La Economía Del Miedo — Joaquín Estefanía / Fear´s Economy by Joaquín Estefanía (spanish book edition)

Este autor me gusta bastante, en este libro del 2010 toca muchos temas sin profundizar en ninguno, da una visión de conjunto esclarecedora, interesante la vision que tiene sobre la economía actual y la mala distribución de la riqueza que existe. Debe considerarse una obra de divulgación sobre un tema económico de actualidad.

El economista francés Jean-Paul Fitoussi escribió una alegoría. En ella, la crisis dice a los perdedores: «Lamentamos sinceramente el destino que habéis tenido, pero las leyes de la economía son despiadadas y es preciso que os adaptéis a ellas reduciendo las protecciones que aún tenéis. Si os queréis enriquecer debéis aceptar previamente una mayor precariedad; este es el camino que os hará encontrar el futuro».

Este es un libro de economía política que polemiza con esa falsa salida ideológica a la crisis. Para conseguir el control social de la misma se ha instalado «la economía del miedo». A principios del siglo XXI, el miedo –que siempre ha sido un fiel aliado del poder y un arma de dominación política y social– adopta rostros inéditos: ya no se trata de los temores tradicionales (a la muerte, la enfermedad, las catástrofes naturales, al terrorismo) que siguen presentes entre nosotros, sino del miedo al «otro», al que viene a disputar los pocos empleos existentes y los beneficios del Estado del Bienestar, a la inseguridad económica, a una distribución de la renta y la riqueza cada vez más regresiva y, sobre todo, el miedo a que nuestros representantes… Un sistema no fracasa si no puede ayudar a sus bancos, pagar su deuda o volver a los equilibrios macroeconómicos (estos son objetivos intermedios); lo hace, en cambio, si no puede asegurar el bienestar de sus ciudadanos, si los hijos de estos no pueden vivir mejor que sus padres y se rompe la cadena del progreso. Un sistema yerra si no confluye en el pleno empleo, aumenta la capacidad adquisitiva de la gente, el cuidado del medio ambiente y, sobre todo, si no respeta las decisiones de la mayoría protegiendo a las minorías. En nombre de la eficacia se ha procedido a una distribución regresiva de la renta y la riqueza, se ha esquilmado a la naturaleza y unos pocos se han presentado como los únicos capaces de comprender y aplicar las recetas más adecuadas. ¡Qué falacia! ¡Qué saqueo!.

En circunstancias difíciles, el miedo resurge como un ingrediente activo de la vida pública de las democracias: el miedo a la incontrolable velocidad del cambio, a perder el empleo, a quedar atrás en una distribución de recursos cada vez más desigual. A perder el control de las circunstancias y rutinas de la vida cotidiana. Y quizá, sobre todo, miedo no solo a que ya no podamos definir nuestras vidas sino también a que aquellos a los que hemos concedido la autoridad para que nos gobiernen hayan perdido el control a favor de fuerzas que están más allá de su alcance (por ejemplo, de los citados mercados).
Pesimismo gratuito, no. Tampoco optimismo ingenuo o cantos de sirena sobre los «brotes verdes» que tanto han tardado en llegar.

Petrini establece, entre otros, cinco cargos contra la profesión de los economistas que se enumeran a continuación:
1) Los economistas yerran continuamente en sus previsiones, lo que denomina «la feria de las previsiones erróneas», de las que el FMI es uno de los ejemplos más permanentes.
2) Han perdido el contacto con la realidad. Tienen una sobredosis de matemáticas. Los físicos, habitualmente discretos y poco inclinados a los medios de comunicación, han sacado del bolsillo el dedo que señala y subrayan los defectos de quienes practican una ciencia social imperfecta.
3) Han creído demasiado en el dios Mercado. Cita a Alan Greenspan, el anterior presidente de la Reserva Federal, al que califica de «el mercadista».
4) Tienen demasiado poder. En los últimos 20 años se ha presenciado una especie de «dictadura» de los economistas y de sus palabras. El debate público ha estado dominado por la jerga de los economistas: términos como «rigor», «recorte del gasto público», «lucha contra la inflación» se convirtieron en imperativos categóricos.
5) Son incapaces de comunicar. ¿Acaso saben los economistas hablar a la gente? ¿Consiguen hacerse entender? ¿Son capaces de comunicar al ciudadano de a pie los esfuerzos que hacen encerrados en sus «laboratorios», o más bien sus debates son accesibles tan solo a los iniciados y a los expertos?.

