Helter Skelter: La Verdadera Historia De Los Crímenes De La Familia Mason — Vincent Bugliosi & Curt Gentry / Helter Skelter: The True Story of the Manson Murders by Vincent Bugliosi & Curt Gentry

Apabullante. Sobrecogedor. Imponente. Un analisis increible de todo lo que ocurrió y del fin de toda una epoca. Exhaustivo, complejo, extraordinario. Gran trabajo de investigación de la familia Mason. Siempre he sido un verdadero fanático de la novela criminal. Helter Skelter, la verdadera historia de los asesinatos de la familia Manson. Yo no conocía la verdad y es que había temido leerlo. Cuando tuvieron lugar los asesinatos no había nacido. El libro Helter Skelter encarna mis dos razones favoritas para leer el verdadero crimen. Número uno, me encanta aprender la psicología de los asesinatos, por qué los asesinos pudieron haber hecho lo que hicieron. Número dos, me encanta leer cómo los fiscales y detectives usaron su conocimiento, experiencia y trabajo duro para resolver los delitos y procesar a los delincuentes. Para aquellos que no están familiarizados con el caso, y realmente, cómo podrían estarlo, la familia Manson encabezada por Charles Manson, fue víctima de un asesinato en Los Ángeles en agosto de 1969, asesinando brutalmente a siete personas. Vincent Bugliosi, el autor del libro, fue el fiscal del juicio e investigador del caso. Fue la ola de asesinatos más terrorífica en la historia de los Estados Unidos y el juicio más largo y agotador que el país había visto hasta la fecha. Algunos dicen que los asesinatos pusieron un abrupto final al espíritu de amor libre de los años 60 y dieron paso a una nueva era más saciada.

El libro en sí es una gran lectura. Está bien escrito y cuenta la historia de lo que ocurrió, cómo se resolvió el caso y cómo se procesó con éxito el caso. Además, el escritor proporciona la historia de fondo y también informa sobre el pulso del país a medida que avanza el juicio. Es un verdadero vistazo a la historia del país. Aprendí que mis percepciones originales del caso no eran precisas. El libro cumple con la ardua tarea de clasificar a través de cientos de testigos, la participación de varios departamentos de policía y la cantidad de testimonios, mientras que al mismo tiempo logra mantener a los lectores interesados e informados a medida que la investigación y el caso se desarrollan en orden cronológico. Me gusta especialmente el autor, Bugliosi. Suena como un tipo brillante que se quitó la máscara. Su referencia constante a las horas de preparación tanto en la investigación como en cada etapa del juicio es inspiradora. Menciona más de una vez las “100 páginas de notas en almohadillas amarillas” que me recuerdan en las palabras de James Michener: “No es solo el talento solo, sino el talento disciplinado lo que hace posible el éxito”. Tomarse el tiempo para estar preparado es la mitad de la batalla, ¿no es así?.

Aunque Helter Skelter se escribió por primera vez en 1974, hace más de 35 años, sigue siendo muy relevante. ¿Por qué? Como lo dice el mismo Vincent Bugliosi en el libro y parafraseando aquí, “las razones detrás de los asesinatos son muy importantes de descubrir porque no queremos que vuelva a suceder algo así”. Eso es verdad en toda la historia, ¿no es así? Echa un vistazo al libro si tienes la oportunidad. Te enseñará algo, te lo prometo.

Vincent Bugliosi lo dijo mejor: “… La singularidad del mal de Manson y la marca particular de asesinatos demoníacos que él mismo creó no se han vuelto a infligir a nuestra nación. Solo podemos esperar que los años siguientes sean los mismos ”. Escribió esas palabras en junio de 1994. Aparece en el epílogo de la versión actualmente disponible de“ Helter Skelter ”. Continuamos como una sociedad fascinada por las acciones de Charles Manson y sus seguidores, conocidos colectivamente como “La Familia”. ¿Y quién mejor para contar esa historia que el propio fiscal Vincent Bugliosi? Aunque el mismo Vincent ha fallecido, su historia perdura. En mi humilde opinión, las obras como “helter-skelter” son absolutamente importantes para el futuro de la sociedad en su conjunto. Como diría mi madre, aquellos que no observaron las lecciones de la historia están condenados a repetirlas. Aunque, estoy seguro de que ella tomó esa cita de otra persona.

