Grecia Para Todos — Carlos García Gual / Greece For All Readers by Carlos García Gual (spanish book edition)

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Me parece un libro breve y muy didáctico, una deliciosa lectura. La mejor y más concisa introducción al mundo griego.

Un primer vistazo al mapa es fácil advertir ciertos cambios entre el antiguo territorio poblado por griegos y el actual, cambios muy significativos que reflejan los conflictos de una agitada historia de siglos que ha dejado sus marcas en el mapa de la Grecia de hoy. Los griegos que, hace unos tres mil años, colonizaron las costas de Asia Menor fueron expulsados en el primer tercio del siglo XX de esa zona que hoy pertenece a Turquía. Pero otros se han mantenido en casi todas las islas del mar que rodea Grecia, desde la larga Creta, al sur, hasta Lesbos, en el Egeo, y Corfú, en el mar Jónico, superando los avatares de la Historia. Ya no hay población griega en la zona costera de Asia Menor, donde en la época arcaica florecieron ciudades de gran renombre en la historia de la civilización y la cultura, como Mileto, Éfeso o Esmirna, entre otras. Y quedan pocos griegos en la ciudad de Bizancio o Constantinopla, al borde de dos mares y dos continentes, espléndida capital del Imperio romano de oriente y después del bizantino más de mil años, ahora ya con el nombre turco de Estambul, esa populosa metrópolis que fue luego cuatro siglos más la capital del Imperio turco y hoy sigue siendo una muy hermosa ciudad turca que se extiende a ambos lados del Bósforo.

Grecia y griegos proceden ambos del latín. Los griegos no se llamaban a sí mismos griegos, sino helenos (héllenes), y denominaban a su país la Hélade (Hellás). Los graikoí (o, en latín, graeci) eran una tribu helénica del noroeste de Grecia. Es decir, fueron los primeros pobladores de la península con que se toparon los latinos. Luego, a partir de la época en que Grecia quedó integrada en el Imperio romano de oriente, los súbditos imperiales se llamaron a sí mismos romanos (es decir, romaioí) y la Greciamedieval adoptó el nombre de Romiosyne (Romanidad), que oponía su imagen no solo a la de los bárbaros, sino también a la de los antiguos helenos paganos. La Romiosíni era la Grecia cristiana, con su capital en Constantinopla, y se distinguía con ese título de Romanidad del clásico y antiguo Helenismo (Hellenismós). Los romaioí (pronúnciese romií) se distanciaban de los héllenes, gente pagana de tiempos antiguos, de prestigio atestiguado por famosas ruinas. Hoy día, con el auge del turismo y la estimación renovada del mundo clásico y los notables progresos de la arqueología en todo el ámbito griego, de nuevo se han impuesto los términos de Hellás y Hellenismós.

La llanura del Ática es desde muy antiguo una tierra de famosos olivares. Las aceitunas y el aceite eran un producto esencial en la economía y en la alimentación, y no solo para la población del Ática, sino también para la exportación y el comercio. Proporcionaban alimento, combustible para la iluminación y un sucedáneo para el jabón, así como un producto selecto: aceites de oliva de calidad que se exportaban. En jarras de la acreditada cerámica ática el aceite se llevaba a tierras lejanas, y grandes ánforas con aceite se ofrecían como premio a los triunfadores en los juegos panatenaicos. Los olivos decoraban de plateada serenidad el paisaje ático. Al invadir los espartanos el Ática durante la guerra del Peloponeso, talaban sin piedad estos árboles de los campos para enfurecer a los atenienses refugiados tras los muros de la polis. Causaban un gran daño, desde luego, pues los olivos tardan años en crecer y dar fruto; aunque tal vez al no arrancarlos de raíz volvieran a retoñar años después. El olivo es todo un símbolo de la tierra austera del Ática. Pero, desde luego, hay en Grecia otros olivares, como el muy extenso del valle del Pleisto, a orillas del golfo de Corinto, que desde la balconada de Delfos se divisa abajo como un bosque inmenso, inagotable, una impresionante marejada de árboles.

La lengua griega tiene varios nombres para el mar. El más usual es thálassa, un vocablo preindoeuropeo. Es decir, una palabra que los griegos tomaron de los anteriores pobladores de la península, los pelasgos. Llegados del norte, se toparon con el mar por todas partes, y adoptaron el término indígena. Thálassa era la forma del griego común, pero thálatta es la del dialecto ático y de la literatura clásica.

