Zorro — Dubravka Ugrešić / Lisica (Fox) by Dubravka Ugrešić

Es una novela que podría decir extraña, por momentos quiero dejarla y sin embargo quieres seguir profundizando y si eres lector voraz, merece la pena. Con el cambio de forma y el zorro astuto del folclore oriental como motivo subyacente, Zorro es una novela que se reinventa una y otra vez. Es una mezcla de trivialidades literarias y la historia atemporal de una mujer joven que intenta encontrar el amor.
A través de su fuerza narrativa, el lector es llevado de Rusia a Japón, a través de los campos minados de los Balcanes y en los viajes por carretera estadounidenses. Nos llevan desde la década de 1920 hasta nuestros días, a medida que la novela explora el poder de la narración y la invención literaria. De las nociones de traición y la aleatoriedad de las vidas humanas.

Me encontré tristemente decepcionado por momentos. Tal vez sea porque no me parece atractivo el estilo de escritura de Ugresic. Ella tiene una especie de estilo de escritura divagante, sus palabras parecen mezclarse en un estilo casi de corriente de conciencia. Cada capítulo es su propia historia única, centrada en un evento u otro particular, pero también intercalada con fragmentos aleatorios de información que parecen pertenecer a lo que está sucediendo.
Los lectores que están familiarizados con los trabajos anteriores de Ugresic afirman que Zorro es un trabajo típico. Tal vez sea porque yo mismo no estoy familiarizado con sus novelas anteriores. Este libro cambió mi conocimiento sobre una novela. Mi conocimiento se basó en la novela clásica del siglo XIX y en la contemporánea, que insisten en la trama y los personajes desarrollados, por lo tanto, es posible que no consiga la trama y los personajes desarrollados en esta novela, pero tengo algo más, mucho más … En lugar de una sola historia, tengo mucho, en lugar de un personaje, tengo muchos, en lugar de una vista, tengo muchos.

En casi todas las tradiciones mitológico-folclóricas, el campo semántico de la simbología del zorro engloba la astucia, la habilidad, la adulación, el engaño, la mentira, la hipocresía, el egoísmo, la vileza, la egolatría, la codicia, la seducción, la sexualidad, la sed de venganza, la soledad. En los textos mitológico-folclóricos, el zorro aparece a menudo relacionado con algún asunto «sospechoso», a veces se mete en problemas, por lo que también se lo considera un perdedor, y debido a sus atributos nunca está en contacto con seres mitológicos superiores. En una lectura simbólica, el zorro pertenece a la clase baja de la mitología. En la tradición nipona, el zorro es el mensajero de Inari, la deidad japonesa de la fertilidad y del arroz; como mensajero, está relacionado con los seres humanos, con la esfera terrestre, mientras que apenas guarda relación con la esfera «suprema», celestial y espiritual.
Entre los indios, los esquimales, los pueblos siberianos y en China está muy extendida la leyenda de un hombre pobre a cuyo hogar acude todas las mañanas una zorra, que se quita el pellejo y se transforma en una mujer. Cuando el hombre lo descubre, le roba y le esconde el pellejo, y ella se convierte en su esposa.

En la imaginación folclórico-mitológica occidental, el zorro es casi siempre de género masculino (Reineke, Reynard, Renart, Reinaert) y, en la oriental, un personaje femenino. En la mitología china (huli jing), en la japonesa (kitsune) y en la coreana (kumiho),la zorra es una maestra de la transformación, el símbolo del mortífero eros femenino, una diablesa, una experta creadora de ilusiones. Kitsune en la mitología japonesa tiene varios rangos; puede ser una simple zorra salvaje (nogitsune) o convertirse en myobu, una zorra celestial, pero para eso debe aguardar mil años. Las colas indican el rango que ostenta en la jerarquía; la más poderosa es la que tiene nueve colas.
A juzgar por las apariencias, Pilniak tenía razón; el zorro posee muchas cualidades para ser el tótem del dudoso género de los escritores.