Vincent Bugliosi, el fiscal en el juicio de Manson, hace un excelente trabajo para el lector de todos los elementos importantes del crimen, la fiscalía y las acciones de la defensa durante ese famoso juicio. No se puede separar una comprensión de Charles Manson y una comprensión del juicio. Los dos son inseparables. Las vívidas descripciones de los testigos, las escenas de crímenes, las pruebas y el drama de la corte sirvieron para resumir uno de los juicios más largos y caros que se hayan realizado en la historia de los Estados Unidos. Yo diría que sin el libro del Sr. Bugliosi, existiría un enorme agujero en los recuerdos y en el recuento del juicio de Manson. También perderíamos una mirada inquietante en la mente de un loco y aquellos que lo seguirían sin dudarlo.

La verdad en la publicidad. Debido a esto, los estudios de los asesinos más infames del mundo son un aspecto importante de lo que hago. Ningún estudio serio sobre delitos violentos en los Estados Unidos estaría completo sin mirar a Charles Manson y la familia. Dicen que el tiempo cura todas las heridas. Sin embargo, no creo que la nación se haya recuperado por completo de las heridas infligidas por Charles Manson y sus seguidores. Todavía parecemos estar tan fascinados hoy con lo que sucedió en esos dos días en 1969 como lo fue la nación durante el juicio. No estoy seguro de si eso es un testimonio de nuestro amor por lo macabro o la fascinación por el drama en la corte.

Para cualquier persona interesada en Charles Manson y los eventos que rodearon los asesinatos de Tate y LaBianca, “Helter Skelter” es una lectura obligatoria. Descubrí que está bien escrito y lleno de detalles que ninguna película podría cubrir tan bien como lo hicieron Vincent Bugliosi y Curt Gentry.

Vi a Charles Manson por vez primera aquel día. Iba andando de la cárcel a la sala del tribunal para la lectura de la acusación formal de incendio provocado de la pala cargadora Michigan, y lo acompañaban cinco ayudantes del sheriff. No me había dado cuenta de lo bajo que era. No llegaba al metro sesenta. Era delgado, de complexión menuda, un poquitín jorobado. Llevaba el pelo, de color castaño, muy largo, casi hasta los hombros, y una buena barba, que le había crecido —me fijé al comparar las fotografías policiales de la LASO y de Inyo— después de la detención posterior a la redada del rancho Spahn. Vestía pantalones de ante con flecos, que no eran baratos. Aunque iba esposado, caminaba despreocupado, no rígido, como si se sintiera de lo más cómodo. No pude creer que aquel pequeñajo hubiera hecho todo lo que se decía. Causaba cualquier cosa menos impresión. Pero sabía que subestimarlo sería el mayor error que podría cometer. Porque, si los relatos de Atkins y DeCarlo eran ciertos, no solo era capaz de cometer un asesinato él mismo: también tenía un poder increíble para ordenar a otros que mataran por él. Las chicas de Manson hablaron mucho del concepto indio de karma. Era como un bumerán, dijeron. Cualquier cosa que lanzaras al final volvía a ti. Me pregunté si Manson creía de verdad eso y si presentía que, casi tres meses y medio después de aquellos horribles asesinatos, por fin le regresaba karma.

Susan Atkins declaró precisamente lo contrario, que los asesinos no tomaron drogas ninguna de las dos noches. Pero había nacido el mito, y perduró, a lo mejor porque era la explicación más fácil de lo ocurrido. Aunque, como iba a saber, las drogas fueron uno de los diversos métodos utilizados por Manson para conseguir el control sobre sus seguidores, no intervinieron en aquellos crímenes, por un motivo muy sencillo: aquellas dos noches de salvaje carnicería, Charles Manson quiso que sus asesinos estuvieran en pleno uso de sus facultades. La realidad, y sus implicaciones, daban mucho más miedo que el mito.

Los partidarios de Manson todavía parecían ser una pequeña minoría, aunque ruidosa. Si la prensa y los reportajes televisivos estaban en lo cierto, la mayoría de los jóvenes a los que los medios de comunicación agrupaban bajo la etiqueta de «hippies» renegaban de Manson. Muchos afirmaron que lo que propugnaba —por ejemplo, la violencia— iba contra sus creencias. Y no pocos estaban resentidos por la culpabilidad derivada del hecho de que los relacionaran con Manson. Ya era casi imposible hacer dedo, dijo un joven a un periodista del New York Times. «Si eres joven, llevas barba o incluso el pelo largo, los moteros te miran como si fueras un “seguidor de una secta loco por matar”, y aceleran.» Lo irónico era que Manson nunca se consideró hippy, porque identificaba el pacifismo de los hippies con la debilidad. Si había que poner una etiqueta a los miembros de la Familia, dijo a sus seguidores, prefería con mucho llamarlos «slippies93», un término que, en el contexto de las salidas para hacer el bicho, no era inapropiado. Lo que más miedo daba era que la propia Familia estaba creciendo. El grupo de Spahn aumentó de forma considerable. Cada vez que Manson comparecía ante el tribunal, yo veía caras nuevas entre los miembros conocidos de la Familia.