La corrupción en la América corporativa se soportó en, al menos, cuatro niveles distintos:
1) El de las propias compañías que practicaron, a sabiendas, la economía del engaño. ¿Por qué afloró en ese momento tan especial tanta corrupción empresarial? ¿La había desde siempre y solo en esa coyuntura se le concedía tanta atención, en uno de esos cambios de sensibilidad de la opinión política que los científicos sociales intentan explicar a posteriori?.
2) El segundo nivel es el de los ejecutivos que se aprovecharon de ese ambiente de desregulación para enriquecerse con mucha rapidez, olvidando cualquier pacto de lealtad con la propia empresa a la que pertenecían y con el resto de los trabajadores de la misma.
3) El tercer nivel de desconfianza afectó a los bancos de inversión y a las agencias de calificación de riesgos. ¿Qué hacen, entre otros aspectos, estas instituciones financieras? Por una parte tienen a una empresa como cliente (a la que asesoran en todo tipo de operaciones) y, por la otra, esa misma empresa es objeto independiente del análisis del banco de inversión.
4) El cuarto nivel de desconfianza pertenece a los controles internos: las empresas auditoras que deberían haber descubierto las irregularidades y los fraudes, y no lo hicieron. Arthur Andersen (AA) representa mejor que nadie este fracaso. Responsable de certificar la bondad de los resultados de empresas como Enron o WorldCom, fue procesada por obstrucción a la Justicia al destruir toneladas de documentos de Enron y condenada, sin embargo, por asuntos menores como, por ejemplo, la reescritura de un documento (escribió «contabilidad agresiva» en lo que eran «datos engañosos»). Pese a esa condena menor, las dudas habían afectado tanto a la credibilidad de AA, que esta comunicó a la SEC que renunciaba a auditar compañías que cotizaban en Bolsa, lo que supuso de hecho el final de esa empresa tras casi un siglo de éxito.

Como muestra de la agresividad manifestada tras el caso Madoff está el millón de dólares con el que se recompensó a un matrimonio, a finales de julio de 2010, por facilitar información y documentos que fueron cruciales para destapar un caso de información privilegiada en la firma Pequot Capital. Fue la mayor suma desembolsada antes de que entrara en vigor la nueva legislación.
Y en esta coyuntura se instaló la Gran Recesión…

