La Mente De Los Justos: Por qué La Política Y La Religión Dividen A La Gente Sensata — Jonathan Haidt / The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion by Jonathan Haidt

El libro es muy ameno, está escrito en un estilo muy dinámico y se lee sin esfuerzo, a pesar de tratar de temas bastante sesudos (la moral y su papel social). Creo que mucha gente aprendería a respetar más las opiniones políticas o religiosas de los demás leyendo este libro.
Lo mejor de este libro es que nos deja tres afirmaciones importantes:
1. La mente humana es como un jinete montado sobre un elefante. El jinete es la racionalidad y el elefante son las intuiciones. Y son las intuiciones las que guían el juicio y la decisión morales. No es el jinete, como piensan los filósofos racionalistas o los economistas neoclásicos. La racionalidad la empleamos sobre todo para justificar (ante otros o ante nosotros mismos) la conducta ya tomada, no para escogerla. Platón se equivocaba y David Hume dio en el clavo: la razón está al servicio de las pasiones, el elefante manda sobre el jinete.
2. Desde un punto de vista descriptivo, los occidentales tendemos a ser individualistas y pensamos que la única ética que existe es la ética de la autonomía, centrada en la justicia, la libertad y los derechos individuales. Pero hay otros dos tipos de ética: la ética de la comunidad y la ética de la divinidad. En la ética de la colectividad se trata a los individuos como miembros de grupos que tienen existencia propia y no son la simple suma de los individuos que los integran: familias, tribus, naciones, ejércitos, etc. En la ética de la divinidad se considera a los individuos como cuerpos en que está alojada un alma divina y pura, acosada por las impurezas del cuerpo. Los tres tipos de ética conviven en Occidente en los individuos de mentalidad conservadora, mientras que los liberales y progresistas sólo prestan atención a los valores de la ética de la autonomía.
3. Los humanos somos un 90% chimpancé y un 10% abeja. La selección natural opera a diferentes niveles. En el nivel individual nos hace chimpancés egoístas, pero en el nivel de grupo nos lleva a ser altruistas genuinos y anteponer el bien del grupo a nuestro interés personal (éste es nuestro lado abeja). Hay que subrayar que Haidt habla de un altruismo parroquial, por el que nos interesamos por la salud de nuestro grupo, no por el bienestar de la humanidad. No somos altruistas perfectos, universales o indiscriminados. La religión es uno de los principales potenciadores de la sensación de pertenencia a un grupo, y esta sensación de pertenencia hace más cohesivas a las comunidades humanas y por ello, desde un punto de vista biológico, tiene un valor adaptativo.
Haidt se confiesa ateo y más bien partidario de una ética de la autonomía. Por eso tiene más mérito que en este libro abra nuestras mentes a otras formas respetables de entender la moralidad.

• El dominio moral varía según la cultura. Es inusualmente estrecho entre las culturas occidentales, educadas e individualistas. Las culturas sociocéntricas, por su parte, amplían ese dominio moral para abarcar y regular más aspectos de la vida.
• Las personas a veces tienen sentimientos viscerales, especialmente en lo que se refiere al asco y la falta de respeto, que guían su razonamiento. El razonamiento moral es a veces una creación post hoc, como dijo David Hume.
• La moral no puede ser totalmente autoconstruida por los niños en función de su cambiante comprensión de lo que significa el daño. El aprendizaje o la orientación cultural deben desempeñar un papel más importante del que las teorías racionalistas le han dado.
Si la moralidad no proviene principalmente del razonamiento, entonces eso significa que probablemente se trate de una combinación de lo innato y el aprendizaje social.

