El Poder De Las Historias. O Cómo Han Cautivado Al Ser Humano, De La Ilíada A Harry Potter — Martin Puchner / The Written World: The Power of Stories To Shape People, History, And Civilization by Martin Puchner

Esta obra magnífica es un tributo a los libros y la literatura. Comienza con la carrera espacial entre EStados Unidos y la Unión Soviética. A Gagarin no se le ocurrió llevarse El manifiesto comunista al espacio, sin embargo, a su triunfal regreso a la Tierra debió de inspirarse en sus ideas cuando declaró: «Miré y miré, pero no vi a Dios». En el espacio se estaba librando una cruenta batalla de ideas y de libros: Gagarin había vencido a Borman en su carrera al espacio, pero Borman se había impuesto allí arriba con un poderoso texto fundacional.
La lectura del Génesis por parte del Apolo 8 puso también de manifiesto la importancia de las tecnologías creativas que había detrás de la literatura, inventadas en distintas partes del mundo y solo puestas en común de manera gradual. Borman había escrito los versículos del Génesis utilizando un alfabeto, el código escrito más eficiente, creado en Grecia, y había escrito aquellas palabras en un papel, un material muy práctico originario de China, que llegó a Europa y América a través del mundo árabe. Había copiado los versos de una Biblia que había sido encuadernada en forma de libro, un invento romano muy útil, y cuyas páginas estaban impresas, otra invención china que más tarde se desarrollaría ampliamente en el norte de Europa.
“El poder de las historias” se trata de una tecnología que dio forma a nuestro mundo / … la forma en que vemos el mundo y también la forma en que actuamos sobre él. El autor hace un excelente trabajo al presentar esta complicada historia mediante la selección de elementos clave y cómo interactúan entre sí y con la historia. Una tarea difícil porque las tecnologías de narración y escritura ciertamente no siguieron nada bien un camino lineal.
Martin Puchner modifica hábilmente esta excelente obra en cuatro etapas: 1) La primera etapa estuvo dominada por pequeños grupos de escribas; 2) Maestros carismáticos como el Buda, Sócrates y Jesús; 3) Autores individuales respaldados por innovaciones que facilitaron el acceso a la escritura; y 4) la era de la producción en masa y la alfabetización en masa.
A lo largo de esta historia de la palabra escrita están las revoluciones: el alfabeto, el papel, la impresión, el pergamino y otras tecnologías nuevas que transformaron radicalmente la literatura; cambiando no solo cómo se distribuye y lee la literatura, sino también cómo se escribe, a medida que los autores se ajustan a estas nuevas realidades.
El libro va de Alejandro Magno a la Epopeya de Gilgamesh, a la Sagrada Escritura, a los maestros carismáticos, al Cuento de Genji a Las mil y una noches al Guttenberg. Presiona al Popol Vuh, a Don Quijote, a Benjamin Franklin, a Goethe en Sicilia. El Manifiesto Comunista del Estado Soviético a la Epopeya de Sunjata a la Literatura Colonial Posterior a su finalización en el capítulo final: De Hogwarts a la India.
El libro cubre mucho territorio y muchas sorpresas en el camino. Aprendí bastante sobre la historia del mundo que no tenía idea.
Hay otro ángulo de esta historia que realmente impulsó mi deseo de leer este trabajo. Ese es el aspecto antes y después del orador contra la palabra; que concierne a las raíces mismas de la narración misma. Contar historias es un arte antiguo en el sentido de Picasso / arte es la mentira que nos permite realizar la verdad. Arte & amp; La literatura no puede entenderse completamente sin considerar el contexto sociopolítico-cultural en el que se producen. Dentro del relato se encuentra la esperanza de la autotransformación y un mundo mejor. El verdadero potencial simbólico de los cuentos es designar formas para crear un mundo en el que queremos vivir aquí y ahora. La naturaleza autónoma original de los cuentos populares, por ejemplo; era social, ya que buscaban celebrar la capacidad de la humanidad para transformar lo mundano en una utopía como parte de un proyecto comunitario. Hoy, como lectores, vemos esas viejas proyecciones orales de tales impulsos utópicos sociales que están siendo contaminados por la marca corporativa, bajo una alquimia de producción masiva de productos básicos. El antiguo orador de esos cuentos populares conocía a su público y leía sus sonrisas y expresiones en sus caras, como él o ella contaba los cuentos; un especialista moderador que transformó las complejidades de la época en donde el mundo de los oyentes se transformó en uno de sentido común, haciendo que lo difícil ya no parezca extraño. La ilusión de imperio que gobernaba el mundo de estos oyentes fue transformada de manera alquímica por estos ingeniosos narradores, un hechizo que rompe las intrusiones ilegales de los gobernantes por su esfera de autoridad, en la que los gobiernos y los señores feudales trabajaron mano a mano para proteger y proteger. Al final de estos cuentos de talentosos narradores, los oyentes comenzaron a preguntarse: ¿y si los señores feudales [1%] no existieran? ¿Y si su regla fuera reemplazada por el sentido común? ¿Entonces que?
