El Tiempo Detenido Y Otras Historias De África — Lola Hierro / The Stopped Time And Other African Stories by Lola Hierro (spanish book edition)

Me ha gustado este libro sobre el continente africano que es un soplo de aire fresco para conocer más de ese continente, al cual si eres viajero te engancha como pocos. África es un continente tan diverso que lo último que necesita es una legión de uniformes. Acercarse a esa tierra desde diferentes prismas, desde la seriedad, la alegría, el llanto, la inspiración, la rabia o el humor es casi una cuestión de justicia. No se trata de que, atacados por la culpa, cambiemos el tradicional pesimismo con el que los medios se acercan a la realidad africana por un buenismo irreal. No hay países, ni pueblos, mejores que otros; tampoco allí en el sur. Se trata de explicar la realidad de una tierra llena de tantas virtudes e imperfecciones como las demás pero, aun así, diferentes; y subrayar que por eso mismo África es un lugar humano y extraordinario. Porque es único como el resto.

En África hay muchas clases de negros. Como de blancos en Europa, vamos. En Etiopía, también. Están los etíopes y eritreos que se denominan a sí mismos habesha (abisinios) porque comparten raíces semíticas. Ellos suelen tener la piel más clara, los ojos grandes y las facciones más angulosas. Luego hay otros como los gumuz, cuyo tono es negrísimo, como el betún, y sus narices son más chatas. Se parecen más a los vecinos del Sudán y, de hecho, la mayoría de ellos está repartida en la frontera con este país, junto al Nilo Azul. Los gumuz viven con extrema sencillez y no hay coches, ni siquiera una bicicleta o un carro, que puedan transportar a un enfermo o a una parturienta. Y aunque los hubiera, tampoco se han construido carreteras de asfalto, así que al menos un 25% de las mujeres que fallecen durante el alumbramiento, lo hicieron por la ausencia de un medio de transporte que las llevara a un hospital para practicarles una simple cesárea, según datos de la ONU. No encuentro cuántas en su región perdieron la vida a causa del parto o el sobreparto, pero el dato general de toda Etiopía es devastador: 676 mujeres de cada 100.000 nacidos vivos fallecen. En España, cuatro. Sin embargo, hay otras normas dentro de la sociedad gumuz que me sorprenden por equitativas: hombres y mujeres pueden beber alcohol y fumar, y prácticas como los malos tratos a las esposas o su abandono son consideradas faltas graves.

El matatu es el medio de transporte más habitual para viajar por el país. También circulan autobuses de línea, motos, coches y hasta un tren que une Nairobi, la capital, con Mombasa, principal puerto comercial. Pero el matatu, esa pequeña furgonetilla de doce plazas, es el que triunfa. Puedes intentar pararlo en medio de la carretera. Un matatu no tiene hora de salida. Se marcha cuando se llena. Si lo pillas vacío, como ocurre en este caso, puedes pasarte una hora o más sentada sin hacer otra cosa más que observar por la ventanilla el trajín de la estación. Los chicos siempre se acercan a vender agua, galletas, chicles, caramelos… Kibera es uno de los lugares con peor reputación del planeta, dicen. ¡Como si fuera el único barrio de chabolas que existe! Y pese a esta mala fama, es un reclamo turístico infalible. En mi hostal ofrecen visitas a este barrio en el mismo panel que oferta safaris. Esta práctica tiene sus detractores y sus defensores. Los primeros consideran indignante llevar a turistas a que observen la materialización de la miseria humana como podrían observar una jirafa en medio de la sabana. Sus defensores opinan que es una actividad económica que contribuye al desarrollo de la zona, que aporta dinero. Yo, la verdad, estoy con los que no lo ven bien. Y no sé quién me parece peor: el que ofrece la excursión o el turista que la contrata.