• La mente está dividida en partes, como un jinete (procesos controlados) en un elefante (procesos automáticos). El jinete evolucionó para servir al elefante.
• Puedes ver como el jinete sirve al elefante cuando las personas experimentan un desconcierto moral. Tienen fuertes sentimientos viscerales sobre lo que está bien y lo que está mal, y luchan por fabricar justificaciones post hoc para esos sentimientos. Incluso cuando el sirviente (el razonamiento) regresa con las manos vacías, el amo (la intuición) no cambia su juicio.
• El modelo intuicionista social parte del modelo de Hume y lo hace más social. El razonamiento moral parte de nuestra lucha vitalicia para hacer amigos e influir en los demás. No entenderás el razonamiento moral si piensas en él como algo que la gente hace por voluntad propia para descubrir la verdad.
• Por lo tanto, si deseas cambiar la opinión de alguien sobre un problema moral o político, lo primero que debes hacer es hablar con el elefante. Si le pides a las personas que crean algo que transgrede sus intuiciones, dedicarán sus esfuerzos a encontrar una vía de escape, una razón para dudar de tu argumento o conclusión. Y en la mayor parte de los casos, lo lograrán.

El primer principio de la psicología moral es: Las intuiciones vienen primero, el razonamiento estratégico después. En apoyo de este principio, revisé seis áreas de investigación experimental que demuestran que:
• Los cerebros evalúan de manera instantánea y constante (como afirmaron Wundt y Zajonc).
• Los juicios políticos y sociales dependen en gran medida de ráfagas intuitivas rápidas (como lo han demostrado Todorov y el trabajo con los TAI).
• Nuestros estados corporales a veces influyen en nuestros juicios morales. Los malos olores y sabores pueden hacer que las personas sean más críticas (también cualquier cosa que las haga pensar en pureza y limpieza).
• Los psicópatas razonan pero no sienten (y presentan graves deficiencias morales).
• Los bebés sienten pero no razonan (y tienen principios de moralidad).
• Las reacciones afectivas aparecen en el lugar correcto y el momento correctos en el cerebro (como lo muestran Damasio, Greene y una ola de estudios más recientes).
Pero la conclusión más importante es que cuando vemos o escuchamos acerca de las cosas que hacen otras personas, el elefante comienza a inclinarse de inmediato. El jinete, que siempre está tratando de anticipar el próximo movimiento del elefante, comienza a buscar la manera de apoyarlo.

El primer principio de la psicología moral es: las intuiciones vienen primero, el razonamiento estratégico después. Para demostrar las funciones estratégicas del razonamiento moral, he revisado cinco áreas de investigación que muestran que el pensamiento moral se parece más a un político que busca votos que a un científico que busca la verdad:
• Estamos extremadamente preocupados por lo que los demás piensan de nosotros, aunque gran parte de la preocupación es inconsciente e invisible a nuestros ojos.
• El razonamiento consciente funciona como un portavoz que automáticamente justifica cualquier posición adoptada por el presidente.
• Con la ayuda de nuestro portavoz, podemos mentir y engañar a menudo, y luego cubrirlo de una manera tan eficiente que incluso nos engañemos a nosotros mismos.
• El razonamiento puede llevarnos a casi cualquier conclusión a la que queramos llegar, porque preguntamos «¿puedo creerlo?» cuando queremos creer algo, y «¿debo creerlo?» cuando no lo queremos creer. La respuesta es casi siempre sí a la primera pregunta y no a la segunda.
• En materia moral y política, a menudo somos más grupales que egoístas. Desplegamos nuestras habilidades de razonamiento para respaldar a nuestro equipo y para demostrarles compromiso.

• Cuanto más WEIRD eres, más percibes un mundo hecho de objetos separados, en lugar de percibir relaciones.
• El pluralismo moral es realmente descriptivo. Como un simple hecho antropológico, el dominio moral varía a través de las culturas.
• El dominio moral es inusualmente estrecho en las culturas WEIRD, donde se limita en gran medida a la ética de la autonomía (es decir, las preocupaciones morales sobre los individuos que dañan, oprimen o engañan a otros). Es más amplio, e incluye la ética de la comunidad y la de la divinidad, en la mayoría de las otras sociedades humanas, y dentro de matrices morales religiosas y conservadoras dentro de las sociedades WEIRD.
• Las matrices morales unen a las personas y las ciegan a la coherencia, o incluso a la posibilidad de la existencia de otras matrices. Esto hace que sea muy difícil para muchos considerar la posibilidad de que realmente pueda haber más de una forma de verdad moral, o más de un marco válido para juzgar a los demás o dirigir una sociedad.