En esta transformación, las nuevas tecnologías de la escritura tomaron estos cuentos populares y cuentos de hadas y los transformaron en la página. Desafortunadamente, la forma artística del orador de temas anti-establishment también se transformó. En el momento en que la página de la historia se vuelve literalmente; así también el mensaje se transforma en uno enmarcado para soportar el status quo. Mientras tanto, entre los oradores y la palabra, están los últimos oradores conocidos de Picasso como los que se muestran en este libro: Buda, Confucio, Sócrates y Jesús. Lo que estos nuevos maestros [terminología del autor] tenían en común es que NO escribieron. En su lugar, insistieron en reunir a los estudiantes a su alrededor a través del diálogo, hablando cara a cara. No era tanto enseñar, sino desmedir, deshacer los antiguos hábitos de la mente y la vida. Una cosa que estos oradores rebeldes sabían de inmediato: si permitieran que se escribiera un mensaje, estas palabras estarían en manos de quienes controlan las nuevas tecnologías [los medios de prensa de hoy en día]. Sócrates, por ejemplo, se pronunció contra las oligarquías que amenazaban la democracia y era básicamente un suicidio por atreverse a decir las verdades al poder. Como otros rebeldes antes que él, Jesús pudo haber escrito textos, pero decidió no hacerlo. Se negó a crear sus propios escritos [pensar críticamente sobre este lector].
Mientras se estaba produciendo esta transformación, un personaje preguntó / No sé por qué la gente quiere comprar estos cuentos encuadernados en un libro. El narrador conduce a una audiencia a través del inframundo. No es prudente navegar por estos lugares sin una guía. Es, después de todo, el viaje para ser atesorado, no el destino.
¿Qué se preguntará el lector cuando lea literatura de hoy? Ha progresado literalmente la tecnología; ¿O, regresado de la forma de arte del orador?
¿Se perdió algo en la traducción?

Puchner, profesor de inglés y literatura comparada en Harvard, guía al lector a través de un recorrido cronológico de la historia de la palabra escrita. De la Epopeya de Gilgamesh: la primera narrativa literaria registrada que se descubrió a mediados del siglo XIX por Austen Henry Layard, cerca de lo que hoy es Mosul, Irak y lo que se cree que es la ubicación aproximada de la antigua ciudad bíblica de Ninevah. que se escribió en cuneiforme en tabletas de arcilla: a través de las epopeyas homéricas, la Biblia de Ezra, Don Quijote, la poesía de Derek Walcott y las fantasías de JK Rowling y G.R.R. Martin, el autor postula el profundo efecto de la literatura en nuestra civilización en general.
El macedonio, Alejandro Magno apreciaron obras como la Ilíada y la Odisea, difundiendo su influencia y la lengua griega en todo Egipto y el Levante. Él construyó la gran biblioteca en Alejandría como un testimonio de la proliferación de todas las cosas griegas. Antes de él, el rey mesopotámico, Ashurbanipal (circa 668 aC), había sido entrenado como escriba y era responsable de muchas reproducciones de la mencionada epopeya de Gilgamesh, posiblemente incluso la descubierta por Layard. La epopeya contiene el arquetipo de la historia del gran diluvio que luego se incluyó en el Antiguo Testamento, otro texto fundamental, que fue registrado por un judío llamado Ezra. Ezra también era un escriba, una de las personas que habían sido exiliadas de Jerusalén. Se le atribuye la elevación del texto fundacional de lo que se conoció como la Santa Biblia a un documento sagrado, “en sí mismo un objeto de adoración”.