El Album Blanco de los Beatles, aseguraba Manson a Watkins, Poston y otros, «preparaba el camino de la revolución». El disco que iba a grabar él, que saldría después, en palabras de Charlie, «haría saltar el corcho de la botella. La desencadenaría». De acuerdo con Poston, Watkins y otros, en la casa de la calle Gresham pasaban la mayor parte del tiempo componiendo canciones para el álbum de Charlie. Cada una debía tener un mensaje, dirigido a un grupo concreto de personas, como los moteros, que perfilaba el papel que iban a desempeñar en el Helter Skelter. Charlie trabajó duro en las canciones. Tenían que ser muy sutiles, según él, como las propias canciones de los Beatles, con el significado verdadero oculto al conocimiento de todos menos de los que estaban al corriente. Manson contaba con Terry Melcher para que le produjera el álbum. Según muchos miembros de la Familia (tanto Melcher como Jakobson lo negaron). Las palabras PIG, DEATH TO PIGS, RISE y HEALTER SKELTER solo contienen trece letras diferentes. Expertos en grafología me dijeron que sería dificilísimo —por no decir imposible— cotejar las palabras escritas con sangre halladas en los domicilios de Tate y los LaBianca con muestras en letra de imprenta de los acusados. No se trataba solo de que hubiera pocas letras. Las palabras estaban escritas en letra de imprenta, las letras eran muy grandes, en ambos casos se utilizaron herramientas de escritura poco comunes, una toalla en el domicilio de Tate, y en el de los LaBianca probablemente un papel enrollado. Y todas las palabras de la segunda vivienda, menos las dos halladas en la puerta de la nevera, se escribieron en letra de imprenta a gran altura en las paredes, por lo que fue necesario estirarse hacia arriba de una forma poco natural. Como prueba, no parecían tener ningún valor.

El sábado 26 de septiembre de 1970 fue el fin de una época. Un violento incendio arrasó el sur de California. Avivada por unos vientos de ciento veinte kilómetros por hora, una montaña de fuego de veinte metros de altura carbonizó más de cuarenta mil hectáreas. La conflagración abrasó todo el rancho de cine Spahn. Mientras los peones del rancho intentaban salvar los caballos, las chicas de Manson, con los rostros iluminados por el incendio, bailaban y batían palmas, gritando alborozadas: «¡Está llegando el Helter Skelter! ¡Está llegando el Helter Skelter!».

Juan Flynn, que contó que su trabajo en el rancho Spahn consistía en «quitar con una pala el estiércol», pareció disfrutar en el estrado. Sin embargo, de todos los testigos, el vaquero panameño larguirucho fue el único en mostrar abiertamente hostilidad a Manson. Cuando Charlie intentó clavarle los ojos hasta que apartara la vista, Juan le devolvió una mirada de odio. Tras identificar de forma concluyente el revólver, Juan comentó: «Y una vez el Sr. Manson disparó esa pistola hacia mí, ¿sabe? Porque yo estaba paseando con una chica al otro lado el arroyo». Era difícil parar a Juan una vez había arrancado. La chica había ido al rancho Spahn a cabalgar. No hizo ningún caso a Manson, sino que se fue a lo largo del arroyo con el cariñoso panameño. Charlie se picó tanto que disparó varias veces hacia ellos.

Helter Skelter. Durante el juicio las pruebas habían llegado pieza a pieza, de labios de muchos testigos. Entonces junté esas piezas para formar un bloque demoledor. De una forma muy contundente, y convincente, me pareció, demostré que el Helter Skelter era el móvil de los asesinatos, y que era el móvil exclusivo de Charles Manson. Argumenté que cuando se hallaron las palabras «Helter Skelter» en letra de imprenta escrita con sangre fue como encontrar las huellas dactilares de Manson en el lugar del crimen. Ya casi habíamos acabado. A las pocas horas el jurado comenzaría a deliberar. El final de la recapitulación tuvo mucha fuerza.

