La Carrera Espacial. Del Sputnik Al Apolo 11 — Ricardo Artola / The Space Race From Sputnik to Apollo 11 by Ricardo Artola (spanish book edition)

Me parece un libro didáctico para no iniciados y poder ir completando información. Todo lo que cuenta el libro está en internet. Esperaba mucho mas. He leído varios sobre el tema con más información.

Este libro narra la historia de la carrera espacial, es decir, la competencia entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en el contexto de la Guerra Fría, por mostrar al mundo la superioridad de sus respectivos modelos de sociedad a través de los logros en el campo de la astronáutica. El origen de la carrera lo establece la Unión Soviética el 4 de octubre de 1957 con el lanzamiento del primer satélite artificial de la historia, el Sputnik 1. Acontecimiento inesperado que, como se verá más tarde, causó un profundo impacto en todo el mundo, pero muy especialmente en Estados Unidos, donde la reacción que se produjo se puede tildar de histeria. Tras ciertos titubeos, este país decidió aceptar el desafío, a través del famoso discurso de John F. Kennedy del 25 de mayo de 1961 ante el Congreso de los Estados Unidos. En esa intervención el presidente pidió al legislativo los recursos necesarios para mandar a un hombre a la Luna y traerlo de vuelta sano y salvo antes de que acabase la década.

Los orígenes de la era espacial sólo se explican al ir de la mano de la invención y desarrollo de los misiles. Si bien von Braun y su equipo de Peenemünde son responsables de la concepción y producción en masa de los primeros misiles de la historia (primera mitad de los años 40), éstos no lograron un nivel suficiente de precisión al alcanzar su destino. Además, su recorrido máximo estaba limitado a unos pocos cientos de kilómetros.

El 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética lanzó al espacio el primer satélite artificial de la historia, el Sputnik 1 («compañero», en ruso). La era espacial había comenzado. El Sputnik 1 consistía en una esfera de 84 kg de peso y 58 cm de diámetro, con dos emisores de radio que emitían sonidos regularmente (onomatopéyicamente, bips). Curiosamente, para los responsables técnicos del lanzamiento, la única manera de comprobar su éxito consistía en esperar 90 minutos, el tiempo necesario para que el satélite completara una órbita alrededor de la Tierra. Auguraban que si después de esta hora y media volvían a oír sus emisiones, habrían logrado un hito histórico; en caso contrario, probablemente no tendrían manera de saber en qué se habían equivocado. Transcurrido ese lapso de tiempo pudieron comprobar que todo había salido tal y como habían previsto. Las preguntas que se plantean son ¿cómo logró la Unión Soviética convertirse en la primera potencia espacial de la historia?, ¿qué camino siguió para hacer realidad uno de los sueños de Konstantin Tsiolkovsky?. Desde el punto de vista internacional, cuestionaba la capacidad de Estados Unidos como potencia militar para proteger a sus aliados. Así, esta época coincidió con un distanciamiento de los aliados europeos y una mayor reticencia a aceptar sus bases de misiles de alcance medio en sus territorios. Aunque la reacción nos pueda parecer exagerada, aquel logro espacial del «enemigo» sacudió a la sociedad americana de una forma contundente: fue una bofetada para su orgullo como nación. A partir del Sputnik el espacio se convirtió en un tema de interés y disputa políticos en Estados Unidos. La reacción de la Administración republicana del presidente Eisenhower, recientemente reelegido, fue muy tibia, lo cual provocó críticas generalizadas, no sólo por parte de sus adversarios políticos, sino también de sus propios correligionarios. Sin embargo, desde la perspectiva que da el tiempo, hay que reconocer que el presidente fue una de las pocas mentes lúcidas y equilibradas de su país en aquel momento. La primera medida concreta para tratar de contrarrestar el éxito soviético fue el intento de poner en órbita un satélite artificial propio. El 6 de diciembre de 1957 tuvo lugar el lanzamiento de un cohete con el satélite Vanguard, desarrollado por la Marina estadounidense; después de elevarse unos cuantos metros, el motor se paró y cayó al suelo, provocando un gran incendio. Dada la profusa presencia de medios de comunicación, la operación produjo el efecto contrario al deseado: responder eficazmente al Sputnik 1. Alguien decidió rebautizarlo con el nombre de Kaputnik.

El 12 de abril de 1961 Yuri Gagarin, a bordo del Vostok 1, despegó del cosmódromo de Baikonur. Tras ocho minutos de vuelo, los motores se pararon, al tiempo que la nave entraba en órbita sobre Siberia oriental. Una de las tareas del cosmonauta consistía en comprobar la posibilidad de comer y beber en el espacio, cosa que hizo sin mayores problemas. Tras completar una órbita, los motores volvieron a encenderse brevemente para frenar el Vostok 1 y devolverlo a la Tierra. Sin embargo, aunque también se ocultó en su momento, el regreso fue accidentado y un problema le obligó a llegar a tierra en paracaídas, después de ser expulsado de la nave por el asiento eyectable. Había aterrizado después de un vuelo de 108 minutos y había demostrado la sangre fría que se le suponía. El impacto de este vuelo fue inmenso. La llegada de Gagarin a Moscú ha sido comparada con la celebración de la victoria de la Segunda Guerra Mundial por los cientos de miles de personas que congregó. Más tarde, el primer hombre en el espacio realizó una triunfante gira mundial con un efecto propagandístico evidente. En conjunto, el programa Vostok había sido un completo éxito: demostró que los seres humanos podían viajar y permanecer en el espacio sin complicaciones, incluso durante periodos prolongados de tiempo.

En noviembre de 1958 se aprobó el proyecto Mercury, cuyos objetivos eran: poner en órbita a un ser humano, estudiar aspectos de seguimiento y control de la nave espacial, adquirir conocimientos sobre el efecto de la falta de gravedad en el cuerpo y otras cuestiones biomédicas asociadas a los vuelos espaciales. Además, como veremos en el capítulo correspondiente, la aprobación de este programa llevó asociada la selección del primer grupo de astronautas americanos. La cápsula del Mercury tenía unas dimensiones exteriores de 3 metros de alto y casi 2,5 en su parte más ancha; sin embargo, su interior era aproximadamente del tamaño de una cabina telefónica. Una vez sentado, el panel de instrumentos le quedaba al astronauta a tan solo 60 cm de la cara. Estaba compuesta de 750.000 piezas y más de 11 km de cables. Entre julio de 1961 y mayo de 1963 se llevaron a cabo las otras cinco misiones tripuladas del programa Mercury. En la tercera (febrero del 62), John H. Glenn se convirtió en el primer americano en realizar un vuelo orbital, y la última (mayo del 63) destacó por ser la más larga en duración con diferencia: más de veinticuatro horas en el espacio. El programa Mercury debe ser considerado como un paso necesario para aprender los fundamentos de la actividad espacial con seres humanos y un requisito previo para posteriores proyectos. A pesar de los retrasos y dificultades iniciales, cumplió todos sus objetivos. Uno de los fines fundamentales de Gemini era lograr estancias prolongadas en el espacio (hasta dos semanas), requisito imprescindible para una misión tripulada a la Luna. Para lograr esta meta se introdujeron los acumuladores alimentados por combustible, que, además de proporcionar agua potable a los astronautas, servían como fuente de energía eléctrica para la nave.

La primera misión tripulada, que llevaba el nombre de Apollo 1, estaba prevista para el 21 de febrero de 1967. El 27 de enero, durante uno de los múltiples ensayos en el módulo de mando, se produjo un cortocircuito que desencadenó un incendio. Murieron los tres astronautas que se encontraban en la nave. La desgracia de Apollo 1 ha hecho correr ríos de tinta y es importante por varios motivos. En primer lugar, mostró los múltiples fallos en el diseño del módulo de mando: la escotilla se abría hacia dentro de la nave (!), y su apertura, incluso en condiciones óptimas, era muy complicada y lenta. Pero la causa principal fue el uso de oxígeno puro a una cierta presión como atmósfera del módulo de mando. En esas condiciones, la menor chispa podía provocar un gran incendio en pocos segundos, como realmente ocurrió. El hecho de que el primer accidente con víctimas del programa espacial americano se produjera en tierra y no en el espacio parece haber acrecentado su repercusión. Sin embargo, se puede considerar una suerte dentro de la desgracia, puesto que permitió estudiar exhaustivamente sus causas y corregirlas.

En torno a la figura del astronauta hubo grandes debates entre la comunidad científica y los directivos de la NASA. Mientras la primera pretendía que ciertos científicos fueran entrenados como pilotos, los segundos favorecían formar a los pilotos como científicos. Como en muchos otros aspectos del programa espacial americano, la ciencia tuvo que dejar paso a la primacía del objetivo marcado por Kennedy, y sólo un científico astronauta llegó a pisar la Luna. Un factor fundamental de la vida de los astronautas durante las misiones, especialmente si eran lunares y por tanto de varios días, era el de la alimentación e higiene. Evidentemente, la comida era distinta a la que conocemos en la Tierra; se trataba de alimentos liofilizados rehidratables, es decir, que se les había quitado el agua y durante el vuelo se podían disolver en ella para ser ingeridos. Una diferencia de los astronautas frente a los cosmonautas era que los primeros se convertían en héroes antes de subir a una nave espacial, mientras que los segundos sólo fueron conocidos tras volar por primera vez. Esto último también tiene que ver con el ya mencionado secretismo del programa espacial soviético. Las autoridades de aquel país sólo hacían públicas las misiones una vez que habían finalizado con éxito, para poder ocultar aquellos vuelos que acabaron en fracaso o incluso con la muerte de los cosmonautas. Además de reflejar la distinta forma de llevar a cabo los respectivos programas espaciales, el factor determinante fueron los medios de comunicación estadounidenses.

A diferencia de la Unión Soviética, Estados Unidos es una democracia, en la que los presupuestos deben ser aprobados por un parlamento. Además, respecto a otras muchas democracias, la existencia de grupos de presión legalmente establecidos y la elección de senadores directamente vinculados y dependientes de un electorado local (los estados) hacen que el proceso de aprobación presupuestaria sea singular y dependa de múltiples factores. La cuestión es ¿cómo logró la NASA esas ingentes cantidades de dinero durante tantos años seguidos? Inicialmente, la cuasi unanimidad del público y los medios de comunicación respecto a la necesidad de una mayor inversión en asuntos espaciales, reforzada por el objetivo que marcó Kennedy en 1961, allanó el camino para «recaudar» los fondos necesarios. Conforme avanzó la década y se multiplicaron los problemas internos y externos (guerra de Vietnam, protestas del movimiento de derechos civiles, disturbios raciales, etc.) creció la resistencia, dentro y fuera del Congreso, a seguir utilizando tantos recursos para financiar el programa espacial.

Curiosamente, cuando se produjeron los sorprendentes hitos soviéticos de los orígenes de la carrera (primer satélite, primer hombre en el espacio, etc.), múltiples voces de todo el mundo, incluyendo Estados Unidos, hablaron de la superioridad del modelo soviético sobre el estadounidense, cabe decir del comunismo sobre el capitalismo. Sin embargo, con los posteriores logros americanos, y sobre todo con la victoria abrumadora en la meta, nadie se acordó de decir que, sensu contrario, quedaba irrefutablemente demostrada la superioridad de Estados Unidos, y por extensión del capitalismo, sobre la URSS y el comunismo. Puede parecer obvio, pero las cosas hay que decirlas. El «desmerengamiento» del bloque soviético en 1989 vino a confirmar lo que la carrera espacial había vaticinado dos décadas antes. A mi juicio, la carrera espacial tuvo también su aspecto romántico: la implicación de cientos de miles de personas en la consecución de un logro común (en ambos bandos). Muchos de esos seres renunciaron a trabajos mejor remunerados y, sobre todo, mucho menos exigentes, por alcanzar la meta deseada.

Finalmente, citando a Gerard J. DeGroot, «lo que la era espacial ha demostrado es justamente lo difícil que es ir a alguna parte en el espacio. En lugar de expandir los horizontes del hombre, expuso sus límites».

(Korolev) En el campo fundamental de los cohetes, su mayor logro fue el mencionado R-7 (que más que como misil fue utilizado para gran parte de las misiones espaciales soviéticas de la primera época), y su mayor fracaso, el desdichado N-1. En definitiva, un currículum sin parangón, ni siquiera igualado por el propio von Braun.

Otros libros de interés comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/28/wernher-von-braun-javier-casado/

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To my way of thinking a didactic book for non-initiates and to be able to complete information. Everything that the book tells is on the internet. I expected much more. I have read several on the subject with more information.

