Las Posesiones — Llucia Ramis / The Possessions by Llucia Ramis (spanish book edition)

Debo decir que me ha dado buenos momentos, sobre todo para los que conocen bien o quieren conocer mejor la isla de Mallorca. Novela contemporánea con escritura directa. El estilo tramado, semejante a una biografía, es sobresaliente. Difícil de discernir la ficción de la no-ficción. Va al grano, analizando los hechos y las personas con sangre fría y madurez. Nos refleja la realidad hasta darnos algún escalofrío.
Marcel, expareja de la narradora, le llama para contarle el estado en el que se encuentra su padre (un don Quijote del Siglo XXI con dos escuderos negros, senegaleses como Sánchez Panza). Ella, que dejó a la familia en Mallorca para irse a vivir a Barcelona, no quiere saber del todo. Y una alarma suena como señal de hasta dónde está dispuesta a saber. Sobre esto va este libro. Sobre hasta dónde queremos/toleramos conocer a los demás. “¿Queremos saberlo todo de nuestros padres? Y ellos, ¿quieren saberlo todo de sus hijos? Es evidente que no. Entonces, ¿por qué reclamamos saberlo todo de la persona que comparte nuestra vida?. ‘Las posesiones‘ me ha parecido una novela fantástica. Llena de esos secretos de los otros que no queremos saber. Está la historia de corrupción en la que se ve envuelta el abuelo (crimen incluido). Está la disputa por unas tierras (con pelotazo urbanístico de por medio) que trastoca la vida de padre. Estás la relación de la protagonista con un compañero periodista que le desvela un secreto que se convierte en grieta por la que todo se empieza a derrumbar. Queremos saber (de los otros, de lo que ocurre, de la corrupción que nos envuelve) pero tampoco mucho. Conocer sin comprometernos. Denunciar sin mancharnos. Es muy revelador aquí los apoyos que recibe el padre cuando escribe el blog y cómo luego esos mismos que le siguieron le abandonan. Es muy inquietante el personaje de A., un desconocido que bombardea a la narradora con correos electrónicos en los que cree saber demasiado sobre la protagonista (e inquieta todavía más que esto no se termine de resolver). Me ha encantado este libro sobre la corrupción (la política y la de las relaciones), sobre lo que poseemos y lo que olvidamos (“también somos lo que perdimos“). El olvido como forma de no saber. “Somos unos nostálgicos sin memoria“… una buena dosis de crítica a nosotros mismos.

Además en todas las casas los recuerdos, algunos objetos llevan tanto tiempo aquí que mis padres ni siquiera los ven, forman parte del paisaje del piso. Las enciclopedias, por ejemplo. Llenan buena parte de las estanterías que recubren las paredes de la sala de estar. Tienen el lomo descolorido.
Dicen que el del párkinson es un olor acre, como de hongos, pero mi abuelo siempre huele bien. A aftershave. De pequeña, trepaba a su regazo para que me leyera cuentos de Teo y Ernest et Célestine. Ernest y Célestine eran un oso y una ratita pintados a la acuarela, muy amigos —tienen una relación como de padre adoptivo e hija adoptada—, cuyas historias, no sé por qué, despertaban en mí una especie de melancolía prematura. El oso pelaba patatas en bata, y la ratita llevaba un pijama de cuerpo entero, los ojos hinchados de sueño. Desayunaban o paseaban por la nieve o se hacían fotos de estudio, o extraviaban un muñeco, un pato. Si veo uno de aquellos dibujos, aún hoy, lloro.
Todo a mi alrededor me parecía tan frágil como aquellos dibujos.

Crítica social;
En el mundo de las finanzas, la vergüenza ética no tiene cabida, porque sería el fin de la riqueza. El dinero da poder y el poder manipula este sentimiento, normalmente a través de la autojustificación: es que si no lo hago yo, lo hará otro, esto no es exactamente robar, la vida son dos días, estamos todos metidos, lo hago por mi familia. Benito formaba parte de un sistema, y durante años creyó que sabía dominar ese sistema. Parecía fácil. De repente, se sintió estafado. No era tan fácil. Le debían miles de millones y era imposible recuperarlos. Él pensaba que formaba parte de un grupo, que incluso dominaba ese grupo, y ese grupo se había estado riendo de él.
La vergüenza está muy vinculada a la culpa. Y existe una vergüenza de clase, que puede ser también una culpa de clase. A nadie le importa si eres buena o mala persona, lo que importa es la clase social a la que perteneces, la pasta que tienes, el lugar en el que vives. Unos te odiarán y otros te respetarán solo por tu estatus y tu cuenta corriente, al margen de cómo seas. Eso puede atormentarte o no. De nada servirá la gloria que hayas sembrado si tu final es patético. Y con final no me refiero a la muerte, sino al fin de tu reputación, al descenso a los infiernos, a convertirte en un paria. De qué sirve lo mucho o poco que te conozcan si son incapaces de reconocerte.
Qué decir de Iván…
La tierra se vende barata, el periodismo se vende barato. Estalló la burbuja inmobiliaria y, lejos de aprender la lección, los precios de venta y alquiler suben otra vez, junto con el turismo en masa. Barcelona, Mallorca, dos paraísos para el que está de paso, se han convertido para el que las habita en un parque de atracciones cuyos escenarios imitan lo que fueron. Ahora la propiedad de los abuelos pertenece a británicos y es que los tiempos cambian y nada de “fucking pervert”. (Jodido pervertido)

