ya estaba desesperada por recursos si arriesgaban sus vidas viajando por todo el mundo. La historia de la civilización no es más que explotación, guerra y destrucción ambiental. Graves problemas ambientales a gran escala ocurrían mucho antes de la revolución industrial. Los líderes corruptos siempre promovieron altas densidades de población porque de ahí obtienen su poder. Luego, la sobrepoblación destruye la tierra local y se vuelven dependientes de la conquista de otras tierras. Las carreras de armamentos, e incluso los experimentos científicos, no son nada totalmente nuevo. Los que están en la cima siempre han permitido un debate racional suficiente para poder innovar nuevas armas y tácticas para mantenerse por delante de sus rivales. Si Blom hubiera mostrado una mejor comprensión de esto, creo que este hubiera sido un libro mucho mejor.

Esto termina mejor que la mayoría de los otros libros ambientales que he leído recientemente. En lugar de desahogarse en el último segundo y decirnos que todo está bien porque los liberales prevalecerán inevitablemente sobre los negadores del cambio climático y los sociópatas ricos, deja en claro que estamos en serios problemas. Explica explícitamente el fundamentalismo del libre mercado, el neoliberalismo, el materialismo e incluso el crecimiento económico sin fin como problemas. Él deja en claro que poner nuestra fe en las soluciones tecnológicas podría ser un error fatal. No deja en claro qué cree exactamente que se debe hacer con respecto a estos problemas, pero solo admitir que son problemas todavía hace que este tipo sea más valiente que la mayoría de los otros escritores publicados en estos días.

El Motín de la naturaleza: Cómo la Pequeña Edad de Hielo del largo siglo XVII transformó Occidente y formó el presente por Philipp Blom. Comencé esto esperando más cambio climático y menos cambio social e intelectual, pero resultó que los dos están estrechamente aliados como autor. Blom demuestra este trabajo reflexivo, bien investigado y documentado. Lo que encontré más interesante y tan desalentador es cuán similares son las reacciones de nuestra era actual que reflejan en muchos sentidos la experiencia de aquellos que vivieron durante la Pequeña Edad de Hielo.

La influencia perniciosa del clima produjo fuertes efectos sociales. Las protestas violentas aumentaron a medida que aumentaron los precios de los granos [debido a la disminución de la capacidad de crecimiento]. Existe una clara correlación entre los años con condiciones climáticas extremas y disturbios y rebeliones, y esto es especialmente pronunciado en los años en que la cosecha fue pobre. … Solo en los años 1585 a 1660, se documentan más de setenta levantamientos de este tipo ”. P. 36-37.

Pero a diferencia de las causas naturales que precipitaron, pero no son el único factor, en la Pequeña Edad de Hielo, Blom ilustra que nuestra situación actual es totalmente artificial y es poco probable que se resuelva mediante la reversión de los fenómenos climáticos naturales. No tenemos forma de dejar atrás el daño que hemos causado, solo podemos intentar cambiar nuestro futuro. A diferencia de los primeros pensadores científicos del siglo XVII, los científicos del clima de hoy en día pueden hacer proyecciones detalladas y basadas en evidencia de los desarrollos climáticos … a medida que los cambios se manifiestan alrededor de la planta, desde los organismos unicelulares hasta la estratosfera.

Este es un libro aterrador, y vale la pena el tiempo y el esfuerzo para leer. Lo recomiendo altamente

