Sobre La Nostalgia. Damnatio Memoriae — Diego S. Garrocho / Talking About Nostalgia. Damnatio Memoriae by Diego S. Garrocho (spanish book edition)

Lo dijo Nietzsche en algún lugar: «sólo lo que no deja de doler permanece en la memoria». Lo advirtió con esa rotundidad certera e insolente con la que los niños dicen algunas verdades. La sentencia, bella como pocas, puede pese a todo que no sea absolutamente verdadera.
Un libro muy recomendable, especial. Es la nostalgia la que parece convertirse en el último refugio de la esperanza.

La damnatio memoriae fue un castigo singular, reservado en tiempos para aquellos que habían cometido un crimen o un delito especialmente dañino contra la comunidad. En origen fueron los delitos de perduellio y maiestate, faltas que después de la República tenderían a unificarse, los crímenes que habitualmente exigían una reparación retrospectiva. El crimen contra la comunidad se retribuía con un castigo igualmente colectivo ya que el olvido, como la memoria, sólo podía ejercerse en sede política de una forma compartida. Las penas y castigos sobre la memoria exhiben un interés específico por cuanto retienen una dosis de revancha en la que se conjugan, en un mismo gesto, la materialidad y la espiritualidad del castigo.

Condenar la memoria no es más que una estrategia para intentar que la memoria no nos condene a nosotros. Así, una de las posibles traducciones de la damnatio memoriae podría ser la condena de la memoria, una expresión casi literal que mantiene esa dualidad semántica en la que cabe preguntarse si por tal nombre entendemos la condena y censura de un ejercicio memorativo o acaso, más propiamente, la condena que sobre nosotros impone siempre y necesariamente el ejercicio de la memoria. Esta segunda acepción, residual y accidental en el uso habitual del término, apunta una posibilidad amenazante que no ha dejado de asediar la conciencia de tantos hombres. Si la melancolía fue una dolencia propia de hombres de ingenio, que diría Aristóteles, las historias, esto es, toda historia del animal humano ha operado siempre como un espasmo moribundo y aturdido en el que se ha tratado de combatir el olvido. Ser mortal nunca fue otra cosa.
El ser humano es un animal que añora. De las muchas descripciones que históricamente se han dado para definir la esencia de lo humano habrá de reivindicarse nuestra singular experiencia del tiempo y la memoria. El catálogo de definiciones ilustres que han tratado de apresar la colección de rasgos esencialmente humanos es tan largo que se haría imposible referir siquiera los casos más célebres. Desde el zôon politikón de Aristóteles o el animal rationale de Séneca. Convertir la vida humana, la verdadera y única vida a la que podemos aspirar, en un objeto de recuerdo es una constante de la que extrañamente podría decirse que es tan epocal como universal. Epocal por cuanto aspira a describirse como un rasgo constitutivo de la Modernidad tardía, testigo de tantas promesas rotas; pero universal también, al tiempo que parece alumbrar síntomas semejantes y continuos desde la noche de los tiempos. Si la condena de la memoria es un rasgo esencialmente humano cabría pensar que nunca hemos sido tan humanos como lo somos actualmente.

Nunca sabremos qué fue antes ni quién inventó a quién: si fue el ser humano quien concibió y creó los mitos o si es la propia humanidad la consecuencia de un relato o de una fábula. La disputa es antigua: qué fue primero, ¿la palabra o la cosa?. La verdadera damnatio memoriae no será una condena de nuestra memoria, sino una condena a la memoria. Estamos condenados a recordar por cuanto estamos forzados a no poder olvidar a voluntad. Ese aprendizaje de lo imposible, de lo inasible… es una vieja querella presente también en algunas páginas principales de la historia de la literatura.

Nostalgia es una palabra extraña, por cuanto su propia etimología resulta confusa. No hace falta conocer el griego antiguo para detectar la presencia de dos étimos reconocibles en tantos otros vocablos contemporáneos. La «nostalgia» apela al nóstos, el regreso, y retiene al tiempo la terminación algia, que remite al griego álgos, lo que podríamos identificar con el dolor, el sufrimiento. Pocos tópicos hay tan esencialmente griegos como este nóstos o regreso con el que tantas veces se ha querido resumir las aventuras del que probablemente sea, junto con la Biblia, el gran texto fundacional de Occidente. Nos referimos, naturalmente, a la Odisea.

La regresión del catolicismo y el aperturismo de la Reforma hicieron posible una nueva comprensión del ser humano. Johannes Hofer, un joven estudiante de apenas diecinueve años presentó el 22 de junio de 1688 la tesis preliminar que habría de inaugurar su proceso para ser nombrado doctor en la Universidad de Basilea. Aunque todavía debería defender una tesis específica. El título de aquel volumen resulta enormemente clarividente: Dissertatio medica de nostalgia oder Heimweh80. La nostalgia, un término con el que pasados los siglos describiríamos estados de ánimo, emociones, personajes y hasta momentos de casi cualquier biografía, se estampó por primera vez, negro sobre blanco, en aquel volumen. No es casual la yuxtaposición de la palabra recién nacida junto a ese otro término alemán, Heimweh —original, según Jaspers, del siglo XVII— ya que, según adelanta el propio Hofer, la nostalgia era descrita como Heimweh entre los soldados helvéticos desplazados en Gaul (Francia). El recuerdo de la tierra natal entre los soldados movilizados procuró el surgimiento de una nueva enfermedad que sería distinguida, entre la población francesa, como el mal du pays, por lo que, al menos en origen, la nostalgia se describió como una enfermedad (morbus) o una tristeza provocada por el desarraigo de la patria. Si la nostalgia se describió originalmente como la añoranza de un lugar, de un paisaje y de unas canciones, su asentamiento sobre el contexto emancipatorio que definió a la Modernidad podría explicitar el valor testimonial de esta actitud. La nostalgia se enfrenta a la esperanza como un gesto de desconfianza hacia el tiempo por venir o como una esperanza retrospectiva en la que las energías narratológicas, ficcionales y hasta casi fantasiosas parecen reconstruir el pasado en una forma en la que desde luego el presente, como también el futuro, habrán de decirse insuficientes. Cuestión de lugares, desde luego. Los mismos que sirven para afianzar la memoria.

La memoria, como toda facultad humana, es una experiencia social, política y culturalmente intervenida.
La ciudad que hoy pisamos, en la que nos movemos y amamos, es tan fictiva como la imaginería que definió las antiguas utopías. Lo que añoramos no es pues otra dosis de imaginación sino, acaso, un guiño lejano de algo que pudiera probarse y decirse como incontestablemente real. Aspiramos a hacernos inmortales en el muro de la memoria, o acaso a veces, en esta vieja y fatigada Europa, en la memoria del muro. Que la promesa no se haya cumplido puede ser después de todo una excelente noticia, pues no es ningún secreto y todos ustedes lo saben perfectamente: sólo se llega a ser inmortal después de haber muerto.

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Nietzsche said it somewhere: “only what does not stop hurting remains in the memory”. He warned with that certain and insolent rotundity with which children tell some truths. The sentence, beautiful as few, can despite everything that is not absolutely true. A highly recommended, special book. It is the nostalgia that seems to become the last refuge of hope.

The damnatio memoriae was a singular punishment, reserved at times for those who had committed a crime or a crime especially harmful to the community. In origin were the crimes of perduellio and maiesta, faults that after the Republic would tend to unify, crimes that usually demanded retrospective reparation. The crime against the community was rewarded with an equally collective punishment, since oblivion, like memory, could only be exercised politically in a shared way. The penalties and punishments on the memory exhibit a specific interest because they retain a dose of revenge in which the materiality and spirituality of the punishment are conjugated in a single gesture.

Condemning memory is nothing more than a strategy to try that memory does not condemn us. Thus, one of the possible translations of the damnatio memoriae could be the condemnation of memory, an almost literal expression that maintains that semantic duality in which we can ask ourselves if by that name we mean the condemnation and censorship of a memorable exercise or perhaps, more properly, the sentence that imposes on us always and necessarily the exercise of memory. This second meaning, residual and accidental in the habitual use of the term, points out a threatening possibility that has not stopped besieging the conscience of so many men. If melancholy was an ailment of men of wit, which Aristotle would say, the stories, that is, all history of the human animal has always operated as a dying and stunned spasm in which it has tried to combat oblivion. Being mortal was never another thing. The human being is an animal that longs for. Of the many descriptions that historically have been given to define the essence of the human, our singular experience of time and memory must be vindicated. The catalog of illustrious definitions that have tried to capture the collection of essentially human traits is so long that it would be impossible to refer even the most famous cases. From the zon politikon of Aristotle or the rationale animal of Seneca. Converting human life, the true and only life to which we can aspire, in an object of remembrance is a constant of which we could strangely say is both epochal and universal. Ephemeral inasmuch as it aspires to be described as a constitutive feature of late Modernity, witness to so many broken promises; but universal as well, while it seems to illuminate similar and continuous symptoms from the mists of time. If the condemnation of memory is an essentially human trait it would seem that we have never been as human as we are today.