Puchner continúa convenciendo al lector del poder de una buena historia. Ejemplos como Las mil y una noches árabes, posiblemente la primera antología de cuentos, dan crédito a su tesis. Explica cómo mentores filosóficos como Confucio, Sócrates o Jesús difunden sus enseñanzas oralmente, sin registrar ninguno de sus principios básicos tan queridos por sus seguidores; y cómo los discípulos de estas poderosas figuras usaron la escritura para propagar su mensaje.
Elabora sobre la historia de la imprenta; la forma en que el tipo automatizado fue integral para el avance de ideas influyentes que condujeron a importantes movimientos revolucionarios a lo largo de la historia. Piensa en el sentido común o en el manifiesto comunista. Nos ilumina a textos fundacionales menos conocidos, tales como: El Popol Vuh de los mayas, que fue suprimido y quemado por los conquistadores españoles en el Gran Auto-Da-Fe de 1562; The Epic of Sunjata, la literatura que germinó en Mali y que ha sobrevivido exclusivamente en el medio oral, esencialmente una representación, nunca se ha escrito hasta hace muy poco tiempo; y el poema épico Omeros del premio Nobel, Derek Walcott, una obra que aspira a la grandeza homérica sobre su tierra natal de Santa Lucía.
“El poder de las historias” está tan lleno de historia fascinante que mantendrá al lector curioso hasta las páginas finales. También contiene muchas fotos, mapas e ilustraciones, así como un compendio completo de notas textuales para complementar la experiencia de lectura. Puchner establece un tono personal al inyectar parte de su propia historia de metodología de investigación y viaje emprendedor que ayuda al lector a identificarse con el autor, calentando el trabajo más allá del ámbito del libro de texto. En conclusión, señala que hay más personas alfabetizadas que nunca en la historia, lo que significa que, con los blogs, las autoediciones y demás, más personas están escribiendo. Entonces, en celebración de su conquista, quizás los primeros hombres en llegar a Marte elegirán una lectura del Evangelio, tuya o mía.

La epopeya de Gilgamesh no solo pedía a sus lectores que admirasen la civilización urbana y que temblasen ante su destrucción, sino que también se jactaba de las tablillas en las que estaba escrita la historia, pues, a diferencia de muchos otros poemas épicos, como los de Homero que se imaginan cantados en directo, Gilgamesh incorporaba la escritura. El hecho de estar escrito convierte a su héroe, Gilgamesh, en el autor de su propio relato:
Gilgamesh, que vio lo Profundo, los cimientos del país,
que conocía…, era sabio en todas las cosas…
Vio lo que era secreto, descubrió lo que estaba oculto,
volvió a traer un relato de antes del Diluvio.
Recorrió un largo camino, estaba fatigado, halló la paz,
y fijó todos sus trabajos en una tablilla de piedra.

Gilgamesh fue un rey escritor, y su propia epopeya presumía del logro más trascendental de su cultura: su historia escrita.
Textos fundacionales como La epopeya de Gilgamesh o los poemas épicos de Homero sobrevivieron porque inspiraron a poderosos reyes a crear instituciones que incrementasen su longevidad, pero algunos de estos textos evolucionaron hasta convertirse en algo nuevo: en escrituras sagradas que compartían todas las características de los textos fundacionales, pero con una particularidad añadida. Vinculaban a las personas y les exigían servicio y obediencia, al mismo tiempo que establecían un mecanismo de supervivencia independiente del patrocinio de grandes monarcas como Asurbanipal y Alejandro.
La primera novela de la literatura universal la escribió una dama de compañía de la corte japonesa alrededor del año 1000 e.c.1 Ni siquiera sabemos el verdadero nombre de la autora, que acabó dándose a conocer con el nombre de su inolvidable protagonista femenina: Murasaki. Esta dama de compañía creó un mundo imaginario de biombos, abanicos y poemas totalmente diferente de lo escrito hasta entonces. El relato giraba en torno al romance entre un príncipe degradado al estatus de plebeyo y una mujer aristocrática oculta en la campiña.
