Mitología Hindú — M.J.Wilkins / Hindu Mythology, Vedic and Puranic by M.J.Wilkins

Este libro es una reproducción exacta del libro original de la década de 1800. Tiene todos los dibujos de la línea ELEGANTÍSIMA, un absoluto DEBER para cualquiera que esté interesado en el hinduismo, el libro se lee como un libro del día, ¡hay que recordar que esto tiene más de 100 años! Que tesoro Obtener este libro. No te arrepentirás. Es una gran adición a cualquier estante hindú / religioso. Buena sinopsis de todos los puranas y los vedas. No trata mucho más allá de los cuentos asociados con los dioses, etc. Esa es la belleza de este libro. Crujiente y al punto. Aunque no es completo, es un buen libro para principiantes y para aquellos que buscan una sinopsis de los diversos mitos hindúes. ¿Buscas sumergirte en la mitología de la India como nunca antes? Entonces este es tu libro, puedo asegurarlo al cien por cien. Com todo detalle, el autor trata cada una de las deidades del panteón hindú, tanto védico como puránico. Una única pega, no escribe sobre los Nagas. Los dioses védicos son aquellos cuya descripción se encuentra principalmente en la Edad Védica; los dioses puránicos son aquellos descritos de forma más completa en los Puranas y cuya adoración era más general en la Edad Puránica.

Antes de referirnos a las Divinidades Védicas, es necesario decir algo sobre los Vedas en sí mismos, nuestra fuente de información al respecto. La raíz de la palabra es «vid»: conocer. El término «Veda» significa pues, «conocimiento» y como que estos libros no fueron «escritos» más que al cabo de siglos después de originalmente compuestos, significa conocimiento que era transmitido oralmente.
Los Vedas no son la obra de una sola persona, sino que, según la creencia popular, fueron comunicados a varios Rishis o santos, quienes a su vez los transmitieron a sus discípulos. El vidente Vyasa se considera el compositor, o como hoy diríamos, el editor de estas obras.
Se dice que las enseñanzas contenidas en estos escritos han sido inspiradas por Dios mismo. Otras veces se dice que los Vedas han derivado de los elementos. Los relatos sobre su origen, aunque difieren en su forma, coinciden en enseñar que fueron un don directo de Dios para el hombre y en consecuencia son considerados con la mayor veneración. Son propiedad especial de los Brahmanes. Los Vedas son cuatro. De ellos el Rig-Veda es el más antiguo; el siguiente en orden fue el Yajur-Veda; después el Sama-Veda, y el último de todos ellos, el Atharva-Veda. Cada uno de estos Vedas se compone de dos partes principales: una Sanhita o recopilación de mantras o himnos y una Brahmana que contiene preceptos ritualistas y enseñanzas y que guarda con la Sanhita la misma relación que el Talmud con la Ley. En éstos se encuentran instrucciones para los sacerdotes que dirigen la adoración de los dioses invocados en los himnos. Unido a cada Brahmana se halla un Upanishad que contiene doctrina secreta o mística. Se considera que éstos poseen menor autoridad que los Mantas y Brahmanas, por cuanto éstos se repiten como «sruti», es decir, oídos, y los Upanishads son «smriti», aprendidos. Aunque están basadas en las antiguas composiciones, si existe alguna discrepancia entre ellas, se rechazan las enseñanzas de las últimas. Las Sanhitas y Brahmanas generalmente son para los Brahmanes; los Upanishads para investigadores filosóficos. En cuanto a la antigüedad de los Vedas, no se sabe nada con certeza. Sin duda cuentan entre las más antiguas producciones literarias del mundo. Pero la fecha en que fueron compuestos es objeto de amplias conjeturas. Colebrooke parece deducir de un calendario Vaidick que deben haber sido escritos con anterioridad al siglo XIX a. C. Algunos les asignan una fecha más reciente y otros una más antigua. El doctor Haug considera que la Edad Védica se extiende desde el año 2000. C. hasta el 1200 a. C., aunque cree que algunos de los textos más antiguos podrían haber sido compuestos unos 2400 años. C. Max-Müller da como fechas probables, desde el 1200 a. C., hasta el 800 a. C.; para las Brahamanas del 800 a. C. al 600 a. C., y el resto del 600 a. C. al 200 a. C. No hay nada en el texto de los Vedas que indique cuándo fueron escritos.

Yaska (probablemente el más antiguo comentarista de los Vedas) da la siguiente clasificación de los dioses védicos: «Hay tres deidades, de acuerdo con los comentaristas de los Vedas: Agni, cuyo lugar está en la tierra; Vayu o Indra, cuyo lugar está en el aire, y Surya, cuyo lugar está en el cielo. Cada una de estas deidades recibe muchas apelaciones a consecuencia de su grandeza o de la diversidad de sus funciones». En el Rig-Veda este número se eleva a treinta y tres, de los cuales se dice que once están en el cielo, once en la tierra y once en el aire que existe entre ambos. «Agni, el dios sabio, presta atención a los que le adoran. El dios de los corceles rojizos, que ama ser alabado, atrae hacia sí a los treinta y tres». Este es el número que se menciona usualmente, aunque no es nada fácil deducir cuáles son esos treinta y tres, pues las listas que se encuentran en distintos sitios varían considerablemente; mientras que en otro verso se dice que «trescientos, tres mil, treinta y nueve dioses han adorado a Agni».
Estas deidades, aunque se mencionan como inmortales, no se dice que sean seres existentes por sí mismos; de hecho la mayoría de los casos se cita su nacimiento, aunque los distintos relatos sobre su origen no concuerdan entre sí. Se conoce que Agni y Savitri confirieron la inmortalidad a los otros dioses, mientras que también se enseña que Indra obtuvo este don mediante un sacrificio. La opinión general respecto a Dyaus (el cielo) y Prithivi (la tierra) es que se encuentran entre las más antiguas de las deidades Arias. En los himnos del Rig-Veda se hace mención de ellos como los padres de los demás dioses. Son descritos como «grandes, sabios y vigorosos»; como aquellos que «promueven la virtud y prodigan de favores a sus adoradores». En otra parte se dice que «han creado a todas las criaturas» y que mediante su favor «se confiere la inmortalidad a sus descendientes». No sólo son los creadores, sino también los preservadores de todas las criaturas y son benévolos y bondadosos con todos. En otros pasajes se dice que el Cielo y la Tierra han sido creados por Indra, que trasciende a aquéllos en grandeza y al que siguen como una carroza sigue al caballo. Se describen como inclinándose ante él y estando bajo su control. También se dice que han sido formados por Soma; en otros versos se considera que los han creado otras deidades.
Esta confusión respecto al origen de los dioses condujo de forma natural a la pregunta formulada en otros himnos: «¿Cómo han sido creados? ¿Quién es el sabio que lo sabe?».
Parece tener bastante fundamento la opinión de que Indra reemplazó gradualmente a Dyaus en el culto de los hindúes al poco de su establecimiento en la India. A medida que se cantaban las glorias del nuevo dios, el más antiguo era olvidado. Hoy en día, mientras que Dyaus es casi desconocido, Indra sigue siendo adorado, aunque en los Vedas se denomine a ambos los dioses del cielo.