Diez megatendencias

1) Espectacular aumento de la volatilidad. En términos estrictos la volatilidad es una medida de la frecuencia e intensidad de los cambios en el precio de los activos o de los tipos de interés.
2) Mayor equilibrio entre el Estado y el mercado. Es paradójico que el peor momento de la Gran Recesión hasta ahora fuese la quiebra de Lehman Brothers. En la única circunstancia en la que el sistema aplicó su regla de oro, que cada palo aguante su vela, y la Secretaría del Tesoro de EEUU y la Fed dejaron caer al cuarto banco de inversión norteamericano, sin ofrecerle muletas para que se sostuviese.
3) La desavenencia: ajustar para crecer o crecer para ajustar. Después de un primer momento en que prácticamente todos los países del mundo aplicaron la misma política económica para salir de las dificultades –una especie de sentido común económico compartido– los gobiernos de los diferentes países reaccionaron con distinto énfasis a los crecimientos espectaculares del déficit motivados por aquella política.
4) Proceso a los economistas. ¿Fue la Gran Recesión un cisne negro, un acontecimiento inesperado con consecuencias telúricas, o las bases de la misma estaban marcadas por un pequeño grupo de científicos sociales que actuaron como Casandra, pronosticando lo que indefectiblemente iba a suceder sin que fueran escuchados, al considerárseles los aguafiestas de un ciclo largo de crecimiento que duró casi tres lustros?.
5) Cambio del poder geopolítico. Hay consenso en que de las dificultades económicas actuales no se saldrá sin EEUU, pero que tampoco se conseguirá solo con la locomotora americana, como ha ocurrido tantas veces durante el siglo XX. En la última década se ha producido una transformación en el mundo, un cambio de eje desde Occidente y el Norte hacia Oriente y el Sur. En este periodo se sustituyó la vieja división dual del planeta entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo por otra más ajustada a la realidad, con tres grandes patas: los países de la OCDE, los países pobres y los países emergentes, aquellos que se han aprovechado de las ventajas de la globalización.
Naciones como China, la India, Brasil, Rusia, Turquía, Indonesia o Sudáfrica ya no son tan solo importantes por el volumen de su territorio y de su población sino porque han incorporado más de 3.000 millones de personas al planeta consumo.
6) Nuestros hijos vivirán peor que nosotros. La Gran Recesión ha sido dual. Aunque no se produjo el desacoplamiento (decoupling) que como una ensoñación recorrió su primera fase, en el sentido de que en esta ocasión la crisis no iba a afectar a la periferia pues su epicentro estaba en el corazón del sistema, sus efectos han sido mucho más nocivos para el Primer Mundo que para el Segundo.
7) De la autorregulación a la regulación. Cada vez que parecía que las cosas mejoraban en el seno de la Gran Recesión se aplacaban las ansias reformistas de los gobernantes y se explicitaba el poder de los lobbys que están trabajando para que no haya cambios en el orden económico y en la arquitectura financiera internacional. Keynes, que es uno de los grandes vencedores de estos tiempos, decía que el primer deber de los políticos, y de los economistas que les proporcionan la teoría, es minimizar las posibilidades de que vuelvan a repetirse conmociones económicas negativas para los ciudadanos.
La autorregulación de los bancos, las empresas, los monopolios, las agencias de calificación de riesgos, las compañías auditoras y los demás agentes económicos ha sido una gran farsa. No ha funcionado. La autorregulación es la enfermedad infantil del capitalismo.
8) Sin reglas del juego para el comercio. La otra gran ausencia en las reglas del juego se da en el comercio. La prueba de la gran sensibilidad nacionalista que existe en el intercambio de bienes, servicios y derechos es que la Organización Internacional de Comercio (OIC), una de las patas esenciales del orden económico mundial que se puso en funcionamiento tras la Segunda Guerra Mundial, en el balneario de Bretton Woods, no se constituyó hasta medio siglo después, en el año 1985. La actualización de las reglas del comercio ha sido la gran olvidada de la Gran Recesión. Desde la primera cumbre del G-20 en Washington, los mandatarios del mundo han exigido una y otra vez el final de la Ronda de Doha. Evolucionaban los problemas, cambiaban de naturaleza las políticas para superarlos, emergían nuevas dificultades, y no se lograba ese acuerdo imprescindible.
9) Una nueva generación de impuestos. La Gran Recesión ha puesto sobre la mesa la necesidad de financiar sus secuelas: fuertes déficits públicos e incrementos de las deudas soberanas, esfuerzos adicionales en los sistemas de protección social, soluciones a los aumentos de la pobreza en el seno de las sociedades que no impidan cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Todo ello ha de hacerse compatible con una tendencia que ya era visible en la anterior etapa de crecimiento mundial: el cansancio y la rebelión de las clases medias en cuanto a la exigencia del pago de impuestos directos.
Así, ha emergido la posibilidad de una nueva generación de gravámenes y tasas que complemente a los impuestos tradicionales. La mayor parte de las nuevas figuras impositivas son parte de un debate creciente que todavía no se ha sustentado en la práctica.
10) Hacia un compromiso histórico. La Gran Recesión está siendo tan profunda y tan larga que se la considera la segunda contracción mayor del capitalismo. Allí donde se han celebrado elecciones, los ciudadanos han castigado la gestión de la misma con todo tipo de gobiernos, de derechas y de izquierdas. Los problemas económicos continúan y las secuelas requerirán de un inmenso esfuerzo para superarlas. Incluso en casos –minoritarios– de nuevas mayorías gubernamentales absolutas o muy reforzadas parece imprescindible contar con un consenso amplio de las fuerzas políticas para recuperar la sensación de normalidad. Un acuerdo excepcional para una situación excepcional.
Este acuerdo se habría de basar en un objetivo común: el bienestar de la población.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/06/25/los-tyrakis-ana-r-canil-joaquin-estefania/

https://weedjee.wordpress.com/2017/03/04/estos-anos-barbaros-joaquin-estefania/

https://weedjee.wordpress.com/2018/08/01/revoluciones-cincuenta-anos-de-rebeldia-1968-2018-joaquin-estefania-revolutions-fifty-years-of-rebellion-1968-2018-by-joaquin-estefania-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2019/01/07/abuelo-como-habeis-consentido-esto-los-graves-errores-que-nos-han-llevado-a-la-era-de-trump-joaquin-estefania-grandpa-how-have-you-consented-this-the-big-mistakes-that-have-led/

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I like this author quite a lot, in this book of 2010 he touches many topics without delving into any of them, he gives an enlightening, interesting vision of the vision he has about the current economy and the poor distribution of wealth that exists. It should be considered a work of dissemination on a current economic issue.

French economist Jean-Paul Fitoussi wrote an allegory. In it, the crisis tells the losers: «We sincerely regret the fate you have had, but the laws of the economy are ruthless and you need to adapt to them by reducing the protections you still have. If you want to enrich yourself, you must first accept a greater precariousness; This is the path that will make you find the future ».

