La Vida En Cuatro Letras: Claves Para Entender La Diversidad, La Enfermedad Y La Felicidad — Carlos López-Otín / Life in Four Letters: Keys to Understanding Diversity, Illness and Happiness by Carlos López-Otín (spanish book edition)

El libro del cual me hablaron maravillas, lo he leído y siendo interesante lo que más me gustó es el prólogo. Un libro escrito partiendo de una situación muy difícil para el autor y que será de gran ayuda para todas aquellas personas que en un momento de su vida hayan sufrido situaciones similares. Por momentos sin ser una decepción si me pareció un libro de pura mercadotecnia.

Diversidad y belleza, esto es lo que nos ofrece la vida y la naturaleza. Como decía Darwin en El origen de las especies: «Mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un comienzo tan sencillo, infinidad de formas cada vez más bellas y maravillosas». Análogamente, pero pasando de la belleza al drama, tampoco parece que obedezca al sensato propósito de un diseñador inteligente el hecho de que cada día vengan al mundo miles de niños con enfermedades causadas por defectos genéticos hereditarios o derivadas de la imperfección de nuestra propia esencia biológica.
Darwin demostró así su extraordinaria intuición, y el tiempo reveló que tenía razón: por un lado, existen formas y figuras plenas de belleza natural, a las que el Homo sapiens dota de sentido; pero también hay enfermedades y adversidades plenas de confusión, para las que ese mismo Homo sapiens busca una explicación y una solución. Los humanos somos seres vulnerables e imperfectos, tema central de este libro, que sin embargo contrasta con la gran cantidad de información que niega nuestra imperfección y que pretende imponernos la idea de que estamos en proceso de alcanzar la invulnerabilidad y, con ella, una obligada felicidad.

La vida, aun siendo lo mejor que tenemos, es imperfecta y nos ofrece enfermedades que adelgazan nuestro futuro y nuestra felicidad. Pese a este hecho incuestionable. De todas formas, no conviene dejar que la desesperanza anide en nuestro corazón, porque lo que sí podemos hacer es entender las enfermedades, eliminar algunas con el debido asesoramiento genético, curar muchas otras mediante tratamientos apropiados, cronificar aquellas que son todavía incurables e, incluso, anticiparnos a su desarrollo leyendo los marcadores biológicos precisos que se hallan inscritos en los lenguajes de la vida. Sin exagerar, sin crear falsas expectativas y sin prometer lo que no se puede cumplir, estamos en condiciones de asegurar que el futuro tratamiento de las enfermedades será mejor que el actual, lo cual abrirá nuevos caminos hacia la felicidad. En resumen, somos mucho más que esa colección gigantesca de letras químicas que forman el lenguaje genómico.

Lo primero que deberíamos considerar es si en algún lugar de nuestro laberinto genómico existen realmente los genes de la felicidad. En el caso de que podamos identificarlos, tal vez lleguemos a ser capaces de manipularlos y de avanzar, aunque sea con paso indeciso, hacia nuevos territorios emocionales. Después del inicio de nuestro viaje al centro de la vida, un viaje que es submarino y molecular a la vez, pues somos agua salada con unas pocas moléculas disueltas en ella, nos disponemos a iniciar una expedición todavía más incierta y compleja que la anterior. Este nuevo viaje, también submarino y molecular, pues la mente, como la vida, evolucionó en el mar, nos llevará al centro de la felicidad.

