La Chica De La Leica — Helena Janeczek / The Girl With The Leica: Based On The True Story Of The Woman Behind The Name Robert Capa by Helena Janeczek

La novela que Elena Janeczek escribió para contar la historia de Gerda Taro finalmente ganó el Premio Strega.
Un premio literario, está implícito, debe asignarse a aquellos que escriben buena literatura y no me parece un buen libro. No me parece bien escrito, está realmente mal escrito. El libro de Janeczek está lleno de puntos entre paréntesis: me gusta una escritura fluida que logra evitarlos o reducirlos al salario mínimo. Se abusa en este libro. Se rellena con expresiones o incluso períodos completos en un idioma extranjero: alemán, francés, español, inglés, casi nunca traducido para el lector. Esto es aún más molesto, casi desdeñoso hacia los lectores, de los cuales uno debería tener, en cambio, el máximo respeto. Incluso de su ignorancia.
Los complementos de objetos se repitieron y se pusieron de relieve para dar énfasis a las oraciones, algo que considero una plaga del lenguaje, y que termina cargando la escritura. Si no hay uno por página, nos queda poco.
Los frecuentes saltos espacio-temporales en la narrativa, que desorientan, confunden, nos hacen perder el hilo de la historia también porque no están lo suficientemente explicados o vinculados a la historia anterior. Por ejemplo, en un capítulo nos encontramos a principios de los años sesenta en Italia y hablando sobre el gobierno de Tambroni, nuevamente dando un poco demasiado por sentado que el lector conoce los hechos. Como se dice, nada se agrega a la persona de Gerda Taro. Es cierto, no es una biografía, probablemente ni siquiera una biografía ficticia, sino simplemente una novela, pero se dice muy poco sobre y sobre Gerda Taro, de la cual queda poco más que un halo de leyenda.

La novela está estructurada en tres partes más un epílogo. En cada una de las tres partes, la vida de tres personajes cercanos a Gerda Taro está ficticia y, a partir de sus recuerdos, también tratamos de contar la figura de Gerda Taro.
El resultado es que no es ni una buena novela ni una buena biografía. Lo más hermoso del libro es la fotografía elegida para la portada; La mejor parte, el epílogo, más biográfico. También lamento decir que, por lo poco que he leído del autor, las entrevistas, los artículos, etc., siento simpatía por la persona.
Muchas críticas positivas del libro de Janeczek de personajes más o menos conocidos, empezando por Saviano, que fue reportado por ella al editor para la publicación de su primer libro, “Gomorra”.
A veces es útil hacer un recorrido y leer las reseñas de lectores simples sin ninguna conexión con el mundo literario, como los comentarios de los compradores en librerías en línea como esta. Bloggers, periodistas etc. con demasiada frecuencia pagan una deuda de gratitud o intentan atraer las simpatías de este o aquel escritor para aumentar su crédito. La prueba es que, de cualquier libro, es fácil encontrar comentarios positivos, más difíciles de encontrar recortes.

No sé qué decir acerca de un libro que consta de 5 partes bien diferenciadas, cuando las dos que más te han gustado han sido el prólogo y el epílogo; breves ambos, y complementados con fotografías. Los tres capítulos centrales, que conforman la parte fundamental del libro, me han dejado desconcertado y algo cansado, pues me ha costado seguir el hilo. Los tres personajes principales de estos capítulos son personas que conocieron a Gerda Taro (William M. Chardack, antiguo amigo, que en la década de los 60 implantó el primer marcapasos; Ruth Cerf, una amiga a través de la cual conoció al fotógrafo con el que luego formaría la “marca” Robert Capa; y Georg Kuritzkes, antiguo amante y más tarde funcionario de la FAO) y que, años después de su muerte (1960, 1938 y 1960), describen su relación con la fotógrafa, así como sus impresiones generales acerca de la época que les tocó vivir. Y ahí está el problema, quizás en la manera algo confusa y desordenada que tiene la escritora de describir esos años, interesantes sin duda. Durante excesivas páginas, me he encontrado algo perdido entre la amplia galería de personajes, con nombres y apodos cambiantes, que desfilan por la obra. Una pena, porque la biografía de Gerda Taro merecería un tratamiento menos confuso. Quizás la forma de la autora no conecta con el lector, al menos conmigo no lo ha hecho.