La teoría masái es fácil de aprender. Saben de ella los turistas que visitan aldeas de esta etnia y les compran collares y telas de cuadritos. Las condiciones de vida de las mujeres son miserables porque cuentan menos que una cabra y, entre otras atrocidades que les toca padecer, está la infame mutilación genital. He odiado un poco a los hombres de esta etnia por mantener semejantes prácticas pero, por otra parte, intento entender que están ligadas a unas creencias y tradiciones ancestrales que no se pueden borrar de un día para otro. Y que las propias mujeres la defienden; de hecho, las cortadoras siempre son adultas de la comunidad. Eso no quita para que esté completamente en contra de que se perpetúe esta salvajada.
También llamada ablación, consiste en la mutilación total o parcial de los órganos genitales femeninos de manera intencionada y, en la mayoría de casos, debido a tradiciones muy arraigadas. Unos doscientos millones de mujeres han sido mutiladas en el mundo pese a estar prohibido en la mayoría de los países en los que se realiza. Las verdaderas razones sobre el desplazamiento de los masáis son mucho más complicadas y oscuras. Desde principios del siglo XX, esta minoría ha visto cómo sus tierras se han reducido drásticamente. Primero fueron los colonos británicos, que les arrebataron el 60% de sus territorios para hacer ranchos. En la década de los cuarenta, las autoridades los expulsaron de las tierras fértiles del Ngorongoro y de los montes Meru y Kilimanjaro para permitir la creación de parques nacionales que ahora todos disfrutamos, como el Maasai Mara, el Samburu o el de Tsavo en Kenia y el Ngorongoro, el Serengueti o el Taranguire en Tanzania. Pese a esto, ellos siempre han reclamado su derecho al pastoreo libre. A orillas del lago Kalemawe me explican los técnicos de la ONG española Ongawa que los masáis tienen prohibido llevar a sus ovejas a pastar a esta parte, pero que ellos no consideran válidas esas leyes y, simplemente, las ignoran.
Pese a todo, cada vez les es más complicado mantener su forma de vida. Antes de casarse, las masáis son sometidas a la circuncisión, un eufemismo de la mutilación genital. Por esta práctica han pasado unos ciento cuarenta millones de niñas en todo el mundo, y aunque en África los gobiernos de la mayoría de países están haciendo esfuerzos por erradicarla, aún persiste e incluso es legal en una treintena de estados. Es muy difícil cambiar mentalidades. A partir de los diez años, las niñas pueden ser casadas, así que es también a partir de esas edades cuando las mutilan. En Kenia es ilegal desde 2011, pero la prevalencia nacional aún es del 27%, y en las comunidades de esta etnia alcanza el 73%.
Hay varias maneras de realizar la mutilación genital femenina (MGF), y van desde la amputación total o parcial del clítoris hasta la extirpación de labios mayores y/o menores. Para una mujer, la ablación conlleva sufrir durante el resto de su vida infecciones, hemorragias, dolores terribles, quistes, esterilidad, problemas durante el parto, riesgo de muerte, lesiones creadas por el procedimiento, que suele realizarse sin condiciones higiénicas y, por supuesto, implica prescindir de cualquier tipo de placer sexual.

Unguja es la isla de mayor tamaño de Zanzíbar; aquella a la que acuden casi todos los turistas que quieren pasar sus vacaciones en este archipiélago tanzano. Es grande —1.554 kilómetros cuadrados—, es plana y está despejada. Ni siquiera el Parque Nacional de Jozani, en el centro de la isla y hacia el sur, goza de grandes masas de árboles.
Los mayores atractivos de Unguja están en sus playas: en ellas se puede conocer a las mujeres que recogen algas, avistar delfines, bucear y demás esparcimientos asociados a la vida marítima. Otro punto fuerte de la isla es Stone Town, su bonita capital, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en el año 2000. Stone Town, que significa ciudad de piedra, tiene el dudoso honor de haber sido el mayor puerto comercial de esclavos de África oriental en el siglo XIX: hasta veinte mil personas pasaban por ella cada año para ser entregados a amos árabes y europeos. Zanzíbar no interesó mucho a nadie hasta el siglo XVI, cuando los portugueses se dieron cuenta de que era un enclave estratégico excelente para realizar operaciones comerciales. No es de extrañar, pues este archipiélago está en medio de la ruta de las especias que discurre desde la costa oriental africana hasta la India. En 1832, cambia de manos: un sultán omaní llamado Seyyd Said decide instalarse en la isla porque ha observado que es un lugar fantástico para subastar esclavos capturados en el continente africano. Las colonias europeas demandan mano de obra negra y gratuita, lo mismo que los dueños de las plantaciones de Estados Unidos y los jeques, sultanes y otros hombres ricos de la península arábiga. Gracias a la trata de personas y al cultivo de especias como la canela y el clavo, esta estirpe de Omán amasa una gran fortuna.

