Feliz Final — Isaac Rosa / Happy End by Isaac Rosa (spanish book edition)

Interesante. Esta sería una típica novela de amor si no fuera por dos razones. La primera es una apuesta formal. Es el deseo del autor de contar la historia al revés. Desde el epílogo al prólogo. El libro comienza con la ruptura, con la casa vacía (solo queda un sofá cojo), con la pareja ya rota que decide intercambiar correos para repartir cosas y culpas, para empezar a contarse, para explorar en el pasado, desenterrar la historia (ella es historiadora, él periodista que escribió sobre fosas comunes) y entender qué pasó. “En qué momento se jodió todo“. Esta presentación de la historia es todo un acierto, pues lleva al lector a comprender mejor la ruptura, a descubrir giros inesperados, engaños, trampas, deseos y mentiras de una relación con sus propias claves (los mensajes en las palmas de las manos, el viaje a Nápoles, ciertas películas, tantas canciones). La segunda gran apuesta del libro es algo a lo que Isaac Rosa nos tiene acostumbrados: la vertiente social. El amor no se levanta sobre la nada, sino que en torno a la relación de una pareja hay condiciones sociales, laborales, económicas que afectan. Tal vez una relación de amor no cambie el mundo. Pero el mundo sí que influye para que cambie la relación que mantienen dos personas. Cómo afectan el trabajo, los amigos (qué buenas las conversaciones con otras parejas), los hijos. Hay conexiones interesantes entre amor y capitalismo, la visión mercantilista de las emociones (la gestión, la gestión). Y es interesante también esa conversación entre dos modelos de maternidad y su vinculación con el feminismo. No faltan las metáforas sobre el amor erosionado (la suciedad tras los muebles, los incendios, las inundaciones, las cucarachas tras la escayola). Y es genial esa imagen de las parejas que, en sus distintas etapas, se reflejan en el cristal del transporte público. Interesante la forma, también el fondo.

Nosotros íbamos a envejecer juntos. Lo digo en voz alta por escucharme, y compruebo lo melodramático que suena: nosotros íbamos a envejecer juntos… Sabemos que nos tendremos el uno al otro si en algún momento nos golpea la enfermedad, la depresión, la degeneración cerebral, la parálisis corporal, la incontinencia de esfínteres y el olvido salvaje de rostros y nombres. Somos nuestro propio Estado de Bienestar. Estamos a salvo. Quizás algo romántico en los tiempos que corren. Tú me intentabas convencer de que un divorcio no es el fin del mundo, ni siquiera un divorcio con hijas, estamos rodeados de amigos separados, nuestros propios padres, y todos bien, la vida sigue, la gente se rehace pronto, los niños se adaptan, el divorcio es una circunstancia más, tan corriente como casarse. Yo negaba, me resistía: qué me importa lo que haga la gente, este es nuestro divorcio, me duele a mí.

Somos nosotros. Si el amor pudiera medirse, si pudiésemos contabilizar con alguna unidad de medida cuánto nos amamos, la representación gráfica de nuestro amor durante trece años sería algo así. Una línea continua y con aspecto de relieve montañoso, que sube o baja según el momento. El comienzo súbito al enamorarnos, el alza eufórica de los primeros años, casi vertical, cuando crees que ya no puedes amar más y sin embargo subes y subes. Las relaciones amorosas son como las relaciones laborales en una empresa: o asciendes, o te vas a la calle. O te comprometes con la empresa y asumes más responsabilidades, o te conviertes en sospechoso de falta de implicación. En ninguna empresa puedes pretender ser tropa para siempre, se espera de ti que hagas carrera, que disputes a tus iguales, que te ganes cada escalón hacia arriba. No hay vuelta atrás. Nunca se puede rechazar una propuesta de ascenso. Enamorarse es también colocarse una máscara que años después aparecerá en un trastero, ridícula, encantadora. Enamorarse es también construir un personaje, en un juego de fingimiento aceptado por las dos partes, donde no caben decepciones. No estábamos ciegos ni ebrios, éramos conscientes de nuestro exceso. No entendíamos el amor sin exceso. No nos pesaba vergüenza alguna. El hombre no está preparado para vivir solo, quizás la solución esté en un congreso.

Es solo el comienzo. Más tarde duele,
y se le pone nombre.
A veces lo llaman pasión. Que puede
ocurrir de la manera más simple:
unas gotas en el cabello.
Acercas la mano, los dedos
se desatan ardiendo inesperadamente,
retrocedes por miedo. Esos cabellos,
sus gotas de agua son el comienzo,
solo el comienzo. Antes
de que acabe tendrás que coger el fuego
y hacer del invierno
la más ardiente de las estaciones.

EUGÉNIO DE ANDRADE

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/01/20/el-pais-del-miedo-isaac-rosa/

https://weedjee.wordpress.com/2015/01/21/la-habitacion-oscura-isaac-rosa/

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Interesting book. This would be a typical love novel if it were not for two reasons. The first is a formal bet. It is the author’s wish to tell the story backwards. From the epilogue to the prologue. The book begins with the breakup, with the empty house (only a lame couch), with the already broken couple who decide to exchange emails to distribute things and faults, to begin to count, to explore in the past, unearth the story (she he’s a historian, he’s a journalist who wrote about mass graves) and understand what happened. “At what point everything was screwed.” This presentation of the story is a success, because it leads the reader to better understand the rupture, to discover unexpected turns, deceptions, traps, desires and lies of a relationship with its own keys (the messages in the palms of the hands, the trip to Naples, certain movies, so many songs). The second big bet of the book is something that Isaac Rosa has accustomed us: the social aspect. Love does not rise over nothing, but around a couple’s relationship there are social, labor, economic conditions that affect. Maybe a love relationship does not change the world. But the world does influence what changes the relationship between two people. How work affects, friends (how good conversations with other couples), children. There are interesting connections between love and capitalism, the mercantilist vision of emotions (management, management). And it is also interesting that conversation between two models of motherhood and their connection with feminism. There is no shortage of metaphors about eroded love (the dirt behind the furniture, the fires, the floods, the cockroaches behind the plaster). And it is great that image of couples who, in their different stages, are reflected in the glass of public transport. Interesting the form, also the background.

We were going to grow old together. I say it out loud to listen to me, and I see how melodramatic it sounds: we were going to grow old together … We know we will have each other if at some point we are struck by illness, depression, brain degeneration, body paralysis, incontinence of sphincters and the wild oblivion of faces and names. We are our own Welfare State. We’re safe. Maybe something romantic in these times. You tried to convince me that a divorce is not the end of the world, not even a divorce with daughters, we are surrounded by separated friends, our own parents, and all are well, life goes on, people are remade soon, children adapt , divorce is another circumstance, as common as getting married. I denied, I resisted: what do I care what people do, this is our divorce, it hurts me.

We are. If love could be measured, if we could count with some unit of measure how much we love each other, the graphic representation of our love for thirteen years would be something like that. A continuous line with an aspect of mountainous relief, which rises or falls according to the moment. The sudden beginning when we fall in love, the euphoric rise of the first years, almost vertical, when you think that you can not love anymore and yet you rise and rise. Loving relationships are like labor relations in a company: either you ascend, or you go to the street. Either you commit yourself to the company and assume more responsibilities, or you become suspicious of lack of involvement. In no company can you pretend to be a troop forever, you are expected to make a career, to dispute your peers, to win each step up. There is no way back. A promotion proposal can never be rejected. Falling in love is also putting on a mask that years later will appear in a storeroom, ridiculous, charming. Falling in love is also to build a character, in a game of pretense accepted by both parties, where disappointments do not fit. We were not blind or drunk, we were aware of our excess. We did not understand love without excess. We were not embarrassed by any shame. The man is not prepared to live alone, perhaps the solution is in a congress.

It is only the beginning. Later it hurts,
and it is named.
Sometimes they call it passion. Which can
occur in the simplest way:
a few drops in the hair.
You hold your hand, your fingers
they unleash burning unexpectedly,
you go back because of fear. Those hair,
its water drops are the beginning,
only the beginning. Before
that you have to catch the fire
and make winter
the most ardent of the seasons.

EUGENIO DE ANDRADE

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/01/20/el-pais-del-miedo-isaac-rosa/

https://weedjee.wordpress.com/2015/01/21/la-habitacion-oscura-isaac-rosa/

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