Como el olivo, también la vid es planta mediterránea por excelencia. Y fundamental en la cultura festiva de los griegos. El vino es un don gozoso de Dioniso, dios de la fiesta báquica y del entusiasmo y de la embriaguez (y de la máscara). Y tiene un papel primordial en la reunión de amigos en torno a la mesa del banquete, lo que en griego se llama symposion (‘beber conjuntamente’). Y fue, en ese contexto, celebrado por numerosos poetas. El término de symposion significaba, como queda dicho, ‘beber en compañía’, y esas sobremesas de vino y charla fueron una institución muy característica de la cultura griega clásica. Y con muy admirables evocaciones literarias: Platón y Jenofonte redactaron sendos diálogos con ese nombre, «banquetes» en los que Sócrates es la figura central en la conversación. También escribieron «simposios» autores más tardíos, como Plutarco, Luciano y Ateneo. Beber en compañía y conversar con relajada franqueza con los amigos son los básicos gozos del simposio. Hay que añadir también otros complementos festivos, como las flautistas, los saltimbanquis, los bailes y las fáciles relaciones eróticas ocasionales. (Los convidados son solo hombres, las mujeres de la casa no asisten al banquete, pero sí se admite a hetairas, más o menos refinadas, además de las flautistas y danzarinas). Para proceder al simposio, al acabar la comida, los sirvientes… En resumen, el banquete es un festejo colectivo donde se refleja un culto y una cultura de la amistad. En la franca y jovial comunicación del grupo de convidados se expresa un afán hedonista y una exaltación desinhibida del diálogo y la camaradería. El simposio, como se ha señalado, era a la par alegre espectáculo, espacio lúdico y amable confluencia de placeres. Perfumes, cantos, música y danzas, juegos de ingeniosas palabras circulaban impulsadas por el vino. En Atenas se celebraba a Dioniso en las fiestas del vino, en las Antesterias, cuando, en febrero, se abrían las jarras del vino de la vendimia anterior, y en las Dionisias y las Leneas, en las que había festivales dramáticos. El teatro de Atenas estaba consagrado a Dioniso, y las representaciones de tragedias y comedias se enmarcaban en el ámbito cultual de esta divinidad. La democracia propiciaba las fiestas populares y el elogio del dios que traía alegrías y quitaba penas por igual a ricos y a pobres. De ahí que fuera el tirano Pisístrato quien instituyó las representaciones teatrales en Atenas como una fiesta popular, costeada por la ciudad.

En las guerras médicas los griegos empeñaron sus vidas por defender su independencia y su libertad (eleuthería). Una libertad que era solo de los ciudadanos, pues recordemos que, junto a los ciudadanos libres, en las polis griegas había esclavos, y las mujeres y los niños no gozaban de tales derechos. Compuestos a partir de la palabra nomos, hay dos términos griegos de gran relieve político: autonomía e isonomía. Isonomía (‘igualdad ante la ley’) es un sinónimo de democracia, mientras que en la época antigua democratía indica muchas veces un gobierno popular (demos), es decir, de los ciudadanos de clase baja, en oposición al gobierno de los ricos, una oligarquía o aristocracia.

La lengua griega es la más antigua de las existentes en Europa. Pertenece a la familia lingüística indoeuropea (de la que derivan también el latín, el celta, el germánico, el eslavo, el hitita, el antiguo indio, etc.) y fue introducida en la península helénica por los invasores helenos hacia 2000 a. C. Los primeros textos escritos en griego son los conservados en las tablillas micénicas del silabario lineal B (descifrado hacia 1955). Desde entonces hasta nuestros días, es decir, desde el llamado «micénico» hasta el griego moderno, el que ahora se habla y escribe en Grecia, ha pervivido ese mismo idioma, mantenido más de treinta y muchos siglos y bien atestiguado en su notable evolución histórica. Sabemos muy poco de la lengua o lenguas de los pobladores de Grecia anteriores a la llegada de los helenos; de su lengua, la de los pelasgos, que quedó como substrato, sumergida bajo el griego, parecen provenir unas pocas palabras de raíz no indoeuropea, como thálassa (‘mar’), kypárissos (‘ciprés’), labyrinthos (‘laberinto’), chrysós (‘oro’), etc.

Frente a la integración del ciudadano en la política en la época que llamamos «clásica», en el nuevo contexto histórico del denominado «período helenístico» aparece un marcado individualismo. El ciudadano ya no participa en ninguna decisión sobre el destino de su patria. En ese mundo las antiguas poleis, perdida su autonomía, han sido integradas en dominios políticos más extensos y, por tanto, los ciudadanos se sienten miembros pasivos de esa comunidad incluida en un gran reino o imperio. El individuo tiene muy limitada su libertad en los nuevos reinos de amplios horizontes. Ese avance hacia la modernidad, cambio progresivo desde mediados del siglo IV a. C., podemos advertirlo en el distanciamiento de la propia ciudad en filósofos como Platón, y, a la vez, en pensadores como los cínicos y los estoicos, buscadores de una ciudad justa y feliz, ilusionados con una ideal utopía, situada más allá de la geografía real, o con un soñado cosmopolitismo animado por una ideal fraternidad.

La palabra mito se utiliza ahora con muy varios sentidos (‘relato sagrado’, ‘cuento’, ‘ficción’ o incluso ‘personaje estelar’), conviene precisar su definición. Mito en sentido amplio es una «narración tradicional y memorable que habla de la actuación de seres extraordinarios (dioses y héroes) en un tiempo prestigioso y lejano». Los mitos son relatos fabulosos que perviven trasmitidos desde lejos en el imaginario colectivo. Son algo así como «las historias sagradas de la tribu», vienen de muy atrás, nacieron mucho antes que la escritura y viajan durante siglos y siglos de generación en generación. «Los mitos viven en el País de la Memoria». La mitología, y puede decirse también en general de las mitologías, enriquece nuestro imaginario con un fantástico tropel de escenas festivas y multiformes. Más allá de lo real los mitos nos llevan, como sobre una alfombra mágica, a paisajes y encuentros de extraordinario hechizo.

También en la escultura, como en otros dominios de la cultura, podemos advertir ese constante afán de renovación, que busca avanzar desde una temprana abstracción geométrica y de esquemas idealistas hacia el realismo de su madurez, en una variación que parece un trazo distintivo del mundo helénico. También aquí notamos el anhelo «progresista» que, tanto en los artistas como en los pensadores griegos, va ensayando nuevas formas, como para dar más vivacidad a sus creaciones, respetando en el fondo las estructuras esenciales, pero añadiendo luego refinados matices. Mientras que en la estatuaria egipcia es difícil datar una obra, porque los modelos se mantienen rígidos durante siglos y siglos, las estatuas o las cerámicas griegas ofrecen una sutil evolución que permite fecharlas con admirable precisión. En unos lustros la representación ha modificado significativamente sus formas. Esto puede advertirse, por ejemplo, ya en las estatuas de esos jóvenes atléticos, los llamados kouroi, que desde el siglo VI a. C. van poco a poco cobrando movimiento, avanzando sus piernas y variando sus ojos y sus sonrisas. Además de esa inquietud, tal vez podemos subrayar en el arte griego dos características: la centralidad de la figura humana, donde se destacan un tanto idealizadas su belleza y nobleza, y, por otra parte, la atención a la proporción y la medida, expresión de lo que a su vez podríamos llamar una armonía geométrica, algo que se observa muy bien en sus magníficos templos.

Nuestra civilización ha avanzado muchísimo, en un progreso tecnológico y científico, pero no por ello puede arriesgarse a prescindir del humanismo, en su sentido más amplio. La historia del pensamiento filosófico, que tuvo sus comienzos en la Grecia presocrática, ha recorrido un larguísimo camino de varios siglos. Pero incluso algunos de los pensadores más influyentes e inquietantes de la modernidad, como Marx, Freud y Nietzsche, y luego Heidegger, supieron hallar en los antiguos griegos profundas y sugerentes ideas y motivos de inspiración.