La novela de Genji se había convertido en una intrincada narración de gran profundidad y elegancia.
La autora conocía de primera mano la vida tan restringida que llevaban las mujeres en la corte japonesa. Como hija de un gobernador de provincias, estaba un peldaño por debajo de la esfera de la protagonista del libro, pero aun así formaba parte del mundo que describía. Para poder desenvolverse en aquel mundo, Murasaki Shikibu había aprendido a componer breves poemas en japonés, pero la poesía y caligrafía consideradas apropiadas para una mujer de su posición no la satisfacían. Ante todo quería aprender el misterioso y desafiante sistema de escritura chino, un conocimiento que le granjearía el acceso a las antiguas tradiciones literarias de China, tan veneradas en Japón. Sin embargo, la literatura china estaba reservada tradicionalmente a los hombres.

Popol Vuh, el Libro del Consejo, a aquella gran obra. La compusieron usando el alfabeto romano, pero para escribir en su propia lengua. Este libro conservó lo más valioso de su cultura y al mismo tiempo proporcionó la respuesta a la última pregunta sobre las evidencias mayas, a saber, si los calendarios, con su minuciosa observación de las estrellas, contaban historias como otros textos fundacionales. Resultó que sí: contaban historias ubicadas en el cielo maya.
Lo que más me gusta del Popol Vuh es el mito de creación, la creación del cielo-tierra, como llaman al universo, a partir de la materia informe. El principal creador es la Majestuosa Serpiente Emplumada, un «Creador, Hacedor», pero no está solo. En una rápida sucesión se nos presenta un elenco completo de criaturas divinas, que enseguida acometen la difícil tarea de crear a los humanos. Utilizan barro y madera tallada, pero fracasan en los diversos intentos porque las criaturas se caen a trozos o no pueden hablar, no son más que animales. Aquí la creación se describe como algo difícil, como un experimento que puede salir mal, hecho que introduce una nota de humor en el sublime acontecimiento.
Lo que gusta del Popol Vuh es el mito de creación, la creación del cielo-tierra, como llaman al universo, a partir de la materia informe. El principal creador es la Majestuosa Serpiente Emplumada, un «Creador, Hacedor», pero no está solo. En una rápida sucesión se nos presenta un elenco completo de criaturas divinas, que enseguida acometen la difícil tarea de crear a los humanos. Utilizan barro y madera tallada, pero fracasan en los diversos intentos porque las criaturas se caen a trozos o no pueden hablar, no son más que animales. Aquí la creación se describe como algo difícil, como un experimento que puede salir mal, hecho que introduce una nota de humor en el sublime acontecimiento.
Lo que me atrae de los mitos de creación en general es que ponen de manifiesto la capacidad de la literatura para crear mundos.

Rowling utilizaba la estructura y el tono moral de los cuentos de hadas con mucha precisión. Lo que más me gustó fue el comentario: había un comentario de Dumbledore y después el comentario de Rowling sobre el comentario de Dumbledore. Todo esto ponía de manifiesto la manera en que textos aparentemente simples adquirían nuevos significados a través de interpretaciones posteriores.
Harry Potter me recordó a un batiburrillo que toma préstamos de novelas medievales de un modo que volvería loco a Cervantes (cuando les pregunto a novelistas acerca de Potter, normalmente reaccionan de forma alérgica como si todavía estuvieran librando la batalla de Cervantes contra los romances medievales). A este revoltijo medieval, Rowling le añade la novela de internado, en la que Harry y sus amigos se preocupan por la popularidad, los abusones y los profesores excéntricos que los inician en el extraño mundo de los adultos. El mundo de fantasía se fundamenta en la realidad vivida de los adolescentes.
Pese a que la historia de Potter está oficialmente terminada, Rowling no ha sido capaz de mantenerse por completo al margen de su creación. Sigue añadiendo nuevas informaciones (como la revelación de que Dumbledore es gay) y recientemente ha escrito una secuela en forma de obra de teatro. No obstante, la vía principal por la que sigue expandiéndose el universo Potter es la comercialización.