Al principio de este libro se plantea una pregunta sencilla, con una referencia innegable al presente: ¿qué cambia en una sociedad cuando cambia su clima? ¿Qué efectos mediatos e inmediatos tiene en su cultura, en su horizonte emocional e intelectual, una transformación de las condiciones marco naturales? El largo siglo XVII brinda la posibilidad de estudiar y comprender los efectos del cambio climático en todos los aspectos de la vida humana.
El episodio climático que los historiadores denominan Pequeña Edad de Hielo y que alcanzó su punto culminante en la primera mitad del siglo XVII no cambió solamente la vida de los europeos. Entre 1570 y 1685, un descenso medio de dos grados Celsius de las temperaturas alteró drásticamente las corrientes oceánicas y los ciclos climáticos y provocó fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo. Hielo y nieve, granizo en verano, tormentas, semanas y más semanas de lluvia o años enteros de sequía provocaron hambrunas catastróficas en China, inviernos asesinos en América del Norte y enormes pérdidas de cosechas en la India; por su parte, el imperio osmanlí conoció el frío más severo, nunca visto hasta entonces.
El presente libro se centra, por tres motivos, en los efectos de la Pequeña Edad de Hielo en Europa. En primer lugar, las investigaciones actuales demuestran que los efectos culturales del cambio climático en Europa están especial y detalladamente documentados; en segundo lugar, desconozco las respectivas lenguas y carezco de los conocimientos que me permitirían estudiar con la misma profundidad la historia cultural del Japón, de China o de la India, y, en tercer y último lugar, fue precisamente en Europa donde, durante ese periodo, tuvo lugar una enorme revolución social, económica e intelectual. De ahí la pregunta sobre hasta qué punto una cosa estuvo relacionada con la otra.
La idea de que las condiciones climáticas tienen un efecto en las sociedades humanas no es nueva.
En las doctrinas seudocientíficas de signo racial que imperaron al pasar al siglo XX encajaba a la perfección una visión del mundo según la cual hay culturas que son víctimas de su clima, pero que Occidente había superado en cierto modo las limitaciones de sus condiciones climáticas. Así surgió una descripción de la historia que presentaba a las demás culturas como productos de su entorno, pero que medía las sociedades occidentales con otro rasero.

A finales de la Edad Media, es decir, más o menos a mediados del siglo XIV, Europa vivió una época cálida durante la cual las temperaturas fueron por término medio hasta dos grados más altas que en nuestros días. A partir de 1400, un marcado enfriamiento fue desplazando gradualmente ese calentamiento: para ello solo necesitó medio siglo. Las temperaturas cayeron dos grados por debajo de la media del siglo XX, un descenso que, en comparación con el periodo cálido de la Edad Media, equivale a cuatro o cinco grados.
La pregunta por la cadena causal de ese hecho y, al mismo tiempo, por las fechas exactas, sigue abierta. Algunos investigadores fechan el comienzo de la Pequeña Edad de Hielo ya en el siglo XIV; otros, a los que seguiré en este libro, en la segunda mitad del siglo XVI. Del mismo modo puede afirmarse que tampoco se sabe a ciencia cierta cuándo acabó.
También continúan siendo un enigma las causas de ese cambio climático realmente dramático. Las hipótesis van desde una desviación en la rotación del eje terrestre hasta una posible actividad solar que disminuye periódicamente, demostrable, también fundándose en observaciones, al menos en lo que respecta a los últimos años del siglo XVII, cosa que, sin embargo, no aclara el comienzo temprano de la Pequeña Edad de Hielo.
El periodo frío trajo también un recrudecimiento de la actividad sísmica. Los investigadores pudieron comprobar que se produjo un alto número de terremotos y erupciones volcánicas. También a ese respecto solo hay teorías; es posible que el enfriamiento del aire a causa de la menor radiación solar cambiara la «bomba oceánica» de las corrientes profundas. Hacia el fondo del mar llegó más agua fría, mientras, debido al ensanchamiento del hielo polar, aumentaba el contenido salino del agua de mar.
Un enfriamiento de la temperatura del agua tiene efectos en el ciclo total de las corrientes oceánicas y, de ese modo, en el tiempo meteorológico en la tierra.
En apenas cuatro generaciones se transformó un mundo en el que los teólogos eran los únicos que podían interpretar lo que ocurría y en que la medicina y la ciencia se orientaban según la visión alegórica propia de la Antigüedad, un mundo en el que toda la economía dependía del cultivo de cereales, en el que el sol giraba alrededor de la tierra y donde las sociedades funcionaban a imagen y semejanza del astro rey, es decir, con una organización estática y feudal. Ese mundo se transformó hasta convertirse en uno en el que nosotros mismos nos reconocemos de manera esencialmente más sencilla, un mundo que, a pesar de todas las asincronías, vacilaciones y asimetrías, ya tenía rasgos modernos.