Impresiona escuchar la indescifrable lengua de los bosquimanos, una de las variantes del khoisan, y que se pronuncia con chasquidos y cliqueos de lengua. Un par de días dan para hacerse a la idea de la complicada situación de esta minoría, que ha optado por teatralizar sus costumbres y modos de vida que tanto aprecian porque es la única manera de conservarlos vivos y que no caigan en el olvido. Mientras en Victoria Falls se hace notar la opulencia: las calles disponen de aceras a ambos lados y restaurantes y cafeterías bonitas de aires europeos, de esas en las que sirven delicias de moda, como smoothies y cupcakes (vamos, batidos y magdalenas de toda la vida). También abundan las tiendas de recuerdos con toda clase de artesanías y agencias de actividades de aventura. En el interior de estas, señores y señoras de camisa y corbata los primeros y traje de chaqueta las segundas ofrecen a los extranjeros toda clase de experiencias que disparan la adrenalina a precios estratosféricos: saltos al vacío desde el majestuoso puente que une el país con Zambia, navegar entre cocodrilos los rápidos del indómito Zambeze, o paseos en canoa para los menos intrépidos. Aunque la inestabilidad política desde el derrocamiento de Mugabe ha trasladado en parte la actividad turística a Livingstone, la homóloga zambiana, aquí se ve que la industria sigue funcionando. Hay vida, hay turistas y se acepta el pago con tarjeta en todas partes.

*Al final del libro un anexo de fotografías que da más colorido al libro.

 ——————————

I liked this book about the African continent that is a breath of fresh air to know more about that continent, which if you are a traveler hooks you like few others. Africa is such a diverse continent that the last thing it needs is a legion of uniforms. Approaching this land from different prisms, from seriousness, joy, crying, inspiration, anger or humor is almost a matter of justice. It is not that, attacked by guilt, we change the traditional pessimism with which the media approaches the African reality by an unreal good. There are no countries, no peoples, better than others; neither there in the south. It is about explaining the reality of a land full of so many virtues and imperfections as the others but, still, different; and to emphasize that for that reason Africa is a human and extraordinary place. Because it is unique like the rest.

In Africa there are many kinds of blacks. As white in Europe, let’s go. In Ethiopia, too. There are Ethiopians and Eritreans who call themselves habesha (abyssinians) because they share Semitic roots. They usually have lighter skin, large eyes and more angular features. Then there are others like the gumuz, whose tone is very black, like bitumen, and their noses are flatter. They are more like the neighbors of the Sudan and, in fact, most of them are distributed on the border with this country, next to the Blue Nile. The gumuz live with extreme simplicity and there are no cars, not even a bicycle or a car, that can transport a sick person or a woman in labor. And even if there were, no asphalt roads have been built, so at least 25% of the women who died during the birth, did so because of the absence of a means of transport to take them to a hospital to perform a simple cesarean section , according to UN data. I can not find how many in her region lost their lives due to childbirth or childbirth, but the general data of all Ethiopia is devastating: 676 women out of every 100,000 live births die. In Spain, four. However, there are other norms within the Gumuz society that surprise me as equitable: men and women can drink alcohol and smoke, and practices such as mistreatment of wives or abandonment are considered serious offenses.

The matatu is the most common means of transportation to travel around the country. Line buses, motorcycles, cars and even a train that links Nairobi, the capital, with Mombasa, the main commercial port, also circulate. But the matatu, that little vangonetilla of twelve seats, is the one that triumphs. You can try to stop it in the middle of the road. A matatu does not have an exit time. It leaves when it is full. If you get it empty, as in this case, you can spend an hour or more sitting without doing anything other than watching through the window the bustle of the station. The boys always come to sell water, cookies, chewing gum, candy … Kibera is one of the places with the worst reputation on the planet, they say. As if it were the only shantytown that exists! And despite this bad reputation, it is an infallible tourist attraction. In my hostel they offer visits to this neighborhood in the same panel that offers safaris. This practice has its detractors and its defenders. The first ones consider it outrageous to take tourists to observe the materialization of human misery as a giraffe could see in the middle of the savannah. Its defenders believe that it is an economic activity that contributes to the development of the area, which provides money. I, the truth, I am with those who do not see it well. And I do not know who seems worse: the one that offers the tour or the tourist that hires it.

