Mundo Orwell: Manual De Supervivencia Para Un Mundo Hiperconectado — Ángel Gómez De Ágreda / Orwell World: Survival Manual for a Hyperconnected World by Ángel Gómez De Ágreda (spanish book edition)

Es una obra bien elaborada, sólida, interesante con enfoques antropológicos iluminando cuestiones de sociología, seguridad internacional y defensa, urbanismo… Aúna el conocimiento tecnológico profundo (síc, cíberdefensa) con la madurez en humanidades que permite valorar qué es lo humano, lo fundamental en esta aceleración de la tecnología y la historia que se nos ofrece.
Un libro que deberían leer aquellos incaut@s que han sido abducidos y engañados por influenciadores profesionales, y acaban creyéndose sus propios engaños creados a bases de mentiras en redes sociales. No son mas que avatares ficticios, mal gestionados, y dirigidos por lobos con piel de cordero. Libro indispensable si no quieres caer en ese mundo, o si ya has caído y queda algo de lucidez…

En 1984, Orwell describe un mundo gris controlado por el Gran Hermano, líder de una de las potencias que se mantienen enfrentadas entre sí en una guerra permanente. La sociedad está sometida a una vigilancia constante, la verdad oficial se revisa en función de los intereses del Estado bajo la idea de dominar la Historia para construir sobre ella el futuro. El lenguaje se ha reconstruido para transmitir el mensaje del partido y privar a los ciudadanos de un instrumento útil para la interpretación de la realidad. De hecho, el nombre se convierte en el objeto dejando a este sin identidad. La realidad se convierte en irrelevante; lo importante es el mensaje, la percepción, la narrativa.
El mundo está cambiando muy deprisa. El futuro se vuelve pasado casi sin discurrir por el presente. El ser humano no está diseñado para asimilar cambios tan rápidos y profundos. Ni tan irreversibles. Ya no sirve el método de ensayo y error, ni podemos esperar ser capaces de incorporar los avances tecnológicos al ritmo que se producen. Es un mundo de máquinas y humanos en el que los algoritmos —para simplificar, las instrucciones que siguen las máquinas en su funcionamiento— condicionan nuestras vidas en función de los datos que nosotros mismos les proporcionamos. Por este motivo es especialmente importante que sepamos decidir hacia dónde queremos avanzar y a qué ritmo deseamos hacerlo.
Y debemos decidirlo antes, preferiblemente, de que hayamos llegado a donde no queríamos ir.
La llegada de las máquinas inteligentes, de los robots industriales, va a suponer un desafío para muchos trabajadores. Pero también los algoritmos que operan desde los ordenadores y los servidores. Ya se ha visto el efecto de la digitalización en los medios de comunicación. Se aprecia ahora en los bancos y las entidades financieras. Y se hará patente en tareas relacionadas con multitud de otros trabajos.
Este desafío puede verse como un desastre que nos desaloja o bien como una oportunidad para reinventarnos, para redefinirnos como seres humanos sin ataduras. Pero, claro, eso supone salirse de la zona de confort que hemos habitado durante cientos de años. En una red en la que todo está conectado, la fuerza está en los vínculos que tengas con otros nodos. Estados, empresas y ciudadanos atacan y son atacados por ciudadanos, empresas y Estados indistintamente.
Las armas que se emplean son las mismas en todos los casos. La diferencia entre una gamberrada, un delito, un acto terrorista o uno de guerra solamente está en los actores implicados, en la escala a la que se sienten los efectos y, si se quiere, en la intención del atacante.

Si Google o las redes sociales son los vendedores y los anunciantes son los que pagan —por tanto, el cliente—, ¿qué somos nosotros, los usuarios? Evidentemente, nos hemos convertido en el producto que se compra y se vende. Nosotros, nuestros datos, nuestro tiempo, nuestra atención. El producto es nuestro pasado y nuestro presente, y el resultado es la configuración de nuestro futuro, la decisión sobre qué va a ser de nosotros. Lo que puede resultar más triste es que ni los unos ni los otros tienen el menor interés en ese producto, en nosotros, pues únicamente les mueve el poder adquisitivo que podamos tener, el valor de nuestros votos o el de nuestras opiniones.La burbuja de filtro, según Pariser, decide mucho más que nuestros gustos. También tiene una idea preconcebida sobre nuestro lugar en el mundo y hasta dónde podemos o debemos llegar. Con la misma «lógica» con que a un varón no le hará llegar anuncios sobre productos de higiene íntima femenina, a un habitante de barrios marginales tampoco le enviará información sobre becas o proyectos de formación superior que, supondrá, quedan fuera de su alcance y expectativas. Si una IP, la dirección que define a un equipo, está localizada en una urbanización de lujo, tiene muchas más probabilidades de recibir ofertas de productos de calidad que una situada en un suburbio de clase trabajadora.
El sesgo de los algoritmos no nos impide avanzar social o laboralmente, pero tiende a mantener el statu quo partiendo de datos del pasado y asumiendo que se mantendrán inalterados.
Mika Aaltola, del Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales, identifica cinco fases en un proceso de injerencias:
1) uso de la información para amplificar las divisiones acentuando la tensión y polarización en la sociedad;
2) robo de información sensible y susceptible de ser filtrada;
3) filtración propiamente dicha de la información obtenida, normalmente a través de terceros;
4) «blanqueo» de la información tras su asunción por parte de la prensa tradicional, que la hace propia y le otorga credibilidad;
5) acuerdos más o menos explícitos, aunque secretos, entre una o varias de las facciones enfrentadas y los atacantes (por ejemplo, las conversaciones que el entorno del candidato Trump tuvo con el Kremlin y que, en el momento de escribir estas líneas, siguen siendo objeto de investigación).

