Panzerfaust: El Sitio De Berlín — Ignacio García Zurita / Panzerfaust: The Berlin Siege by Ignacio García Zurita (spanish book edition)

Sin duda la protagonista de la novela es Berlín. Más bélica que histórica (aunque de ambas sea), la novela narra los combates de un grupo de soldados del bando alemán (pues no todos son alemanes) en las ruinas de Berlín durante los últimos días de la segunda guerra mundial en Europa. Podría ser una historia manida, sin embargo desde mi punto de vista el autor ha sabido darle algunas características muy interesantes.
Uno de ellos es que, salvo excepciones de escasa importancia y poca entidad, los personajes famosos no tienen lugar en la novela. Nada de generales, ni de ministros, y Hitler como si no existiera. Los protagonistas son exclusivamente soldados, lo que nos lleva a otro aspecto interesante de la narración: no hay una misión vital, ni un propósito definitivo en lo que hacen, sino que simplemente luchan para luchar otro día: el cruce de un río, una plaza o un edificio son lugares que el autor consigue despojar de toda importancia salvo la del momento de la acción, siempre la misma: impedir que pasen, impedir que me maten. A consecuencia de esto la narración podría hacerse aburrida, pues no hay bloque que no se parezca al siguiente, ni emboscada que no tenga algo que ver con la anterior. Sin embargo debemos tener en cuenta que probablemente los hechos que se narran sucedieron exactamente así: una emboscada tras otra, un edificio después de otro y la inmensa lasitud de seguir luchando entre un inicio infinitamente lejano en la memoria y un final apenas vislumbrable mas allá de la verja de un cementerio.
Otro aspecto interesante de la novela es que, sin dejar de tener tenores, es coral. En Panzerfaust nos vamos a encontrar con mucha gente, muchas motivaciones y muchas personalidades, y aunque no todas son trazadas con la misma profundidad ninguno de ellos deja de ser humano: veteranos o novatos, cínicos o fanáticos, ilesos o heridos; todos corren, todos sufren, y todos tienen que agacharse a menudo para esquivar la guadaña de la muerte, algunos sin conseguirlo. Porque lo cierto es que cada uno de los personajes de la novela puede resultar prescindible, algo que el autor nos va a mostrar muy pronto, eliminando sin piedad a cualquiera de sus personajes casi desde el principio. Lo cual nos lleva a la que, para mí por lo menos, ha sido la parte más difícil de la lectura: los nombres.

Lo positivo hablaría de ambientación, muy lograda y bastante veraz. Si tuviera que hacer una advertencia: que puede resultar aburrida para un lector no demasiado avezado, precisamente a causa de la veracidad y de la ambientación comentadas.

Para el anochecer las armas habían callado por completo. Solo los dos T-34 que habían quedado aislados del resto de la fuerza, junto con una veintena de infantes, permanecían en la calle mientras el resto de la avanzadilla soviética se había replegado a unos doscientos metros del lugar.
—Ya es casi medianoche —susurró por lo bajo Riemer al sargento, y agregó—. Los ivanes o están ebrios o duermen.

El sonido de un agudo silbato desgarró el aire; la guerra al igual que una amante posesiva y celosa reclamaba a los combatientes.
Condenado desde su inicio, el tercer contraataque pagó un precio ínfimo de vida en comparación a sus frustrados predecesores.
Al final del día, los castigados miembros de la Nordland se prepararon para pasar la noche junto a la margen norte del canal, a la espera de los camiones que les trasladarían por la mañana hacia los barrios periféricos de la capital.
Antes de intentar dormir un poco, Zorc observó el firmamento. No pudo saber si había estrellas. El cielo se encontraba cubierto de un férreo manto grisáceo nacido de las innumerables columnas de humo que se elevaban silenciosas desde los edificios en llamas como imborrables testimonios de la irracionalidad del género humano. La historia de Zorc es la de cualquiera de nosotros.

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Undoubtedly the protagonist of the novel is Berlin. More war than historical (though both are), the novel narrates the combats of a group of soldiers of the German side (since not all are Germans) in the ruins of Berlin during the last days of the Second World War in Europe. It could be a hackneyed story, however from my point of view the author has managed to give some very interesting features.
One is that, except for minor exceptions and little entity, famous people have no place in the novel. No generals, no ministers, and Hitler as if he did not exist. The protagonists are exclusively soldiers, which leads us to another interesting aspect of the narration: there is no vital mission, no definite purpose in what they do, but they simply fight to fight another day: the crossing of a river, a square or a building are places that the author manages to strip of all importance except the moment of the action, always the same: prevent them from happening, prevent them from killing me. As a result of this the narration could become boring, as there is no block that does not resemble the next, or ambush that has nothing to do with the previous. However, we must bear in mind that probably the events that are narrated happened exactly like this: one ambush after another, one building after another and the immense lassitude of continuing to struggle between an infinitely distant beginning in memory and a barely discernible end beyond the fence of a cemetery.
Another interesting aspect of the novel is that, while having tenors, is coral. In Panzerfaust we will meet many people, many motivations and many personalities, and although not all are drawn with the same depth none of them cease to be human: veterans or novices, cynics or fanatics, unharmed or injured; everyone runs, everyone suffers, and everyone has to stoop often to avoid the scythe of death, some without getting it. Because the truth is that each of the characters in the novel can be dispensable, something that the author will show us very soon, mercilessly eliminating any of his characters almost from the beginning. Which brings us to what, to me at least, has been the most difficult part of reading: names.

The positive would speak of ambience, very successful and quite truthful. If I had to make a warning: that can be boring for a reader not too seasoned, precisely because of the veracity and atmosphere commented.

By nightfall the weapons had been completely silent. Only the two T-34s that had been cut off from the rest of the force, along with a score of infantrymen, remained in the street while the rest of the Soviet outpost had retreated some two hundred meters from the place.
“It’s almost midnight,” Riemer whispered to the sergeant, and added. Ivans are drunk or sleeping.

The sound of a sharp whistle tore through the air; the war just as a possessive and jealous mistress claimed the fighters.
Condemned from its inception, the third counterattack paid a paltry price in comparison to its frustrated predecessors.
At the end of the day, the punished members of the Nordland prepared to spend the night next to the north margin of the canal, waiting for the trucks that would move them in the morning towards the peripheral neighborhoods of the capital.
Before trying to sleep a bit, Zorc looked at the sky. He could not know if there were stars. The sky was covered with an iron gray mantle born from the innumerable columns of smoke that rose silently from the burning buildings as indelible testimonies of the irrationality of the human race. The story of Zorc is that of any of us.

*Ivans are russians.

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