Aditi tiene el honor de ser casi la única diosa cuyo nombre se mencionaba en el Rig-Veda como madre te todos los dioses. Sin embargo, no es tarea en absoluto fácil el delinear su carácter, ya que sobre ella se hacen las más contradictorias afirmaciones. Se la invocaba como dispensadora de bendiciones para los niños y el ganado, y se declara que es la madre de Varuna y de otras deidades, que a veces son ocho y otras veinte.
Se supone que es la personificación de lo infinito, en especial de la inmensidad del cielo, en oposición a la limitación de la tierra. Otra suposición es la de que Aditi es la personificación de la «Naturaleza o Ser Universal que lo contiene todo». Esta última idea parece ser más correcta. (Adityas) Este nombre significa simplemente los descendientes de Aditi. En un pasaje del Rig-Veda se citan los nombres de seis de ellos: Mitra, Aryaman, Bhaga, Varuna, Daksha y Amsa. En otro pasaje se dice que son siete, aunque no se citan sus nombres. En un tercero, ocho es el número que se menciona, aunque, de los ocho hijos de Aditi, nacidos de su cuerpo, compareció ante los dioses con siete y dejó fuera a Marttanda (el octavo). Como los nombres de estos hijos que figuran en distintas partes de los Vedas no coinciden unos con otros, es difícil saber quiénes eran originalmente considerados como Adityas. A juzgar por el número de himnos dedicados a ellos, algunas de estas deidades ocuparon una posición sobresaliente en el Panteón Védico. Otras sin embargo, se mencionan tan sólo una o dos veces y en relación a sus más ilustres hermanos. En la «Brahmana Satapatha» y los Puranas el número de Adityas incrementa hasta doce. Además de los seis cuyos nombres ya se han citado, los siguientes son descritos en algunos himnos del Rig-Veda como descendientes de Aditi: Surya, como Aditya identificado con Agni, se dice que fue emplazado por los dioses en el firmamento»; Savitri, al igual que Indra, son tratados en un pasaje como Adityas junto con Varuna y la Luna. De acuerdo con un pasaje del «Brahmana Satapatha» que se cita en el capítulo II, Agni, Indra y Surya obtuvieron superioridad sobre los demás dioses por medio de sacrificios. Cualesquiera que sean los medios por los que esta posición fue alcanzada, lo cierto es que eran las deidades más populares de la Edad Védica. Agni constituye una clase por sí mismo; sin embargo hay otras deidades estrechamente asociadas con Indra y Surya y que poseen atributos muy similares. La casi totalidad de las deidades védicas más conspicuas pueden ser clasificadas como sigue: 1) Agni, el dios del Fuego; 2) Dioses Sol o dioses de la luz y 3) Dioses de la Tormenta, o aquellos asociados con Indra.

Agni, el dios del Fuego, es una de las deidades más prominentes de los Vedas. Con la única excepción de Indra, se le dedican más himnos que a ninguna otra deidad. El profesor Williams hace la viva descripción siguiente sobre Agni:
«Brillante dios de los siete rayos, cuán múltiples son tus formas,
Reveladas a nosotros tus devotos: ahora te contemplamos
Tu cuerpo hecho de oro y tu radiante cabellera
Llameando desde tres formidables cabezas; bocas,
Cuyos dientes y mandíbulas de fuego devoran todas las cosas.
Ahora, con mil cuernos relucientes y
Destellando tu esplendor por un millar de ojos,
Te diriges hacia nosotros en una carroza dorada,
Impulsada por los vientos y conducida por corceles rojizos,
Marcando con oscuridad la carrera destructora de tu carro».

Es un veloz mensajero que viaja entre el cielo y la tierra, comisionado tanto por los dioses como por los hombres para mantener la mutua comunicación, para anunciar a los inmortales los himnos y para hacerles llegar las ofrendas de sus adoradores o para llevarles (a los inmortales) desde el cielo hasta el lugar del sacrificio. Acompaña a los dioses cuando éstos visitan la tierra y comparte los respetos y la adoración que ellos reciben. Hace que las ofrendas se vuelvan fragantes; sin él, los dioses no se sienten satisfechos.
Agni es el señor, el protector, el rey de los hombres. Él es el señor de la casa, residiendo en todas las moradas. Es un huésped de todos los hogares; no desprecia a ningún ser humano, habita en todas las familias. Se le considera por lo tanto como mediador entre los dioses y los hombres y como testigo de sus acciones; de ahí que su adoración haya continuado hasta los tiempos actuales y sus bendiciones sean solicitadas en todas las ocasiones solemnes, tales como una boda, un fallecimiento, etc.

En los himnos Védicos Surya y Savitri son dos nombres comúnmente empleados para designar al sol. En ocasiones se emplea exclusivamente un solo nombre, en otras se usan ambos nombres indistintamente y aún a veces se usan como si representaran personajes distintos. Se supone que Savitri se refiere al sol cuando no es visible, mientras que Surya se refiere al mismo cuando es visible para quienes le adoran. Esto aporta por lo menos alguna razón para el uso de dos nombres, aunque quizá no sea una explicación satisfactoria en todos los casos.
A pesar de que los himnos en los que se invoca a Surya no sean muy numerosos, su adoración estaba sumamente generalizada en tiempos remotos y ha continuado estándolo hasta la hora presente.
Este dios es invocado por cada devoto brahmán al comienzo del Gayatri, el texto más sagrado de los Vedas. Entre los muchos nombres y epítetos por los que esta deidad es conocida, los siguientes son los más corrientes:
Dinaraka, «El Hacedor del día».
Bhaskara, «El Creador de la luz».
Vivaswat, «El Radiante».
Mihira, «El que riega la tierra»; (extrae vapor de los mares para que se formen las nubes).
Grahapati, «El Señor de las estrellas».
Karmasakshi, «El Testigo de los trabajos (de los hombres)».
Martanda, «Descendiente de Mritanda».

Pushan es el nombre de un dios-sol al que se le dedican algunos himnos en exclusiva y cuyas alabanzas son contadas en otras ocasiones juntamente con las de Indra y otros dioses. En estos himnos su carácter nos queda altamente definido. Se dice que abarca todo el universo; se le invoca como guía de los viajeros y protector del ganado. Se le llama para que proteja a sus sirvientes en la batalla y para que los defienda. Se le invoca en la ceremonia matrimonial y se le ruega que tome la mano de la novia, que la lleve consigo y que la bendiga en sus relaciones conyugales. Se dice también que conduce el espíritu de los fallecidos desde este mundo al otro. En un texto es llamado «el alimentador», de modo semejante a como en época posterior Vishnu fue llamado «el Preservador».

Indra, junto con Agni y Surya, obtuvieron la supremacía sobre los demás dioses mediante la celebración de sacrificios; a juzgar por el número de himnos dedicados a él en los Vedas, era la deidad más popular. Indra es el dios del firmamento, en cuyas manos se hallan el trueno y el relámpago y por cuya voluntad caen las refrescantes lluvias que hacen a la tierra fructífera. Si tenemos en cuenta que en la India, la tierra, expuesta durante meses enteros a los tórridos rayos del sol, se endurece tanto que resulta imposible arar los campos o plantar la semilla, no nos sorprenderemos de que se recurra con frecuencia al dios que se supone concede la lluvia ni de que los más laudatorios cantos estén dedicados a él. Para las poéticas mentes de la Edad Védica, las nubes que los vientos traían desde el océano eran enemigos que se aferraban fuertemente a sus tesoros hasta que, conquistados por Indra, eran obligados a derramarlos sobre el agrietado suelo. De Indrani, la esposa de Indra (llamada también Sachi), apenas se dice nada. En el Rig-Veda leemos: «Entre todas las mujeres, Indrani es la más afortunada, pues su marido no morirá nunca de vejez». Esto puede aclararse por el hecho de que Indrani es la esposa de todos cuantos sucesivamente llegan al trono de Indra. Siempre hay alguien gobernando en el cielo; el trono es perpetuo y como ella es la esposa del monarca reinante, sea éste quien sea, su marido nunca puede morir de vejez. Los reyes pueden ir y venir, pero ella sigue siendo la reina. Se dice que posee un hijo, de nombre Chitragupta, que nació de una vaca.