• INTERNET, LAS REDES SOCIALES Y TODO LO QUE HAY DETRÁS DELTECLADO Y LA PANTALLA SON INSTRUMENTOS A TU SERVICIO
Si permites que todas estas herramientas dejen de ser algo que te ayuda a vivir para convertirse en una necesidad o una adicción, en algo sin lo que no puedes vivir, estás haciendo un uso incorrecto de ellas.
• CUANDO TE CONECTES, ACTÚA COMO CUANDO ESTÁS EN PÚBLICO(PORQUE LO ESTÁS)
Al igual que tú ves a través de la pantalla, también el mundo te ve a ti. Respeta tu privacidad para que los demás también la respeten. Configura tus buscadores, tus redes, tus plataformas (también en el móvil, sí) para dar solo la información sobre ti que quieras que cualquiera pueda ver. No pienses en presente, sino en un presente continuo. Lo que entra en el ciberespacio permanece en el ciberespacio para siempre. Aunque hoy pueda ser intrascendente, quizá mañana no lo sea.
Google, Facebook, Twitter, TripAdvisor… Todos te conocen.
• CUIDA TU IMAGEN EN INTERNET, SIEMPRE HAY GENTE MIRANDO
Igual que te vistes para salir de casa de forma que tu estilo refleje tu personalidad, la real o la que te gustaría tener, también debes cuidar tu imagen virtual.
• CONOCE LOS RIESGOS
Internet ofrece muchas posibilidades. Quedarse fuera de ellas no es una opción hoy en día. Pero si te preparas antes de ejercer una profesión, también debes conocer los riesgos que corres cuando aprovechas incorrecta o despreocupadamente las infinitas oportunidades que te ofrece el ciberespacio.

No hay mayor esclavitud que hacer propias ideas de terceros inculcadas en nuestros corazones sin pasar por nuestras cabezas. En su novela 1984, George Orwell proclamaba que la libertad consiste en poder decir libremente que dos y dos son cuatro. La frase deja claro el fundamento de la libertad: la veracidad. Sobre la mentira no se pueden construir juicios ni tomar decisiones fundadas, igual que sobre unos datos incorrectos no se pueden hacer cálculos precisos.
La Historia es tremendamente plástica en ese sentido, se adapta muy bien a la manipulación en tanto que solemos verla fuera del contexto en que se produjeron los hechos y, por tanto, cambiamos la interpretación de los mismos en función de nuestros valores presentes. Para escribir la Historia no solo hay que estar en el bando de los vencedores, sino tener la iniciativa de configurar el relato con un objetivo a largo plazo.
¿Por qué nos preocupa tanto el fenómeno de las noticias falsas (fake news) en el mundo digital? Para empezar, habría que hablar de «falsas noticias» en lugar de «noticias falsas». Fundamentalmente porque no son noticias, sino relatos con apariencia de noticia que se han redactado con el objetivo de conseguir una reacción emocional, no con el de transmitir una información. Por tanto, no se trata de noticias falseadas, sino de relatos falsamente noticiosos. En suma, propaganda.
Las falsas noticias cumplen, en cierta manera, el ideal olímpico: se difunden más rápido, más lejos y con más fuerza que las auténticas en todas las categorías de información, aunque sus efectos son más pronunciados si tienen contenido político.

• NO BUSQUES SOLUCIONES SIMPLES A PROBLEMAS COMPLEJOS
Cualquiera puede utilizar el ciberespacio para lanzar su narrativa, desde un Estado o una empresa hasta un grupo organizado —o tan poco jerarquizado como Anonymous— o un solo individuo. Y cada atacante puede adoptar incluso varias personalidades. El problema se complica muchísimo porque, en el otro extremo, las partes implicadas también son incontables.
Ante una situación tan tremendamente compleja, cualquier solución tiene que ser multidisciplinar. No basta con dominar la tecnología, un aspecto menor y perfectamente externalizable en la mayoría de los casos, sino que es necesario gestionar de manera conjunta la psicología de cada internauta.
• DEFIENDE LOS VALORES COMUNES
Las soluciones deben basarse en el mantenimiento de un núcleo de valores comunes, de modo que estos sean una garantía de que su aplicación no causará un daño mayor que el que pretenden erradicar. La definición de los límites de la libertad de expresión no puede ser restrictiva, pero sí es probable que haya que redefinir la libertad para desinformar distinguiendo claramente entre opinión y noticia.
• APOYA LA VIGILANCIA DE LA DESINFORMACIÓN
La vigilancia atenta de la desinformación es ineludible. Del mismo modo que las redes sociales han centrado sus esfuerzos en maximizar su cuota en el mercado de la atención de sus usuarios, una utilización ética y socialmente responsable de sus algoritmos podría centrarse en filtrar las noticias no contrastadas marcándolas de un modo mucho más claro que el empleado hasta ahora. No se trata de censurar contenidos.
• DESCONFÍA DE LOS GIGANTES DEL MERCADO
Cualquier sistema de importancia crítica, infraestructura o servicio basa parte de su seguridad en el establecimiento de duplicidades y redundancias. Evidentemente, esto afecta a la eficiencia del conjunto porque duplica los elementos para garantizar la continuidad del servicio en caso de fallo del principal. El actual entorno de cuasi monopolios mundiales maximiza esa eficiencia, mucho más significativa cuando se trata de la gestión de datos, pero elimina casi por completo las garantías de imparcialidad y fía a una sola compañía no solo la operativa, sino también los datos y la clientela.
• CAMBIA TU MANERA DE VER EL MUNDO
El fenómeno de las falsas noticias no es algo que se pueda combatir de forma puntual o para un acontecimiento concreto (por ejemplo, durante los tres meses previos a las citas electorales). Su efecto se traduce en un cambio en la forma de entendernos y de entender el mundo.

Según la Federación Internacional de Robótica, en 2020 habrá más de 1,7 millones de robots dotados de inteligencia artificial en las fábricas de todo el mundo. Y su implantación como fuerza laboral apenas estará comenzando. En la actualidad, el 40 % de los robots industriales están en Japón. Europa cuenta con la tercera parte de las unidades mundiales, mientras que Norteamérica dispone solo de un 15 %. De hecho, la industria productora de robots y soluciones automatizadas está dominada por dos empresas japonesas (Yaskawa y Fanuc) y otras dos europeas (ABB y KUKA).
La inversión en inteligencia artificial y en sistemas asociados a la misma definirá en buena medida el grado de desarrollo de los países o de las empresas del futuro próximo. Aunque Europa, especialmente los países más grandes, está apostando por estos sistemas, Asia —y China en particular, con más de 300 empresas emergentes (startups) en este sector— se encuentra por delante en su implicación y en el desarrollo de programas concretos asociados a las capacidades autónomas de las máquinas. Pero, por el momento, es Estados Unidos quien manda de largo en esta carrera, cuadruplicando el número de pequeñas empresas de IA y atrayendo todavía talento gracias a la cultura de trabajo y al modo de vida que disfruta.

• ADÁPTATE A LA FLEXIBILIDAD, SOBRE TODO A LA LABORAL
El trabajador del siglo XXI tendrá características muy distintas a las del operario del siglo XX. La principal de ellas se viene apuntando ya desde hace unos años. La producción ha primado hasta ahora sobre cualquier otra consideración y, por tanto, todos los esquemas se subordinan a ella. El recurso del personal tendrá que ser flexible para adaptarse a las circunstancias concretas del mercado. Flexible en cuanto al trabajo que desarrollar, al lugar en el que tendrá que ejecutarlo y a la empresa para la que preste sus servicios.
• APUESTA POR LOS VALORES MÁS PROPIOS DE LOS HUMANOS
La empatía y la creatividad adquirirán un creciente valor. Puesto que casi todo trabajo automatizable será más eficientemente realizado por máquinas, las opciones más razonables para elegir una formación serán las que, sin dejar de utilizar la razón, requieran más corazón. Se vivirá, por tanto, un nuevo auge de las humanidades.
• ENTRENA TUS COMPETENCIAS CONDUCTUALES
El foco estará en las competencias conductuales: la habilidad para resolver problemas y para trabajar de forma colaborativa serán esenciales para los puestos directivos. Este trabajo en equipo y colaborativo tendrá lugar entre humanos, y entre humanos y máquinas.
• RECICLA Y RENUEVA TUS CONOCIMIENTOS

La Agencia de la Unión Europea para la Seguridad de las Redes y de la Información (ENISA, por sus siglas en inglés),
identifica como principales tendencias:
• la creciente complejidad y sofisticación de los ataques;
• la mejoría en la capacidad de los atacantes para borrar sus huellas;
• la ganancia económica obtenida tras la inmensa mayoría de las acciones criminales en el ciberespacio;
• el aumento de grupos cibercriminales que reciben financiación e instrucciones de Estados y son la principal preocupación tanto para otros Estados como para las empresas;
• la ciberguerra, cada vez más presente en el ciberespacio, lo que preocupa especialmente a los operadores de infraestructuras (y servicios) críticos;
• la falta absoluta de oferta de talento para cubrir las necesidades de personal formado en este campo.
Google y Facebook tienen planes para llevar Internet al cien por cien de la población mundial en los próximos años. Cuatro mil millones de analfabetos digitales se zambullirán en línea sin saber nadar… y sin flotador. Se convertirán así en presa fácil para cualquier internauta que sepa navegar desde mucho antes. ¿Qué futuro pueden esperar las grandes masas de población en las zonas remotas de Asia y África cuando, de repente, se duerman en el siglo XX (en el mejor de los casos) y se despierten en una versión tremendamente avanzada de la red de redes?
Basta imaginar la brecha digital que puede observarse a diario entre distintas generaciones del primer mundo para poder extrapolar la versión aumentada de la misma que afectará a la mitad de la población mundial.
El Ministerio de la Libertad nos proporciona todo… menos la posibilidad de ser libres.

• ADOPTA CONDUCTAS HIGIÉNICAS TAMBIÉN EN EL MUNDO DIGITAL
La vida en el entorno cibernético impone interiorizar conductas apropiadas para minimizar los riesgos y las amenazas que existen en el ciberespacio, pero también para aprovechar sus oportunidades.
• ACTUALIZA Y CUIDA TU ENTORNO INFORMÁTICO, ADEMÁS DE PRO-TEGER Y CAMBIAR TUS CONTRASEÑAS
• REDUCE TU EXPOSICIÓN A LAS AMENAZAS
Cada app, cada conexión nueva, cada dispositivo tienen su propia vulnerabilidad (si no son varias, lo más probable). La gratuidad de los servicios y de las aplicaciones en nuestros dispositivos no es casualidad. En primer lugar, no son realmente gratis. Pero, en segundo lugar, la cultura de la inmediatez y la gratuidad que se forma nos hace reaccionar instintivamente como consumidores compulsivos. Tendemos a ignorar las consecuencias de lo que hacemos online porque no se producen, normalmente, de forma inmediata.
• DISFRUTA DE TU VIDA DIGITAL CON CALMA
Frente a la moda de la fast food, de la comida rápida, apareció la slow food, la comida lenta. Desde luego, el nombre no es particularmente original. Sin embargo, el concepto es perfectamente extrapolable a nuestra vida digital. ¿Por qué tenemos que vivir más rápido simplemente porque la tecnología nos lo permita?
• APROVECHA LA TECNOLOGÍA, QUE ELLA NO SE APROVECHE DE TI
Smart significa «inteligente». Un dispositivo es tanto más smart cuanto más nos sirve. Una ciudad nunca será inteligente: estará diseñada inteligentemente para servirnos mejor, para ser más cómoda para nosotros. De lo contrario, estaremos construyendo ciudades y dispositivos para gente tonta. Una ciudad inteligente está formada por gente inteligente que sabe aprovechar la tecnología inteligente.