El diario de Wouter Jacobszoon es uno de los pocos documentos personales y exhaustivos en los que se describe la vida al comienzo de la Pequeña Edad de Hielo, hacia finales del siglo XVI, desde la perspectiva cotidiana. Sin embargo, muchos observadores coincidían en afirmar que estaba ocurriendo algo insólito y amenazador. El sol del verano brillaba sin fuerza; los inviernos eran desacostumbradamente fríos. Llamaban la atención las inusuales heladas y a menudo se las describía y comentaba con todo detalle. En 1569, la laguna de Venecia estuvo helada hasta marzo; en el invierno de 1572-1573, cuando Jacobszoon buscó refugio en Ámsterdam, el lago de Constanza estuvo cubierto por una espesa capa de hielo hasta la primavera.
No solo en la tierra cambió la naturaleza. En 1588, el historiador inglés William Camden contó que los bancos de arenques, que antes se capturaban en altamar, en las aguas más frías a cientos de kilómetros al norte, ahora, para regocijo de los pescadores, aparecían justo delante de la costa.
Los océanos se enfriaron sensiblemente. Los cachalotes que perseguían a sus presas quedaban varados en las playas poco profundas del Mar del Norte y las aguas de las tormentas árticas cayeron en los mares europeos. Y fue entonces cuando tuvo lugar el peor desastre marítimo del siglo XVI o, también podría decirse, el mayor milagro militar del siglo.
Una tormenta ártica en septiembre salvó de la invasión a la Inglaterra isabelina. Sin embargo, otros efectos del cambio climático fueron menos gratificantes y, además, se acumularon. Entre 1400 y 1550, el Támesis se congeló cinco veces (1408, 1435, 1506, 1514, 1537); entre 1551 y 1700, lo cubrió, en doce inviernos, una gruesa capa de hielo: 1565, 1595, 1608, 1621, 1635, 1649, 1655, 1663, 1666, 1677, 1684 y 1695.
1666 es un año que ilustra otra característica de la Pequeña Edad de Hielo. El tiempo no solo fue más frío; los fenómenos climáticos también se hicieron más extremos y difícilmente predecibles. Al crudo invierno siguió una primavera desacostumbradamente cálida y escasa en lluvias y el verano la imitó. No solo padeció la agricultura; también se secó la madera de los techos y las vigas de los edificios (muchos de ellos de madera), de modo tal que bastó un pequeño fuego en una panadería de Pudding Lane para que, entre el 2 y el 5 de septiembre, ardiera todo Londres, una ciudad convertida en un mar de fuego. Durante el Great Fire of London, más de trece mil casas fueron pasto de las llamas y ochenta mil personas se quedaron sin hogar.
La hambruna agravó la crisis política que en Rusia se conoce como Smuta, los tiempos «turbios», «turbulentos». Borís Godunov había usurpado el trono después de que el zarévich Dimitri, hijo menor de Iván el Terrible y legítimo heredero de la corona, muriese apuñalado en misteriosas circunstancias. En 1601, apareció en Polonia un hombre –una de las muchas figuras mesiánicas de la época– que se hacía pasar por Dimitri y que no tardó en tener miles de seguidores. En el transcurso de la guerra civil, el llamado Falso Dimitri llegó incluso a ocupar el trono, pero en 1606 murió asesinado. El país, sumido en el caos, siguió padeciendo hasta 1613 las sacudidas de la guerra y diversos levantamientos avivados por el hambre y la miseria, tanto en el campo como en las grandes ciudades.
También en América del Norte el cambio climático llegó a ser una amenaza. Las primeras colonias del continente americano sufrieron fenómenos climáticos extremos que casi hicieron fracasar los tempranos asentamientos. Por ejemplo, en la primavera de 1607, cuando desembarcaron los primeros ciento cuatro colonos de Jamestown, en el actual estado de Virginia, se encontraron un paisaje exuberante y prometedor. En el fondo marino había ostras «gruesas como piedras» escribió más tarde George Percy: «Cuando las abríamos, encontrábamos perlas dentro de muchas de ellas».