Tvastri, o, como se le llama en los textos posteriores, Visvakarma, es el arquitecto y el obrero de los dioses: el Vulcano Hindú. Los aposentos celestiales fueron hechos por él y los dioses de la guerra se hallan en deuda con él por sus poderosísimas armas. Él afila el hacha de hierro de Brahmanaspati (Agni), y forja los relámpagos de Indra. Se halla íntimamente unido a los hombres; crea al marido y a la mujer ya desde el seno materno para que sean el uno para el otro y bendice al matrimonio con descendencia. Esto explica el que las esposas de los dioses sean sus más constantes compañeras. Él hizo el mundo y todo cuanto en él existe y es el protector de las criaturas por él creadas. Participa, con los demás dioses, en los sacrificios ofrecidos por los mortales.
En varios pasajes, a Tvastri se le relaciona con los Ribhus. Estos eran hijos de un hombre Itamado Sudhanvan, quien, gracias a las grandes habilidades que poseía, obtuvo la inmortalidad y honores divinos. Los Ribhus hicieron la carroza y los caballos de Indra y por las grandes austeridades practicadas devolvieron la juventud a sus padres. Yama, juez de los hombres y rey del mundo oculto, era el hijo de Vivasvat (el Sol) y Saranya, la hija de Tvastri. Nació antes de que su madre se volviera temerosa de su glorioso marido. Era hermano gemelo de Yami y, en la opinión del profesor Roth, eran considerados como la pareja original de la que procede la familia humana. En otro verso del Rig-Veda se les describe como hijos de los cantores celestiales, los Gandharvas. Como no había nadie más para perpetuar la raza, Yami suplicó a Yama para que se convirtiera en su marido. Ella mantenía el hecho de que Tvastri les había creado como hombre y mujer en el seno materno y, por lo tanto, de nada servía que él rechazara su ruego, pues nadie puede obrar en contra de los planes de Tvastri. Pero Yama se mantenía firme y resistió sus proposiciones basándose en que era monstruoso que aquellos que predican la virtud obraran pecaminosamente. No es nada fácil determinar qué es lo que en realidad se quería representar mediante estas deidades. Max-Müller interpreta que Vivasvat era el cielo, Saranya el amanecer, Yama el día y Yami la noche.

Las principales fuentes de información de la moderna mitología Hindú son: las dos grandes epopeyas —el Ramayana y el Mahabharata—, los Puranas o «viejas historias tradicionales» (dieciocho en total) y los cinco principales Tantras.
No se sabe nada con seguridad sobre la fecha de las Epopeyas, excepto el hecho de que son posteriores a los Vedas y anteriores a los Puranas. Algunos sitúan al Ramayana sobre el año 500 a. de J. C., mientras que otros afirman que no pudo ser compuesto antes del año 100 a. de J. C., y que una parte bastante considerable fue añadida mucho más tarde. El Mahabharata se supone que se completó en el siglo primero de nuestra era. A diferencia de los Vedas, y al igual que los Puranas y Tantras pueden ser leídos por los no Brahmanes. Cada uno de estos libros tiene un volumen enorme, y con frecuencia reaparecen en ellos las mismas historias. Todavía en nuestros días, las masas populares de la India mantienen una firme fe y veneración por ellos. Los Puranas pueden ser clasificados como sigue:
Aquellos que están dedicados a alabar a Brahma, a saber: El Brahma, el Brahmananda, el Brahmavaivarta, el Markandeya, el Bhavishya y el Vaman.
Aquellos que se relacionan con Vishnu: el Vishnu, el Bhagavata, el Naradiya, el Garuda, el Padma y el Varatha.
Aquellos que están principalmente relacionados con Siva: el Siva, el Linga, el Skanda, el Agni, el Matsya, el Kurna. A veces, otro llamado Vayu sustituye al Purana Agni.
Estos Puranas son la autoridad de casi todo el Hinduismo popular de hoy en día. Son extensamente leídos por la gente. Parte de algunos de ellos y otros por completo, han sido traducidos del sánscrito a los lenguajes vernáculos y donde la gente no puede leer, es una práctica común de su Guru o maestro leerles una parte de ellos en sus visitas periódicas. De este modo, el contenido de estos libros es ampliamente conocido.
Se da el hecho de que cada Purana está dedicado a una deidad en especial, que de acuerdo a sus enseñanzas es la suprema, mientras que otras deidades, descritas en otros Puranas en un lenguaje igualmente extravagante, son despreciadas, y en algunos casos su adoración está prohibida.”

Sarasvati es la esposa de Brahma, la diosa de la sabiduría y la ciencia, la madre de los Vedas y la inventora del alfabeto Devanagari. Se la representa como a una mujer joven y hermosa con cuatro brazos.
Con una de sus manos derechas le ofrece una flor a su marido, a cuyo lado permanece continuamente, y con la otra sostiene un libro de hojas de palmera, indicando que es amante del saber. En una de sus manos izquierdas lleva un collar de perlas, llamado Sivamala (collar de Siva), que le sirve de rosario y en la otra un damaru, o pequeño tambor. En otras ocasiones se la representa sólo con dos brazos y sentada sobre un loto, tocando una especie de banjo. Mora en la tierra entre los hombres, pero su morada especial está situada en el Brahmaloka, junto a su marido.
Como Sarasvati fue creada por Brahma era considerada por éste como su hija; por eso su unión con él fue considerada como un delito por los demás dioses. Algunas veces se la considera esposa de Vishnu. A Vishnu se le conoce como la segunda persona de la Trimurti o Tríada Hindú; pero a pesar de ser el segundo, esto no implica en modo alguno que deba ser considerado inferior a Brahma. En algunos libros se dice que Brahma es la primera causa de todas las cosas, en otros se afirma fuertemente que este honor pertenece a Vishnu, mientras que en otros se le concede a Siva. Así como el principal trabajo de Brahma es la creación, el de Vishnu es el de la preservación. En el siguiente pasaje del Padma Purana se enseña que Vishnu es la causa suprema, identificándolo de este modo con Brahma, y también que su principal tarea es la de la preservación: «En el principio de la creación, el gran Vishnu, deseoso de crear el mundo entero, asumió tres formas: Creador, Conservador y Destructor. Para crear este mundo, el Espíritu Supremo se reprodujo a sí mismo. De la parte derecha de su cuerpo apareció Brahma; luego, para preservar el mundo, produjo de su lado izquierdo a Vishnu, y para destruirlo, produjo del centro de su cuerpo al eterno Siva.

Aditi, la madre de los dioses, se afligió al ver la condición de sus hijos; obrando según el consejo de su marido, propició a Vishnu, quien dijo. «Con una parte de mí mismo, me convertiré en tu hijo y libertaré a tus hijos. Virtuosa mujer, confía en tu marido, Prajapati, que está exento de pecado y medita en mí que en esta forma habito dentro de él». Aditi siguió el consejo del dios y Kasyapa supo a través de la meditación que una porción de Hari había entrado en él.
A su debido tiempo nació el hijo de Aditi y con los años se convirtió en un estudiante Brahmán de muy baja estatura.
Este enano visitó a Bali en el cielo de Indra, mientras los Bhrigu estaban llevando a cabo un sacrificio para Bali en las orillas del río Narmada. Otra leyenda enseña que Vishnu ofreció a Bali la opción de ir al cielo con cinco ignorantes o de ir al infierno con cinco sabios. Éste escogió la última, pues en ninguna parte hay placer en compañía del ignorante. En cambio, el peor de los lugares puede disfrutarse si la compañía es buena.

Siva es la tercera persona de la Tríada Hindú. Siendo Brahma el Creador y Vishnu el preservador y estando todas las cosas sujetas a decaer, hacía falta un Destructor para completar el sistema; la destrucción es considerada como la función especial de Siva. Esto no parece armonizar mucho con la forma mediante la que se le suele representar. Debería recordarse, sin embargo, que según las enseñanzas del Hinduismo, la muerte no implica muerte en el sentido de pasar a la no-existencia, sino simplemente un cambio a una nueva forma de vida. Aquel que destruye, por lo tanto, hace que los seres asuman nuevas fases de existencia: el Destructor es realmente un re-Creador. De ahí que le sea dado el nombre de Siva, el Radiante o el dichoso. No hubiera sido así en caso de considerársele como el destructor en la acepción corriente de este término.
En el Hinduismo reciente, y según las enseñanzas de las Epopeyas y los Puranas, Siva juega un papel muy importante, habiéndose escrito varios libros dedicados a cantar sus alabanzas. Sin embargo, su nombre no figura entre los dioses de los Vedas. Por ello, y a fin de aumentar su veneración entre los hombres, se ha afirmado que coincide con el Rudra de los Vedas. En algunos pasajes de éstos, a Rudra se le identifica con Agni, aunque «los distintos epítetos con los que se le califica en el Rig-Veda parecen probar suficientemente que solía ser diferenciado de Agni por sus primitivos adoradores». El nombre por el que comúnmente se conoce a Siva es el de Mahadeva, el gran dios; el origen de éste se describe en el Mahabharata. Los asuras habían recibido un don de Brahma y éste era que iban a poseer tres castillos que «sólo podrían ser destruidos por la deidad que fuera capaz de atravesarlos con una sola flecha». A causa de esta protección, se hicieron odiosos a los demás dioses quienes, en su aflicción, acudieron a Brahma y éste a su vez les encamina a Mahadeva. Siva les dice que por sí solo él no puede destruir estos castillos, pero que con la ayuda de la mitad de su fortaleza, ellos mismos iban a poder hacerlo. Ellos respondieron que como no podrían sostener la mitad de su fuerza, le proponían que fuese él quien emprendiese la acción ayudado por la mitad de la fortaleza de los dioses, siendo llamado de allí en adelante Mahadeva. No obstante, en el relato de Parasurama se cita una leyenda en la que se evidencia la superioridad de Vishnu sobre Siva, mientras que en los Puranas dedicados a alabar a Siva se afirma claramente que Brahma y Vishnu son inferiores a él. La unidad de las diversas deidades se enseña en la siguiente leyenda. Estando Lakshmi y Durga sentadas en presencia de Siva, Lakshmi sostuvo que su marido (Vishnu) era superior a Siva ya que Siva le había adorado. Mientras seguían conversando, apareció el mismo Vishnu y para convencer a su esposa de que él y Siva eran iguales, entró en su cuerpo y ambos se hicieron uno. Otra versión de esta historia se encuentra en el Skanda Purana. (Pachanana) Esta es una forma de Siva a la que se representa, como su nombre indica, con cinco caras; el aspecto de su cuerpo y los atuendos de asceta son los mismos que en su forma ordinaria. Es bajo esta forma que se le dedican oraciones para curarse de las enfermedades, considerándole como médico o curandero. En lugares en los que no hay un templo ni imágenes de esta deidad, se le rinde culto ante una piedra de forma irregular, pintada de color rojo, colocada debajo de un árbol. Esta forma de adoración es muy corriente en los pueblos de Bengala. Algunos templos de Panchanana han adquirido notable celebridad y a ellos acuden las mujeres para obtener hijos y otras bendiciones. Cuando se sufre alguna enfermedad, se hacen ofrendas a esta deidad sin escrúpulo alguno, aunque el enfermo no sea normalmente un devoto de Siva. En los casos de epilepsia, la creencia común es que la víctima está poseída por Panchanana y se hacen ofrendas para inducirle a que le deje; la recuperación se considera como el resultado de la partida del dios.

Uma es el nombre por el que se conoce a la consorte de Siva en su primera manifestación. En los libros sagrados aparece bajo muchas formas y se la conoce por muchos nombres. Como existen leyendas que describen las circunstancias relacionadas con los nombres y formas ya conocidas, se relatarán aquéllas en orden cronológico, siempre que sea posible.
Cuando Devi (la diosa) se manifiesta como Uma, se la considera como hija de Daksha, uno de los hijos de Brahma. Al principio a su padre le disgustaba mucho la idea de que su hija se casase con un mendigo, pero sus escrúpulos fueron superados por la persuasión de Brahma. Así como a Siva se le da a menudo el nombre de Mahadeva, a Uma se la llama también simplemente Devi. En esta fase de su existencia se la conoce también como Sati, aludiendo al hecho de que cuando su padre ofendió a su marido no invitándole al sacrificio que aquél celebró, ella se entregó voluntariamente al fuego sacrificial y murió consumida en presencia de los dioses y brahmanes, o según otra versión, resultó consumida bajo idénticas circunstancias por su propia gloria. El nombre de Sati significa «mujer virtuosa o amante de la verdad» y se da a las viudas que ascienden a la pira funeraria de sus maridos y se entregan a una muerte voluntaria, siendo quemadas junto con los cadáveres de aquéllos. En uno de los libros más antiguos se dice que Ambika, otro nombre con el que se conoce a Uma, es la hermana de Rudra, mientras que en libros posteriores se la considera como su esposa.
»La primera obra en la que aparece el nombre de Uma, es el Talavakara o Kena Upanishad.

Las tres principales divisiones del tiempo empleadas en las escrituras hindúes son las Yugas, Manvataras y Kalpas, que vamos a describir a continuación.
Existen cuatro Yugas, que juntas comprenden 12.000 años divinos. Las duraciones respectivas de cada yuga son las siguientes:
La Krita Yuga = 4800 años divinos.
La Treta Yuga = 3600 años divinos.
La Dvapara Yuga = 2400 años divinos.
La Kali Yuga = 1200 años divinos.
«Un año de los mortales es igual a un día de los dioses. Tomando como el número de días del año la cifra de 360:
La Krita Yuga = 4800 × 360 = 1.728.000 años de los mortales.
La Treta Yuga = 3600 × 360 = 1.296.000 años de los mortales.
La Dvapara Yuga = 2400 × 360 = 864.000 años de los mortales.
La Kali Yuga = 1200 × 360 = 432.000 años de los mortales.
Una Mahayuga o Gran Era, que incluye a las cuatro Yugas menores, tiene por lo tanto una duración de 12.000 años divinos = 4.320.000 años de los mortales. Un año de Brahma está compuesto del consecuente número de días y noches, y cien de tales años constituyen toda su vida. El período de su vida se llama Para y la mitad del mismo Pararddha, o la mitad de un Para. Un Pararddha o mitad de la existencia de Brahma, ha expirado ahora, terminando con el gran Kalpa, llamado el Padna Kalpa. El Kalpa, el día de Brahma, en el que nos encontramos ahora, se llama Varaha (del jabalí). Es el primero del segundo Pararddha de la existencia de Brahma.
La disolución que ocurre al final de cada Kalpa, o día de Brahma se denomina naimittika, accidental, ocasional o casual.
La disolución de los seres vivos es de tres clases: «accidental, elemental y absoluta». La primera es naimittika, ocasional, incidental, o Brahmya, ocasionada por los intervalos de los días de Brahma. La destrucción de las criaturas, aunque no de la sustancia del mundo, ocurre durante la noche de Brahma. La segunda es la disolución general de los elementos en su sustancia primitiva o Prakriti —la destrucción Prakritika— y ocurre al final de la vida de Brahma. La tercera, la absoluta, o Alyantka o final es la aniquilación individual o Moksha, la exención para siempre de toda futura existencia.

A la cabeza de los poderosos caudillos del ejército de monos unidos a Rama para destruir a Ravana, estaba el rey Sugriva. Vishnu, antes de dejar el cielo para encarnarse como Rama, pidió a los dioses que:
«Crearan seres que le ayudaran en la guerra,
Dotados de formas que cambiasen a voluntad,
Astutos como zorros y de heroico poder,
Y tan veloces que dejaran atrás al viento».
ellos accedieron gustosos a su ruego y «crearon hijos valientes en número incontable, ataviados en formas salvajes». De Sugriva se dijo:
«Aquel ilustrísimo fuego,
El Sol, era el padre del gran Sugriva».
Rama encuentra a este rey de los monos en el exilio, habiendo sido expulsado de su trono por su hermano Bali.

Ganga (el Ganges), la más importante de las corrientes sagradas de la India, de cuyas aguas se dice que tienen el poder de purificar todos los pecados presentes, pasados y futuros, se considera divino, y el relato de su nacimiento y aparición sobre la tierra constituye un interesante episodio del Ramayana. La historia es cantada a Rama por el santo Visvamtra, que estaba viajando con Rama y su hermano Lakshman. En cuanto llegan a las orillas de la sagrada corriente,
«Se bañaron en ella, como ordenan las escrituras
Y ofrecieron las oblaciones debidas al dios y a la sombra». El Ganges le siguió hasta que sus aguas tocaron sus cenizas, en cuyo momento:
«Tan pronto como la corriente lavó sus cenizas,
Sus espíritus obtuvieron la beatitud,
Y vestidos todos en cuerpos celestiales
Ascendieron al eterno descanso de los cielos».
Como recompensa por su meritorio trabajo, Brahma le dijo: “Por tanto tiempo como el océano
Permanezca junto a la orilla del mar,
Vivirán los hijos de Sagar
Y conservarán en el cielo el rango de dioses.
El Ganges será tu hijo mayor,
En tu honor llamado Bhagirathi».
A consecuencia de la fe en esta leyenda, uno de los lugares de peregrinaje más frecuentados en la India es la isla Saar, el lugar donde se encuentran el río Ganges y el Océano.
Además del Ganges, hay muchos otros ríos considerados como sagrados por los hindúes; la adoración de estos ríos, así como el bañarse en ellos es casi tan productivo como las grandes bendiciones obtenidas del mismo Ganges. Algunos de éstos se consideran masculinos y otros femeninos. La siguiente no es una relación completa, pero contiene los nombres de los ríos más comúnmente adorados.
Ríos Masculinos: El Sona y el Brahmaputra.
Ríos Femeninos: Godavari, Kaveri, Atreyi, Karaloya, Bahuda, Gomad, Sarayu, Gandaki, Varahi, Charmanwati, Shatadru, Vipasha, Goutami, Karmanasha, Airavati, Chandrabhaga, Vitasta, Sindhu, Krishna, Vetravati y Bhairava.

Varios árboles se consideran sagrados, siendo los representantes de alguna deidad o especialmente queridos por ella.
El plantarlos y regarlos es un acto meritorial y tal es el respeto que se les otorga, que ni siquiera se permite quemar sus ramas secas. Se celebran las mismas ceremonias al plantar estos árboles o, cuando han sido ya cuidados por algún tiempo, al consagrarles, que las celebradas en la colocación de una imagen. Los siguientes son los nombres de los árboles sagrados:

El Asvatta o Pipul (Ficus religiosa), consagrado a Vishnu.
El Vata. Banyan o Higuera India (Ficus Indica), también consagrado a Vishnu.
El Vilva o Bel (Aegle Mannelos), consagrado a Siva.
El Vakula (Mimusops Elengi).
El Harlataki (Terminalia chebula).
El Amalaki o Emblic Myrobalans (Phyllanthus emblica).
El Nimba o Nim (Melia azadirachta).

(Deidades Jainistas) Como hay un número considerable de jainistas, principalmente en el Norte y Noroeste de India, debería mencionarse algo acerca de sus objetos de adoración.
El origen de esta secta es oscuro, especialmente porque su cronología es muy salvaje y extravagante.

1. VRISHABHA, de la raza real de Ikohwaku, era hijo de Nabhi y Marudeva. Se le suele pintar de amarillo y tiene un toro como signo característico. Su estatura media unas 500 varas de altura y vivió 8.400.000 largos años. Nació en Oude. Cuando fue coronado rey tenía 2.000.000 de años; reinó 6.300.000 de años y pasó 100.000 en la práctica de austeridades, gracias a las que llegó a ser clasificado para la santidad.
2. PARSWANATHA era también de la misma raza que el primero de ellos. Se le representa de color azul y tiene una serpiente como distintivo. Posiblemente fuera el verdadero fundador de la secta jainista. Nació en Benarés, y comenzó su vida de santidad cuando tenía treinta años de edad, continuando su ascetismo durante sesenta años; murió cuando sólo tenía cien años de edad.
3. MAHAVIR es el último y el mejor conocido de todos. Su denominación común es «El Santo». Su imagen es de color dorado y su símbolo un león. Renunció a su posición de dios para obtener la inmortalidad corno un santo cuando faltaban poco más de 75 años para llegar al fin de la edad. Sus padres eran brahmanes, pero como Indra consideró como impropio que aquél a quien él había reconocido como santo antes de que naciera y que iba a ocupar una posición tan prominente naciera en una familia humilde, trasladó el feto al vientre de una princesa de la raza real, Trisala, esposa de Siddharta. A los veintiocho años perdió a su padre, se convirtió en rey y reinó durante dos años.

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This book is an exact reproduction of the original book from the 1800’s. It has all the GORGEOUS line drawings, an absolute MUST fr anyone who is interested in Hinduism, the book reads like a presest day book, you have to keep reminding yourself this is over 100 yrs old! What a treasure. Do get this book. You wont be sorry . Its a great addition to any hindu/religious bookshelf!. Good synopsis of all the puranas and the vedas. Does not deal much beyond tales associated with Gods etc. That is the beauty of this book. Crisp and to the point. Though not comprehensive, good book for starters and those looking for a synopsis of the various hindu myths. Are you looking to immerse yourself in the mythology of India like never before? So this is your book, I can assure you one hundred percent. In every detail, the author treats each of the deities of the Hindu pantheon, both Vedic and Puranic. A single fault, do not write about the Nagas. The Vedic gods are those whose description is found mainly in the Vedic Age; the Puranic gods are those described more fully in the Puranas and whose worship was more general in the Puranic Age.

Before referring to the Vedic Divinities, it is necessary to say something about the Vedas themselves, our source of information about them. The root of the word is «vid»: know. The term “Veda” therefore means “knowledge” and since these books were not “written” until after centuries after they were originally composed, it means knowledge that was transmitted orally.
The Vedas are not the work of a single person, but, according to popular belief, were communicated to several Rishis or saints, who in turn transmitted them to their disciples. The seer Vyasa considers himself the composer, or as we would say today, the editor of these works.
It is said that the teachings contained in these writings have been inspired by God himself. Other times it is said that the Vedas have derived from the elements. The stories about their origin, although they differ in their form, coincide in teaching that they were a direct gift of God for man and consequently they are considered with the greatest veneration. They are special property of the Brahmins. The Vedas are four. Of them the Rig-Veda is the oldest; the next in order was the Yajur-Veda; then the Sama-Veda, and the last of them all, the Atharva-Veda. Each of these Vedas is composed of two main parts: a Sanhita or compilation of mantras or hymns and a Brahmana that contains ritualistic precepts and teachings and that keeps with the Sanhita the same relationship as the Talmud with the Law. In these are instructions for the priests who direct the worship of the gods invoked in the hymns. Attached to each Brahmana is an Upanishad that contains secret or mystical doctrine. They are considered to have less authority than the Mantas and Brahmanas, because they are repeated as “sruti,” that is, ears, and the Upanishads are “smriti,” learned. Although they are based on the old compositions, if there is any discrepancy between them, the teachings of the latter are rejected. The Sanhitas and Brahmanas are generally for the Brahmins; the Upanishads for philosophical researchers. As for the antiquity of the Vedas, nothing is known with certainty. No doubt count among the oldest literary productions in the world. But the date they were composed is subject to wide conjectures. Colebrooke seems to infer from a Vaidick calendar that they must have been written before the nineteenth century a. C. Some assign a more recent date and others an older one. Dr. Haug believes that the Vedic Age extends from the year 2000. C. to 1200 a. C., although it thinks that some of the oldest texts could have been composed about 2400 years. C. Max-Müller gives as probable dates, from 1200 a. C., until 800 a. C .; for the Brahmanas of 800 a. C. to 600 a. C., and the rest of 600 a. C. at 200 a. C. There is nothing in the text of the Vedas that indicates when they were written.

Yaska (probably the oldest commentator of the Vedas) gives the following classification of the Vedic gods: “There are three deities, according to the commentators of the Vedas: Agni, whose place is on earth; Vayu or Indra, whose place is in the air, and Surya, whose place is in the sky. Each of these deities receives many appeals as a consequence of their greatness or the diversity of their functions. ” In the Rig-Veda this number rises to thirty-three, of which eleven are said to be in heaven, eleven on earth and eleven in the air that exists between them. «Agni, the wise god, pays attention to those who adore him. The god of reddish steeds, who loves to be praised, draws the thirty-three to himself. ” This is the number that is usually mentioned, although it is not easy to deduce what those thirty-three are, since the lists that are in different places vary considerably; whereas in another verse it is said that “three hundred, three thousand, thirty-nine gods have worshiped Agni.”
These deities, although mentioned as immortal, are not said to be existing beings by themselves; in fact, most cases mention their birth, although the different stories about their origin do not agree with each other. It is known that Agni and Savitri conferred immortality on the other gods, while it is also taught that Indra obtained this gift through sacrifice. The general opinion regarding Dyaus (the sky) and Prithivi (the earth) is that they are among the oldest of the Aryan deities. In the hymns of the Rig-Veda they are mentioned as the parents of the other gods. They are described as “great, wise and vigorous”; like those who “promote virtue and lavish favors on their worshipers.” Elsewhere it is said that “they have created all creatures” and that by their favor “immortality is conferred on their descendants.” They are not only the creators, but also the preservers of all creatures and are benevolent and kind to all. In other passages it is said that Heaven and Earth have been created by Indra, who transcends those in greatness and who follow as a chariot follows the horse. They describe themselves as bowing to him and being under his control. It is also said that they have been formed by Soma; in other verses it is considered that other deities have created them.
This confusion regarding the origin of the gods led naturally to the question posed in other hymns: “How have they been created? Who is the wise man who knows?
The opinion that Indra gradually replaced Dyaus in the cult of the Hindus shortly after his establishment in India seems to have quite a foundation. As the glories of the new god were sung, the oldest was forgotten. Today, while Dyaus is almost unknown, Indra is still worshiped, although in the Vedas both are called the gods of heaven.

Aditi has the honor of being almost the only goddess whose name was mentioned in the Rig-Veda as mother to all gods. However, it is not at all easy task to delineate his character, since on it the most contradictory affirmations are made. She was invoked as a dispenser of blessings for children and livestock, and is declared to be the mother of Varuna and other deities, which sometimes number eight and twenty.
It is supposed to be the personification of the infinite, especially the immensity of the sky, as opposed to the limitation of the earth. Another assumption is that Aditi is the personification of the «Nature or Universal Being that contains everything». This last idea seems to be more correct. (Adityas) This name simply means the descendants of Aditi. In a passage of the Rig-Veda the names of six of them are mentioned: Mitra, Aryaman, Bhaga, Varuna, Daksha and Amsa. In another passage it is said that there are seven, although their names are not mentioned. In a third, eight is the number that is mentioned, although, of the eight children of Aditi, born of his body, he appeared before the gods with seven and left out Marttanda (the eighth). As the names of these children listed in different parts of the Vedas do not coincide with each other, it is difficult to know who were originally considered as Adityas. Judging by the number of hymns dedicated to them, some of these deities occupied an outstanding position in the Vedic Pantheon. Others, however, are mentioned only once or twice and in relation to their most illustrious brothers. In the “Brahmana Satapatha” and the Puranas the number of Adityas increases to twelve. In addition to the six whose names have already been cited, the following are described in some hymns of the Rig-Veda as descendants of Aditi: Surya, as Aditya identified with Agni, is said to have been summoned by the gods in the firmament “; Savitri, like Indra, are treated in a passage like Adityas along with Varuna and the Moon. According to a passage from the “Brahmana Satapatha” cited in chapter II, Agni, Indra and Surya obtained superiority over the other gods through sacrifices. Whatever the means by which this position was achieved, it is certain that they were the most popular deities of the Vedic Age. Agni constitutes a class by itself; however there are other deities closely associated with Indra and Surya and who possess very similar attributes. Almost all of the most conspicuous Vedic deities can be classified as follows: 1) Agni, the god of Fire; 2) Sun Gods or gods of light and 3) Gods of the Storm, or those associated with Indra.

Agni, the god of Fire, is one of the most prominent deities of the Vedas. With the sole exception of Indra, more hymns are dedicated to him than to any other deity. Professor Williams makes the following vivid description about Agni:
«Brilliant God of the seven rays, how many are your forms,
Revealed to us your devotees: now we contemplate you
Your body made of gold and your radiant hair
Flaming from three formidable heads; mouths,
Whose teeth and jaws of fire devour all things.
Now, with a thousand shining horns and
Flashing your splendor by a thousand eyes,
You are heading towards us in a golden chariot,
Powered by the winds and driven by reddish steeds,
Marking with darkness the destructive career of your chariot ».

He is a swift messenger who travels between heaven and earth, commissioned by both gods and men to maintain mutual communication, to announce to the immortals the hymns and to bring them the offerings of their worshipers or to bring them (to the immortal) from heaven to the place of sacrifice. Accompany the gods when they visit the earth and share the respect and adoration they receive. It makes the offerings become fragrant; without it, the gods do not feel satisfied.
Agni is the lord, the protector, the king of men. He is the lord of the house, residing in all the dwellings. He is a guest of all homes; he does not despise any human being, he lives in all families. He is considered, therefore, as a mediator between gods and men and as a witness to his actions; hence, his adoration has continued until the present times and his blessings are requested on all solemn occasions, such as a wedding, a death, etc.

In the Vedic hymns Surya and Savitri are two names commonly used to designate the sun. Sometimes only one name is used, in others both names are used interchangeably and sometimes they are still used as if they represented different characters. Savitri is supposed to refer to the sun when it is not visible, whereas Surya refers to it when it is visible to those who worship him. This provides at least some reason for the use of two names, although it may not be a satisfactory explanation in all cases.
Although the hymns in which Surya is invoked are not very numerous, their worship was very widespread in ancient times and has continued to be until the present time.
This god is invoked by each Brahmin devotee at the beginning of Gayatri, the most sacred text of the Vedas. Among the many names and epithets for which this deity is known, the following are the most common:
Dinaraka, “The Maker of the day.”
Bhaskara, “The Creator of light.”
Vivaswat, “The Radiant.”
Mihira, “He who waters the earth”; (extracts steam from the seas so that the clouds form).
Grahapati, “The Lord of the stars.”
Karmasakshi, «The Witness of the works (of men)».
Martanda, “Descendant of Mritanda.”

Pushan is the name of a sun-god to whom some hymns are dedicated exclusively and whose praises are told on other occasions along with those of Indra and other gods. In these hymns his character is highly defined. It is said to encompass the entire universe; he is invoked as a guide for travelers and a protector of cattle. He is called to protect his servants in battle and to defend them. He is invoked in the marriage ceremony and is asked to take the bride’s hand, carry it with her and bless her in her conjugal relationships. It is also said that it leads the spirit of the deceased from this world to the other. In a text he is called “the feeder,” in a similar way as in later time Vishnu was called “the Preserver.”

Indra, along with Agni and Surya, obtained the supremacy over the other gods by means of the celebration of sacrifices; judging by the number of hymns dedicated to him in the Vedas, he was the most popular deity. Indra is the god of the firmament, in whose hands are the thunder and lightning and by whose will fall the refreshing rains that make the land fruitful. If we take into account that in India, the earth, exposed for months to the torrid rays of the sun, hardens so much that it is impossible to plow the fields or plant the seed, we will not be surprised that the god who is supposes it grants the rain nor that the most laudatory songs are dedicated to it. For the poetic minds of the Vedic Age, the clouds that the winds brought from the ocean were enemies that clung tightly to their treasures until, conquered by Indra, they were forced to pour them on the cracked ground. Of Indrani, the wife of Indra (also called Sachi), hardly anything is said. In the Rig-Veda we read: “Among all women, Indrani is the most fortunate, because her husband will never die of old age.” This can be clarified by the fact that Indrani is the wife of all those who successively reach the throne of Indra. There is always someone ruling in heaven; the throne is perpetual and as she is the wife of the reigning monarch, whoever he may be, her husband can never die of old age. Kings can come and go, but she is still the queen. It is said that he has a son, named Chitragupta, who was born from a cow.

Tvastri, or, as he is called in later texts, Visvakarma, is the architect and the worker of the gods: the Hindu Vulcan. The celestial apartments were made by him and the gods of war are in debt to him because of his very powerful weapons. He sharpens the iron ax of Brahmanaspati (Agni), and forges Indra’s lightning. He is intimately united with men; create the husband and the woman already from the womb so that they are for each other and bless the marriage with offspring. This explains why the wives of the gods are their most constant companions. He made the world and everything in it exists and is the protector of the created creatures. Participate, with the other gods, in the sacrifices offered by mortals.
In several passages, Tvastri is related to the Ribhus. These were sons of a man Itamado Sudhanvan, who, thanks to the great skills he possessed, obtained immortality and divine honors. The Ribhus made the chariot and the horses of Indra and by the great austerities practiced they returned the youth to their parents. Yama, judge of men and king of the hidden world, was the son of Vivasvat (the Sun) and Saranya, the daughter of Tvastri. He was born before his mother became afraid of her glorious husband. He was Yami’s twin brother and, in Professor Roth’s opinion, they were considered as the original couple from which the human family originated. In another verse of the Rig-Veda they are described as sons of the celestial singers, the Gandharvas. Since there was no one else to perpetuate the race, Yami begged Yama to become her husband. She maintained the fact that Tvastri had created them as male and female in the mother’s womb and, therefore, it was useless for him to reject his request, since no one can act against Tvastri’s plans. But Yama stood firm and resisted his propositions on the grounds that it was monstrous for those who preach virtue to act sinfully. It is not easy to determine what is really wanted to be represented by these deities. Max-Müller interprets Vivasvat as heaven, Saranya as sunrise, Yama as day and Yami as night.

The main sources of information of the modern Hindu mythology are: the two great epics – the Ramayana and the Mahabharata -, the Puranas or “old traditional stories” (eighteen in all) and the five main Tantras.
Nothing is known with certainty about the date of the Epics, except the fact that they are later than the Vedas and prior to the Puranas. Some place the Ramayana about the year 500 a. of J. C., while others affirm that it could not be composed before the year 100 a. of J. C., and that a considerable part was added much later. The Mahabharata is supposed to be completed in the first century of our era. Unlike the Vedas, and like the Puranas and Tantras can be read by non-Brahmins. Each of these books has a huge volume, and often the same stories reappear in them. Still in our day, the popular masses of India maintain a firm faith and veneration for them. The Puranas can be classified as follows:
Those who are dedicated to praising Brahma, namely: Brahma, Brahmananda, Brahmavaivarta, Markandeya, Bhavishya and Vaman.
Those who are related to Vishnu: the Vishnu, the Bhagavata, the Naradiya, the Garuda, the Padma and the Varatha.
Those who are mainly related to Siva: the Siva, the Linga, the Skanda, the Agni, the Matsya, the Kurna. Sometimes, another called Vayu replaces the Agni Purana.
These Puranas are the authority of almost all popular Hinduism today. They are widely read by people. Part of some of them and others completely, they have been translated from Sanskrit to vernacular languages and where people can not read, it is a common practice for their Guru or teacher to read them a part of them in their periodic visits. In this way, the content of these books is widely known.
There is the fact that each Purana is dedicated to a particular deity, which according to his teachings is the supreme, while other deities, described in other Puranas in an equally extravagant language, are despised, and in some cases their worship It is forbidden.”

Sarasvati is the wife of Brahma, the goddess of wisdom and science, the mother of the Vedas and the inventor of the Devanagari alphabet. She is represented as a beautiful young woman with four arms.
With one of her right hands she offers a flower to her husband, to whose side she remains continually, and with the other she holds a book of palm leaves, indicating that she is a lover of knowledge. In one of his left hands he wears a pearl necklace, called Sivamala (necklace of Siva), which serves as a rosary and in the other a damaru, or small drum. On other occasions she is represented with only two arms and sitting on a lotus, playing a kind of banjo. She dwells on earth among men, but her special dwelling is located in the Brahmaloka, next to her husband.
As Sarasvati was created by Brahma, he was considered by this as his daughter; that’s why his union with him was considered a crime by the other gods. Sometimes she is considered Vishnu’s wife. Vishnu is known as the second person of the Trimurti or Hindu Triad; but in spite of being the second, this does not imply in any way that he should be considered inferior to Brahma. In some books it is said that Brahma is the first cause of all things, in others it is strongly affirmed that this honor belongs to Vishnu, while in others it is granted to Siva. Just as the main work of Brahma is creation, that of Vishnu is that of preservation. In the following passage from the Padma Purana it is taught that Vishnu is the supreme cause, thus identifying him with Brahma, and also that his main task is that of preservation: “In the beginning of creation, the great Vishnu, eager to create the whole world, assumed three forms: Creator, Conservator and Destroyer. To create this world, the Supreme Spirit reproduced itself. Brahma appeared from the right side of his body; then, to preserve the world, he produced Vishnu from his left side, and in order to destroy it, produced from the center of his body the eternal Siva.

Aditi, the mother of the gods, was distressed to see the condition of her children; acting according to the advice of her husband, she propitiated Vishnu, who said. “With a part of myself, I will become your son and free your children. Virtuous woman, trust in your husband, Prajapati, who is exempt from sin and meditates on me that in this way I dwell within him ». Aditi followed the god’s advice and Kasyapa learned through meditation that a portion of Hari had entered him.
In due time Aditi’s son was born and over the years he became a very short Brahmin student.
This dwarf visited Bali in the sky of Indra, while the Bhrigu were carrying out a sacrifice for Bali on the banks of the Narmada River. Another legend teaches that Vishnu offered Bali the option of going to heaven with five ignoramuses or going to hell with five sages. He chose the latter, for nowhere is there pleasure in the company of the ignorant. On the other hand, the worst place can be enjoyed if the company is good.

Siva is the third person of the Hindu Triad. Being Brahma the Creator and Vishnu the Preserver and being all things subject to decay, it took a Destroyer to complete the system; the destruction is considered as the special function of Siva. This does not seem to harmonize much with the form by which it is usually represented. It should be remembered, however, that according to the teachings of Hinduism, death does not imply death in the sense of passing into non-existence, but simply a change to a new way of life. He who destroys, therefore, causes beings to assume new phases of existence: the Destroyer is really a re-Creator. Hence, it is given the name of Siva, the Radiant or the happy. It would not have been like that if he were considered the destroyer in the ordinary meaning of this term.
In recent Hinduism, and according to the teachings of the Epics and the Puranas, Siva plays a very important role, having written several books dedicated to singing his praises. However, his name is not among the gods of the Vedas. For this reason, and in order to increase his veneration among men, it has been affirmed that it coincides with the Rudra of the Vedas. In some passages of these, Rudra is identified with Agni, although “the various epithets with which he is qualified in the Rig-Veda seem to prove sufficiently that he used to be differentiated from Agni by his primitive worshipers.” The name by which Siva is commonly known is that of Mahadeva, the great god; the origin of this is described in the Mahabharata. The asuras had received a gift from Brahma and this was that they were to possess three castles that “could only be destroyed by the deity that was able to pierce them with a single arrow”. Because of this protection, the other gods became obnoxious and, in their affliction, they turned to Brahma and he in turn directed them to Mahadeva. Siva tells them that he alone can not destroy these castles, but that with the help of half their strength, they themselves would be able to do so. They replied that since they could not sustain half their strength, they proposed that he should undertake the action with the help of half the strength of the gods, henceforth called Mahadeva. However, in the story of Parasurama a legend is cited in which Vishnu’s superiority over Siva is demonstrated, while in the Puranas dedicated to praising Siva it is clearly stated that Brahma and Vishnu are inferior to him. The unity of the various deities is taught in the following legend. While Lakshmi and Durga were sitting in Siva’s presence, Lakshmi maintained that her husband (Vishnu) was superior to Siva since Siva had worshiped him. While they were still talking, Vishnu himself appeared and to convince his wife that he and Siva were equal, he entered his body and they both became one. Another version of this story is found in the Skanda Purana. (Pachanana) This is a form of Siva which is represented, as the name suggests, with five faces; the appearance of his body and the attire of ascetic are the same as in his ordinary form. It is in this form that prayers are devoted to cure diseases, considering him as a doctor or healer. In places where there is no temple or images of this deity, he is worshiped before an irregularly shaped stone, painted red, placed under a tree. This form of worship is very common in the towns of Bengal. Some temples of Panchanana have acquired notable celebrity and women come to them to obtain children and other blessings. When suffering from any disease, offerings are made to this deity without scruple, even if the sick person is not normally a devotee of Siva. In cases of epilepsy, the common belief is that the victim is possessed by Panchanana and offerings are made to induce him to leave him; Recovery is considered as the result of the departure of God.

Uma is the name by which the consort of Siva is known in its first manifestation. In the sacred books it appears in many forms and is known by many names. As there are legends that describe the circumstances related to the names and forms already known, they will be related in chronological order, whenever possible.
When Devi (the goddess) manifests as Uma, she is considered the daughter of Daksha, one of the sons of Brahma. At first his father disliked the idea of his daughter marrying a beggar, but his scruples were overcome by the persuasion of Brahma. Just as Siva is often called Mahadeva, Uma is also simply called Devi. In this phase of her existence she is also known as Sati, alluding to the fact that when her father offended her husband by not inviting him to the sacrifice that he celebrated, she voluntarily surrendered herself to the sacrificial fire and died consumed in the presence of the gods and brahmins , or according to another version, was consumed under the same circumstances by its own glory. The name of Sati means “virtuous woman or lover of the truth” and is given to the widows who ascend to the funeral pyre of their husbands and give themselves to a voluntary death, being burned along with the corpses of those. In one of the oldest books, it is said that Ambika, another name by which Uma is known, is Rudra’s sister, while in later books she is considered his wife.
»The first work in which the name of Uma appears is the Talavakara or Kena Upanishad.

The three main divisions of time used in the Hindu scriptures are the Yugas, Manvataras and Kalpas, which we will describe next.
There are four Yugas, which together comprise 12,000 divine years. The respective durations of each yuga are the following:
The Krita Yuga = 4800 divine years.
The Treta Yuga = 3600 divine years.
The Dvapara Yuga = 2400 divine years.
The Kali Yuga = 1200 divine years.
«A year of mortals is equal to a day of the gods. Taking the figure of 360 as the number of days of the year:
The Krita Yuga = 4800 × 360 = 1,728,000 years of the mortals.
The Treta Yuga = 3600 × 360 = 1,296,000 years of mortals.
The Dvapara Yuga = 2400 × 360 = 864,000 years of mortals.
The Kali Yuga = 1200 × 360 = 432,000 years of mortals.
A Mahayuga or Great Era, which includes the four smaller Yugas, therefore has a duration of 12,000 divine years = 4,320,000 years of mortals. A year of Brahma is composed of the consequent number of days and nights, and one hundred such years constitute his whole life. The period of his life is called Para and half of it is Pararddha, or half of a Para. A Pararddha or half of Brahma’s existence has now expired, ending with the great Kalpa, called the Padna Kalpa. The Kalpa, the day of Brahma, in which we are now, is called Varaha (of the boar). It is the first of the second Pararddha of the existence of Brahma.
The dissolution that occurs at the end of each Kalpa, or day of Brahma is called naimittika, accidental, occasional or casual.
The dissolution of the alive beings is of three classes: “accidental, elementary and absolute”. The first is naimittika, occasional, incidental, or Brahmya, occasioned by the intervals of the days of Brahma. The destruction of creatures, though not of the substance of the world, occurs during the night of Brahma. The second is the general dissolution of the elements in their primitive substance or Prakriti – Prakritika destruction – and occurs at the end of Brahma’s life. The third, the absolute, or Alyantka or final is the individual annihilation or Moksha, the exemption forever from all future existence.

At the head of the powerful leaders of the army of monkeys attached to Rama to destroy Ravana, was King Sugriva. Vishnu, before leaving heaven to incarnate himself as Rama, asked the gods to:
«They will create beings that will help you in the war,
Gifted in ways that change at will,
Astute as foxes and heroic power,
And so fast that they left the wind behind. ”
they willingly agreed to their request and “created brave children in countless numbers, dressed in savage ways.” From Sugriva it was said:
«That illustrious fire,
The Sun, was the father of the great Sugriva ».
Rama finds this king of the monkeys in exile, having been expelled from his throne by his brother Bali.

Ganga (the Ganges), the most important of the sacred currents of India, whose waters are said to have the power to purify all present, past and future sins, is considered divine, and the account of his birth and appearance upon the earth constitutes an interesting episode of the Ramayana. The story is sung to Rama by Saint Visvamtra, who was traveling with Rama and his brother Lakshman. As soon as they reach the banks of the sacred stream,
«They bathed in it, as the scriptures order
And they offered the oblations due to the god and the shadow. ” The Ganges followed him until its waters touched his ashes, at which time:
«As soon as the stream washed its ashes,
Their spirits obtained bliss,
And all dressed in heavenly bodies
They ascended to the eternal rest of the heavens ».
As a reward for his meritorious work, Brahma told him: “For as long as the ocean
Stay by the seashore,
The children of Sagar will live
And they will keep the rank of gods in heaven.
The Ganges will be your eldest son,
In your honor called Bhagirathi ».
As a result of faith in this legend, one of the most frequented places of pilgrimage in India is Saar Island, the place where the Ganges River and the Ocean meet.
Besides the Ganges, there are many other rivers considered sacred by the Hindus; The worship of these rivers, as well as the bathing in them, is almost as productive as the great blessings obtained from the Ganges itself. Some of these are considered masculine and others feminine. The following is not a complete account, but it contains the names of the most commonly worshiped rivers.
Male Rivers: The Sona and the Brahmaputra.
Feminine Rivers: Godavari, Kaveri, Atreyi, Karaloya, Bahuda, Gomad, Sarayu, Gandaki, Varahi, Charmanwati, Shatadru, Vipasha, Goutami, Karmanasha, Airavati, Chandrabhaga, Vitasta, Sindhu, Krishna, Vetravati and Bhairava.

Several trees are considered sacred, being the representatives of some deity or especially loved by her.
Planting and watering them is a meritorious act and such is the respect that is given to them, that even their dry branches are not allowed to burn. The same ceremonies are celebrated when these trees are planted or, when they have been cared for for some time, by consecrating them, than those celebrated in the placement of an image. The following are the names of the sacred trees:

The Asvatta or Pipul (Ficus religiosa), consecrated to Vishnu.
The Vata Banyan or Higuera India (Ficus Indica), also consecrated to Vishnu.
The Vilva or Bel (Aegle Mannelos), consecrated to Siva.
The Vakula (Mimusops Elengi).
The Harlataki (Terminalia chebula).
The Amalaki or Emblic Myrobalans (Phyllanthus emblica).
The Nimba or Nim (Melia azadirachta).

(Jain Deities) As there are a considerable number of Jains, mainly in the North and Northwest of India, something about their objects of worship should be mentioned.
The origin of this sect is obscure, especially because its chronology is very wild and extravagant.

1. VRISHABHA, of the royal race of Ikohwaku, was the son of Nabhi and Marudeva. It is usually painted yellow and has a bull as a characteristic sign. Its stature average 500 rods of height and lived 8,400,000 long years. He was born in Oude. When he was crowned king he was 2,000,000 years old; he reigned 6,300,000 years and spent 100,000 in the practice of austerities, thanks to which he came to be classified for holiness.
2. PARSWANATHA was also of the same race as the first of them. It is represented in blue and has a snake as a distinctive. Possibly he was the true founder of the Jain sect. He was born in Benares, and began his life of holiness when he was thirty years old, continuing his asceticism for sixty years; He died when he was only a hundred years old.
3. MAHAVIR is the last and the best known of all. Its common denomination is «The Saint». His image is golden and his symbol a lion. He renounced his position as a god in order to obtain immortality as a saint when there was little more than 75 years to reach the end of his age. His parents were Brahmins, but as Indra considered it improper that the one whom he had recognized as a saint before he was born and who was to occupy such a prominent position was born into a humble family, he transferred the fetus to the womb of a princess of the race Real, Trisala, wife of Siddhartha. At twenty-eight he lost his father, became king and reigned for two years.

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