Leñador O Ruinas Continentales — Mike Wilson / Lumberjack by Mike Wilson (spanish book edition)

Interesante pero con altibajos en la lectura. El protagonista se aleja de las ciudades, y de su pasado en una guerra, en una fábrica, en una ciudad. Se aleja hasta los bosques del Yukón y lee un almanaque agrícola, observa a otro viejo leñador dibujar monótonamente en su cuaderno, y él mismo bosqueja números en el suelo.
Le ocurre una enciclopedia de la vida salvaje y del bosque. El libro se convierte en una enciclopedia.
Leñador es un compendio fascinado y sorprendido ante la acojonante naturaleza, y de una certeza lisérgica aunque evidente: la unidad de la existencia, sus ciclos y comportamiento.
La entrada para “Bosque” sólo se encuentra al final, una vez que el protagonista consigue difuminar su presencia entre los árboles.
Una forma de (des)cribir experimental o sencillamente aburrida la mayor parte del tiempo, no deja de cumplir su objetivo, ese que fija su punto de vista en la existencia y significados de las cosas(por minúsculas que sean) en los rituales de lo habitual, y que si bien esa especie de escape a la naturaleza parece cada vez más un tópico, no deja de ser entrañable la mayor parte del tiempo.
Uno de los fragmentos que mas me gustó:
“Alguien una vez dijo que nos hacemos preguntas erróneas, preguntas sin respuestas. Que el problema no es la dificultad de la indagación, sino que la pregunta en si misma está mal formulada;que si no hay respuesta es porque no existe la pregunta, que forzar una es crear un problema ficticio, un engaño del lenguaje”.

El único momento en que el libro se hace un poco más interesante es al final, en el relato sin interrupciones de la tala de un árbol. Si el libro hubiera sido así, habría tenido la posibilidad de construir algo más interesante.
Una guía o manual de los leñadores en Yukon y un diario personal del autor que nos comparte su percepción y sus sentimientos durante ese periodo que vivió en el bosque.

El hacha de tumbo puede pesar entre tres y seis kilos. Al cortar, el hacha se debe tomar con ambas manos; la diestra se posiciona cerca de la hoja, aferrándose al hombro del cabo, la siniestra toma la empuñadura. La disposición correcta del leñador es una parada lateral, con las piernas separadas y los pies bien plantados. Debe dejar aproximadamente un metro de distancia entre su cuerpo y el tronco del árbol de modo que le permita trazar un arco pleno con el hacha al hachar. Antes de comenzar, es importante decidir en qué dirección conviene derribar el árbol; se debe evitar una trayectoria de tumbo que esté bloqueada por otros árboles o ramas. Para realizar el corte, la mano derecha debe alzar el cabo para que la hoja de acero quede a la altura del hombro derecho mientras la mano izquierda mantiene la parte inferior del cabo, la empuñadura, a la altura de la cadera izquierda, de manera que el hacha se posicione diagonalmente con respecto al torso del leñador. Al hachar, ambos pies deben quedar plantados, sin embargo, es correcto alzar los talones para acomodar el giro del torso y las caderas al dirigir el golpe. El giro del cuerpo va acompañado del movimiento de la mano derecha; esta debe deslizarse por el cabo, partiendo del hombro hasta llegar a la empuñadura, donde se une con la mano izquierda. Los ojos del leñador siempre deben enfocarse en el punto de impacto al hachar. Se debe privilegiar la puntería del golpe sobre la fuerza ejercida por el leñador; la inercia ejercida por el peso de la hoja se encarga de darle contundencia al impacto.
Ayer derribé mi primer árbol. Era un pino, me demoré. Las manos me sangraron, mi espalda no deja de acalambrarse. Lo extraño es que no sentí nada cuando se derrumbó. Justo antes de caer, el tronco crujió, adentro la madera comenzó a quebrarse, sonó como la descarga simultánea de un centenar de rifles, y luego la caída y el impacto.
El choque del pino contra el suelo del bosque fue grave, tanto así que lo sentí más que escucharlo, como si al caer chupara el aire y al chocar lo devolviera en una ráfaga violenta y con un martillazo en el pecho. No me lo esperaba, casi me caigo de espaldas.
Y después silencio. Silencio absoluto. Estaba solo en el mundo ante un pino derrotado.
La dendrocronología es la ciencia que permite a los leñadores descifrar la edad (en años) de los árboles, contando el número de anillos de crecimiento visibles en los cortes transversales. Aunque no se consideren formalmente dendrocronólogos, la práctica se ha transmitido por generaciones dentro de la cultura leñadora. De cierta manera, en el esquema mayor de la identidad del leñador, la edad de un árbol le es de más consecuencia que el tamaño. Asume la carga de esos años truncados. Cada vez que tala un árbol longevo, se ocupa de saber la edad exacta de este. Para tal fin, practica la dendrocronología; después de derribar un árbol, se inclinan sobre los tocones y leen los aros concéntricos. Es la literatura del leñador. Leen los siglos, leen el pasado, el clima, el fuego, la sequía, los diluvios, el hielo, la ceniza y la peste. Lo leen todo hasta llegar al último aro, ahí se ven inscritos, hacha en mano, ahí leen la muerte. La práctica de la dendrocronología fue formalizada en el siglo XX por el astrónomo A. E. Douglass, sin embargo, el conocimiento de los anillos de crecimiento y la práctica informal de esta ciencia ha existido por más de dos milenios.