This is a book on political economy that polemicizes with that false ideological exit to the crisis. To achieve social control of it, the “fear economy” has been installed. At the beginning of the 21st century, fear – which has always been a faithful ally of power and a weapon of political and social domination – adopts unprecedented faces: it is no longer about traditional fears (death, disease, natural catastrophes) , to terrorism) that are still present among us, but of the fear of the “other”, who comes to dispute the few existing jobs and the benefits of the Welfare State, economic insecurity, a distribution of income and wealth every increasingly regressive and, above all, the fear that our representatives … A system does not fail if it cannot help its banks, pay its debt or return to macroeconomic equilibria (these are intermediate objectives); It does, however, if it cannot ensure the welfare of its citizens, if their children cannot live better than their parents and the chain of progress is broken. An erroneous system if it does not converge in full employment, increases the purchasing power of the people, caring for the environment and, above all, if it does not respect the decisions of the majority protecting minorities. In the name of effectiveness, a regressive distribution of income and wealth has been carried out, nature has been sheared and a few have presented themselves as the only ones able to understand and apply the most appropriate recipes. What a fallacy! What a plunder!

In difficult circumstances, fear resurfaces as an active ingredient in the public life of democracies: the fear of the uncontrollable speed of change, of losing employment, of being left behind in an increasingly unequal distribution of resources. To lose control of the circumstances and routines of everyday life. And perhaps, above all, fear not only that we can no longer define our lives but also that those to whom we have granted the authority to govern us have lost control in favor of forces beyond their reach (for example, of the mentioned markets).
Free pessimism, no. Nor naive optimism or siren songs about the “green shoots” that have taken so long to arrive.

Petrini establishes, among others, five charges against the profession of economists listed below:
1) Economists continually err in their forecasts, what they call “the fair of erroneous forecasts”, of which the IMF is one of the most permanent examples.
2) They have lost contact with reality. They have a math overdose. Physicists, usually discreet and not inclined to the media, have taken the pointing finger out of their pocket and underline the flaws of those who practice an imperfect social science.
3) They have believed too much in the god Mercado. He quotes Alan Greenspan, the former president of the Federal Reserve, who he describes as “the marketkeeper.”
4) They have too much power. In the last 20 years a kind of “dictatorship” of economists and their words has been witnessed. The public debate has been dominated by the jargon of economists: terms such as “rigor”, “cut public spending”, “fight against inflation” became categorical imperatives.
5) They are unable to communicate. Do economists know how to speak to people? Can they make themselves understood? Are they able to communicate to the ordinary citizen the efforts they make locked up in their “laboratories”, or rather are their debates accessible only to the initiated and to the experts?

Corruption in corporate America was supported at least four different levels:
1) That of the companies that practiced, knowingly, the economy of deception. Why did so much corporate corruption emerge at that special moment? Had it always been and only at that juncture was it given so much attention, in one of those changes of sensitivity of political opinion that social scientists try to explain later?
2) The second level is that of the executives who took advantage of this deregulation environment to enrich themselves very quickly, forgetting any loyalty agreement with the company to which they belonged and with the rest of the workers of the same.
3) The third level of distrust affected investment banks and risk rating agencies. What do these financial institutions do, among other aspects? On the one hand they have a company as a client (which they advise on all types of operations) and, on the other, that same company is an independent object of the investment bank’s analysis.
4) The fourth level of distrust belongs to internal controls: audit firms that should have discovered irregularities and fraud, and did not. Arthur Andersen (AA) represents this failure better than anyone else. Responsible for certifying the goodness of the results of companies such as Enron or WorldCom, was prosecuted for obstruction of Justice by destroying tons of Enron documents and sentenced, however, for minor matters such as, for example, the rewriting of a document (he wrote “Aggressive accounting” in what were “misleading data”). Despite this minor conviction, the doubts had affected AA’s credibility so much, that it informed the SEC that it was renouncing auditing publicly traded companies, which in fact meant the end of that company after almost a century of success.