This book tells the story of the space race, that is, the competition between the United States and the Soviet Union, in the context of the Cold War, to show the world the superiority of their respective models of society through achievements in the field of astronautics. The origin of the race was established by the Soviet Union on October 4, 1957, with the launch of the first artificial satellite in history, Sputnik 1. An unexpected event that, as will be seen later, caused a profound impact throughout the world, but very especially in the United States, where the reaction that occurred can be branded as hysteria. After certain hesitations, this country decided to accept the challenge, through the famous speech of John F. Kennedy of May 25, 1961 before the Congress of the United States. In that speech, the president asked the legislature for the necessary resources to send a man to the moon and bring him back safe and sound before the decade was over.

The origins of the space age are only explained by going hand in hand with the invention and development of the missiles. While von Braun and his Peenemünde team are responsible for the conception and mass production of the first missiles in history (first half of the 40s), they did not achieve a sufficient level of precision when reaching their destination. In addition, its maximum route was limited to a few hundred kilometers.

On October 4, 1957, the Soviet Union launched into space the first artificial satellite in history, Sputnik 1 (“companion”, in Russian). The space age had begun. Sputnik 1 consisted of a sphere of 84 kg in weight and 58 cm in diameter, with two radio emitters that issued sounds regularly (onomatopoetically, beeps). Interestingly, for the technical managers of the launch, the only way to prove their success was to wait 90 minutes, the time necessary for the satellite to complete an orbit around the Earth. They expected that if after this hour and a half they heard their broadcasts again, they would have achieved a historic milestone; otherwise, they probably would not have a way of knowing what they were wrong about. After that lapse of time they could verify that everything had gone as planned. The questions that arise are: how did the Soviet Union become the first space power in history? What path did it follow to make one of Konstantin Tsiolkovsky’s dreams come true? From the international point of view, he questioned the ability of the United States as a military power to protect its allies. Thus, this time coincided with a distancing of European allies and a greater reluctance to accept their bases of medium-range missiles in their territories. Although the reaction may seem exaggerated, that spatial achievement of the “enemy” shook the American society in a forceful way: it was a slap in the face for his pride as a nation. As of Sputnik, space became a topic of political interest and dispute in the United States. The reaction of the Republican Administration of President Eisenhower, recently re-elected, was very lukewarm, which provoked widespread criticism, not only from his political opponents, but also from his own co-religionists. However, from the perspective that gives the time, we must recognize that the president was one of the few lucid and balanced minds of his country at that time. The first concrete measure to try to counteract the Soviet success was the attempt to put into orbit an artificial satellite of its own. On December 6, 1957, a rocket was launched with the Vanguard satellite, developed by the US Navy; After rising a few meters, the engine stopped and fell to the ground, causing a huge fire. Given the profuse presence of media, the operation produced the opposite effect to that desired: to respond effectively to Sputnik 1. Someone decided to rename it with the name of Kaputnik.

On April 12, 1961 Yuri Gagarin, aboard Vostok 1, took off from the Baikonur cosmodrome. After eight minutes of flight, the engines stopped, while the ship entered orbit over eastern Siberia. One of the tasks of the cosmonaut was to check the possibility of eating and drinking in space, which he did without major problems. After completing an orbit, the engines briefly turned on again to stop Vostok 1 and return it to Earth. However, although he also hid at the time, the return was injured and a problem forced him to land on a parachute, after being ejected from the ship by the ejection seat. He had landed after a 108-minute flight and had shown the cold blood that was supposed. The impact of this flight was immense. The arrival of Gagarin in Moscow has been compared to the celebration of the victory of World War II by the hundreds of thousands of people he gathered. Later, the first man in space made a triumphant world tour with an evident propaganda effect. Overall, the Vostok program had been a complete success: it demonstrated that human beings could travel and remain in space without complications, even for extended periods of time.

In November 1958 the Mercury project was approved, whose objectives were: to put a human being in orbit, to study aspects of tracking and control of the spacecraft, to acquire knowledge about the effect of the lack of gravity on the body and other biomedical issues associated with space flights. In addition, as we will see in the corresponding chapter, the approval of this program was associated with the selection of the first group of American astronauts. The capsule of the Mercury had external dimensions of 3 meters high and almost 2.5 in its widest part; however, its interior was about the size of a telephone booth. Once seated, the instrument panel was left to the astronaut only 60 cm from the face. It was composed of 750,000 pieces and more than 11 km of cables. Between July 1961 and May 1963 the other five manned missions of the Mercury program were carried out. In the third (February of 62), John H. Glenn became the first American to perform an orbital flight, and the last one (May of 63) stood out as the longest in duration by difference: more than twenty-four hours in the space. The Mercury program should be considered as a necessary step to learn the basics of space activity with human beings and a prerequisite for subsequent projects. Despite the initial delays and difficulties, he fulfilled all his objectives. One of the fundamental aims of Gemini was to achieve extended stays in space (up to two weeks), an essential requirement for a manned mission to the Moon. To achieve this goal, fuel-powered batteries were introduced, which, in addition to providing drinking water to astronauts, served as a source of electrical energy for the ship.

The first manned mission, named after Apollo 1, was scheduled for February 21, 1967. On January 27, during one of the multiple tests in the command module, a short circuit occurred that triggered a fire. The three astronauts who were on the ship died. The misfortune of Apollo 1 has run rivers of ink and is important for several reasons. In the first place, it showed the multiple failures in the design of the command module: the hatch opened into the ship (!), And its opening, even in optimal conditions, was very complicated and slow. But the main cause was the use of pure oxygen at a certain pressure as the atmosphere of the command module. Under these conditions, the smallest spark could cause a big fire in a few seconds, as it actually happened. The fact that the first accident with victims of the American space program occurred on land and not in space seems to have increased its impact. However, it can be considered a fate within the misfortune, since it allowed to exhaustively study its causes and correct them.

There were great debates around the astronaut’s figure between the scientific community and the directors of NASA. While the former intended that certain scientists be trained as pilots, the latter favored training pilots as scientists. As in many other aspects of the American space program, science had to give way to the primacy of the goal set by Kennedy, and only a scientist astronaut came to tread the moon. A fundamental factor in the lives of the astronauts during the missions, especially if they were lunar and therefore several days, was that of food and hygiene. Evidently, the food was different from the one we know on Earth; they were lyophilized rehydratable foods, that is to say, that the water had been removed and during the flight they could be dissolved in it to be ingested. One difference between the astronauts and the cosmonauts was that the former became heroes before boarding a spaceship, while the latter were only known after flying for the first time. The latter also has to do with the aforementioned secrecy of the Soviet space program. The authorities of that country only made the missions public once they had finished successfully, in order to hide those flights that ended in failure or even with the death of the cosmonauts. In addition to reflecting the different way of carrying out the respective space programs, the determining factor was the American media.

Unlike the Soviet Union, the United States is a democracy, in which budgets must be approved by a parliament. In addition, with respect to many other democracies, the existence of legally established pressure groups and the election of senators directly linked to and dependent on a local electorate (the states) make the budget approval process unique and dependent on multiple factors. The question is how did NASA achieve these huge amounts of money for so many years in a row? Initially, the near unanimity of the public and the media regarding the need for greater investment in space matters, reinforced by Kennedy’s objective in 1961, paved the way for “raising” the necessary funds. As the decade progressed and internal and external problems multiplied (Vietnam war, civil rights movement protests, race riots, etc.), resistance grew inside and outside of Congress to continue using so many resources to finance the space program .

Interestingly, when the surprising Soviet milestones of the race’s origins (first satellite, first man in space, etc.) were produced, multiple voices from all over the world, including the United States, spoke of the superiority of the Soviet model over the American , we can say about communism about capitalism. However, with the subsequent American achievements, and especially with the overwhelming victory in the goal, nobody remembered to say that, sensu contrario, the superiority of the United States, and by extension of capitalism, over the USSR and the USSR, was irrefutably demonstrated. communism. It may seem obvious, but things have to be said. The “desmerengamiento” of the Soviet bloc in 1989 came to confirm what the space race had predicted two decades before. In my opinion, the space race also had its romantic aspect: the involvement of hundreds of thousands of people in the achievement of a common achievement (on both sides). Many of these beings renounced to better paid jobs and, above all, much less demanding, to achieve the desired goal.

Finally, quoting Gerard J. DeGroot, “what the space age has shown is just how difficult it is to go somewhere in space. Instead of expanding the horizons of man, he exposed his limits. ”

(Korolev) In the fundamental field of rockets, his greatest achievement was the aforementioned R-7 (which was used more than as a missile for much of the Soviet space missions of the first epoch), and its greatest failure, the unfortunate N -one. In short, an unparalleled curriculum, not even matched by von Braun himself.

Interested books commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/28/wernher-von-braun-javier-casado/

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