Si piensas en la religión como un conjunto de creencias sobre fuerzas sobrenaturales, estás abocado a malinterpretarla. Creerás que esas creencias son delirios absurdos, tal vez incluso parásitos que utilizan nuestro cerebro en su propio beneficio. Pero si adoptas un enfoque durkheimiano de la religión (centrado en la pertenencia) y un enfoque darwiniano de la moralidad (que involucra la selección multinivel), obtienes una imagen muy distinta. Verás que las prácticas religiosas llevan decenas de miles de años uniendo a nuestros antepasados en grupos. Esa atadura generalmente implica algo de cegamiento: una vez que cualquier persona, libro o principio se declara sagrado, los devotos ya no pueden cuestionarlo ni pensar con claridad.
Nuestra capacidad de creer en agentes sobrenaturales bien puede haber comenzado como un subproducto accidental de un dispositivo de detección de agencia hipersensible, pero una vez que los humanos comenzaron a creer en tales agentes, aquellos grupos que los utilizaron para construir comunidades morales fueron los que perduraron y prosperaron.
Por eso la civilización humana creció tan rápidamente después de domesticar las primeras plantas y animales. Las religiones y las mentes justas habían convulsionado, cultural y genéticamente, durante decenas de miles de años antes de la era del Holoceno, y ambos tipos de evolución se aceleraron cuando la agricultura ofreció nuevos retos y oportunidades. Sólo los grupos cuyos dioses promovieron la cooperación y cuyas mentes individuales respondieron a esos dioses fueron capaces de enfrentar dichos desafíos y obtener las recompensas.
Los seres humanos tenemos una capacidad extraordinaria para preocuparnos por cosas más allá de nosotros mismos, para rodear esas cosas con otras personas, y en el proceso de unirnos en equipos que puedan perseguir proyectos más grandes. De eso va la religión.
La moralidad une y ciega. Nos une a equipos ideológicos que luchan entre sí como si el destino del mundo dependiera de que nuestro lado ganara cada batalla. Nos ciega al hecho de que cada equipo está compuesto por buenas personas que tienen algo importante que decir.

Está tan enojado el uno con el otro. Las redes sociales son un desastre. Todos solo gritan y tratan a sus oponentes como malvados. Pero cuando todos somos Hitler, ¿cómo podemos vivir juntos?. Es un libro fascinante que busca ayudarnos a entendernos unos a otros. De hecho, me he encontrado con Jonathan Haidt antes en algunas de sus conferencias en línea. Él es muy equilibrado, perspicaz y disfruté de este trabajo.
En este libro, Jonathan hace un gran trabajo describiendo la función social de la moralidad (no el contenido de la moralidad). Describe también la función de la religión. Se siente un poco raro estar bajo el microscopio como una de las personas religiosas que está describiendo. Jonathan es realmente muy positivo acerca de los beneficios sociales de la religión, aunque está al tanto de sus responsabilidades. Y esa es la mayor percepción y contribución de este libro: ver cómo funciona la moralidad en varias comunidades, religiones y grupos políticos.

El libro está dividido en tres partes que conforman la visión de la moral de Haidt:
Parte I: Las intuiciones vienen primero, el razonamiento estratégico segundo
El debate clave sobre la moralidad es la relación entre la intuición (emoción, pasión) y el razonamiento estratégico (procesos cognitivos). Existe el modelo de Platón que dice que la razón conduce y la intuición sigue. Existe el modelo de Jefferson que dice que la razón y la emoción son copilotos y que cada una opera por igual. Y luego está el modelo de Hume que dice que la intuición conduce y que el razonamiento estratégico sigue como un servidor. Haidt defiende el tercer modelo.
La metáfora clave que da es un elefante con un jinete en su espalda. La intuición es el conductor principal con la razón que actúa como un jinete que esencialmente justifica el movimiento del elefante. Su argumento no es que el elefante siempre tiene razón o que no puede ser controlado. Más bien, su argumento es que si va a cambiar la mentalidad de la gente, tiene que ir más allá de lo cognitivo y apelar a su intuición también. Haidt aboga por jinetes y elefantes mejor entrenados.