El Foro Económico Mundial, en su informe sobre los riesgos globales presentado en 2018, cataloga diez posibles causas de conflicto en el futuro:
1) la quiebra de la capacidad de la cadena de producción mundial de alimentos y las consiguientes hambrunas;
2) la sobrepesca y esquilmado de los mares con la aplicación de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial;
3) la desigualdad creciente fomentada por la biotecnología y las tecnologías del conocimiento;
4) la congestión del ciberespacio por la proliferación de algoritmos de inteligencia artificial que lleguen a monopolizar su capacidad;
5) la ciberguerra en un entorno de falta de regulación internacional;
6) la fragmentación de Internet por la aplicación de medidas regulatorias, proteccionistas y de seguridad a nivel nacional o regional;
7) el proteccionismo comercial;
8) las crisis económicas encadenadas que colapsen el sistema económico;
9) las amenazas de los populismos al orden social y liberal;
10) los conflictos identitarios fomentados por separatismos regionalistas.

• CONSIGUE QUE LA CIUDAD SE AMOLDE A SUS HABITANTES, NO PRO-GRAMES CIUDADANOS A LA MEDIDA DE LA URBE
Durante el próximo medio siglo, el modo en que las ciudades solucionen el crecimiento exponencial de sus habitantes, junto con los desafíos urbanos derivados del cambio climático y de los recursos limitados, será uno de los retos para todas las disciplinas dedicadas a su planeamiento y diseño.
• HAZ UN USO RACIONAL DE LOS RECURSOS URBANOS
Se valorará cada vez más el índice de habitabilidad urbana, que mide las condiciones del entorno que permiten una buena calidad de vida para los habitantes de una ciudad. Aunque, como hasta ahora, este indicador seguirá atado a la situación política y económica de cada país o región, que crea diferencias casi insalvables entre unas y otras. Por ejemplo, en 2018, entre las cinco ciudades con mejor calidad de vida figuraban Viena, Melbourne, Osaka, Calgary y Sídney; en cambio, las cinco peores ciudades para vivir eran Port Moresby, Karachi, Lagos, Dhaka y Damasco.
• DEFIENDE TU PRIVACIDAD Y TU VALOR COMO PERSONA, ERES MUCHO MÁS QUE DATOS
El control del Estado o de la Administración —el Gran Hermano— puede sonar a distopía, al futuro plasmado en las novelas 1984 o Un mundo feliz, al mundo de Blade Runner o al control policial de Minority Report (Steven Spielberg, 2002), pero resulta la conclusión lógica de la senda emprendida en estos últimos años de negación de la privacidad y de la individualidad. De hecho, muchos afirman que la situación es ya irreversible y que ni los individuos ni las sociedades o sus leyes están preparados o interesados en recuperar la privacidad perdida.
• DEFIENDE PATRONES DE CONSUMO MÁS SOSTENIBLES
Las ciudades tienen perfecto sentido desde el punto de vista económico. La concentración de la actividad permite ahorro de costes de transporte, genera economías de escala y facilita la innovación. El ciudadano suele gozar de un mayor nivel de vida, y producir y disponer de artículos más sofisticados. El lado oscuro de la ecuación viene de la mano de unos patrones de consumo menos sostenibles.
• SI PUEDES IR CAMINANDO, NO TE DESPLACES DE OTRA MANERA
• MANTÉN UN COMPORTAMIENTO CÍVICO
La convivencia es necesaria y enriquece, pero también exige un autocontrol que posibilite la existencia cotidiana de la comunidad. Cabe pensar que una cohabitación tan íntima como la que se produce en estos espacios urbanos no puede conseguirse sin una aplicación estricta de unas normas de convivencia que, inevitablemente, limiten las opciones de las personas en beneficio de la convivencia.

El ciberespacio afecta a todos los aspectos de la vida humana. También a la actividad política. Tiene el potencial para hacernos más libres y relevantes, más responsables y participativos. En su regulación tendremos que replantearnos nuestras prioridades como personas. Partir de la Declaración propuesta por Barlow podría resultar utópico, pero aspirar a la independencia que propone no lo sería. Tenemos la oportunidad histórica de definir el modelo de convivencia mundial, de influir desde el entorno —desde el diseño del escenario— en el grado de humanidad que tendrá la sociedad en la que vivamos.
Para ello, será necesario un ejercicio ético de definición de los nuevos límites de la libertad y la privacidad, un ejercicio jurídico sobre la forma de garantizar que los intereses individuales y colectivos se respetan mutuamente y un ejercicio técnico que dé soporte a la decisión adoptada.
Las preguntas que se plantean a la hora de regular el ciberespacio son profundas y podrían implicar subordinar el ritmo de implantación y la usabilidad de las tecnologías a la capacidad humana para asumirlas, y no solo a los intereses comerciales de sus generadores. Para responderlas, tendremos que comprender, en primer lugar, qué significa el ciberespacio y cuáles son sus riesgos y oportunidades.
El problema será cómo abordar esa transición desde la situación actual hacia un mundo de cíborgs y realidades aumentadas. Una forma de afrontarlo que tendrá, al menos, tres niveles distintos que nos afectarán a todos y cada uno de nosotros:
1) el nivel individual, definido por nuestra actitud mucho más que por nuestras aptitudes;
2) el nivel colectivo, que adopte la ciudad en que vivimos, el país en el que pagamos los impuestos o la empresa en la que trabajamos;
3) el nivel global, que vendrá dado por cómo el conjunto de los humanos decidamos utilizar estas nuevas herramientas.