—Charles Manson, damas y caballeros, decía que tenía el poder de dar vida. Las noches de los asesinatos de los casos Tate-LaBianca pensó que eso llevaba aparejado el derecho a arrebatar la vida humana. Jamás tuvo tal derecho, pero lo hizo de todas formas. En retrospectiva, surge otra posibilidad. Las chicas, antaño en lo más bajo de la jerarquía de Manson, que solo servían para el sexo, la procreación y atender a los hombres, se habían convertido en sus apóstolas, en las guardianas de la fe. Charlie dependía ya de ellas. Parece de lo más probable que no les preocupara el veredicto, porque ya estaban ideando un plan que, si todo iba bien, no solo podría liberar a Manson, sino a todos los demás miembros de la Familia.

Aunque Manson y las chicas ya habían sido condenados, los juicios, y los asesinatos, no habían terminado. Por la participación en la tentativa de asesinato de la testigo de cargo Barbara Hoyt, cuatro de los cinco acusados cumplieron solo noventa días en la cárcel del condado, y la quinta acusada se libró de cualquier castigo. No hubo ningún intento de liberar a Manson durante el juicio de Hawthorne. Sin embargo, hubo que substituir a dos miembros del jurado después de que recibieran amenazas de muerte por teléfono si votaban a favor de la condena. Relacionaron las llamadas con un miembro femenino no identificado de la Familia. Aunque solo condenaron a Gypsy y a Rice a noventa días de cárcel por participar en la tentativa de asesinato de una testigo de cargo, estos y el resto de acusados comprobaron que los tribunales se toman un poco más en serio el hecho de disparar a un agente. Todos fueron acusados de dos cargos de robo a mano armada. La relación de Manson con El Proceso o Iglesia del Juicio Final es más vaga, pero bastante más fascinante. El líder de esa secta satánica es un tal Robert Moore, llamado Robert DeGrimston por sus seguidores. Moore fue discípulo del fundador de la cienciología, L. Ron Hubbard, pero rompió con ella hacia 1963 para crear un grupo propio, por lo visto tras alcanzar un puesto elevado en la oficina central de Londres. Él y sus seguidores viajaron luego a varias partes del mundo, entre ellas Estados Unidos y Méjico, y él vivió en San Francisco al menos durante varios meses, posiblemente más. Al parecer, participó en un seminario en el Instituto Esalen, en Big Sur, pero se desconoce si coincidió con alguna de las visitas de Manson. Uno de los discípulos más fervientes de DeGrimston era un tal Victor Wild, un joven que fabricaba artículos de piel, llamado Hermano Ely por los seguidores de El Proceso. Hasta diciembre de 1967, el domicilio de Victor Wild y la oficina central en San Francisco de El Proceso estuvieron en el 407 de la calle Cole, en Haight-Ashbury. Desde más o menos abril hasta mediados de julio de 1967, Charles Manson y su Familia en ciernes vivieron a solo dos manzanas, en el 636 de la calle Cole. Dada la curiosidad de Manson, es muy probable que al menos investigara a los satanistas, y hay pruebas bastante convincentes de que «se apropió» de algunas de sus enseñanzas.

En los veinticinco años transcurridos desde la comisión de las atrocidades ordenadas y planeadas por Charles Manson, los asesinatos múltiples se han convertido en una presencia habitual en nuestra sociedad. Hay personas descontentas o perturbadas a las que un día se les cruzan los cables, acuden a su antiguo lugar de trabajo, un local de comida rápida, un bufete, etc., y asesinan a cinco, diez o más personas. Las noticias de estas carnicerías han dejado de impresionar a una ciudadanía insensibilizada. Por fortuna, a fecha de hoy nuestro país no ha vuelto a sufrir una maldad tan singular como la de Manson ni asesinatos de tan demoníaca factura como los que este cometió. Solo cabe esperar que esto siga siendo así en los años que vendrán.

A tener en cuenta:

1. Los adolescentes dan miedo. Son mutantes de la vida real: armas biológicas impredecibles. El escritor Derek Thompson afirmaba en su último libro que «los adolescentes son químicamente distintos del resto de la humanidad» y «suelen actuar de manera más estúpida cerca de otros adolescentes». Ambas cosas son ciertas. Los teenagers, continuaba Thompson, «poseen conexiones inusualmente débiles en su lóbulo frontal, donde se localiza el centro de decisión del cerebro, y tienen el núcleo accumbens, el centro del placer, más grande de lo común». La mente adolescente es plastilina. Uno de los psiquiatras que trató a Susan Atkins, alias Sadie Mae Glutz, una de las tres chicas Manson que participó activamente en los asesinatos Tate y LaBianca, manifestó su convencimiento de que la joven sufría algo llamado «folie en famille», también conocido como trastorno psicótico compartido, una locura simultánea dentro de una situación o grupo. Una modalidad de dicha folie en famille es la folie imposée, donde una persona dominante impone un delirio a otra u otras a lo largo de un episodio psicótico.