Si intentamos observar Europa entre 1570 y 1680 como una colmena gigantesca (Châpeau, Mandeville!) en la que coexisten distintos pueblos enfrentados entre sí, que se afanan en construir sus respectivos panales más altos de los que los rodean, llegaremos a la conclusión de que, al final de ese periodo, los pequeños insectos consiguieron un progreso enorme.
Antes de las grandes olas de frío, vivían en su ruidoso panal; apenas unas generaciones después, se habían propagado por su entorno para procurarse nuevos recursos. Antes del frío confiaban su supervivencia a un único alimento, pero muy pronto añadieron otros a su dieta, la producción se intensificó, se ensancharon los campos de flores y el alcance de las expediciones.
Las abejas quieren acumular un tesoro en la sala de su reina. No solo han conseguido saciar el hambre; también han puesto los cimientos futuros de su poder. Apenas unas generaciones antes, vivían exclusivamente de las flores cercanas; ahora, una parte de la colmena comercia con otros pueblos mientras una columna de fieras porteadoras, estrictamente vigiladas, llevan al panal, pequeños lingotes de oro.
En el panal de Mandeville, la cera empieza a derretirse. Las abejitas lo notan, se inquietan, vuelan más rápido, traen más polen, se reproducen más, levantan nuevas paredes, se defienden contra los intrusos, dan vueltas y vueltas y zumban furiosas. Millones y millones de alas calientan el aire. Los insectos saben que todo eso no va a durar mucho, pero quieren más, son abejas, no saben hacer otra cosa. Pronto el panal será un lugar inhabitable y las abejas caerán y se amontonarán unas encima de las otras, todo un pueblo lanzado a una lucha nihilista por la supervivencia. El apicultor no llega cuando lo esperan. Ellas trabajan en aras de su propia decadencia.

————

This is one of the more interesting things that I’ve read in a while. The main idea of the book is that the pressures put on society by the Little Ice Age forced Europeans to change their ways and that this is what led to the culture we live in today. Basically, crop failures made self-sufficiency unreliable, which led to peasants moving to urban slums, people became more dependent on long distance trade and money for survival and this encouraged exploitation of workers, colonialism, slavery, international competition, military arms races and extravagant wealth accumulations for the rich. Business required more funding, which encouraged the creation of the first stock markets so that risk could be spread out among share holders, and economic growth became more of a priority so that business owners could stay ahead of their competition. It also made people question their faiths since prayers and the burning of witches proved ineffective against the wrath of nature, leading to more acceptance of scientific ideas.
In some ways these changes were good. When society needs rational problem-solvers and skilled workers it encourages improved education systems. Mercantilism requires different cultures to get along with each other and society therefore becomes more cosmopolitan. Leadership becomes a little more of a meritocracy since “noble birth” doesn’t guarantee the right skills to run successful businesses. In other ways, the changes were horrible. Tolerance of trading partners didn’t translate into respect for all other cultures. It was just a pragmatic decision about making profit, and in many cases it was obviously more profitable to exploit, pillage and enslave others instead.
I think it’s true that the global cooling trend of the 1600s did push European society in this direction but wasn’t it already going that way? He makes it sound a little too much like this was a complete U-turn. In my opinion it just sped up a process that was already long underway. Remember, one of the contributors to this cooling trend (although a very small contributor in Blom’s opinion) is the genocide of Native Americans and the reforestation of their farmland. The growth of all that biomass sucked up a lot of carbon from the atmosphere. Clearly Europe was already desperate for resources if they were risking their lives traveling all the way across the globe. The history of civilization is nothing but exploitation, war and environmental destruction. Serious large-scale environmental issues were occurring long before the industrial revolution. Corrupt leaders always promoted high population densities because that’s where they get their power. Then overpopulation destroys the local land and they become dependent on conquest of other lands. Arms races, and even science experiments, aren’t anything totally new. Those on top have always allowed enough rational debate so they could innovate new weapons and tactics to stay ahead of their rivals. Had Blom shown more of an understanding of this I think this would have been a much better book.

This ends better than most other environmental books that I’ve read recently. Rather than chicken out at the last second and tell us that everything’s okay because Liberals will inevitably prevail over climate change deniers and rich sociopaths, he makes it clear that we are in serious trouble. He explicitly labels free market fundamentalism, neoliberalism, materialism and even endless economic growth as problems. He makes it clear that putting our faith in techno-fixes could be a fatal mistake. He doesn’t make it clear what exactly he thinks should be done about these problems but just admitting that they are problems still makes this guy braver than most other published writers these days.

Nature’s Mutiny: How the Little Ice Age of the Long Seventeenth Century Transformed the West and Shaped the Present by Philipp Blom – I started this expecting more climate change and less social and intellectual change – but it turned out that the two are closely allied as author Blom demonstrates this thoughtful and well researched and documented work. What I found most interesting and so very discouraging is how similar the reactions of our present age mirrors in many ways the experience of those living through the Little Ice Age.

