¿Quién Quiso La Guerra Civil?: Historia De Una Conspiración — Ángel Viñas / Who Wanted The Civil War (Spanish)?: A Conspiracy Story by Angel Viñas (spanish book edition)

Irreprochable investigación histórica de Angel Viñas. Un magnífico libro. En su desprecio hacia las grandes masas de población que accedían por primera vez a la política para empujar, a trancas y barrancas, un imprescindible proceso de modernización política, social, institucional y cultural en España, los conspiradores monárquicos dirigieron su atención a la obtención de armamento moderno y a la creación paralela de un «estado de necesidad» que justificara la sublevación militar. En ello desempeñó un papel esencial el dúo Sanjurjo-Calvo Sotelo, seguido por Goicoechea, Sainz Rodríguez, Orgaz, Galarza y muchos otros, militares y civiles, desde el exrey Alfonso XIII en el exilio al propietario de ABC.

La leyenda construida por los vencedores en torno a las causas y orígenes del golpe del 18 de julio buscó desde el primer momento explicaciones y justificaciones que hoy pueden tirarse a la papelera en términos historiográficos. Sin embargo, algunas de las que fueron desgranándose subsisten en ciertos sectores de la sociedad española. Al parecer son inextinguibles. Ya las denunció Southworth para la primavera de 1936. Sin ánimo exhaustivo, pueden clasificarse en seis categorías ligadas a:

a) La ilegitimidad radical de la Segunda República desde su origen mismo.

b) El carácter esencialmente «revolucionario» de la misma promovido por las izquierdas.

c) La agresión a la que sometió a las fuerzas vivas de la nación: Iglesia, militares y propietarios.

d) La política tendente a la destrucción de la unidad de la PATRIA (dicho siempre con un énfasis que traduzco en mayúsculas).

e) La esencial incapacidad del Gobierno, también supuestamente ilegítimo, de mantener, después de las elecciones de febrero de 1936, el orden público para desembocar en una revolución que era preciso prevenir a toda costa.

f) Finalmente, pero no en último lugar, el peligro de que, ya marxistizada, España cayera víctima de la estrategia moscovita tendente a penetrar en la Europa occidental por su bajo vientre, con el fin de asestar un golpe casi mortal a la civilización cristiana y occidental.

Calvo Sotelo, y no Franco, desempeñó un papel fundamental a tres niveles de análisis que conviene diferenciar. El primero fue de carácter público, que se manifiesta en sus numerosas declaraciones y escritos. Es el más y mejor estudiado. Aquí solo haré una mínima referencia al mismo. El segundo fue oculto, relacionado con sus gestiones y las de su entorno más inmediato para preparar el golpe con la ayuda fascista. En este nivel, la literatura existente sobre el protomártir es un tanto parva, aunque algunos pocos autores lo mencionan en papel sobresaliente. El tercero se refiere a sus objetivos personales y políticos. Es el más azaroso de documentar. La labor pública de Calvo Sotelo ha sido alumbrada muy en particular por Alfonso Bullón de Mendoza, tanto en la bio(hagio)grafía que le dedicó, como en la más reciente compilación de los libros, las actuaciones como ministro de Hacienda en la dictadura primorriverista, las comparaciones y las declaraciones ante el Congreso de los Diputados y su descomunal obra periodística. Se esté o no de acuerdo con dicho autor —una eminencia entre su círculo—, tal obra es imprescindible para abordar el primer nivel. Me apresuro a señalar que no incide apenas en el segundo y no dice absolutamente nada sobre el tercero. La omisión de las actividades clandestinas en este como en un algún otro autor de derechas bastante reciente es imperdonable. Pero, como es sobradamente conocido, de todo hay en la viña del Señor y también en la grey de historiadores o seudohistoriadores.

Siempre existió un estrecho paralelismo entre las actividades operativas del sector monárquico de la trama militar y la cobertura intelectual y doctrinal de la trama civil también monárquica, no en vano la primera fue una emanación de la segunda. Ambas evolucionaron y se intensificaron, aunque con cadencias que no siempre siguieron el mismo ritmo. En ocasiones, empujó la trama militar y siguió la segunda. A veces, y en particular tras las elecciones de 1936, la que tomó una de las iniciativas operativas más cruciales fue la civil. En lo que se refiere al aspecto militar, es sobradamente conocido que en abril de 1932 visitó Roma un aviador monárquico y tramposo, Juan Antonio Ansaldo. En sus no siempre fiables memorias sugirió que lo hizo a instancias del general Miguel Ponte, quien lo habría arreglado desde Francia.

Debemos destacar la aportación de March por tres razones. En primer lugar, porque seguía las entregas de fondos que habría efectuado a quienes iban a sublevarse en la Sanjurjada. En segundo lugar, porque significa que estaba en contacto con los conspiradores monárquicos, en aquel momento los más serios, que ya habían decidido eliminar la República. En tercer lugar, porque si es cierto que no era monárquico de corazón, como se dijo, parece obvio que su odio a la República lo dominaba. Una parte de lo recaudado según los papeles de Andes, aproximadamente 1,4 millones de francos (equivalentes a 658.000 pesetas = 11 millones de euros), se ingresó en la Banca Movellan a cuenta de Francisco Moreno y Cía. Los donantes figuraban entre la flor y nata de la aristocracia española. Aparte de los ya mencionados, cabe citar los nombres del marqués de Santa Cristina, conde de Plasencia, duque de Sotomayor, conde de Heredia Spínola, marqués de la Romana, duque de Alba, conde de Adanero, duque de Fernán Núñez, conde de Garvey, marqués del Mérito, duque de Villahermosa, marqués de Torralba, conde de los Moriles, conde de la Cimera, marqueses de Aranda y, por supuesto, el conde de los Andes.

El primer contacto operativo de Calvo Sotelo con la Italia fascista del que hasta ahora he encontrado huellas se produjo en febrero de 1933. Encierra, como no podía ser menos, nuevos interrogantes que solo podrán despejarse si aparece documentación adicional, monárquica e italiana. Como ocurre con tantos episodios de la conspiración de la trama civil, la versión que se conoce está convenientemente desfigurada. No obstante, la EPRE ya localizada permite deshacer algunos equívocos y, a la vez, plantear nuevas cuestiones. Se sabe, desde luego, que Calvo Sotelo llevaba en París algo más de un año cuando tuvo la oportunidad de viajar a Roma con Ansaldo. Siguiendo las memorias del piloto, se trataba de hablar con Balbo. Fue un viaje muy significativo. Nunca se han aclarado satisfactoriamente las razones por las cuales un destacado político en el exilio como era Calvo Sotelo tenía que acompañar a un conspirador militar a hablar con uno de los políticos fascistas más distinguidos. Los temas que abordarían no serían económicos ni financieros. Calvo Sotelo jugaba con March. La red del agente 1807 tenía sometido a este último a una vigilancia discreta. Ambos habían decidido esperar a la formación del nuevo Gobierno antes de plantearse el regreso a España si se producía la amnistía que lo permitiera.

La incipiente estrategia monárquica se desarrollaría respaldada por el conocimiento de que, llegado el momento, el Duce no dejaría en la estacada a los antidemócratas españoles si estos daban suficientes pruebas de energía y de acercamiento al fascismo. De ahí el intento de construir un relato que aspirase a una reforma en sentido totalitario y que respondiera a las necesidades de la época, tal y como se habían advertido en Italia y luego en Alemania para sentar el orden y, sobre todo, disciplinar al movimiento obrero. Calvo Sotelo llevaba empeñado en ello desde antes de regresar a España. A la constante exaltación de los valores ligados a la PATRIA y a la tradición añadió la voluntad de querer suprimir por decreto la lucha de clases al servicio de los más altos fines e intereses de su Estado, pero siempre contando con el Ejército.

Los monárquicos y los militares, por el contrario, podían apelar al sistema que había arrumbado la democracia parlamentaria en favor del Estado, nuevo y fuerte, de impronta fascista. Los carlistas no protestaron porque pensaron que los otros dos grupos jugaban limpio. Se equivocaban, pero eso no quita para argüir que el acuerdo con Italia de 1934 fue un primer punto culminante en la evolución de las fuerzas antidemocráticas españolas para asegurar sus fines. Que de ello se desprendería un acercamiento creciente hacia el fascismo estaba en la propia naturaleza de las fuerzas coligadas.

Goicoechea utilizaba un medio clandestino para comunicarse con el conde de los Andes, y le tendría informado de lo que ocurría. Al final, le pidió que transmitiera al rey su saludo respetuoso. Esto indica que el aristócrata mantenía una estrecha conexión con Alfonso XIII y nosotros no tenemos demasiadas dudas de que es un tanto improbable que el exrey no estuviera al tanto de la conspiración. Si algo supo de los contratos romanos, no dejó constancia o no la hemos encontrado.

A reserva de mejores informaciones parece que

1.º Los carlistas preparaban un levantamiento con fuerzas esencialmente propias y con ayuda extranjera muy limitada.

2.º En esta última figuraban transacciones efectuadas, que sepamos, casi exclusivamente por los canales del contrabando de armas.

3.º Es verosímil que hubiese alguna connivencia con las autoridades portuguesas para que cerraran los ojos a ciertas actividades.

4.º A pesar de toda la alharaca que levantó la participación carlista en el acuerdo de 1934, los efectos directos fueron magros (salvo en la parte financiera) y los contactos que se intentaron después resultaron prácticamente irrelevantes.

5.º El rechazo a la última gestión de Olazábal en julio puede entenderse con facilidad porque los italianos la consideraron innecesaria tras la apuesta por los calvosotelistas. No de otra manera reaccionó Hitler a los enviados de Mola tras decidirse por Franco.

Habrá, sin duda, lectores que no compartan nuestra interpretación sobre el deseo de Calvo Sotelo de ponerse al frente del Gobierno tras el esperado triunfo en el golpe. Si es así, les rogaríamos que echasen un vistazo a una declaración efectuada, después de la guerra, por uno de sus más fervientes partidarios. Subrayaré que entonces era el embajador ante la Santa Sede. ¿Su nombre? El profesor José Yanguas Messía, vizconde de Santa Clara de Avedillo. Lo hemos citado en varias ocasiones como uno de los tertulianos habituales de Calvo Sotelo. Debemos a Bullón de Mendoza el haber popularizado la declaración de tan eminente catedrático (lo era de Derecho internacional), que indudablemente supo mucho más de lo que escribió.

En definitiva, se habrá apreciado el juego contrapuesto de los intervinientes, militares y civiles, en la presentación de los orígenes de la sublevación del 18 de Julio. Los monárquicos trataron de hundir soterradamente en su informe a los británicos la imagen creada por la dictadura. No dudaron en reducir a lo mínimo posible los méritos de Franco y tampoco en jugar con la historia. Los carlistas, después de la victoria, achacaron a Franco que se hubiera alzado con la dirección política y militar, en contra de los supuestos que habrían sido aceptados durante la preparación del golpe. Su análisis interno no parece que saliera a la luz. Al menos, yo lo ignoro. Franco no dudó en falsear el pasado en numerosas ocasiones cuando tocó a rebato el tambor del autobombo. Por lo demás, una nota manuscrita en la primera página de su contestación a las consultas del coronel Benavides Moro, que al año siguiente ascendió a general de brigada, no sabemos si de su propia mano o de la de Franco, revela en toda su deslumbrante claridad lo que, sin duda, más preocupó al Jefe Estado. La subrayamos en itálicas.

Necesidad de aclarar que el movimiento nacional no tenía ninguna clase de concomitancias con el extranjero.

La aportación de este libro radica en la combinación e hibridación de documentos de los conspiradores monárquicos, hasta ahora poco analizados en la perspectiva en él adoptada, con los fondos italianos consultados. Ello nos ha permitido determinar con mayor claridad que la hasta ahora existente en la historiografía los perfiles de las maniobras clandestinas y subversivas a través de las cuales el golpe del 18 de julio se preparó con la connivencia fascista. Que los resultados hayan coincidido en este último punto, aunque no en los detalles y el proceso seguido, con lo que siempre ha sido una afirmación, indemostrada, de las versiones dominantes en la historiografía de izquierdas permite insertar un clavo adicional en el ataúd de las tesis franquistas, pro-franquistas y neofranquistas. En gran medida, ello pudo deberse a que el Estado fascista no quiso dejar huellas de su temprana intromisión en los asuntos internos de un país extranjero, España, con el fin apoyar a los conspiradores que deseaban derrocar el régimen legítimo para asentar en su lugar un sistema parecido al fascista. De alguna manera recuerda al proceder de la dictadura franquista para borrar o tergiversar, en la mayor medida posible, las pruebas de la colusión del autodenominado Mando nacional con las fuerzas aéreas extranjeras que destruyeron Guernica.

Se señaló a los monárquicos, a los fascistas y a Juan March como culpables de la guerra civil. Entre los errores, el haber puesto en primer lugar a Hitler y a sus cohortes, quizá porque el nazismo siempre tuvo una peor imagen, ampliamente justificada. Se han rebajado drásticamente los «méritos» de Franco: el único del que se hizo acreedor fue de estar en Marruecos, después de haber ordenado el asesinato del general Balmes, y de haber seguido los consejos de sus militares en contactar a Luccardi y a De Rossi, en el caso de que no hubiera estado ya informado de los contactos con Italia. Eso sí, como la sublevación se quedó sin líderes militares y políticos, Franco se introdujo en el hueco y dejó a los monárquicos con un palmo de narices. De predestinación, nada. De juego del azar, mucho. Está claro que la extrema derecha monárquica, que declaró la guerra a la República el mismo día de su instauración, no cejó jamás en su empeño y logró lo que no consiguieron los carlistas: un apoyo exterior sólido y consistente cuya manifestación más elocuente habría de producirse tan pronto se dieran cita las condiciones necesarias y suficientes para la sublevación. Ya anunciada por Goicoechea, en nombre de Calvo Sotelo y de la UME, en el otoño de 1935 hubo de quedar claro para Mussolini, y los funcionarios que prepararon la entrevista, que contaban con un «aliado» comprometido en la «noble» tarea de evitar que la izquierda volviera a gobernar en España y que si, por desgracia, lo hacía, fuese durante el menor tiempo posible. Es evidente, al término de esta investigación, es que los realmente excluyentes fueron los monárquicos y los militares de la UME. Escribir al jefe del gobierno italiano y Duce del fascismo y explicarle pormenorizadamente que no consentirían que la izquierda volviera al poder bajo ningún concepto es de una fuerza que he encontrado en pocos documentos a la hora de explorar los diversos significados del término «exclusión». Su país era la España que conocían y dominaban y nunca estuvieron dispuestos a compartirla. Lo insinuó ya Herbette a la hora de enjuiciar el trasfondo de la Sanjurjada. Ahora, lo que toca es esperar. Esperar a que los partidos o fundaciones que en la España de nuestros días siguen propalando las leyendas franquistas, monárquicas e incluso parafascistas sobre la inminencia de un golpe comunista para salvar a la PATRIA financien varias expediciones de periodistas adictos.

En septiembre de 1936 la soledad de la República era un hecho bien constatado, el presidente Azaña comprendió que lo que ya se había convertido en una guerra estaba perdida. Era posible combatir a los rebeldes, pero no también a Italia y a Alemania y vencer la hostilidad británica y el arrastrar los pies de Francia. Sondeó a varios políticos republicanos, como Giral, Besteiro y Álvarez del Vayo. Todos estuvieron de acuerdo con su diagnóstico, pero ¿quién se lo decía al pueblo en armas? La única posibilidad estribaba en reforzar la resistencia. De ello se encargó, sobre todo, Juan Negrín. El armamento soviético, que empezó a llegar en octubre, quizá podría restablecer el equilibrio. Hoy sabemos que no fue así. El contexto internacional siempre fue desfavorable a la República. Los sumos sacerdotes de su memoria no han tenido hasta el momento la seguridad que, de sacarlos a la luz sin purgas previas, la imagen del dictador pudiera sufrir golpes más duros que hasta los que ahora ha encontrado. A pesar de ello, siguen funcionando leyendas perennes como las que han consolidado una versión proclive a los vencedores —la negación de su responsabilidad primaria por lo ocurrido y el énfasis en lo que presentaron como quiebra irremediable de la ley el orden ante el avance incontenible de los movimientos revolucionarios en la primavera de 1936. Ciertamente, lo hacen de cara a un segmento de la sociedad española, la Iglesia católica y el PP, que tienen sus propias necesidades para defender, a todo trapo, una versión sumamente ideologizada del pasado y ahora, con un nuevo agente de extrema derecha en el horizonte, hasta risible. Por último, quisiera subrayar que Mussolini y Hitler tomaron su decisión en un momento de euforia para sus regímenes respectivos. El primero, que se adelantó, lo hizo poco antes de que se levantaran las sanciones impuestas por la anexión por la fuerza de Abisinia. El segundo se lanzó a la aventura española tras haber demostrado a las vacilantes democracias occidentales con la ocupación de Renania que el Tratado de Versalles no era sino un trozo de papel.

Antes de la reunión del 8 de marzo de 1936, Mola había reconocido por escrito el liderazgo de Sanjurjo. Cualquier lector puede comprobarlo con un click de ratón del ordenador en la referencia que se halla al final de esta nota. Figura en la carta reproducida en la página tercera. El profesor Del Rey también ha dado a conocer una carta enviada a Sanjurjo por el coronel Fidel de la Cuerda el 4 de junio. Se contrapone a las absurdas creencias de un Mola ideologizado de que la revolución comunista estaba a la vuelta de la esquina. Este escrito me hubiera servido para cargar más las tintas contra tan ensalzado salvapatrias.Mi estimado compañero dice que no ha encontrado nada que haga referencia a la conexión italiana. Esta carencia puede explicarse por diversas razones y, entre ellas, por el buen cuidado en ocultar lo más posible los manejos con una potencia extranjera.

https://www.academia.edu/38203429/_Los_papeles_de_un_conspirador._Documentos_para_la_historia_de_las_tramas_golpistas_de_1936_

*UME Unión Militar Española

—¡Yo odio las teorías de conspiración!

Está no es una teoría, una vez que es probada.

Después de todo es justamente una conspiración.

Mick Herron

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Wondrous and excellent historical investigation of Angel Viñas. A magnificent book. In their contempt for the large masses of the population that agreed to politics for the first time to push, in fits and starts, an essential process of political, social, institutional and cultural modernization in Spain, the monarchist conspirators turned their attention to obtaining modern armament and the parallel creation of a “state of necessity” that justified the military uprising. The duo Sanjurjo-Calvo Sotelo played an essential role in this, followed by Goicoechea, Sainz Rodríguez, Orgaz, Galarza and many others, military and civilians, from the former Alfonso XIII in exile to the owner of ABC.

The legend built by the victors around the causes and origins of the coup of July 18 sought from the first moment explanations and justifications that today can be thrown into the bin in historiographical terms. However, some of those that were shelling subsist in certain sectors of Spanish society. Apparently they are inextinguishable. Southworth denounced them for the spring of 1936. Without exhaustive spirit, they can be classified into six categories related to:

a) The radical illegitimacy of the Second Republic from its very origin.

b) The essentially “revolutionary” character of the same promoted by the left.

c) The aggression to which he subjected the living forces of the nation: Church, military and owners.

d) The policy aimed at destroying the unity of the PATRIA (always said with an emphasis that translates into capital letters).

e) The essential inability of the government, also supposedly illegitimate, to maintain, after the elections of February 1936, public order to lead to a revolution that needed to be prevented at all costs.

f) Finally, but not least, the danger that, already marxistizada, Spain fell victim to the Moscow strategy tending to penetrate Western Europe by its lower belly, in order to strike a nearly deadly blow to Christian civilization and western.

Calvo Sotelo, and not Franco, played a fundamental role at three levels of analysis that should be differentiated. The first was public, which manifests itself in his numerous statements and writings. It is the most and best studied. Here I will only make a minimal reference to it. The second was hidden, related to his efforts and those of his immediate surroundings to prepare the coup with fascist aid. At this level, the existing literature on the protomartyr is somewhat parochial, although a few authors mention it in outstanding paper. The third refers to your personal and political objectives. It is the most hazardous to document. The public work of Calvo Sotelo has been enlightened in particular by Alfonso Bullón de Mendoza, both in the bio (hagio) grafía that dedicated him, and in the most recent compilation of the books, the performances as finance minister in the primorriverista dictatorship , the comparisons and the declarations before the Congress of the Deputies and their extraordinary journalistic work. Whether or not you agree with that author – an eminence among your circle – such a work is essential to address the first level. I hasten to point out that it hardly affects the second and says absolutely nothing about the third. The omission of clandestine activities in this as in some other fairly recent right-wing author is unforgivable. But, as is well known, there is everything in the vineyard of the Lord and also in the flock of historians or pseudo-historians.

There was always a close parallel between the operational activities of the monarchical sector of the military plot and the intellectual and doctrinal coverage of the civil monarchical plot, not in vain the first was an emanation of the second. Both evolved and intensified, although with cadences that did not always follow the same rhythm. At times, he pushed the military plot and followed the second one. Sometimes, and particularly after the elections of 1936, the one that took one of the most crucial operational initiatives was the civil one. As far as the military aspect is concerned, it is well known that in April 1932 a monarchist and cheating aviator, Juan Antonio Ansaldo, visited Rome. In his not always reliable memories he suggested that he did so at the behest of General Miguel Ponte, who would have arranged it from France.

We must highlight the contribution of March for three reasons. In the first place, because it followed the deliveries of funds that he would have made to those who were going to rise up in the Sanjurjada. Secondly, because it means that he was in contact with the monarchist conspirators, at that time the most serious, who had already decided to eliminate the Republic. Third, because if it is true that he was not a monarchist of heart, as was said, it seems obvious that his hatred of the Republic dominated him. A part of the proceeds according to the papers of Andes, approximately 1.4 million francs (equivalent to 658,000 pesetas = 11 million euros), was entered into the Banca Movellan on behalf of Francisco Moreno y Cía. The donors were among the cream of the Spanish aristocracy. Apart from those already mentioned, the names of the Marquis of Santa Cristina, Count of Plasencia, Duke of Sotomayor, Count of Heredia Spínola, Marquis of La Romana, Duke of Alba, Count of Adanero, Duke of Fernán Núñez, Count of Garvey , Marquis of Merit, Duke of Villahermosa, Marquis of Torralba, Count of the Moriles, Count of the Cimera, Marquis of Aranda and, of course, the Count of the Andes.

The first operative contact of Calvo Sotelo with the fascist Italy that I have found prints so far occurred in February 1933. It encloses, as it could not be less, new questions that can only be cleared if additional documentation appears, monarchical and Italian. As with so many episodes of the civil plot conspiracy, the version that is known is conveniently defaced. However, the EPRE already located allows us to undo some misunderstandings and, at the same time, raise new issues. It is known, of course, that Calvo Sotelo had been in Paris for over a year when he had the opportunity to travel to Rome with Ansaldo. Following the pilot’s memories, it was talking to Balbo. It was a very meaningful trip. The reasons why a prominent politician in exile such as Calvo Sotelo had to accompany a military conspirator to speak with one of the most distinguished fascist politicians have never been satisfactorily clarified. The issues they would address would not be economic or financial. Calvo Sotelo played with March. The agent’s network 1807 had subjected the latter to discreet surveillance. Both had decided to wait for the formation of the new Government before considering the return to Spain if the amnesty was allowed. The incipient monarchical strategy would be supported by the knowledge that, when the time came, the Duce would not leave the Spanish anti-democrats in the lurch if they gave sufficient evidence of energy and rapprochement with fascism. Hence the attempt to build a story that aspired to a reform in a totalitarian sense and that responded to the needs of the time, as they had warned in Italy and then in Germany to establish order and, above all, discipline the movement worker. Calvo Sotelo had been involved in it before returning to Spain. To the constant exaltation of the values linked to the PATRIA and tradition added the will to want to abolish by decree the class struggle at the service of the highest goals and interests of its State, but always counting on the Army.

The incipient monarchical strategy would be supported by the knowledge that, when the time came, the Duce would not leave the Spanish anti-democrats in the lurch if they gave sufficient evidence of energy and rapprochement with fascism. Hence the attempt to build a story that aspired to a reform in a totalitarian sense and that responded to the needs of the time, as they had warned in Italy and then in Germany to establish order and, above all, discipline the movement worker. Calvo Sotelo had been involved in it before returning to Spain. To the constant exaltation of the values linked to the PATRIA and tradition added the will to want to abolish by decree the class struggle at the service of the highest goals and interests of its State, but always counting on the Army.

