Violadas O Muertas — Isabel Valdés / Raped Or Dead by Isabel Valdés (spanish book edition)

Lectura fácil y bien escrito. Se entiende muy bien y la información del tema muy completa. Recomendable si quieres tener una información verdadera y contrastada de los hechos. La protesta masiva de la sociedad sentó fatal a la magistratura, que salió a defender a los jueces que habían dictado sentencia. Habían hecho su trabajo y lo habían razonado, dijeron. Otros advertían que los hechos considerados probados en la sentencia confirmaban más una violación que unos abusos, y recordaban que se podía recurrir. No se oyeron muchas voces que apoyaran al magistrado que negaba todo tipo de delito y mantenía la absolución de todos los procesados, pero sí se reprochaba al ministro de Justicia, Rafael Catalá, que dijera que ese magistrado tenía «algún problema» y «una situación singular».
Se ha hablado de reforma del Código Penal, pero con el actual ya se pueden pedir más de veinte años por un delito así. De modo que más que de leyes hay que hablar de lo que ha dominado en este caso: la interpretación. Los magistrados de la Audiencia han demostrado que, aunque las leyes existan, la enorme libertad que tienen los jueces y magistrados a la hora de interpretarlas puede llevar a su anulación.
El Código Penal se debe modificar con la participación de especialistas en cuestiones de género y de violencia, del ámbito de la justicia y del feminismo y de asociaciones de mujeres. Debe hacerse, además, de acuerdo con el Convenio de Estambul, firmado por España, pero no trasladado a nuestras leyes. Debe especificarse de forma clara y terminante que una agresión sexual no puede determinarse por la mayor o menor resistencia de la víctima, que además puede poner en riesgo su vida, sino por su falta de consentimiento. No tiene sentido que para cualquier otro delito la policía y las autoridades aconsejen no resistirse y que, en cambio, en las agresiones sexuales se entienda la no resistencia como un consentimiento tácito.

Twitter, Facebook, Instagram, los medios online, los blogs, YouTube, Telegram, Whats-App… Todos ellos, canales abiertos veinticuatro horas en un presente continuo sin descanso e incansable que permite convertir lo local en global. Que permite ver si al otro lado se deja ver. La globalización de la lucha feminista conlleva el horror y la emoción de observar que en cualquier parte puede suceder lo mismo: muerte y revolución y maltrato y sororidad y violencia y batalla. Elegid un país, el que sea: allí también hay violaciones, maltratos, asesinatos. Elegid otro país, no importa cuál: allí también habrá resistencia.
El «Ni una menos» que ahora es hashtag nació hace 23 años en Ciudad Juárez. «Ni una menos, ni una muerta más» fue parte de un poema y un discurso que escribió Susana Chávez para protestar por los asesinatos de mujeres en su ciudad. La violaron tres menores, le cortaron la mano derecha y la asesinaron el 6 de enero de 2011. Cuatro años después, un jueves 26 de marzo, al otro lado del continente, en Argentina, la activista feminista Vanina Escales usó la frase como lema para un maratón de lectura para decir basta a los feminicidios.

Inocentes. Así se declararon los cinco miembros de La Manada el 2 de septiembre de 2016 ante el juez de Instrucción número 4 de Pamplona. «Absolutamente inocentes»: esas fueron las palabras que usó el abogado de tres de los acusados a la salida de los juzgados. El día que José Ángel Prenda, Ángel Boza, Alfonso Jesús Cabezuelo, Antonio Manuel Guerrero y Jesús Escudero se sentaron por primera vez en el banquillo, se enfrentaban a cinco delitos continuados de agresión sexual, robo con intimidación y contra la intimidad por los que las acusaciones populares pidieron hasta 25 años y 9 meses de cárcel, la Fiscalía, 22 años y 10 meses, y la acusación particular, 24 años y 9 meses; las defensas solicitaban la absolución, y en la calle se barruntaba que esas dos semanas iban a dejar un reguero de despojos.
Dos realidades paralelas chocaban de frente, ambas salidas de los mismos noventa y ocho segundos de vídeo y las mismas dos imágenes. Para Martínez Becerra, el abogado de Prenda, Escudero y Boza, ni uno de esos milisegundos hacía pensar que allí se hubiese cometido delito alguno; repitió muchas veces que, si quienes condenaban de antemano a sus defendidos hubiesen visto las grabaciones no pensarían como lo hacían. En cambio, para el juez, los abogados de la acusación, la Fiscalía y las acusaciones populares, aquel portal era el escenario de una violación.
Los miembros de La Manada habían insistido y resistido en su versión: ella nunca dijo «no» ni se sintió incómoda. Al parecer, ellos eran absolutamente capaces de distinguir entre una mujer que disfruta y una que se convierte en zombi para no sentir, no pensar.

La desprotección de la víctima desde el momento de la denuncia es solo otra arista punzante de ese corsé tieso y macarrónico que envuelve al sistema. No fue solo un proceso a La Manada. Fue el paradigma de un juicio urgente a la sociedad, y una defensa cerrada y en bloque de nuestros cuerpos, los de todas, y de nuestra libertad. Un ring de lucha libre. En eso se había convertido el caso de La Manada para cuando acabó el juicio. Un cuadrilátero en el que combatían el pasado y el futuro de una sociedad que cada vez tenía más difícil seguir manteniéndose en medio o al margen. Y un lado estaba empezando a llenar, cada vez más rápido, sus filas.

LA DIFERENCIA ENTRE ABUSO Y AGRESIÓN SEXUAL

El abuso sexual, tipificado en el artículo 181 del Código Penal, es atentar contra libertad o la indemnidad sexual de otra persona sin que haya consentimiento y sin violencia ni intimidación. Se castiga con una pena de uno a tres años de prisión.
La agresión sexual, según el artículo 178 del Código Penal, es atentar contra libertad o la indemnidad sexual de otra persona utilizando violencia o intimidación. Está penada, en su tipo básico, con entre uno y cinco años de cárcel.
Ambos delitos tienen agravantes que amplían las penas, entre ellos, que se haya producido penetración bucal, vaginal, anal, ya sea con miembros corporales o con objetos.
¿Qué se considera intimidación? Según la jurisprudencia, es el constreñimiento psicológico, consistente en la amenaza o el anuncio de un mal grave, futuro y verosímil, si la víctima no accede a participar en una determinada acción sexual. Es decir, la víctima cede para evitar un mal mayor.
¿Qué se considera violencia? El uso de la fuerza física, material o semejante para vencer la voluntad de la víctima.
¿Qué es el prevalimiento? Es usar una situación de superioridad manifiesta que coarte la libertad de la víctima.

Parece que nuestra sociedad no se siente a gusto con sus instituciones. No las entiende ni se identifica con ellas. Solo así se explica la gran catarsis social que ha conllevado la sentencia de La Manada. El daño ya está hecho: es imprescindible reaccionar
El Congreso, el Gobierno y el Consejo General del Poder Judicial tienen que dar una respuesta urgente a la fractura social creada. Aunque, para ello, deberían ser capaces de reconocer en primer lugar que dicha fractura se ha producido. ¿Cómo es posible que los magistrados hayan podido concluir que cinco felaciones, dos penetraciones vaginales, una penetración anal y otras prácticas sexuales, ninguna de ellas consentidas por parte de la víctima, no implicaran ningún tipo de violencia ni intimidación? ¿Por qué recurrir a un concepto jurídico como el del prevalimiento, tan alejado también de su concepción real y coloquial? Probablemente, mucho de eso tenga que ver con esa aplicación meramente teórica, irreal y abstracta de la ley mencionada anteriormente.

Es innegable que el mundo está cambiando, y poco a poco las mujeres van alcanzando un mayor protagonismo. Y este protagonismo no es solo biológico —con una mayor presencia de mujeres en las cúpulas de la sociedad—, sino también cultural, pues esta presencia está modificando nuestra forma de mirar la sociedad y el mundo. Por tanto, a la hora de legislar sobre sexualidad, este debería ser un factor relevante. La sexualidad, por suerte, está empezando a dejar de ser un tabú, y, por primera vez en la historia, las mujeres participan de ella como sujetos, como agentes deseantes: ya no queremos ser un medio para un fin masculino, ni en la calle ni en las leyes. Los procesos modernos tienen que basarse fundamentalmente en pruebas objetivas, es decir, en datos que nos permitan constatar los hechos que se discuten.
La presunción de inocencia es una extraordinaria conquista de la cultura jurídica, es cierto. Nadie puede ser condenado si no se demuestra debidamente que ha cometido los hechos punibles por los que se le juzga. Pero este esencial principio no puede oscurecer la fundamental importancia del establecimiento de la verdad, pues, si los tribunales son incapaces de hacerlo, su credibilidad y su funcionalidad primera desaparecen.

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 Easy reading and well written. It is understood very well and the information of the subject very complete. Recommended if you want to have a true and proven information of the facts. The massive protest of the society felt fatal to the magistrature, which went out to defend the judges who had pronounced sentence. They had done their job and they had reasoned, they said. Others warned that the facts considered proven in the sentence confirmed more a violation than abuses, and recalled that it could be appealed. Not many voices were heard to support the magistrate who denied any type of crime and maintained the acquittal of all the accused, but he did criticize the Minister of Justice, Rafael Catalá, who said that this magistrate had “some problem” and “a situation singular”.
There has been talk of reforming the Criminal Code, but with the current one, you can ask for more than twenty years for such a crime. So that more than laws we must talk about what has dominated in this case: the interpretation. The magistrates of the Hearing have demonstrated that, although the laws exist, the enormous freedom that the judges and magistrates have when interpreting them can lead to their annulment.
The Criminal Code must be modified with the participation of specialists in gender and violence, in the field of justice and feminism and in women’s associations. It must be done, in addition, in accordance with the Istanbul Convention, signed by Spain, but not transferred to our laws. It must be specified clearly and conclusively that a sexual assault can not be determined by the greater or lesser resistance of the victim, which can also endanger his life, but by his lack of consent. It does not make sense that for any other crime the police and the authorities advise not to resist and that, on the other hand, in the sexual aggressions the nonresistance is understood as a tacit consent.

Twitter, Facebook, Instagram, online media, blogs, YouTube, Telegram, Whats-App … All of them, open channels twenty-four hours in a continuous, relentless and tireless present that allows turning local into global. That allows to see if the other side is visible. The globalization of the feminist struggle entails the horror and emotion of observing that the same thing can happen everywhere: death and revolution and abuse and sorority and violence and battle. Choose a country, whatever it is: there are also rapes, abuse, murders. Choose another country, no matter what: there will also be resistance.
The “Not one less” that is now a hashtag was born 23 years ago in Ciudad Juárez. “Not one less, not one more dead” was part of a poem and a speech that Susana Chavez wrote to protest the murders of women in her city. Three minors raped her, cut off her right hand and murdered her on January 6, 2011. Four years later, on a Thursday, March 26, across the continent in Argentina, feminist activist Vanina Escales used the phrase as a motto to a reading marathon to say enough to femicides.

Innocents Thus, the five members of La Manada were declared on September 2, 2016 before the judge of Instruction number 4 of Pamplona. “Absolutely innocent”: those were the words that the lawyer of three of the defendants used when leaving the courts. On the day that José Ángel Prenda, Ángel Boza, Alfonso Jesús Cabezuelo, Antonio Manuel Guerrero and Jesús Escudero sat for the first time on the bench, they faced five ongoing crimes of sexual assault, robbery with intimidation and against intimacy for which the Popular accusations called for up to 25 years and 9 months in prison, the Prosecutor’s Office, 22 years and 10 months, and the private accusation, 24 years and 9 months; the defenses requested the acquittal, and in the street it was assumed that those two weeks were going to leave a trail of spoils.
Two parallel realities collided head-on, both outputs of the same ninety-eight seconds of video and the same two images. For Martinez Becerra, the lawyer for Prenda, Escudero and Boza, not one of those milliseconds suggested that any crime had been committed there; He repeated many times that, if those who condemned their defendants in advance had seen the recordings, they would not think as they did. On the other hand, for the judge, the lawyers of the accusation, the Prosecutor’s Office and the popular accusations, that portal was the scene of a violation.
The members of La Manada had insisted and resisted in their version: she never said “no” or felt uncomfortable. Apparently, they were absolutely able to distinguish between a woman who enjoys and one who becomes a zombie to not feel, not think.

The lack of protection of the victim from the moment of the complaint is just another sharp edge of that stiff and macarronic corset that surrounds the system. It was not just a process to La Manada. It was the paradigm of an urgent judgment on society, and a closed and en bloc defense of our bodies, of all of them, and of our freedom. A wrestling ring. That was what the case of La Manada had become for when the trial ended. A quadrilateral in which fought the past and the future of a society that increasingly had more difficult to continue being in the middle or on the sidelines. And one side was beginning to fill, faster and faster, their ranks.

THE DIFFERENCE BETWEEN SEXUAL ABUSE AND AGGRESSION

Sexual abuse, typified in article 181 of the Penal Code, is to attempt against freedom or sexual indemnity of another person without consent and without violence or intimidation. It is punishable by one to three years in prison.
Sexual assault, according to article 178 of the Penal Code, is to attempt against freedom or sexual indemnity of another person using violence or intimidation. It is punishable, in its basic type, with between one and five years in prison.
Both crimes have aggravating factors that extend the penalties, among them, that there has been oral, vaginal, anal penetration, either with corporal members or with objects.
What is considered bullying? According to jurisprudence, it is the psychological constraint, consisting in the threat or announcement of a serious, future and probable evil, if the victim does not agree to participate in a specific sexual action. That is, the victim gives in to avoid a greater evil.
What is considered violence? The use of physical, material or similar force to overcome the will of the victim.
What is the prevalence? It is using a situation of overt superiority that limits the freedom of the victim.

It seems that our society does not feel comfortable with its institutions. He does not understand them or identify with them. This is the only way to explain the great social catharsis that has led to the sentence of La Manada. The damage is already done: it is essential to react
The Congress, the Government and the General Council of the Judicial Power must give an urgent response to the social fracture created. Although, for this, they should be able to recognize in the first place that such a fracture has occurred. How is it possible that the magistrates could have concluded that five fellatio, two vaginal penetrations, anal penetration and other sexual practices, none of them consented to by the victim, did not imply any type of violence or intimidation? Why resort to a legal concept like the one of the prevalimiento, so too far from its real and colloquial conception? Probably, a lot of that has to do with that merely theoretical, unreal and abstract application of the aforementioned law.

It is undeniable that the world is changing, and little by little women are becoming more prominent. And this role is not only biological -with a greater presence of women at the top of society-, but also cultural, because this presence is changing our way of looking at society and the world. Therefore, when it comes to legislating on sexuality, this should be a relevant factor. Sexuality, luckily, is beginning to stop being a taboo, and, for the first time in history, women participate in it as subjects, as desiring agents: we no longer want to be a means to a masculine end, nor in the street nor in the laws. Modern processes have to be based fundamentally on objective evidence, that is, on data that allow us to verify the facts that are being discussed.
The presumption of innocence is an extraordinary conquest of legal culture, it is true. No one can be convicted if it is not properly demonstrated that he has committed the punishable acts for which he is judged. But this essential principle can not obscure the fundamental importance of establishing the truth, because, if the courts are unable to do so, their credibility and their first functionality disappear.

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