The baneful influence of the weather produced strong societal effects. Violent protests increased as grain prices rose [due to diminished growing capacity]. There is a clear correlation between the years with extreme weather and riots and rebellions, and in this especially pronounced in years when the harvest was poor. … in the years from 1585 to 1660 alone, more than seventy such uprisings are documented.” P. 36-37.

But unlike the natural causes that precipitated, but are not the only factor, in the Little Ice Age, Blom illustrates that our current situation is wholly manmade and unlikely to be resolved through the reversal of natural climate phenomena. We have no way to put the damage we have caused behind us – we can only try to change our future. Unlike the early scientific thinkers of the seventeenth century, today’s climate scientists can make evidence-based and detailed projections of climate developments….as the changes manifest themselves around the plant-from single-cell organisms to the stratosphere.

This is a scary book – and it is worth the time and effort to read. I recommend it highly.

At the beginning of this book a simple question is posed, with an undeniable reference to the present: what changes in a society when its climate changes? What immediate and immediate effects does a transformation of natural framework conditions have on your culture, on your emotional and intellectual horizon? The long 17th century offers the possibility to study and understand the effects of climate change on all aspects of human life.
The climatic episode that historians call Little Ice Age and that reached its climax in the first half of the seventeenth century did not only change the lives of Europeans. Between 1570 and 1685, an average two-degree Celsius decrease in temperatures drastically altered ocean currents and climatic cycles and caused extreme weather events throughout the world. Ice and snow, hail in summer, storms, weeks and more weeks of rain or years of drought caused catastrophic famines in China, killer winters in North America and huge crop losses in India; For its part, the Osmanli Empire knew the most severe cold, never seen before.
This book focuses, for three reasons, on the effects of the Little Ice Age in Europe. First, current research shows that the cultural effects of climate change in Europe are specially and in detail documented; secondly, I don’t know the respective languages and I lack the knowledge that would allow me to study the cultural history of Japan, China or India with the same depth, and, thirdly and lastly, it was precisely in Europe where, during that period, a huge social, economic and intellectual revolution took place. Hence the question about the extent to which one thing was related to the other.
The idea that weather conditions have an effect on human societies is not new.
In the pseudo-scientific doctrines of racial sign that prevailed at the turn of the twentieth century, a vision of the world according to which there are cultures that are victims of their climate, but that the West had overcome the limitations of its climatic conditions perfectly fit perfectly. Thus came a description of the history that presented other cultures as products of their environment, but that measured Western societies with another standard.

At the end of the Middle Ages, that is, more or less in the middle of the fourteenth century, Europe experienced a warm time during which temperatures were on average up to two degrees higher than today. From 1400, a marked cooling gradually displaced that warming: it only needed half a century. Temperatures fell two degrees below the average of the twentieth century, a decrease that, compared to the warm period of the Middle Ages, is equivalent to four or five degrees.
The question about the causal chain of that fact and, at the same time, about the exact dates, remains open. Some researchers date the beginning of the Little Ice Age as early as the fourteenth century; others, which I will follow in this book, in the second half of the 16th century. In the same way it can be affirmed that it is not known for sure when it ended.
The causes of this truly dramatic climate change also remain an enigma. The hypotheses range from a deviation in the rotation of the earth’s axis to a possible solar activity that decreases periodically, demonstrably, also based on observations, at least in regard to the last years of the seventeenth century, which, however, does not clarify the early start of the Little Ice Age.
The cold period also brought a resurgence of seismic activity. The researchers were able to verify that there was a high number of earthquakes and volcanic eruptions. Also in that respect there are only theories; it is possible that the cooling of the air due to the lower solar radiation changed the “oceanic pump” of the deep currents. Towards the bottom of the sea came more cold water, while, due to the widening of polar ice, the saline content of seawater increased.
A cooling of the water temperature has effects on the total cycle of ocean currents and, thus, on the weather on Earth.
In just four generations a world was transformed in which theologians were the only ones who could interpret what was happening and in which medicine and science were oriented according to the allegorical vision of Antiquity, a world in which the entire economy depended of cereal cultivation, in which the sun revolved around the earth and where societies functioned in the image and likeness of the king star, that is, with a static and feudal organization. That world was transformed into one in which we recognize ourselves in an essentially simpler way, a world that, despite all the asynchronies, hesitations and asymmetries, already had modern features.

