Humanos: Una Breve Historia De Como La Hemos Pifiado — Tom Phillips / Humans: A Brief History of How We Fucked It All Up by Tom Phillips

La pista está en el título: esta es realmente una breve historia de la civilización humana, un recorrido de parada de silbidos a través de algunos de los errores más hilarantemente tontos que la gente ha cometido a lo largo de los siglos. Tom Phillips escribe en un estilo de conversación fácil y nunca se esfuerza por minuciar puntos, produciendo un libro muy legible que debería tener un atractivo masivo. Hay varias críticas en contra del clima político actual, por lo que es posible que el libro no envejezca particularmente bien, sin embargo, esto no le quita la diversión provista en las narraciones históricas. Los fanáticos de Historias Horrorosas apreciarán el hecho de que haya tomado los errores estúpidos antes mencionados, y la teoría del efecto mariposa está bastante de acuerdo, ya que casi todos estos errores crearon cambios sísmicos involuntarios, algunos de los cuales aún resuenan en la actualidad. Lamentablemente, algunos de estos son más impactantes que divertidos, pero el propio Phillips lo reconoce y señala la fatalidad y la tristeza de manera apropiada.

Humanos es un libro del que aprenderás mucha información nueva, y no solo eso, sino que lo que aprendes es interesante y atractivo, aunque un poco deprimente. Para crear un contraste entre la oscuridad de la mayoría de lo que se nos dice, Phillips agrega humor que aligera un poco el estado de ánimo. El estilo de escritura es fácilmente legible y fluye sin problemas de un punto a otro. Esta es una no ficción tan original, y parece que el autor ha realizado una extensa investigación para encontrar estas historias únicas que no he encontrado en ningún otro libro anterior a este. Cada una de las historias es tan variada e intrigante que sigo pensando en algunas de ellas, incluso mucho después de haber pasado la página final. ¡Van desde historias sobre los fracasos de nuestros primeros antepasados hasta las que estamos haciendo actualmente!
Vale la pena mencionarlo, especialmente para los aficionados a la historia y aquellos que disfrutan de las historias correctas en los hechos que nos enseñan lecciones valiosas sobre cuán falibles somos realmente como especie. Sin embargo, si aprendemos de ellos o no es una cuestión completamente diferente y, como lo ilustra este libro, no siempre es tan fácil o en blanco y negro como parece.

CINCO DE LOS CASOS DE HISTERIA COLECTIVA MÁS RAROS DE LA HISTORIA
1. Coreomanías
Entre los siglos XIV y XVII, fueron habituales en gran parte de Europa unos raptos colectivos e inexplicables de furor bailongo incontrolable, que llegaban a implicar a miles de personas. Nadie sabe muy bien por qué.
2. Envenenamiento de pozos
Por esa misma época, también fueron frecuentes las olas de pánico por falsos rumores de que se estaban envenenando los pozos; normalmente, se culpaba a los judíos. A veces, la histeria colectiva llevaba a grandes disturbios y a que se prendiera fuego a las juderías.
3. Robo de penes
Se han dado por todo el mundo brotes de pánico debido a que supuestas fuerzas malignas estaban robando o encogiendo el pene de los hombres; se echaba la culpa a las brujas en la Europa medieval, a comida envenenada en Asia o a hechiceros en África.
4. Epidemias de risa
Desde la década de 1960, se han producido epidemias de risa incontenible en muchas escuelas de África; el caso más famoso se dio en Tanzania en 1962: duró un año y medio, y obligó al cierre temporal de las escuelas.
5. La histeria roja
Un clásico «pánico moral» fue la ola de histeria anticomunista que asoló Estados Unidos en las décadas de 1940 y 1950, cuando medios de comunicación y políticos populistas difundieron la creencia exagerada de que había agentes comunistas infiltrados en todos los rincones de la sociedad estadounidense.

SIETE MARAVILLAS QUE YA NO VERÁS, PORQUE EL SER HUMANO SE LAS CARGÓ
1. El Partenón
Una de las joyas de la Antigua Grecia, hasta que en 1687 la usaron los otomanos como polvorín durante una guerra con Venecia. Luego, un disparo afortunado de un veneciano y adiós, Partenón.
2. El templo de Artemisa
Se contaba entre las siete maravillas del mundo antiguo, hasta que en 356 a. C. un tipo llamado Eróstrato lo quemó por puro afán de notoriedad.
3. Lago Boeung Kak
Era el lago más grande y hermoso de la capital de Camboya, Nom Pen, hasta que decidieron rellenarlo de arena para edificar apartamentos de lujo encima. Ahora es un charco.
4. Budas de Bāmiyān
Las soberbias estatuas del Buda Gautama en Afganistán central, de más de treinta metros de alto, fueron demolidas por los talibanes en 2001 porque eran «ídolos». ¡Manda narices!
5. Nohmul
Una gran pirámide maya —las ruinas mayas más importantes de Belice— fue derruida en 2013 por empresas constructoras porque querían gravilla para la construcción de carreteras en sus cercanías.
6. Río Slims
Un río enorme en el territorio canadiense de Yukón que en 2017 se esfumó por completo en tan solo cuatro días, al menguar el glaciar que lo alimentaba a causa del cambio climático.
7. El árbol de Teneré
Conocido por ser el árbol más aislado del planeta, solo en medio del desierto del Sáhara…, hasta 1973, año en que, pese a que era el único árbol en cuatrocientos kilómetros a la redonda, un conductor borracho se las apañó para estampar contra él su camioneta.