Hace seis generaciones, una tropa de leñadores irlandeses trajo el Guinness a Yukón; una cerveza de malta negra, de cebada tostada sin fermentar, seca y de una contextura gruesa y cremosa. Desde entonces, los leñadores de la región han cultivado el arte de elaborar su propia interpretación del Guinness. El Guinness data del siglo XVIII y fue creado por Arthur Guinness en el St. James’s Gate Brewery en Dublín, Irlanda; Guinness elaboraba cervezas ale, particularmente las denominadas stout; conocidas por su color oscuro, su sabor amargo y la elaboración a partir de malta de cebada tostada. El stout es un derivado del estilo de cerveza correspondiente al porter. El contenido alcohólico varía, sin embargo, no suele superar el 6 % por volumen. La variedad Guinness se compone de agua, cebada, malta, lúpulo y levadura de cervecero. Durante la elaboración, es tratada con isinglass finings (precipitantes de colapez) para eliminar impurezas del brebaje.
Los leñadores toman su versión del Guinness al final de cada jornada. Suelen juntarse en la cabaña para beber el stout. Utilizan el pint tradicional (de un volumen métrico de dos tazas o cuatrocientos setenta mililitros), la vasija que comúnmente utilizan es el stein tulipán. Los leñadores le dan suma importancia a la técnica con la que se sirve el Guinness. Las curvas de la vasija tulipán permiten que el nitrógeno (N2) descienda por los contornos del vidrio mientras la angostura inferior redirige las burbujas de nitrógeno ascendente hacia el centro del Guinness. Al servir, la vasija se debe mantener en un ángulo de 45º en relación con la llave del barril. Cabe señalar que la llave no debe tocar el vidrio de la vasija ni debe sumergirse en el stout. Se debe dejar que la cerveza fluya libremente hasta llenar tres cuartos del stein. Una vez que se haya alcanzado el nivel deseado, el pint debe reposar.