Al pensar de nuevo en Rowling, comprendí que quizás era demasiado fácil burlarse de la comercialización descontrolada de productos Harry Potter, de su aparición en toda clase de entretenimiento imaginable, desde las películas y el teatro hasta internet y los parques temáticos. Después de todo, Potter no nació en la sala de reuniones de una empresa ni fue inventado en un departamento de marketing, sino que fue creado por una autora desconocida que, trabajando por su cuenta, fabuló un universo entero.

La característica más asombrosa de la literatura ha sido siempre su capacidad de proyectar la palabra a través del espacio y del tiempo. Internet ha sobrealimentado el primero al permitirnos enviar escritos a cualquier lugar de la tierra en cuestión de segundos. Pero ¿y el tiempo? Al utilizar los últimos cuatro mil años de literatura como guía de los cambios que se producían a mi alrededor, empecé a imaginar a los arqueólogos literarios del futuro. ¿Rescatarán del olvido obras maestras como La epopeya de Gilgamesh?.
La respuesta es más que incierta. La perdurabilidad de los medios electrónicos a lo largo del tiempo constituye un serio problema debido a la rápida obsolescencia de los formatos y programas informáticos. Con suerte, los historiadores del futuro podrán transcodificar conjuntos de datos obsoletos o reconstruir viejos ordenadores para acceder a archivos que de otro modo serían ilegibles (igual que hubo que reconstruir el código cuneiforme en el siglo XIX). Los bibliotecarios nos advierten de que la mejor manera de conservar la escritura de las veleidades de las futuras guerras de formato es imprimirlo todo en papel. Quizás deberíamos tallar nuestras normas en piedra, tal como hicieron los emperadores chinos. No obstante, la lección fundamental que debemos extraer de la historia de la literatura es que la única garantía de supervivencia es el uso continuado: para que perdure en el tiempo, un texto ha de tener la suficiente relevancia como para ser traducido, transcrito, transcodificado y leído por todas y cada una de las generaciones. Y es la educación, no la tecnología, la única que puede garantizar el futuro de la literatura.
No importa lo que encuentren los futuros historiadores, ellos comprenderán mejor que nosotros lo transformadora que habrá sido nuestra actual revolución de la escritura. Lo que sí podemos decir con toda seguridad es que la población mundial ha crecido al mismo tiempo que han aumentado exponencialmente los índices de alfabetización, y eso significa que se escribe, se publica y se lee infinitamente más que antes. Estamos al borde de una segunda gran explosión: el mundo escrito está listo para un nuevo cambio.

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This magnificent work is a tribute to books and literature. Start with the space race between the United States and the Soviet Union. Gagarin did not think to take The Communist Manifesto into space, however, his triumphant return to Earth must have been inspired by his ideas when he declared: “I looked and looked, but I did not see God.” A bloody battle of ideas and books was being fought in space: Gagarin had defeated Borman in his race to space, but Borman had imposed himself up there with a powerful foundation text.
The reading of Genesis by Apollo 8 also showed the importance of the creative technologies behind the literature, invented in different parts of the world and only put in common gradually. Borman had written the verses of Genesis using an alphabet, the most efficient written code, created in Greece, and had written those words on paper, a very practical material originating in China, which reached Europe and America through the Arab world. He had copied the verses of a Bible that had been bound in the form of a book, a very useful Roman invention, and whose pages were printed, another Chinese invention that would later develop widely in northern Europe.
The Written Word is a about a technology that shaped our world/…the way we see the world and also the way we act upon it. The author does a superb job of laying out this complicated storyline by selection key elements and how they interacted with each other and history. A difficult task because storytelling and writing technologies certainly didn’t follow anything neat a linear path.
Martin Puchner deftly fashions this fine work into four stages: 1) The first stage was dominated by small groups of scribes; 2) Charismatic teachers such as the Buddha, Socrates, and Jesus; 3) Individual authors supported by innovations that made access to writing easier; and 4) The era of mass production and mass literacy.
Throughout this story of the written word are revolutions: the alphabet, paper, print, parchment and other new technologies that radically transformed literature; changing not only how literature is distributed and read but also how it is written, as authors adjust to these new realities.