El relato más verosímil sobre el origen del perro es que los lobos, sencillamente, empezaron a seguir a los humanos en su trashumar, porque ellos tenían comida y tendían a tirar las sobras. Con el tiempo, esos lobos fueron adaptándose más y más a la convivencia con el hombre; entre tanto, los hombres cayeron poco a poco en la cuenta de que tener viviendo con ellos un puñado de lobos amigables resultaba, de hecho, bastante útil como protección y a la hora de salir de caza; y encima eran peludos y suaves… El problema de los conejos de Australia es uno de los ejemplos más fantásticos de algo en lo que solo hemos caído con mucho retraso: los ecosistemas son algo endiabladamente complejo, y si se les mete mano hay que apechugar con las consecuencias. Animales y plantas no van a seguir nuestras reglas si decidimos, como quien no quiere la cosa, trasladarlos de un sitio a otro.

CINCO ESPECIES MÁS QUE INTRODUJIMOS DONDE NO DEBÍAN ESTAR
1. El gato
A todo el mundo le gustan los gatos. Salvo en Nueva Zelanda, donde no había ningún mamífero depredador hasta que los llevamos nosotros… Lo que fue una mala noticia para las especies locales, y en especial para el kakapo, un tipo de loro rechoncho que no vuela.
2. El sapo de caña
Al igual que el conejo, el sapo de caña fue introducido en Australia con la mejor intención; en este caso, para que se comiera al escarabajo de la caña, una plaga. El escarabajo de la caña no se lo comió, pero sí prácticamente todo lo demás.
3. La ardilla gris
Cuando se introdujo en Gran Bretaña e Irlanda la ardilla gris americana, no tardó nada en ponerse a mangonear y a avasallar a la ardilla roja nativa, hasta llevarla al borde de la extinción.
4. El mosquito tigre asiático
Esta especie de mosquito, particularmente molesta y potencialmente transmisora de enfermedades (a diferencia de muchas otras especies, se alimenta a todas horas), destaca por la facilidad con que ha saltado de continente a continente. A América llegó en 1985, en un cargamento de neumáticos usados procedente de Japón.
5. El pez cabeza de serpiente del norte
Mira, si vas a introducir una especie asiática en América, casi mejor que no sea un voraz pez carnívoro capaz de desplazarse por tierra y sobrevivir varios días fuera del agua, ¿no? Son ganas de buscarse problemas.

CINCO LÍDERES MÁS A LOS QUE, LA VERDAD, NUNCA SE DEBIÓ PONER AL MANDO DE NADA
1. El káiser Guillermo II
Guillermo II de Alemania se tenía por un maestro de la negociación con un tacto diplomático impagable. En realidad, su único don era insultar poco menos que a cualquier otro país con el que entrara en contacto, lo que quizá contribuya a explicar cómo estalló la Primera Guerra Mundial.
2. Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia
No fue el peor rey de la historia (unificó las coronas de Escocia, Inglaterra e Irlanda, y encargó una gran traducción de la Biblia), pero estaba obsesionado con la caza de brujas, hasta el extremo de supervisar personalmente las torturas a las acusadas y escribir un libro sobre sus éxitos en ese terreno.
3. Cristián VII
Cristián VII de Dinamarca fue un rey penoso en muchos sentidos, pero es muy posible que el aspecto menos majestuoso de su conducta fuera su inclinación obsesiva e incontrolable a la masturbación.
4. El zar Pedro III
Lo que realmente le interesaban eran los soldaditos de plomo. No consumó su matrimonio con Catalina (llamada la Grande más adelante, después de que depusiera a su marido) porque estaba demasiado ocupado jugando con ellos, y en cierta ocasión sometió a una rata a un consejo de guerra, tras sorprenderla mordisqueando uno de sus juguetes.
5. Carlos IV
El triste reinado de Carlos IV de Francia —célebre sobre todo por su convicción delirante de que estaba hecho de cristal y podía hacerse añicos en cualquier momento— finalizó poco después de que los ingleses le persuadieran para firmar un tratado por el que se declaraba a la dinastía británica heredera del trono francés, con lo que básicamente se aseguró varios siglos de guerras.

SEIS POLÍTICAS GUBERNAMENTALES QUE NO SALIERON BIEN
1. El poll tax
Las grandes lumbreras del Gobierno de Margaret Thatcher concibieron lo que creían que era un impuesto más justo: uno con el que todo el mundo, fuera rico o pobre, pagaba lo mismo. Dio pie a un impago generalizado, a disturbios a gran escala y, finalmente, a la dimisión forzada de Thatcher.
2. La prohibición
El empeño de Estados Unidos en prohibir el consumo de alcohol entre 1920 y 1933 consiguió que bebiera menos gente, pero también permitió que el crimen organizado monopolizara la industria del alcohol y que en muchos lugares se disparara la criminalidad.
3. El efecto cobra
Como medida de control de plagas, el Gobierno británico ofreció una recompensa por cada cobra muerta. Con lo que la gente se puso a criar cobras para reclamar la recompensa. Con lo que el Gobierno canceló la oferta. Con lo que la gente dejó sueltas sus cobras, ya sin valor. El resultado: más cobras.
4. La Ley Smoot-Hawley de aranceles
Cuando, en 1930, la Gran Depresión empezó a hacer mella, el Gobierno estadounidense introdujo gravosos aranceles a las importaciones en un intento de apoyar a la industria nacional. Lo que consiguió, en cambio, fue desatar una guerra de aranceles que no hizo sino agravar la depresión mundial.
5. Los huérfanos de Duplessis
En las décadas de 1940 y 1950, el Gobierno quebequés de Maurice Duplessis ofreció a las organizaciones eclesiásticas subsidios por el cuidado tanto de huérfanos como de enfermos mentales. Pero las ayudas psiquiátricas eran el doble que las de orfandad, por lo que a miles de huérfanos se les diagnosticaron fraudulentamente enfermedades mentales.
6. Hoy no Circula
En 1989, la Ciudad de México intentó reducir la contaminación atmosférica prohibiendo la circulación de coches particulares en ciertos días. Por desgracia, en vez de coger el autobús, la gente prefirió comprarse más coches, para tener siempre alguno que pudiera conducir legalmente.