Las redes sociales han cometido numerosos errores y abusos en la monetización de la información que compartimos en ellas. Han servido como instrumentos para la desinformación y, probablemente, han alterado la forma en la que nos comunicamos.
Las estadísticas más recientes sobre el fenómeno de la soledad —una de las lacras que, de manera paradójica, sufrimos especialmente en las aglomeraciones urbanas— tampoco indican que el uso de las redes sociales mitigue mayoritariamente la falta de relaciones. Las opiniones muestran un reparto casi idéntico entre aquellas personas que consideran que las ayudan y aquellos que las ven como algo nocivo.
El mundo está cambiando. Está cambiando en función de la tecnología disponible. Pero eso no es nuevo. El mundo siempre ha cambiado adaptando los avances que están disponibles para hacer más cómoda nuestra vida en él. Desde el mandato bíblico, si se quiere, de dominar la Tierra, el ser humano se ha dedicado a hacerlo aportando primero sus propias fuerzas, complementándolas con herramientas después, con la ayuda de los animales y luego de las máquinas, y ahora gestionando también el mundo de la información.
Sobrevivir en el mundo del siglo XXI supondrá ser capaz de adaptarse a sus nuevas normas. Normas que todavía no se han dictado y que están surgiendo de la confrontación de los intereses de las instituciones, las empresas y los ciudadanos. No es probable que ninguno de los tres termine por imponer sus condiciones de forma absoluta, pero el punto de compromiso que se alcance puede variar muy sustancialmente en función de quién sea capaz de tomar la iniciativa y sostener después el esfuerzo.
Entender el entorno en el que viviremos será fundamental. Para lograrlo no se requerirán tanto unos ciertos conocimientos tecnológicos —que casi se darán por supuestos, como si fueran «equipamiento de serie» del ser humano— como la capacidad para integrar esa tecnología en la vida de las personas y, muy importante, en la de las sociedades.
Ya se habla en el mundo anglosajón de tres pilares fundamentales: IQ, EQ y AQ. El IQ (Intelligence Quotient) sería el coeficiente intelectual clásico, que mide la inteligencia de las personas y ha sido el más valorado tradicionalmente. El EQ (Emotional Quotient) es la inteligencia emocional, la capacidad para empatizar y relacionarse, algo que hoy tiene su reflejo en un mundo guiado por la reputación. Finalmente, el AQ (Adversity Quotient) sería el coeficiente de adversidad, es decir, la resiliencia: la capacidad de adaptación, resistencia y aprendizaje que tiene una persona. En el entorno de cambio permanente y acelerado en que se mueve la sociedad del siglo XXI, el coeficiente de adversidad —el AQ— se convierte en la medida de la capacidad de supervivencia de los mejor adaptados.
Hoy, la humanidad afronta retos y desafíos sin precedentes en cuanto al margen de actuación y de error con el que contamos. Los problemas de carácter sociológico degeneran en migraciones masivas, crisis de empleo y desigualdad creciente. Se combinan y acrecientan con los medioambientales, que suman la necesidad de encontrar la fórmula para una transición ordenada a nuevas formas de producción, almacenamiento y distribución de la energía. En este momento, las consideraciones económicas juegan un papel fundamental en la redistribución de la riqueza entre naciones, entre empresas y entre personas. Y todo tiene lugar en el nuevo mundo en el que vivimos, la nueva biosfera digital en la que navegamos y que, en muchos casos, diseñamos más para tapar los agujeros de problemas pretéritos que para construir un futuro impensable hasta hace poco.
El avance exponencial de los conocimientos hace que el ritmo de aprendizaje y desarrollo se acelere.

Nos hemos definido siempre como seres racionales para diferenciarnos del resto de los animales; redefinámonos ahora para no confundirnos con las máquinas que construyamos.

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It’s a well-written, solid, interesting work with anthropological approaches illuminating issues of sociology, international security and defense, urbanism … It combines deep technological knowledge (sic, cyberdefense) with the maturity in the humanities that allows us to assess what is human, what fundamental in this acceleration of technology and the history that is offered to us.
A book that should be read by those incaut @ s who have been abducted and deceived by professional influencers, and end up believing their own deceptions created based on lies in social networks. They are nothing more than fictitious avatars, mismanaged, and directed by wolves in sheep’s clothing. Essential book if you do not want to fall into that world, or if you have already fallen and there is still some lucidity …

In 1984, Orwell describes a gray world controlled by the Big Brother, leader of one of the powers that remain confronting each other in a permanent war. The society is subject to a constant vigilance, the official truth is revised in function of the interests of the State under the idea of dominating History to build on it the future. The language has been reconstructed to transmit the message of the party and deprive citizens of a useful instrument for the interpretation of reality. In fact, the name becomes the object leaving it without identity. Reality becomes irrelevant; the important thing is the message, the perception, the narrative.
The world is changing very fast. The future becomes past almost without passing through the present. The human being is not designed to assimilate such rapid and profound changes. Not so irreversible. The method of trial and error is no longer useful, nor can we expect to be able to incorporate technological advances at the rate they are produced. It is a world of machines and humans in which algorithms – to simplify, the instructions that machines follow in their operation – condition our lives according to the data that we provide them. For this reason it is especially important that we know how to decide where we want to move forward and at what pace we want to do it.
And we must decide before, preferably, that we have reached where we did not want to go.
The arrival of intelligent machines, of industrial robots, is going to be a challenge for many workers. But also the algorithms that operate from computers and servers. The effect of digitization on the media has already been seen. It is now appreciated in banks and financial institutions. And it will be evident in tasks related to a multitude of other works.
This challenge can be seen as a disaster that evicts us or as an opportunity to reinvent ourselves, to redefine ourselves as human beings without ties. But, of course, that means leaving the comfort zone that we have inhabited for hundreds of years. In a network where everything is connected, the strength lies in the links you have with other nodes. States, companies and citizens attack and are attacked by citizens, companies and States indistinctly.
The weapons used are the same in all cases. The difference between a prank, a crime, a terrorist act or a war is only in the actors involved, in the scale at which the effects are felt and, if you like, in the intention of the attacker.