Los mejores leñadores del campamento son los indios navajo. Llegaron de Arizona, después de la Segunda Guerra, un puñado, no más de una decena. Desde entonces las generaciones de leñadores navajo se han ido renovando, cada década llega un par de jóvenes a tomar el lugar de los más ancianos. Fueron los primeros leñadores en explorar acabadamente este rincón del bosque, lo conocen mejor que nadie.
El vello facial es un aspecto ineludible de la fisonomía del leñador. Detrás de la ubicuidad de las barbas hay razones prácticas (como por ejemplo la protección contra el frío y la nieve, el hecho de que rasurarse no es una prioridad, que requiere de tiempo y de implementos que no siempre están a mano en el bosque), sin embargo, de estas motivaciones prácticas surgió una identidad cultural en torno a la barba (y el bigote) y la idiosincrasia del leñador.
Las barbas y los bigotes se subdividen en varias clasificaciones; estas variedades son producto de identidades regionales, periodos históricos, dogmas religiosos y emblemas laborales y/o ideológicos. La barba más vista en el campamento es la clásica (o completa). Se trata de una barba simple que se cultiva sin la necesidad de interferencia de parte del leñador; no requiere más que dejarla crecer. La ventaja que ofrece esta barba es la amplia protección contra el frío y la nieve y la nula manutención que requiere. Las desventajas se reducen a lo propensa que es a la colonización de insectos y al estorbo que puede producir al comer y beber.
Las botas del leñador son la prenda protectora más importante en la ejecución de la faena. Como muchos calzados industriales, las botas están diseñadas para proteger los pies del frío, de la humedad, de objetos en caída y del suelo forestal. Asimismo, las botas forestales están hechas de materiales resistentes y duraderos, diseñados para poder soportar las condiciones más extremas del Yukón. Un calzado inapropiado puede resultar en lesiones en los pies, hipotermia, infecciones y/o llagas fúngicas. La primera prioridad es mantener los pies secos. En el bosque hay territorios de mayor humedad; cerca de pantanos, barriales y riberas. Es bastante común encontrarse con lodo o verse obligado a cruzar un arroyo o río.
Un buen par de botas dura décadas. He perdido la cuenta de cuántos pares he calzado desde mi llegada. Una vez intenté extender la vida útil de mis botas, remendando y pegando piezas sueltas y rotas. Los demás leñadores me lo advirtieron. No hice caso. Poco después, a media faena, una de mis botas se desarmó por completo. Los demás se rieron y me mandaron de regreso al campamento con un pie descalzo. Desde entonces, tan pronto detecto el primer indicio de deterioro, no me demoro en descartar las botas y adquirir un par nuevo.

Hay una familia inuit que desciende al Yukón a intercambiar artesanías, pieles y aceite de morsa por objetos de utilidad para ellos; ollas, teteras, cuchillos y otros implementos metálicos. También buscan objetos de vidrio para incorporar a su artesanía. Suelen descender una vez durante el otoño y su estadía siempre es breve, a lo más un par de semanas, se quedan en una tienda hechiza en las afueras del campamento.
Ella se acercó con unas pequeñas figuras talladas en hueso de ballena. Ocultaba su rostro tras un cabello negro y sedoso, se veía frágil como si salirse del círculo ártico tuviese un efecto menguante en ella. Me habló en inglés, a veces en francés.
La conserva es un método de cocción y de envasado que permite preservar y almacenar alimentos por periodos largos sin la necesidad de refrigeración. Para lograr esto se debe seguir una serie de procedimientos que incluyen cocción a alta temperatura y almacenamiento en envases herméticamente sellados. En el campamento, se preparan y consumen varios tipos de conservas, particularmente de fruta en forma de mermelada. Las más comunes son la conserva de membrillo, frutilla y baya. Para preparar una conserva correctamente se debe contar con una olla grande, azúcar, un termómetro, la fruta en cuestión, agua y frascos con tapa hermética. Antes de proceder, la fruta se debe pelar (opcional según gusto y solamente si es necesario), trozar, cortar, rebanar o moler para que durante el proceso esta pueda liberar jugos, azúcares, pectina y el sabor característico de dicha fruta.

Los inuit, comúnmente denominados «esquimales», son un pueblo nativo que habita mayormente en las regiones dentro del círculo ártico polar. El término «esquimal» no es utilizado por los inuit, más bien es una etiqueta externa que se le ha asignado a dicho pueblo. «Esquimal» es una palabra derivada de dos raíces; la primera proviene del pueblo abnaki (Eskimantsic), la segunda es de origen ojibway (Ashkimeq). En ambos casos la palabra significa lo mismo: «aquellos que comen [o devoran] carne cruda». Sin embargo, el susodicho pueblo se refiere a sí mismo como inuit, término que significa «el pueblo» o «las personas»; aun cuando la primera traducción es la más común, «las personas» es preferida por algunos antropólogos que argumentan que una etiqueta genérica como «las personas» recalca el grado de aislamiento de los inuit, y que se autoidentificaban distinguiéndose de lo que había en su entorno (de «los animales», «el hielo», «el mar», etc.) y no en relación con otros pueblos. O sea, ellos son «las personas» en el mundo. Los inuit habitan varias regiones dentro y lindando con el círculo ártico: estos territorios incluyen el extremo norte de Canadá, Alaska, las orillas costeras de Groenlandia, el estrecho de Bering, las islas Aleutianas y el extremo oriente de Rusia. Nunca se alejan mucho de la costa, dado que subsisten mayormente de lo que provee el mar; esto incluye el estrecho de Bering, el océano Ártico, la bahía de Hudson, la bahía de Bafin, el estrecho de Davis y el extremo norte del océano Atlántico. Durante los meses más templados viven en tiendas cónicas erigidas sobre tierra firme. Estas suelen estar hechas de una variedad de pieles: foca, reno, perro, oso y/o zorro.