Parte II: Hay más moralidad que daño y equidad
Parte del problema que enfrentamos es que la moralidad a menudo se reduce a daños o equidad. Pero la moralidad es más compleja que eso. Si uno toma en las culturas occidentales y no occidentales, encontramos que en realidad hay seis fundamentos de moralidad: cuidado / daño, libertad / opresión, justicia / engaño, lealtad / traición, Autoridad / subversión, santidad / degradación.
La metáfora clave aquí es una lengua con seis receptores del gusto. Hay algunas cosas que tienen un sabor dulce para aquellos que se llaman a sí mismos liberales y conservadores. Hay cosas que tienen un sabor dulce para las personas religiosas y no religiosas. Los que están en el lado liberal / izquierdo de las cosas tienden a tener inclinaciones muy fuertes hacia los fundamentos de cuidado / daño y equidad / engaño. La gente conservadora / inclinada hacia la derecha tiende a tener una mezcla de los seis. Ahora Haidt es políticamente liberal. Ha hablado en convenciones democráticas y escrito para publicaciones de izquierda. No está diciendo que un grupo es mejor que otro. Él simplemente está tratando de ayudar a cada lado a entender al otro. ¿Por qué los de la izquierda premian a los grupos marginados? ¿Por qué dicen que los ricos deben pagar su parte “justa”? Porque son altos en los fundamentos del cuidado, la opresión y la equidad, sin mucho interés por la lealtad, la autoridad o la santidad. ¿Por qué los conservadores se preocupan por las personas que se arrodillan ante la bandera estadounidense y la herencia cristiana de la nación? No es porque no tengan fundamentos de cuidado, opresión o justicia, sino que estos tres están básicamente a la par con los otros tres: lealtad, autoridad y santidad. Este no es un argumento sobre quién tiene razón, sino una comprensión de cómo las personas llegan a sus conclusiones morales.

Parte III: La moral se une y las cegueras
Aunque ciertamente somos individuos, Haidt sostiene que también somos naturalmente “grupales” y propensos al tribalismo. Él no ve esto como algo malo, sino un rasgo necesario para que las personas formen comunidades cohesionadas que maximicen el potencial humano y alienten el florecimiento humano. Según Haidt, una moralidad compartida ayuda a unir a las comunidades que fomentan la confianza y el comercio al tiempo que desalientan los comportamientos muy dañinos.
La metáfora clave aquí es que las personas son 90% chimpancés y 10% abejas. Funcionamos mucho individualmente, pero tenemos un “interruptor de colmena” que se activa en nosotros de vez en cuando. Por ejemplo, cuando salimos a la naturaleza y somos vencidos por lo vasto que es. Cita el servicio militar, los juegos de fútbol universitario y la iglesia como otros ejemplos. Básicamente, es cuando nos obligan a olvidar que somos individuos y nos consideramos como parte de un todo. Pero esto no funciona a escala universal. Simplemente no operamos de esa manera. Tampoco deberíamos nosotros. Cuando la colmena se convierte en el único factor de identificación, la falla es el fascismo. Pero cuando tienes una serie de colmenas más pequeñas conectadas, produce mayor felicidad y cohesión social.

Conclusiones
El propósito de Haidt en este libro es ayudarnos a entendernos unos a otros y cómo llegamos a nuestros juicios morales. Con ese fin, creo que hace un buen trabajo. Curiosamente, aparte de las historias de origen evolutivo, encontré muy poco en este libro que contradeciría la cosmovisión cristiana. Somos individuos que necesitamos comunidad y ciertamente tenemos una moralidad compartida. Como cristianos bíblicos, no diríamos que es nuestra moral cristiana la que nos une. Más bien diríamos que es Cristo quien nos une. Además, nuestra moralidad no solo asciende del pensamiento grupal del evangelicalismo. Nuestra moralidad proviene de la revelación divina en las escrituras.
Entonces, ¿recomendaría este libro? Está bien escrito y es muy perspicaz, pero no puedo decir que lo recomendaría a todos. Si quieres sumergirte en la psicología moral, entonces sí, te lo recomendaría. Si puedes leer y beneficiarte de alguien que no comparte una cosmovisión cristiana, te lo recomendaría.