Miedo: estamos rodeados de miedo y de miedos, una sensación que surgió durante la evolución humana como estrategia de protección, pero que se quedó para siempre enredada y atrapada entre los pliegues y circunvoluciones de nuestro cerebro. Miedos reales y miedos imaginarios, miedo a la vida y miedo a la muerte, miedo al presente y miedo al futuro, miedo al mundo y miedo a uno mismo, miedo a la sociedad y miedo a la soledad, miedo a otros y miedo por otros, miedo a hablar y miedo a callar, miedo a pensar y miedo a sentir. Convencido de que, al menos en parte, la felicidad es la ausencia de miedo, decido extender un poco más allá la idea de la conexión de los distintos mundos sensoriales y me pregunto si hay alguna base genética que me permita afirmar que la felicidad es también ausencia de dolor. Demostrando una vez más que la naturaleza es incansable en su capacidad de crear seres humanos portadores de todo tipo de mutaciones, la literatura científica recoge numerosos casos de familias de todo el mundo con enfermedades que imposibilitan la percepción de cualquier forma de dolor. En suma, nuestra predisposición y aptitud genómica para la felicidad está sometida a múltiples influencias, que van desde los lenguajes epigenómicos y metagenómicos hasta el conjunto de secreciones de nuestro organismo que configuran el lenguaje químico del cerebro. La felicidad es así un proceso emocional complejo y dinámico, difícil de sostener en el tiempo y cuya pérdida no puede atribuirse en exclusiva a la acción de un gen concreto, o a un cambio epigenético particular, o a una alteración en nuestro microbioma, o a una variación sutil en los niveles de un cierto neurotransmisor o de una determinada hormona, o a un execrable abuso sufrido en la infancia, o a un insoportable trauma de la adolescencia, o a una infinita decepción de la edad adulta. Todos somos seres especiales y únicos. Cada uno de nosotros es una colección personal de éxitos evolutivos que viene al planeta como una hoja prácticamente en blanco en la que cabe el universo entero. Las primeras palabras de esa página las escriben nuestros progenitores en el lenguaje genómico de las cuatro letras de la vida; el resto debemos completarlo nosotros mismos usando los otros lenguajes de la vida y de la felicidad mientras navegamos por las agitadas e incontrolables aguas del azar.

Hablar de felicidad es fácil cuando casi todo te ha ido bien en la vida, pero la visión que puedes ofrecer es obligatoriamente limitada. Cuando de pronto la vida te secuestra en su lado más oscuro, se amplía tu foco y entonces comprendes mucho mejor lo que representa la ausencia de felicidad. La sensación de tristeza e infelicidad es fácilmente perceptible. La vida es una actividad de alto riesgo. Somos seres improbables, complejos, imperfectos y, sobre todo, vulnerables. Nuestras células sufren cada día miles de mutaciones, y pese a ello nuestro cuerpo generalmente funciona con tal armonía que, si no estamos atentos a sus propias señales, no somos conscientes de su existencia mientras la vida fluye. Sin necesidad de fusionarnos con ninguna máquina inteligente ni de recurrir a la reprogramación celular o a la edición génica, nuestra esperanza de vida alcanza hoy en día los ochenta años de media, aunque muchos humanos superan con creces esta frontera y llegan a ser centenarios. En este largo tiempo tenemos muchas oportunidades de ser felices, aunque pocos lleguen a alcanzar los catorce días no seguidos de felicidad plena que son, según Abderramán III, el máximo permitido para nuestra especie.

Influyen factores como:

1. La Imperfección / 2. Reparación / 3. Observación / 4. Introspección / 5.Emoción

1. Haz de tu vida un elogio de la emoción.
2. Vive todo con intensidad; escoge estar emocionado antes que estar calmado o conectado.
3. Ponte en el modo de percibir emociones, empezando por las que surgen de las pequeñas cosas, a imitación del lagom sueco o el hygge danés, esos sencillos y eficaces caminos que nos permiten recoger bienestar y felicidad.
4. Descubre que la captura continua de emociones reduce los efectos negativos del azar y de la incertidumbre al reforzar las actitudes positivas frente a la inevitable adversidad.
5. Libérate de las presiones propias o ajenas que entrañan obligaciones, pero no regalan emociones.
6. Escribe tu propia ecuación de la felicidad. No es preciso que nadie te descifre el genoma; hay otras fórmulas de la felicidad que nada tienen que ver con la genómica; simplemente suma las emociones positivas y resta las negativas.
7. Recuerda que ninguna emoción envejece más rápido que la de la felicidad, por eso hay que entenderla y disfrutarla en el presente, porque mañana siempre es tarde.
8. Invierte en salud y hazte corresponsable de ella, pues si mantenemos la salud, la ecuación de las emociones crece en valores positivos.
9. Mira a tu alrededor con curiosidad; observa, escucha, lee, aprende algo nuevo cada día, y así la ecuación de las emociones positivas seguirá creciendo.
10. Busca tu propósito vital y, en caso de duda, practica el eudemonismo antes que el simple hedonismo.
11. Piensa que la solidaridad permite alcanzar las cumbres más altas de la felicidad.
12. Practica la alegría cotidiana porque vivir es un milagro molecular renovado cada día; por eso, nunca dejes de corresponder a los afectos cercanos e inventa otros nuevos que te permitan ampliar tu círculo de empatía darwiniana.
13. Evita distraerte con vanidades o con el ruido del mundo; son un pesado lastre si pretendes mejorar tu colección de emociones.
14. Aléjate de polémicas irrelevantes o estériles, entre cuestiones menores se nos escapa la vida; y, aunque algunos te quieran vender la inmortalidad, recuerda siempre que somos seres vulnerables, imperfectos y mortales.

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The book of which friends spoke to me wonders, it was read and it became interesting what I liked the most is the prologue. A written book is part of a very difficult situation for the author and it will be a great help for all the people who at one time in their life. For example, without being a disappointment, if I had a book of pure marketing.

Diversity and beauty, this is what life and nature offer us. As Darwin said in The Origin of Species: “While this planet has been rotating according to the constant Law of gravitation, it has developed and is maintaining, from such a simple beginning, an infinity of increasingly beautiful and wonderful forms.” . Analogously, but passing from the beauty in the drama, it does not seem that it obeys the sense of an intelligent designer the fact that every day come to the world miles of children with diseases caused by genetic hereditary or derived from the imperfection of our own biological essence . .
Darwin thus demonstrated his extraordinary intuition, and time revealed that he was right: on the one hand, there are forms and figures of natural beauty, and Homo sapiens gives meaning; But there are also diseases and adversities, so that Homo sapiens himself seeks an explanation and a solution. Human beings are vulnerable and imperfect beings, the central theme of this book, however, with the large amount of information that denies our imperfection and the amounts that matter the idea that we are in the process of achieving invulnerability and, with it, an obligatory happiness.

Life, while being the best we have, is imperfect and offers us diseases that help us improve our future and our happiness. Despite this unquestionable fact. Of all the forms, it is not necessary to leave that the despair nests in our heart, because what yes we can do is to understand the diseases, to eliminate the genetic relations, to cure many other forms to treat the relations, to chronify all the answers are incurable, even, anticipate their development by reading the precise biological markers that are inscribed in the languages of life. However, without creating false expectations and without promising what can not be fulfilled, we are in a position to ensure the future, the treatment of illnesses, the best of the present, which will open new paths to happiness. In short, we are much more than that giant collection of chemical letters that make up the genomic language.

The first thing we should consider is somewhere in our genomic labyrinth there really are the genes of happiness. In the event that we can identify them, maybe I will be able to manipulate them and move forward, even though I walk with an undecided step, towards new emotional territories. After the start of our trip to the center of life, a trip that is the submarine and the molecular at the same time, because we are salt water with a few sources in its power, we have to start an expedition even more uncertain and complex than the previous. This new journey, also submarine and molecular, as well as the mind, like life, evolved in the sea, took us to the center of happiness.

Fear: we are surrounded by fear and more fear, a feeling that emerged during human evolution as a protection strategy, but that remained forever tangled and trapped between the folds and convolutions of our brain. Real fears and imaginary fears, fear of life and fear of death, fear of the present and fear of the future, fear of the world and fear of oneself, fear of society and fear of loneliness, fear of others and fear of others , fear to speak and fear to be silent, fear to think and fear to feel. Convinced that, at least in part, happiness is the absence of fear, I decide to extend the idea of the connection of the different sensory worlds a little further and I wonder if there is any genetic basis that allows me to affirm that happiness is also absence of pain Proving once again that nature is tireless in its ability to create human beings with all kinds of mutations, the scientific literature gathers numerous cases of families from all over the world with diseases that make it impossible to perceive any form of pain. In short, our predisposition and genomic aptitude for happiness is subject to multiple influences, ranging from epigenomic and metagenomic languages to the set of secretions of our body that make up the chemical language of the brain. Happiness is thus a complex and dynamic emotional process, difficult to sustain over time and whose loss can not be attributed exclusively to the action of a particular gene, or to a particular epigenetic change, or to an alteration in our microbiome, or to a subtle variation in the levels of a certain neurotransmitter or a certain hormone, or an execrable abuse suffered in childhood, or an unbearable trauma of adolescence, or an infinite disappointment of adulthood. We are all special and unique beings. Each one of us is a personal collection of evolutionary successes that comes to the planet as a practically blank sheet in which the entire universe fits. The first words of that page are written by our parents in the genomic language of the four letters of life; the rest we must complete ourselves using the other languages of life and happiness while we navigate through the agitated and uncontrollable waters of chance.

Talking about happiness is easy when almost everything has gone well in your life, but the vision you can offer is necessarily limited. When suddenly life kidnaps you in its darkest side, your focus expands and then you understand much better what the absence of happiness represents. The feeling of sadness and unhappiness is easily discernible. Life is a high risk activity. We are improbable beings, complex, imperfect and, above all, vulnerable. Our cells suffer thousands of mutations every day, and despite this our body generally works with such harmony that, if we are not attentive to its own signals, we are not aware of its existence while life is flowing. No need to merge with any intelligent machine or resort to cell reprogramming or gene editing, our life expectancy reaches eighty years on average, although many humans far exceed this border and become centenarians. In this long time we have many opportunities to be happy, although few reach to reach the fourteen days not followed by full happiness that are, according to Abderramán III, the maximum allowed for our species.

Influence factors such as:

1. Imperfection / 2. Repair / 3. Observation / 4. Introspection / 5. Emotion

1. Make your life a praise of emotion.
2. Live everything with intensity; Choose to be excited before being calm or connected.
3. Put yourself in the way of perceiving emotions, starting with those that arise from small things, in imitation of Swedish lagom or Danish hygge, those simple and effective ways that allow us to collect well-being and happiness.
4. Discover that the continuous capture of emotions reduces the negative effects of chance and uncertainty by reinforcing positive attitudes in the face of inevitable adversity.
5. Free yourself from your own or others’ pressures that involve obligations, but do not give emotions.
6. Write your own equation of happiness. It is not necessary for anyone to decipher the genome; there are other formulas of happiness that have nothing to do with genomics; simply add positive emotions and subtract negative ones.
7. Remember that no emotion ages faster than happiness, that’s why you have to understand it and enjoy it in the present, because tomorrow is always late.
8. Invest in health and become co-responsible for it, because if we maintain health, the equation of emotions grows in positive values.
9. Look around you with curiosity; observe, listen, read, learn something new every day, and so the equation of positive emotions will continue to grow.
10. Find your vital purpose and, in case of doubt, practice eudemonism rather than simple hedonism.
11. Think that solidarity allows you to reach the highest peaks of happiness.
12. Practice daily joy because living is a molecular miracle renewed every day; Therefore, never stop responding to close affections and invent new ones that allow you to expand your circle of Darwinian empathy.
13. Avoid getting distracted by vanities or the noise of the world; they are a heavy burden if you intend to improve your collection of emotions.
14. Stay away from irrelevant or sterile polemics, between minor issues life escapes us; and, although some want to sell you immortality, always remember that we are vulnerable, imperfect and mortal beings.

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