Siluetas Gallegas. El Alma De Las Aldeas De Galicia Vista A Través De Los Personajes Populares De Carral— Federico Landaeta / Galician Silhouettes. The Soul Of The Villages Of Galicia Seen Through The Popular Characters Of Carral by Federico Landaeta (spanish book edition)

Este breve libro que releo cada cierto tiempo me gusta

Entre otras instituciones maravillosas (la del matriarcado, por ejemplo), tiene Carral (y quizá su nombre se originó por los muchos carros que posee) la institución de las vacas. Como los egipcios tuvieron al buey Apis, como los hindúes al elefante. Carral tiene sus vacas. La vaca es al gallego, sobre todo en esta región, el ayudante más eficaz, el amigo, el socio, el apoyo, todo. La vaca da sus terneros, que engorda con su propio perlino líquido (¡oh, las frases elegantes!). La vaca da su leche, que por cuartillos se vende, después de dejar la de casa. La vaca da carne, pues las matan a diario en los mataderos, salvo que haya un ternero. Y, sobre todo, la vaca trabaja.

Pues aquí en Carral, y en Galicia, es frecuente encontrarse, a cada paso, con un señor que ostenta el apodo de «el marido de la viuda». No es que el buen señor haya resucitado. ¡Quita allá, que aquí se ven muchas cosas, pero resurrecciones no! Es simplemente que la viuda no es tal viuda, sino casada con el señor de marras. Y, entonces, explíqueme ese galimatías, ¿por qué es viuda? Muy sencillo: Si la bisabuela de la interfecta enviudó, automáticamente pasa a ser mencionada: la viuda. Y, en virtud de las leyes del matriarcado caprichoso y popular, sus hijos, e hijas, son: los de la viuda, Y así las nietas y las bisnietas.

El gallego, cuando pide café en uno de los sitios en que lo venden, se lo dan, en el noventa por ciento de los casos, en un vaso. Con lo que se quema los dedos, a falta del asa, pues los vasos no la tienen. Y acostumbran a servir el brebaje bien caliente.

Y cuando pide vino, se lo dan… en tazas.

Un amigo mío me decía:

—Son singulares. Beben el vino en tazas y el café en vasos…

Cuando hace frío, la gente de campo se mete en la «lareira», que es el hogar, el viejo fogón, que es bajo y tiene a los lados dos bancos, en los que se sientan los labriegos a tomar su café o a sorber su caldo en tanto tienen los pies casi sobre las ascuas.

El trato es algo sagrado en las aldeas de Galicia. Tratar es negociar, en general . Como en el refrán, cada uno habla de la feria según le va en ella. Si coloca sus cerdos, a feira estuvo «boa». Si no vende nada, a feira non pudo ser más mala.

El meijo es sabio. No sabe leer, pero interpreta la medicina. Conoce a su cliente y sabe si va por un filtro o por un calmante a sus dolores. Con ver el ámbar de una muestra de orina sabe, como si fuese un cerebro electrónico, que su oliente tiene una úlcera estomacal o la clienta un futuro aumentador de censos. Su ciencia es infusa. Su farmacopea el monte. Su penicilina la hierba buena o la mejorana, bien cocida, recalentada en día sábado, de aquelarre, porque si no, no vale. Y acompañada de un oración. El brujo siempre tiene clientela. El brujo siempre tiene razón. Y fama de buena mano para sanar. No cobra mucho. Siempre acierta con los males de la humanidad. Y acierta por la fe del consultante, que queda sugestionado al respecto del mal que unos malos ojos le causaron. El meijo, o la meija, no tienen relación en farmacia alguna, que por ellos todas se declararían en quiebra. Su depósito de medicinas está en los minerales, en las oraciones y en las hierbas, aromáticas o no. ¡Que laboratorio es Natura…!.

Al gallego no lo engaña nadie, salvo que el engañador sea… otro gallego, por aquello del simila similis, o sea, en cristiano, que un clavo saca a otro clavo. ¡Qué difícil, para cualquier otro ciudadano del mundo, es engañar a uno de Galicia!. En la oferta y la demanda, el gallego es magistral. Cuando pide, solicita el cuádruple de lo que va a vender. Cuando compra, ofrece la décima parte del valor. Se rasca la cabeza y usa su mímica.