We will never know what was before or who invented who: if it was the human being who conceived and created the myths or if humanity itself is the consequence of a story or a fable. The dispute is old: what came first, the word or the thing? The true damnatio memoriae will not be a condemnation of our memory, but a condemnation to memory. We are condemned to remember because we are forced to not be able to forget at will. That learning of the impossible, of the ungraspable … is an old quarrel also present in some main pages of the history of literature.

Nostalgia is a strange word, because its own etymology is confusing. It is not necessary to know ancient Greek to detect the presence of two recognizable ethos in so many other contemporary words. The “nostalgia” appeals to nosmos, the return, and retains at the same time the algia ending, which refers to the Greek algos, which we could identify with pain, suffering. Few topics are as essentially Greek as this nomos or return with which so many times it has been wanted to summarize the adventures of what is probably, along with the Bible, the great founding text of the West. We refer, of course, to the Odyssey.

The regression of Catholicism and the openness of the Reformation made possible a new understanding of the human being. Johannes Hofer, a young student of just nineteen, presented on June 22, 1688 the preliminary thesis that would inaugurate his process to be appointed doctor at the University of Basel. Although I should still defend a specific thesis. The title of that volume is enormously clairvoyant: Dissertatio medica de nostalgia oder Heimweh80. Nostalgia, a term with which the past centuries would describe moods, emotions, characters and even moments of almost any biography, was stamped for the first time, black on white, in that volume. It is not by chance the juxtaposition of the word newborn next to that other German term, Heimweh -original, according to Jaspers, of the seventeenth century- since, according to Hofer himself, nostalgia was described as Heimweh among the Helvetic soldiers displaced in Gaul (France). The memory of the homeland among the mobilized soldiers sought the emergence of a new disease that would be distinguished, among the French population, as the evil du Pays, so that, at least in origin, nostalgia was described as a disease (morbus ) or a sadness caused by the uprooting of the homeland. If the nostalgia was originally described as the longing for a place, a landscape and some songs, its settlement on the emancipatory context that defined modernity could make explicit the testimonial value of this attitude. Nostalgia faces hope as a gesture of distrust for the time to come or as a retrospective hope in which narrative, fictional and even almost fanciful energies seem to reconstruct the past in a way in which, of course, the present, as also the future, they will have to say themselves insufficient. Question of places, of course. The same ones that serve to strengthen the memory.

Memory, like all human faculties, is a social, political and culturally intervened experience. The city that we tread today, in which we move and love, is as fictive as the imagery that defined the old utopias. What we long for is not another dose of imagination but, perhaps, a distant nod of something that could be proved and said as incontestably real. We aspire to become immortal in the wall of memory, or perhaps sometimes, in this tired old Europe, in the memory of the wall. That the promise has not been fulfilled may be excellent news after all, because it is no secret and you all know it perfectly: you only become immortal after you have died.

2 pensamientos en “Sobre La Nostalgia. Damnatio Memoriae — Diego S. Garrocho / Talking About Nostalgia. Damnatio Memoriae by Diego S. Garrocho (spanish book edition)

  1. Fascinating! This reminds me a little bit of Chaudhuri’s concept of “geopathic disorder”–in which memories related to place prompt one to move–but sometimes that doesn’t solve the problem. The new place/memories may result in wanting to go back. What we wanted all along, may not have existed in the first place.

    • Yup, keepsakes from Chaudhuri, you’re a sage about Knowledge . It was a nice reading and my dad’s a victim from Alzheimer disease and I agree with ya in order to What we wanted all along, may not have existed in the first place… perhaps we wanna be living a parallel way. Thanks for your comments… 👍👍👍😘😘

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