Larga Vida A La Socialdemocracia — Borja Barragué / Long Live Social Democracy! by Borja Barragué (spanish book edition)

Un interesante breve libro. La combinación de factores coyunturales —crisis económica y de refugiados, políticas de austeridad— y otros más estructurales —globalización, cambio tecnológico, inmigración, declive de la filiación sindical— ha reducido la base electoral de la socialdemocracia a valores mínimos desconocidos en los últimos cien años.
El fantasma de la pasokización —que se inició en Grecia en 2009 y prosiguió en 2015 cuando, tras décadas en el poder, el partido socialista griego Pasok fue prácticamente reemplazado por la coalición radical de izquierdas Syriza— tuvo otros dos episodios en 2017, con la práctica desaparición del Partido Socialista francés, que perdió un 22,2 % de los votos respecto a las anteriores elecciones, y el Partido Laborista holandés, que cayó un 19,1 %.
Junto al de la pasokización de la socialdemocracia, el otro fantasma que recorre Europa es el auge de la ultraderecha autoritaria. La socialdemocracia, un proyecto político articulado en torno a los valores de la igualdad y la solidaridad, pasó de considerar que la pobreza y el desempleo se deben a causas estructurales —y deben ser, por tanto, una prioridad para los decisores públicos— a considerar que quien no tiene un empleo pero recibe una prestación asistencial es un parásito social. Es decir, a asumir un discurso que traslada a los pobres la responsabilidad de serlo.
En el giro redistributivo, la noción socialdemócrata de la justicia social se ha vuelto enormemente antipática para mucha gente que es (que somos) de izquierdas, porque demoniza a los usuarios de la asistencia social.

La noción contemporánea de la justicia social asume:
1. que los individuos tenemos ciertos derechos reconocidos para perseguir nuestros proyectos de vida;
2. que entre esos derechos se encuentra el de tener una base material garantizada sobre la que construir esos proyectos;
3. que esa redistribución de recursos es realizable en la práctica, es decir, no es como tratar de enseñarle las reglas del ajedrez a nuestro gato;
4. y que el Estado, y no una asociación privada de individuos, es el responsable de imponer la redistribución que se haya decidido.

1. La caridad privada no tiene nada que ver con la noción contemporánea de la justicia social que, a diferencia de aquella, se articula como un auténtico derecho.
2. La concepción de la justicia social de Rawls rechaza la noción popular de que una sociedad justa es aquella que da a cada uno lo que se merece. Para Rawls, nuestros resultados en la vida están tan influidos por circunstancias que no hemos elegido —nuestros apellidos, nuestros genes— que dar a cada uno lo que se merece no es solo inviable, sino también injusto.
3. La visión de la sociedad justa del neoliberalismo de mercado se construye como una reacción a la concepción socialdemócrata de Rawls. Para Nozick, hablar de justicia distributiva es un error porque la pregunta sobre las exigencias de la justicia social no se responde con un patrón distributivo (de cada cual según X y a cada cual según Y), sino rastreando la historia de los títulos de propiedad de los individuos.
4. El modelo de sociedad justa de la Tercera Vía socioliberal es una síntesis de las concepciones de Rawls (igualitaria/progresista) y Nozick (libertaria/antiigualitaria). Es un ideal profundamente antipático para el igualitarismo socialdemócrata porque, al hacer un énfasis tan grande en la responsabilidad individual, termina estigmatizando (como vagos, como irresponsables) a los grupos sociales más vulnerables.

La noción socialdemócrata de la justicia social es muy exigente porque institucionaliza la solidaridad entre los ciudadanos mediante los mecanismos redistributivos típicos del Estado del bienestar. Pero estar dispuesto a pagar una cuarta parte de los ingresos individuales en impuestos exige un sentimiento de comunidad que solo confieren, por ejemplo, los hechos dramáticos como las grandes guerras. El reto para la socialdemocracia del siglo XXI radica en ser capaz de mantener los lazos de solidaridad que subyacen a su noción de la justicia social en ausencia de conflictos bélicos o catástrofes similares.

En las tres últimas décadas, el modelo de sociedad justa de la socialdemocracia se ha reducido a la redistribución fiscal; es decir, a corregir a través de los impuestos y las prestaciones sociales las desigualdades ya generadas por el mercado. ¿Qué explica que la socialdemocracia haya pasado de aspirar a igualar el capital (medios de producción, stock) a contentarse con igualar las rentas (flujos)? En otras palabras, ¿qué explica la transformación de la socialdemocracia en una teoría política sobre la distribución y no sobre la producción?
La respuesta se encuentra, en primer lugar, en los cambios económicos. A pesar de que la globalización no llegó a la agenda política hasta finales de la década de 1980.

La desigualdad en España
1) España es hoy un país más desigual que en 2007…
2) … y más desigual que la media de los países de la OCDE.
3) El aumento de la desigualdad…
a) no se debe a que la crisis haya sido un enorme negocio para la gente rica, sino a que las clases obreras se han desacoplado de la clase media;
b) es un problema para los partidos socialdemócratas, que hicieron de la igualdad política y socioeconómica uno de sus grandes objetivos.
4) Hay buenas razones, tanto morales como prácticas, para mantener la igualdad como uno de los fundamentos del proyecto socialdemócrata.

Retos:

1. El proyecto socialdemócrata se enfrenta hoy a tres grandes retos: el aumento de la desigualdad, el encanecimiento del Estado del bienestar y la ausencia de una visión política capaz de competir tanto en el campo del conflicto identitario como en el distributivo.
2. Una crítica frecuente a la socialdemocracia es que se ha agotado por no renovarla. Sin embargo, tanto los principios en que se basa como la estructura institucional que la encarna, el Estado del bienestar, han sufrido importantes reformas, aunque no siempre han tenido los efectos deseados.
3. Frente al riesgo de fuga de sus votantes hacia los partidos situados a su izquierda (los más jóvenes) y a su derecha (los más mayores), las propuestas para revitalizar la socialdemocracia insisten en dos estrategias: la vuelta a las esencias, porque en momentos de crisis conviene confiar en aquello que se ha demostrado que funciona, y los cantos chamánicos de romper con todo y empezar desde cero.
4. Los socialdemócratas deberían rechazar esas dos vías y apostar por la estrategia que se encuentra en la base de su proyecto político: el reformismo progresista.

El auge del populismo, mayoritariamente de derechas, es el acontecimiento político más destacado en la Europa del siglo XXI. Con su apoyo a los partidos tradicionales de centroderecha, ha dado el golpe de gracia a la socialdemocracia en muchos países. Los sistemas de partidos de la mayoría de los Estados europeos se han transformado, desplazándose hacia la derecha. ¿Por qué? Todo apunta a la crisis de 2008. Sin negar la influencia de la crisis, esta actuó simplemente como el detonante de una frustración latente que ya se encontraba ahí antes. No fue tanto la causa del creciente enfado de los votantes como su desencadenante. La causa profunda se encuentra en la frustración provocada por un cambio tecnológico que está tomándose su tiempo en llegar hasta los salarios. La agenda política está dominada por un discurso antiinternacionalista, nativista, antiinmigración y, en algunos casos, xenófobo. Ese discurso populista apela a muchas de las preocupaciones del electorado tradicional de la socialdemocracia… pero sin ella. Defender las políticas predistributivas no implica abandonar la vía redistributiva porque no son estrategias alternativas, sino complementarias. La predistribución no es una carga de profundidad para hundir el Estado del bienestar. Su enfoque impulsa el igualitarismo político en un contexto en el que, debido a los cambios demográficos, políticos y económicos que acompañan a la cuarta revolución industrial, la socialdemocracia que aspira (únicamente) a corregir los resultados del mercado se enfrenta a fuertes restricciones. Es una forma, en definitiva, de actualizar la agenda socialdemócrata al siglo XXI.

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An interesting brief book. The combination of conjunctural factors – economic and refugee crises, austerity policies – and other more structural ones – globalization, technological change, immigration, decline in union membership – has reduced the electoral base of social democracy to minimum values unknown in the last hundred years. years.
The phantasm of passage-which began in Greece in 2009 and continued in 2015 when, after decades in power, the Greek socialist party Pasok was virtually replaced by the left-wing radical coalition Syriza-had two other episodes in 2017, with the The disappearance of the French Socialist Party, which lost 22.2% of the votes compared to the previous elections, and the Dutch Labor Party, which fell by 19.1%.
Along with the passage of the social democracy, the other ghost that runs through Europe is the rise of the authoritarian extreme right. Social democracy, a political project articulated around the values of equality and solidarity, went from considering that poverty and unemployment are due to structural causes – and should therefore be a priority for public decision-makers – to consider that who does not have a job but receives a welfare benefit is a social parasite. That is, to assume a discourse that transfers the responsibility of being poor to the poor.
In the redistributive turn, the social democratic notion of social justice has become enormously unpleasant for many people who are (that we are) of the left, because it demonizes the users of social assistance.