Carral, como pueblo que se estima y sabe lo que vale, tiene también su tonto. Pero ¡qué tonto! En un pueblecito gallego no puede faltar el cura, ni el alcalde. Pero menos su tonto. Es también una institución.

En Galicia se es «chico» y «rapaz» de los cinco a los sesenta años, lo menos. Es corriente que nos hablen de alguien y nos lo elogien.

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This brief book that I reread every so often I like

Among other marvelous institutions (that of matriarchy, for example), Carral (and perhaps his name originated from the many cars he owns) has the institution of cows. As the Egyptians had the ox Apis, like the Hindus the elephant. Carral has his cows. The cow is Galician, especially in this region, the most effective assistant, the friend, the partner, the support, everything. The cow gives its calves, which fattens with its own liquid perlino (oh, the elegant phrases!). The cow gives her milk, which for quarters is sold, after leaving the house. The cow gives meat, because they kill them daily in the slaughterhouses, unless there is a calf. And, above all, the cow works.

Well here in Carral, and in Galicia, it is common to find, at every step, a man who bears the nickname “the husband of the widow.” It is not that the good Lord has risen. Take away, there are many things here, but not resurrections! It is simply that the widow is not such a widow, but married to the lord of yore. And, then, explain that gibberish to me, why is it a widow? Very simple: If the great grandmother of the intervened widow, automatically happens to be mentioned: the widow. And, by virtue of the laws of capricious and popular matriarchy, their children, and daughters, are: those of the widow, and so the granddaughters and great-granddaughters.

The Galician, when he asks for coffee in one of the places where they sell it, they give it, in ninety percent of the cases, in a glass. With what it burns the fingers, in the absence of the handle, because the glasses do not have it. And they usually serve the hot drink very well.

And when he asks for wine, they give it to him … in cups.

A friend of mine told me:

“They are unique. They drink wine in cups and coffee in glasses …

When it’s cold, country people get into the “lareira”, which is the home, the old stove, which is low and has two banks on the sides, in which the peasants sit down to drink their coffee or sip their broth while their feet are almost on the embers.

The treatment is something sacred in the villages of Galicia. To try is to negotiate, in general. As in the saying, everyone talks about the fair as it goes in it. If you put your pigs, a feira was “boa.” If he does not sell anything, a feira could not be more bad.

The meijo is wise. He does not know how to read, but he interprets medicine. Know your client and know if he goes for a filter or a pain reliever. With seeing the amber of a urine sample, you know, as if it were an electronic brain, that your nostril has a stomach ulcer or the client a future census enhancer. His science is infused. Your pharmacopoeia Mt. His penicillin the good grass or the marjoram, well cooked, reheated on Saturday, coven, because if not, it’s not worth it. And accompanied by a prayer. The sorcerer always has a clientele. The sorcerer is always right. And fame of good hand to heal. It does not charge much. Always hit with the evils of humanity. And right by the faith of the consultant, who is sugested about the evil that a bad eyes caused him. The meijo, or the meija, have no relationship in any pharmacy, which for them all would declare bankruptcy. Its deposit of medicines is in the minerals, in the prayers and in the herbs, aromatic or not. What laboratory is Natura …!

Galician does not deceive anyone, unless the deceiver is … another Galician, for that of simila similis, that is, in Christian, a nail takes out another nail. How difficult, for any other citizen of the world, to cheat one of Galicia! In supply and demand, Galician is masterly. When he asks, he asks for four times what he is going to sell. When you buy, you offer a tenth of the value. He scratches his head and uses his mimicry.

Carral, as a people who esteem and know what is worth, has also his fool. But what a fool! In a small Galician village, the priest or the mayor can not be absent. But less your fool. It is also an institution.

In Galicia one is “small” and “rapacious” from five to sixty years old, at least. It is common that they talk to us about someone and they praise us.

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