Indestructibles — Xavier Aldekoa / Indestructible by Xavier Aldekoa (spanish book edition)

En África, el continente donde más bebés nacen del planeta, miles de niños se ven expuestos cada año a situaciones traumáticas. La guerra, el extremismo, el abuso, la pobreza o los efectos del cambio climático son algunos de los problemas que afectan a diario a millones de menores africanos.
El autor nos cuenta en este libro algunas de sus historias. Un placer de lectura

Mientras que para los europeos el funeral tiene que ver con el respeto y el pasado, con el acto de despedir a una persona, en Sierra Leona el funeral tiene una relación indisoluble con el futuro. Si no se realiza correctamente el ritual, si se ignoran las leyes del traspaso al mundo de los espíritus, el muerto vaga por la tierra eternamente y maldice a la comunidad. De modo que, pese a la prohibición gubernamental —con penas de cárcel para quien celebrara funerales clandestinos—, la población seguía realizando entierros fuera de control.
La importancia de esos rituales funerarios para la población local fue uno de los mayores fallos de cálculo al inicio de la lucha contra la epidemia. En la región, tanto musulmanes como cristianos lavan el cadáver y lo perfuman y abrazan antes de despedirlo —envuelto en una tela blanca los primeros, en un ataúd de madera los segundos—, así que los ritos al difunto fueron uno de los principales focos de infección. Algunas etnias celebraban una ceremonia en el lugar de la muerte y otra en la tierra de nacimiento del fallecido, adonde transportaban el cadáver, por lo que el virus viajó a lomos de esas costumbres. Además, durante los peores días de epidemia, el colapso sanitario significó que los hospitales, saturados y con pacientes por el suelo, transferían a los enfermos a otros lugares sin realizar un seguimiento del destino. Al morir, cientos fueron enterrados en fosas anónimas o incinerados, y las familias ni siquiera sabían adónde había ido a parar su ser querido. La desinformación dio alas a los rumores de que los extranjeros estaban haciendo negocio con los órganos de los muertos o que los propios enfermeros contagiaban a más pacientes para no perder sus trabajos.
Las creencias en espectros, magia negra y mitos, incluso mediante sociedades secretas que vertebran la vida de los sierraleoneses, fue otro punto de desencuentro en la lucha contra el ébola.

Laminu, que trabajaba en una tienda de informática, si no se solucionaba la distribución injusta de riqueza el país nunca alcanzaría la paz.
—Es como si intentas domar a esos leones: por mucho que consigas domesticarlos, si no los alimentas con un poco de pollo o de cabra, al final tendrán hambre y acabarán por devorarte.

Miles de campesinos se vieron empujados a abandonar sus huertos para buscar refugio en los centros urbanos. En la larga posguerra, la pobreza hizo estragos en la zona rural mientras que en la capital el crecimiento económico nacional disparaba la corrupción y la desigualdad. La naturaleza tampoco puso de su parte: las inundaciones y las sequías provocaron nuevas hambrunas cíclicas entre los campesinos. La ciudad se convirtió en refugio de los desesperados, los barrios pobres de casas de hojalata y cinc se multiplicaron y enfermedades como el sida causaron estragos en las clases bajas. Mozambique se convirtió en el octavo país del mundo con más prevalencia de adultos infectados por el VIH. Como consecuencia, las sombras del centro urbano se llenaron por las noches de niños solos, con casi dos millones de huérfanos por todo el territorio. Aunque la mayoría de esos menores fueron acogidos por familiares o vecinos, algunos no tuvieron más alternativa que convertir la calle en su hogar.
A principios del siglo XXI, la capital, Maputo, una ciudad cordial y sin apenas criminalidad, empezaba a sucumbir a la doble velocidad de la economía mozambiqueña. Mientras las élites se enriquecían y los precios subían a lomos de las buenas cifras económicas, millones de mozambiqueños quedaban al margen, descarriados en una sociedad cada vez más desigual.

Minerales, futbolistas… Los blancos siempre os lleváis lo mejor de África. Y encima no podemos decir nada.

Como ocurre desde siempre, en Namibia no es falta de dinero, es falta de intención. Actualmente, el Gobierno namibio tiene recursos para desalinizar agua y construir cañerías en las regiones del norte, pero prioriza abastecer al sector minero, que aporta el 10 por ciento del producto interior bruto y varias decenas de miles de empleos. Las cifras mareantes de la minería se beben el agua de los pueblos milenarios. La mina de uranio Rossing, solo una de las muchas que operan en Namibia, utiliza más de tres millones de metros cúbicos de agua potable al año, equivalente a consumir cada tres días y medio toda el agua que bebe en un año el pueblo himba.

Un continente pese a todo de esperanza como Marceline. Confesó que en los últimos años hasta tres veces había tenido que interrumpir sus estudios por no poder pagar la escuela, pero que la última vez los hermanos a cargo del centro habían hecho la vista gorda porque era una buena alumna. Pero en la vida de Marceline se avecinaban nuevas nubes. Pronto tendría edad para buscar un empleo formal y en casa se necesitaba el dinero así que, decía, tendría que multiplicarse. Quizás fue el tono de su voz; o quizás su mirada, pero en ese preciso instante me di cuenta de mi error. Aquella mañana de camino a la iglesia, Marceline no estaba inquieta, ni su voz era frágil ni le pesaba la vida. Estaba cogiendo carrerilla.
—Seré profesora, ya verás. Sé que es difícil, pero así han sido siempre las cosas aquí.

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In Africa, the continent where more babies are born on the planet, thousands of children are exposed every year to traumatic situations. War, extremism, abuse, poverty or the effects of climate change are some of the problems that affect millions of African children every day.
The author tells us in this book some of his stories. Goodie times of reading.

While for Europeans the funeral has to do with respect and the past, with the act of dismissing a person, in Sierra Leone the funeral has an indissoluble relationship with the future. If the ritual is not performed correctly, if the laws of the transfer to the spirit world are ignored, the dead man roams the earth eternally and curses the community. So, despite the government’s ban – with jail terms for those who held clandestine funerals – the population continued to make burials out of control.
The importance of these funerary rituals for the local population was one of the biggest miscalculations at the beginning of the fight against the epidemic. In the region, both Muslims and Christians wash the corpse and perfume it and embrace it before firing it -wrapped in a white cloth the first ones, in a second wooden coffin-, so the rites to the deceased were one of the main focuses of infection. Some ethnic groups celebrated a ceremony in the place of death and another in the land of birth of the deceased, where they transported the corpse, so the virus traveled on the backs of those customs. In addition, during the worst days of the epidemic, the health collapse meant that hospitals, saturated and with patients on the ground, transferred patients to other places without following the destination. When they died, hundreds were buried in anonymous graves or incinerated, and the families did not even know where their loved one had gone. The misinformation gave wings to the rumors that the foreigners were doing business with the organs of the dead or that the nurses themselves contagious to more patients not to lose their jobs.
The beliefs in specters, black magic and myths, even through secret societies that form the backbone of Sierra Leonean life, was another point of disagreement in the fight against Ebola.

Laminu, who worked in a computer store, if the unfair distribution of wealth was not solved, the country would never reach peace.
-It is as if you try to tame those lions: no matter how much you manage to tame them, if you do not feed them with a bit of chicken or goat, in the end they will be hungry and eventually devour you.

Thousands of peasants were forced to abandon their gardens to seek refuge in urban centers. In the long postwar period, poverty ravaged rural areas while in the capital, national economic growth triggered corruption and inequality. Nature also did not do its part: floods and droughts caused new cyclical famines among the peasants. The city became a refuge for the desperate, the slums of tin houses and zinc multiplied and diseases like AIDS caused havoc in the lower classes. Mozambique became the eighth country in the world with the highest prevalence of adults infected with HIV. As a consequence, the shadows of the urban center were filled by the nights of single children, with almost two million orphans throughout the territory. Although most of these children were welcomed by relatives or neighbors, some had no alternative but to turn the street into their home.
At the beginning of the 21st century, the capital, Maputo, a cordial city with hardly any criminality, was beginning to succumb to the double speed of the Mozambican economy. While the elites got rich and prices rose on the back of good economic figures, millions of Mozambicans were left on the sidelines, led astray by an increasingly unequal society.

Minerals, football players … Whites always bring you the best of Africa. And above we can not say anything.

As always, in Namibia it is not a lack of money, it is lack of intention. Currently, the Namibian Government has resources to desalinate water and build pipelines in the northern regions, but prioritizes supplying the mining sector, which contributes 10 percent of the gross domestic product and several tens of thousands of jobs. The dizzying figures of mining drink the water of millennial peoples. The Rossing uranium mine, just one of the many operating in Namibia, uses more than three million cubic meters of drinking water per year, equivalent to consuming every three and a half days all the water that the Himba people drink in one year.

A continent despite everything of hope as Marceline. She confessed that in the past few years she had to interrupt her studies three times because she could not pay for school, but that the last time the brothers in charge of the center had turned a blind eye because she was a good student. But in Marceline’s life new clouds were coming. Soon he would be old enough to look for a formal job and at home the money was needed, so, he said, he would have to multiply. Maybe it was the tone of his voice; or maybe his look, but at that precise moment I realized my mistake. That morning on the way to church, Marceline was not disturbed, nor was her voice fragile or life-threatening. I was taking a run.
-I’ll be a teacher, you’ll see. I know it’s difficult, but that’s the way things have always been here.

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