As proof of the aggressiveness manifested after the Madoff case is the million dollars with which a marriage was rewarded, at the end of July 2010, for providing information and documents that were crucial to uncover a case of privileged information in the firm Pequot Capital. It was the largest amount disbursed before the new legislation entered into force.
And at this juncture the Great Recession was installed …

Ten mega trends

1) Spectacular increase in volatility. Strictly speaking, volatility is a measure of the frequency and intensity of changes in the price of assets or interest rates.
2) Greater balance between the State and the market. It is paradoxical that the worst moment of the Great Recession so far was the bankruptcy of Lehman Brothers. In the only circumstance in which the system applied its golden rule, that each stick hold its candle, and the US Treasury Secretariat and the Fed dropped to the fourth North American investment bank, without offering crutches to support it.
3) The disagreement: adjust to grow or grow to adjust. After a first moment in which practically all the countries of the world applied the same economic policy to overcome the difficulties – a kind of shared economic common sense – the governments of the different countries reacted with different emphasis to the spectacular growth of the deficit motivated by that policy
4) Process to economists. Was the Great Recession a black swan, an unexpected event with telluric consequences, or the basis of it was marked by a small group of social scientists who acted as Kassandra, predicting what would inevitably happen without being heard, when considered the spoilers of a long cycle of growth that lasted almost three decades?
5) Change of geopolitical power. There is consensus that the current economic difficulties will not leave without the US, but that it will not be achieved only with the American locomotive, as has happened so many times during the twentieth century. In the last decade there has been a transformation in the world, a change of axis from the West and the North to the East and the South. In this period the old dual division of the planet between developed and developing countries was replaced by another more adjusted to reality, with three big legs: OECD countries, poor countries and emerging countries, those that have taken advantage of the advantages of globalization.
Nations such as China, India, Brazil, Russia, Turkey, Indonesia or South Africa are no longer only important because of the volume of their territory and population but because they have incorporated more than 3,000 million people into the planet consumption.
6) Our children will live worse than us. The Great Recession has been dual. Although decoupling did not occur which, like a reverie, went through its first phase, in the sense that this time the crisis was not going to affect the periphery because its epicenter was at the heart of the system, its effects have been much more harmful to the First World than to the Second.
7) From self-regulation to regulation. Every time it seemed that things were improving in the Great Recession, the reformist anxieties of the rulers were calmed down and the power of the lobbies that are working were explained so that there are no changes in the economic order and in the international financial architecture. Keynes, who is one of the great victors of these times, said that the first duty of politicians, and of the economists who provide them with the theory, is to minimize the chances of repeated negative economic shocks for citizens.
Self-regulation of banks, companies, monopolies, risk rating agencies, auditing companies and other economic agents has been a great farce. It has not worked. Self-regulation is the childhood disease of capitalism.
8) No rules of the game for trade. The other great absence in the rules of the game occurs in commerce. The proof of the great nationalist sensitivity that exists in the exchange of goods, services and rights is that the International Trade Organization (ICO), one of the essential legs of the world economic order that was put into operation after World War II, in the spa of Bretton Woods, was not established until half a century later, in 1985. The update of the rules of commerce has been the great forgotten of the Great Recession. Since the first G20 summit in Washington, the leaders of the world have demanded again and again the end of the Doha Round. The problems evolved, the policies to overcome them changed in nature, new difficulties emerged, and that essential agreement was not achieved.
9) A new generation of taxes. The Great Recession has put on the table the need to finance its consequences: strong public deficits and increases in sovereign debts, additional efforts in social protection systems, solutions to increases in poverty within societies that do not prevent meet the Millennium Development Goals. All this has to be made compatible with a trend that was already visible in the previous stage of world growth: the fatigue and rebellion of the middle classes in terms of the demand for direct taxes.
Thus, the possibility of a new generation of levies and fees that complements traditional taxes has emerged. Most of the new tax figures are part of a growing debate that has not yet been sustained in practice.
10) Towards a historic commitment. The Great Recession is being so deep and so long that it is considered the second major contraction of capitalism. Where elections have been held, citizens have punished the management of it with all kinds of governments, rights and lefts. The economic problems continue and the consequences will require an immense effort to overcome them. Even in cases – minority – of new absolute or highly reinforced government majorities it seems essential to have a broad consensus of the political forces to restore the feeling of normalcy. An exceptional agreement for an exceptional situation.
This agreement would be based on a common goal: the welfare of the population.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/06/25/los-tyrakis-ana-r-canil-joaquin-estefania/

https://weedjee.wordpress.com/2017/03/04/estos-anos-barbaros-joaquin-estefania/

https://weedjee.wordpress.com/2018/08/01/revoluciones-cincuenta-anos-de-rebeldia-1968-2018-joaquin-estefania-revolutions-fifty-years-of-rebellion-1968-2018-by-joaquin-estefania-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2019/01/07/abuelo-como-habeis-consentido-esto-los-graves-errores-que-nos-han-llevado-a-la-era-de-trump-joaquin-estefania-grandpa-how-have-you-consented-this-the-big-mistakes-that-have-led/

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