If Google or social networks are the sellers and the advertisers are the ones who pay -the customer, for that matter-, what are we, the users? Obviously, we have become the product that is bought and sold. We, our data, our time, our attention. The product is our past and our present, and the result is the configuration of our future, the decision about what will become of us. What can be more sad is that neither one nor the other have the least interest in that product, in us, because only the purchasing power that we have, the value of our votes or our opinions, moves them. filter, according to Pariser, decides much more than our tastes. He also has a preconceived idea about our place in the world and how far we can or should go. With the same “logic” with which a male will not send him advertisements about feminine intimate hygiene products, a slum dweller will not be sent information about scholarships or higher education projects that, it will be assumed, are beyond his reach and expectations. If an IP, the address that defines a team, is located in a luxury urbanization, it is much more likely to receive offers of quality products than one located in a working class suburb.
The bias of the algorithms does not prevent us from advancing socially or professionally, but tends to maintain the status quo based on data from the past and assuming that they will remain unchanged.
Mika Aaltola, from the Finnish Institute of International Affairs, identifies five phases in a process of interference:
1) use of information to amplify the divisions accentuating the tension and polarization in society;
2) theft of sensitive information that can be filtered;
3) actual filtration of the information obtained, usually through third parties;
4) “laundering” of information after its assumption by the traditional press, which makes it its own and gives it credibility;
5) more or less explicit, though secret, agreements between one or more of the warring factions and the attackers (for example, the conversations that Trump’s environment had with the Kremlin and which, at the time of writing, continue to being investigated).

• INTERNET, SOCIAL NETWORKS AND EVERYTHING THAT IS BEHIND THE SCREEN AND THE SCREEN ARE INSTRUMENTS AT YOUR SERVICE
If you allow all these tools to stop being something that helps you live to become a need or an addiction, in something without what you can not live, you are making an incorrect use of them.
• WHEN YOU ARE CONNECTED, ACT AS WHEN YOU ARE IN PUBLIC (BECAUSE YOU ARE)
Just as you see through the screen, the world also sees you. Respect your privacy so that others also respect it. Configure your search engines, your networks, your platforms (also on the mobile, yes) to give only the information about you that you want anyone to see. Do not think in the present, but in a continuous present. What goes into cyberspace remains in cyberspace forever. Although today may be inconsequential, maybe tomorrow is not.
Google, Facebook, Twitter, TripAdvisor … Everyone knows you.
• TAKE CARE OF YOUR IMAGE ON THE INTERNET, THERE ARE ALWAYS PEOPLE LOOKING
Just as you dress to leave home so that your style reflects your personality, the real one or the one you would like to have, you must also take care of your virtual image.
• KNOW THE RISKS
Internet offers many possibilities. Staying out of them is not an option today. But if you prepare before exercising a profession, you must also know the risks you run when you take advantage of the infinite opportunities that cyberspace offers you incorrectly or nonchalantly.

There is no greater slavery than to make own third-party ideas instilled in our hearts without going through our heads. In his novel 1984, George Orwell proclaimed that freedom consists of being able to say freely that two and two are four. The phrase makes clear the foundation of freedom: truthfulness. On the lie can not build judgments or make informed decisions, just as on incorrect data can not make accurate calculations.
History is tremendously plastic in that sense, it adapts very well to manipulation, as we usually see it outside the context in which the events took place and, therefore, we change the interpretation of them according to our present values. To write the story, you do not just have to be on the side of the winners, but have the initiative to set the story with a long-term goal.
Why are we so worried about the phenomenon of fake news in the digital world? To begin with, one should speak of “false news” instead of “false news”. Fundamentally because they are not news, but stories with the appearance of news that have been written with the aim of getting an emotional reaction, not with transmitting information. Therefore, it is not falsified news, but falsely news stories. In short, propaganda.
The false news fulfills, in a certain way, the Olympic ideal: they spread faster, farther and with more force than the authentic ones in all the categories of information, although their effects are more pronounced if they have political content.

• DO NOT LOOK FOR SIMPLE SOLUTIONS TO COMPLEX PROBLEMS
Anyone can use cyberspace to launch their narrative, from a state or a company to an organized group – or as little hierarchical as Anonymous – or a single individual. And each attacker can adopt even several personalities. The problem is very complicated because, at the other extreme, the parties involved are also countless.
Faced with such a tremendously complex situation, any solution has to be multidisciplinary. It is not enough to master technology, a minor and perfectly externalizable in most cases, but it is necessary to jointly manage the psychology of each user.
• DEFEND COMMON VALUES
The solutions must be based on the maintenance of a core of common values, so that these are a guarantee that their application will not cause more damage than they intend to eradicate. The definition of the limits of freedom of expression can not be restrictive, but it is likely that it is necessary to redefine the freedom to misinform by clearly distinguishing between opinion and news.
• SUPPORTS THE MONITORING OF DISINFORMATION
Attentive monitoring of misinformation is unavoidable. In the same way that social networks have focused their efforts on maximizing their market share in the attention of their users, an ethical and socially responsible use of their algorithms could focus on filtering untested news, marking them in a much clearer way than the employee so far. It is not about censoring content.
• DISCOUNT OF THE MARKET GIANTS
Any system of critical importance, infrastructure or service bases part of its security on the establishment of duplicities and redundancies. Obviously, this affects the efficiency of the whole because it duplicates the elements to guarantee the continuity of the service in case of failure of the principal. The current environment of quasi-world monopolies maximizes this efficiency, much more significant when it comes to data management, but almost completely eliminates the guarantees of impartiality and trust to a single company not only the operation, but also the data and the clientele .
• CHANGE YOUR WAY OF WATCHING THE WORLD
The phenomenon of false news is not something that can be fought in a timely manner or for a specific event (for example, during the three months before the elections). Its effect is translated into a change in the way we understand ourselves and understand the world.