SEIS DE LAS GUERRAS MÁS ABSURDAS DE LA HISTORIA
1. La Guerra del Cubo de Roble
Se calcula que murieron unas veinte mil personas en esta guerra de 1325 entre las ciudades Estado italianas de Módena y Bolonia, que estalló porque unos soldados modeneses robaron el cubo de un pozo boloñés. Ganó Módena, y lo primero que hicieron fue robar otro cubo.
2. La Guerra Anglo-zanzibariana
La más corta de la historia: duró tres cuartos de hora. Un sultán de Zanzíbar que no contaba con las simpatías de Gran Bretaña reclamó el trono y se parapetó en el palacio. Los británicos procedieron a tirotear este durante un total de treinta y ocho minutos, hasta que el pretendiente huyó.
3. La Guerra del Fútbol
En 1969, tensiones entre El Salvador y Honduras que llevaban tiempo fraguándose desembocaron en una guerra abierta; el detonante fue en gran medida la violencia desatada durante unos partidos de clasificación para el Mundial de Fútbol entre las selecciones de ambos países (la clasificación la ganó El Salvador; la guerra quedó en tablas).
4. La Guerra del Asiento
Fue una guerra entre Gran Bretaña y España que se prolongó más de una década y costó decenas de miles de vidas. Comenzó porque, en 1731, un puñado de corsarios españoles le cortaron una oreja a un capitán de la Armada británica (por eso, en la historiografía anglosajona se la conoce como
Guerra de la Oreja de Jenkins). Para cuando concluyó el conflicto, ya se había extendido dando pie a la Guerra de Sucesión austriaca, en la que se vieron implicados la práctica totalidad de los principales países europeos.
5. La Rebelión del Orinal
Robert Curthose era el primogénito de Guillermo el Conquistador; al chico le dio por promover abiertamente una rebelión contra su padre al entender que este no había castigado con la debida severidad a sus dos hijos menores después de que volcaran un orinal lleno sobre la cabeza de Robert.
6. La Guerra del Escabel de Oro
Esta guerra entre el Imperio británico y el pueblo asante de África occidental estalló por un berrinche del gobernador británico a propósito de la «vulgar silla» que se le ofreció. Él exigió sentarse en el escabel de oro, un trono sagrado en el que a nadie le estaba permitido sentarse. Los británicos ganaron la guerra, pero el gobernador nunca llegó a sentar sus posaderas en el escabel.

Paterson, no todas sus visiones fueron calamitosas. De hecho, una de ellas ha perdurado hasta hoy: en 1691, fue el primero en proponer la creación del Banco de Inglaterra, y luego, en 1964, fue uno de sus cofundadores (por si alguien se está haciendo preguntas: un año después de que un escocés fundara el Banco de Inglaterra, un inglés fundó el Banco de Escocia). En más de un sentido, Paterson intuyó mucho antes que nadie la forma en que los perfiles del comercio globalizado iban a conformar el mundo en que hoy vivimos. Pero era a la vez optimista («el comercio tiene la capacidad de aumentar el comercio, y el dinero, la de generar dinero hasta en el fin del mundo», dejó escrito) y sumamente obstinado. Su actitud consiguió irritar a sus compañeros de la dirección del Banco de Inglaterra lo bastante para verse forzado a dimitir de la junta al cabo de menos de un año desde su fundación.
Así las cosas, Paterson retomó la idea que le venía rondando, hasta convertirse casi en obsesión, desde hacía muchos años: una colonia en Darién, la costa oriental del istmo de Panamá. En total, habían salido de Escocia con rumbo a Darién del orden de tres mil personas. Se estima que entre mil quinientas y dos mil murieron, ya fuera en la bahía de Caledonia o en el mar. Muchos de los supervivientes jamás regresaron a Escocia.
De vuelta en Edimburgo, el fracaso del plan levantó oleadas de conmoción, conforme la noticia se iba difundiendo a lo largo de 1700. En un clima político recién polarizado, el asunto se convirtió en un partido de fútbol ideológico, con reacciones divididas entre quienes culpaban a los directores de la Compañía por su ignominioso fiasco y quienes responsabilizaban a los pérfidos ingleses por su interferencia. Se produjeron tumultos en Edimburgo en apoyo de la Compañía.

