Lo Que No Son Cuentas Son Cuentos: Relatos Sobre Los Éxitos, Fracasos, Fortalezas Y Debilidades De La Economía Española — Álvaro Nadal Belda / What are not Accounts are Stories: Stories about the Successes, Failures, Strengths and Weaknesses of the Spanish Economy by Álvaro Nadal Belda (spanish book edition)

Un libro acertado en sus explicaciones y conclusiones que cualquiera que quiera mantener nuestro estado de bienestar tendrá que entender. Interesante para ver posturas y generar debate.

La economía española se mantiene respecto a los puestos de cabeza europeos, pero le cuesta avanzar terreno y reducir su distancia. Por su parte, los corredores francés e italiano están perdiendo posiciones respecto a la cabeza y acercándose a la posición española. Se podría pensar que la convergencia de España respecto a Francia e Italia es más demérito suyo que mérito nuestro, pero no es del todo así. Es interesante preguntarse por qué España aguanta el ritmo de los países del norte, no gana terreno, pero tampoco lo pierde, mientras que los otros países sí que lo pierden. Hay elementos del modelo de desarrollo español que hacen que nuestro país se encuentre entre los mejores del sur de Europa, al menos hasta ahora. Pero existe una gran pregunta que la sociedad y la política españolas se deben plantear: ¿nos conformamos con la posición actual o preferimos avanzar hacia la primerísima línea y hacer un último y decisivo esfuerzo en esta generación?.

En un mundo globalizado como el actual, una frase muy sencilla resume uno de los principales postulados de la teoría del comercio internacional: «Un país es rico si es capaz de producir bienes y servicios que tanto sus nacionales como las demás personas en el mundo quieren comprar, y un país es pobre si no es capaz de producirlos». La España de los años cincuenta era un país de baja renta porque apenas producíamos bienes que exportábamos al resto del mundo, apenas producíamos nada que el resto del mundo quisiese comprar, como los habitantes de la aldea. Si miramos la balanza de pagos de entonces, apenas exportábamos cítricos, algo de minería que procedía de antiguas inversiones británicas y francesas del siglo XIX, y un turismo que hoy nos parecería muy poco desarrollado, casi de juguete. Eran los tiempos en que España era vista como un país exótico a través de las imágenes que transmitían personajes como Ava Gardner y Charlton Heston… El sector con más peso en nuestras exportaciones de bienes, luego hablaremos de los servicios, es el de bienes de equipo. Un sector muy grande que incluye maquinaria para la industria, por ejemplo, la máquina herramienta (cada vez más robotizada), material de transporte (material ferroviario, aeronáutica —España produce aproximadamente el 15 por ciento de Airbus—, o transporte terrestre, como carrocerías y chasis de autobuses y camiones), material para telecomunicaciones, como fibra óptica, o material eléctrico, motores, etc. Este sector supone el 20 por ciento de las exportaciones de bienes. Es un sector muy tecnológico, muchas de sus empresas son punteras a nivel internacional y con alto nivel de cualificación de sus trabajadores. Luego, con un 16,5 por ciento, está el sector agroalimentario. El de más calidad de Europa, que sería lo mismo que decir que es el de más calidad del mundo. Un 80 por ciento de su facturación es producto elaborado, es decir, transformado mediante procesos con valor añadido industrial. El siguiente puesto lo ocupa el sector del automóvil. España es el segundo fabricante de Europa, detrás de Alemania, y octavo del mundo. Casi todos los grandes consorcios del automóvil tienen fábricas en España. Después viene el sector químico. En todas sus ramas, incluida la farmacéutica, y si incluyésemos el petroquímico supondría más que los dos anteriores, un 17 por ciento. Por ejemplo, toda la producción de aspirinas a nivel mundial se realiza en nuestro país. Es un sector también de alta cualificación, con grandes centros de I+D y que depende críticamente de una adecuada política de apoyo, y sobre todo de no ser abrumado por cargas regulatorias. Por detrás vendrían las materias primas y las semimanufacturas, con alrededor de un 12 por ciento, y los bienes de consumo, con un 11 por ciento. Es más, se puede decir que tenemos como país una estrategia propia. Un modelo de desarrollo muy práctico, ecléctico, que asimila muchas buenas prácticas de otros países. Un modelo contrastado que se parece más a lo que ahora está ocurriendo en Asia que, por ejemplo, al tipo de hacer política económica del norte de América. Sin dogmatismos adoptamos la estabilidad alemana, el arrojo comercial italiano, la heterodoxia asiática…, aunque todavía nos quedan buenos patrones por imitar: la innovación americana o israelí, la formación nórdica, la visión de largo plazo noruega…