According to the International Robotics Federation, in 2020 there will be more than 1.7 million robots equipped with artificial intelligence in factories around the world. And its implementation as a workforce is just beginning. Currently, 40% of industrial robots are in Japan. Europe has one third of the world’s units, while North America has only 15%. In fact, the industry producing robots and automated solutions is dominated by two Japanese companies (Yaskawa and Fanuc) and two other European companies (ABB and KUKA).
The investment in artificial intelligence and systems associated to it will largely define the degree of development of countries or companies in the near future. Although Europe, especially the largest countries, is betting on these systems, Asia – and China in particular, with more than 300 startups in this sector – is ahead in its involvement and in the development of specific associated programs. to the autonomous capabilities of machines. But, for the time being, it is the United States that sends long in this race, quadrupling the number of small AI companies and still attracting talent thanks to the work culture and way of life that it enjoys.

• ADAPT TO THE FLEXIBILITY, ESPECIALLY TO THE LABOR
The worker of the 21st century will have characteristics very different from those of the operator of the 20th century. The main one has been pointed out for a few years now. The production has prevailed until now on any other consideration and, therefore, all the schemes are subordinated to it. The staff resource will have to be flexible to adapt to the specific circumstances of the market. Flexible in terms of the work to be developed, the place where you will have to execute it and the company for which you provide your services.
• BET ON THE MOST OWN VALUES OF THE HUMANS
Empathy and creativity will acquire increasing value. Since almost all automatable work will be more efficiently done by machines, the most reasonable options for choosing a training will be those that, while still using reason, require more heart. There will be a new boom in the humanities.
• TRAIN YOUR BEHAVIORAL SKILLS
The focus will be on behavioral competencies: the ability to solve problems and work collaboratively will be essential for management positions. This teamwork and collaborative work will take place between humans, and between humans and machines.
• RECYCLE AND RENEW YOUR KNOWLEDGE

The European Union Agency for Network and Information Security (ENISA, for its acronym in English),
identifies as main trends:
• the increasing complexity and sophistication of attacks;
• the improvement in the ability of the attackers to erase their tracks;
• the economic gain obtained after the vast majority of criminal actions in cyberspace;
• the increase of cybercriminal groups that receive funding and instructions from States and are the main concern for other States as well as for companies;
• cyberwar, increasingly present in cyberspace, which is of particular concern to critical infrastructure operators (and services);
• The absolute lack of talent supply to cover the needs of personnel trained in this field.
Google and Facebook have plans to bring the Internet to one hundred percent of the world’s population in the coming years. Four billion digital illiterates will dive in line without knowing how to swim … and without a float. They will thus become easy prey for any Internet user who knows how to navigate from much earlier. What future can the large masses of the population expect in the remote areas of Asia and Africa when, suddenly, they fall asleep in the 20th century (at best) and wake up in a tremendously advanced version of the network of networks ?
Just imagine the digital divide that can be observed daily between different generations of the first world to be able to extrapolate the augmented version of it that will affect half of the world’s population.
The Ministry of Freedom provides everything … except the possibility of being free.

• ADOPTS HYGIENIC BEHAVIORS ALSO IN THE DIGITAL WORLD
Life in the cybernetic environment requires internalizing appropriate behaviors to minimize the risks and threats that exist in cyberspace, but also to take advantage of their opportunities.
• UPDATE AND CARE FOR YOUR COMPUTER ENVIRONMENT, BESIDES PRO-TEGER AND CHANGE YOUR PASSWORDS
• REDUCE YOUR EXPOSURE TO THREATS
Each app, each new connection, each device has its own vulnerability (if there are not several, most likely). The gratuity of the services and the applications in our devices is not coincidence. First of all, they are not really free. But, secondly, the culture of immediacy and the gratuity that is formed makes us react instinctively as compulsive consumers. We tend to ignore the consequences of what we do online because they do not occur, normally, immediately.
• ENJOY YOUR DIGITAL LIFE WITH CALM
Faced with the fashion of fast food, fast food, slow food appeared, slow food. Of course, the name is not particularly original. However, the concept is perfectly extrapolated to our digital life. Why do we have to live faster simply because technology allows it?
• USE THE TECHNOLOGY, THAT SHE DOES NOT TAKE ADVANTAGE OF IT
Smart means “smart”. A device is smarter the more it serves us. A city will never be smart: it will be intelligently designed to serve us better, to be more comfortable for us. Otherwise, we will be building cities and devices for dumb people. A smart city is made up of smart people who know how to take advantage of smart technology.

The World Economic Forum, in its report on global risks presented in 2018, lists ten possible causes of conflict in the future:
1) the bankruptcy of the capacity of the global food production chain and the resulting famines;
2) overfishing and depleting the seas with the application of new technologies such as artificial intelligence;
3) the growing inequality fostered by biotechnology and knowledge technologies;
4) the congestion of cyberspace due to the proliferation of artificial intelligence algorithms that monopolize their capacity;
5) cyberwar in an environment of lack of international regulation;
6) the fragmentation of the Internet by the application of regulatory, protectionist and security measures at the national or regional level;
7) commercial protectionism;
8) chained economic crises that collapse the economic system;
9) the threats of populism to the social and liberal order;
10) Identity conflicts fomented by regionalist separatisms.