The monarchists and the military, on the other hand, could appeal to the system that had replaced parliamentary democracy in favor of the State, new and strong, with a fascist stamp. The Carlists did not protest because they thought that the other two groups played clean. They were wrong, but that does not mean to argue that the agreement with Italy of 1934 was a first high point in the evolution of the Spanish antidemocratic forces to ensure their ends. That a growing rapprochement with fascism would result from this was in the very nature of the associated forces.

Goicoechea used a clandestine means to communicate with the count of the Andes, and would have informed him of what was happening. In the end, he asked him to convey his respectful greeting to the king. This indicates that the aristocrat maintained a close connection with Alfonso XIII and we do not have much doubt that it is somewhat unlikely that the exrey was unaware of the conspiracy. If he knew anything about the Roman contracts, he did not leave a record or we did not find it. Subject to better information, it seems that

1. The Carlists prepared an uprising with forces essentially their own and with very limited foreign aid.

2. In the latter there were transactions carried out, which we know, almost exclusively through the channels of arms smuggling.

3. It is likely that there was some connivance with the Portuguese authorities to close their eyes to certain activities.

4. Despite all the fuss that raised Carlist participation in the 1934 agreement, the direct effects were meager (except in the financial part) and the contacts that were later attempted were practically irrelevant.

5. The rejection of the last management of Olazábal in July can easily be understood because the Italians considered it unnecessary after the bet for the calvosotelistas. Not otherwise Hitler reacted to Mola’s envoys after deciding on Franco.

There will undoubtedly be readers who do not share our interpretation of Calvo Sotelo’s desire to lead the government after the expected triumph in the coup. If so, we would ask you to take a look at a statement made, after the war, by one of your most fervent supporters. I will emphasize that he was then the ambassador to the Holy See. Your name? Professor José Yanguas Messía, Viscount of Santa Clara de Avedillo. We have cited him on several occasions as one of Calvo Sotelo’s usual chatterboxes. We owe it to Bullón de Mendoza to have popularized the declaration of such an eminent professor (he was of international law), who undoubtedly knew much more than he wrote.

In short, the opposing game of the interveners, military and civilians, will have been appreciated in the presentation of the origins of the uprising of July 18. The monarchists tried to sink in their report to the British underground the image created by the dictatorship. They did not hesitate to reduce to the minimum possible the merits of Franco and not to play with history. The Carlists, after the victory, blamed Franco who had risen with political and military leadership, against the assumptions that would have been accepted during the preparation of the coup. His internal analysis does not seem to come to light. At least, I ignore it. Franco did not hesitate to falsify the past on numerous occasions when he played the drummer of the self-riot. For the rest, a handwritten note on the first page of his answer to the consultations of Colonel Benavides Moro, who the following year amounted to Brigadier General, we do not know if his own hand or that of Franco, reveals in all its dazzling clarity, which undoubtedly worried the Head of State more. We emphasize it in italics.

Need to clarify that the national movement did not have any kind of concomitances with the foreigner.

The contribution of this book lies in the combination and hybridization of documents of the monarchist conspirators, until now little analyzed in the perspective adopted, with the Italian funds consulted. This has allowed us to determine with greater clarity than the hitherto existing in historiography the profiles of the clandestine and subversive maneuvers through which the coup of July 18 was prepared with fascist connivance. That the results have coincided in this last point, although not in the details and the process followed, with what has always been an affirmation, undemonstrated, of the dominant versions in left historiography allows inserting an additional nail into the coffin of the Francoist, pro-Franco and neo-Francoist theses. To a large extent, this could be due to the fact that the Fascist State did not want to leave traces of its early meddling in the internal affairs of a foreign country, Spain, in order to support the conspirators who wished to overthrow the legitimate regime in order to establish in its place a system similar to the fascist. In some way, it recalls the actions of the Franco dictatorship to erase or distort, to the greatest extent possible, evidence of the collusion of the self-styled National Command with the foreign air forces that destroyed Guernica.

The monarchists, the fascists and Juan March were blamed for the civil war. Among the errors, having put Hitler and his cohorts first, perhaps because Nazism always had a worse image, widely justified. The “merits” of Franco have been drastically lowered: the only one he became creditor of was in Morocco, after having ordered the assassination of General Balmes, and having followed the advice of his military in contacting Luccardi and De Rossi. , in the event that he had not already been informed of contacts with Italy. Of course, as the uprising was left without military and political leaders, Franco was introduced into the hole and left the monarchists with a span of noses. Of predestination, nothing. Gambling, a lot. It is clear that the extreme right monarchist, who declared war on the Republic on the day of its establishment, never ceased in its efforts and achieved what the Carlists did not achieve: a solid and consistent external support whose most eloquent manifestation was to occur as soon as the necessary and sufficient conditions for the uprising were met. Already announced by Goicoechea, on behalf of Calvo Sotelo and the UME, in the autumn of 1935 it had to be clear to Mussolini, and the officials who prepared the interview, that they had an “ally” committed to the “noble” task of to prevent the left from governing again in Spain and, if, unfortunately, it did so, for the shortest possible time. It is evident, at the end of this investigation, that the really exclusive were the monarchists and the military of the UME. To write to the head of the Italian government and Duce of fascism and to explain to him in detail that they would not consent to the left to return to power under any circumstances is a force that I found in a few documents when exploring the various meanings of the term “exclusion”. Their country was the Spain they knew and dominated and they were never willing to share it. Herbette insinuated it and when judging the Sanjurjada’s background. Now, what you have to do is wait. Wait for the parties or foundations that in Spain today continue to spread the Francoist, monarchic and even parafascist legends about the imminence of a communist coup to save the PATRIA (Homeland) fund several expeditions of addicted journalists.

In September 1936 the loneliness of the Republic was a well-known fact, President Azana understood that what had already become a war was lost. It was possible to fight the rebels, but not also Italy and Germany and overcome British hostility and the shuffling of France. He surveyed several Republican politicians, such as Giral, Besteiro and Álvarez del Vayo. All agreed with their diagnosis, but who told the people in arms? The only possibility was to strengthen the resistance. Juan Negrín, above all, was responsible for this. The Soviet armament, which began arriving in October, could perhaps restore the balance. Today we know that it was not like that. The international context was always unfavorable to the Republic. The high priests of his memory have not had until the moment the security that, to bring them to light without previous purges, the image of the dictator could suffer tougher blows than even those he has now encountered. Despite this, perennial legends continue to operate, such as those that have consolidated a proclivial version of the victors – the denial of their primary responsibility for what happened and the emphasis on what they presented as irremediable bankruptcy of the law in the face of the uncontainable advance of the revolutionary movements in the spring of 1936. Certainly, they do it facing a segment of Spanish society, the Catholic Church and the PP, which have their own needs to defend, at all costs, a highly ideologized version of the past and now , with a new agent of extreme right on the horizon, even laughable. Finally, I would like to emphasize that Mussolini and Hitler made their decision in a moment of euphoria for their respective regimes. The first, which came forward, did so shortly before the sanctions imposed by the annexation by force of Abyssinia were lifted. The second was launched into the Spanish adventure after having demonstrated to the vacillating Western democracies with the occupation of the Rhineland that the Treaty of Versailles was nothing but a piece of paper.

Before the meeting of March 8, 1936, Mola had recognized in writing the leadership of Sanjurjo. Any reader can check it with a mouse click of the computer in the reference at the end of this note. It appears in the letter reproduced on the third page. Professor Del Rey has also released a letter sent to Sanjurjo by Colonel Fidel de la Cuerda on June 4. It is opposed to the absurd beliefs of an ideological Mola that the communist revolution was just around the corner. This writing would have served to load more inks against so exalted salvapatrias. My esteemed partner says that he has not found anything that makes reference to the Italian connection. This lack can be explained by various reasons and, among them, by good care in hiding as much as possible the handling with a foreign power.

https://www.academia.edu/38203429/_Los_papeles_de_un_conspirador._Documentos_para_la_historia_de_las_tramas_golpistas_de_1936_

*UME is Spanish Military Union (SMU) in english

—I hate conspiracy theories!

—It’s not a theory once it’s proved.

After that, it’s just a conspiracy.

Mick Herron

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