2. Calma. Ya no están. Pero estuvieron. Existieron. Todo lo que leerán a continuación es real. Helter Skelter, escrito por el fiscal asignado al caso, Vincent Bugliosi (en colaboración con el escritor Curt Gentry), es aún uno de los mayores best sellers globales de true crime desde su primera edición en 1974. Pero olviden las ventas, si quieren: es el mejor libro de true crime que existe.

3. Sorprende que no existan buenas novelas, o filmes o series o telefilmes, sobre Charles Manson y la Familia. A primera vista, los asesinatos de 1969 de Charlie y sus Mansonettes parecen pensados para la máxima explotación fílmica. Lo tienen todo: la era (de Acuario); la filosofía demente que los generó, mezcla de maturranga carcelaria, monserga hippy y distopía apocalíptico-racial; una figura mesiánica, villano enajenado de libro de estilo, dirigiendo el cotarro y las mentes de sus acólitos, a la vez que balbuceando asombrosa bazofia pseudoprofunda (¡incluso grabando discos!); una secta ferviente y fanática compuesta casi enteramente por, como ya hemos visto, adolescentes de clase media-alta californiana con el cerebro lavado y compulsión fornicadora; una más-que-increíble conexión pop, con cameos o implicación directa de un sinfín de personalidades del rocanrol …

4. Paul Fitzgerald, el abogado defensor de Patricia Krenwinkel, otra de las tres chicas Manson preferentes, dijo que Manson era «un hippy de derechas», y hay algo de verdad en esa afirmación. El propio Charlie dijo: «A los hippies no les gusta el establishment, así que se montan el suyo. No son mejores que los demás». Manson, como buen macho, opinaba que los hippies eran «débiles», y si tenía que escoger algún término para denominar a sus seguidores, prefería llamarles «slippies». Manson, en efecto, era de derechas, y desde luego no un hippy. Hablamos de un expresidiario de treinta y cinco años, hijo bastardo de padre desconocido, rechazado por su madre alcohólica, bajito y ultraviolento, criminal casi innato, astuto y escurridizo y a la vez cobarde como un pequeño rapaz selvático. No tenía el perfil habitual de un Hijo de Sagitario. La mentalidad de Charlie era tan reaccionaria, racista y paranoica como la de un S.S. o un Soprano cualquiera. Era machista, chauvinista, antisemita y estaba obsesionado con la raza negra y el peligro que esta representaba, al igual que cualquier blanco conservador de clase media.

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Overwhelming. Startling. Imposing. An incredible analysis of everything that happened and the end of an entire era. Exhaustive, complex, extraordinary. Great research work of the Mason family. I have always been a true crime novel fan. Helter Skelter, the true story of the Manson Family murders. I hadn’t. Truth is, I had kind of been afraid to read it. When the murders took place I wasn’t born. The book Helter Skelter embodies my two favorite reasons for reading true crime. Number one, I love to learn the psychology of the murders – why the murderers may have done what they did. Number two, I love to read how the prosecutors and detectives used their knowledge, experience, and hard work to solve the crimes and prosecute the criminals. For those unfamiliar to the case, and really, how could you be, The Manson Family headed by Charles Manson, went on a killing rampage in Los Angeles in August 1969 brutally murdering seven people. Vincent Bugliosi, the author of the book, was the prosecutor at the trial and investigator on the case. It was the most horrifying murder spree in US history and the longest, most grueling trial the country had seen to date. Some say the murders put an abrupt end to the 60’s spirit of free love and ushered in a new more sated era.

The book itself is a great read. It is well-written and tells the story of what occurred, how the case was solved, and how the case was successfully prosecuted. In addition, the writer provides the back story as well as reporting on the pulse of the country as the trial proceeded. It is a real glimpse in to the history of the country. I learned that my original perceptions of the case were not accurate. The book accomplishes the herculean task of sorting through hundreds of witnesses, several police department’s participation, and reams of testimony while at the same time managing to keep readers interested and informed as the investigation and case unfolds in chronological order. I am particularly fond of the author, Bugliosi. He sounds like a brilliant guy who worked his tail off. His constant reference to the hours of preparation on both the investigation and each stage of the trial is inspiring. He mentions more than once the “100 pages of notes on yellow pads” reminding me in the words of James Michener, “It is not just talent alone, but disciplined talent that makes for success.” Taking the time to be prepared is half the battle, isn’t it?