The contemporary notion of social justice assumes:
1. that individuals have certain recognized rights to pursue our life projects;
2. that among those rights is to have a guaranteed material base on which to build those projects;
3. that this redistribution of resources is realizable in practice, that is, it is not like trying to teach the chess rules to our cat;
4. and that the State, and not a private association of individuals, is responsible for imposing the redistribution that has been decided.

1. Private charity has nothing to do with the contemporary notion of social justice that, unlike that, is articulated as a true right.
2. Rawls’s conception of social justice rejects the popular notion that a just society is one that gives each one what he deserves. For Rawls, our results in life are so in fl uenced by circumstances that we have not chosen -our surnames, our genes- that giving each one what he deserves is not only unviable, but also unfair.
3. The vision of the just society of market neoliberalism is constructed as a reaction to Rawls’s social-democratic conception. For Nozick, to speak of distributive justice is an error because the question about the demands of social justice is not answered with a distributive pattern (of each according to X and to each according to Y), but by tracing the history of the property titles of the individuals.
4. The model of the just society of the Third Socioliberal Way is a synthesis of the conceptions of Rawls (egalitarian / progressive) and Nozick (libertarian / anti-equality). It is a deeply unfriendly ideal for social democratic egalitarianism because, by placing such a strong emphasis on individual responsibility, it ends up stigmatizing (as vague, as irresponsible) the most vulnerable social groups.

The social democratic notion of social justice is very demanding because it institutionalizes solidarity among citizens through the redistributive mechanisms typical of the welfare state. But being willing to pay a quarter of individual income in taxes requires a sense of community that only confers, for example, dramatic events such as major wars. The challenge for the social democracy of the 21st century lies in being able to maintain the bonds of solidarity that underlie its notion of social justice in the absence of warlike conflicts or similar catastrophes.

In the last three decades, the model of the just society of social democracy has been reduced to the redistribution of taxes; that is, to correct the inequalities already generated by the market through taxes and social benefits. What explains that social democracy has gone from aspiring to equating capital (means of production, stock) to contenting itself with equating rents (flows)? In other words, what explains the transformation of social democracy into a political theory about distribution and not about production?
The answer lies, first, in the economic changes. In spite of the fact that globalization did not reach the political agenda until the end of the 1980s.

Inequality in Spain
1) Spain is today a more unequal country than in 2007 …
2) … and more unequal than the average of the OECD countries.
3) The increase in inequality …
a) it is not because the crisis has been a huge business for rich people, but because the working classes have decoupled from the middle class;
b) it is a problem for the social democratic parties, which made political and socioeconomic equality one of their great objectives.
4) There are good reasons, both moral and practical, to maintain equality as one of the foundations of the social democratic project.

Challenges:

1. The social democratic project faces three major challenges today: the increase in inequality, the graying of the welfare state and the absence of a political vision capable of competing both in the field of identity conflict and in distributive conflict.
2. A frequent criticism of social democracy is that it has been exhausted by not renewing it. However, both the principles on which it is based and the institutional structure that embodies it, the welfare state, have undergone important reforms, although they have not always had the desired effects.
3. Faced with the risk of their voters fleeing to the parties to their left (the youngest ones) and to their right (the older ones), the proposals to revitalize the social democracy insist on two strategies: the return to the essences, because in moments of crisis it is convenient to trust in what has been shown to work, and the shamanic chants to break everything and start from scratch.
4. The Social Democrats should reject these two ways and bet on the strategy that is at the base of their political project: progressive reformism.

The rise of populism, mostly of the right, is the most prominent political event in 21st century Europe. With its support for the traditional center-right parties, it has given the coup de grace to the social democracy in many countries. The party systems of most European states have been transformed, moving to the right. Why? Everything points to the crisis of 2008. Without denying the in fl uence of the crisis, it acted simply as the trigger for a latent frustration that was already there before. It was not so much the cause of the growing anger of the voters as their trigger. The root cause lies in the frustration caused by a technological change that is taking its time to get to salaries. The political agenda is dominated by an anti-internationalist, nativist, anti-immigration and, in some cases, xenophobic discourse. That populist discourse appeals to many of the concerns of the traditional electorate of social democracy … but without it. Defending predistributive policies does not mean abandoning the redistributive path because they are not alternative strategies, but complementary ones. The predistribution is not a burden of depth to sink the welfare state. Its approach promotes political egalitarianism in a context in which, due to the demographic, political and economic changes that accompany the fourth industrial revolution, social democracy that aims (only) to correct the results of the market faces strong restrictions. It is a way, in short, to update the social democratic agenda to the 21st century.

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