The book goes from Alexander the Great to the Epic of Gilgamesh to the Holy Scripture to the charismatic teachers to the Tale of Genji to One Thousand and One Nights to the Guttenberg Press to The Popol Vuh to Don Quixote to Benjamin Franklin to Goethe in Sicily to The Communist Manifesto to the Soviet State to The Epic of Sunjata to Post Colonial Literature to wrapping it up in the final chapter: From Hogwarts To India.
The book covers a lot of territory and a lot of surprises on the way. I learned quite a bit about the world’s history I had no idea about.
There is another angle to this story that actually drove my desire to read this work. That is the before and after aspect of the orator versus the word; which concerns the very roots of storytelling itself. Storytelling is an ancient art in the Picasso sense/art is the lie that enables us to realize truth. Art & literature cannot be fully understood without considering the socio-political-cultural context in which they are produced. Within the tale lies the hope of self-transformation and a better world. The real symbolic potential of tales is to designate ways for creating a world in which we want to live here and now. The original autonomous nature of folk tales, for example; was a social one, for they sought to celebrate humankind’s capacity to transform the mundane into a utopia as part of a communal project. Today, as readers, we see those old oral projections of such social utopian impulses being polluted by corporate branding, under an alchemy of mass commodity production. The ancient orator of those folk tales knew his audience and read their smiles and expressions on their faces, as he or she told the tales; a moderating specialist who transformed the complexities of the age to where the listeners’ world was transformed into one of common sense, making the difficult no longer appear uncanny. The illusion of empire that ruled these listener’s world were alchemically transformed by these artful storytellers, a spell breaking of the rulers’ unlawful intrusions by their sphere of authority, in which governments and feudal lords worked hand in hand to guard and protect. By the end of these gifted storyteller’s tales, the listener’s began asking themselves/What if the feudal lords[1%] didn’t exist? What if their rule was replaced by common sense? What then?
In this transformation the new technologies of writing took these folk tales and fairy tales and transformed them to the page. Unfortunately the orator’s art form of anti-establishment themes were also transformed. By the time the page of history literally turns; so too does the message transform into one framed to support the status quo. In the interim, between the orators and the word, comes the last well known Picasso orators like those showcased in this book: Buddha, Confucius, Socrates, and Jesus. What these new teachers[author’s terminology] had in common was that they did NOT write. Instead, they insisted on gathering students around them through dialogue, talking face-to-face. It wasn’t teaching so much as unteaching, undoing former habits of mind and life. One thing these rebel orators knew right off: If they allowed there message to be written down, these words would be in the hands of those controlling the new technologies[today’s mainstream press media]. Socrates, for example spoke out against the oligarchies that threatened democracy and was basically suicide for daring to speak truths to power. Like other rebels before him Jesus could have written texts down, but he chose not to. He refused to create writing of his own[critically think about this reader].
As this transformation was taking place a character asked/I do not know why people want to buy these tales bound up in a book. The storyteller leads an audience through the underworld. It is unwise to navigate these places without a guide. It is, after all, the journey to be treasured, not the destination.
What the reader will be asking himself or herself when they read literature of today? Has technological literally progressed; or, regressed from the orator’s art form?
Was something lost in translation?

Puchner, a professor of English and Comparative Literature at Harvard, guides the reader through a chronological tour of the history of the written word. From the Epic of Gilgamesh– the first known recorded literary narrative, which was discovered in the mid 19th century by Austen Henry Layard near what is today Mosul, Iraq and what is thought to be the approximate location of the ancient biblical city of Ninevah and which was written in Cuneiform on clay tablets– through the Homeric epics, Ezra’s Bible, Don Quixote, to the poetry of Derek Walcott and the fantasies of J.K. Rowling and G.R.R. Martin, the author postulates the profound effect of literature on our civilization writ large.