Although Helter Skelter was first written in 1974, more than 35 years ago, it is still very relevant. Why? As Vincent Bugliosi himself says in the book and I am paraphrasing here,” The reasons behind the murders are so important to uncover because we do not want such a thing to happen again.” That’s true of all history, isn’t it? Check out the book if you have the chance. It will teach you something, I promise you.

Vincent Bugliosi said it best, “… The singularity of Manson’s evil and the particular brand of demonic murders he authored have not again been inflicted upon our nation. We can only hope that the ensuing years will be the same.” He wrote those words in June 1994. It appears in the afterword of the currently available version of “Helter Skelter”. We continue as a society to be fascinated by the actions of Charles Manson and his followers, who are collectively known as ‘The Family’. And who better to tell that story than prosecutor Vincent Bugliosi himself? Although Vincent himself has passed away, his story lives on. In my humble opinion, works like “helter-skelter” are absolutely important to the future of society as a whole. As my mother would say, those who failed to observe the lessons of history are doomed to repeat them. Although, I’m sure she took that quote from someone else.

Vincent Bugliosi, the prosecutor in the Manson trial, does an excellent job laying out for the reader all of the important elements of the crime, the prosecution, and the defense’s actions during that famous trial. You cannot separate an understanding of Charles Manson and an understanding of the trial. The two are inseparable. The vivid descriptions of the witnesses, crime scenes, evidence, and the courtroom drama served to encapsulate one of the longest and most expensive trials to ever take place in US history. I would argue that without Mr. Bugliosi’s book, a gaping hole in the recollections and recounting of the Manson trial would exist. We would also lose a haunting look at the mind of a madman and those who would unquestioningly follow him.

Truth in advertising, I’m an author who writes about serial killers. Because of this, the studies of the most infamous killers of the world is an important aspect of what I do. No serious study of violent crime in the US would be complete without looking at Charles Manson and The Family. They say that time heals all wounds. However, I don’t think the nation ever completely recovered from the wounds inflicted by Charles Manson and his followers. We still seem to be just as fascinated today with what happened on those two days back in 1969 as the nation was during the time of the trial. I’m not sure if that’s a testament to our love of the macabre or fascination with courtroom drama.

For anyone interested in Charles Manson and the events surrounding the Tate and LaBianca murders, “Helter Skelter” is a must-read. I found it to be well-written and chock full of detail that no movie could ever quite cover as well is Vincent Bugliosi and Curt Gentry did.

I saw Charles Manson for the first time that day. He was walking from jail to the courtroom to read the formal accusation of fire caused by the Michigan loader, and was accompanied by five deputy sheriffs. I hadn’t realized how low it was. It did not reach the sixty meter. He was thin, of small complexion, a little hunchback. He had brown hair, very long, almost shoulder-length, and a good beard, which had grown – I noticed when comparing the police photographs of LASO and Inyo – after the post-raid detention of the ranch Spahn He wore fringed suede pants, which were not cheap. Although he was handcuffed, he walked unconcerned, not rigid, as if he felt most comfortable. I could not believe that that little boy had done everything that was said. It caused anything but impression. But I knew that underestimating him would be the biggest mistake I could make. Because, if the stories of Atkins and DeCarlo were true, he was not only capable of committing murder himself: he also had incredible power to order others to kill for him. Manson’s girls talked a lot about the Indian concept of karma. It was like a boomerang, they said. Whatever you threw at the end came back to you. I wondered if Manson really believed that and if he sensed that, almost three and a half months after those horrible murders, karma finally returned.

Susan Atkins stated precisely the opposite, that the murderers did not take drugs either night. But the myth was born, and it lasted, maybe because it was the easiest explanation of what happened. Although, as I was to know, drugs were one of the various methods used by Manson to gain control over his followers, they did not intervene in those crimes, for a very simple reason: those two nights of wild carnage, Charles Manson wanted his murderers were in full use of their faculties. Reality, and its implications, were much more scary than myth.

