Stieg Larsson. El Legado. Las Claves Ocultas Del Asesinato De Olof Palme — John Stocklassa / Stieg Larssons Arkiv. Nyckeln Till Palmemordet ( The Man Who Played with Fire: Stieg Larsson’s Lost Files and the Hunt for an Assassin ) by John Stocklassa

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Debo decir sobre el libro y su lectura que me dejo una sensación buena como agridulce:
El libro trata sobre el asesinato del primer ministro sueco Olof Palme, que tuvo lugar en 1986. Stieg Larsson ha determinado mucho y, a partir de los documentos y sus propios hallazgos, Jan Stocklassa ha escrito un libro.
El libro está dividido en 2 partes. La primera parte describe el trabajo de investigación de Stieg Larsson y en la segunda parte, Jan Stocklassa escribe sobre su trabajo de investigación y cómo encontró el de Stieg Larsson.
Al principio me pareció muy emocionante ver todos los eventos escritos de nuevo, casi como un thriller. Pero como cada pequeño detalle fue incluido en el libro, eventualmente se volvió un poco largo, así que me estaba costando mucho leer el libro.
En parte, se complicó y, lamentablemente, no sabía nada sobre la política y la historia de Suecia, como tenía que darme cuenta, se convirtió en «demasiado». Había tanta gente que hay un registro adicional en la parte posterior del libro. Con sospechosos, con amigos de Stieg Larsson, con los investigadores, con personas de Sudáfrica o que tienen que ver con eso.
Sí, desafortunadamente, entonces la tensión faltaba más y más. Pensé que era genial, ya que Jan Stocklassa siguió investigando e incluso vuela a Johannesburgo, porque podía rastrear huellas hasta Sudáfrica.
Ahora han pasado más de treinta años y, sin embargo, Jan Stocklassa está segura de que si la policía no se detiene y continúa investigando, encontrará al asesino. Creo que 30 años son mucho y tal vez el asesino ya está muerto.
Después de la lectura, esperaba algo que fuera como un emocionante thriller. Porque Stieg Larsson es bien conocido por su famosa trilogía Millennium, que fue lanzada solo después de su muerte.
Conclusión:
Si buscas emoción como en un thriller, aquí simplemente está fuera de lugar. Desafortunadamente, el extracto no da testimonio de la duración que luego establece. Sin embargo, si está más familiarizado con la historia de Suecia y la política y le gustaría pasar sus vacaciones o vivir allí, se recomienda este libro.

El 28 de febrero de 1986, el primer ministro sueco Olof Palme fue asesinado a tiros en Estocolmo en la calle. El futuro autor de la trilogía del milenio, Stieg Larsson, en ese momento todavía un ilustrador del periódico antifascista Expo, comienza a intensificar la investigación sobre el asesinato, que aún no se ha resuelto. Continúa su investigación durante años, hasta su muerte temprana en 2004. Sólo en 2014, el periodista y documentalista Jan Stocklassa se encuentra con el archivo personal de Larsson. Obtiene acceso a la finca y descubre la investigación privada de Larsson sobre el caso de homicidios de Olof Palme en veinte cajas de cartón. En su libro, Stocklassa cuenta la investigación hasta ahora desconocida del autor más vendido como una fascinante historia del crimen real.

El estilo de escritura es para leer con fluidez y se nota desde el principio que la investigación detrás del libro se realizó con gran detalle. Encontré toda la investigación y la historia del asesinato de Olof Palme muy interesantes e informativas en este libro. Realmente es una historia de crimen es buena, que se describe con gran detalle. Además, la tensión Va decayendo pero es un libro entretenido, a pesar del difícil tema. Hay muchos nombres a los que tienes que acostumbrarte y debes estar concentrado mientras lees, para no perderte nada. Así que no es un libro que puedes leer entre horas.
Me pareció emocionante aprender más sobre las circunstancias y la investigación del asesinato del Primer Ministro sueco Olof Palme.

