Cómo Hacer Cosas Con Pornografía — Nancy Bauer / How To Do Things With Pornography by Nancy Bauer

La autora hace un buen trabajo señalando el fenómeno de “Lady power” (Poder femenino) y sus múltiples aspectos. También hizo un buen punto de pedir a los filósofos o a quien esté interesado que miren la pornografía no a través de un espejo analítico distante, sino como una experiencia más inmediata.
Sin embargo, este libro contiene muchas afirmaciones grandiosas que están mal apoyadas. Muchos “No estoy diciendo A, B o C. Lo que realmente estoy tratando de decir es esta gran, grande, buena, maravillosa cosa D, que no seguiré explicando”.
Por ejemplo, en el capítulo 7 ella escribe:
“… ¿Qué hace que los hombres acepten esta norma? Dado que las normas sexuales no están institucionalizadas de la manera en que lo son las reglas del tenis, ¿por qué un hombre adoptaría una norma como esta en lugar de, por ejemplo,” la violación es absolutamente inaceptable? ” “¿Por qué cualquier hombre otorgaría autoridad a la pornografía? Una vez más, afirmo que ninguna cantidad de” investigación empírica “dará una respuesta definitiva a esta pregunta. Tenga en cuenta que no estoy diciendo que la investigación empírica no lleve a algún medicamento que lo impida. hombres de, por ejemplo, violar mujeres. (No es que esté conteniendo el aliento aquí). Lo que estoy diciendo es que en la medida en que vemos el tema en términos de otorgar autoridad, como Langton insiste en que debemos, no es un conjunto Lo que se necesita es una visión de cómo están las cosas con el mundo que nos permite comprender la influencia que ciertas personas permiten a la pornografía o, para el caso, a cualquier entidad que no tenga un poder institucionalizado: la filosofía, tal vez ? – para mantener sobre su conducta “.
Pero luego, ella no explica cómo se puede lograr “una visión de cómo son las cosas con el mundo”. Incluso refiriéndose a “mirar y ver” de Wittgenstein como lo hizo anteriormente en el libro, no veo que esto sea tan diferente de la investigación empírica. Quizás la autora lo haga de una manera más hermenéutica y dialógica, en lugar de hacerlo a través de la experimentación “cientificista”, pero ciertamente no lo dice.
En general, la autora parece inclinarse más para hacer de este trabajo un atractivo metafilosófico (a pesar de que no le gusta la palabra), y no llegó a la meta que se propuso.

Las críticas a la pornografía, ahora en gran medida relegadas a las revistas académicas, no han cambiado desde los años ochenta, cuando habitualmente salían en primera plana de los periódicos. El argumento más habitual gira todavía en torno a la idea de que existe una vasta pornosfera clandestina cuyos espeluznantes detalles no son del conocimiento público. La pretensión de que nos despreciemos a nosotros mismos por tener sentimientos sexuales es, de por sí, abrumadora. Y la idea de que el porno es el principio determinante de la sexualidad de los hombres y de que la sexualidad de los hombres es invariable y peligrosamente misógina no solo es hiperbólica, sino también empíricamente indemostrable. Quizá sea esta la razón por la que la cultura rechazó tan rotundamente este planteamiento. Ningún análisis filosófico de la cosificación pornográfica podrá aportar algo aproximándose desde el exterior, desde el punto de vista externo de la moralidad académica, sino que ha de venir del interior, a partir de una descripción del poder de la pornografía para excitar el deseo sexual. Tal descripción revela que en una puesta en escena pornográfica no hay espacio para el concepto de objetualización. El mundo, tal y como lo describe la pornografía, es una utopía en la que se elimina el conflicto entre la razón y el deseo sexual; en la que utilizar a otra persona únicamente como medio para satisfacer el propio deseo es el modo último de respetar su humanidad o incluso la humanidad en general.
En el mundo real, la expresión desenfrenada del deseo sexual es fundamentalmente incompatible con el civismo, y todas las culturas responden con duros castigos a quienes se dejan dominar por la lujuria. En la pornutopía, la autonomía se manifiesta como la capacidad de explorar y actuar en virtud de los deseos sexuales en el momento y de la manera que uno quiera; todo lo que se requiere para respetar la humanidad propia y la de los demás es satisfacer la espontaneidad sexual. Nadie en la pornutopía tiene razones para perder el interés por el sexo, para tenerle miedo o aburrirse de él. Las experiencias de mis alumnas en sus interacciones sexuales con los hombres confirman la lógica de la pornutopía: complacer a alguien sexualmente es complacerte a ti misma y no hay razón para preguntarte si lo que te hace feliz es algo que realmente deseas, o si realmente te sientes satisfecha.

Si hay algo que el feminismo ha hecho creer a las mujeres jóvenes y económicamente independientes es que tienen derecho al poder. Si se visita un campus universitario estadounidense un lunes por la mañana se verá a gran cantidad de mujeres jóvenes, ambiciosas y con talento poniendo a trabajar sus mentes, decididas a no dejar que nada, tampoco una relación con algún hombre necesitado o dependiente, se interponga en su camino. Si se vuelve más tarde, en una noche de fiesta, se verá a muchas de estas mismas chicas (hace mucho que dejaron de llamarse «mujeres») ejerciendo su poder sexual, vestidas tan provocativamente como se sientan capaces, rivalizando con los chicos en tomar una copa tras otra y también en encadenar relaciones.
Lady Gaga idealiza esta manera de estar en el mundo. Pero las mujeres jóvenes reales, que, como está bien documentado, se ven presionadas, cada vez a edades más tempranas, a convertirse en juguetes de los chicos, se sienten confundidas.

La objetualización en publicidad:

1.Instrumentalización: la persona que objetualiza trata al objeto como una herramienta para sus propósitos.
2.Negación de la autonomía: la persona que objetualiza trata al objeto como algo carente de autonomía y autodeterminación.
3.Pasividad: la persona que objetualiza trata al objeto como algo carente de agencia, y quizás también de actividad.
4.Fungibilidad: la persona que objetualiza trata al objeto como si fuera intercambiable (a) con otros objetos del mismo tipo y/o (b) con objetos de otros tipos.
5.Violabilidad: la persona que objetualiza trata al objeto como a algo carente de integridad definida, como algo que está permitido romper, destruir, violentar.
6.Propiedad: la persona que objetualiza trata al objeto como a algo que es propiedad de alguien y que puede comprarse o venderse, etc.
7.Negación de la subjetividad: la persona que objetualiza trata al objeto como a algo cuya experiencia y sentimientos (de existir) no es preciso tener en cuenta.
Rae Langton ha agregado tres nociones más a esta lista:
8.Reducción al cuerpo: la persona que objetualiza trata [al objeto] identificándolo tan solo con su cuerpo o con las partes de su cuerpo.
9.Reducción a la apariencia: la persona que objetualiza trata [al objeto] principalmente en función de su aspecto y presencia, percibidos por los sentidos.
10.Silenciamiento: la persona que objetualiza trata [al objeto] como a alguien carente de voz, sin capacidad de hablar.

El problema de este punto de vista es que simplifica excesivamente la experiencia de las mujeres en sí mismas. Incluso las mujeres que creen que su «naturaleza» está de hecho en función del fenómeno de ese baño perceptivo, no siempre experimentan las miradas sexualizadoras de los hombres como algo indeseado, o inoportuno, o incluso impuesto, y pueden esforzarse por cumplir con las normas impuestas estructuralmente por este medio. De hecho, las mujeres de todas las culturas reciben diferentes tipos de recompensas, algunas de ellas muy básicas y materiales, a cambio de objetualizarse a sí mismas. Una descripción adecuada de la objetualización sexual ha de tener en cuenta esta y otras dimensiones de la experiencia real de las mujeres y asegurarse de que no las pinta con un pincel demasiado estrecho ni demasiado ancho.

1.La pornografía es una práctica discriminatoria basada en el sexo que niega a las mujeres la igualdad de oportunidades en la sociedad.
2.La pornografía es fundamental para establecer y mantener el sexo como base para la discriminación.
3.La pornografía es una práctica sistemática de explotación y subordinación basada en el sexo que perjudica específicamente a las mujeres…

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The author does a good job pointing to the phenomenon of “Lady power” and its multiple aspects. She also made a good point of asking philosophers or whoever is concerned to look at pornography not through a distanced, analytical looking glass, but as more immediate experience.
However this book contains many grandiose claims that are poorly supported. Lots of “I’m not saying A, B, or C. What I’m really trying to say is this grand, big, good, wonderful thing D, which I will not go on to explain.”
For example, in Chapter 7 she writes:
“…[W]hat makes men accept this norm? Given that sexual norms are not institutionalized in the way that tennis rules are, why would a man adopt a norm such as this instead of, say, “Rape is absolutely unacceptable”? Why would any man bestow authority on pornography? Once again, I submit, no amount of “empirical investigation” will yield a definitive answer to this question. Notice that I’m not saying that empirical investigation might not lead to some drug that prevents men from, for example, raping women. (Not that I’m holding my breath here.) What I’m saying is that to the extent that we view the issue in terms of bestowing authority, as Langton insists we must, no set of experiments is going to do the job. What is needed is a vision of how things are with the world that gives us to understand the sway certain people allow pornography or, for that matter, any entity not invested with institutionalized power— philosophy, perhaps?— to hold over their conduct.”
But then after, she fails to explain how “a vision of how things are with the world” can be achieved. Even with referring to Wittgenstein’s “looking and seeing” as she did earlier in the book, I don’t see how this is so different from empirical investigation. Perhaps the author means it in a more hermeneutic, dialogical way, rather than through “scientistic” experimentation, but she certainly does not say so.
Overall, the author seems to lean more towards making this work a metaphilosophical appeal (even though she does not quite like the word), and didn’t quite reach the goal she sets off to.

Criticisms of pornography, now largely relegated to academic journals, have not changed since the 1980s, when they usually made headlines in newspapers. The most usual argument still revolves around the idea that there is a vast clandestine pornosphere whose lurid details are not public knowledge. The pretense that we despise ourselves for having sexual feelings is, in itself, overwhelming. And the idea that porn is the determining principle of men’s sexuality and that men’s sexuality is invariably and dangerously misogynistic is not only hyperbolic, but also empirically unprovable. Perhaps this is the reason why culture rejected this approach so emphatically. No philosophical analysis of pornographic objectification can contribute something approaching from the outside, from the external point of view of academic morality, but it must come from within, from a description of the power of pornography to excite sexual desire. Such a description reveals that in a pornographic staging there is no room for the concept of objectification. The world, as described by pornography, is a utopia in which the conflict between reason and sexual desire is eliminated; in which using another person solely as a means to satisfy one’s desire is the ultimate way of respecting their humanity or even humanity in general.
In the real world, the unbridled expression of sexual desire is fundamentally incompatible with civility, and all cultures respond with harsh punishment to those who let themselves be dominated by lust. In pornutopia, autonomy manifests itself as the ability to explore and act in virtue of sexual desires at the moment and in the way that one wants; all that is required to respect one’s own humanity and that of others is to satisfy sexual spontaneity. No one in pornutopia has any reason to lose interest in sex, to be afraid or bored of it. The experiences of my students in their sexual interactions with men confirm the logic of pornutopia: to please someone sexually is to please yourself and there is no reason to wonder if what makes you happy is something you really want, or if you really You feel satisfied.

If there is one thing that feminism has made young, economically independent women believe, they have a right to power. If you visit an American university campus on a Monday morning you will see a lot of young, ambitious and talented women putting their minds to work, determined not to let anything, nor a relationship with a needy or dependent man, get in the way on their way. If you come back later, on a night of partying, you will see many of these same girls (long since they stopped calling themselves “women”) exercising their sexual power, dressed as provocatively as they feel capable, rivaling the boys in taking one cup after another and also in linking relationships.
Lady Gaga idealizes this way of being in the world. But the real young women, who, as is well documented, are being pressured, each time at younger ages, to become toys for the boys, they feel confused.

The objectification in advertising:

1. Instrumentalization: the person who objectifies treats the object as a tool for his purposes.
2. Denial of autonomy: the person who objectifies treats the object as something lacking in autonomy and self-determination.
3.Pasividad: the person who objectifies treats the object as something lacking in agency, and perhaps also activity.
4. Fungibility: the person who objectifies treats the object as if it were interchangeable (a) with other objects of the same type and / or (b) with objects of other types.
5.Violabilidad: the person who objectifies treats the object as something lacking definite integrity, as something that is allowed to break, destroy, violate.
6.Property: the person who objectifies treats the object as something that is owned by someone and that can be bought or sold, etc.
7. Denial of subjectivity: the person who objectifies treats the object as something whose experience and feelings (if any) need not be taken into account.
Rae Langton has added three more notions to this list:
8.Reduction to the body: the person who objectifies treats [the object] by identifying it only with his body or with the parts of his body.
9. Reduction in appearance: the person who objectifies treats [the object] mainly in terms of its appearance and presence, perceived by the senses.
10.Silenciamiento: the person who objectifies treats [the object] as someone lacking a voice, unable to speak.

The problem with this view is that it oversimplifies the experience of women themselves. Even women who believe that their “nature” is in fact based on the phenomenon of that perceptual bath, do not always experience the sexualizing looks of men as something unwanted, or untimely, or even imposed, and can endeavor to comply with the norms. imposed structurally by this means. In fact, women of all cultures receive different types of rewards, some of them very basic and material, in exchange for objectifying themselves. A proper description of sexual objectualization must take into account this and other dimensions of women’s actual experience and ensure that they are not painted with a brush that is too narrow or too wide.

1. Pornography is a discriminatory practice based on sex that denies women equal opportunities in society.
2. Pornography is essential to establish and maintain sex as a basis for discrimination.
3. Pornography is a systematic practice of exploitation and subordination based on sex that specifically harms women …

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