Manson’s supporters still seemed to be a small minority, although noisy. If the press and television reports were right, most of the young people who the media grouped under the label of “hippies” denied Manson. Many claimed that what he advocated – for example, violence – went against his beliefs. And not a few were resentful of the guilt derived from the fact that they were related to Manson. It was almost impossible to finger, a young man told a New York Times journalist. “If you’re young, you wear a beard or even long hair, the bikers look at you like you’re a” follower of a crazy sect to kill, “and they accelerate.” The irony was that Manson never considered himself hippy, because he identified the pacifism of Hippies with weakness. If members of the Family had to be tagged, he told his followers, he preferred to call them “slippies93,” a term that, in the context of exits to make the bug, was not inappropriate. What was most scary was that the Family itself was growing. Spahn’s group increased considerably. Every time Manson appeared in court, I saw new faces among the familiar members of the Family.

The White Album of the Beatles, Manson assured Watkins, Poston and others, “prepared the way for the revolution.” The record he was going to record, which would come later, in Charlie’s words, «would blow the cork out of the bottle. I would unleash it. According to Poston, Watkins and others, they spent most of their time in the house on Gresham Street composing songs for Charlie’s album. Each one should have a message, addressed to a specific group of people, such as bikers, that outlined the role they were going to play in the Helter Skelter. Charlie worked hard on the songs. They had to be very subtle, according to him, like the Beatles’ own songs, with the true meaning hidden from the knowledge of all but those who were familiar. Manson had Terry Melcher to produce the album. According to many members of the Family (both Melcher and Jakobson denied it). The words PIG, DEATH TO PIGS, RISE and HEALTER SKELTER only contain thirteen different letters. Graphology experts told me that it would be very difficult – if not impossible – to check the words written in blood found in the homes of Tate and the LaBianca with print samples of the accused. It wasn’t just that there were few letters. The words were written in print, the letters were very large, in both cases unusual writing tools were used, a towel at Tate’s home, and probably a rolled paper in the LaBianca’s. And all the words of the second dwelling, except the two found in the refrigerator door, were written in print at high altitude on the walls, so it was necessary to stretch up in an unnatural way. As proof, they seemed to have no value.

Saturday, September 26, 1970 was the end of an era. A violent fire swept through southern California. Fanned by winds of one hundred and twenty kilometers per hour, a mountain of fire twenty meters high charred more than forty thousand hectares. The conflagration burned the entire Spahn movie ranch. While the pawns on the ranch tried to save the horses, Manson’s girls, with their faces lit by the fire, danced and clapped their hands, shouting loudly: “Helter Skelter is coming! The Helter Skelter is coming!

Juan Flynn, who said that his job at the Spahn ranch was to “shovel manure,” he seemed to enjoy on the stage. However, of all the witnesses, the lanky Panamanian cowboy was the only one to openly show hostility to Manson. When Charlie tried to stare at him until he looked away, Juan returned a hateful look. After conclusively identifying the revolver, Juan commented: «And once Mr. Manson fired that gun at me, you know? Because I was walking with a girl across the stream. It was hard to stop Juan once he had ripped off. The girl had gone to the Spahn Ranch to ride. He paid no attention to Manson, but went along the stream with the affectionate Panamanian. Charlie was bitten so much that he shot several times at them.

Helter Skelter During the trial the evidence had come piece by piece, from the lips of many witnesses. Then I put those pieces together to form a demolishing block. In a very convincing and convincing way, it seemed to me, I proved that the Helter Skelter was the motive for the murders, and that it was the exclusive motive of Charles Manson. I argued that when the words “Helter Skelter” were found in block letters written in blood, it was like finding Manson’s fingerprints at the scene of the crime. We were almost done. Within a few hours the jury would begin to deliberate. The end of the recapitulation was very strong.

“Charles Manson, ladies and gentlemen, said he had the power to give life.” The nights of the murders of the Tate-LaBianca cases, he thought that this entailed the right to snatch human life. He never had such a right, but he did it anyway. In retrospect, another possibility arises. The girls, once in the lowest of Manson’s hierarchy, who only served for sex, procreation and care for men, had become their apostles, the guardians of the faith. Charlie was already dependent on them. It seems most likely that they were not worried about the verdict, because they were already devising a plan that, if all went well, could not only free Manson, but all other members of the Family.

Although Manson and the girls had already been convicted, the trials, and the murders, were not over. For the participation in the attempted murder of the charge witness Barbara Hoyt, four of the five defendants served only ninety days in the county jail, and the fifth defendant was released from any punishment. There was no attempt to free Manson during the Hawthorne trial. However, two jurors had to be replaced after they received death threats by telephone if they voted in favor of the sentence. They related the calls with an unidentified female member of the Family. Although only Gypsy and Rice were sentenced to ninety days in jail for participating in the attempted murder of a charge witness, they and the other defendants found that the courts take a little more seriously the act of shooting an agent. All were charged with two counts of armed robbery. Manson’s relationship with The Process or Church of the Last Judgment is more vague, but much more fascinating. The leader of that satanic sect is one Robert Moore, named Robert DeGrimston by his followers. Moore was a disciple of the founder of Scientology, L. Ron Hubbard, but he broke up with her around 1963 to create a group of his own, apparently after reaching an elevated position at the London headquarters. He and his followers then traveled to various parts of the world, including the United States and Mexico, and he lived in San Francisco for at least several months, possibly longer. Apparently, he participated in a seminar at the Esalen Institute in Big Sur, but it is unknown if it coincided with any of Manson’s visits. One of DeGrimston’s most fervent disciples was one Victor Wild, a young man who made leather goods, called Brother Ely by the followers of The Process. Until December 1967, Victor Wild’s home and the San Francisco headquarters of El Proces were at 407 Cole Street in Haight-Ashbury. From about April to mid-July 1967, Charles Manson and his budding Family lived just two blocks away, at 636 Cole Street. Given Manson’s curiosity, he is likely to at least investigate the Satanists, and there is quite convincing evidence that he “appropriated” some of his teachings.

In the twenty-five years since the commission of the atrocities ordered and planned by Charles Manson, multiple murders have become a regular presence in our society. There are discontented or disturbed people who one day the cables cross, go to their old place of work, a fast food place, a buffet, etc., and kill five, ten or more people. The news of these butcher shops have ceased to impress a numb citizenship. Fortunately, as of today, our country has not once again suffered an evil as singular as Manson’s, nor murders of such a demonic invoice as those he committed. One can only hope that this will continue to be the case in the coming years.

To consider:

1. Teenagers are scary. They are real-life mutants: unpredictable biological weapons. The writer Derek Thompson stated in his latest book that “teenagers are chemically distinct from the rest of humanity” and “tend to act more stupidly around other teenagers.” Both things are true. The teenagers, Thompson continued, “have unusually weak connections in their frontal lobe, where the brain’s decision center is located, and they have the nucleus accumbens, the center of pleasure, larger than common.” The teenage mind is modeling clay. One of the psychiatrists who treated Susan Atkins, aka Sadie Mae Glutz, one of the three Manson girls who actively participated in the Tate and LaBianca murders, expressed her conviction that the girl was suffering from something called “folie en famille”, also known as shared psychotic disorder, simultaneous madness within a situation or group. One modality of such folie en famille is the folie imposée, where a dominant person imposes a delirium on another or others throughout a psychotic episode.

2. Calm down. They are not there anymore. But they were. They existed. Everything you will read next is real. Helter Skelter, written by the prosecutor assigned to the case, Vincent Bugliosi (in collaboration with the writer Curt Gentry), is still one of the biggest global best sellers of true crime since its first edition in 1974. But forget the sales, if you want to: It is the best true crime book there is.

3. Surprising that there are no good novels, or films or series or telefilms, about Charles Manson and the Family. At first glance, the 1969 murders of Charlie and his Mansonettes seem intended for maximum film exploitation. They have everything: the era (of Aquarius); the insane philosophy that generated them, a mixture of prison maturranga, hippy monserga and apocalyptic-racial dystopia; a messianic, villainous figure alienated from a style book, directing the bill and the minds of his acolytes, while babbling staggering pseudo-deep bazofia (even recording discs!); a fervent and fanatic sect composed almost entirely of, as we have already seen, high-middle-class Californian adolescents with brainwashing and fornicating compulsion; a more-than-incredible pop connection, with cameos or direct involvement of countless personalities of the rock and roll …

4. Paul Fitzgerald, Patricia Krenwinkel’s defense attorney, another of the three preferred Manson girls, said Manson was “a right-wing hippy,” and there is some truth to that statement. Charlie himself said: “Hippies don’t like the establishment, so they ride theirs. They are no better than others. Manson, as a good male, thought that hippies were “weak,” and if he had to choose a term to name his followers, he preferred to call them “slippies.” Manson, in effect, was right-wing, and certainly not a hippy. We speak of a thirty-five-year-old ex-prisoner, bastard son of an unknown father, rejected by his alcoholic mother, short and ultraviolent, almost innate criminal, cunning and elusive and at the same time cowardly as a small jungle raptor. He did not have the usual profile of a Son of Sagittarius. Charlie’s mentality was as reactionary, racist and paranoid as that of an S.S. or any Soprano. He was macho, chauvinist, anti-Semitic and was obsessed with the black race and the danger it represented, just like any conservative white middle class.

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