Wouter Jacobszoon’s diary is one of the few personal and exhaustive documents in which life is described at the beginning of the Little Ice Age, towards the end of the 16th century, from the daily perspective. However, many observers agreed that something unusual and threatening was happening. The summer sun shone brightly; winters were unusually cold. Unusual frosts called attention and was often described and commented in detail. In 1569, the Venice lagoon was freezing until March; In the winter of 1572-1573, when Jacobszoon sought refuge in Amsterdam, Lake Constance was covered by a thick layer of ice until spring.
Not only on earth did nature change. In 1588, the English historian William Camden said that the herring banks, which were previously captured at sea, in the coldest waters hundreds of kilometers north, now, to the delight of the fishermen, appeared just in front of the coast.
The oceans cooled significantly. Sperm whales chasing their prey were stranded on the shallow beaches of the North Sea and the waters of the Arctic storms fell into the European seas. And that was when the worst maritime disaster of the 16th century took place or, it could also be said, the greatest military miracle of the century.
An Arctic storm in September saved the invasion of Elizabethan England. However, other effects of climate change were less rewarding and also accumulated. Between 1400 and 1550, the Thames froze five times (1408, 1435, 1506, 1514, 1537); between 1551 and 1700, a thick layer of ice covered it in twelve winters: 1565, 1595, 1608, 1621, 1635, 1649, 1655, 1663, 1666, 1677, 1684 and 1695.
1666 is a year that illustrates another characteristic of the Little Ice Age. The weather was not only colder; climatic phenomena also became more extreme and hardly predictable. The harsh winter followed an unusually warm spring and low rainfall and summer imitated it. He not only suffered from agriculture; the wood of the roofs and the beams of the buildings (many of them made of wood) was also dried, so that a small fire was enough in a bakery in Pudding Lane so that, between September 2 and 5, everything burned London, a city turned into a sea of fire. During the Great Fire of London, more than thirteen thousand houses were grazing and eighty thousand people were left homeless.
The famine aggravated the political crisis known in Russia as Smuta, the “murky”, “turbulent” times. Boris Godunov had usurped the throne after Zarévich Dimitri, youngest son of Ivan the Terrible and legitimate heir to the crown, died stabbed in mysterious circumstances. In 1601, a man appeared in Poland – one of the many messianic figures of the time – who was posing as Dimitri and soon had thousands of followers. During the civil war, the so-called False Dimitri even came to occupy the throne, but in 1606 he was killed. The country, plunged into chaos, continued to suffer until 1613 the jolts of war and various uprisings fueled by hunger and misery, both in the countryside and in large cities.
Also in North America, climate change became a threat. The first colonies of the American continent suffered extreme climatic phenomena that almost caused early settlements to fail. For example, in the spring of 1607, when the first one hundred and four settlers landed from Jamestown, in the current state of Virginia, a lush and promising landscape was found. On the seabed there were oysters “thick as stones” George Percy later wrote: “When we opened them, we found pearls inside many of them”.

If we try to observe Europe between 1570 and 1680 as a gigantic hive (Châpeau, Mandeville!) In which different peoples facing each other coexist, who strive to build their respective highest honeycombs of those around them, we will conclude that At the end of that period, the small insects made enormous progress.
Before the great waves of cold, they lived in their noisy honeycomb; Just a few generations later, they had spread through their surroundings to procure new resources. Before the cold they confirm their survival to a single food, but very soon they added others to their diet, production intensified, the fields of flowers widened and the scope of the expeditions widened.
Bees want to accumulate a treasure in their queen’s room. Not only have they managed to quench hunger; They have also laid the future foundations of their power. Just a few generations before, they lived exclusively from nearby flowers; now, a part of the hive trades with other towns while a column of porters, strictly guarded, carry small gold ingots to the honeycomb.
In Mandeville’s honeycomb, the wax begins to melt. The bees notice it, they get restless, they fly faster, they bring more pollen, they reproduce more, they raise new walls, they defend themselves against the intruders, they go round and round and they buzz furiously. Millions and millions of wings heat the air. Insects know that all that will not last long, but they want more, they are bees, they don’t know how to do anything else. Soon the honeycomb will be an uninhabitable place and the bees will fall and pile up on top of each other, a whole town thrown into a nihilistic struggle for survival. The beekeeper does not arrive when they wait for him. They work for their own decline.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .