Una Carretera En Obras — Mo Yan / Zhulu ( A Road In Works ) by Mo Yan

Este breve libro, formo parte de un volumen que reunía dos novelas cortas y once cuentos bajo el título Trece historias sobre la euforia a través de preguntas audaces y burlescas, cuestiona el socialismo chino y muestra su dominio del lenguaje para dinamitar el discurso político. Y de hecho, una vez que hice eso, no solo mis ojos se abrieron a un estilo de escritura similar al de William Faulkner, sino un confuso flujo de conciencia, reconocí que este autor toma el “enfoque silencioso” cuando hablaba la verdad con poder. No creo que este sea el lugar apropiado para repetir todos los ejemplos, pero hay suficiente fervor anticomunista en esta novela que debería haber tenido el autor encerrado hace mucho tiempo en su tierra natal. Hay innumerables alegorías que hacen referencia al comportamiento brutal de los partidos nacionalistas y comunistas, ¡pero hay ejemplos literales que deberían hacer que los ojos de un lector se abran paso!
Un proyecto sin fin en las profundidades del campo chino. Los trabajadores son incontrolables. Tienen hambre. La tensión aumenta y se desata la violencia. La construcción parece interminable, también el salvajismo.
Ante la ausencia del capataz, desaparecen la disciplina y la camisa de fuerza ideológica. En este ambiente, el pueblo es el lugar de todas las tentaciones (dinero, mujeres y alcohol) y desata instintos y pasiones individuales en este inesperado teatro de comedia humana: juego, robo, crimen, locura, violencia animal y sexual… atravesado por un rayo de bondad, finura y belleza.

El comandante Wang anunció que todos los trabajadores de la construcción de la carretera, a partir de ese día, debían recibir una formación militar y convertirse en soldados. O, para decirlo con otras palabras, cambiaban de estatuto y debían, por lo tanto, participar en la guerra. Esa era la razón por la cual esa carretera debía acabarse lo antes posible. Para el Año Nuevo debía estar terminada y utilizable para los vehículos. Quien se oponga será acusado de reaccionario y se le abofeteará en público. Sun constató, sin embargo, que el pequeño templo había quedado en pie. La tormenta no había podido derrumbarlo como había hecho con la mayoría de las casuchas del burgo de Masang. Ni siquiera el odio y el fanatismo de los jóvenes revolucionarios habían podido destruirlo, pero algo nuevo y siniestro había aparecido en él. Bajo la lluvia, brillante como la plata, se habían desprendido algunos trozos, pero seguía intacto. Solo un puñado de sombras parecían haberlo modelado para darle ese aire siniestro. Igual eran los dioses que, con ese aluvión, querían vengarse de la mala conducta de los humanos. El pequeño Sun sentía que le faltaba el aire. Se detuvo, jadeó, retomó aire y continuó con su marcha hacia delante, decidido, con ímpetu para no perder tiempo. Salvo uno, la manada de perros enloquecidos ya se había ido del lugar, y Sun había podido dejarlos atrás. Ante él, el pequeño Sun pudo ver a su hijita totalmente destrozada. Se abalanzó hacia el perro, y el animal, mirándolo desafiante, saltó a un lado y se lamió los bigotes del hocico. Estaba empapado de agua y se le marcaban las costillas, y la boca le chorreaba sangre. La lluvia continuaba cayendo a cántaros sobre el burgo de Masang. Los campos habían quedado arrasados, la carretera destruida y las casas demolidas. El río de Ba Long había resultado desbordado por las aguas que era incapaz de contener en su cauce y sobre ellas flotaban unas manchas verdes de gran extensión que no eran otra cosa que las cosechas malogradas de los campos. La carretera en obras, negra por la capa de asfalto que había sido puesta antes de las lluvias, parecía un dragón de aspecto espeluznante postrado, derrotado y muerto. El escuadrón encargado de la propaganda recorría a paso firme, en efecto, la carretera recién asfaltada. A la cabeza, una bandera roja que no paraba de mugir ondulaba en el aire.

No es de mis autores favoritos el premio Nobel chino.

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This short book, I am part of a volume that brought together two short novels and eleven short stories under the title Thirteen stories about euphoria through bold and burlesque questions, questions Chinese socialism and shows its mastery of language to dynamite political discourse.And indeed, once I did that, not only were my eyes opened to a writing style similar to that of William Faulkner’s minus a confusing stream of consciousness, I recognized that this author takes the “silent approach” when speaking truth to power. I do not think this is the appropriate venue to rehash every last example, but there is enough anti-communist fervor in this novel that should have had the author locked up long ago in his homeland. There are countless allegories that reference the brutish behavior of both the Nationalist and Communist parties, but there are literal examples that should make a reader’s eyeballs pop out!
An endless project in the depths of the Chinese countryside. The workers are uncontrollable. They are hungry. Tension increases and violence is unleashed. The construction seems endless, also the savagery.
In the absence of the foreman, discipline and the ideological straitjacket disappear. In this environment, the town is the place of all temptations (money, women and alcohol) and unleashes instincts and individual passions in this unexpected theater of human comedy: game, theft, crime, madness, animal and sexual violence … crossed by a Ray of kindness, finesse and beauty.

Commander Wang announced that all road construction workers, from that day, should receive military training and become soldiers. Or, to put it in other words, they changed their status and should, therefore, participate in the war. That was the reason why that road had to be finished as soon as possible. For the New Year it had to be finished and usable for the vehicles. Who opposes will be accused of reactionary and will be slapped in public. Sun noted, however, that the small temple had been left standing. The storm had not been able to tear it down as it had done with most of the huts in Masang’s burg. Not even the hatred and fanaticism of the young revolutionaries had been able to destroy him, but something new and sinister had appeared in him. In the rain, bright as silver, some pieces had come off, but it was still intact. Only a handful of shadows seemed to have modeled it to give it that sinister air. The same were the gods who, with that flood, wanted to take revenge for the bad behavior of humans. Little Sun felt he was short of breath. He stopped, gasped, took air and continued his march forward, determined, with impetus to not waste time. Except for one, the pack of crazed dogs had already left the place, and Sun had been able to leave them behind. Before him, little Sun could see his little daughter totally shattered. He lunged toward the dog, and the animal, looking at him defiantly, jumped to the side and licked his whiskers. He was soaked with water and his ribs were marked, and his mouth was dripping with blood. The rain continued to fall in pitchers on Masang’s village. The fields had been razed, the road destroyed and the houses demolished. The Ba Long River had been overwhelmed by the waters that it was unable to contain in its course and on them floated green patches of great extension that were nothing but the ill-fated crops of the fields. The road under construction, black with the layer of asphalt that had been laid before the rains, looked like a creepy-looking dragon prostrate, defeated and dead. The squadron in charge of the propaganda was walking at a firm pace, in effect, the newly asphalted road. At the head, a red flag that did not stop mooing rippled in the air.

It’s not from my favorite authors list the Chinese Nobel Prize.

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