En aquel Moscú, en el que muchos filólogos, extranjeros y locales, se dedicaban a la caza de los protagonistas y testigos de la época anterior aún vivos, en el que las viudas de escritores famosos (como Nadezhda Mandelshtam, todavía viva por aquel entonces) estaban muy cotizadas, en el que a cualquiera que hubiera subsistido y sobrevivido a otros, y fuera capaz de testificar sobre ello, se lo tenía en gran estima, en el que todo bullía de escritores de memorias, recuerdos y diarios, de coleccionistas y de archiveros, de artistas auténticos y falsos, de aquellos que habían estado «dentro», es decir, prisioneros en un campo, y de aquellos que se avergonzaban de no haberlo estado, en aquel Moscú, conocí a Borís, el hijo de Pilniak. Ciertamente, yo me excluía de la categoría de los «cazadores» de testigos vivos de la época: la manía generalizada del biografismo no me gustaba, aunque entendía a qué se debía. En semejante entorno, la batalla que reñían los formalistas rusos —la gran batalla por el texto de la obra artística— se mostró vana.

La biografía de Sofia Gnedyj-Tagaki atrajo a Borís Pilniak como un imán. Pilniak robó el alma de Sofia (el zorro como mediador entre dos mundos, el mundo de los muertos y el mundo de los vivos), pero al mismo tiempo le erigió un monumento literario y, no obstante, su biografía de Sofia tenía importancia para Pilniak solo en aquel momento concreto; si se hubiera topado con ella en otras circunstancias, tal vez el encuentro no habría producido ese cuento. ¿Cómo se crean los cuentos? Pilniak vivía en una época en la que la palabra literaria era fuerte e importante, y la imagen cinematográfica, emocionante y joven. Ahora vivo en una época en la que las palabras están arrinconadas. ¿Cómo esperar que los usuarios de las nuevas tecnologías, cuyo idioma se compone de imágenes y símbolos, al haber pasado por una metamorfosis física y mental, estén dispuestos a leer algo que no hace mucho todavía se llamaba texto literario, y hoy aparece bajo el nombre, generalmente aceptado, de libro?. Si se inspiró Pilniak para su cuento en el formalismo ruso (B. Eichenbaum, «Cómo está hecho “El capote” de Gógol»), o es el cuento una suerte de polémica moral respecto a la moda de desnudarse por dentro y por fuera de los autores japoneses, o se trata de una tercera posibilidad, no queda muy claro. El resultado es que la fascinación por Japón de Pilniak y de su protagonista acaba con una sensación de derrota. Sofia abandona Japón porque se siente traicionada por todo lo que le importaba. El ciclo japonés de Pilniak prueba que el autor ruso intentó «con todo su corazón penetrar en el alma japonesa». Y, no obstante, parece que a Pilniak, igual que a su heroína Sofia Gnedyj-Tagaki, el «affaire japonés» (aparte de que unos años más tarde el asunto le costó la vida también formalmente) le dejó un sabor de boca amargo.

Yo sabía que a la historia de las rutas que siguió la emigración rusa en Extremo Oriente los medios y la historiografía de la cultura no le habían dado ni una décima parte de la atención que dedicaron a la diáspora rusa en Europa Occidental y en América, tal vez también porque era numéricamente menor, más compleja y (para los europeos y americanos) incomprensible. En resumidas cuentas, las historias de emigrantes rusos en Irán, Indonesia, China, en Harbin y Shanghái, en Japón, en Australia quedaron incompletas, sin contar o simplemente fuera del punto de mira. El propio Levin era un cínico que no mostraba simpatías ni por los rusos blancos ni por los rojos. De vez en cuando se limitaba a defender su geobiografía, algo comprensible, ya que había gastado demasiada energía y tiempo en una conquista, una adaptación y un abandono de espacios constantes como para poderse permitir el lujo de la indiferencia.
—La trivialidad es la sal de la tierra, la trivialidad es el viento que mueve todo el mecanismo, lelkem —continuó la Viuda—. Las grandes figuras del arte perduran gracias a la trivialidad, porque la propia obra artística obviamente no basta.