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I must say that it has given me good moments, especially for those who know well or want to get to know the island of Mallorca better. Contemporary novel with direct writing. The hatched style, similar to a biography, is outstanding. Difficult to discern the fiction of non-fiction. It goes to the grain, analyzing the facts and the people with cold blood and maturity. It reflects reality to give us a chill.
Marcel, ex-girlfriend of the narrator, calls to tell him the state in which his father is (a Don Quixote of the XXI Century with two black squires, Senegalese like Sancho Panza). She, who left the family in Mallorca to move to Barcelona, does not want to know everything. And an alarm sounds like a sign of how far it is willing to know. This is what this book is about. About how much we want / tolerate knowing others. “Do we want to know everything about our parents? And they, do they want to know everything about their children? Obviously not. So, why do we claim to know everything about the person who shares our life? ‘Possessions’ has seemed like a fantastic novel. Full of those secrets of others that we do not want to know. There is the history of corruption in which the grandfather is involved (crime included). There is the dispute for some land (with urban planning in between) that disrupts the life of a father. You are the relationship of the protagonist with a fellow journalist who reveals a secret that becomes a crack by which everything begins to collapse. We want to know (of the others, of what happens, of the corruption that surrounds us) but not much. Know without compromising Report without staining. It is very revealing here the supports that the father receives when he writes the blog and how later those who followed him leave him. It is very unsettling the character of A., a stranger who bombards the narrator with emails in which he thinks he knows too much about the protagonist (and even more disturbed that this is not resolved). I loved this book about corruption (politics and relationships), about what we have and what we forget (“we are also what we lost”). Oblivion as a way of not knowing. “We are nostalgic without memory” … a good dose of criticism to ourselves.

Also in all the houses the memories, some objects have been here so long that my parents do not even see them, they are part of the landscape of the flat. The encyclopedias, for example. They fill a good part of the shelves that line the walls of the living room. They have a discolored back.
They say that the Parkinson’s is an acrid, fungus smell, but my grandfather always smells good. To aftershave. As a child, I climbed on her lap to read tales of Teo and Ernest et Célestine. Ernest and Célestine were a bear and a little rat painted in watercolor, very friendly – they have a relationship as an adoptive father and an adopted daughter – whose stories, I do not know why, awakened in me a kind of premature melancholy. The bear was peeling potatoes in a robe, and the rat was wearing full-length pajamas, eyes swollen with sleep. They ate breakfast or walked in the snow or took studio photos, or lost a doll, a duck. If I see one of those drawings, even today, I cry.
Everything around me seemed as fragile as those drawings.

Social criticism;
In the world of finance, ethical shame has no place, because it would be the end of wealth. Money gives power and power manipulates this feeling, usually through self-justification: if I do not do it, another will do it, this is not exactly stealing, life is two days, we are all involved, I do it for myself family. Benito was part of a system, and for years he believed he knew how to master that system. It seemed easy. Suddenly, he felt cheated. It was not so easy. They owed him billions and it was impossible to recover them. He thought he was part of a group, that he even dominated that group, and that group had been laughing at him.
Shame is very much linked to guilt. And there is a class shame, which can also be a class fault. Nobody cares if you’re a good person or a bad person, what matters is the social class you belong to, the pasta you have, the place where you live. Some will hate you and others will respect you only for your status and your checking account, regardless of how you are. That can torment you or not. There will be no use for the glory you have sown if your end is pathetic. And with final I do not mean death, but the end of your reputation, the descent into hell, to become a pariah. What good is it how much or little they know you if they are unable to recognize you.
What to say about Ivan …
Land is sold cheap, journalism sells cheaply. The housing bubble burst and, far from learning the lesson, the sale and rental prices go up again, along with mass tourism. Barcelona, Mallorca, two paradises for those who are passing through, have become for those who live in an amusement park whose scenarios imitate what they were. Now the property of the grandparents belongs to the British and is that times change and nothing of “fucking pervert”.

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