The Masai theory is easy to learn. They know about it tourists who visit villages of this ethnic group and buy them necklaces and plaids of squares. The living conditions of women are miserable because they count less than a goat and, among other atrocities that they have to suffer, is the infamous genital mutilation. I hated men of this ethnic group a bit for maintaining such practices but, on the other hand, I try to understand that they are linked to ancestral beliefs and traditions that can not be erased from one day to the next. And that the women themselves defend it; in fact, the cutters are always adults of the community. That does not mean that he is completely against the perpetuation of this savagery.
Also called ablation, it involves the total or partial mutilation of the female genital organs intentionally and, in most cases, due to deeply rooted traditions. Some two hundred million women have been mutilated in the world despite being banned in most of the countries where it is carried out. The real reasons for the displacement of the Maasai are much more complicated and obscure. Since the early twentieth century, this minority has seen their lands have been drastically reduced. First it was the British settlers, who took 60% of their territories to make ranches. In the 1940s, the authorities expelled them from the fertile lands of the Ngorongoro and the Meru and Kilimanjaro mountains to allow the creation of national parks that we all now enjoy, such as the Maasai Mara, the Samburu or the Tsavo in Kenya and the Ngorongoro, the Serengeti or the Taranguire in Tanzania. Despite this, they have always claimed their right to free shepherding. On the shores of Lake Kalemawe the technicians of the Spanish NGO Ongawa explain to me that the Masai are forbidden to take their sheep to graze on this part, but that they do not consider these laws valid and simply ignore them.
In spite of everything, it is increasingly difficult for them to maintain their way of life. Before marrying, the Maasai are subjected to circumcision, a euphemism for genital mutilation. This practice has passed about one hundred and forty million girls around the world, and although in Africa the governments of most countries are making efforts to eradicate it, it still persists and is even legal in about thirty states. It is very difficult to change mentalities. After ten years, girls can be married, so it is also from those ages when they maim them. In Kenya it is illegal since 2011, but the national prevalence is still 27%, and in the communities of this ethnic group it reaches 73%.
There are several ways to perform female genital mutilation (FGM), ranging from total or partial amputation of the clitoris to removal of labia majora and / or minor. For a woman, the ablation entails suffering during the rest of her life infections, hemorrhages, terrible pains, cysts, sterility, problems during childbirth, risk of death, injuries created by the procedure, which is usually carried out without hygienic conditions and, of course , implies to dispense with any type of sexual pleasure.

Unguja is the largest island in Zanzibar; that almost all tourists who want to spend their holidays in this Tanzanian archipelago. It is large – 1,554 square kilometers – it is flat and clear. Not even the Jozani National Park, in the center of the island and to the south, enjoys large masses of trees.
The biggest attractions of Unguja are on its beaches: in them you can meet women who collect algae, watch dolphins, dive and other recreations associated with sea life. Another strength of the island is Stone Town, its beautiful capital, declared World Heritage by UNESCO in 2000. Stone Town, which means stone city, has the dubious honor of being the largest commercial slave port in East Africa in the nineteenth century: up to twenty thousand people passed through it every year to be handed over to Arab and European masters. Zanzibar did not interest anyone until the sixteenth century, when the Portuguese realized that it was an excellent strategic enclave for commercial operations. No wonder, because this archipelago is in the middle of the spice route that runs from the East African coast to India. In 1832, he changed hands: an Omani Sultan named Seyyd Said decides to settle on the island because he has observed that it is a fantastic place to auction slaves captured on the African continent. The European colonies demand free and black labor, as do the owners of the United States plantations and the sheikhs, sultans and other rich men of the Arabian peninsula. Thanks to human trafficking and the cultivation of spices such as cinnamon and cloves, this Oman family kneaded a great fortune.

It is impressive to hear the indecipherable language of the Bushmen, one of the variants of the Khoisan, and which is pronounced with clicks and cliqueos of language. A couple of days give to get to the idea of the complicated situation of this minority, which has chosen to dramatize their customs and ways of life that they appreciate so much because it is the only way to keep them alive and not fall into oblivion. While in Victoria Falls the opulence is noted: the streets have sidewalks on both sides and nice restaurants and cafés with European flair, those in which they serve trendy delights, such as smoothies and cupcakes (go, milkshakes and muffins from all over the lifetime). There are also plenty of souvenir shops with all kinds of crafts and adventure activities agencies. In the interior of these, ladies and gentlemen in shirts and ties, the former and the second suit offer foreigners all kinds of experiences that trigger adrenaline at stratospheric prices: jumping from the majestic bridge that connects the country with Zambia. , navigate among the crocodiles the untamed Zambezi rapids, or canoe trips for the less intrepid. Although the political instability since Mugabe’s overthrow has partly transferred the tourist activity to Livingstone, the Zambian counterpart, here we can see that the industry is still functioning. There is life, there are tourists and card payment is accepted everywhere.

* At the end of the book an annex of photographs that gives more color to the book.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .