El Riesgo De La Verdad: Memorias De Una Pasión Política. Desde El Final Del Franquismo Al Colapso Del Independentismo — Josep Antoni Durán Lleida / The Risk of Truth: Memoirs of a Political Passion. From the End of Francoism to the Collapse of Independentism by Josep Antoni Durán Lleida (spanish book edition).

Me ha gustado el libro por como cuenta las cosas y tener interés en esta persona.

El viernes 19 de junio de 2015 me reuní por última vez con el presidente Mas en el Palau de la Generalitat. Desde ese día no hemos vuelto a vernos, ni siquiera hemos hablado por teléfono. Mejor dicho, lo hicimos un par de veces la semana previa al día en que el Parlament asumió el resultado del referéndum ilegal del 1-O y optó unilateralmente por la independencia. La noche del domingo día 22 de octubre propuse por teléfono a Miquel Roca que redactáramos a cuatro manos un documento, una propuesta —que fuera firmada por representantes de entidades cívicas, sociales y económicas de Cataluña— dirigida respetuosa y públicamente al presidente Puigdemont para que convocara elecciones. Miquel Roca consideró más oportuno que él y yo fuéramos a verlo y que, antes de hacerlo, yo hablara con el presidente Mas (Miquel creía que Mas sería más receptivo conmigo que con él, cosa que me sorprendió) para pedirle que nos hiciera de poli bueno y que pidiera a Puigdemont que nos recibiera. Roca, por su parte, se lo pediría también a Puigdemont por teléfono. Al día siguiente hablé con Mas, y Roca me dijo que lo había hecho con Puigdemont. Mas tenía que ver al presidente en el Palau por la tarde, se lo comentaría y después me llamaría. No me telefoneó hasta el martes por la noche para decirme que no se había atrevido a trasladarle la propuesta, que veía a Puigdemont muy nervioso y presionado, y que lo haría al día siguiente. No sé cómo acabó la cosa… De hecho, cuando Pedro Sánchez presentó la moción de censura y la ganó en mayo de 2018, fueron la corrupción y la sentencia sobre Gürtel las que la motivaron. Pero ajustémoslo: lo que hizo ganadora la moción fue el conflicto catalán, que Rajoy no fue capaz de afrontar políticamente. El 16 de octubre de 2013, en sesión de control parlamentaria, le dejé claro que, si frente a la cuestión catalana no actuaba con diálogo con el resto de las formaciones políticas de la cámara, acabarían por aprobarle una declaración unilateral de independencia, la DUI. Cuatro años después, el 30 de octubre de 2017, el Parlament de Cataluña la aprobó en votación secreta. En su momento, la prensa de Madrid tituló mi intervención en la sesión de control de 2013 como una amenaza a Rajoy, a pesar de que yo había dicho que no la votaría y que compartía la opinión de que no era buena para Cataluña, y tampoco para España. En 2017, los mismos medios decían que había advertido a Rajoy y que le había pedido que hiciera política, que cogiera el toro por los cuernos. ¡No lo hizo y así nos ha ido a todos!Sin el problema catalán —que es un problema de todos los españoles, incluidos los catalanes—, Cs no habría efectuado el sorpasso demoscópico al PP y nada habría sido igual en la moción de censura. El independentismo acabó llevándose a Mariano Rajoy por delante.

Una de las acusaciones que a menudo se hacía a Unió era que vivíamos a la sombra de CDC. La generalización era injusta, pero tenía alguna base sólida de razonabilidad. Una buena parte del partido no habría continuado si se hubiera planteado una ruptura. O bien lo habría hecho por voluntad propia o por presiones del entorno de CDC que condicionaba sus cargos. Por no ambicionar, ni siquiera ambicioné ser presidente de la Generalitat. Ahora bien, mi incoherencia más grande ha sido la de pensar que Unió tenía que manifestarse, con todas las consecuencias, con su identidad socialcristiana en el seno de Convergència i Unió y no haber adecuado, en cambio, este pensamiento con la praxis. Ahí sí que me faltó valentía. Y esta sí que es una razón fundamental que permite entender por qué Unió no había comparecido antes en solitario, sin el paraguas de las siglas de CiU y sin el liderazgo de Jordi Pujol. Y, sobre todo, también permite entender que cuando en 2015 nos presentamos en solitario no fuera identificable por la ciudadanía de Cataluña como un proyecto político con vida propia. Asumo la responsabilidad que me corresponde de ello, que es mucha.

Una vez materializada mi dimisión, Ramon Espadaler dirigió los últimos meses de vida de Unió Democràtica de Catalunya. El partido fundado el 7 de noviembre de 1931 agonizaba debido a motivos políticos y económicos. El periodista e historiador Joan B. Culla escribió un artículo muy duro el 7 de octubre de 2017 en la tribuna de la edición de Cataluña del diario El País, con el título «Una muerte impune». Afirmaba que «las causas de la liquidación de Unió no fueron la escisión y la pérdida de presencia parlamentaria sufridas en el 2015, sino una deuda de 22,4 millones de euros». En el fondo, Culla estaba largándolo todo, y lo hacía atacándome. Vía WhatsApp, le rebatí algunas de sus afirmaciones, y como la conversación —virtual— iba subiendo de tono, lo dejé correr. Eso sí, antes de hacerlo le aseguré que en las memorias, obviamente, hablaría de la deuda de Unió. Justamente con la precampaña de Mas nace la segunda de las razones que explica la deuda crediticia de Unió. Para situarlo como candidato de CiU, cuando se presentó por primera vez, se gastó lo que no teníamos y más. Imagino que David Madí, como jefe de campaña, no puso demasiados límites. Era, además, cuando Mas fue nombrado conseller en cap y, por tanto, candidato in pectore del presidente Pujol a la presidencia de la Generalitat. En el año 2007, de repente, Unió dejó de recibir la subvención del Parlament de Cataluña que nos correspondía por número de escaños. La última que percibimos fue la del año 2006 por un total de 493.460 €. Hasta el año 2012, cuando nos adjudicaron 1.158.171,41 €, no recibimos ni un céntimo. Fueron cinco años sin un euro de ingreso de las subvenciones derivadas del número de votos y escaños que la cámara catalana pagaba a los partidos políticos. Cuando preguntamos por qué al Parlament, se nos comunicó que CiU había suscrito un crédito con La Caixa que empeñaba 14.700.000 € de las subvenciones con un vencimiento a cinco años. A partir de aquí seguimos el hilo. Solo hay que coger papel y lápiz y hacer números: dejamos de percibir cinco millones de euros. Los tuvimos que pedir en préstamo a La Caixa, muy conscientes de la jugada que nos había hecho CDC, con la correspondiente carga financiera de unos intereses que no eran precisamente los que ahora permite la política del BCE. Durante la legislatura de Rodríguez Zapatero, trabajamos el retorno del patrimonio histórico de los partidos políticos a los que el franquismo había suspendido de actividad. Unió era uno de los que, explícitamente, el general Franco ilegalizó con el decreto 108 que provenía de la Ley de responsabilidades políticas del 9 de febrero de 1939. Esta ley confirmó la confiscación de todos los bienes, inmuebles, etc., de Unió. Además de Unió y de todas las logias masónicas, en Cataluña también se ilegalizaron Esquerra Republicana, el PSUC, la Unió de Rabassaires, Acció Catalana, el Partit Catalanista Republicà y Estat Català. De todos, aún quedábamos por compensar el PSUC, Esquerra y nosotros.

Me confieso admirador de esa etapa. Sobre todo de lo que se ha denominado el espíritu de la Transición, porque creo que fue precisamente eso: espíritu. Soy, pues, defensor del régimen de 1978 —un año que hoy mucha gente contempla con menosprecio—, sin que eso quiera decir que no sea consciente de las deficiencias que lo acompañaron. Las originales y las sobrevenidas. Considero que ha sido un placer para mí convivir y conocer a los protagonistas de esa Transición: el rey Juan Carlos, Suárez, Carrillo, González, Pujol, Ajuriaguerra, Arzalluz, Roca, Fraga, Herrero de Miñón… Unos procedían del franquismo, otros de la oposición, e incluso algunos habían regresado del exilio. La verdad es que me sigue fascinando conversar con todas esas personas; y nunca he dejado de considerar que España fue afortunada por tener este puñado de dirigentes en un momento clave de la historia. Hoy echo de menos esa capacidad de diálogo para llegar al acuerdo. Los separaban la guerra y la dictadura, el exilio con mayúsculas, la muerte de seres queridos víctimas del odio y, a pesar de todo, supieron transitar de la dictadura a la democracia. Ya sé que hay gente que dice que esa transición fue un error, que lo que se debería haber hecho era romper del todo con el franquismo. Gente que se miraba en el espejo de la llamada Revolución de los Claveles en Portugal deseaba una ruptura total con el régimen… En este punto yo siempre planteo unos cuantos interrogantes: ¿había vivido Portugal una guerra civil cuarenta años antes? ¿Estaba dividido el ejército español como lo estaba el portugués por todo el coste colonial? ¿No somos conscientes, quizá, de que fue la política colonial la que provocó que los jóvenes oficiales de las fuerzas armadas portuguesas se rebelaran? En España, aparte de la incipiente Unión Militar Democrática (UMD), la unidad del ejército era indiscutible. Quizá lo que pasa es que se desconoce la historia de España… España es a todos los efectos una democracia liberal homologada internacionalmente. Y, más allá de las pasiones que despierten el debate político y el interés partidista, la democracia española resiste análisis comparativos con países que a veces parece que nos quieren dar lecciones de democracia. En España hay pluralismo político, y un gobierno puede ser apartado de la escena política si una mayoría alternativa se manifiesta a favor; en España hay separación de poderes y España constituye un Estado de derecho. Otra cosa es sostener la tesis de que la calidad de la democracia española es manifiestamente mejorable; aquí sí que tiene sentido un debate amplio. Nuestro código penal merece ser revisado, como también la famosa ley mordaza. Y el sistema electoral, el funcionamiento de los partidos, los reglamentos de las cámaras parlamentarias… En todos estos ámbitos encontraremos muchas deficiencias. España no es una democracia modélica, como no lo es Cataluña, y no solo por los déficits que pueda proyectar España. El diario El punt avui, el 29 de abril de 2018, publicaba una portada donde se decía: «España tiene un problema con: 1. Cataluña. 2. La justicia. 3. La corrupción. 4. La libertad de expresión. 5. Las infraestructuras 6. El prestigio internacional. 7. Los partidos de la oposición. 8. La acción legislativa. 9. La casa real. 10. Las reivindicaciones. 11. La deuda. 12. El machismo». ¿De verdad no somos capaces de interiorizar que, excepto la justicia —si es que se puede afirmar que la justicia es española— y la casa real —Cataluña hoy por hoy comparte la misma que España y no parece que el proyecto de república vaya a buen puerto?.

He hablado con el rey sobre Cataluña en varias ocasiones y conozco su postura en relación a nuestra realidad. Lo hemos hecho en su despacho de la Zarzuela y, de manera reservada, en algún viaje en el que hemos coincidido. Él sabe que ha perdido mucha confianza en Cataluña, pero sigo teniéndosela. Tarradellas sentía animadversión por la izquierda, especialmente por los comunistas; una animadversión que solo era igualada por la que experimentaba por Jordi Pujol. Desconfiaba por completo de él y no creía que fuera el hombre que Cataluña necesitaba. Como es de sobra conocido, tampoco Pujol era fan del presidente Tarradellas, pues su liderazgo le dificultaba convertirse en el referente del catalanismo. ¡Aunque los dos eran grandes líderes políticos, en la práctica resultaba que eran dos gallos en el mismo gallinero! En todo caso, sobre el regreso de Tarradellas solo puedo hablar de oídas.

Para mí, un inmigrante es en primer lugar un ser humano, y como tal se le debe tratar. Por eso discrepé de las medidas del PP en el ámbito de la asistencia sanitaria a la inmigración no legalizada. Pero la mejor ayuda que se le puede ofrecer es intentar hacer que no tenga la necesidad de abandonar su hogar. Por lo tanto, se debe cooperar con los países de origen, no explotarlos. Este era el motivo de otra frase mía criticada públicamente por la izquierda. Dije —y lo sigo pensando— que la «gente no viene por ganas, sino por hambre». La Unión Europea no ha sabido hasta el momento afrontar el gran reto de la inmigración procedente del África subsahariana. Se necesita un gran plan Marshall que garantice el desarrollo económico y el progreso democrático, económico y social de esos países. Utilizo el plan Marshall solo como metáfora, consciente de lo que fue aquel plan y de que no es exactamente lo que África necesita. Tampoco los motivos que impulsaron la ayuda de los Estados Unidos a Europa pueden ser los que impulsen y justifiquen la ayuda de la Unión Europea en África. Pero si no hacemos nada, lo peor está por venir. Y mientras tanto hay que intentar regular la llegada de estas personas colaborando, si se puede, con los países de origen.

El presidente Pujol mantiene hoy posiciones independentistas y, seguramente, siempre habrá sido independentista, pero él no es el responsable directo del giro de Convergència del autonomismo al independentismo, el responsable es Artur Mas. Otra cosa es pensar que cuando activa el giro, Mas encuentra en Convergència y en Cataluña el terreno abonado por lo que en el fondo el pujolismo había hecho y significado. Y este giro no tiene nada que ver con el famoso 3 por ciento. Por cierto, cuando Maragall habló de ello en el Parlament por primera vez, cuando le dijo a Mas «ustedes lo que tienen es un problema, y se llama 3 por ciento», el exalcalde de Barcelona y presidente de la Generalitat no tenía ni idea de lo que hablaba o, como mucho, lo hacía de oídas, porque al día siguiente llamó a Alfredo Pérez Rubalcaba para preguntarle si ellos tenían alguna cosa relacionada con el 3 por ciento. Que Mas liderara el independentismo en CDC y que lo hiciera de la manera en que lo ha hecho tiene más que ver con sus limitaciones como político que con la teoría de que quisiera evitar investigaciones judiciales.

El día en que haya un clima político y social diferente, esta es una cuestión que habrá que abordar en el debate territorial. Mientras los dirigentes políticos y sociales por todo el Estado no sean conscientes de ella y no proyecten esta sensibilidad que reclamo, continuará existiendo la percepción en algunos sectores de la ciudadanía catalana de que en España no se la quiere tal como es. En la actualidad, eso será más difícil con la resaca de la declaración unilateral de independencia y las consecuencias de todo el procés. Incluso dentro de Cataluña. Hay mucha gente castellanohablante que ha hecho renuncias para sentirse integrada en un proyecto catalanista inclusivo. Hoy en día, una parte de estas personas consideran que el proyecto que se defiende las excluye. El independentismo no es lo suficientemente consciente del daño que ha hecho a la causa nacional catalana. En relación a España, y sobre el hecho catalán, se ha de decir que tan incapaces han sido los gobernantes españoles de los tres últimos siglos y las élites españolas como lo hemos sido desde el catalanismo cuando hemos desaprovechado, en más de una ocasión, implicarnos hasta los tuétanos para construir una España diferente. La insensibilidad hacia la pluralidad lingüística de España se ha movido desde la falta de sensibilidad por las lenguas diferentes al castellano en el Senado a la obstrucción de un detalle tan simple como la presencia de diversas lenguas oficiales en la impresión del papel moneda. ¿Por qué no puede haber traducción simultánea en el Senado? ¿Por coste excesivo?…

El caso Pallerols. Efectivamente, ese caso alteró la vida política de Unió y la de algunos de sus dirigentes, entre otras la mía. Fueron los peores años de mi vida, y también de la de mi familia. Es posible que lo que voy a escribir no tenga fundamento científico alguno y, sobre todo, quiero que quede claro que nunca he responsabilizado a nadie. Sufrí mucho, pero mis padres mucho más que yo. Judicialmente, el caso Pallerols fue largo, muy largo, como acostumbra a serlo la mayoría de los procesos. Este es uno de los grandes déficits de la democracia española. Si hubiéramos invertido en administración de justicia el mismo dinero que se ha destinado a los servicios de inspección de Hacienda, el país iría mejor. Con ello no quiero decir que la inversión en Hacienda no fuera necesaria ni que no haya tenido efectos positivos. Pero permitidme señalar que el principio de presunción de inocencia del contribuyente no ha existido en los últimos años. Es un gran déficit democrático, acentuado en uno de los ministros de Hacienda más izquierdistas que hemos tenido: Cristóbal Montoro, del PP. Sin embargo, lo que quiero destacar ahora es lo negativo que ha sido no invertir en el ámbito de la administración de justicia. Ya se sabe que la justicia lenta no es justicia, y eso es lo que sucede en España.

La ciudad condal ha perdido muchos activos. El procés por un lado y la activista Ada Colau, la alcaldesa de la ciudad, por otro, son los máximos responsables. Los independentistas han errado el tiro. Si yo fuera independentista —que no lo soy—, a la hora de reivindicar un Estado en el siglo XXI habría invertido todas las energías en potenciar la ciudad de Barcelona. En un mundo globalizado, donde la lucha pasa por configurar bloques potentes como la UE, Estados Unidos, China y los viejos imperios que quieren recuperar su papel geopolítico, como Rusia o Turquía, el concepto y la realidad de las ciudades Estado de la Edad Media vuelven a adquirir una relevancia extraordinaria. Obviamente, Barcelona podría ser una de ellas. Pero el independentismo vive en buena medida del y para el medio rural, vive de un carlismo actualizado a los parámetros de los tiempos modernos, pero carlismo al fin y al cabo. Y Barcelona no es su prioridad ni, sobre todo, su principal activo. Hay que añadir a esta realidad el activismo de la alcaldesa Ada Colau. Cuando habla, la mayoría de las veces no sabe lo que dice. Habla mucho y hace poco… Los culpables fuimos nosotros.

Al margen de que no creo que sea Rodríguez Ibarra quien esté libre de pecado por tirar la primera piedra en materia de confrontación territorial, me duele haber contribuido a echar leña al fuego en un asunto tan delicado. Como atenuante, que no necesariamente eximente, de mis palabras, debería escucharse todo lo que dije y tenerse en cuenta el contexto en el que lo hice. Aquellos días, una consejera socialista de la Junta de Andalucía había declarado que mientras nosotros cerrábamos asilos, ella inauguraba nuevas residencias. Estas afirmaciones venían al caso de las políticas de restricciones o de ajustes presupuestarios, conocidas popularmente como recortes, que el Gobierno de CiU aplicaba en cumplimiento estricto de las restricciones de la UE. En este contexto, y criticando unas determinadas políticas de gasto público, hablé de la cultura del subsidio en general y del PER en particular. Las televisiones solo hablaron del PER, de Andalucía y de la barra del bar. Las reacciones fueron letales: me declararon persona non grata en muchos municipios andaluces; alguna diputación hizo lo mismo, y el parlamento extremeño me reprobó. Me afectó, pero lo entendí. Sin embargo, lo que más me dolió fue que fuera el Partido Andalucista —teóricos aliados de CiU y compañeros de candidaturas al Parlamento Europeo—. Siempre he sentido afecto por Andalucía, pero no he conocido Extremadura hasta hace muy poco tiempo. En los últimos años, mi mujer y yo hemos dedicado unos cuantos días de vacaciones al año a recorrer esa comunidad de arriba abajo, y he de decir que es una maravilla. Si España tiene un paro estructural muy superior al de la media europea es, entre otros motivos, por su enfoque erróneo sobre el desempleo. También interviene la rigidez del mercado laboral, en buena medida estancado desde el franquismo. Con más dotación y políticas activas podría flexibilizarse. Es la flexiseguridad que defendía desde la tribuna del Congreso haciendo referencia a los países nórdicos. Sí a la flexibilidad siempre y cuando tengamos un sistema que conlleve la seguridad de encontrar trabajo a corto plazo. Pero, insisto: ninguna de estas consideraciones me salvó de la hoguera.

Con Rodríguez Zapatero en la Moncloa comenzó una etapa política de gran trascendencia para Cataluña y para España. Jordi Pujol había resuelto su sucesión y designado a Artur Mas máximo dirigente del partido y candidato a la presidencia de la Generalitat. Al mismo tiempo, este hecho provocó la transformación de la coalición de Unió con Convergència en una federación, en la cual, por primera vez, Unió tenía presencia real y efectiva en el mando. La legislatura del Parlament de Cataluña que comenzó a finales del año 1999 fue la última de Pujol al frente del Gobierno de la Generalitat. Participé en ese ejecutivo como conseller de Gobernación y Relaciones Institucionales durante catorce meses. Después de Pujol y con Mas como candidato, vinieron los tripartitos de Maragall y de Montilla. Con Pasqual Maragall como presidente, pero con la participación activa de Artur Mas, nació el Estatuto que acabó en el Tribunal Constitucional gracias al PP y al Defensor del Pueblo, el socialista Enrique Múgica. Vamos, que fueron muchos hechos en muy pocos años que, en conjunto, explican la aventura del procés independentista catalán. Con el Estatuto aprobado en Madrid comenzó otra etapa decisiva para comprender todo lo que después se ha desencadenado en Cataluña y, de rebote, en España. El PP, marginado en la elaboración y en la posterior negociación estatutaria, estaba dispuesto a utilizarlo como arma de desgaste electoral contra el PSOE. Ya lo he apuntado en otro momento: si había alguna posibilidad de reparar el grave error de excluir del proceso estatutario al PP, y, por lo tanto, a media España —a pesar de los intentos de un Josep Piqué inteligente y consciente de lo que podría ocurrir—, la dirección central del partido conservador, con Rajoy a la cabeza, nunca tuvo ningún interés en ello. Más bien al contrario, el PP utilizó el Estatuto y Cataluña para asediar al PSOE. Se trataba de dar una patada en el trasero al partido socialista, pero por medio del Estatuto. Fue una campaña infame, un error gravísimo. En toda España, y en Andalucía en particular, el PP pidió el apoyo con firmas de los ciudadanos para recurrir el texto ante el Tribunal Constitucional. «Échame una firma contra Cataluña…

Tras las elecciones del 27-S de 2015, el procés pasó de la calle a las instituciones. De hecho, los que desde la calle habían liderado el proceso independentista pasaron a formar parte de él. Carme Forcadell, que había liderado la ANC, presidió el Parlamento de Cataluña. A día de hoy, desgraciadamente, está en la cárcel esperando la vista oral del Tribunal Supremo. Jordi Sánchez, que sucedió a Forcadell al frente de la ANC, a partir de las elecciones del 21-D de 2017 entró como diputado en el Parlament, e incluso intentó ser investido presidente de la Generalitat. Hoy también está en la cárcel —y lo lamento como lamento el resto de los casos que voy mencionando—, motivo por el cual el juez Llarena no le permitió la investidura. La que entonces era presidenta de Òmnium Cultural, Muriel Casals, entró como diputada del legislativo catalán a partir de las elecciones del 27-S hasta que, desgraciadamente, un accidente le provocó la muerte en febrero de 2016. A partir de aquí, los errores de los independentistas se sumaban a los de quienes no habían sido capaces de usar la palabra política para resolver un conflicto político. Pero, dejando de lado las cargas policiales del 1-O, el independentismo ha sumado más errores y más graves que los protagonizados desde el Gobierno del Estado. Después de la consulta del 9-N de 2014, tanto Artur Mas como Mariano Rajoy perdieron una nueva oportunidad para dialogar. Desde Cataluña se habría podido hacer una pausa y proponerla nuevamente, y el Gobierno de España aceptarla o, incluso, habría sido aún más lógico que la propusiera el ejecutivo central. Después de todo, siempre es el fuerte el que tiene la mayor obligación de promover el diálogo. La política, sin embargo, comenzó a dar paso a la justicia con la querella a Mas y a otros consellers. Después de las elecciones del 27-S, volvió a suceder lo mismo: tampoco se optó por sentarse alrededor de una mesa. En lugar de reconocer que, a pesar del excelente resultado, no tenían suficiente mayoría y optar por dialogar dentro de Cataluña e intentar hacerlo también con el Gobierno del Estado, la coalición ganadora de Junts per Catalunya —con Mas y Junqueras— se entregó a las manos de la CUP. Mas quería ser investido y, en la resolución aprobada en el Parlamento catalán del 9-N de 2015, aceptó las tesis de la CUP de ruptura con el Estado y con sus instituciones al proclamar la voluntad de desobedecerlas.

Me preocupa, además, la confrontación entre los dos extremos de la polarización política, con una derecha con claros síntomas de ansiedad que va al alza y pierde todos los complejos. Siempre me ha gustado que los dirigentes políticos digan las cosas por su nombre, pero me espanta la distancia que el debate político va tomando con respecto a la concordia y al diálogo que han caracterizado los últimos cuarenta años. No querría exagerar, ni mucho menos alarmar a nadie, porque afortunadamente vivimos en tiempos muy diferentes, pero el debate político actual queda más cerca del de los años treinta que del de finales de los setenta y las dos décadas posteriores. La judicialización de la crisis catalana ha sido determinante para que el conflicto entrara en una nueva etapa en la que la generación espontánea de los sentimientos y, no es necesario decirlo, la inducida lo hicieron todo más y más difícil. Lo que la política tenía la obligación de resolver dialogando se complicó porque se desvió la solución hacia donde no debería haber ido nunca, es decir, hacia los tribunales. Con la judicialización se abren debates, a menudo cargados de afirmaciones populistas y falsas, que dañan profundamente la democracia, la justicia española y su imagen exterior. Se han generado debates con costes elevados a partir de hechos reales y de interpretaciones falsas y sesgadas con consecuencias para España que no son menores.

Es una falta de respeto al exilio político que vivimos durante el franquismo calificar de exiliado al expresidente Puigdemont o a cualquier otro dirigente instalado actualmente en el extranjero. Incluso es una ofensa para los dirigentes que han tenido la dignidad y el coraje de quedarse en Cataluña y dar la cara ante la justicia a costa de su preciada libertad y que hoy permanecen encerrados en la cárcel. Por mucho que desde la derecha política y mediática se denuncie un presunto trato de favor en la cárcel a los dirigentes independentistas, la falta de libertad es la peor ofensa a la dignidad humana. Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Oriol Junqueras, Josep Turull, Josep Rull, Joaquim Forn, Raül Romeva, Carme Forcadell y Dolors Bassa viven entre rejas, hablan con sus amigos en el espacio de un locutorio y no pueden besar a sus hijos —algunos de ellos muy pequeños— antes de irse a dormir. ¡Lladoners no es Waterloo!. El independentismo ha destruido el catalanismo, ha consolidado a Ciudadanos en Cataluña y en España y ha despertado, comenzando en Andalucía, a la derecha extrema que se articula a partir de los fundamentos del franquismo sociológico, que, lógicamente, no habían muerto y se refugiaban en el PP. ¡Qué desastre todo!.

La solución al problema catalán como problema español que es, no requiere, necesariamente, la reforma de la Constitución. Sin embargo, habrá que afrontarla con serenidad, aceptando que puede tener un resultado incierto. Para construir el consenso o para reconstruirlo, tanto da, es imprescindible el ejercicio de la virtud de la empatía, es decir, la capacidad de ponerse en la piel del otro para entender sus límites, y esperar que el otro a su vez pueda ponerse en la piel de uno. Sin esta empatía previa, no reconstruiremos el consenso. Para llegar a resolver nuestro problema —que reitero una y mil veces que es un problema español—, me parece fundamental la recomposición del espacio catalanista. Hoy está disminuido y repartido en trincheras diferentes y lo que se necesita con urgencia es recuperarlo, de manera que para conseguirlo hay que recomponerlo. Es cierto que no tiene mucho sentido hablar de indulto cuando todavía no hay sentencias condenatorias y cuando, a pesar de la prisión preventiva, la presunción de inocencia continúa asistiendo a todos y cada uno de los líderes investigados. Pero que nadie se engañe, si las condenas llegan, y nada parece indicar que no será así, no hay una persona con dos dedos de frente que crea que habrá solución política si antes no se busca una solución para los condenados. El indulto puede ser una de las soluciones. Recuerdo que, en el año 1945, Franco concedió un indulto político total para los delitos de rebelión. El presidente Torra ha dejado claro, al explicarnos los momentos sucesivos de movilización a partir del juicio y de las posibles condenas, que en los próximos meses se intentará enfatizar la necesidad de ruptura con una España que ha permitido que sea la justicia la que resuelva un problema político.

En un tiempo en el que el patriotismo español se manifiesta, incluso, en los balcones de los hogares de muchos ciudadanos y ciudadanas españoles, no habrá un mejor patriota que aquel que como estadista sepa distinguir entre el interés de partido y el interés colectivo y evite que acaben en desastre los cuarenta años de democracia en España. ¡Es la hora de los estadistas! ¿Queda alguno?…

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I liked the book like counts things and have interest in this person.

On Friday, June 19, 2015, I met for the last time with President Mas at the Palau de la Generalitat. Since that day we have not seen each other again, we have not even spoken on the phone. Rather, we did it a couple of times the week prior to the day when the Parliament assumed the result of the illegal 1-O referendum and opted unilaterally for independence. On the night of Sunday, October 22, I proposed by telephone to Miquel Roca that we write a document, a proposal -that was signed by representatives of civic, social and economic entities of Catalonia- addressed to President Puigdemont in a respectful and public way to convene elections. Miquel Roca considered it more opportune that he and I went to see him and that, before doing so, I spoke with President Mas (Miquel believed that Mas would be more receptive to me than with him, which surprised me) to ask him to make us a cop well and ask Puigdemont to receive us. Roca, on the other hand, would also ask Puigdemont by telephone. The next day I spoke with Mas, and Roca told me that he had done it with Puigdemont. But I had to see the president in the Palau in the afternoon, I would comment on it and then he would call me. He did not phone me until Tuesday night to tell me that he had not dared to move the proposal, that he saw Puigdemont very nervous and pressured, and that he would do it the next day. I do not know how the thing ended … In fact, when Pedro Sánchez filed the motion of censure and won it in May 2018, it was the corruption and the sentence over Gürtel that motivated her. But let’s adjust: what made the motion winner was the Catalan conflict, which Rajoy was not able to face politically. On October 16, 2013, in a parliamentary control session, I made it clear that if, in the face of the Catalan question, I did not act in dialogue with the rest of the political formations of the Chamber, I would end up approving a unilateral declaration of independence, the DUI . Four years later, on October 30, 2017, the Parliament of Catalonia approved it by secret ballot. At the time, the Madrid press called my intervention in the control session of 2013 as a threat to Rajoy, even though I had said that I would not vote and that I shared the opinion that it was not good for Catalonia, and neither for Spain. In 2017, the same media said that he had warned Rajoy and that he had asked him to do politics, to take the bull by the horns. He did not do it and that is how it has gone for all of us! Without the Catalan problem -which is a problem for all Spaniards, including the Catalans-, Cs would not have made the demostration of the PP and nothing would have been the same in the motion of censure . The independence movement ended up taking Mariano Rajoy ahead.

One of the accusations that was often made to Unió was that we lived in the shadow of the CDC. The generalization was unfair, but it had some solid basis of reasonableness. A good part of the party would not have continued if a rupture had been proposed. Either he would have done so voluntarily or due to pressure from the CDC environment that conditioned his charges. For not ambition, I did not even aspire to be president of the Generalitat. Now, my biggest inconsistency has been to think that Unió had to manifest itself, with all the consequences, with its Christian social identity within Convergència i Unió and not having adapted, on the other hand, this thought with praxis. There, I lacked courage. And this is a fundamental reason that allows us to understand why Unió had not appeared before alone, without the umbrella of the initials of CiU and without the leadership of Jordi Pujol. And, above all, it also allows us to understand that when we presented ourselves in 2015, it was not identifiable by the citizens of Catalonia as a political project with a life of its own. I assume the responsibility that corresponds to me, which is great.

Once my resignation materialized, Ramon Espadaler directed the last months of Unió Democràtica de Catalunya. The party founded on November 7, 1931, was agonizing due to political and economic reasons. The journalist and historian Joan B. Culla wrote a very hard article on October 7, 2017 in the gallery of the Catalan edition of the newspaper El País, with the title “Una muerte impune”. He stated that “the causes of Unió’s liquidation were not the split and the loss of a parliamentary presence suffered in 2015, but a debt of 22.4 million euros.” In the background, Culla was running everything, and he was attacking me. Via WhatsApp, I rebutted some of his affirmations, and as the conversation-virtual-was going up in tone, I let it run. Of course, before doing so I assured him that in the memoirs, obviously, he would talk about Unió’s debt. Precisely with the pre-campaign of Mas was born the second of the reasons that explains the credit debt of Unió. To place him as a candidate of CiU, when it was presented for the first time, it was spent what we did not have and more. I imagine that David Madí, as campaign manager, did not put too many limits. It was, moreover, when Mas was appointed conseller in cap and, therefore, candidate in pectore of President Pujol to the presidency of the Generalitat. In 2007, suddenly, Unió stopped receiving the grant from the Parliament of Catalonia that corresponded to us by number of seats. The last one we received was that of the year 2006 for a total of € 493,460. Until 2012, when we were awarded 1,158,171.41 €, we did not receive a penny. They were five years without a euro of income of the subsidies derived from the number of votes and seats that the Catalan camera paid to the political parties. When we asked why the Parlament, we were informed that CiU had subscribed a loan with La Caixa, which pledged € 14,700,000 of the subsidies with a maturity of five years. From here we follow the thread. You just have to take paper and pencil and make numbers: we stop receiving five million euros. We had to borrow them from La Caixa, very aware of the move made by CDC, with the corresponding financial burden of some interests that were not precisely what is now allowed by the ECB’s policy. During the legislature of Rodríguez Zapatero, we worked on the return of the historical heritage of the political parties to which the Franco regime had suspended its activity. Unió was one of those that, explicitly, General Franco outlawed with the decree 108 that came from the Law of political responsibilities of February 9, 1939. This law confirmed the confiscation of all property, real estate, etc., of Unió. In addition to Unió and all Masonic lodges, Esquerra Republicana, the PSUC, the Unió de Rabassaires, Acció Catalana, the Partit Catalanista Republicà and Estat Català were also outlawed in Catalonia. Of all, we still had to make up for the PSUC, Esquerra and us.

I confess admirer of that stage. Above all what has been called the spirit of the Transition, because I think it was precisely that: spirit. I am, then, defender of the regime of 1978 – a year that today many people contemplate with disparagement, without this meaning that they are not aware of the deficiencies that accompanied it. The originals and the supervening ones. I consider it a pleasure for me to live and meet the protagonists of that Transition: King Juan Carlos, Suarez, Carrillo, Gonzalez, Pujol, Ajuriaguerra, Arzalluz, Roca, Fraga, Herrero de Miñón … Some came from the Franco regime, others from the opposition, and even some had returned from exile. The truth is that I am still fascinated by talking to all these people; and I have never stopped considering that Spain was fortunate to have this handful of leaders at a key moment in history. Today I miss that capacity for dialogue to reach agreement. They were separated by war and dictatorship, exile with capital letters, the death of loved ones victims of hatred and, despite everything, they knew how to move from dictatorship to democracy. I already know that there are people who say that this transition was a mistake, that what should have been done was to break completely with the Franco regime. People who looked at themselves in the mirror of the so-called Carnation Revolution in Portugal wanted a total break with the regime … At this point I always raise a few questions: had Portugal experienced a civil war forty years earlier? Was the Spanish army divided as was the Portuguese for the entire colonial cost? Are we not aware, perhaps, that it was colonial politics that caused the young officers of the Portuguese armed forces to revolt? In Spain, apart from the incipient Democratic Military Union (UMD), the unity of the army was indisputable. Maybe what happens is that the history of Spain is unknown … Spain is for all intents and purposes an internationally approved liberal democracy. And, beyond the passions aroused by political debate and partisan interest, Spanish democracy resists comparative analyzes with countries that sometimes seem to want to give us lessons in democracy. In Spain there is political pluralism, and a government can be removed from the political scene if an alternative majority is in favor; in Spain there is separation of powers and Spain constitutes a State of law. Another thing is to support the thesis that the quality of Spanish democracy is clearly improved; here a broad debate makes sense. Our criminal code deserves to be revised, as well as the famous gag law. And the electoral system, the functioning of the parties, the regulations of the parliamentary chambers … In all these areas we will find many deficiencies. Spain is not a model democracy, as Catalonia is not, and not only because of the deficits that Spain can project. The newspaper El punt avui, on April 29, 2018, published a cover page saying: “Spain has a problem with: 1. Catalonia. 2. Justice. 3. Corruption. 4. Freedom of expression. 5. The infrastructures 6. International prestige. 7. The opposition parties. 8. Legislative action. 9. The royal house. 10. The claims. 11. The debt. 12. Machismo ». We really are not able to internalize that, except for justice -if we can say that justice is Spanish- and the royal house -Catalonia today shares the same as Spain and it does not seem that the Republic project is going to good idea?.

I have spoken with the king about Catalonia on several occasions and I know his position in relation to our reality. We have done it in his office of the Zarzuela and, in a reserved way, in some trip in which we have coincided. He knows that he has lost a lot of confidence in Catalonia, but I still have it. Tarradellas felt animosity for the left, especially for the communists; An animosity that was only matched by that experienced by Jordi Pujol. He completely distrusted him and did not believe that he was the man that Catalonia needed. As is well known, Pujol was not a fan of President Tarradellas either, because his leadership made it difficult for him to become the benchmark for Catalanism. Although both were great political leaders, in practice it turned out that they were two roosters in the same henhouse! In any case, on the return of Tarradellas I can only speak of hearsay.

For me, an immigrant is first and foremost a human being, and as such should be treated. That is why I disagreed with the measures of the PP in the field of health care for non-legalized immigration. But the best help that can be offered is to try to make you not have the need to leave your home. Therefore, one must cooperate with the countries of origin, not exploit them. This was the motive of another phrase of mine criticized publicly by the left. I said – and I still think that “people do not come by desire, but by hunger.” The European Union has not yet managed to face the great challenge of immigration from sub-Saharan Africa. A great Marshall plan is needed to guarantee the economic development and the democratic, economic and social progress of these countries. I use the Marshall plan only as a metaphor, aware of what that plan was and that it is not exactly what Africa needs. Nor can the motives that propelled US aid to Europe be the ones that drive and justify European Union aid in Africa. But if we do nothing, the worst is yet to come. And meanwhile we must try to regulate the arrival of these people by collaborating, if possible, with the countries of origin.

President Pujol maintains independence positions today and, surely, he will always have been an independentist, but he is not directly responsible for the turn of Convergència from the autonomy to the independence movement, the person in charge is Artur Mas. Another thing is to think that when he activates the turn, Mas finds in Convergència and in Catalonia the ground paid for what pujolismo had done and meaning in the end. And this turn has nothing to do with the famous 3 percent. By the way, when Maragall spoke about it in the Parlament for the first time, when he told Mas “you have a problem, and it’s called 3 percent,” the former mayor of Barcelona and president of the Generalitat had no idea of what he was talking about or, at the most, he did it with hearsay, because the next day he called Alfredo Pérez Rubalcaba to ask him if they had anything related to 3 percent. The fact that he led the independence movement in the CDC and that he did it the way he did has more to do with his limitations as a politician than with the theory that he wanted to avoid judicial investigations.

The day when there is a different political and social climate, this is an issue that will have to be addressed in the territorial debate. While the political and social leaders throughout the State are not aware of it and do not project this sensitivity that I claim, there will continue to be a perception in some sectors of Catalan citizenship that Spain is not wanted as it is. At present, that will be more difficult with the hangover of the unilateral declaration of independence and the consequences of the whole process. Even within Catalonia. There are many Castilian-speaking people who have made resignations to feel integrated into an inclusive Catalanist project. Nowadays, a part of these people consider that the project that is defended excludes them. The independence movement is not sufficiently aware of the damage it has done to the Catalan national cause. In relation to Spain, and on the Catalan fact, it has to be said that the Spanish rulers of the last three centuries and the Spanish elites have been as incapable as we have been from Catalanism when we have failed, on more than one occasion, to get involved until the marrow to build a different Spain. The insensitivity towards the linguistic plurality of Spain has moved from the lack of sensitivity for languages other than Spanish in the Senate to the obstruction of a detail as simple as the presence of various official languages in the printing of paper money. Why can not there be simultaneous translation in the Senate? For excessive cost? …

The Pallerols case. Indeed, that case altered the political life of Unió and that of some of its leaders, among others mine. They were the worst years of my life, and also of my family’s. It is possible that what I am going to write has no scientific basis and, above all, I want it to be clear that I have never held anyone responsible. I suffered a lot, but my parents much more than me. Judicially, the Pallerols case was long, very long, as most of the processes tend to be. This is one of the great deficits of Spanish democracy. If we had invested in administration of justice the same money that has been allocated to the inspection services of the Treasury, the country would be better. By this I do not mean that the investment in the Treasury was not necessary or that it did not have positive effects. But let me point out that the principle of presumption of innocence of the taxpayer has not existed in recent years. It is a great democratic deficit, accentuated in one of the most left-wing finance ministers we have had: Cristóbal Montoro, from PP. However, what I want to emphasize now is the negative that it has been not to invest in the field of the administration of justice. It is already known that slow justice is not justice, and that is what happens in Spain.

The city of Barcelona has lost many assets. The proces on the one hand and the activist Ada Colau, the mayor of the city, on the other, are the most responsible. The independentistas have missed the shot. If I were a pro-independence activist -which I am not-, when it came to claiming a State in the 21st century, I would have invested all my energies in promoting the city of Barcelona. In a globalized world, where the struggle happens to configure powerful blocs like the EU, the United States, China and the old empires that want to recover their geopolitical role, like Russia or Turkey, the concept and the reality of the cities State of the Middle Ages they again acquire extraordinary relevance. Obviously, Barcelona could be one of them. But the independence movement lives largely from and for the rural milieu, lives from a carlismo updated to the parameters of modern times, but carlismo after all. And Barcelona is not its priority nor, above all, its main asset. We must add to this reality the activism of the mayor Ada Colau. When he speaks, most of the time he does not know what he is saying. He talks a lot and recently … The culprits were us.

Apart from the fact that I do not believe that Rodríguez Ibarra (formerly president of Extremadura) is free from sin for throwing the first stone in terms of territorial confrontation, it hurts me to have contributed to adding fuel to the fire in such a delicate matter. As mitigating, not necessarily exonerating, of my words, you should listen to everything I said and take into account the context in which I did it. Those days, a socialist councilor from the Junta de Andalucía had declared that while we were closing asylums, she inaugurated new residences. These statements were related to the policies of restrictions or budgetary adjustments, popularly known as cuts, which the CiU government applied in strict compliance with EU restrictions. In this context, and criticizing certain policies of public spending, I spoke about the culture of subsidy in general and the PER in particular. The televisions only spoke of the PER, of Andalusia and the bar of the bar. The reactions were lethal: they declared me persona non grata in many Andalusian municipalities; some deputation did the same, and the parliament of Extremadura reproached me. It affected me, but I understood it. However, what hurt me the most was that it was the Andalusian Party – the allies of CiU and fellow candidates for the European Parliament. I have always felt affection for Andalusia, but I have not known Extremadura until very recently. In recent years, my wife and I have spent a few days of vacation a year to travel that community up and down, and I have to say it is wonderful. If Spain has a structural unemployment much higher than the European average, it is, among other reasons, due to its erroneous focus on unemployment. Also intervenes the rigidity of the labor market, largely stalled since the Franco regime. With more endowment and active policies could be relaxed. It is the flexicurity that defended from the tribune of the Congress making reference to the Nordic countries. Yes to flexibility as long as we have a system that entails the security of finding work in the short term. But, I insist: none of these considerations saved me from the stake.