CINCO EXPLORADORES CUYAS EXPLORACIONES FRACASARON
1. Louis-Antoine de Bougainville
Explorador que, aunque se convirtió en el primer francés que circunnavegó el globo, dio media vuelta al llegar a la Gran Barrera de Coral y se quedó sin descubrir Australia.
2. John Evans
Este explorador galés pasó cinco años de la década de 1790 buscando una tribu galesa perdida en América, durante los que fue hecho prisionero por los españoles, acusado de espionaje, antes de encontrar al fin a aquella tribu —los mandan— y descubrir que no eran galeses.
3. Vilhjalmur Stefansson
Explorador canadiense que, convencido de que el Ártico era en realidad un lugar de lo más acogedor, encabezó una expedición allí en 1913. Cuando su barco quedó encallado en el hielo, dijo a sus hombres que se iba al mando de una pequeña patrulla a encontrar comida, para acto seguido abandonarlos sin pensárselo dos veces.
4. Lewis Lasseter
En 1930, Lasseter encabezó una patrulla de búsqueda por el desierto central australiano para dar con un vasto filón de oro puro que aseguraba haber encontrado unos años antes. Un filón por lo demás inexistente. Al final, sus hombres le abandonaron, luego se le escaparon los camellos mientras hacía sus necesidades, y murió.
5. S. A. Andrée
A Salomon Andrée, ingeniero y aventurero sueco, se le ocurrió la genial idea de llegar al Polo Norte en un globo de hidrógeno… y para allá que se fue, por más que el globo perdiera gas. Él y su tripulación murieron en algún lugar del Ártico.

CUATRO FRACASOS ESPECTACULARES DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES
1. Atahualpa
En 1532, este líder supremo de los incas cometió un error similar al de Moctezuma ante la incursión de los españoles, solo que él lo perfeccionó emborrachándose antes de acudir a su encuentro y conduciendo a sus tropas a una trampa muy evidente.
2. Vortigern
Gobernante británico del siglo V que, al carecer de defensas frente a los pictos tras la retirada de los romanos, invitó supuestamente a mercenarios sajones a quedarse en Bretaña y combatir para él. Los sajones decidieron que preferían asumir el poder.
3. Francisco Solano López
Líder paraguayo que se las apañó para liar a su relativamente pequeño país en una guerra con los mucho más grandes Brasil, Argentina y Uruguay. Se estima que murió más de la mitad de la población de Paraguay.
4. El telegrama de Zimmermann
En 1917, Alemania envió secretamente un telegrama a México ofreciéndole una alianza militar en caso de que Estados Unidos entrara en la Primera Guerra Mundial, y prometiéndole a cambio Texas, Nuevo México y Arizona. Cuando los británicos lo interceptaron, solo sirvió para animar a los norteamericanos a intervenir en el conflicto (y a México ni siquiera le interesaba.

SEIS CIENTÍFICOS A LOS QUE MATÓ SU PROPIA CIENCIA
1. Jesse William Lazear
El médico estadounidense Jesse William Lazear demostró sin ningún género de dudas que la fiebre amarilla se transmitía a través de los mosquitos…, permitiendo que le picara un insecto portador del virus. Murió, demostrando que su teoría era cierta.
2. Franz Reichelt
Sastre franco-austriaco que en 1912 intentó, muy confiado, probar su nuevo y sofisticado traje-paracaídas saltando de la Torre Eiffel con él puesto (se suponía que lo iba a hacer con un maniquí). Se precipitó a su muerte.
3. Daniel Alcides Carrión García
Carrión, un estudiante de Medicina peruano, estaba decidido a investigar la enfermedad de Carrión. Claro, que entonces no se llamaba enfermedad de Carrión. Se le dio ese nombre después de que Daniel Alcides se inoculara sangre extraída de las verrugas de una víctima y muriera.
4. Edwin Katskee
En 1936, este médico quiso saber por qué la cocaína —que por aquel entonces se utilizaba como anestésico— tenía efectos secundarios negativos. Se inyectó una dosis de caballo, se pasó la noche garabateando notas en las paredes de su despacho con letra cada vez más ilegible y se murió.
5. Carl Wilhelm Scheele
Scheele fue un químico sueco genial que descubrió muchos elementos (incluidos el oxígeno, el bario y el cloro), pero tenía la costumbre de probar a qué sabía cada uno de sus descubrimientos. Murió en 1786 por exposición a sustancias entre las que se identificaron plomo, ácido fluorhídrico y arsénico.
6. Clement Vallandigham
Abogado que fue pionero de una forma temprana de ciencia forense. Cuando defendía a un acusado de asesinato, demostró que la presunta víctima podía haberse disparado él mismo accidentalmente… disparándose él mismo accidentalmente. Murió, pero su cliente fue declarado no culpable.

El mundo moderno es —seamos sinceros— un lugar confuso. Vivimos una época en la que los cambios tecnológicos y sociales se suceden a velocidad vertiginosa. Pueden producirse vuelcos drásticos en la forma en que vivimos en el intervalo de una generación, o de una década, o a veces en menos de un año. Todo parece renovarse constantemente: y sin embargo, al mismo tiempo, es difícil sustraerse a la sensación de que no hacemos sino repetir los errores de nuestro pasado con una frecuencia cada vez mayor. Una y otra vez, fracasamos a la hora de verlas venir. El 7 de mayo de 2016, poco menos de siglo y medio después de que Mary Ward saliera a dar una vuelta en coche una fatídica mañana de verano, un hombre llamado Joshua Brown iba en su Tesla Model S por una carretera cerca de Williston, en Florida, en modo de conducción automática. Una investigación posterior concluiría que en los treinta y siete minutos que duró su viaje tan solo tuvo las manos en el volante durante veinticinco segundos; confiaba en que el software del coche controlara el vehículo el resto del tiempo. Cuando un camión se incorporó a la carretera, ni Brown ni el software lo advirtieron, y el coche se estampó contra el camión.
Joshua Brown se convirtió en la primera persona en morir en accidente de coche autónomo. Bienvenidos al futuro.