La rata almizclera apareció en Europa a principios del siglo pasado, cuando se instaló en Chequia el primer criadero. A saber, en los años veinte los abrigos de piel de rata almizclera fueron el último grito de la moda. La rata, sin embargo, se zafó del control, alcanzó la libertad y colonizó Europa, en particular las zonas húmedas. Por su terreno pantanoso, los Países Bajos eran su elección más natural. Para los holandeses, la muskusrat es un peligro constante, porque se instala en los pólderes y amenaza el complejo sistema de protección contra las inundaciones. En Holanda, la profesión de exterminador de ratas está muy bien pagada y considerada. Los belgas se las han ingeniado para preparar un plato muy sabroso con rata almizclera, que se puede encontrar en restaurantes (ciertamente, no en muchos): después de marinarla en sal y cebolla, la cuecen en cerveza. Mientras que en Nueva Zelanda la rata almizclera es una especie terminantemente prohibida, en Canadá los sombreros de piel de rata almizclera completan tradicionalmente el uniforme de invierno de la Real Policía Montada.

Nabokov ha dicho en algún sitio que en el amor había que comportarse igual que se comportaban los gemelos siameses: cuando uno aspira tabaco, el otro estornuda (V liubví nuzhno bit kak siamskie bliznetsy, odín chijaiet, kogda drugói niújaiet tabak), lo que a muchos lectores no les debe de sonar muy romántico, es más, semejante concepto de la relación amorosa puede incluso resultar aterrador. O sea, una pareja sentimental perfecta es una suerte de monstruo, y la relación que los une es que en realidad los dos dan el consentimiento voluntario a cierta clase de invalidez, en la que una mitad depende de la otra, cuelga de la otra y se somete a ella. En semejante tipo de amor simbiótico debe haber una colaboración perfecta para que la máquina amorosa funcione, por eso el camino más corto hacia el funcionamiento es la dominación, es decir, el aletargamiento del objeto amado. Por eso Humbert querrá sedar a Lolita para poder dominarla, por eso Nabokov clavará la mariposa con un alfiler en la plancha, y le extenderá las alas, para poder disfrutar plenamente de su triunfo. El cazador no aspira a otra fama que la gloria de nombrar, en otras palabras, ¡nada menos que la gloria de Dios!.

El zorro, el dios que según Borís Pilniak les ha caído en suerte a los pobres escritores, es un listillo, un embaucador, el mensajero divino, un sirviente de la diosa del sector alimenticio, Inari. El zorro se dedica periódicamente al tráfico de almas muertas; el zorro es un malabarista de feria, un mentiroso, un hipócrita, un adulador, un zalamero, un ávido, un glotón, un melifluo, un ladrón que arriesga su vida por una presa miserable: por un pescuezo de gallina, una pata de ganso, un trocito de queso, que además cae de una boca ajena. El zorro está condenado a la soledad, a una vida lejos de su especie: el apareamiento es muy breve, la maternidad, ciertamente, algo más larga, pero no lo suficiente para llenar el abismo de la soledad. El zorro, como ladrón de gallinas, es la coartada y el objetivo de los cazadores pragmáticos; la piel de zorro no es la más cara, pero no se pasa de moda. El zorro tiene poderes mágicos, puede elevarse hasta el estatus de zorro divino y obtener sus nueve colas, pero para ello tiene que esperar mil años enteros.

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It’s a novel that I could say strange, at times I want to leave it and nevertheless you want to continue deepening and if you are a voracious reader, it is worth it. With the shape-shifting and wily fox of Eastern folklore as an underlying motif, Fox is a novel that reinvents itself over and over again. It is a blending of literary trivia and the timeless story of a young woman trying to find love.
Through it’s narrative force the reader is taken from Russia to Japan, through Balkan minefields and on American road trips. We are taken from the 1920s to present day, as the novel explores the power of storytelling and literary invention. Of the notions of betrayal, and the randomness of human lives.

I found myself sadly disappointed. Perhaps it is because I do not find Ugresic’s writing style appealing. She has a kind of rambling style of writing, her words seeming to jumble together in an almost stream of consciousness style. Each chapter is its own unique story, centering on one particular event or another, but also interspersed with random bits of information that seem to pertain to what is happening.
Readers who are familiar with Ugresic’s previous works claim Fox is typical of her work. This book changed my knowledge about a novel. My knowledge was built on clasical 19th century novel and contemporary one too, that insist on plot and developed characters, so, I might not get the plot and developed characters in this novel, but, I’ve got something else, a lot more – instead of single story, I’ve got a lot, instead of one character, I’ve got so many, instead of one view, I’ve got many.

In almost all mythological-folkloric traditions, the semantic field of the fox’s symbology encompasses cunning, skill, adulation, deception, lies, hypocrisy, selfishness, vileness, egotism, greed, seduction , sexuality, thirst for revenge, loneliness. In the mythological-folkloric texts, the fox is often related to some “suspicious” matter, sometimes gets into trouble, so it is also considered a loser, and because of its attributes is never in contact with higher mythological beings . In a symbolic reading, the fox belongs to the lower class of mythology. In the Japanese tradition, the fox is the messenger of Inari, the Japanese deity of fertility and rice; as a messenger, it is related to human beings, to the terrestrial sphere, while it is hardly related to the “supreme” sphere, celestial and spiritual.
Among the Indians, the Eskimos, the Siberian peoples and in China, the legend of a poor man whose home comes every morning a fox, who takes off his skin and becomes a woman, is widespread. When the man discovers him, he steals her and hides his skin, and she becomes his wife.

In the Western folk-mythological imagination, the fox is almost always male (Reineke, Reynard, Renart, Reinaert) and, in the oriental, a female character. In Chinese mythology (huli jing), in Japanese (kitsune) and Korean (kumiho), the fox is a teacher of transformation, the symbol of the deadly female eros, a devil, an expert creator of illusions. Kitsune in Japanese mythology has several ranks; it can be a simple wild vixen (nogitsune) or become myobu, a celestial fox, but it must wait a thousand years for that. The tails indicate the rank held in the hierarchy; the most powerful is the one with nine tails.
Judging by appearances, Pilniak was right; the fox possesses many qualities to be the totem of the dubious genre of writers.

In that Moscow, in which many philologists, foreigners and locals, were hunting for the protagonists and witnesses of the previous era still alive, in which the widows of famous writers (like Nadezhda Mandelshtam, still alive at that time) they were highly valued, in which anyone who had subsisted and survived others, and was able to testify about it, held it in great esteem, in which everything was full of memoirs, memories and diaries, collectors and archivists, of authentic and false artists, of those who had been “inside”, that is, prisoners in a field, and of those who were ashamed if they had not been, in that Moscow, I met Boris, the son of Pilniak. Certainly, I excluded myself from the category of “hunters” of living witnesses of the time: I did not like the generalized mania of biography, although I understood why it was. In such an environment, the battle fought by the Russian formalists – the great battle for the text of the artistic work – proved futile.

The biography of Sofia Gnedyj-Tagaki attracted Boris Pilniak as a magnet. Pilniak stole the soul of Sofia (the fox as a mediator between two worlds, the world of the dead and the world of the living), but at the same time he erected a literary monument and, nevertheless, his biography of Sofia was important for Pilniak only at that particular moment; if he had run into her in other circumstances, perhaps the meeting would not have produced that story. How are the stories created? Pilniak lived at a time when the literary word was strong and important, and the cinematographic image, exciting and young. Now I live in a time when words are cornered. How can we expect that the users of the new technologies, whose language is composed of images and symbols, having gone through a physical and mental metamorphosis, are willing to read something that was not long ago still called literary text, and today appears under the name, generally accepted, of a book ?. If Pilniak was inspired for his story in Russian formalism (B. Eichenbaum, “How is it made” Gogol’s cape “), or is the story a sort of moral controversy regarding the fashion of undressing inside and outside of Japanese authors, or it is a third possibility, is not very clear. The result is that the fascination for Japan of Pilniak and its protagonist ends with a sense of defeat. Sofia leaves Japan because she feels betrayed by everything that mattered to her. The Japanese cycle of Pilniak proves that the Russian author tried “with all his heart to penetrate the Japanese soul”. And yet, it seems that to Pilniak, as well as to his heroine Sofia Gnedyj-Tagaki, the “Japanese affair” (apart from the fact that a few years later the affair cost him his life too formally) left a bitter taste in his mouth.

I knew that the history of the routes followed by Russian emigration in the Far East, the media and the historiography of culture had not given him a tenth of the attention they devoted to the Russian Diaspora in Western Europe and America, such also because it was numerically smaller, more complex and (for Europeans and Americans) incomprehensible. In short, the stories of Russian emigrants in Iran, Indonesia, China, in Harbin and Shanghai, in Japan, in Australia were incomplete, not counting or simply out of focus. Levin himself was a cynic who showed no sympathy for either the white Russians or the Reds. From time to time he limited himself to defend his geobiography, something understandable, since he had spent too much energy and time in a conquest, an adaptation and an abandonment of constant spaces so as to be able to indulge in luxury.
“Triviality is the salt of the earth, triviality is the wind that moves the whole mechanism, lelkem,” continued the Widow. The great figures of art endure thanks to triviality, because the artistic work itself obviously is not enough.

The muskrat appeared in Europe at the beginning of the last century, when the first hatchery was installed in the Czech Republic. Namely, in the twenties muskrat fur coats were the latest fashion craze. The rat, however, got out of control, achieved freedom and colonized Europe, particularly the wetlands. Because of its swampy terrain, the Netherlands was their most natural choice. For the Dutch, the muskusrat is a constant danger, because it is installed in the polders and threatens the complex system of protection against floods. In the Netherlands, the profession of rat exterminator is very well paid and considered. The Belgians have managed to prepare a very tasty dish with muskrat, which can be found in restaurants (certainly not in many): after marinating it in salt and onions, they cook it in beer. While in New Zealand the muskrat is a strictly prohibited species, in Canada the muskrat fur hats traditionally complete the RCMP winter uniform.

Nabokov has said somewhere that in love one had to behave just like the Siamese twins behaved: when one sucks tobacco, the other sneezes (V liubví nuzhno bit kak siamskie bliznetsy, odín chijaiet, kogda drugói niújaiet tabak), which Many readers should not sound very romantic, moreover, such a concept of the love relationship can even be scary. That is, a perfect sentimental partner is a sort of monster, and the relationship that unites them is that in reality both give voluntary consent to a certain kind of disability, in which one half depends on the other, hangs on the other and submits to it. In such a type of symbiotic love there must be a perfect collaboration for the love machine to work, that is why the shortest path to functioning is domination, that is, the lethargy of the beloved object. That is why Humbert will want to sedate Lolita in order to dominate her, that’s why Nabokov will nail the butterfly with a pin on the plate, and will spread his wings, so that he can fully enjoy his triumph. The hunter does not aspire to another fame than the glory of naming, in other words, nothing less than the glory of God!

The fox, the god that according to Boris Pilniak has fallen to the poor writers, is a smartass, a trickster, the divine messenger, a servant of the goddess of the food industry, Inari. The fox is periodically engaged in the traffic of dead souls; the fox is a fair juggler, a liar, a hypocrite, a flatterer, a flatterer, an avid, a glutton, a mellifluous, a thief who risked his life for a miserable prey: for a chicken neck, a goose’s foot , a piece of cheese, which also falls from someone else’s mouth. The fox is doomed to loneliness, to a life far from his species: the mating is very short, motherhood, certainly, something longer, but not enough to fill the abyss of loneliness. The fox, as a chicken thief, is the alibi and the target of the pragmatic hunters; Fox fur is not the most expensive, but it does not go out of style. The fox has magical powers, can rise to the status of divine fox and get his nine tails, but for this he has to wait a thousand years.

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