Todas las grandes crisis de la economía española, al menos de las que tenemos suficiente información y datos estadísticos, tienen su origen en la acumulación de un gran déficit de competitividad y de balanza de pagos. Es decir, siempre han consistido de una manera o de otra en un problema surgido de la incapacidad de exportar lo suficiente para financiar nuestras importaciones. La importancia de los costes en la competitividad de las empresas y, si el mercado es global, en el comercio internacional. Los costes pueden variar por muchos motivos tanto al alza como a la baja, y tanto, como en el ejemplo, por innovaciones o cambios internos de la empresa o la industria como por factores externos que no pueden controlar pero que en muchas ocasiones dependen de la política económica. Una vez que vamos perdiendo esa competitividad, empezamos a incrementar el déficit exterior, exportamos cada vez menos (es más difícil vender cuando se vuelve uno más caro) e importamos cada vez más (los consumidores prefieren los productos más baratos que vienen de fuera). Mientras España mantenga su credibilidad en los mercados financieros, la diferencia entre lo que compramos y lo que vendemos podrá ser financiada por los de fuera, tanto con la compra de deuda pública por extranjeros como financiando a nuestro sistema financiero (cajas de ahorro y bancos), que a su vez nos financia a nosotros. Pero a medida que seguimos perdiendo esa competitividad y aumentamos nuestra deuda con el resto del mundo, la bola de nieve se va haciendo más y más grande, hasta que se percibe como insostenible.

A la larga no ganamos nada subiendo nuestros precios ni nuestras rentas porque sí. Si incrementamos nuestros salarios y pensiones por encima de lo que lo hacen nuestros competidores y socios comerciales, y si no hay una base de aumento de los mismos por una mayor productividad real de nuestra economía, si no producimos verdaderamente más, sólo logramos encarecernos y empobrecernos. Volverse caros a la larga se paga, y mucho. La gran ventaja del euro es que nació para ser irrompible. Al cambiar la moneda de cada uno de los países que componen la zona euro por una moneda única, las devaluaciones se hacen imposibles en la práctica. Para devaluar, un país tendría que volver a cambiar de moneda. Lo que supone una catástrofe financiera, económica y política que nadie está dispuesto a asumir. El hecho de que la promesa de no devaluar dentro del euro sea irrompible es la causa de que el euro haya tenido un efecto tan revolucionario, y a la postre beneficioso, sobre la economía española. En 1995 se produjo la última devaluación de la peseta. En la segunda mitad de los noventa, la combinación de la corrección de la competitividad con las devaluaciones, junto con la voluntad del gobierno de José María Aznar de ingresar en el euro, produjo una situación que será irrepetible en nuestra historia. Se tenían a la vez las ventajas de los dos mundos: una España competitiva por los efectos de las últimas devaluaciones y unos costes financieros…

Nuestra adaptación incompleta al modelo del norte de Europa es la principal fuente de los episodios de contracción económica que hemos tenido, tanto los históricos, los del pasado, como la crisis económica más reciente que acabamos de pasar. Esta última muy agravada por la imposibilidad de devaluar y ajustar nuestros precios relativos de forma instantánea. Esta restricción actúa como un yunque bajo el martillo de las malas prácticas y los desequilibrios de los que aún adolece la economía española. El crecimiento derivado de la entrada en el euro, pronto empezó a desequilibrarse. Es injusta la visión que tienen muchas personas en el norte de Europa de que la culpa de la crisis en la periferia es consecuencia íntegramente del mal comportamiento de los países del sur. El BCE nunca ha asumido sus responsabilidades por una política excesivamente laxa hace década y media. El BCE de entonces se parecía al chiste del economista que con una pierna en un congelador y otra en un horno manifestaba a los cuatro vientos que la temperatura media era muy agradable. Con tan bajos tipos de interés y una inflación tan alta, llegó un momento en el que en España quien ahorraba perdía dinero, y quien se endeudaba ganaba. Si un español de a pie, con esfuerzo, ahorraba todos los meses y metía ese dinero en un depósito a plazo o en deuda pública, los intereses que le pagaban eran menores que lo que perdía por la inflación. Y al contrario, si alguien se endeudaba y compraba una casa, el aumento del valor de la vivienda era mayor que los intereses. Esta situación volvió patas arriba el sistema financiero. Ante la falta de ahorro y la alta demanda de crédito, los bancos, y muy especialmente las cajas de ahorros, prestaron en exceso, de forma muy poco diligente, lo que inflaba los precios no sólo de la vivienda sino también del conjunto de bienes de la economía. Una política de gasto público que no busque ayudar a reducir los gastos financieros de las empresas y que se financie con impuestos y cotizaciones sociales que merman la competitividad no es la adecuada en la España de hoy. Una política energética que no vele por los precios, sino que fije sólo objetivos climáticos, supone la destrucción a medio plazo de miles y miles de empleos, sobre todo en la industria, y deslocalización de empresas. Un ejemplo es el cierre de las centrales nucleares, decisión que costará unos 3.000 millones de euros al año. La mitad pagado por la industria y la otra mitad por las familias españolas.