• GET THE CITY BLAZING TO ITS INHABITANTS, NOT CITIZENS TO CITIZENS TO THE MEASURE OF THE URBE
During the next half century, the way in which cities solve the exponential growth of their inhabitants, together with the urban challenges derived from climate change and limited resources, will be one of the challenges for all the disciplines dedicated to their planning and design. .
• MAKE A RATIONAL USE OF URBAN RESOURCES
The index of urban habitability will be valued more and more, which measures the environmental conditions that allow a good quality of life for the inhabitants of a city. Although, as up to now, this indicator will remain tied to the political and economic situation of each country or region, which creates almost insurmountable differences between them. For example, in 2018, the five cities with the best quality of life included Vienna, Melbourne, Osaka, Calgary and Sydney; instead, the five worst cities to live in were Port Moresby, Karachi, Lagos, Dhaka and Damascus.
• DEFEND YOUR PRIVACY AND YOUR VALUE AS A PERSON, YOU ARE MUCH MORE THAN DATA
The control of the State or the Administration – the Big Brother – may sound like dystopia, the future embodied in the novels 1984 or A happy world, the world of Blade Runner or the police control of Minority Report (Steven Spielberg, 2002), but It is the logical conclusion of the path taken in recent years of denial of privacy and individuality. In fact, many affirm that the situation is already irreversible and that neither individuals nor societies or their laws are prepared or interested in recovering lost privacy.
• DEFEND MORE SUSTAINABLE CONSUMER PATTERNS
The cities make perfect sense from the economic point of view. The concentration of the activity allows savings in transport costs, generates economies of scale and facilitates innovation. The citizen usually enjoys a higher standard of living, and produce and dispose of more sophisticated items. The dark side of the equation comes from the hand of less sustainable consumption patterns.
• IF YOU CAN GO WALKING, DO NOT MOVE OTHERWISE
• KEEP A CIVIC BEHAVIOR
Coexistence is necessary and enriches, but also requires self-control that enables the daily existence of the community. It is possible to think that a cohabitation as intimate as that which occurs in these urban spaces can not be achieved without a strict application of rules of coexistence that, inevitably, limit the options of people for the benefit of coexistence.

Cyberspace affects all aspects of human life. Also to political activity. It has the potential to make us more free and relevant, more responsible and participatory. In its regulation we will have to rethink our priorities as people. Starting from the Declaration proposed by Barlow could be utopian, but aspiring to the independence it proposes would not be. We have the historic opportunity to define the model of global coexistence, to influence from the environment -from the design of the scenario- the degree of humanity that the society in which we live will have.
For this, it will be necessary an ethical exercise to define the new limits of freedom and privacy, a legal exercise on how to ensure that individual and collective interests are mutually respected and a technical exercise that supports the decision taken.
The questions that arise when regulating cyberspace are deep and could involve subordinating the pace of implementation and the usability of technologies to the human capacity to assume them, and not only to the commercial interests of their generators. To answer them, we will have to understand, in the first place, what cyberspace means and what its risks and opportunities are.
The problem will be how to approach that transition from the current situation towards a world of cyborgs and augmented realities. A way to face it that will have, at least, three different levels that will affect each and every one of us:
1) the individual level, defined by our attitude much more than by our aptitudes;
2) the collective level, which adopts the city in which we live, the country in which we pay the taxes or the company in which we work;
3) the global level, which will be given by how the whole of humans decide to use these new tools.

Social networks have committed numerous errors and abuses in the monetization of the information we share in them. They have served as instruments for misinformation and have probably altered the way we communicate.
The most recent statistics on the phenomenon of loneliness -one of the scourges that, paradoxically, we suffer especially in urban agglomerations- do not indicate that the use of social networks mitigates mainly the lack of relationships. The opinions show an almost identical distribution between those people who consider that they help them and those who see them as something harmful.
The world is changing. It is changing depending on the available technology. But that’s not new. The world has always changed adapting the advances that are available to make our life more comfortable in it. From the biblical mandate, if you like, to dominate the Earth, the human being has dedicated himself to doing so by first contributing his own strength, complementing it with tools later, with the help of animals and then machines, and now also managing the world of information.
Surviving in the 21st century world will mean being able to adapt to its new norms. Norms that have not yet been dictated and that are emerging from the confrontation of the interests of institutions, companies and citizens. It is unlikely that any of the three will end up imposing their conditions in an absolute manner, but the point of compromise that is reached can vary very substantially depending on who is able to take the initiative and then sustain the effort.
Understanding the environment in which we will live will be fundamental. To achieve this, it will not require a certain technological knowledge -which will almost be taken for granted, as if it were “standard equipment” for the human being- as well as the ability to integrate this technology into people’s lives and, very importantly, in the of the societies.
There are already three fundamental pillars in the Anglo-Saxon world: IQ, EQ and AQ. The IQ (Intelligence Quotient) would be the classic IQ, which measures the intelligence of people and has been the most valued traditionally. The EQ (Emotional Quotient) is emotional intelligence, the ability to empathize and relate, something that today has its reflection in a world guided by reputation. Finally, the AQ (Adversity Quotient) would be the adversity coefficient, that is, the resilience: the capacity for adaptation, resistance and learning that a person has. In the environment of permanent and accelerated change in the society of the 21st century, the coefficient of adversity – the AQ – becomes the measure of the survival capacity of the best adapted.
Today, humanity faces unprecedented challenges and challenges in terms of the margin of action and error that we have. The sociological problems degenerate into massive migrations, employment crises and growing inequality. They combine and increase with the environment, which add the need to find the formula for an orderly transition to new forms of production, storage and distribution of energy. At this moment, economic considerations play a fundamental role in the redistribution of wealth between nations, between companies and between people. And everything takes place in the new world in which we live, the new digital biosphere in which we navigate and which, in many cases, we design more to cover the holes of past problems than to build an unthinkable future until recently.
The exponential advance of knowledge makes the pace of learning and development accelerate.

We have always defined ourselves as rational beings to differentiate ourselves from the rest of the animals; let’s redefine ourselves now so as not to be confused with the machines we build.

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