Existe una tradición antigua y rica de rastreo en Yukón que data de la prehistoria; desde los Homo sapiens primitivos que cruzaron el estrecho de Bering hace unos catorce mil años, y desde los pueblos precolombinos y los primeros exploradores europeos hasta el presente. El rastreo es una actividad que se realiza con fines de caza y de ecología. Consiste en observar y reconocer las huellas y otros aspectos relacionados con el desplazamiento, pausa, alimento y hábitos de un animal; entre estos se cuenta la huella misma (sea de las patas o una huella corporal que se produce cuando un animal se recuesta), las heces y/u orina del animal, pelaje dejado en el camino (sea por un roce accidental o intencional contra una rama o contra la corteza de un tronco), materia regurgitada o descartada al ingerir alimento, modificaciones en el terreno causadas por desplazamiento o actividad animal…
Una huella de lobo puede ser confundida con una impresión de oso. Esto también significa que el rastro de un leñador perdido durante el invierno se puede complicar, y no solamente por los problemas con las impresiones sino también porque la búsqueda se hace contra el reloj: sin refugio apropiado, el extraviado sucumbe al frío y a la hipotermia en cuestión de horas.

Cuando uno trabaja a diario en el bosque se expone a una gama de enfermedades infecciosas, distintas a las que típicamente se padecen en zonas urbanizadas. Los males que se dan en el Yukón están vinculados a agentes bacterianos producto de la fauna, cuadros infecciosos transmitidos por las picaduras de insectos y por el confinamiento puertas adentro durante el invierno, facilitando así la transmisión de enfermedades virales respiratorias de leñador a leñador. Las condiciones extremas de las temporadas, el aislamiento del campamento y la dificultad de conseguir medicamentos solo sirven para exacerbar el problema. Algunas enfermedades son particulares de la vida forestal y pueden ser especialmente nefastas. Una de las infecciones más temidas es la enfermedad de Lyme o borreliosis. La borreliosis es una enfermedad crónica y debilitante que se transmite por vía del Ixodes scapularis, también conocida como la garrapata de los ciervos; denominada así por parasitar con frecuencia al venado de cola blanca. La garrapata porta la bacteria borrelia burgdorferi, cuya presencia en el cuerpo humano resulta en borreliosis; el insecto es a su vez infectado por la bacteria al picar ciervos o ratones de campo que portan la enfermedad. Cabe notar que las garrapatas de los ciervos actúan de huéspedes y no se ven afectadas por la bacteria; su rol en cuanto al ciclo infeccioso es de transmisión o de evacuación del agente. Los primeros síntomas de esta enfermedad suelen incluir fatiga, dolor de cabeza, rigidez de la nuca, picazón generalizada, fiebre y trastornos psicológicos inicialmente leves (como por ejemplo una depresión súbita). Estos síntomas vienen acompañados por una irritación dérmica en forma de círculos concéntricos de mayor tamaño que se manifiestan en torno a la picadura; esta irritación particular se denomina erythema chronicum migrans y su peculiaridad facilita el diagnóstico de borreliosis. Los síntomas de la borreliosis se dan en tres fases: la primera fase se presenta cuando la infección aún está localizada en una zona reducida del cuerpo; es importante señalar que para que una garrapata de ciervo transmita la infección, esta debe estar adherida a la víctima por un mínimo de veinte horas y es común que esto ocurra sin que el individuo se dé cuenta (antes de henchirse con sangre, la garrapata es de un tamaño diminuto, virtualmente indetectable).
Los antropófagos abundan en el territorio del Yukón; entre estos se cuentan los osos, los pumas, los lobos y los coyotes. Antropofagia es un término derivado del griego; de anthropos, que significa «ser humano», y phagein, que significa «comer» o «consumir». Cabe notar que los animales señalados no son antropófagos habituales, y que su alimento de preferencia son animales de menor tamaño como peces, conejos, roedores, insectos y, en el caso de los omnívoros, también se alimentan de materia vegetal y frutas. De hecho, que un lobo o un oso vea a un ser humano como presa es muy inusual y ocurre solamente bajo circunstancias extremas.