Apenas unas horas antes de firmarse el auto de detención, Gunnarsson fue absuelto. ¿Por qué? Pues porque el testigo que asegura que había intentado que un coche lo llevara después del asesinato de pronto ya no puede señalar a Gunnarsson con total seguridad.
Entre las especulaciones, se contempla la posibilidad de que haya intereses sudafricanos involucrados en el asesinato. La Comisión Palme, de la que el propio Palme era una persona importante, había iniciado una campaña contra los traficantes de armas que hacían negocios con el régimen del apartheid.
Entre las especulaciones aparece también el PKK kurdo, que ha perpetrado por lo menos tres asesinatos políticos en Suecia en los dos últimos años. Hasta el momento, todas las muertes han sido de «traidores» de dentro de la organización, pero hay una tendencia popular (y bastante racista) a creer que ellos son los culpables. ¿Por qué? Pues porque sus oficinas en Estocolmo están en la calle David Bagare, donde al asesino se lo tragó la tierra. (En cambio, esa teoría prescinde de la cuestión de si un asesino sería tan tonto como para correr a esconderse en el cuartel general de su propia organización, a dos minutos del lugar del crimen).

Olof Palme era amigo del tercer mundo y luchaba por los derechos de los desfavorecidos. Con gusto explicaba su primera acción política, cuando junto con unos amigos donaron sangre para recaudar dinero en la lucha contra el apartheid de Sudáfrica.
Sin embargo, la implicación de Palme en la política exterior solía cobrarse un precio en las relaciones de las superpotencias. Logró irritar a la Unión Soviética cuando en abril de 1975 llamó a su régimen satélite en Checoslovaquia «la criatura de la dictadura», así como cuando criticó la invasión soviética de Afganistán en diciembre de 1979.
Al otro lado de la Guerra Fría, provocó a Estados Unidos, que cortó lazos diplomáticos con Suecia dos veces a causa de las actuaciones de Palme. La primera vez, en febrero de 1968, después de que Palme se paseara codo con codo, por las calles de Estocolmo, con el embajador moscovita en Vietnam del Norte, en una manifestación con antorchas contra la guerra de Vietnam. La segunda, porque criticó los bombardeos de Hanói en la Navidad de 1972; entonces comparó el comportamiento de Estados Unidos con las peores masacres del siglo XX.
Durante el periodo 1980-1982, Palme fue el conciliador que la ONU envió para mediar en la guerra entre Irán e Irak. Era una misión imposible, y fracasó. Cuando salió a la luz su implicación activa para ayudar a que las empresas de armamento sueco, encabezadas por Bofors, aseguraran las exportaciones a la India, muchos lo consideraron un hipócrita. Primero tomaba la iniciativa para el desarme y la paz; al instante siguiente, apoyaba la exportación de armas suecas para salvar la creación de empleo.
En Suecia, los críticos alegaban que el país no tenía ni tiempo ni recursos para jugar a ser la conciencia global y que el primer ministro debería interesarse más por la política nacional, donde la posición de Palme también había quedado debilitada. Mediante su retórica y su diestra lucha de poderes, había conseguido buscarse enemigos tanto en la izquierda como en la derecha.
Sin embargo, no era la política lo que irritaba en primera instancia a sus contrincantes. El origen de clase alta de Olof Palme había vuelto suspicaces a muchos de sus compañeros de partido; por su parte, los conservadores consideraban que había traicionado a su clase. También había algo en lo que irradiaba que molestaba a la gente. En los debates se mostraba impaciente y podía parecer arrogante cuando machacaba a sus contrincantes menos hábiles.
Cuando el odio contra Palme ya estuvo establecido en distintos sectores de la población, ya no se le pudo poner freno. Entonces empezaron las campañas. Los periódicos publicaban caricaturas de Palme con nariz aguileña, dientes cascados y bolsas oscuras bajo los ojos. No obstante, al parecer, había quienes no veían nada raro en su aspecto. Incluso la actriz estadounidense Shirley MacLaine fue de las mujeres que aseguró haber tenido un affaire con Olof Palme. Los rumores sobre las relaciones extramatrimoniales del primer ministro corrieron y se exageraron.
En muchos de los periódicos matutinos de Suecia se publicaron grandes anuncios dirigidos directamente contra Olof Palme y sus políticas. En ellos se empleó por primera vez el término «palmeísmo» en sentido peyorativo, sin que se pudiera sacar en claro a qué correspondía exactamente esa ideología inventada. Lo que estaba claro era que detrás de los anuncios había poderosas fuerzas financieras que podían pagar las millonadas que exigía la publicación de esos anuncios.
El 3 de noviembre de 1985, el periódico Svenska Dagbladet publicó un artículo de debate firmado por el comandante Hans von Hofsten en el que expresaba su recelo (y el de varios compañeros suyos) por la política contra la Unión Soviética de Olof Palme.

La Operación Alfa tuvo lugar el 20 de enero de 1987. Veinte personas, principalmente kurdos, fueron detenidas e interrogadas en paralelo. Ese mismo día, el fiscal decidió que casi todos fueran puestos en libertad. Al resto los dejarían ir poco después.
Alfa no había tenido el éxito que Hans Holmér había planeado. Al contrario, supuso la oportunidad que el fiscal estaba esperando para poner orden (según ellos). Dos semanas más tarde, el 5 de febrero, Hans Holmér dimitió como jefe del equipo de investigación. Un mes más tarde, dimitió como jefe de la Policía Provincial de Estocolmo.
Sin embargo, no se había dicho la última palabra. Holmér seguía contando con su red de ministros socialdemócratas y con el solucionador político Ebbe Carlsson. El juego de la pista del PKK se prolongaría un poco más. Pero ahora a escondidas.

Que Sudáfrica pudiera organizar un asesinato al otro lado del planeta era perfectamente posible. Puestos a hacerlo, era probable que se utilizara al mejor espía disponible: Craig Williamson. Además, este conocía bien tanto Estocolmo como el espíritu sueco desde su época de infiltrado. Dado que Wedin formaba parte de la cuadrilla de agentes de Williamson, resultaba muy verosímil que se le hubiera otorgado el papel de intermediario. Pero ¿qué había, en tal caso, al otro lado?
La razón para contratar a Wedin estaba clara: era sueco, hablaba el idioma y conocía Estocolmo. Sin embargo, hacía más de diez años que se había mudado a Londres, por lo que podía estar un poco desfasado. ¿Quizá conociera a las personas adecuadas? ¿Extremistas de derechas que querían deshacerse de Olof Palme? La red de contactos de Wedin también era vieja, pero Stieg había podido comprobar personalmente que mucha gente de la extrema derecha de los años ochenta provenía de la Alianza Democrática de los setenta, donde Wedin había estado activo.
La teoría de Stieg chocaba de frente con aquella a la que yo mismo había llegado. Él sospechaba que el servicio de inteligencia sudafricano había ejecutado el crimen con ayuda de un grupo de suecos. Por mi parte, creía que se trataba de dos o tres suecos novatos. Costaba entender cómo se podía llegar a conclusiones tan dispares.
Sin embargo, quizás el caso Palme era el particular test Rorschach de Suecia. En lugar de manchas de tinta simétricas, se trataba de contemplar el caso Palme y decir lo que vieras. La respuesta decía más de ti que sobre el asesinato. ¿Prefieres al alcohólico Christer Pettersson, a policías de extrema derecha o al servicio secreto sudafricano? Tú mismo eliges lo que quieres ver.
Tras estudiar el modus operandi del autor del crimen, el equipamiento y la ruta de huida escogida, tenía claro que quien mató a Olof Palme no era un delincuente profesional. Al contrario, casi todo apuntaba a que era un principiante. Alguien como Alf Enerström… Sin embargo, él era exageradamente alto (casi dos metros), lo que no habría pasado desapercibido para los testigos.
O alguien como Jakob Thedelin, escribía cosas contra Palme en Facebook casi treinta años después del asesinato pudiera haber cometido un magnicidio y haber conseguido callárselo tanto tiempo.
O alguien como Christer Pettersson, señalado por Lisbet Palme, la única testigo que con total seguridad había estado a menos de un metro del asesino.

En la historia de Stieg Larsson sobre el asesinato de Olof Palme, el antagonista no había sido el asesino, sino algo mucho más abstracto: la incapacidad de la policía sueca. Stieg había entregado varias pistas. Por culpa de una serie de errores y decisiones equivocadas, en realidad nunca las habían comprobado.
Stieg le había escrito a Gerry Gable a los veinte días del asesinato, sobre comerciantes de armas que hacían negocios con el régimen del apartheid. Y estaba lo que Craig Williamson había insinuado con sus e-mails y lecturas recomendadas.
En el año 1985, Estados Unidos, Sudáfrica e Irán hacen grandes negocios en secreto, pero después de que la aduana sueca y la inspección de material bélico detuvieran las entregas de armas y explosivos destinados a Irán, los tres países quedan manchados por el mismo barro.
Los negocios son parte de un contexto mayor, que terminará por conocerse como el escándalo Irán-Contra. La información sobre la transacción es un detonante que, si Olof Palme o alguien de su entorno hacía pública, podía amenazar a quienes estaban detrás de la operación. El arquitecto es William Casey, jefe de la CIA, que es íntimo del presidente Ronald Reagan.
Durante los preparativos, Anders Larsson empieza a intuir los riesgos de formar parte de la organización y teme cargar con las culpas. Como medida de seguridad, envía un aviso ocho días antes del asesinato. Una advertencia que podrá utilizar si él mismo acaba apareciendo como sospechoso en el caso.
Según el informante de la periodista Mari Sandström y el artículo de GT, un comando asesino sudafricano de tres agentes llega a Suecia en noviembre de 1985. De camino, pasan a recoger tres coches por Múnich. Se los ha preparado Franz Esser, que trabaja en un concesionario. Luego conducen hasta Estocolmo, donde pasan un par de días divirtiéndose con mujeres y alcohol. La patrulla de la muerte recibe varios toques de atención por parte del cuartel general en Sudáfrica: les recuerdan que deben actuar, no solo divertirse.
Casi todas las personas con nombre propio que aparecían en mi teoría salían también en las investigaciones de Stieg y en su seguimiento e identificación de la extrema derecha en Suecia, con una excepción importante: Jakob Thedelin. No obstante, Jakob conocía a diversas personas a las que Stieg les tenía puesto el ojo (o se había visto con ellas): Alf Enerström, Hans von Hofsten, Filip Lundberg, Ivan von Birchan o Bertil Wedin.
Dicho de otra manera: Jakob Thedelin era el eslabón que faltaba en la teoría de Stieg. Un outsider sin posición ni amigos que se podía sacrificar fácilmente. Como dirían los estadounidenses, un patsy perfecto.

Han pasado varios meses desde el concierto de Praga. Ya presenté mi informe a los encargados del caso Palme. Les he hecho saber que el revólver podría hallarse en una caja de seguridad a nombre de Jakob Thedelin. Asimismo, la policía sabe que tienen libre acceso a todo lo que hay en el archivo de Stieg y a mis investigaciones siempre que quieran. Con las medidas oportunas, trabajo duro y suficientes recursos, el nuevo fiscal al cargo y jefe de investigación, Krister Petersson, podría estar en lo cierto cuando afirmó aquello de que el caso Palme se va a resolver.

Libros de Stieg Larsson comentados en el blog:

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I must say about the book and its reading that left me goodie feeling as bittersweet:
The book is about the assassination of Swedish Prime Minister Olof Palme, which took place in 1986. Stieg Larsson has determined a lot and, from the documents and his own findings, Jan Stocklassa has written a book.
The book is divided into 2 parts. The first part describes the research work of Stieg Larsson and in the second part, Jan Stocklassa writes about his research work and how he found Stieg Larsson’s.
At first I found it very exciting to see all the events written again, almost like a thriller. But since every little detail was included in the book, it eventually became a bit long, so I was having a hard time reading the book.
In part, it got complicated and, unfortunately, I did not know anything about Swedish politics and history, as I had to realize, it became «too much». There were so many people that there is an additional record in the back of the book. With suspects, with friends of Stieg Larsson, with researchers, with people from South Africa or who have to do with that.
Yes, unfortunately, then the tension was missing more and more. I thought it was great, since Jan Stocklassa continued to investigate and even fly to Johannesburg, because he could trace tracks to South Africa.
Now more than thirty years have passed and, nevertheless, Jan Stocklassa is sure that if the police do not stop and continue investigating, he will find the killer. I think 30 years are a lot and maybe the killer is already dead.
After reading, I expected something that would be like an exciting thriller. Because Stieg Larsson is well known for his famous Millennium trilogy, which was released only after his death.
Conclusion:
If you are looking for emotion like in a thriller, here it is simply out of place. Unfortunately, the extract does not bear witness to the duration that it then establishes. However, if you are more familiar with the history of Sweden and politics and would like to spend your vacation or live there, this book is recommended.

On February 28, 1986, Swedish Prime Minister Olof Palme was shot dead in Stockholm on the street. The future author of the trilogy of the millennium, Stieg Larsson, at that time still an illustrator of the anti-fascist newspaper Expo, begins to intensify the investigation into the murder, which has not yet been resolved. He continues his research for years, until his early death in 2004. Only in 2014, journalist and documentary maker Jan Stocklassa encounters Larsson’s personal archive. He gets access to the farm and discovers Larsson’s private investigation into the Olof Palme homicide case in twenty cardboard boxes. In his book, Stocklassa tells the hitherto unknown investigation of the bestselling author as a fascinating story of real crime.

The writing style is to read fluently and it is noted from the beginning that the research behind the book was done in great detail. I found all the research and the history of the murder of Olof Palme very interesting and informative in this book. It really is a crime story that is good, which is described in great detail. In addition, the tension is going down but it is an entertaining book, despite the difficult subject. There are many names that you have to get used to and you should be focused while you read, so you do not miss anything. So it’s not a book that you can read between hours.
I found it exciting to learn more about the circumstances and the investigation of the assassination of Swedish Prime Minister Olof Palme.

Just hours before signing the arrest warrant, Gunnarsson was acquitted. Why? Because the witness who says he had tried to get a car to take him after the murder suddenly can no longer point Gunnarsson safely.
Among the speculations, there is a possibility that there may be South African interests involved in the murder. The Palme Commission, of which Palme himself was an important person, had launched a campaign against arms dealers who did business with the apartheid regime.
Among the speculations also appears the Kurdish PKK, which has perpetrated at least three political assassinations in Sweden in the last two years. So far, all deaths have been «traitors» within the organization, but there is a popular (and quite racist) tendency to believe that they are the culprits. Why? Well, because their offices in Stockholm are on David Bagare Street, where the murderer swallowed the land. (In contrast, that theory dispenses with the question of whether a murderer would be foolish enough to run to hide in the headquarters of his own organization, two minutes from the crime scene).

Olof Palme was a friend of the third world and fought for the rights of the disadvantaged. He was happy to explain his first political action, when together with some friends they donated blood to raise money in the struggle against apartheid in South Africa.
However, Palme’s involvement in foreign policy used to charge a price in superpower relations. He managed to irritate the Soviet Union when in April 1975 he called his satellite regime in Czechoslovakia «the creature of the dictatorship,» as well as when he criticized the Soviet invasion of Afghanistan in December 1979.
On the other side of the Cold War, it provoked the United States, which cut diplomatic ties with Sweden twice because of Palme’s actions. The first time, in February 1968, after Palme walked side by side, through the streets of Stockholm, with the Muscovite ambassador in North Vietnam, in a demonstration with torches against the Vietnam War. The second, because he criticized the bombing of Hanoi at Christmas 1972; Then he compared the behavior of the United States with the worst massacres of the 20th century.
During the period 1980-1982, Palme was the conciliator that the UN sent to mediate the war between Iran and Iraq. It was an impossible mission, and it failed. When his active involvement to help Swedish arms companies, led by Bofors, secure exports to India came to light, many considered him a hypocrite. First he took the initiative for disarmament and peace; the next moment, he supported the export of Swedish weapons to save the creation of employment.
In Sweden, critics argued that the country did not have the time or resources to play at being the global conscience and that the prime minister should be more interested in national politics, where Palme’s position had also been weakened. Through his rhetoric and skillful power struggle, he had managed to find enemies on both the left and the right.
However, it was not politics that irritated his opponents in the first instance. Olof Palme’s high-class origins had made many of his party comrades suspicious; On the other hand, the conservatives considered that he had betrayed his class. There was also something in it that radiated that annoyed people. In the debates he was impatient and could seem arrogant when he crushed his less skilled opponents.
When the hatred against Palme was already established in different sectors of the population, it could no longer be stopped. Then the campaigns began. The newspapers published Palme cartoons with an aquiline nose, chipped teeth and dark bags under the eyes. However, apparently, there were those who did not see anything strange in their appearance. Even the American actress Shirley MacLaine was one of the women who claimed to have had an affair with Olof Palme. Rumors about the extra-marital affairs of the prime minister ran and were exaggerated.
Large announcements directed against Olof Palme and his policies were published in many of Sweden’s morning newspapers. In them the term «palmeism» was used for the first time in a pejorative sense, without it being possible to get clear what precisely this invented ideology corresponded to. What was clear was that behind the advertisements there were powerful financial forces that could pay the millions that the publication of those ads demanded.
On November 3, 1985, the newspaper Svenska Dagbladet published a debate article signed by Commander Hans von Hofsten in which he expressed his misgivings (and that of several of his colleagues) for the policy against the Soviet Union of Olof Palme.

Operation Alpha took place on January 20, 1987. Twenty people, mainly Kurds, were detained and interrogated in parallel. That same day, the prosecutor decided that almost everyone should be released. The rest would be let go soon after.
Alfa had not had the success that Hans Holmér had planned. On the contrary, it was the opportunity that the prosecutor was waiting to put order (according to them). Two weeks later, on February 5, Hans Holmér resigned as head of the research team. A month later, he resigned as head of the Stockholm Provincial Police.
However, the last word had not been said. Holmér continued to rely on his network of social democratic ministers and on the political solver Ebbe Carlsson. The game of the PKK track would be prolonged a little longer. But now secretly.

That South Africa could organize a murder on the other side of the planet was perfectly possible. In order to do so, it was likely that the best available spy would be used: Craig Williamson. In addition, he knew both Stockholm and the Swedish spirit well since his time as an infiltrator. Since Wedin was part of Williamson’s crew of agents, it was very likely that he had been granted the role of intermediary. But what was there, in that case, on the other side?
The reason for hiring Wedin was clear: he was Swedish, spoke the language and knew Stockholm. However, he had moved to London more than ten years ago, so he might be a little out of date. Maybe he knew the right people? Right wing extremists who wanted to get rid of Olof Palme? Wedin’s network of contacts was also old, but Stieg had personally verified that many people on the far right of the eighties came from the Democratic Alliance of the Seventies, where Wedin had been active.
Stieg’s theory collided head-on with that to which I had come. He suspected that the South African intelligence service had executed the crime with the help of a group of Swedes. For my part, I thought it was two or three rookie Swedes. It was difficult to understand how such disparate conclusions could be drawn.
However, perhaps the Palme case was the particular Rorschach test from Sweden. Instead of symmetrical ink spots, it was about looking at the Palme case and saying what you saw. The answer said more about you than about the murder. Do you prefer the alcoholic Christer Pettersson, right-wing policemen or the South African secret service? You choose what you want to see.
After studying the modus operandi of the perpetrator of the crime, the equipment and the route of escape chosen, it was clear that who killed Olof Palme was not a professional criminal. On the contrary, almost everything indicated that he was a beginner. Someone like Alf Enerström … However, he was exaggeratedly tall (almost two meters), which would not have gone unnoticed by witnesses.
Or someone like Jakob Thedelin, wrote things against Palme on Facebook almost thirty years after the murder could have committed a magnicide and have managed to keep quiet for so long.
Or someone like Christer Pettersson, pointed out by Lisbet Palme, the only witness who had been safely within a yard of the killer.

In Stieg Larsson’s story about the assassination of Olof Palme, the antagonist had not been the murderer, but something much more abstract: the incapacity of the Swedish police. Stieg had delivered several clues. Because of a series of mistakes and wrong decisions, they had never really checked them.
Stieg had written to Gerry Gable twenty days after the murder, about gun dealers doing business with the apartheid regime. And there was what Craig Williamson had hinted at with his e-mails and recommended readings.
In 1985, the United States, South Africa and Iran do big business in secret, but after the Swedish customs and the inspection of war material stopped delivering weapons and explosives to Iran, the three countries are stained by the same mud .
The businesses are part of a larger context, which will eventually be known as the Iran-Contra scandal. The information about the transaction is a trigger that, if Olof Palme or someone from his environment made public, could threaten those who were behind the operation. The architect is William Casey, chief of the CIA, who is close to President Ronald Reagan.
During the preparations, Anders Larsson begins to sense the risks of being part of the organization and is afraid of bearing the blame. As a security measure, send a notice eight days before the murder. A warning that can be used if he himself appears as a suspect in the case.
According to the journalist Mari Sandström’s informant and the GT article, a three-agent South African assassination command arrives in Sweden in November 1985. On the way, they pick up three cars in Munich. They have been prepared by Franz Esser, who works in a dealership. Then they drive to Stockholm, where they spend a couple of days having fun with women and alcohol. The patrol of death receives several touches of attention from the headquarters in South Africa: they remind them to act, not just to have fun.
Almost all the people with a proper name that appeared in my theory also came out in Stieg’s research and in his follow-up and identification of the extreme right in Sweden, with one important exception: Jakob Thedelin. However, Jakob knew several people to whom Stieg had his eye (or had seen them): Alf Enerström, Hans von Hofsten, Filip Lundberg, Ivan von Birchan or Bertil Wedin.
Put another way: Jakob Thedelin was the missing link in Stieg’s theory. An outsider without position or friends who could be easily sacrificed. As the Americans would say, a perfect patsy.

Several months have passed since the Prague concert. I already presented my report to the people in charge of the Palme case. I’ve let them know that the revolver could be in a safe in the name of Jakob Thedelin. Also, the police know that they have free access to everything in the Stieg file and my investigations whenever they want. With the appropriate measures, hard work and sufficient resources, the new prosecutor in charge and head of investigation, Krister Petersson, could be right when he said that the Palme case will be resolved.

Books by Stieg Larsson commented in the blog:

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