La Luna. Influjo, Arte Y Pensamiento — Joachim Kalka / Der Mond (Moon. Influence, Art and Thought) by Joachim Kalka

Con el bombardeo mediático de los mass media de los 50 años de la llegada del hombre a la luna, he releído nuevamente este libro interesante.
La luna es un requisito indispensable en el cielo de ciertas narraciones de paisaje, sobre todo para narraciones candorosas y seguras de sí mismas. No puede faltar siquiera allí donde no sería necesaria, donde solo sirve para crear un ambiente de aventura.Como es natural, los cómics mantienen una correspondencia gráfica y textual muy activa con la luna. Snoopy viaja al satélite a bordo de su caseta antes que la NASA; desde Krazy Kat, la luna supone uno de los paisajes de cómic más bellos. A mediados de los años cincuenta del siglo XX, Tintín viaja a la luna (por supuesto, con el profesor Tornasol, Milú y el capitán Haddock… El álbum Objetivo: la Luna (1953) termina con el arranque del cohete espacial; un año después siguió la continuación, Aterrizaje en la Luna. En 1954, quince años antes que Neil Armstrong, nuestro joven reportero (que nunca avisa a su redacción) pone el pie en la luna. El momento se representa en detalle; Tintín va comentando su bajada del cohete con la estación terrestre en Syldavia. En la Tierra, los oyentes reaccionan desconcertados, con gigantescos signos de interrogación sobre sus cabezas, cuando surge un prolongado «Oooooooh» de los altavoces. Tintín continúa, consternado, con la puerta del proyectil abierta y mirando hacia fuera, hacia la luna: «¡Oooh! ¡Qué alucinante espectáculo!».

La primera impresión de la luna vista de cerca, sobrecogedora: está muerta. Este conocimiento es consecuencia de la astronomía exacta. Antiguamente, no se sabía que la Luna es algo muerto, «vacío», siniestro. Entonces, era una diosa agradable y fría o una de las siete figuras gravitatorias del gran baile de los planetas, con consecuencias más bien positivas para el nacimiento: aquellos nacidos con ella en una casa cósmica relevante son, según su signo del zodiaco, sensibles e inestables, animados, musicales, sensuales… Lo materno juega un papel importante aquí, la luna está llena de energía emocional. Solo con el avance de la investigación científica se hará evidente la falta de vida del cuerpo celeste, con una mirada sensible ampliada hasta lo horrible. En adelante, la palidez cadavérica y el inquietante silencio de la luna se convierten en el otro gran registro, además del refulgente erotismo: la muerte se opone al Eros.
La historia del hombre de la luna aparece registrada de las formas más variadas en las leyendas. El hombre que se encuentra al ladrón de madera en el bosque y le habla («y ese era el amado dios») le cuenta al sacrílego una de esas leyendas: «si prefería ser maldito en el sol o en la luna» (de la Selva Negra). Esta tradición se encuentra en la amplia colección Deutsche Volkssagen, de Leander Petzoldt.
Llama la atención que, excepto la luna, todas las personificaciones del cielo, de los fenómenos meteorológicos y de la noche se asocien con niños, así como el rayo y el trueno, el granizo y el hielo, el agua con sus cataratas, el Sandmännchen y la Osa Mayor. El sol y las estrellas son de lo más amistosos, pero la luna, cuyo disco brilla con tanta paz y belleza, no solo es el exilio de un monstruo, sino que también es siniestra en sí misma, sobre todo porque es increíblemente antigua.

Al reflexionar sobre las historias de la luna que uno ha oído o leído, es desconcertante encontrar a menudo un hacha en ellas. El barón de Münchhausen, esclavizado en una cárcel de guerra turca, lanza su hacha a dos ladrones (que perseguían a las abejas del sultán que le habían confiado) con tanta fuerza que llega hasta la luna, de modo que debe plantar una de esas «judías turcas» (con cierto eco del cuento inglés Jack y las habichuelas mágicas) que crecen «con gran rapidez y hasta alcanzar una altura impresionante», y trepa («Fue un trabajo duro, encontrar mi hacha plateada en un lugar donde todas las demás cosas también brillaban como la plata», observación esta que muestra gran comprensión de una situación fantasiosa). Otra vez que llega a la luna, el barón conoce a sus habitantes, que se reproducen como vegetales. «El gozo del amor es totalmente desconocido en la luna… todo crece en los árboles». Así, volvemos a tener el hacha y los árboles juntos en la luna.

La posibilidad que aparece en los cuentos de colgar la manejable luna aquí o allí conecta con las metáforas poéticas en las que, a través de incontables comparaciones, la luna se convierte en un objeto versátil que se puede aprehender con la mano: «Luna, esponja de aceite, farol. Luna o una planta silvestre, […] sandía o calabaza / con adornos verdes…» (Johannes Bobrowski) pero además la luna es, al mismo tiempo, un fenómeno de la naturaleza que entrega a la presa («y esta es una noche clara») y la fuerza demoniaca que vuelve loca a la gente.

En los nativos de los cuerpos celestes a los que llegan los humanos de las novelas de ciencia ficción se plasman todas las fantasías de las poblaciones coloniales terrícolas: la naturaleza salvaje y maliciosa que amenaza a los desinteresados investigadores; piratas y bandidos; civilizaciones militantes que compiten entre sí; y los habitantes de los «tristes trópicos» del espacio, condenados a la decadencia o a la extinción. La luna es el objetivo más cercano de nuestras ganas de conquista. En las primeras aventuras lunares, un enorme cañón dispara un cohete de expedición a la luna (de forma sobria en la obra de Julio Verne de 1865 De la Tierra a la Luna, en el que el club de tiro de Baltimore se encarga del lanzamiento; de forma grotesca y cómica, con un desfile de sopranos, en la película Viaje a la luna de Georges Méliès, de 1902). El cañón es prácticamente el emblema del ansia de dominación. En la película de Méliès, el cohete aterriza en el ojo de la luna, que se deforma dolorosamente. Dicha imagen demuestra que aquel cine tiene sus orígenes en el teatro de ilusiones, pero en su deliciosa brutalidad también subyace la lógica de la «conquista» del espacio.

La bucólica luna dorada de Victor Hugo vuelve a recordarnos que la hoz no tiene por qué ser amenazante. De hecho, en su poema, es infinitamente pastoral, convirtiendo toda la bóveda celeste en un pacífico trigal patriarcal. Rut está a los pies de Booz y mira hacia la luna y las estrellas. En los últimos versos, ocurre algo interesante desde el punto de vista poético: la reconversión de la metáfora artificial-poética en un cuento «sencillo» que uno inventa medio en sueños. La hoz lunar es como una hoz dorada de un segador celestial. Esto se convierte en la pequeña narración que deja atrás el «cómo» de la comparación para pasar a preguntarse sin más a qué segador divino se le ha caído esa hoz al pasar descuidadamente.

En la historia del ocultismo se encuentran varias formas de «medicina astral», que busca curar el cuerpo exponiendo los miembros enfermos a la luz de la luna; en los comentarios de Lichtenberg sobre los grabados al cobre de Hogarth, en la serie de Credulity, Superstition and Fanaticism, aparece (para desaparecer enseguida) un «doctor Luna» al que la filología ha identificado como un tal Weisleder, que ejerció en Berlín a principios de la década de 1780 con su mujer. La idea de que de la luna surgen influencias más o menos misteriosas que se transmiten a través de las ondas gravitatorias es ubicua. Cortarse el pelo o sembrar los campos en determinadas fases lunares son ideas ampliamente extendidas, junto con otras muchas miradas de reojo al cambio de la luna. Asimismo, quien considere esto como supersticiones simpáticas o ligeramente fantásticas debe admitir que lo supersticioso se coloca así en la experiencia de los movimientos cósmicos.

Los poetas se retan continuamente a mostrar la luna de forma sorprendente. Y es que nada es más aburrido que la afirmación lírica de la luna; junto a la rosa, el murmullo del bosque y el mar, es uno de los elementos a los que más se recurre en la descripción de la naturaleza.

«It is only a paper moon, / sailing over a cardboard sea…», canta Frank Sinatra. Sin embargo, lo que es mágico en esta canción no es tanto la consecuencia erótica que encierra («if you believed in me»), sino que esa magia se muestra en la continua repetición del estribillo. Sí, la luna es una moneda manoseada, así es como aparece a menudo. Es vieja y ruin.


According to the mass media media bombing of the 50 years since the arrival of man on the moon, I have reread this interesting book again.
The moon is an indispensable requirement in the sky of certain landscape narratives, especially for candid and self-confident narratives. You can not miss even where it would not be necessary, where it only serves to create an atmosphere of adventure. As is natural, comics maintain a very active graphic and textual correspondence with the moon. Snoopy travels to the satellite aboard his booth before NASA; From Krazy Kat, the moon is one of the most beautiful comic landscapes. In the mid-fifties of the twentieth century, Tintin travels to the moon (of course, with Professor Tornasol, Milú and Captain Haddock … The album Objective: the Moon (1953) ends with the launch of the space rocket; a A year later, the Landing on the Moon continued.In 1954, fifteen years before Neil Armstrong, our young reporter (who never warns his writing) sets foot on the moon, the moment is represented in detail; Tintin is commenting on his Descent of the rocket with the ground station in Syldavia.On Earth, listeners react in bewilderment, with gigantic question marks above their heads, when a prolonged “Oooooooh” of the speakers arises. Tintin continues, dismayed, with the projectile door open and looking out towards the moon: “Oooh! What an amazing spectacle!”

The first impression of the moon seen closely, overwhelming: it is dead. This knowledge is a consequence of exact astronomy. Formerly, it was not known that the Moon is something dead, “empty”, sinister. Then, she was a pleasant and cold goddess or one of the seven gravitational figures of the great dance of the planets, with rather positive consequences for birth: those born with her in a relevant cosmic house are, according to her zodiac sign, sensitive and unstable, lively, musical, sensual … The maternal plays an important role here, the moon is full of emotional energy. Only with the advancement of scientific research will the lack of life of the celestial body become evident, with a sensitive look extended to the horrible. Henceforth, the cadaveric pallor and the haunting silence of the moon become the other great record, in addition to the effulgent eroticism: death opposes the Eros.
The history of the man of the moon is recorded in the most varied forms in the legends. The man who meets the wooden thief in the forest and speaks to him (“and that was the beloved god”) tells the sacrilegious one of those legends: “if he preferred to be cursed in the sun or on the moon” (of the Black forest). This tradition is found in the wide collection Deutsche Volkssagen, by Leander Petzoldt.
It is striking that, except for the moon, all personifications of the sky, weather and night phenomena are associated with children, as well as lightning and thunder, hail and ice, water with its falls, the Sandmännchen and the Big Dipper. The sun and the stars are the friendliest, but the moon, whose disk shines with such peace and beauty, is not only the exile of a monster, but it is also sinister in itself, especially since it is incredibly ancient.

When reflecting on the stories of the moon that one has heard or read, it is disconcerting to often find an ax in them. The baron of Münchhausen, enslaved in a Turkish war prison, throws his ax at two thieves (who were chasing the sultan’s bees that had been entrusted to him) with such force that he reaches the moon, so he must plant one of those « Turkish beans »(with some echo of the English story Jack and the Beanstalk) that grow« very quickly and even reach an impressive height », and climbs (« It was hard work, finding my silver ax in a place where all the others things also shone like silver », this observation shows great understanding of a fantasy situation). Once he reaches the moon, the baron meets his inhabitants, who reproduce as vegetables. “The joy of love is totally unknown on the moon … everything grows in the trees.” Thus, we have the ax and the trees together on the moon again.

The possibility that appears in the tales of hanging the manageable moon here or there connects with the poetic metaphors in which, through countless comparisons, the moon becomes a versatile object that can be grasped by hand: «Moon, sponge of oil, lantern. Moon or a wild plant, […] watermelon or pumpkin / with green ornaments … »(Johannes Bobrowski) but also the moon is, at the same time, a phenomenon of nature that delivers to the dam (« and this is a clear night ») And the demonic force that drives people crazy.

In the natives of the celestial bodies to which the humans of the science fiction novels come, all the fantasies of the colonial populations are reflected

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