La aurora boreal se ve con mayor frecuencia al acercarse al norte del Yukón. Esto se debe a la cercanía con el polo magnético de la Tierra. En ambos polos el campo magnético se hunde hacia una singularidad invisible que permite el ingreso de viento solar, cosa que resulta en el fenómeno denominado aurora boreal. El mismo fenómeno en la Antártida es conocido como la aurora austral. El campo magnético o campo geomagnético que cubre el globo es producido por la dinámica interna del planeta; por la variedad de estratos, materias, densidades y velocidades del manto y el núcleo terrestre, particularmente la acción del núcleo externo, compuesto mayormente de hierro en estado líquido que gira alrededor del núcleo interno, produciendo fricción con este y con el manto interno, acción que se denomina el geo-dínamo. El movimiento del geo-dínamo produce una carga eléctrica que genera bandas de retroalimentación magnética; estas mismas bandas rodean la Tierra desde los polos magnéticos. Dicho campo geomagnético choca de manera perpetua con el flujo de radiación espacial, particularmente la radiación solar o «viento» solar; es a causa de esta misma colisión que la magnetósfera se hace manifiesta. La magnetósfera es la silueta creada por la barrera magnética que protege la Tierra del viento solar. Al cruzarse con el campo magnético, al viento solar no le queda más remedio que fluir alrededor del campo, así como la corriente de un río se ve obligada a fluir alrededor de una isla. Dado que en los polos magnéticos el campo colapsa sobre sí mismo, estos son considerados puntos «débiles»; es decir, ciertas cantidades de viento solar logran filtrarse a la atmósfera superior de la Tierra, resultando en un despliegue espectacular de luces que alumbran el cielo nocturno.

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Interesting book with ups and downs moments in reading. The protagonist moves away from the cities, and from his past in a war, in a factory, in a city. He goes to the Yukon forests and reads an agricultural calendar, observes another old woodcutter draw monotonously in his notebook, and he himself sketches numbers on the ground.
An encyclopedia of wildlife and the forest happens to him. The book becomes an encyclopedia.
Lumberjack is a compendium fascinated and surprised by the shocking nature, and a lysergic but obvious certainty: the unity of existence, its cycles and behavior.
The entrance to “Bosque” is only found at the end, once the protagonist manages to diffuse his presence among the trees.
A form of (des) cribir experimental or simply boring most of the time, does not stop fulfilling its objective, that which fixes its point of view on the existence and meanings of things (however small they may be) in the rituals of habitual, and that although that species of escape to the nature seems more and more a topic, does not stop being endearing most of the time.
One of the fragments that I liked the most:
“Someone once said that we ask ourselves wrong questions, unanswered questions, that the problem is not the difficulty of the inquiry, but that the question itself is wrongly formulated, that if there is no answer it is because there is no question, to force one is to create a fictitious problem, a deception of the language “.

The only moment in which the book becomes a little more interesting is at the end, in the uninterrupted account of the felling of a tree. If the book had been like that, I would have had the chance to build something more interesting.
A guide or manual of the woodcutters in Yukon and a personal diary of the author who shares his perception and feelings during that period he lived in the forest.

The tumbo ax can weigh between three and six kilos. When cutting, the ax should be taken with both hands; the right hand is positioned near the blade, clinging to the shoulder of the line, the sinister takes the hilt. The correct disposition of the lumberjack is a lateral stop, with the legs separated and the feet well planted. You should leave approximately one meter of distance between your body and the trunk of the tree so that it allows you to trace a full bow with the ax to the ax. Before starting, it is important to decide in which direction the tree should be knocked down; A tumbo path that is blocked by other trees or branches should be avoided. To make the cut, the right hand must raise the line so that the steel blade is at the height of the right shoulder while the left hand keeps the bottom of the line, the grip, at the height of the left hip, so that the ax is positioned diagonally with respect to the lumberjack torso. When hacking, both feet should be planted, however, it is correct to raise the heels to accommodate the rotation of the torso and hips when directing the blow. The rotation of the body is accompanied by the movement of the right hand; This must slide through the rope, starting from the shoulder until reaching the handle, where it joins with the left hand. The eyes of the woodcutter should always focus on the point of impact when hitting. The aim of the blow should be privileged over the force exerted by the woodcutter; the inertia exerted by the weight of the blade is responsible for giving strength to the impact.
Yesterday I knocked down my first tree. It was a pine, I delayed. My hands bled, my back keeps cramming. The strange thing is that I did not feel anything when it collapsed. Just before falling, the trunk creaked, inside the wood began to break, it sounded like the simultaneous unloading of a hundred rifles, and then the fall and the impact.
The shock of the pine against the forest floor was serious, so much so that I felt it more than listening to it, as if when I dropped I sucked the air and when I hit it I returned it in a violent burst and with a hammer blow in the chest. I did not expect it, I almost fell on my back.
And then silence. Absolute silence He was alone in the world before a defeated pine.
Dendrochronology is the science that allows woodcutters to decipher the age (in years) of the trees, by counting the number of growth rings visible in the cross sections. Although they are not formally considered dendrochronologists, the practice has been transmitted for generations within the wood-burning culture. In a certain way, in the greater scheme of the identity of the woodcutter, the age of a tree is of more consequence to him than the size. It assumes the burden of those truncated years. Every time you cut down a long-lived tree, it takes care to know the exact age of this one. For this purpose, he practices dendrochronology; After knocking down a tree, they lean over the stumps and read the concentric rings. It is the literature of the woodcutter. They read the centuries, they read the past, the climate, the fire, the drought, the floods, the ice, the ash and the plague. They read everything until they reach the last ring, there they are inscribed, ax in hand, there they read death. The practice of dendrochronology was formalized in the 20th century by the astronomer A. E. Douglass, however, knowledge of growth rings and the informal practice of this science has existed for more than two millennia.

Six generations ago, a troop of Irish lumberjacks brought Guinness to Yukon; a beer of black malt, of roasted barley unfermented, dry and of a thick and creamy texture. Since then, the lumberjacks of the region have cultivated the art of elaborating their own interpretation of Guinness. Guinness dates back to the 18th century and was created by Arthur Guinness at St. James’s Gate Brewery in Dublin, Ireland; Guinness brewed ale, particularly the so-called stout; known for its dark color, its bitter taste and the preparation from roasted barley malt. The stout is a derivative of the beer style corresponding to the porter. The alcohol content varies, however, usually does not exceed 6% by volume. The Guinness variety consists of water, barley, malt, hops and brewer’s yeast. During processing, it is treated with isinglass finings to remove impurities from the brew.
The woodcutters take their version of Guinness at the end of each day. They usually gather in the cabin to drink the stout. They use the traditional pint (of a metric volume of two cups or four hundred and seventy milliliters), the vessel they commonly use is the tulip stein. The woodcutters attach great importance to the technique with which Guinness is served. The curves of the tulip vessel allow nitrogen (N2) to descend through the contours of the glass while the lower narrowness redirects the rising nitrogen bubbles towards the center of the Guinness. When serving, the vessel should be maintained at a 45 ° angle relative to the barrel tap. It should be noted that the key should not touch the glass of the vessel or should be submerged in the stout. Let the beer flow freely until filling three quarts of the stein. Once the desired level has been reached, the pint should rest.

The best lumberjacks in the camp are the Navajo Indians. They arrived from Arizona, after the Second War, a handful, no more than a dozen. Since then generations of Navajo woodcutters have been renewed, each decade a couple of young people come to take the place of the elderly. They were the first lumberjacks to fully explore this corner of the forest, they know it better than anyone else.
Facial hair is an inescapable aspect of the physiognomy of the woodcutter. Behind the ubiquity of beards are practical reasons (such as protection against cold and snow, the fact that shaving is not a priority, which requires time and implements that are not always at hand in the forest) However, from these practical motivations arose a cultural identity around the beard (and the mustache) and the idiosyncrasy of the woodcutter.
The whiskers and whiskers are subdivided into several classifications; These varieties are the product of regional identities, historical periods, religious dogmas and labor and / or ideological emblems. The beard most seen in the camp is the classic (or complete). It is a simple beard that is grown without the need for interference from the woodcutter; it does not require more than letting it grow. The advantage offered by this beard is the wide protection against cold and snow and the lack of maintenance required. The disadvantages are reduced to the propensity that is to the colonization of insects and the hindrance that can occur when eating and drinking.
The lumberjack boots are the most important protective garment in the execution of the task. Like many industrial shoes, boots are designed to protect feet from cold, moisture, falling objects and forest flooring. Likewise, the forest boots are made of resistant and durable materials, designed to withstand the most extreme conditions of the Yukon. Inappropriate footwear can result in foot injuries, hypothermia, infections and / or fungal sores. The first priority is to keep the feet dry. In the forest there are more humid territories; near swamps, neighborhoods and banks. It is quite common to find mud or be forced to cross a stream or river.
A good pair of boots lasts for decades. I have lost count of how many pairs I have worn since my arrival. Once I tried to extend the life of my boots, mending and sticking loose and broken pieces. The other lumberjacks warned me. I ignored. Shortly after, halfway through, one of my boots was completely disarmed. The others laughed and sent me back to the camp with a bare foot. Since then, as soon as I detect the first sign of deterioration, it does not take me long to discard the boots and acquire a new pair.

There is an Inuit family that descends to the Yukon to exchange handicrafts, skins and walrus oil for useful objects for them; pots, teapots, knives and other metal implements. They also look for glass objects to incorporate into their crafts. They usually descend once during the fall and their stay is always short, at most a couple of weeks, they stay in a spellbound tent on the outskirts of the camp.
She came up with some small figures carved in whalebone. She hid her face behind silky black hair, she looked fragile as if leaving the arctic circle had a waning effect on her. He spoke to me in English, sometimes in French.
Preserving is a method of cooking and packaging that allows preserving and storing food for long periods without the need for refrigeration. To achieve this, a series of procedures must be followed that include high temperature cooking and storage in hermetically sealed containers. In the camp, they prepare and consume various types of preserves, particularly fruit in the form of jam. The most common are the preserves of quince, strawberry and berry. To prepare a properly preserved one must have a large pot, sugar, a thermometer, the fruit in question, water and jars with airtight lid. Before proceeding, the fruit should be peeled (optional according to taste and only if necessary), cut, sliced, sliced or ground so that during the process it can release juices, sugars, pectin and the characteristic flavor of the fruit.

The Inuit, commonly referred to as “Eskimos,” are a native people who live mostly in the regions within the polar arctic circle. The term “Eskimo” is not used by the Inuit, rather it is an external label that has been assigned to said people. “Eskimo” is a word derived from two roots; the first comes from the Abnaki people (Eskimantsic), the second is from Ojibway origin (Ashkimeq). In both cases the word means the same thing: “those who eat [or devour] raw meat.” However, the aforementioned people refer to themselves as Inuit, a term that means “the people” or “the people”; Even though the first translation is the most common, “people” is preferred by some anthropologists who argue that a generic label like “people” emphasizes the degree of isolation of the Inuit, and that they identified themselves by distinguishing themselves from what was in their environment (of “the animals”, “the ice”, “the sea”, etc.) and not in relation to other peoples. That is, they are “the people” in the world. The Inuit inhabit several regions within and bordering the Arctic Circle: these territories include the extreme north of Canada, Alaska, the coastal shores of Greenland, the Bering Strait, the Aleutian Islands and the Far East of Russia. They never stray too far from the coast, since they subsist mostly from what the sea provides; this includes the Bering Strait, the Arctic Ocean, Hudson Bay, Bafin Bay, Davis Strait and the northern end of the Atlantic Ocean. During the warmer months they live in conical tents erected on the mainland. These are usually made of a variety of skins: seal, reindeer, dog, bear and / or fox.