A finales del siglo XX y comienzos del XXI estamos ante una nueva revolución tecnológica. Por primera vez no dedicamos nuestras innovaciones a la reducción del esfuerzo físico, a la sustitución del músculo por máquinas para facilitar la producción o el transporte. La nueva revolución nos sumerge en un nuevo cambio. Ahora las máquinas nos ayudan a reducir actividades tediosas desde el punto de vista intelectual, mitigan el aburrimiento de todo proceso productivo repetitivo, y están reduciendo como nunca el coste de transmisión de pensamientos e ideas. La revolución digital llegó para quedarse, de la misma forma que el motor en los barcos, el telar a máquina, el automóvil o el ascensor. Hace apenas cuarenta años casi todo el mundo hacía las cuentas a mano. Empiezan a surgir nuevas aplicaciones para esta capacidad, el análisis de datos masivos (big data), la cadena de bloques (blockchain), el internet de las cosas, es decir, la conexión a la red de nuestros aparatos de uso diario privados y públicos, la computación en la nube (cloud computing), el lenguaje natural, el aprendizaje profundo (deep learning), junto con el reto de que esta información viaje de forma privada y segura, la ciberseguridad. Ya es posible tener miles o incluso centenares de miles de aparatos conectados a un mismo sistema de procesamiento. Necesitamos una política, una estrategia de innovación, especialmente la digital, que involucre a todo el país. Una estrategia al servicio de todo el que tiene una idea que pueda acabar siendo un producto o servicio comercializable internacionalmente. Éste es, en gran medida, el secreto del éxito asiático. Corea tiene más o menos la misma población que España, y ya nos supera claramente en PIB por habitante y en innovación. Tendríamos que reflexionar serenamente sobre estos extremos. Ahora bien, no sólo se consigue estar en la revolución digital haciendo un esfuerzo inversor en redes. Junto con ello, es importante invertir en personas. Es necesario mejorar aquellos aspectos de la economía y la sociedad española que nos permitan una participación más activa en estos cambios globales.

En España casi la mitad del gasto público se destina a las personas mayores de sesenta y cinco años. De los 437.000 millones de euros de desembolsos públicos totales en 2017, 139.000 correspondieron a pensiones, más del 90 por ciento de las cuales corresponden a personas mayores. Cerca de 70.000 millones es el gasto de la sanidad pública de nuestro país, el 85 por ciento se dedica a las personas mayores. Un dato interesante es el hecho de que el 80 por ciento del gasto sanitario en el que incurrimos como individuos se realiza en nuestros dos últimos años de vida, de media, claro. El gasto en dependencia se acerca a los 10.000 millones al año, y del resto de los 20.000 millones de prestaciones sociales que gastan las administraciones públicas, que no son desempleo, una buena parte se dirige a personas mayores con pocos recursos. La revuelta de los jóvenes, es una realidad más cercana de lo que parece. Los españoles de menos edad, sin tener, en su gran mayoría, una visión general del problema, están viviendo y produciendo en España un conflicto generacional. Las personas más jóvenes perciben pocos beneficios del sistema público que ayudan a sostener. Dependen para grandes gastos de la solidaridad intergeneracional de la familia, de lo que les pueden dar sus padres y abuelos. Este malestar se traduce en una actitud, e incluso una acción política, que ya es una realidad. Los bloques políticos de centro derecha e izquierda ya se han fracturado en dos. En cada bloque hay un partido de «mayores» y otro de «jóvenes». Si no logramos encajar un modelo adecuado de convivencia entre generaciones y con los inmigrantes que vienen, incluso afluyen a nuestro país, el futuro será más que incierto. Por su parte, si somos capaces de desarrollar ese modelo con una mezcla de políticas adecuadas y, sobre todo, una espontánea capacidad de la sociedad de adaptarse a los cambios, seremos uno de los países de más éxito en Europa y en el conjunto del mundo occidental.

