Emociones E Inteligencia Social: Las Claves Para Una Alianza Entre Los Sentimientos Y La Razón — Ignacio Morgado Bernal / Emotions and Social Intelligence: The Keys to an Alliance between Feelings and Reason by Ignacio Morgado Bernal (spanish book edition)

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Interesante breve libro. En las últimas décadas hemos podido aplicar el método científico a un dominio que durante mucho tiempo se consideraba que trascendía lo meramente biológico. Ahora sabemos que todo, desde el amor pasional al pensamiento más racional, tiene una base bioquímica y estamos empezando a comprender cómo operan esos circuitos neuronales en los que se forman los sentimientos. Y aunque el péndulo ha podido llevarnos en algún momento al extremo contrario, a creer que todo es bioquímica, que todo nos viene dado en los genes, cuanto más nos adentramos en el conocimiento del cerebro, más claro podemos ver que el proceso de sentir y de pensar, como el de cualquier función biológica, tiene unas bases bioquímicas, por supuesto, pero que interactúa con el entorno y se modifica constantemente. La partitura de nuestra vida mental se escribe cada día con nuevas notas que dan lugar a una melodía siempre cambiante, una melodía que en gran parte podemos decidir.
Comprender estos procesos, poder dirigir la mirada hacia nuestro interior, poder pensar sobre cómo pensamos, es una aventura apasionante. Durante mucho tiempo hemos vivido inmersos en una cultura que restaba valor a las emociones y que ha mantenido a las mujeres en una posición subordinada por considerar que la preeminencia de los sentimientos era a la vez su principal atributo y su principal debilidad.

Vivimos en una sociedad acelerada y crecientemente compleja, en la que el estrés, fruto de la angustia cotidiana y la incertidumbre del futuro, constituye el principal factor de penalidad en el nuevo modelo productivo de la sociedad globalizada. No nos engañemos acerca del «razonable» imperio de la razón. El bienestar psíquico tiene mucho que ver con el logro del necesario acoplamiento entre la lógica y los sentimientos, entre la emoción y la razón. Para conseguirlo utilizamos principalmente la razón porque tenemos sobre ella un control mucho más directo que sobre nuestras emociones. Por así decirlo, la capacidad de razonar está en buena medida a nuestro alcance, es nuestra, mientras que la emoción se nos impone, sin que podamos evitarla o controlarla con facilidad. Es cierto que la razón puede ayudarnos a ver las cosas de otra manera y regular de ese modo nuestras emociones, y aunque el esfuerzo de racionalidad pura —¡si lo piensas bien no es para ponerse así!— puede no ser suficiente para anular los sentimientos indeseados, especialmente cuando son negativos e intensos, en muchas ocasiones puede servir para moderar, modificar o incluso impedir las respuestas emocionales inconvenientes.

En definitiva, las emociones no son otra cosa que respuestas fisiológicas y conductuales múltiples y coordinadas de un mismo organismo, algunas de la cuales, como las posturas y movimientos, resultan visibles a un observador externo, y otras, como la liberación de hormonas o los cambios en frecuencia cardíaca, no lo son. En cualquier caso, es importante notar que cuando hablamos simplemente de emociones nos estamos refiriendo a cambios objetivos en el cuerpo, cambios que podemos registrar, medir y estudiar científicamente. No se trata de nada subjetivo o etéreo. Pero eso no es todo, porque con el advenimiento del fenómeno de la consciencia la evolución deparó un sorprendente cambio cualitativo que alteró profundamente el valor y relevancia de las emociones. Además de los sentidos clásicos, como la vista, oído, olfato, gusto y tacto, tenemos también un sentido interoceptivo que es el que nos hace sentir permanentemente nuestro propio cuerpo y su estado físico. Incluso con los ojos cerrados y sin tocarlo sentimos cómo es nuestro cuerpo y sus miembros, dónde empieza y acaba cada uno de ellos, cuáles son sus dimensiones, su posición espacial, etc., y tenemos también en todo momento un sentido general de bienestar o malestar, o simplemente de normalidad, es decir, de encontrarnos bien cuando no nos duele ni molesta nada, o mal cuando nuestro organismo está alterado. En síntesis, podemos decir que las diferentes formas de aprendizaje del cerebro humano permiten generar reacciones emocionales nuevas y diversas. Su combinación puede ser especialmente eficaz para originar sentimientos poderosos. El resultado del análisis mental de circunstancias personales y sociales complejas (aprendizaje relacional) puede asociarse a sentimientos negativos ya existentes (condicionamiento clásico) y potenciarse cuando la expresión de esos sentimientos sea socialmente gratificada (condicionamiento instrumental). De ese modo, emociones sociales negativas, como el odio o la envidia, pueden dejar de ser pasajeros y acabar convirtiéndose en prejuicios muy consistentes y duraderos, resistentes a desaparecer incluso cuando ya no están justificados.
El aprendizaje emocional, como cualquier otro tipo de aprendizaje, es posible porque el cerebro es plástico, es decir, es capaz de cambiar su organización interna y su funcionamiento para almacenar información y reproducirla posteriormente.

Los hombres en general tienen más capacidad mental para apreciar el espacio y las situaciones como un conjunto, es decir, se fijan más en el todo que en las partes, al contrario que las mujeres que suelen tener más capacidad analítica y perciben mejor los detalles. No es extraño entonces que tanto en lo emocional (amígdala) como en lo racional (corteza prefrontal) el cerebro del hombre tienda a utilizar el hemisferio derecho, que trabaja de forma más integrada, y el de las mujeres el hemisferio izquierdo, que trabaja de forma más analítica. Esas mismas diferencias podrían ser también, junto a la cultura y la educación, responsables de las diferencias de género en el control de las emociones y los sentimientos. La inteligencia emocional parece reservada a aquellos individuos cuyos cerebros están congénitamente dotados de sistemas emocionales eficaces para señalizar y memorizar estímulos relevantes. Es decir, a los cerebros dotados de mecanismos emocionales capaces de construir a lo largo de la vida un sistema de valores que guíe el comportamiento de un modo adaptativo.

Las preocupaciones irrelevantes son otra fuente de frustración que también contamina el ambiente social de las personas, pero se pueden combatir igualmente con las armas de la educación emocional. La educación, en síntesis, puede afectar a la incidencia, la intensidad, la forma y el contenido de las emociones. Puede reformar, modificar y recalibrar las respuestas emocionales preexistentes, innatas o adquiridas. Si los sentimientos son percepciones de los cambios corporales, la educación puede afectar a los sentimientos cambiando esas percepciones. Por ejemplo, puede cambiar los sentimientos de envidia, odio o celos, haciendo que los percibamos con menor intensidad al afectar al modo de considerar los estímulos que los producen. Lo grave no es que sintamos envidia o celos, pues somos humanos y no podemos evitarlo, sino cómo reaccionamos frente a nuestros propios sentimientos negativos. Hay quien los alimenta en lugar de considerar su naturaleza y buscar el modo de ver las cosas de otra manera. La educación emocional debería ayudarnos a proceder de manera conveniente para saber superar sentimientos negativos, como el racismo, utilizando la plasticidad del cerebro para cambiar el rechazo ante lo ajeno por apreciación de la belleza y el valor de lo diferente.

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Interesting brief book. In the last decades we have been able to apply the scientific method to a domain that for a long time was considered to transcend the merely biological. Now we know that everything from passionate love to more rational thinking has a biochemical basis and we are beginning to understand how those neural circuits in which feelings are formed operate. And although the pendulum has been able to take us to the opposite extreme at some point, to believe that everything is biochemical, that everything is given to us in genes, the more we enter into the knowledge of the brain, the clearer we can see that the process of feeling and of thinking, like that of any biological function, has a biochemical basis, of course, but that interacts with the environment and is constantly modified. The score of our mental life is written every day with new notes that give rise to an ever-changing melody, a melody that we can largely decide.
Understanding these processes, being able to direct our gaze towards our interior, being able to think about how we think, is an exciting adventure. For a long time we have lived immersed in a culture that reduced the value of emotions and that has kept women in a subordinate position, considering that the pre-eminence of feelings was both their main attribute and their main weakness.

We live in an accelerated and increasingly complex society, in which stress, the fruit of daily anguish and the uncertainty of the future, constitutes the main factor of penalty in the new productive model of the globalized society. Let us not deceive ourselves about the «reasonable» empire of reason. The psychic well-being has a lot to do with the achievement of the necessary coupling between logic and feelings, between emotion and reason. To achieve this, we mainly use reason because we have a much more direct control over it than over our emotions. So to speak, the ability to reason is largely within our reach, it is ours, while emotion is imposed on us, without our being able to avoid it or control it easily. It is true that reason can help us see things differently and regulate our emotions in that way, and although the effort of pure rationality – if you think about it well it is not to be like this! – it may not be enough to annul feelings unwanted, especially when they are negative and intense, can often serve to moderate, modify or even prevent the inconvenient emotional responses.

In short, emotions are nothing other than multiple and coordinated physiological and behavioral responses of the same organism, some of which, like postures and movements, are visible to an external observer, and others, such as the release of hormones or changes in heart rate, they are not. In any case, it is important to note that when we speak simply of emotions we are referring to objective changes in the body, changes that we can record, measure and study scientifically. It is not subjective or ethereal. But that is not all, because with the advent of the phenomenon of consciousness evolution evolved a surprising qualitative change that profoundly altered the value and relevance of emotions. In addition to the classical senses, such as sight, hearing, smell, taste and touch, we also have an interoceptive sense that makes us feel permanently our own body and its physical state. Even with our eyes closed and without touching it, we feel what our body and its members are like, where each of them begins and ends, what are their dimensions, their spatial position, etc., and we also have at all times a general sense of well-being or discomfort, or simply normality, that is, to find ourselves well when it does not hurt or bother anything, or bad when our body is disturbed. In short, we can say that the different forms of human brain learning allow generating new and diverse emotional reactions. Their combination can be especially effective in creating powerful feelings. The result of mental analysis of complex personal and social circumstances (relational learning) can be associated with already existing negative feelings (classical conditioning) and be enhanced when the expression of those feelings is socially gratified (instrumental conditioning). In this way, negative social emotions, such as hatred or envy, can stop being transient and end up becoming very consistent and lasting prejudices, resistant to disappearing even when they are no longer justified.
Emotional learning, like any other type of learning, is possible because the brain is plastic, that is, it is capable of changing its internal organization and functioning to store information and reproduce it later.

Men in general have more mental capacity to appreciate space and situations as a whole, that is, they fix more on the whole than on the parts, unlike women who usually have more analytical capacity and perceive the details better. It is not strange then that both in the emotional (amygdala) and in the rational (prefrontal cortex) the human brain tends to use the right hemisphere, which works in a more integrated way, and that of women the left hemisphere, which works more analytical way These same differences could also be, together with culture and education, responsible for gender differences in the control of emotions and feelings. Emotional intelligence seems reserved for those individuals whose brains are congenitally endowed with effective emotional systems to signal and memorize relevant stimuli. That is to say, to brains endowed with emotional mechanisms capable of constructing throughout life a system of values that guides behavior in an adaptive way.

Irrelevant concerns are another source of frustration that also pollutes people’s social environment, but they can also be fought with the weapons of emotional education. Education, in short, can affect the incidence, intensity, form and content of emotions. It can reform, modify and recalibrate pre-existing, innate or acquired emotional responses. If feelings are perceptions of bodily changes, education can affect feelings by changing those perceptions. For example, you can change feelings of envy, hatred or jealousy, making you perceive them with less intensity by affecting how you consider the stimuli that produce them. The serious thing is not that we feel envy or jealousy, because we are human and we can not avoid it, but how we react to our own negative feelings. There are those who nourish them instead of considering their nature and look for ways to see things differently. Emotional education should help us to proceed in a convenient way to overcome negative feelings, such as racism, using the plasticity of the brain to change the rejection of others by appreciation of beauty and the value of what is different.

4 pensamientos en “Emociones E Inteligencia Social: Las Claves Para Una Alianza Entre Los Sentimientos Y La Razón — Ignacio Morgado Bernal / Emotions and Social Intelligence: The Keys to an Alliance between Feelings and Reason by Ignacio Morgado Bernal (spanish book edition)

  1. Es por eso que a cada sentimiento o pasión como ira, admiración, alegría, etc, hay un cambio horno al que sentimos en el cuerpo, co.o respiración agitada, sudor, alteraciones visuales y demás. Es mi humilde idea. Saludos

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