The Macedonian, Alexander the Great cherished works like the Illiad and The Odyssey, spreading their influence as well as the Greek language, throughout Egypt and the Levant. He built the great Library at Alexandria as a testament to the proliferation all things Greek. Before him, The Mesopotamian king, Ashurbanipal (circa 668 B.C.E.), had been trained as a scribe and was himself responsible for many reproductions of the aforementioned Epic of Gilgamesh, possibly even the one discovered by Layard. The epic contains the archetype of the tale of the great flood later included in the Old Testament, another foundational text, which was to be recorded by a Judean named Ezra. Ezra was also a scribe, one who’s people had been exiled from Jerusalem. He is credited with elevating the foundational text of what became known as the Holy Bible to a sacred document, “itself an object of worship”.
Puchner goes on to convince the reader of the power of a good story. Examples such as A Thousand and One Arabian Nights, possibly the first anthology of tales, lend credence to his thesis. He explains how philosophical mentors like Confucius, Socrates or Jesus spread their teachings orally, never recording any of their basic tenets held so dear by their followers; and how the disciples of these powerful figures used writing to propagate their message.
He elaborates on the history of printing; how automated type was integral to the advancement of influential ideas leading to major revolutionary movements throughout history. Think Common Sense or The Communist Manifesto. He enlightens us to lesser known foundational texts such as: The Popol Vuh of the Mayan, which was suppressed and burned by the Spanish Conquistadors in the Great Auto-Da-Fe of 1562; The Epic of Sunjata, literature germinating from Mali that has survived exclusively in the oral medium, essentially a performance, never having been written down until very recently; and the epic poem Omeros by Nobel laureate, Derek Walcott, a work which aspires to Homeric grandeur about his homeland of St. Lucia.
The Written World is so chock-a-block with fascinating history, it will keep the curious reader riveted till the final pages. It also contains many photos, maps and illustrations as well as a complete compendium of textual notes to supplement one’s reading experience. Puchner sets a personal tone by injecting some of his own story of research methodology and enterprising travel that helps the reader identify with the author, warming the work beyond the realm of the textbook. In conclusion, he notes that more people are literate than ever before in history which means that, with blogs, self publishing and the like, more writing is being done by more people. So, In celebration of their conquest, perhaps the first men to reach Mars will choose a reading from the Gospel of you or me.

The epic of Gilgamesh not only asked his readers to admire urban civilization and tremble before its destruction, but also boasted of the tablets on which the story was written, because, unlike many other epic poems, such as of Homer who imagine themselves sung live, Gilgamesh incorporated writing. The fact of being written turns his hero, Gilgamesh, into the author of his own story:
Gilgamesh, who saw the Profound, the foundations of the country,
who knew …, was wise in all things …
He saw what was secret, he discovered what was hidden,
He brought back a story from before the Flood.
He traveled a long way, he was fatigued, he found peace,
and he fixed all his works on a stone tablet.
Gilgamesh was a writer king, and his own epic boasted of the most transcendental achievement of his culture: his written history.
Founding texts such as The Epic of Gilgamesh or the epic poems of Homer survived because they inspired powerful kings to create institutions that would increase their longevity, but some of these texts evolved into something new: in sacred writings that shared all the characteristics of texts foundational, but with an added peculiarity. They linked people and demanded service and obedience, at the same time establishing a survival mechanism independent of the patronage of great monarchs such as Asurbanipal and Alejandro.
The first novel of universal literature was written by a lady of the Japanese court around the year 1000 e.c.1 We do not even know the real name of the author, who ended up becoming known by the name of his unforgettable female protagonist: Murasaki. This lady of company created an imaginary world of screens, fans and poems totally different from what was written until then. The story revolved around the romance between a prince degraded to the status of plebeian and an aristocratic woman hidden in the countryside.
Genji’s novel had become an intricate narrative of great depth and elegance.
The author knew first hand the life so restricted that women were in the Japanese court. As the daughter of a provincial governor, she was one step below the sphere of the book’s protagonist, but she was still part of the world she described. To be able to function in that world, Murasaki Shikibu had learned to compose short poems in Japanese, but the poetry and calligraphy considered appropriate for a woman in her position did not satisfy her. First of all, he wanted to learn the mysterious and challenging Chinese writing system, a knowledge that would gain him access to the ancient Chinese literary traditions, so revered in Japan. However, Chinese literature was traditionally reserved for men.

Popol Vuh, the Book of the Council, to that great work. They wrote it using the Roman alphabet, but to write in their own language. This book preserved the most valuable of its culture and at the same time provided the answer to the last question about the Mayan evidences, namely, whether the calendars, with their meticulous observation of the stars, told stories like other founding texts. It turned out that yes: they told stories located in the Mayan sky.
What I like most about the Popol Vuh is the myth of creation, the creation of the sky-earth, as they call the universe, from the formless matter. The main creator is the Majestic Feathered Serpent, a “Creator, Maker”, but he is not alone. In a rapid succession we are presented with a complete cast of divine creatures, who immediately embark on the difficult task of creating humans. They use mud and carved wood, but they fail in the various attempts because the creatures fall into pieces or can not speak, they are just animals. Here the creation is described as something difficult, as an experiment that can go wrong, a fact that introduces a note of humor in the sublime event.
What you like about the Popol Vuh is the myth of creation, the creation of the sky-earth, as they call the universe, from the formless matter. The main creator is the Majestic Feathered Serpent, a “Creator, Maker”, but he is not alone. In a rapid succession we are presented with a complete cast of divine creatures, who immediately embark on the difficult task of creating humans. They use mud and carved wood, but they fail in the various attempts because the creatures fall into pieces or can not speak, they are just animals. Here the creation is described as something difficult, as an experiment that can go wrong, a fact that introduces a note of humor in the sublime event.
What attracts me to creation myths in general is that they reveal the capacity of literature to create worlds.

Rowling used the structure and moral tone of fairy tales very accurately. What I liked most was the comment: there was a comment from Dumbledore and then Rowling’s comment about Dumbledore’s comment. All this showed the way in which apparently simple texts acquired new meanings through later interpretations.
Harry Potter reminded me of a hodgepodge who takes loans from medieval novels in a way that would drive Cervantes crazy (when I ask novelists about Potter, they usually react in an allergic way as if they were still fighting the battle of Cervantes against medieval romances) . To this medieval jumble, Rowling adds the boarding novel, in which Harry and his friends worry about popularity, the bullies and eccentric teachers who start them in the strange world of adults. The fantasy world is based on the lived reality of adolescents.
Although Potter’s story is officially over, Rowling has not been able to stay completely apart from her creation. He continues to add new information (such as the revelation that Dumbledore is gay) and has recently written a sequel in the form of a play. However, the main route through which the Potter universe continues to expand is commercialization.
Thinking back to Rowling, I realized that perhaps it was too easy to make fun of the uncontrolled commercialization of Harry Potter products, of their appearance in every kind of entertainment imaginable, from movies and theater to the internet and theme parks. After all, Potter was not born in the meeting room of a company nor was it invented in a marketing department, but was created by an unknown author who, working on his own, fabulized an entire universe.

The most amazing characteristic of literature has always been its ability to project the word through space and time. The Internet has supercharged the first by allowing us to send writings to any place on earth in a matter of seconds. But what about the time? By using the last four thousand years of literature as a guide to the changes that were taking place around me, I began to imagine the literary archaeologists of the future. Will they rescue masterpieces such as The Epic of Gilgamesh from oblivion?
The answer is more than uncertain. The durability of electronic media over time is a serious problem due to the rapid obsolescence of computer formats and programs. Hopefully, historians of the future will be able to transcode obsolete datasets or rebuild old computers to access files that would otherwise be unreadable (just as the cuneiform code had to be reconstructed in the 19th century). Librarians warn us that the best way to preserve the writing of the vagaries of future format wars is to print everything on paper. Perhaps we should carve our standards in stone, just as the Chinese emperors did. However, the fundamental lesson that we must draw from the history of literature is that the only guarantee of survival is continued use: for it to last over time, a text must have sufficient relevance to be translated, transcribed, transcoded and read by each and every generation. And it is education, not technology, the only one that can guarantee the future of literature.
No matter what future historians find, they will understand better than we how transformative our current writing revolution will have been. What we can say with complete certainty is that the world population has grown at the same time as literacy rates have increased exponentially, and that means that it is written, published and read infinitely more than before. We are on the verge of a second big explosion: the written world is ready for a new change.

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