El contrato único busca eliminar la distinción formal y visible entre insiders y outsiders. De entrada, tiene la ventaja de que se está trabajando sobre el problema de origen. Y ayuda a solucionar la desvinculación que tienen los trabajadores temporales con la cultura de su empresa y las empresas con su formación, y especialmente con los casos en los que, tras encadenar varios contratos temporales, los trabajadores son despedidos para no tenerlos que hacer fijos. Pero la desaparición formal de ambos tipos de trabajadores no significa que con ello se logre una desaparición real. El contrato único está diseñado de forma que cuanto más tiempo lleve el trabajador en la empresa, más indemnización recibe. Esto ya de por sí crea un grupo mucho más protegido (los que llevan más tiempo) que otro (los que acaban de llegar). Por lo que en los extremos habrá insiders (los primeros) y outsiders (los segundos). En medio, los que llevan algo de tiempo, pero no mucho, están en una situación ambigua, no saben si, si hay despidos, les va a tocar o no. Eso ayuda algo a que no decidan únicamente los outsiders, pero no soluciona el problema.

La política energética tiene tres objetivos que hay que lograr. El primero es el de la seguridad de suministro, es decir, que no haya apagones o colas en las gasolineras; el segundo es alcanzar los objetivos medioambientales y climáticos a los que se ha comprometido España, tanto a nivel internacional como a nivel europeo, y el tercero es el que tiene que ver con todo aquello de lo que trata este libro: favorecer la competitividad y el nivel de vida de las familias ofreciendo la energía al menor precio posible. Es extremadamente difícil aunar los tres objetivos de forma simultánea, por eso las decisiones en energía deben ser muy ponderadas y cuidadosas. Más aún en España, que tradicionalmente ha sido un país que tiene muy pocos recursos energéticos propios como aquellos con los que se iniciaron las revoluciones industriales. No tiene mucho carbón, y tampoco de mucha calidad, y por supuesto, prácticamente no hay nada de petróleo o gas natural. Nuestro país es un gran importador de energía. La energía renovable no puede ponerse en marcha de forma inmediata para cubrir las puntas de consumo. Si hay un aumento de consumo eléctrico y no se cubre esa demanda con más producción, sobreviene un apagón. Hay el sol y el viento que hay en cada momento, ni más ni menos, por eso sólo las centrales térmicas pueden cubrir esas puntas, y aquí sólo se dispone de carbón, gas o fuel. Ante una necesidad sobrevenida sólo las térmicas pueden ponerse a generar de forma casi inmediata. En un futuro se irán mejorando los sistemas de almacenamiento, especialmente mediante baterías, que irán dando la posibilidad a las renovables de actuar en la base y en la punta, pero hoy por hoy estamos lejos tecnológicamente. Las cifras son evidentes. Tras la reforma, los consumidores españoles pagan todavía unos 10.000 millones de euros al año en primas de renovables y financiación del déficit de tarifa del pasado. Si la vida útil de estas instalaciones está entre 20 y 25 años, aproximadamente hemos «tirado» 250.000 millones de euros (eso tras la reforma, si no habría sido mucho más, más de 120.000 millones de euros adicionales) por instalar esas renovables en 2008 y años siguientes en lugar de haberlo hecho ahora cuando la tecnología está madura. ¿Y los arbitrajes? Todos ellos en su conjunto suponen menos que lo que se ha ahorrado en un año con la reforma, es decir, con menos de lo que se ha ahorrado en uno de los 25 años en los que tiene impacto la reforma se pagarían todos los conflictos internacionales, caso de tenerse que pagar. Estamos en una situación similar a la de hace una década. Como país tenemos que decidir cuál va a ser nuestro modelo energético para 2030. Se ha de decidir, como siempre, sin conocer el alcance de los avances tecnológicos que se producirán. La experiencia pasada recomienda ser prudentes y regular pensando que lo de que todo se va a solucionar con mejoras de la tecnología resultó ser letal. Prudencia y decisiones basadas en hechos y no en desiderata ideológicos y un equilibrio entre objetivos que coloque la competitividad y el bienestar de las familias al mismo nivel que los medioambientales y climáticos sería, a mi entender, lo más razonable.

Con la unión bancaria, la mayor parte de las entidades financieras (sólo han quedado fuera las que tienen carácter muy local) tienen las mismas normas de supervisión y resolución. En definitiva, si se hubiese actuado antes y reconocido la realidad se habrían acortado los devastadores y prolongados efectos de la crisis por el lado financiero. Se intentó negar que los activos, especialmente los inmobiliarios, estaban sobrevalorados y se quiso mantener a los gestores que habían mostrado su incapacidad de gestión. La limpieza y el saneamiento llevados a cabo a partir de 2012 cambiaron la situación. Algunos piensan que no fue suficiente y que tenían que haber sido más profundos. Pero en todo caso es un hecho indiscutible que la banca española está pasando correctamente los «test de estrés» (las pruebas de resistencia a situaciones difíciles), se ha abaratado y hecho más accesible enormemente la vivienda (cerca de un 40 por ciento de reducción del precio), por lo que ya no tenemos burbuja inmobiliaria y las entidades rescatadas tienen viabilidad (y conservan la mayor parte de sus empleados). Con estas operaciones no se «rescataba a la banca», sino a un país entero, empezando por sus ahorradores, siguiendo por sus empleados de banca y también, algo muy importante, su credibilidad.

La elección es la esencia de la decisión pública. Las sociedades tenemos que saber qué queremos y cómo lo queremos conseguir, y en ese proceso de decisión también ser conscientes de a qué renunciamos. Siempre que elegimos, actuamos y utilizamos los recursos disponibles a la vez estamos renunciando. Y aquí empiezan los problemas de decisión y comunicación política en las sociedades de hoy en día. Parece que hay un rechazo social y mediático al concepto de renuncia, a la obligación de tener que elegir; parece que todo es accesible y que se puede tener todo a la vez. Otra deriva de un debate meramente emocional es la denigración del contrario. Si una persona dice algo distinto a lo que digo yo, es porque tiene emociones diferentes, y como mis emociones son buenas, al fin y al cabo son las mías, quiere decir que las del otro no lo son. Luego es una persona moralmente tachable y no debe dejársele participar en la vida pública. Este argumento se ha escuchado, y lamentablemente se escucha demasiadas veces en nuestro país y con demasiada frecuencia.

España es un gran país, tiene una gran capacidad de superarse a sí mismo, y un buen número de sus ciudadanos todos los días hacen un gran esfuerzo.

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A nice book in reference to its explanations and conclusions that anyone who wants to maintain our welfare state will have to understand. Interesting to see positions and generate debate reading the book.

The Spanish economy remains with respect to the European top positions, but it is difficult to advance ground and reduce its distance. For its part, the French and Italian runners are losing positions on the head and approaching the Spanish position. One might think that the convergence of Spain with respect to France and Italy is more demerit of ours than our merit, but it is not quite so. It is interesting to ask why Spain holds the rhythm of the northern countries, does not gain ground, but neither loses it, while the other countries do lose it. There are elements of the Spanish development model that make our country one of the best in southern Europe, at least until now. But there is a big question that Spanish society and politics should ask themselves: do we settle for the current position or do we prefer to move towards the first line and make a final and decisive effort in this generation?.

In a globalized world like today, a very simple phrase summarizes one of the main tenets of international trade theory: “A country is rich if it is capable of producing goods and services that both its nationals and others in the world want. buy, and a country is poor if it is not able to produce them ». The Spain of the fifties was a low-income country because we barely produced goods that we exported to the rest of the world, we barely produced anything that the rest of the world wanted to buy, like the inhabitants of the village. If we look at the balance of payments at that time, we barely exported citrus, some mining that came from old British and French investments of the nineteenth century, and a tourism that today would seem very underdeveloped, almost toy. Those were the times when Spain was seen as an exotic country through the images that were transmitted by characters like Ava Gardner and Charlton Heston … The sector with more weight in our exports of goods, then we will talk about services, it is the goods of equipment. A very large sector that includes machinery for the industry, for example, the machine tool (increasingly robotized), transport material (railway material, aeronautics -Spain produces approximately 15 percent of Airbus-, or land transport, such as bodies and chassis of buses and trucks), telecommunications equipment, such as optical fiber, or electrical equipment, motors, etc. This sector accounts for 20 percent of the exports of goods. It is a very technological sector, many of its companies are leading internationally and with a high level of qualification of their workers. Then, with 16.5 percent, is the agri-food sector. The highest quality in Europe, which would be the same as saying that it is the highest quality in the world. 80 percent of its turnover is produced, that is, transformed through processes with industrial added value. The next position is occupied by the automobile sector. Spain is the second manufacturer in Europe, behind Germany, and eighth in the world. Almost all the large automobile consortiums have factories in Spain. Then comes the chemical sector. In all its branches, including the pharmaceutical one, and if we included the petrochemical one it would suppose more than the two previous ones, a 17 percent. For example, all the production of aspirin worldwide is carried out in our country. It is also a sector of high qualification, with large R & D centers and that depends critically on an adequate support policy, and above all on not being overwhelmed by regulatory burdens. Behind came the raw materials and semi-manufactures, with about 12 percent, and consumer goods, with 11 percent. Moreover, we can say that we have our own strategy as a country. A very practical, eclectic development model that assimilates many good practices from other countries. A contrasted model that looks more like what is now happening in Asia than, for example, the type of economic policy of North America. Without dogmatism we adopt German stability, Italian commercial boldness, Asian heterodoxy … although we still have good patterns to emulate: American or Israeli innovation, Nordic training, Norwegian long-term vision …

All the major crises in the Spanish economy, at least those with sufficient information and statistical data, have their origin in the accumulation of a large deficit of competitiveness and balance of payments. That is, they have always consisted in one way or another in a problem arising from the inability to export enough to finance our imports. The importance of costs in the competitiveness of companies and, if the market is global, in international trade. Costs can vary for many reasons both upwards and downwards, and both, as in the example, by innovations or internal changes of the company or the industry as well as by external factors that can not be controlled but which in many cases depend on the economic policy. Once we lose that competitiveness, we begin to increase the external deficit, we export less and less (it is more difficult to sell when it becomes more expensive) and we import more and more (consumers prefer cheaper products that come from outside). While Spain maintains its credibility in the financial markets, the difference between what we buy and what we sell may be financed by outsiders, both with the purchase of public debt by foreigners and by financing our financial system (savings banks and banks) , which in turn finances us. But as we continue to lose that competitiveness and increase our debt to the rest of the world, the snowball gets bigger and bigger, until it is perceived as untenable.

In the long run we do not gain anything by raising our prices or our income, just because. If we increase our salaries and pensions above what our competitors and business partners do, and if there is no basis for increasing them due to greater real productivity in our economy, if we do not really produce more, we can only make ourselves more expensive and impoverished. . To become expensive in the long run is paid, and a lot. The great advantage of the euro is that it was born to be unbreakable. By changing the currency of each of the countries that make up the euro zone for a single currency, devaluations become impossible in practice. To devalue, a country would have to change currency again. What is a financial, economic and political catastrophe that nobody is willing to take. The fact that the promise not to devalue within the euro is unbreakable is the reason why the euro has had such a revolutionary, and ultimately beneficial, effect on the Spanish economy. In 1995 the last devaluation of the peseta took place. In the second half of the nineties, the combination of the correction of competitiveness with devaluations, together with the will of the government of José María Aznar to enter the euro, produced a situation that will be unrepeatable in our history. The advantages of both worlds were at the same time: a competitive Spain due to the effects of the latest devaluations and financial costs …

Our incomplete adaptation to the northern European model is the main source of the episodes of economic contraction that we have had, both the historical ones, those of the past, and the most recent economic crisis that we have just experienced. The latter is greatly aggravated by the impossibility of devaluating and adjusting our relative prices instantaneously. This restriction acts as an anvil under the hammer of bad practices and the imbalances that still suffers the Spanish economy. The growth derived from the entry into the euro, soon began to unbalance. The view of many people in northern Europe that the blame for the crisis in the periphery is the result of the bad behavior of the countries of the south is unjust. The ECB has never assumed its responsibilities for an excessively lax policy a decade and a half ago. The ECB of the time looked like the economist’s joke that with one leg in a freezer and another in a furnace, he declared to the four winds that the average temperature was very pleasant. With such low interest rates and such high inflation, there came a time when in Spain who saved lost money, and who got into debt earned. If a Spaniard on foot, with effort, saved every month and put that money in a term deposit or in public debt, the interest paid to him was lower than what he lost due to inflation. And on the contrary, if someone went into debt and bought a house, the increase in the value of the home was greater than the interest. This situation turned the financial system upside down. Faced with the lack of savings and the high demand for credit, banks, and especially savings banks, lent excessively, very little diligently, what inflated the prices not only of housing but also of all the assets of the economy. A policy of public spending that does not seek to help reduce the financial expenses of companies and that is financed with taxes and social contributions that reduce competitiveness is not adequate in Spain today. An energy policy that does not watch over prices, but sets only climate objectives, involves the destruction in the medium term of thousands and thousands of jobs, especially in industry, and relocation of companies. One example is the closure of nuclear power plants, a decision that will cost around 3,000 million euros per year. Half paid by the industry and the other half by Spanish families.

At the end of the 20th century and the beginning of the 21st we are facing a new technological revolution. For the first time we do not dedicate our innovations to the reduction of physical effort, to the replacement of muscle by machines to facilitate production or transport. The new revolution immerses us in a new change. Now the machines help us to reduce tedious activities from the intellectual point of view, mitigate the boredom of any repetitive productive process, and are reducing as never before the cost of transmitting thoughts and ideas. The digital revolution is here to stay, in the same way as the engine on ships, the machine loom, the car or the elevator. Just forty years ago almost everyone was doing the accounts by hand. New applications are beginning to emerge for this capacity, the analysis of massive data (big data), the chain of blocks (blockchain), the internet of things, that is, the connection to the network of our daily and private public use devices. , cloud computing, natural language, deep learning, along with the challenge of this information traveling privately and safely, cybersecurity. It is already possible to have thousands or even hundreds of thousands of devices connected to the same processing system. We need a policy, an innovation strategy, especially digital, that involves the whole country. A strategy at the service of everyone who has an idea that can end up being a product or service marketed internationally. This is, to a large extent, the secret of Asian success. Korea has more or less the same population as Spain, and already clearly exceeds us in GDP per inhabitant and in innovation. We would have to reflect calmly on these extremes. Now, not only is it possible to be in the digital revolution by investing in networks. Along with this, it is important to invest in people. It is necessary to improve those aspects of the Spanish economy and society that allow us to participate more actively in these global changes.

In Spain, almost half of public spending goes to people over sixty-five years old. Of the 437,000 million euros of total public disbursements in 2017, 139,000 corresponded to pensions, more than 90 percent of which correspond to the elderly. About 70,000 million is the cost of public health in our country, 85 percent is dedicated to the elderly. An interesting fact is the fact that 80 percent of the health expenditure in which we incur as individuals is done in our last two years of life, on average, of course. Dependent spending is close to 10,000 million a year, and of the rest of the 20,000 million social benefits that public administrations spend, which are not unemployment, a large part is aimed at older people with few resources. The revolt of young people is a reality closer than it seems. The Spaniards of less age, without having, in their great majority, a general vision of the problem, are living and producing in Spain a generational conflict. Younger people perceive few benefits from the public system that they help sustain. They depend for great expenses of the intergenerational solidarity of the family, of what their parents and grandparents can give them. This discomfort translates into an attitude, and even a political action, which is already a reality. The political blocs of center right and left have already been fractured in two. In each block there is a party of “elders” and another of “youths”. If we fail to fit an adequate model of coexistence between generations and with the immigrants who come, even affluence our country, the future will be more than uncertain. On the other hand, if we are able to develop this model with a mixture of adequate policies and, above all, a spontaneous capacity of society to adapt to changes, we will be one of the most successful countries in Europe and in the whole western world.

The single contract (unique) seeks to eliminate the formal and visible distinction between insiders and outsiders. From the outset, it has the advantage that work is being done on the problem of origin. And it helps to solve the disconnection that temporary workers have with the culture of their company and the companies with their training, and especially with the cases in which, after linking several temporary contracts, workers are dismissed so they do not have to make them fixed. But the formal disappearance of both types of workers does not mean that this will lead to a real disappearance. The single contract is designed so that the more time the worker takes in the company, the more compensation he receives. This already creates a much more protected group (those that take more time) than another (those that have just arrived). So in the extremes there will be insiders (the first ones) and outsiders (the second ones). In the middle, those who take some time, but not much, are in an ambiguous situation, do not know if, if there are layoffs, it will touch them or not. That helps something not only the outsiders decide, but it does not solve the problem.

Energy policy has three objectives that must be achieved. The first is that of security of supply, that is, there are no blackouts or queues at gas stations; the second is to achieve the environmental and climatic objectives to which Spain has committed, both internationally and at European level, and the third is the one that has to do with everything that this book deals with: promoting competitiveness and living standards of families offering energy at the lowest possible price. It is extremely difficult to combine the three objectives simultaneously, so energy decisions must be carefully considered and careful. Even more so in Spain, which has traditionally been a country that has very few energy resources of its own, such as those with which the industrial revolutions began. It does not have much coal, nor of much quality, and of course, there is practically nothing of oil or natural gas. Our country is a big importer of energy. Renewable energy can not be started immediately to cover the consumption tips. If there is an increase in electricity consumption and that demand is not covered with more production, a blackout ensues. There is the sun and the wind that there is in each moment, neither more nor less, for that reason only the thermal power stations can cover those tips, and here only coal, gas or fuel is available. Faced with an urgent need, only thermals can be generated almost immediately. In the future storage systems will be improved, especially by batteries, which will give the possibility to renewables to act at the base and at the tip, but today we are far away technologically. The figures are obvious. After the reform, Spanish consumers still pay about 10 billion euros per year in renewable premiums and financing of the past tariff deficit. If the useful life of these facilities is between 20 and 25 years, we have approximately “thrown” 250,000 million euros (that after the reform, if it would not have been much more, more than 120,000 million additional euros) to install these renewables in 2008 and following years instead of doing it now when the technology is mature. And the arbitrations? All of them together represent less than what has been saved in a year with the reform, that is, with less than what has been saved in one of the 25 years in which the reform has an impact, all international conflicts would be paid , in case of having to pay. We are in a situation similar to that of a decade ago. As a country we have to decide what our energy model will be for 2030. It has to be decided, as always, without knowing the scope of the technological advances that will occur. Past experience recommends being prudent and regulating thinking that everything that is going to be solved with improvements in technology turned out to be lethal. Prudence and decisions based on facts and not ideological desiderata and a balance between objectives that place the competitiveness and welfare of families at the same level as environmental and climate would be, in my opinion, the most reasonable.

With the banking union, most of the financial entities (only those that are very local in nature) have the same rules of supervision and resolution. In short, if it had acted before and recognized the reality would have shortened the devastating and prolonged effects of the crisis on the financial side. We tried to deny that the assets, especially the real estate ones, were overvalued and we wanted to keep the managers who had shown their inability to manage. The cleaning and sanitation carried out from 2012 changed the situation. Some think that it was not enough and that they should have been deeper. But in any case it is an indisputable fact that the Spanish banking system is correctly passing the “stress tests” (resistance tests to difficult situations), it has become cheaper and made the housing more accessible (about 40 percent reduction). of the price), so that we no longer have a real estate bubble and the rescued entities have viability (and retain most of their employees). These operations did not “rescue the bank”, but a whole country, starting with its savers, following its banking employees and also, very importantly, its credibility.

The choice is the essence of public decision. Societies have to know what we want and how we want to achieve it, and in that decision process also be aware of what we renounce. Whenever we choose, act and use available resources, we are giving up at the same time. And here the problems of decision and political communication in the societies of today begin. It seems that there is a social and mediatic rejection to the concept of resignation, to the obligation of having to choose; It seems that everything is accessible and that you can have everything at once. Another derivative of a purely emotional debate is the denigration of the opposite. If a person says something different from what I say, it is because he has different emotions, and since my emotions are good, after all they are mine, it means that those of the other are not. Then he is a morally tachable person and should not be allowed to participate in public life. This argument has been heard, and unfortunately is heard too often in our country and too often.

Spain is a great country, it has a great capacity to surpass itself, and a good number of its citizens every day make a great effort.

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