—————————

The book is very enjoyable, it is written in a very dynamic style and it is read effortlessly, despite dealing with quite brainy issues (moral and social role). I think many people would learn to respect more the political or religious opinions of others by reading this book.
The best thing about this book is that it leaves us three important statements:
1. The human mind is like a rider riding on an elephant. The rider is the rationality and the elephant is the intuitions. And it is intuitions that guide moral judgment and decision. He is not the rider, as rationalist philosophers or neoclassical economists think. We use rationality above all to justify (before others or before ourselves) the behavior already taken, not to choose it. Plato was wrong and David Hume hit the nail: the reason is at the service of the passions, the elephant commands the rider.
2. From a descriptive point of view, Westerners tend to be individualists and we think that the only ethic that exists is the ethics of autonomy, centered on justice, freedom and individual rights. But there are two other types of ethics: the ethics of the community and the ethics of divinity. In the ethics of the collectivity, individuals are treated as members of groups that have their own existence and are not the simple sum of the individuals that make them up: families, tribes, nations, armies, etc. In the ethics of divinity, individuals are considered as bodies in which a divine and pure soul is housed, beset by the impurities of the body. The three types of ethics coexist in the West in conservative-minded individuals, while the liberals and progressives pay attention only to the values of the ethics of autonomy.
3. Humans are a 90% chimpanzee and a 10% bee. Natural selection operates at different levels. On the individual level he makes us selfish chimpanzees, but at the group level he leads us to be genuine altruists and put the good of the group before our personal interest (this is our bee side). It must be emphasized that Haidt speaks of a parochial altruism, for which we are interested in the health of our group, not for the welfare of humanity. We are not perfect altruists, universal or indiscriminate. Religion is one of the main enhancers of the sense of belonging to a group, and this sense of belonging makes human communities more cohesive and therefore, from a biological point of view, has an adaptive value.
Haidt confesses atheist and rather supporter of an ethic of autonomy. That is why it has more merit than in this book open our minds to other respectable ways of understanding morality.

• Moral domination varies according to culture. It is unusually narrow among Western cultures, educated and individualistic. Sociocentric cultures, in turn, extend this moral domain to encompass and regulate more aspects of life.
• People sometimes have visceral feelings, especially in regard to disgust and lack of respect, which guide their reasoning. Moral reasoning is sometimes a post hoc creation, as David Hume said.
• Morals can not be fully self-constructed by children based on their changing understanding of what harm means. Learning or cultural orientation must play a more important role than rationalist theories have given him.
If morality does not come primarily from reasoning, then that means that it is probably a combination of innate and social learning.

• The mind is divided into parts, like a rider (controlled processes) on an elephant (automatic processes). The rider evolved to serve the elephant.
• You can see how the rider serves the elephant when people experience a moral bewilderment. They have strong visceral feelings about what is right and what is wrong, and they struggle to fabricate post hoc justifications for those feelings. Even when the servant (reasoning) returns empty-handed, the master (intuition) does not change his judgment.
• The social intuitionist model starts from the Hume model and makes it more social. Moral reasoning is part of our lifelong struggle to make friends and influence others. You will not understand moral reasoning if you think of it as something that people do willingly to discover the truth.
• Therefore, if you want to change someone’s opinion about a moral or political problem, the first thing you should do is talk to the elephant. If you ask people to believe something that transgresses their intuitions, they will devote their efforts to finding an escape route, a reason to doubt your argument or conclusion. And in most cases, they will achieve it.