Gran mérito de los griegos, fue repensar y desarrollar la comunicación social en el sentido más amplio de la palabra política, y tratar de realizarla en la práctica histórica, aunque su más claro ejemplo, la democracia ateniense, acabara de modo trágico. Descubrieron y practicaron la filosofía con muy diversos maestros. Fueron creando los grandes géneros literarios: la épica heroica, la lírica coral y personal, y el drama teatral, en sus dos subgéneros clásicos, la tragedia y la comedia. E inventaron y diseñaron la historiografía, la biografía, y las novelas de amor y aventuras. Por otra parte, trazaron los ejes teóricos de múltiples ciencias, desde la matemática a la biología y las ciencias naturales, pasando por la medicina hipocrática y la astronomía. Con su sentido propio de la belleza y la armonía, diseñaron los cánones del arte del clasicismo occidental tanto en la arquitectura como en la escultura y la pintura. Y fueron artistas admirables tanto en las artes mayores como en algunas artesanías menores, como la cerámica. Diseñaron los ideales de una educación humanista —la famosa paideia—, moral y poética, gimnástica y racional, para una existencia consciente y digna de ser vivida en libertad.

Libros del autor comentados en mi blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/07/28/los-siete-sabios-y-tres-mas-carlos-garcia-gual/

https://weedjee.wordpress.com/2015/10/30/historia-del-rey-arturo-y-de-los-nobles-y-errantes-caballeros-de-la-tabla-redonda-carlos-garcia-gual/

https://weedjee.wordpress.com/2015/10/30/la-secta-del-perro-vidas-de-los-filosofos-cinicos-carlos-garcia-gual/

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To my way of thinking a short and very didactic book, a delicious reading. The best and most concise introduction to the Greek world.

A first glance at the map is easy to notice certain changes between the old territory populated by Greeks and the present, very significant changes that reflect the conflicts of a turbulent history of centuries that has left its marks on the map of Greece today. The Greeks who, about three thousand years ago, colonized the coasts of Asia Minor were expelled in the first third of the 20th century from that area that today belongs to Turkey. But others have remained in almost all the islands of the sea that surrounds Greece, from the long Crete, to the south, to Lesbos, in the Aegean, and Corfu, in the Ionian Sea, surpassing the avatars of History. There is no longer a Greek population in the coastal area of Asia Minor, where archaic cities flourished in the history of civilization and culture, such as Miletus, Ephesus or Smyrna, among others. And there are few Greeks left in the city of Byzantium or Constantinople, on the edge of two seas and two continents, splendid capital of the Roman Empire of the East and after the Byzantine over a thousand years, now with the Turkish name of Istanbul, that populous metropolis that It was then four centuries more the capital of the Turkish Empire and today it remains a very beautiful Turkish city that stretches on both sides of the Bosphorus.

Greece and Greeks both come from Latin. The Greeks did not call themselves Greeks, but Hellenes (hellenes), and called their country the Hellas (Hellas). The graikoí (or, in Latin, graeci) were a Hellenic tribe of the northwest of Greece. That is to say, they were the first settlers of the peninsula that Latinos met. Then, from the time when Greece was integrated into the Eastern Roman Empire, the imperial subjects called themselves Roman (ie Roma) and medieval Greece adopted the name of Romiosyne (Romanidad), which opposed its image not only that of the barbarians, but also that of the ancient pagan Hellenes. The Romiosíni was the Christian Greece, with its capital in Constantinople, and it was distinguished with that title of Romanidad of classic and old Helenismo (Hellenismós). The romaioí (pronounced romií) distanced themselves from the héllenes, pagan people of ancient times, of prestige attested by famous ruins. Today, with the boom in tourism and the renewed appreciation of the classical world and the remarkable progress of archeology throughout the Greek area, the terms of Hellás and Hellenismós have again been imposed.

The plain of Attica is from a very old land of famous olive groves. Olives and oil were an essential product in the economy and in food, and not only for the population of Attica, but also for export and trade. They provided food, fuel for lighting and a substitute for soap, as well as a select product: quality olive oils that were exported. In jars of the proven Attic pottery the oil was taken to distant lands, and large amphorae with oil were offered as a prize to the winners in the Panathenaic games. The olive trees decorated the attic landscape in silvery serenity. When the Spartans invaded Attica during the Peloponnesian War, they mercilessly cut down these trees from the fields to infuriate Athenian refugees behind the walls of the polis. They caused great harm, of course, since olive trees take years to grow and bear fruit; although perhaps not to pluck them by the roots they would sprout years later. The olive tree is a symbol of the austere land of Attica. But, of course, there are other olive groves in Greece, such as the very extensive Pleisto Valley, on the shores of the Gulf of Corinth, which from the balcony of Delphi can be seen below as an immense, inexhaustible forest, an impressive swarm of trees.

The Greek language has several names for the sea. The most usual is thálassa, a pre-Indo-European word. That is, a word that the Greeks took from the previous settlers of the peninsula, the Pelasgians. Arrived from the north, they came across the sea everywhere, and adopted the term indigenous. Thálassa was the common Greek form, but thálatta is that of the Attic dialect and classical literature.

Like the olive tree, the vine is also a Mediterranean plant par excellence. And fundamental in the festive culture of the Greeks. Wine is a joyful gift of Dionysus, the god of the bacchanalian party and of enthusiasm and drunkenness (and mask). And it has a primordial role in the gathering of friends around the banquet table, which in Greek is called symposion (‘drink together’). And it was, in that context, celebrated by numerous poets. The term of symposion meant, as it was said, ‘to drink in company’, and those conversations of wine and chat were an institution very characteristic of classical Greek culture. And with very admirable literary evocations: Plato and Xenophon wrote two dialogues with that name, “banquets” in which Socrates is the central figure in the conversation. They also wrote “symposia” later authors, such as Plutarch, Luciano and Athenaeum. Drinking in company and conversing with relaxed frankness with friends are the basic joys of the symposium. We must also add other festive complements, such as flute players, acrobats, dances and easy casual erotic relationships. (The guests are only men, the women of the house do not attend the banquet, but hetairas are admitted, more or less refined, in addition to flutists and dancers). To proceed to the symposium, at the end of the meal, the servants … In short, the banquet is a collective celebration where a cult and a culture of friendship is reflected. In the frank and jovial communication of the group of guests expresses a hedonistic desire and an uninhibited exaltation of dialogue and camaraderie. The symposium, as has been pointed out, was at the same time a cheerful spectacle, a playful space and a pleasant confluence of pleasures. Perfumes, songs, music and dances, games of ingenious words circulated driven by wine. In Athens, Dionysus was celebrated in wine festivals, in the Priories, when, in February, the wine jars of the previous vintage were opened, and in the Dionysias and Leneas, in which there were dramatic festivals. The theater of Athens was consecrated to Dionysus, and the representations of tragedies and comedies were framed in the cultural field of this divinity. Democracy favored popular festivals and the praise of the god who brought joys and took away pain equally rich and poor. Hence it was the tyrant Pisistratus who instituted the theatrical performances in Athens as a popular festival, paid for by the city.

In the medical wars the Greeks committed their lives to defend their independence and freedom (eleuthería). A freedom that was only of the citizens, because remember that, together with the free citizens, in the Greek polis there were slaves, and women and children did not enjoy such rights. Composed from the word nomos, there are two Greek terms of great political importance: autonomy and isonomy. Isonomy (‘equality before the law’) is synonymous with democracy, whereas in the old age democracy often indicates a popular government (demos), that is, of lower class citizens, in opposition to the government of the rich, an oligarchy or aristocracy.

The Greek language is the oldest of the existing ones in Europe. It belongs to the Indo-European linguistic family (from which also derived Latin, Celtic, Germanic, Slavic, Hittite, Ancient Indian, etc.) and was introduced into the Hellenic Peninsula by the Hellenic invaders around 2000 BC. C. The first texts written in Greek are those conserved in the Mycenaean tablets of the linear syllabary B (deciphered by 1955). From then until today, that is to say, from the so-called “Mycenaean” to modern Greek, which is now spoken and written in Greece, that same language has survived, maintained over thirty and many centuries and well attested in its remarkable evolution historical We know very little about the language or languages of the Greek settlers prior to the arrival of the Hellenes; of its language, that of the Pelasgians, which remained as substratum, submerged under the Greek, seem to come from a few non-Indo-European root words, such as thálassa (‘sea’), kypárissos (‘cypress’), labyrinthos (‘labyrinth’) , chrysós (‘gold’), etc.

Faced with the integration of the citizen in politics at the time we call “classical”, in the new historical context of the so-called “Hellenistic period” appears a marked individualism. The citizen no longer participates in any decision about the destiny of his country. In that world the old poleis, having lost their autonomy, have been integrated into more extensive political domains and, therefore, citizens feel passive members of that community included in a great kingdom or empire. The individual has very limited freedom in the new realms of broad horizons. That advance towards modernity, progressive change since the middle of the IV century a. C., we can see in the distancing of the city itself in philosophers like Plato, and, at the same time, in thinkers like the Cynics and the Stoics, seekers of a fair and happy city, deluded with an ideal utopia, located beyond the real geography, or with a dreamed cosmopolitanism animated by an ideal fraternity.

The word myth is now used with many meanings (‘sacred story’, ‘story’, ‘fiction’ or even ‘star personage’), it is necessary to specify its definition. Myth in a broad sense is a “traditional and memorable narration that speaks of the performance of extraordinary beings (gods and heroes) in a prestigious and distant time”. Myths are fabulous stories that survive transmitted from far away in the collective imagination. They are something like “the sacred stories of the tribe”, they come from far back, they were born long before writing and travel for centuries and centuries from generation to generation. «Myths live in the Country of Memory». Mythology, and it can also be said in general of mythologies, enriches our imaginary with a fantastic tropel of festive and multiform scenes. Beyond the real the myths take us, as on a magic carpet, to landscapes and encounters of extraordinary spell.

Also in sculpture, as in other domains of culture, we can see that constant desire for renewal, which seeks to advance from an early geometric abstraction and idealistic schemes towards the realism of its maturity, in a variation that seems a distinctive trace of the world Hellenic. Here, too, we notice the “progressive” yearning that, both in the artists and in the Greek thinkers, is trying out new forms, as to give more vivacity to their creations, respecting in the end the essential structures, but adding refined nuances later. While in Egyptian statuary it is difficult to date a work, because the models remain rigid for centuries and centuries, statues or Greek ceramics offer a subtle evolution that allows dating them with admirable precision. In a few decades the representation has significantly modified its forms. This can be seen, for example, already in the statues of these young athletes, the so-called kouroi, who from the sixth century BC. C. little by little they are gaining movement, advancing their legs and varying their eyes and their smiles. In addition to this concern, perhaps we can highlight in Greek art two characteristics: the centrality of the human figure, where its beauty and nobility are somewhat idealized, and, on the other hand, the attention to proportion and measure, expression of what in turn we could call a geometric harmony, something that is very well observed in its magnificent temples.

Our civilization has advanced a lot, in a technological and scientific progress, but not for that reason can risk to dispense with humanism, in its broadest sense. The history of philosophical thought, which had its beginnings in pre-Socratic Greece, has spanned a very long road of several centuries. But even some of the most influential and disturbing thinkers of modernity, such as Marx, Freud and Nietzsche, and later Heidegger, were able to find in the ancient Greeks deep and suggestive ideas and motives of inspiration.

Great merit of the Greeks, was to rethink and develop social communication in the broadest sense of the word political, and try to realize it in historical practice, although its most clear example, Athenian democracy, ended tragically. They discovered and practiced philosophy with very diverse teachers. They were creating the great literary genres: the heroic epic, the choral and personal lyric, and the theatrical drama, in its two classic subgenres, tragedy and comedy. And they invented and designed historiography, biography, and novels of love and adventure. On the other hand, they traced the theoretical axes of multiple sciences, from mathematics to biology and natural sciences, through Hippocratic medicine and astronomy. With their own sense of beauty and harmony, they designed the canons of western classicism in architecture, sculpture and painting. And they were admirable artists both in the major arts and in some minor crafts such as ceramics. They designed the ideals of a humanistic education – the famous paideia – moral and poetic, gymnastic and rational, for a conscious existence worthy of being lived in freedom.

Many other books from the author commented in my blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/07/28/los-siete-sabios-y-tres-mas-carlos-garcia-gual/

https://weedjee.wordpress.com/2015/10/30/historia-del-rey-arturo-y-de-los-nobles-y-errantes-caballeros-de-la-tabla-redonda-carlos-garcia-gual/

https://weedjee.wordpress.com/2015/10/30/la-secta-del-perro-vidas-de-los-filosofos-cinicos-carlos-garcia-gual/

2 pensamientos en “Grecia Para Todos — Carlos García Gual / Greece For All Readers by Carlos García Gual (spanish book edition)

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