There is an ancient and rich tradition of tracking in Yukon dating from prehistory; from the primitive Homo sapiens who crossed the Bering Strait about fourteen thousand years ago, and from the pre-Columbian peoples and the first European explorers to the present. Tracking is an activity that is done for hunting and ecology purposes. It consists of observing and recognizing traces and other aspects related to the movement, pause, food and habits of an animal; these include the footprint itself (either of the legs or a body imprint that occurs when an animal lies down), the animal’s urine and / or urine, hair left on the road (either by an accidental or intentional rubbing against an animal). branch or against the bark of a trunk), regurgitated matter or discarded when ingesting food, modifications in the terrain caused by displacement or animal activity …
A wolf’s print can be mistaken for a bear print. This also means that the trace of a lumberjack lost during the winter can be complicated, and not only by the problems with the impressions but also because the search is made against the clock: without proper shelter, the stranger succumbs to cold and hypothermia in a matter of hours.

When you work daily in the forest you are exposed to a range of infectious diseases, different from those typically experienced in urbanized areas. The evils that occur in the Yukon are linked to bacterial agents produced by fauna, infectious diseases transmitted by insect bites and by confinement indoors during the winter, thus facilitating the transmission of viral respiratory diseases from woodcutter to woodcutter. The extreme conditions of the seasons, the isolation of the camp and the difficulty of obtaining medicines only serve to exacerbate the problem. Some diseases are particular to forest life and can be especially harmful. One of the most feared infections is Lyme disease or borreliosis. Borreliosis is a chronic and debilitating disease that is transmitted through the Ixodes scapularis, also known as the deer tick; named for frequently parasitizing white-tailed deer. The tick carries the borrelia burgdorferi bacterium, whose presence in the human body results in borreliosis; the insect is in turn infected by the bacteria when it bites deer or field mice that carry the disease. It should be noted that deer ticks act as hosts and are not affected by the bacteria; its role in the infectious cycle is transmission or evacuation of the agent. The first symptoms of this disease usually include fatigue, headache, stiff neck, generalized itching, fever and initially mild psychological disorders (such as sudden depression). These symptoms are accompanied by a skin irritation in the form of larger concentric circles that manifest around the bite; This particular irritation is called erythema chronicum migrans and its peculiarity facilitates the diagnosis of borreliosis. The symptoms of borreliosis occur in three phases: the first phase occurs when the infection is still localized in a small area of the body; It is important to note that for a deer tick to transmit the infection, it must be attached to the victim for a minimum of twenty hours and it is common for this to occur without the individual noticing (before swelling with blood, the tick is of a tiny size, virtually undetectable).
The cannibals abound in the Yukon territory; among these are bears, pumas, wolves and coyotes. Anthropophagy is a term derived from the Greek; of anthropos, which means «to be human», and phagein, which means «to eat» or «to consume». It should be noted that the indicated animals are not habitual anthropophagi, and that their preferred food is smaller animals such as fish, rabbits, rodents, insects and, in the case of omnivores, they also eat vegetable matter and fruits. In fact, having a wolf or a bear see a human being as prey is very unusual and occurs only under extreme circumstances.

The northern lights are seen more frequently when approaching the north of the Yukon. This is due to the proximity to the magnetic pole of the Earth. In both poles the magnetic field sinks towards an invisible singularity that allows the solar wind to enter, which results in the phenomenon called aurora borealis. The same phenomenon in Antarctica is known as the austral aurora. The magnetic field or geomagnetic field that covers the globe is produced by the internal dynamics of the planet; by the variety of strata, materials, densities and velocities of the mantle and the terrestrial nucleus, particularly the action of the external nucleus, composed mainly of iron in a liquid state that revolves around the internal nucleus, producing friction with this and with the internal mantle, action which is called the geo-dynamo. The movement of the geo-dynamo produces an electrical charge that generates magnetic feedback bands; these same bands surround the Earth from the magnetic poles. This geomagnetic field collides perpetually with the flow of space radiation, particularly solar radiation or solar “wind”; it is because of this same collision that the magnetosphere becomes manifest. The magnetosphere is the silhouette created by the magnetic barrier that protects the Earth from the solar wind. When crossing with the magnetic field, the solar wind has no choice but to flow around the field, just as the current of a river is forced to flow around an island. Since at the magnetic poles the field collapses on itself, these are considered “weak” points; that is, certain amounts of solar wind are able to filter into the Earth’s upper atmosphere, resulting in a spectacular display of lights that illuminate the night sky.

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