The first principle of moral psychology is: Intuitions come first, then strategic reasoning. In support of this principle, I reviewed six areas of experimental research that demonstrate that:
• Brains evaluate instantaneously and constantly (as stated by Wundt and Zajonc).
• Political and social judgments rely heavily on rapid intuitive bursts (as Todorov has shown and work with TAI).
• Our bodily states sometimes influence our moral judgments. Bad odors and flavors can make people more critical (also anything that makes them think of purity and cleanliness).
• The psychopaths reason but do not feel (and present serious moral deficiencies).
• Babies feel but do not reason (and have principles of morality).
• Affective reactions appear at the right place and at the right time in the brain (as shown by Damasio, Greene and a wave of more recent studies).
But the most important conclusion is that when we see or hear about things that other people do, the elephant begins to lean immediately. The rider, who is always trying to anticipate the next movement of the elephant, begins to look for ways to support it.

The first principle of moral psychology is: intuitions come first, strategic reasoning afterwards. To demonstrate the strategic functions of moral reasoning, I have reviewed five areas of research that show that moral thinking is more like a politician seeking votes than a scientist seeking the truth:
• We are extremely concerned about what others think of us, although much of the worry is unconscious and invisible to our eyes.
• Conscientious reasoning functions as a spokesperson that automatically justifies any position adopted by the president.
• With the help of our spokesperson, we can often lie and cheat, and then cover it so efficiently that we even fool ourselves.
• Reasoning can lead to almost any conclusion we want to reach, because we ask “can I believe it?” When we want to believe something, and “should I believe it?” When we do not want to believe it. The answer is almost always yes to the first question and not to the second.
• In moral and political matters, we are often more group than selfish. We deploy our reasoning skills to support our team and to demonstrate commitment.

• The more WEIRD you are, the more you perceive a world made of separate objects, instead of perceiving relationships.
• Moral pluralism is really descriptive. As a simple anthropological fact, the moral domain varies across cultures.
• Moral dominance is unusually narrow in the WEIRD cultures, where it is largely confined to the ethics of autonomy (ie, moral concerns about individuals who harm, oppress or deceive others). It is broader, and includes the ethics of the community and of the divinity, in most other human societies, and within religious and conservative moral matrices within the WEIRD societies.
• Moral matrices unite people and blind them to coherence, or even to the possibility of the existence of other matrices. This makes it very difficult for many to consider the possibility that there really can be more than one form of moral truth, or more than a valid framework for judging others or running a society.

If you think of religion as a set of beliefs about supernatural forces, you are bound to misinterpret it. You will believe that these beliefs are absurd delusions, perhaps even parasites that use our brain for their own benefit. But if you adopt a Durkheimian approach to religion (centered on belonging) and a Darwinian approach to morality (which involves multilevel selection), you get a very different picture. You will see that religious practices have been joining our ancestors in groups for tens of thousands of years. That binding usually implies some blinding: once any person, book or principle is declared sacred, devotees can no longer question or think clearly.
Our ability to believe in supernatural agents may well have begun as an accidental byproduct of a hypersensitive agency detection device, but once humans began to believe in such agents, those groups that used them to build moral communities were those that endured and they prospered.
That’s why human civilization grew so quickly after tame the first plants and animals. Religions and just minds had convulsed, culturally and genetically, for tens of thousands of years before the Holocene era, and both types of evolution accelerated when agriculture offered new challenges and opportunities. Only groups whose gods fostered cooperation and whose individual minds responded to these gods were able to face such challenges and reap the rewards.
Humans have an extraordinary ability to care about things beyond ourselves, to surround those things with other people, and in the process of joining teams that can pursue bigger projects. That’s what religion is about.
Morality unites and blinds. It unites us to ideological teams that fight each other as if the destiny of the world depended on our side winning every battle. It blinds us to the fact that each team is made up of good people who have something important to say.

It is so angry at each other. Social media is a mess. Everyone just screams and treats their opponents as evil. But when everyone is Hitler how can we live together? The Righteous Mind is a fascinating book which seeks to help us understand one another. I have actually come across Jonathan Haidt before in some of his online lectures. He is very balanced, insightful and I enjoyed this work.
In this book, Jonathan does a great job describing the social function of morality (not the content of morality). He describes the function of religion as well. It feels a bit weird to be under the microscope as one of the religious people he is describing. Jonathan is actually very positive about the societal benefits of religion while aware of its liabilities. And that is the major insight and contribution of this book: seeing how morality functions within various communities, religions and political groups.

The book is divided into three parts which make up Haidt’s view of morality:
Part I: Intuitions come first, Strategic Reasoning Second
The key debate regarding morality is the relationship between intuition (emotion, passion) and strategic reasoning (cognitive processes). There is the Plato model which says that reason leads and intuition follows. There is the Jefferson model which says that reason and emotion are co-pilots each operating equally. And then there is the Hume model which says intuition leads and strategic reasoning follows as a servant. Haidt argues for the third model.
The key metaphor he gives is an elephant with a rider on its back. Intuition is the main driver with reason acting as a rider who is essentially justifying the movement of the elephant. His argument isn’t that the elephant is always right or that it cannot be controlled. Rather his argument is that if you are going to change people’s minds then you have to go beyond just the cognitive and appeal to their intuition as well. Haidt argues for better-trained riders and elephants.

Part II: There’s More to Morality than Harm and Fairness
Part of the problem we face is that morality is often reduced down to harm or fairness. But morality is more complex than that. If one takes in western and non-western cultures we find there are actually six foundations of morality: care/harm, liberty/oppression, fairness/cheating, loyalty/betrayal, Authority/subversion, sanctity/degradation.
The key metaphor here is a tongue with six taste receptors. There are some things which taste sweet to those who call themselves liberals and conservatives. There are things which taste sweet to religious people and the non-religious. Those on the liberal/left side of things tend to have very strong inclinations toward the care/harm and fairness/cheating foundations. Conservative/right leaning folks tend to have a mixture of all six. Now Haidt is politically liberal. He has spoken at democratic conventions and written for left-leaning publications. He is not saying that one group is better than another. He is simply trying to help each side understand the other. Why do those on the left prize marginalized groups? Why do they say the rich need to pay their “fair” share? Because they are high on the care, oppression, and fairness foundations without much concern for loyalty, authority or sanctity. Why do conservatives care about people kneeling for the American flag and the Christian heritage of the nation? It isn’t because they don’t have care, oppression or fairness foundations but that these three are basically on par with the other three: loyalty, authority, and sanctity. This isn’t an argument about who is right, but insight into understanding how people come to their moral conclusions.

Part III: Morality Binds and Blinds
While we are certainly individuals Haidt argues that we are also naturally “groupish” and prone to tribalism. He doesn’t see this as a bad thing, but a necessary trait in order for people to form cohesive communities that maximize human potential and encourage human flourishing. According to Haidt, a shared morality helps to bind together communities which foster trust and trade while discouraging largely damaging behaviors.
The key metaphor here is that people are 90% chimps and 10% bees. We function very much individually, but we have a “hive switch” which activates in us from time to time. For instance when we go out in nature and are overcome by how vast it is. He cites military service, college football games and going to church as other examples. Basically, it is whenever we are caused to forget that we are individuals and consider ourselves as a part of a whole. But this doesn’t work on a universal scale. We just don’t operate in that way. Nor should we. When the hive becomes the sole identifying factor it goes wrong for that is fascism. But when you have a series of connected smaller hives it produces greater happiness and social cohesion.

Conclusions
Haidt’s purpose in this book to help us understand each other and how we arrive at our moral judgments. To that end, I think he does a fine job. Interestingly, apart from the evolutionary origin stories I found very little in this book which would contradict the Christian worldview. We are individuals who need community and certainly have a shared morality. As Biblical Christians, we wouldn’t say it is our Christian morality which binds us together. Rather we would say it is Christ who unites us together. Further, our morality doesn’t just ascend out of the group think of evangelicalism. Our morality comes from divine revelation in the scriptures.
So would I recommend this book? It is well written and very insightful, but I can’t say I would recommend it to everyone. If you want to dive into moral psychology then yes I would recommend it. If you are able to read and benefit from someone who doesn’t share a Christian worldview, then I would recommend it.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .