Los Niños Perdidos (Un Ensayo En 40 Preguntas) — Valeria Luiselli / Tell Me How It Ends: An Essay in 40 Questions by Valeria Luiselli

Valeria Luiselli escribe conmovedoramente sobre la crisis humanitaria que enfrentan los menores indocumentados y no acompañados que ingresan a los Estados Unidos. Estos niños están huyendo del peligro mortal en sus países de origen y cada paso de su viaje para encontrar una vida mejor y más segura está llena de peligros. Compartir con un recién llegado al tema. La Sra. Luiselli es una escritora formidable: es brillante, elocuente, talentosa, elegante, creativa e imaginativa. Leer este “libro”, que en pocas palabras, es solo un largo ensayo, fue una experiencia agradable y profundamente perspicaz.

Y sin embargo … tengo sentimientos muy encontrados sobre la autora.

Por un lado, el tema difícil de los niños migrantes y los riesgos para su salud e incluso sus vidas, traumas, dificultades, incluida la inanición y la deshidratación, que estas jóvenes almas tienen que atravesar es simplemente inimaginable. Y, me gustó el hecho de que la autora incluya dos lados de la historia, y no solo uno:

(…) hasta que todos los gobiernos involucrados – los gobiernos de Estados Unidos, México, Salvadoreño, Hondureño y Guatemalteco, al menos- -conocer su responsabilidad compartida en las raíces y causas del éxodo de los niños, las soluciones a la crisis serán imposibles

Y más aún:

(…) problema que incluye a los Estados Unidos, no como un observador lejano o una víctima pasiva que debe ahora lidie con miles de niños no deseados que llegan a la frontera sur, sino como un participante histórico activo en las circunstancias que generaron ese problema.

De hecho, si el gobierno de los EE. UU. No hubiera intervenido en numerosas ocasiones en los asuntos locales de los gobiernos centroamericanos a lo largo de la historia, deshacerse de sus presidentes elegidos democráticamente, infundiendo armas, soldados y espías, que ayudaron a matar a MILES de locales inocentes, podríamos No hemos tenido este trágico “problema” desplegándose frente a nuestros ojos en esta época moderna. Tenga en cuenta: esto no es una teoría de “conspiración”, fue el trabajo real de la CIA, el FBI y nuestros propios presidentes de los Estados Unidos elegidos democráticamente. Así que sí, no es solo que “deberíamos”, sino que DEBEMOS asumir la plena responsabilidad histórica y ayudar a los gobiernos locales de América Central a limpiar el desastre que NOSOTROS dejamos en sus hermosos países. Fin de la diatriba.

Por otro lado, es interesante observar el paralelo directo entre la experiencia y los antecedentes privilegiados de la autora y el de aquellos sobre los que está escribiendo. Hija de un diplomático, la Sra. Luiselli creció en México, vivió en Sudáfrica, Corea del Sur y ahora, en los Estados Unidos. Se graduó de la Universidad de Columbia (una de las universidades más prestigiosas y caras del mundo). Ella también tiene un doctorado, aunque solo tiene treinta y cinco (a partir de principios de 2019).

En este ensayo, habla de cómo “acaba de solicitar una tarjeta verde”, como si fuera la cosa más fácil del mundo que cualquier persona (excepto, por supuesto, los niños pobres) pudiera hacer y obtener, al parecer, casi en un capricho. También comparte sus temores cuando las tarjetas verdes de su familia llegaron rápidamente, mientras que las suyas tardaron más tiempo en ser entregadas. Ella alude a sus “luchas”, sin embargo, realmente no creo que tenga una visión completa de la verdadera situación de aquellos sobre los que está escribiendo. Claramente, tenía tiempo y dinero para estudiar y convertirse en … escritora (a diferencia de un trabajador de baja categoría que se rompe la espalda, haciendo malabarismos con tres trabajos mientras trataba de alimentar a sus hijos y pagaba las cuentas, a tiempo, preferiblemente). Menciono todo esto porque ella nunca reconoce su privilegio en este ensayo. Ni una sola vez. Admiro el hecho de que ella tiene tanta empatía hacia los desafortunados humanos, pero no le haría daño admitir que está viendo el mundo desde un trono muy alto.

Aliens» es como se les llama a todas las personas no estadounidenses, sean residentes en el país o no. Hay, por ejemplo, «illegal aliens», «non-resident aliens» y «resident aliens». Ahora éramos «pending aliens», dado que nuestro estatus migratorio estaba irresuelto, aún pendiente.

El cuestionario de solicitud para la Green Card no se parece en nada al cuestionario de admisión para niños indocumentados. Cuando solicitas una Green Card hay que responder preguntas como: «¿Tiene usted la intención de practicar la poligamia?» o «¿Es usted miembro del Partido Comunista?» o incluso «¿Alguna vez ha usted incurrido, a sabiendas, en un crimen de bajeza moral?». A pesar de que nada debe ni puede ser tomado a la ligera cuando pides permiso para vivir en un país que no es el tuyo, pues estás siempre en una posición vulnerable, y más aún tratándose de Estados Unidos, es inevitable ignorar el tono casi enternecedor de las preocupaciones del cuestionario de la Green Card y sus visiones de las grandes amenazas del futuro: libertinaje, comunismo, flaqueza moral. El cuestionario tiene la inocencia de lo retro, la obsolescencia de ideologías pasadas, y recuerda la calidad granulosa que tenían las películas sobre la Guerra Fría. El cuestionario de admisión para los niños indocumentados, en cambio, es frío y pragmático. Está escrito como en alta resolución y es imposible leerlo sin sentir la creciente certidumbre de que el mundo se ha vuelto un lugar mucho más jodido.

Las estadísticas de lo que ocurre en el tramo mexicano de la ruta de los migrantes cuentan por sí solas historias de terror.

Violaciones: el 80 % de las mujeres y niñas que cruzan el territorio mexicano para llegar a la frontera con Estados Unidos son violadas en el camino. Las violaciones son tan comunes que se dan por hecho, y la mayoría de las adolescentes y adultas toman precauciones anticonceptivas antes de empezar el viaje hacia el norte.

Secuestros: en 2011, la Comisión Nacional de Derechos Humanos en México publicó un informe especial sobre casos de secuestros de migrantes, en donde reportó la escalofriante cifra de 11 333 víctimas de secuestros ocurridos entre abril y septiembre del año 2010 –un período de sólo seis meses.

Muertes o desapariciones: aunque es imposible conocer la cifra real, algunas fuentes estiman que desde 2006 han desaparecido más de 120 mil migrantes en su tránsito por México.

Trabajando en la corte fuimos entendiendo la crisis en sus dimensiones hemisféricas. La mayoría de los niños llega del Triángulo del Norte: Guatemala, El Salvador y Honduras. Casi todos llegan huyendo de la violencia y coerción de pandillas o «gangas» –de «gang» y «banda»– como la Mara Salvatrucha 13 (MS-13) y Barrio 18 (también Calle 18). Muchos llegan buscando a padres o madres que emigraron a Estados Unidos antes que ellos. Y si no a sus padres, vienen a buscar refugio con parientes con quienes han podido mantener contacto, parientes que quizá les han enviado dinero durante años y los ayudan a planear y financiar el viaje. Esos mismos parientes son quienes los reciben si logran cruzar la frontera sin ser deportados y, una vez que los tienen bajo su custodia, se declaran como sus «guardianes» legales. Los niños salen de sus casas en compañía de coyotes, que cobran entre 3 y 7 mil dólares para llevarlos hasta la frontera –y no se les puede, por contrato apalabrado, acusar de nada si algo sale mal en el trayecto. No todos los coyotes permanecen con los niños una vez que cruzan la frontera, así que una vez del otro lado, están solos, básicamente a merced de su buena estrella. Se suele pensar que cruzar la frontera exitosamente es no ser visto y capturado por la migra. Pero no es el caso con los niños. Los niños saben que la manera más segura de proceder es ponerse en manos de la Border Patrol –la temible, pero al fin y al cabo su guardián. Cruzar solos el desierto es demasiado peligroso, si no es que imposible. Una vez que se detiene a un niño, lo lleva a «la hielera» («ice-box» en inglés), como se les conoce comúnmente a los centros de detención desperdigados a lo largo de la frontera. El apelativo inhóspito, «hielera», deriva de las siglas en inglés del órgano que opera esos centros de detención, el ICE (Immigration and Customs Enforcement). Pero el nombre también hace referencia concreta al hecho de que los centros de detención en la frontera son una especie de refrigerador enorme para personas, al que entra un soplo constante de aire gélido, como para asegurar que no se pudra muy rápido la carne extranjera, de por sí sospechosa de portar todo tipo de gérmenes mortales. A los niños se les trata, efectivamente, más como portadores de enfermedades que como niños.

Menos comunes que el asilo político y la visa SIJS son la visa U y la visa T. La primera, como expliqué antes, se puede otorgar a las personas que han sido víctimas de crímenes, o de abuso mental o físico dentro de Estados Unidos. La segunda es para víctimas del tráfico de personas –y es más rara, en parte porque es poco común que los menores de edad revelen que son víctimas de este crimen durante sus primeras entrevistas en la corte de migración.

La ley estadounidense garantiza a todos los menores de edad educación pública gratuita, sin importar su nacionalidad o estatus migratorio. Todos los niños que residen en territorio estadounidense tienen ese derecho. Pero no todos lo saben, y tampoco lo saben, necesariamente, sus padres. Con el enorme desplazamiento de migrantes menores de edad a distintos pueblos y ciudades de Estados Unidos, muchas escuelas han tratado de negarle la entrada a los recién llegados. Algunos distritos han creado obstáculos burocráticos para las familias que tratan de registrar a sus niños. Uno de los distritos en donde esta práctica ha sido más común es el de Nassau County, que es el quinto distrito en términos de población de menores de edad migrantes.

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Valeria Luiselli writes movingly about the humanitarian crisis facing undocumented, unaccompanied minors entering the United States. These children are fleeing mortal danger in their home countries and every step of their journey to find a safer, better life is fraught with danger. Share with a newcomer to the issue. Ms. Luiselli is a formidable writer–she is brilliant, eloquent, talented, graceful, creative and imaginative. Reading this “book,” which in a nutshell, is just a long essay, was a pleasant and deeply insightful experience.

And yet… I have very mixed feelings about the author.

On one hand, the difficult topic of the migrating children and the risks to their health and even lives, traumas, hardships, including starvation and dehydration, that these young souls have to go through is simply unimaginable. And, I liked the fact that the author includes two sides of the story, and not just one:

“(…) until all the governments involved–the American, Mexican, Salvadoran, Honduran, and Guatemalan governments, at least–acknowledge their shared accountability in the roots and causes of the children’s exodus, solutions to the crisis will be impossible”

And further:

“(…) problem that includes the United States–not as a distant observer or passive victim that must now deal with thousands of unwanted children arriving at the southern border, but rather as an active historical participant in the circumstances that generated that problem.”

Indeed, if the U.S. government hadn’t intervened numerous times in the local affairs of the Central American governments throughout history, disposing of their democratically elected presidents, infusing arms, soldiers, and spies, which helped killed THOUSANDS of innocent locals–we might not have had this tragic “issue” unfolding in front of our eyes in this modern day and age. Please note: this is not some “conspiracy” theory–this was the actual work of CIA, FBI, and our own democratically elected U.S. presidents. So yes, it’s not just that we “should,” but MUST take full historic responsibility and help the local Central American governments clean up the mess which WE left in their beautiful countries. End of rant.

On the other hand, it is interesting to note the direct parallel between the author’s privileged background and experience and that of those she is writing about. A daughter of a diplomat, Ms. Luiselli grew up in Mexico, lived in South Africa, South Korea, and now–the U.S. She graduated from Columbia University (one of the most prestigious AND expensive universities in the World); she also has a Ph.D. though she is only thirty-five (as of early 2019).

In this essay, she talks about how she “just applied for a green card,” as if it were the easiest thing in the world that anyone (except, of course, the poor children) could do and get it, it seems, almost on a whim. She also shares her fears when her family’s green cards arrived quickly while hers took a longer time to be delivered. She alludes to her “struggles” yet, I don’t truly believe that she has the full insight into the real plight of those she’s writing about. She clearly had time and money to study and become a… writer (as opposed to some menial worker breaking her back, juggling three jobs while trying to feed her children and pay the bills, on time, preferably). I am mentioning all this because she never acknowledges her privilege in this essay. Not even once. I admire the fact that she has so much empathy toward the unfortunate humans, but it wouldn’t hurt for her to admit that she’s seeing the world from a very high throne.

“Aliens” is what all non-Americans are called, whether they are residents of the country or not. There are, for example, “illegal aliens,” “non-resident aliens” and “resident aliens.” Now we were “pending aliens,” given that our immigration status was unresolved, still pending.

The application questionnaire for the Green Card does not look like the admission questionnaire for undocumented children. When you apply for a Green Card you have to answer questions such as: “Do you intend to practice polygamy?” Or “Are you a member of the Communist Party?” Or even “Have you ever knowingly committed a crime? of moral turpitude? ». Although nothing should and can not be taken lightly when you ask permission to live in a country that is not yours, because you are always in a vulnerable position, and even more so in the case of the United States, it is inevitable to ignore the almost touching tone of the concerns of the Green Card questionnaire and its visions of the great threats of the future: debauchery, communism, moral aggression. The questionnaire has the innocence of the retro, the obsolescence of past ideologies, and recalls the grainy quality of the films about the Cold War. On the other hand, the admission questionnaire for undocumented children is cold and pragmatic. It is written as in high resolution and it is impossible to read without feeling the growing certainty that the world has become a much more fucked up place.

The statistics of what happens in the Mexican section of the migrants’ route tell stories of terror on their own.

Violations: 80% of the women and girls who cross the Mexican territory to reach the border with the United States are raped along the way. Violations are so common that they are taken for granted, and most adolescents and adults take contraceptive precautions before starting the journey north.

Kidnappings: in 2011, the National Human Rights Commission in Mexico published a special report on cases of kidnapping of migrants, where it reported the chilling figure of 11,333 kidnap victims that occurred between April and September of 2010 – a period of only six months

Deaths or disappearances: although it is impossible to know the real number, some sources estimate that since 2006 more than 120,000 migrants have disappeared in transit through Mexico.

Working in the court, we understood the crisis in its hemispheric dimensions. The majority of children arrive from the Northern Triangle: Guatemala, El Salvador and Honduras. Almost all of them arrive fleeing the violence and coercion of gangs or “gangs” -of “gang” and “gang” – like Mara Salvatrucha 13 (MS-13) and Barrio 18 (also Calle 18). Many arrive looking for fathers or mothers who emigrated to the United States before them. And if not their parents, they come to seek refuge with relatives with whom they have been able to maintain contact, relatives who may have sent them money for years and help them plan and finance the trip. These same relatives are the ones who receive them if they manage to cross the border without being deported and, once they have them in their custody, they declare themselves as their legal “guardians”. The children leave their homes in the company of coyotes, who charge between 3 and 7 thousand dollars to take them to the border – and they can not, by contracted contract, accuse of anything if something goes wrong along the way. Not all coyotes stay with the children once they cross the border, so once on the other side, they are alone, basically at the mercy of their good star. It is often thought that crossing the border successfully is not being seen and captured by migra. But it is not the case with children. The children know that the safest way to proceed is to put themselves in the hands of the Border Patrol – the fearsome one, but ultimately its guardian. Crossing the desert alone is too dangerous, if not impossible. Once a child is arrested, it takes him to “the ice-box,” as the detention centers scattered along the border are commonly known. The inhospitable appellation, “cooler”, derives from the acronym in English of the organ that operates these detention centers, the ICE (Immigration and Customs Enforcement). But the name also makes specific reference to the fact that the detention centers on the border are a kind of huge refrigerator for people, into which a constant breath of icy air enters, as if to ensure that foreign meat does not rot very fast, in itself suspicious of carrying all kinds of deadly germs. Children are treated, effectively, more as carriers of diseases than as children.

Less common than political asylum and the SIJS visa are the U visa and the T visa. The first, as I explained earlier, can be granted to people who have been victims of crimes, or of mental or physical abuse within the United States. The second is for victims of human trafficking – and it is rarer, in part because it is rare for minors to reveal that they are victims of this crime during their first immigration court interviews.

The American law guarantees all minors free public education, regardless of their nationality or immigration status. All children residing in US territory have that right. But not everyone knows, and neither do their parents, necessarily. With the huge displacement of underage migrants to different towns and cities in the United States, many schools have tried to deny entry to new arrivals. Some districts have created bureaucratic obstacles for families trying to register their children. One of the districts where this practice has been most common is that of Nassau County, which is the fifth district in terms of population of migrant minors.

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