With Rodríguez Zapatero in the Moncloa began a political stage of great importance for Catalonia and for Spain. Jordi Pujol had resolved his succession and appointed Artur Mas as the maximum leader of the party and candidate for the presidency of the Generalitat. At the same time, this fact caused the transformation of the Unió con Convergència coalition into a federation, in which, for the first time, Unió had a real and effective presence in the command. The legislature of the Parliament of Catalonia that began at the end of 1999 was the last one of Pujol at the head of the Government of the Generalitat. I participated in that executive as Minister of Governance and Institutional Relations for fourteen months. After Pujol and with Mas as a candidate, came the tripartite of Maragall and Montilla. With Pasqual Maragall as president, but with the active participation of Artur Mas, the Statute was born that ended up in the Constitutional Court thanks to the PP and the Ombudsman, the socialist Enrique Múgica. Come on, there were many events in a very few years that, together, explain the adventure of the procés pro-independence Catalan. With the Statute approved in Madrid, another decisive stage began to understand everything that was later unleashed in Catalonia and, rebounding, in Spain. The PP, marginalized in the elaboration and in the subsequent statutory negotiation, was willing to use it as a weapon of electoral attrition against the PSOE. I have already mentioned it in another moment: if there was any possibility of repairing the serious error of excluding the PP from the statutory process, and, therefore, half of Spain – despite the attempts of an intelligent and aware Josep Piqué could happen-, the central direction of the conservative party, with Rajoy at the head, never had any interest in it. Quite the contrary, the PP used the Statute and Catalonia to besiege the PSOE. It was about kicking the socialist party in the butt, but through the Statute. It was an infamous campaign, a very serious mistake. Throughout Spain, and in Andalusia in particular, the PP requested the support with signatures of citizens to appeal the text before the Constitutional Court. «Give me a signature against Catalonia …

After the elections of 27-S of 2015, the procés passed from the street to the institutions. In fact, those who from the street had led the independence process became part of it. Carme Forcadell, who had led the ANC, chaired the Parliament of Catalonia. To this day, unfortunately, he is in jail waiting for the oral hearing of the Supreme Court. Jordi Sánchez, who succeeded Forcadell as head of the ANC, began voting for the 21-D in 2017 as a deputy in the Parlament, and even tried to be invested as president of the Generalitat. Today he is also in jail – and I regret as I regret the rest of the cases I am mentioning – which is why Judge Llarena did not allow him to invest. The then President of Òmnium Cultural, Muriel Casals, entered as a deputy of the Catalan legislature from the elections of 27-S until, unfortunately, an accident caused her death in February 2016. From here, the errors of the independentistas were added to those of those who had not been able to use the word political to solve a political conflict. But, leaving aside the police charges of 1-O, the independence movement has added more errors and more serious than those carried out by the State Government. After the consultation of 9-N of 2014, both Artur Mas and Mariano Rajoy lost a new opportunity to dialogue. From Catalonia it could have been paused and proposed again, and the Government of Spain accept it or, even, it would have been even more logical that the central executive proposed it. After all, it is always the strong who have the greatest obligation to promote dialogue. The policy, however, began to give way to justice with the complaint to Mas and other consellers. After the elections of 27-S, the same thing happened again: neither was it decided to sit around a table. Instead of recognizing that, despite the excellent result, they did not have a sufficient majority and chose to dialogue within Catalonia and try to do so also with the State Government, the winning coalition of Junts per Catalunya -with Mas y Junqueras- was handed over to the hands of the CUP. But he wanted to be invested and, in the resolution passed in the Catalan Parliament of 9-N of 2015, he accepted the thesis of the CUP to break with the State and its institutions by proclaiming the will to disobey them.

I am also concerned about the confrontation between the two extremes of political polarization, with a right with clear symptoms of anxiety that is going up and losing all the complexes. I have always liked that political leaders say things by their names, but I am frightened by the distance that the political debate is taking with respect to the concord and the dialogue that have characterized the last forty years. I would not want to exaggerate, let alone alarm anyone, because fortunately we live in very different times, but the current political debate is closer to that of the 1930s than to the late seventies and the following two decades. The judicialization of the Catalan crisis has been decisive for the conflict to enter a new stage in which the spontaneous generation of feelings and, needless to say, the induced one made everything more and more difficult. What the policy had the obligation to resolve dialogue was complicated because the solution was diverted to where it should never have gone, that is, towards the courts. Judicialization opens debates, often loaded with populist and false claims, which deeply damage democracy, Spanish justice and its external image. There have been debates with high costs based on real facts and false and biased interpretations with consequences for Spain that are not minor.

It’s a lack of respect for the political exile that we lived during the Franco regime to describe as exiled the former President Puigdemont or any other leader currently installed abroad. It is even an offense for leaders who have had the dignity and courage to stay in Catalonia and face the justice at the expense of their precious freedom and today remain locked in jail. No matter how far from the political and media right there is a denunciation of an alleged favorable treatment in prison for the independence leaders, the lack of freedom is the worst offense against human dignity. Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Oriol Junqueras, Josep Turull, Josep Rull, Joaquim Forn, Raül Romeva, Carme Forcadell and Dolors Bassa live behind bars, talk with their friends in the space of a booth and can not kiss their children -some of them They are very small – before going to sleep. Lladoners is not Waterloo! The independence movement has destroyed Catalanism, has consolidated Citizens in Catalonia and Spain and has awakened, beginning in Andalusia, to the extreme right articulated from the foundations of sociological Francoism, which, logically, had not died and took refuge in PP. What a mess everything!

The solution to the Catalan problem as a Spanish problem that is, does not necessarily require the reform of the Constitution. However, we must face it with serenity, accepting that it may have an uncertain outcome. To build consensus or to reconstruct it, it is essential to exercise the virtue of empathy, that is, the ability to put oneself in the other’s skin to understand its limits, and hope that the other in turn can be put the skin of one. Without this prior empathy, we will not rebuild consensus. In order to solve our problem -which I repeat a thousand times, which is a Spanish problem-, the recomposition of the Catalanist space seems fundamental to me. Today it is diminished and divided into different trenches and what is urgently needed is to recover it, so that in order to achieve it, it must be rebuilt. It is true that it does not make much sense to speak of pardon when there are still no condemnatory sentences and when, in spite of preventive detention, the presumption of innocence continues to assist each and every one of the leaders investigated. But let no one be deceived, if the sentences arrive, and nothing seems to indicate that this will not be the case, there is not a person with two fingers in front who believes that there will be a political solution if a solution for the convicts is not sought before. The pardon can be one of the solutions. I remember that, in the year 1945, Franco granted a total political pardon for the crimes of rebellion. President Torra has made clear, explaining the successive moments of mobilization from the trial and the possible convictions, which in the coming months will try to emphasize the need to break with a Spain that has allowed justice to resolve a political problem.

At a time when Spanish patriotism manifests itself, even on the balconies of the homes of many Spanish citizens, there will be no better patriot than those who, as statesmen, know how to distinguish between party interest and collective interest and avoid that the forty years of democracy in Spain end in disaster. It is the time of the statesmen! Are there any left?…

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