101 Cuentos Zen — Nyogen Senzaki & Paul Reps / 101 Zen Stories by Nyogen Senzaki & Paul Reps

101 Historias Zen, una colección de cuentos que relatan experiencias reales de maestros Zen chinos y japoneses durante un período de más de cinco siglos. El zen no es una religión o filosofía sino una forma de vida, por eso la mejor forma de adentrarse en ella es a través de su práctica. Y no es fácil, porque consiste básicamente en comer cuando tienes hambre, beber cuando tienes sed, dormir cuando tienes sueño y vivir en el presente, tareas todas ellas tan sencillas que son prácticamente imposibles de llevar a cabo tal y como está planteada la vida actual en Occidente.

Leer pequeños cuentos como estos, tan característicos del zen, es una buena manera, si no de formarse, sí al menos de informarse acerca de la esencia de esta práctica. Pero leerlos todos seguidos (tanto desde el punto de vista temporal como ordinal) no es una buena idea. Una debe deleitarse poco a poco.

* Una taza de té

Nan-in, un maestro japonés que vivió en la era Meiji (1868-1912), recibió a un profesor universitario que acudió a preguntarle acerca del zen.

Nan-in le sirvió té. Vertió el líquido hasta llenar la taza del visitante y siguió vertiéndolo.

El profesor contempló el té que se derramaba hasta que ya no pudo contenerse.

–Está completamente llena. ¡No cabe una gota más!

–Al igual que esta taza –le dijo Nan-in–, usted está lleno de sus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo puedo mostrarle lo que es el zen a menos que primero vacíe su taza?.

* Anuncio

Tanzan escribió sesenta tarjetas postales el último día de su vida y pidió a un ayudante que las echara al correo. Entonces falleció.

Las tarjetas decían:

Me voy de este mundo.

Éste es mi último anuncio.

                                     Tanzan.

                                     27 de julio de 1892.

* Una parábola

Buda contó una parábola en un sutra:

Un hombre que cruzaba un campo se encontró con un tigre. Huyó y el tigre corrió tras él. Al llegar a un precipicio se agarró a la raíz de una vid silvestre y quedó colgando del borde. El tigre le olisqueaba desde arriba. El hombre, tembloroso, bajó la vista y vio que muy abajo, al pie del precipicio, otro tigre aguardaba para devorarle. Sólo la vid le sostenía.

Dos ratones, uno blanco y otro negro, se pusieron a roer poco a poco la vid. El hombre vio una suculenta fresa cerca de él. Aferrándose a la vid con una mano, arrancó la fresa con la otra. ¡Qué sabor tan dulce tenía!.

* Verdadera prosperidad

Un hombre rico pidió a Sengai que escribiera algo para que continuara la prosperidad de su familia, de modo que pudiera ser atesorada de una generación a otra.

Sengai tomó una gran hoja de papel y escribió: «Padre muere, hijo muere, nieto muere».

El rico se enfadó.

–¡Te he pedido que escribieras algo para la felicidad de mi familia! ¿Por qué me gastas semejante broma?

–No se trata de ninguna broma –le explicó Sengai–. Si antes de que mueras muriese tu hijo, eso te causaría un gran pesar. Si tu nieto muriese antes que tu hijo, los dos estaríais desconsolados. Si tu familia, una generación tras otra, se va de este mundo en el orden que he mencionado, será el curso natural de la vida. Yo llamo a esto una auténtica prosperidad.

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101 Zen Stories, a collection of tales that recount actual experiences of Chinese and Japanese Zen teachers over a period of more than five centuries. Zen is not a religion or philosophy but a way of life, so the best way to get into it is through its practice. And it is not easy, because it basically consists of eating when you are hungry, drinking when you are thirsty, sleeping when you are sleepy and living in the present, tasks that are so simple that they are practically impossible to carry out as is the current life. in the West. Reading small stories like these, so characteristic of Zen, is a good way, if not to form, if at least to learn about the essence of this practice. But reading them all in a row (both temporally and ordinally) is not a good idea. One should delight little by little.

* A cup of tea

Nan-in, a Japanese teacher who lived in the Meiji era (1868-1912), received a university professor who came to ask him about Zen.

Nan-in served him tea. He poured the liquid until it filled the visitor’s cup and continued pouring it.

The professor contemplated the tea that was spilled until he could no longer contain himself.

-It’s completely full. It does not fit another drop!

“Like this cup,” Nan-in said, “you are full of your own opinions and speculations. How can I show you what Zen is unless you empty your mug first?

* Ad

Tanzan wrote sixty postcards on the last day of her life and asked an assistant to post them. Then he died.

The cards said:

I’m leaving this world.

This is my last ad.

Tanzan.

July 27, 1892.

* A parabola

Buddha told a parable in a sutra:

A man crossing a field encountered a tiger. He fled and the tiger ran after him. When it reached a precipice, it grabbed onto the root of a wild vine and was left dangling from the edge. The tiger sniffed at him from above. The man, trembling, looked down and saw that far below, at the foot of the cliff, another tiger waited to devour him. Only the vine sustained him.

Two mice, one white and one black, began to gnaw the vine little by little. The man saw a succulent strawberry near him. Clutching the vine with one hand, he tore the strawberry with the other. What a sweet taste he had!.

* True prosperity

A wealthy man asked Sengai to write something so that the prosperity of his family would continue, so that it could be treasured from one generation to the next.

Sengai took a large sheet of paper and wrote: «Father dies, son dies, grandson dies».

The rich man got angry.

– I have asked you to write something for the happiness of my family! Why do you spend such a joke on me?

“It’s not a joke,” Sengai explained. If your son died before you died, that would cause you great grief. If your grandson died before your son, both of you would be disconsolate. If your family, one generation after another, leaves this world in the order I have mentioned, it will be the natural course of life. I call this an authentic prosperity.

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