Si una fotografía habla también de quién la ha hecho, no pueden dejar de reflejar a sus autores las dos instantáneas de una pareja en la cual resultaba tan fácil mirarse. En la foto de Taro, el hombre y la mujer comparten el mismo espacio a la par, unidos por la carcajada que se libera en el aire, en una composición tan armónica que exalta, por contraste, una energía desbordante. La foto de Capa coloca a la mujer en el centro, ensalza su atractivo físico, pero mientras se inclina hacia su compañero y desde la perspectiva de su mirada radiante.

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The novel that Elena Janeczek wrote to tell the story of Gerda Taro finally won the Strega Prize.
A literary prize, it is implicit, should be assigned to those who write good literature and it does not seem like a good book. It does not seem well written to me, it is really badly written. Janeczek’s book is full of points in parentheses: I like a fluent writing that manages to avoid them or reduce them to the minimum wage. It is abused in this book. It is filled with expressions or even complete periods in a foreign language: German, French, Spanish, English, almost never translated for the reader. This is even more annoying, almost dismissive towards the readers, of which one should have, instead, the utmost respect. Even from his ignorance.
The complements of objects were repeated and highlighted to emphasize the sentences, something that I consider a plague of language, and that ends up loading the writing. If there is not one per page, we have little left.
The frequent spatio-temporal jumps in the narrative, which disorient, confuse, make us lose the thread of the story also because they are not sufficiently explained or linked to the previous story. For example, in a chapter we were in the early sixties in Italy and talking about the government of Tambroni, again giving a little too much for granted that the reader knows the facts. As it is said, nothing is added to the person of Gerda Taro. It is true, it is not a biography, probably not even a fictional biography, but simply a novel, but very little is said about and about Gerda Taro, of which there is little more than a halo of legend.

The novel is structured in three parts plus an epilogue. In each of the three parts, the life of three characters close to Gerda Taro is fictitious and, based on her memories, we also try to tell the figure of Gerda Taro.
The result is that it is neither a good novel nor a good biography. The most beautiful of the book is the photograph chosen for the cover; The best part, the epilogue, more biographical. I also regret to say that, because of the little I have read about the author, the interviews, the articles, etc., I feel sympathy for the person.
Many positive reviews of Janeczek’s book of characters more or less known, starting with Saviano, who was reported by her to the editor for the publication of her first book, “Gomorra”.
Sometimes it is useful to take a tour and read the reviews of simple readers without any connection to the literary world, such as the comments of buyers in online bookstores like this one. Bloggers, journalists etc. Too often they pay a debt of gratitude or try to attract the sympathies of this or that writer to increase their credit. The proof is that, from any book, it is easy to find positive comments, more difficult to find cuts.

I do not know what to say about a book that consists of 5 well differentiated parts, when the two that you liked the most were the prologue and the epilogue; both brief, and complemented with photographs. The three central chapters, which make up the fundamental part of the book, have left me bewildered and somewhat tired, because it has cost me to follow the thread. The three main characters of these chapters are people who met Gerda Taro (William M. Chardack, old friend, who in the 60s implanted the first pacemaker, Ruth Cerf, a friend through whom he met the photographer with the who would later form the “brand” Robert Capa, and Georg Kuritzkes, former lover and later FAO official) and who, years after his death (1960, 1938 and 1960), describe his relationship with the photographer, as well as his general impressions about the time they lived. And there is the problem, perhaps in the somewhat confusing and disorderly way that the writer has to describe those years, interesting without a doubt. During excessive pages, I found something lost among the wide gallery of characters, with changing names and nicknames, that parade through the work. A pity, because the biography of Gerda Taro deserves a less confusing treatment. Maybe the author’s form does not connect with the reader, at least with me she has not.

If a photograph also speaks of who has made it, they can not stop reflecting to their authors the two snapshots of a couple in which it was so easy to look at themselves. In the photo of Taro, the man and the woman share the same space at the same time, united by the laughter that is released in the air, in a composition so harmonious that it exalts, by contrast, an overflowing energy. La Capa’s photo places the woman in the center, extolling her physical attractiveness, but as she leans toward her partner and from the perspective of her radiant gaze.

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