En abril de 2018 se anunciaba en Australia un acuerdo para reabrir una central eléctrica de carbón que se había cerrado un tiempo antes. Era algo insólito por razones obvias (en un momento en que el mundo intenta dejar atrás gradualmente los combustibles fósiles causantes del cambio climático), pero más insólito aún por la motivación básica de la reapertura. Era suministrar energía barata a una compañía de minería de criptomoneda.
El bitcóin es la más conocida de las criptomonedas, pero forman todo un ecosistema en expansión, ya que las empresas no dejan de lanzar más a un ritmo aparentemente exponencial, con la esperanza de sacar tajada en la loca refriega por el dinero digital. Estas monedas no son objeto de minería en el sentido en que lo es, por ejemplo, el oro. No son más que trocitos de código digital, basadas en su mayoría en algo llamado tecnología blockchain («cadena de bloques» o «cadena articulada»), en que cada moneda virtual no es solo un objeto con un valor simbólico, sino también un registro contable de su propio historial de transacciones. La potencia computacional necesaria para crearlas, para empezar, y para procesar su cada vez más complejo registro de transacciones es considerable, y, como tal, chupa electricidad a un ritmo escalofriante, tanto para gestionar los centros de datos, cada vez más grandes, consagrados a la criptominería, como para enfriarlos cuando se calientan en exceso.

Vamos hacia el síndrome de Kessler. Lo predijo el científico de la NASA Donald Kessler allá por 1978, lo que no nos ha impedido abandonar nuestros deshechos en el espacio. El problema es que cuando dejas las cosas en órbita tampoco se van a ningún sitio. No es como tirar una bolsa de patatas fritas por la ventanilla del coche y olvidarse de ella directamente: la basura espacial sigue orbitando a más o menos la misma velocidad y en la misma trayectoria que los artefactos desde los que la tiramos. Y a veces chocará con otros fragmentos de basura.
Lo malo de esto es que, debido a la velocidad a la que se mueven los objetos en órbita, esas colisiones se vuelven increíblemente destructivas. Una sola colisión con el más mínimo trozo de material puede resultar catastrófica y destruir satélites o estaciones espaciales. Lo que predijo Kessler es que con el tiempo el espacio acabará tan abarrotado que ese proceso alcanzará un punto crítico en que cada colisión provocará más y más colisiones, hasta que el planeta esté totalmente envuelto en una nube de misiles de basura chocando a velocidades astronómicas. Resultado: los satélites quedan inutilizados y salir al espacio se convierte en un riesgo mortal. Podríamos vernos confinados en la Tierra sin remedio.

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The clue is in the title – this really is a brief history of human civilisation, a whistle stop tour through some of the more hilariously daft mistakes folk have made throughout the ages. Tom Phillips writes in an easy, conversational style and never labours over minute points, producing a very readable book that should have mass appeal. There are several tongue-in-cheek digs at the current political climate, so the book may not age particularly well, however, this doesn’t take away from the fun provided in the historical narratives. Fans of Horrible Histories will appreciate the mickey taking of aforementioned stupid mistakes, and there is quite a nod to the butterfly effect theory, as almost all of these mistakes created unintended seismic changes, some of which still resonate today. Sadly, some of these are more shocking than funny, but Phillips himself acknowledges this and signals the doom and gloom appropriately.

Humans is a book you will learn lots of new information from, and not only that but what you do learn is interesting and engaging, albeit a little depressing. To create a contrast between the darkness of most of what we are told, Phillips adds humour which lightens the mood somewhat. The style of writing is eminently readable and flows smoothly from one point to the next without trouble. This is such original non-fiction, and it appears the author has carried out extensive research to find these unique stories that I have not encountered in any other books previous to this. Each of the stories are varied and intriguing enough that I am still thinking about some of them, even long after I turned the final page. They range from stories about the fails of our earliest ancestors right through to ones we are currently making right now!
Well worth picking up, especially for history buffs and those who enjoy factually correct stories that teach us valuable lessons about how fallible we really are as a species. However, whether we learn from them or not is a different matter entirely and as this book illustrates, it’s not always as easy or black and white as it seems.

FIVE OF THE MOST RARE COLLECTIVE HISTERIA CASES OF HISTORY
1. Coreomaniacs
Between the fourteenth and seventeenth centuries, collective and inexplicable rapes of uncontrollable bailongo rage were common throughout much of Europe, involving thousands of people. No one knows very well why.
2. Poisoning of wells
Around that same time, waves of panic were also frequent because of false rumors that the wells were being poisoned; Normally, the Jews were blamed. Sometimes, mass hysteria led to great disturbances and the setting of fire to the Jewish quarters.
3. Theft of penises
There have been outbreaks of panic all over the world because supposedly evil forces were stealing or shrinking men’s penises; the witches were blamed in medieval Europe, food poisoned in Asia or sorcerers in Africa.
4. Laughter epidemics
Since the 1960s, there have been epidemics of uncontrollable laughter in many schools in Africa; the most famous case occurred in Tanzania in 1962: it lasted a year and a half, and forced the temporary closure of schools.
5. Red hysteria
A classic “moral panic” was the wave of anti-Communist hysteria that ravaged the United States in the 1940s and 1950s, when media and populist politicians spread the exaggerated belief that communist agents were infiltrating every corner of American society.

SEVEN WONDERS THAT YOU WILL NOT SEE, BECAUSE THE HUMAN BEING LOADED THEM
1. The Parthenon
One of the jewels of Ancient Greece, until in 1687 the Ottomans used it as a powder keg during a war with Venice. Then, a lucky shot of a Venetian and goodbye, Parthenon.
2. The Temple of Artemis
It was counted among the seven wonders of the ancient world, until in 356 a. C. a guy named Eróstrato burned it out of pure desire for notoriety.
3. Lake Boeung Kak
It was the largest and most beautiful lake in the capital of Cambodia, Phnom Penh, until they decided to fill it with sand to build luxury apartments on top. Now it’s a puddle.
4. Bāmiyān Buddhas
The superb statues of the Gautama Buddha in central Afghanistan, more than thirty meters high, were demolished by the Taliban in 2001 because they were “idols.” Send noses!
5. Nohmul
A large Mayan pyramid – the most important Mayan ruins in Belize – was demolished in 2013 by construction companies because they wanted gravel for the construction of roads in its vicinity.
6. Slims River
A huge river in the Canadian Yukon territory that in 2017 completely vanished in just four days, with the glacier that fed it because of climate change dwindling.
7. The Ténéré tree
Known to be the most isolated tree on the planet, only in the middle of the Sahara desert …, until 1973, year in which, despite being the only tree in four hundred kilometers around, a drunk driver managed to stamp against him his truck.

The most plausible story about the origin of the dog is that the wolves simply began to follow the humans in their transhumation, because they had food and tended to throw away the leftovers. Over time, these wolves were adapting more and more to coexistence with man; meanwhile, the men fell little by little in the account of which to have living with them a handful of friendly wolves was, in fact, quite useful like protection and at the time of leaving hunting; and on top of that they were hairy and soft … The rabbit problem in Australia is one of the most fantastic examples of something that we have only fallen into with a lot of delay: the ecosystems are something devilishly complex, and if you put them in hand you have to apechugar with the consequences. Animals and plants are not going to follow our rules if we decide, as someone who does not want the thing, to move them from one place to another.

FIVE SPECIES MORE THAN INSERT WHERE THEY SHOULD NOT BE
1. The cat
Everyone likes cats. Except in New Zealand, where there was no predator mammal until we took them … What was bad news for local species, and especially for the Kakapo, a plump type of parrot that does not fly.
2. The cane toad
Like the rabbit, the cane toad was introduced to Australia with the best intention; in this case, to eat the cane beetle, a plague. The cane beetle did not eat it, but it did practically everything else.
3. The gray squirrel
When the American gray squirrel was introduced to Great Britain and Ireland, it did not take long for it to get busy and overwhelm the native red squirrel until it was brought to the brink of extinction.
4. The Asian tiger mosquito
This species of mosquito, particularly annoying and potentially transmitting diseases (unlike many other species, is fed at all times), noted for the ease with which it has jumped from continent to continent. America arrived in 1985, in a shipment of used tires from Japan.
5. The northern snakehead fish
Look, if you’re going to introduce an Asian species into America, it’s almost better that it’s not a voracious carnivorous fish capable of traveling by land and surviving several days out of the water, right? They are eager to look for problems.

FIVE MORE LEADERS THAN THE TRUTH, NEVER SHOULD BE PUT TO THE COMMAND OF NOTHING
1. The Kaiser Wilhelm II
Guillermo II of Germany was considered by a master of the negotiation with a priceless diplomatic tact. In fact, his only gift was insulting less than any other country he came in contact with, which may help explain how the First World War broke out.
2. James I of England and VI of Scotland
He was not the worst king in history (he unified the crowns of Scotland, England and Ireland, and commissioned a great translation of the Bible), but he was obsessed with the witch-hunt, to the point of personally supervising the torture of the accused and Write a book about your successes in that field.
3. Christian VII
Christian VII of Denmark was a painful king in many ways, but it is quite possible that the less majestic aspect of his behavior was his obsessive and uncontrollable inclination to masturbation.
4. Tsar Peter III
What really interested him were the lead soldiers. He did not consummate his marriage to Catherine (called the Great later, after he deposed her husband) because he was too busy playing with them, and once subjected a rat to a war council, after surprising her by nibbling one of his toys .
5. Charles IV
The sad reign of Charles IV of France – famous especially for his delirious conviction that it was made of glass and could be shattered at any time – ended shortly after the English persuaded him to sign a treaty declaring the British dynasty heiress of the French throne, which basically ensured several centuries of wars.

SIX GOVERNMENT POLICIES THAT DID NOT COME OUT WELL
1. The poll tax
The great luminaries of Margaret Thatcher’s government conceived what they believed to be a fairer tax: one with which the whole world, rich or poor, paid the same. It gave rise to a generalized default, to large-scale riots and, finally, to Thatcher’s forced resignation.
2. The prohibition
The United States’ commitment to prohibit alcohol consumption between 1920 and 1933 got it to drink less people, but it also allowed organized crime to monopolize the alcohol industry and in many places crime to skyrocket.
3. The effect charges
As a measure of pest control, the British Government offered a reward for each dead cobra. With what people began to raise cobras to claim the reward. With what the Government canceled the offer. With what the people let loose their cobras, already without value. The result: more cobras.
4. The Smoot-Hawley Law of Tariffs
When, in 1930, the Great Depression began to take its toll, the US government introduced burdensome tariffs on imports in an attempt to support the national industry. What it did, however, was to unleash a war of tariffs that only aggravated the world depression.
5. The orphans of Duplessis
In the 1940s and 1950s, the Quebec government of Maurice Duplessis offered ecclesiastical organizations subsidies for the care of both orphans and the mentally ill. But psychiatric aids were double those of orphans, so thousands of orphans were fraudulently diagnosed with mental illness.
6. Today does not Circulate
In 1989, Mexico City tried to reduce air pollution by prohibiting the circulation of private cars on certain days. Unfortunately, instead of taking the bus, people preferred to buy more cars, to always have one that could legally drive.

SIX OF THE MOST ABSURD WARS IN HISTORY
1. The War of the Oak Cube
It is estimated that some twenty thousand people died in this war of 1325 between the Italian state cities of Modena and Bologna, which erupted because some Modenese soldiers stole the bucket of a well Bolognese. Modena won, and the first thing they did was steal another bucket.
2. The Anglo-Zanzibar War
The shortest in history: lasted three quarters of an hour. A Sultan of Zanzibar who did not have the sympathies of Great Britain claimed the throne and parapet in the palace. The British proceeded to shoot this for a total of thirty-eight minutes, until the suitor fled.
3. The Football War
In 1969, tensions between El Salvador and Honduras that had long been fraying led to an open war; the trigger was to a great extent the violence unleashed during some qualifying matches for the World Cup between the teams of both countries (the classification was won by El Salvador, the war was in the tables).
4. The War of the Seat
It was a war between Britain and Spain that lasted more than a decade and cost tens of thousands of lives. It began because, in 1731, a handful of Spanish corsairs cut off an ear of a captain of the British Navy (that is why, in Anglo-Saxon historiography it is known as
War of the Ear of Jenkins). By the time the conflict ended, it had already spread, giving rise to the War of the Austrian Succession, in which almost all the major European countries were involved.
5. The Urinal Rebellion
Robert Curthose was the eldest son of William the Conqueror; the boy gave to openly promote a rebellion against his father to understand that he had not punished with due severity his two younger children after they overturned a full pot on Robert’s head.
6. The War of the Gold Footstool
This war between the British Empire and the Asante people of West Africa broke out due to a tantrum by the British governor about the “vulgar chair” that was offered to him. He demanded to sit on the golden footstool, a sacred throne in which no one was allowed to sit. The British won the war, but the governor never sat on the footstool.

Paterson, not all of his visions were calamitous. In fact, one of them has lasted until today: in 1691, he was the first to propose the creation of the Bank of England, and then, in 1964, he was one of its co-founders (in case someone is asking questions: one year after that a Scot founded the Bank of England, an Englishman founded the Bank of Scotland). In more ways than one, Paterson intuited much before anyone else how the profiles of globalized trade would shape the world we live in today. But he was optimistic at the same time (“trade has the capacity to increase trade, and money, to generate money even at the end of the world,” he wrote) and extremely obstinate. His attitude irritated his fellow Bank of England management enough to be forced to resign from the board less than a year after its founding.
So things, Paterson returned to the idea that had been haunting him, until becoming almost an obsession, for many years: a colony in Darién, the eastern coast of the Isthmus of Panama. In all, they had left Scotland for Darien on the order of three thousand people. It is estimated that between one thousand five hundred and two thousand died, either in the Bay of Caledonia or in the sea. Many of the survivors never returned to Scotland.
Back in Edinburgh, the failure of the plan raised waves of commotion, as the news spread throughout the 1700s. In a newly polarized political climate, the issue became an ideological football match, with divided reactions among those who blamed to the directors of the Company for their ignominious fiasco and those who blamed the English perfidious for their interference. There were riots in Edinburgh in support of the Company.

FIVE EXPLORERS WHOSE EXPLORATIONS FAILED
1. Louis-Antoine de Bougainville
Explorer who, although he became the first Frenchman to circumnavigate the globe, turned around when he arrived at the Great Barrier Reef and Australia was left undiscovered.
2. John Evans
This Welsh explorer spent five years of the 1790s looking for a Welsh tribe lost in America, during which he was taken prisoner by the Spaniards, accused of espionage, before finally finding that tribe -they command- and discovering that they were not Welsh
3. Vilhjalmur Stefansson
Canadian explorer who, convinced that the Arctic was actually a most welcoming place, led an expedition there in 1913. When his ship was stranded on the ice, he told his men that he was commanding a small patrol to find food, to immediately abandon them without thinking twice.
4. Lewis Lasseter
In 1930, Lasseter led a search patrol through the central Australian desert to find a vast vein of pure gold that he claimed to have found a few years before. An otherwise non-existent reef. In the end, his men abandoned him, then the camels escaped while he was making his needs, and he died.
5. S. A. Andrée
Salomon Andrée, engineer and Swedish adventurer, came up with the great idea of reaching the North Pole in a hydrogen balloon … and there he went, even if the balloon lost gas. He and his crew died somewhere in the Arctic.

FOUR SPECTACULAR FAILURES OF INTERNATIONAL RELATIONS
1. Atahualpa
In 1532, this supreme leader of the Incas made an error similar to that of Moctezuma in the face of the Spaniards’ incursion, only that he perfected it by getting drunk before coming to his meeting and leading his troops into a very obvious trap.
2. Vortigern
British ruler of the fifth century who, lacking defenses against the Picts after the Romans retired, allegedly invited Saxon mercenaries to stay in Britain and fight for him. The Saxons decided that they preferred to take power.
3. Francisco Solano López
Paraguayan leader who managed to get his relatively small country involved in a war with the much bigger Brazil, Argentina and Uruguay. It is estimated that more than half of Paraguay’s population died.
4. The Zimmermann telegram
In 1917, Germany secretly sent a telegram to Mexico offering a military alliance in case the United States entered the First World War, and promising in exchange Texas, New Mexico and Arizona. When the British intercepted it, it only served to encourage the Americans to intervene in the conflict (and Mexico was not even interested in it.

SIX SCIENTISTS TO THOSE WHO KILLED THEIR OWN SCIENCE
1. Jesse William Lazear
The American doctor Jesse William Lazear demonstrated without any doubt that the yellow fever was transmitted through the mosquitoes …, allowing him to sting an insect carrying the virus. He died, proving that his theory was true.
2. Franz Reichelt
Franco-Austrian tailor who in 1912 tried, very confident, to try his new and sophisticated suit-parachute jumping from the Eiffel Tower with it on (he was supposed to do it with a mannequin). He rushed to his death.
3. Daniel Alcides Carrión García
Carrión, a Peruvian medical student, was determined to investigate Carrión’s disease. Of course, it was not called Carrion’s disease then. It was given that name after Daniel Alcides inoculated blood extracted from the warts of a victim and died.
4. Edwin Katskee
In 1936, this doctor wanted to know why cocaine – which at that time was used as an anesthetic – had negative side effects. He injected himself with a dose of horse, spent the night scribbling notes on the walls of his office with increasingly illegible handwriting and died.
5. Carl Wilhelm Scheele
Scheele was a brilliant Swedish chemist who discovered many elements (including oxygen, barium, and chlorine), but he was in the habit of testing what each of his discoveries knew. He died in 1786 from exposure to substances including lead, hydrofluoric acid and arsenic.
6. Clement Vallandigham
Lawyer who pioneered an early form of forensic science. When defending a murder suspect, he showed that the alleged victim could have accidentally shot himself … accidentally shooting himself. He died, but his client was found not guilty.

The modern world is-let’s face it-a confusing place. We live in a time when technological and social changes are happening at breakneck speed. Drastic reversals can occur in the way we live in the interval of a generation, or a decade, or sometimes in less than a year. Everything seems to be constantly renewed: and yet, at the same time, it is difficult to escape the feeling that we are only repeating the mistakes of our past with increasing frequency. Again and again, we fail to see them coming. On May 7, 2016, just under a century and a half after Mary Ward went out for a drive on a fateful summer morning, a man named Joshua Brown was driving his Tesla Model S on a road near Williston, in Florida, in automatic driving mode. A subsequent investigation would conclude that in the thirty-seven minutes of his trip he only had his hands on the wheel for twenty-five seconds; He trusted that the car software would control the vehicle the rest of the time. When a truck got on the road, neither Brown nor the software noticed it, and the car slammed into the truck.
Joshua Brown became the first person to die in a car accident. Welcome to the future

In April 2018, an agreement was announced in Australia to reopen a coal-fired power plant that had been closed some time earlier. It was something unusual for obvious reasons (at a time when the world is trying to gradually leave behind the fossil fuels that cause climate change), but even more unusual because of the basic motivation of reopening. It was supplying cheap energy to a cryptocurrency mining company.
The bitcoin is the best known of cryptocurrencies, but they form an entire ecosystem in expansion, as companies do not stop throwing more at a seemingly exponential rate, with the hope of taking a cut in the crazy fight for digital money. These coins are not subject to mining in the sense that it is, for example, gold. They are nothing more than pieces of digital code, based mostly on something called blockchain technology (“block chain” or “articulated chain”), in which each virtual currency is not only an object with a symbolic value, but also a register accounting of your own transaction history. The computational power needed to create them, to begin with, and to process their increasingly complex transaction log is considerable, and, as such, it sucks electricity at a chilling rate, both to manage the increasingly large data centers, enshrined to the criptominería, like to cool them when they are heated in excess.

We are going towards Kessler’s syndrome. It was predicted by the NASA scientist Donald Kessler back in 1978, which has not prevented us from abandoning our waste in space. The problem is that when you leave things in orbit they do not go anywhere either. It is not like throwing a bag of chips through the window of the car and forget about it directly: the space debris continues to orbit at more or less the same speed and in the same path as the artifacts from which we throw it. And sometimes it will collide with other pieces of garbage.
The downside of this is that, due to the speed at which objects in orbit move, those collisions become incredibly destructive. A single collision with the slightest piece of material can be catastrophic and destroy satellites or space stations. What Kessler predicted is that over time the space will end up so crowded that this process will reach a critical point at which each collision will cause more and more collisions, until the planet is totally enveloped in a cloud of garbage missiles colliding at astronomical speeds. Result: the satellites are disabled and going into space becomes a mortal risk. We could be confined to Earth without remedy.

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