El País De La Desmemoria. Del Genocidio Franquista Al Silencio Interminable — Juan Miguel Baquero / The Country Of Forgetfulness. From The Francoist Genocide To The Endless Silence by Juan Miguel Baquero (spanish book edition)

Me ha parecido un magnífico libro que ahonda en cosas que no encuentro explicación racional en España. El país de la desmemoria es el abandono de los derrotados. «La realidad falseada, el descrédito salpicado de olvido estratégico. Como si fuera posible sepultar todos los nombres». Tiene mucha razón. La mentira, la difamación, el silencio fueron impuestos por la dictadura para acabar de doblegar a los supervivientes de un infierno y a sus descendientes, inmersos en un purgatorio eterno, culpables por estar vivos y castigados por no pertenecer al club de los elegidos. Si el abandono es la base de la desmemoria, el miedo la alimenta.

Fascistas y nazis convierten la línea costera en una trampa y la huida en una carnicería. Será el mayor crimen de guerra de la guerra civil española: La Desbandá. Los números de esta masacre andaluza, en la huida de Málaga hacia Almería, no son concluyentes. Varían según las diversas investigaciones. En cifras redondas supera los 5.000 muertos en un río humano compuesto por más de 200.000 refugiados asediados por tierra, mar y aire. Miles de mujeres, ancianos, niñas y niños, derrotados y atacados mientras se limitaban a huir, sin presentar batalla. La desesperada migración muta en un inédito drama humanitario. La interminable columna de mujeres con sus bebés e hijos pequeños, los ancianos, la mayoría descalzos, son bombardeados desde el mar por la artillería de los cruceros rebeldes. Por tierra les persiguen las tropas italianas, que los van ametrallando. También caen bombas desde el cielo.
La Guerra Civil española es un propicio banco de pruebas para la futura Segunda Guerra Mundial, y Hitler y Mussolini no lo desaprovechan. La Desbandá también sirve como ensayo bélico. Les vale como prólogo del conflicto internacional que el führer y el duce provocarán pronto. En España ensayan sus armas nuevas, aportando de paso al futuro caudillo español un apoyo decisivo. Sin el sostén de la bestia totalitaria, materializado en tropas de infantería, armamento y aviones, quizás nunca hubiera llegado la victoria de Franco en España.
Estas matanzas de civiles lejos del frente bélico ejemplifican la voluntad genocida del franquismo: la orden de aniquilar al adversario social y político para evitar la resistencia, como principal estrategia para ganar la guerra, y la pedagogía del terror y la violencia extrema como herramientas. Un afán terrorista que resultó, entre otras cosas, en la cifra de al menos 114.226 desaparecidos forzados, cuyos cadáveres acabaron enterrados como perros en 2.500 fosas comunes.
La anomalía reina en España, un país que ha sido capaz de abrir la vía judicial para las dictaduras de Augusto Pinochet en Chile y de Jorge Rafael Videla en Argentina aplicando los principios del derecho universal. Pero que también ha sido capaz de boicotear la única causa abierta en el mundo para juzgar al franquismo, la Querella Argentina. Porque España ignora el mandato de Naciones Unidas y nunca llevó ante un juez a los verdugos y torturadores, ni ha investigado judicialmente las prácticas represivas organizadas más duraderas de Europa. Porque España no anuló tampoco los juicios franquistas que terminaron con condenas a muerte, penas de reclusión, cuantiosas multas o depuración profesional.
España es el país de la desmemoria. Una tierra enmarañada en la lectura parcial de su propio relato, que ha vendido durante años una visión equidistante o directamente apologética de su cruel pasado reciente como alimento propiciatorio del franquismo sociológico. Un país en donde muchos todavía no entienden que para ser demócrata hay que empezar siendo antifascista.
El futuro régimen franquista surge de una pretendida «cruzada» contra el infiel, disfrazado de «rojo». Una fantasiosa reconquista infernal y cruenta de la que nacerá una dictadura corrupta hasta la médula y asentada sobre fosas comunes y desaparecidos forzados. Porque el terco complot contra la República está basado en el odio de clases. En las guerras civiles quienes tienen el monopolio de la violencia, junto a las fuerzas policiales, suelen usar su intervención para acaparar el poder. Y las derechas, como némesis, trazan un rumbo fijo hacia el exterminio de la experiencia democrática.
La división entre vencedores y vencidos ha sobrevivido a cuatro décadas de dictadura y otras tantas de democracia. Y resiste más allá de la construcción de una Transición que siempre ha sido vendida oficialmente como «ejemplar» pero que nunca fue capaz de juzgar, ni siquiera poner en cuestión, el genocidio fundacional del franquismo. El dilema antagónico acabó resuelto en una España que olía a pólvora. En un enfrentamiento cainita. Como ocaso de la democracia, amaneció la era del fascismo.

¿Qué empresas usaron a esclavos del franquismo? La explotación económica de los vencidos llevó a la dictadura de Franco al extremo de emplear a más de 400.000 presos políticos como trabajadores forzados. Obreros usados como botín de guerra por compañías privadas en la mayoría de los sectores productivos, incluidas importantes sociedades que actualmente cotizan en el Ibex 35 y que desde la misma contienda o desde el final de la guerra se beneficiaron por el hecho de disponer de mano de obra gratuita que les facilitaba el bando franquista o sus posteriores gobiernos. El ejército sublevado, la Iglesia e instituciones públicas los utilizaron para afrontar el necesario avance en el esfuerzo bélico e inmediatamente después en la tarea de «reconstruir» un país asolado por la guerra que provocó el fallido golpe de Estado fascista.
El franquismo diseñó un entramado laboral construido a expensas de reclusos que fueron sometidos a un régimen limítrofe con la esclavitud.
Los mecenas de la conspiración contra la República también vieron recompensado su apoyo al estallido golpista. Franco, corruptor y corrupto, acumuló sueldos, comisiones, regalos y gratificaciones. Desde el holding empresarial de El Pardo amasó una riqueza que hoy sigue en manos de sus herederos. En agosto de 1940, en un país todavía humeante, roto, destruido por la contienda, acumulaba una cifra cercana a lo que ahora serían cuatrocientos millones de euros. Es el lado oscuro, e ilegal, de un patrimonio que fue engordando durante cuarenta años al calor de la corrupción sistémica del régimen franquista.
Francisco Franco (El Ferrol, 4 de diciembre de 1892-Madrid, 20 de noviembre de 1975) recibió incontables «regalos», como el forzoso agasajo que fue el regalo del Pazo de Meirás o un todoterreno con el que le obsequió Adolf Hitler y que está custodiado por Patrimonio Nacional. Luego acumuló décadas en las que todo era posible bajo su manto omnipotente. Como la gratificación mensual de 10.000 pesetas que recibía de la compañía Telefónica o una nómina que en 1935 era de 2.493 pesetas y pasó a 50.000 mensuales como caudillo.
El latrocinio arrancó a lo grande. La riqueza del militar rebelde sumaba 34,3 millones de pesetas a poco más de un año del final de la «cruzada» contra la democracia. Una cantidad que, con las subsiguientes adiciones, alcanzaría cifras que dejan en pañales a la trama Gürtel y las cuentas descubiertas en Suiza a nombre de Luis Bárcenas (47 millones de euros) o Francisco Correa (18,6).
Franco lideraba la patria convertido en un gestor avanzado de puertas giratorias. Corruptelas y desarrollo económico van de la mano para permitir a Franco y los suyos amasar riquezas y consolidar el capitalismo español. Las familias del régimen están pobladas de «empresarios de fortuna, falangistas de clase media, funcionarios oportunistas, latifundistas de gatillo fácil, altos cargos a la búsqueda de multinacionales… unidos a la caza del dinero y entrenados en la autarquía de la posguerra para enriquecerse con el desarrollismo a partir de 1959», cuenta Sánchez Soler. En palabras de Viñas: «Si Franco se benefició personalmente de la victoria parece sensato que no pensara mal de quienes también lo hacían» a la sombra oscura del régimen.

A diferencia de otros monarcas europeos, Juan Carlos llegó al trono después de la muerte del dictador Francisco Franco en 1975 sin prácticamente nada, y ha trabajado duro para generar su propia fortuna más allá del presupuesto anual de 8,3 millones de euros», incidía el NYT. Hasta alcanzar un total cercano a los 2.300 millones de euros según el periódico norteamericano. «La forma en que ha acumulado su considerable riqueza personal permanece en secreto —abunda el rotativo—. Asesores de Palacio insisten en que el rey no recibe comisiones sobre los acuerdos que media o promueve.»
Pero de aquel accidentado safari africano salta un nombre, el de la princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, de 47 años y etiquetada como amante o «amiga entrañable» del ahora rey emérito y padre del actual rey de España, Felipe VI. Juan Carlos abdicó después del escándalo. La sombra latente del origen confuso del patrimonio real quedó alargada con el episodio.
«Cuando todavía era príncipe, con Franco como caudillo del Estado, se firmó el acuerdo por el que cobraría de cada barril de petróleo que España comprara a Arabia Saudí. Al menos así lo han denunciado varios economistas.

Es vergonzoso cómo quedamos retratados como país con todo esto.» «Miramos hacia otro lado cuando tocaba perseguir nuestras propias monstruosidades —completa el portavoz de Juezas y Jueces para la Democracia—. Me gusta recordar que estos no son temas del pasado, sino del presente.» Que las víctimas «están aquí y ahora» y, frente a la impunidad reinante, «tienen derecho a exigir una reparación del Estado». La solución, a la vista de los precedentes, queda lejos. En palabras de Joaquim Bosch: «Lo más probable es que los crímenes contra la humanidad del franquismo queden impunes».

El Pazo Meiras es un doble símbolo. Del expolio y de la impunidad del franquismo. Meirás es la marca viviente del botín que Franco robó a los derrotados en la Guerra Civil española. Un emblema del totalitarismo que huele a viejo, a rancio. A Franco. Al rastro claustrofóbico del fantasma de la dictadura.
Cuando se entra en el edificio principal vemos una escalera presidida por un tapiz con el águila franquista. Delante hay un busto del militar golpista. En la primera planta lucen varias pinturas del general. En una de ellas aparece ataviado con el uniforme falangista. Las cabezas disecadas de decenas de animales…
La estrategia de ocultación es el alimento de la desmemoria colectiva. Una herramienta al servicio de la cultura del olvido. Controlar la parafernalia simbólica significa dominar el relato que permite construir la memoria histórica de los vencedores. Y el conjunto moldea una realidad sometida al silencio y la impunidad.

Se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura.» El título de la Ley 52/2007 no deja lugar a dudas. El marco conocido como Ley de Memoria Histórica entraba en vigor el 28 de diciembre de 2007 para articular y ordenar la necesaria reparación debida por el Estado a las personas que sufrieron las sistemáticas violaciones de los derechos humanos del franquismo. Más de una década después, sin embargo, (casi) todo seguía igual.
La apuesta del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero vino a cubrir una de las más escandalosas rémoras democráticas de España. Iba a ser el soporte legal para las víctimas y un instrumento para leer bien, y de una vez, el periodo escrito a sangre y fuego desde el estallido golpista contra el gobierno legítimo de la Segunda República española hasta la muerte de la dictadura franquista.
Pero la jugada resultó un fiasco. España siguió siendo una nación sembrada de fosas comunes en las que yacen decenas de miles de desaparecidos forzados. La bipolaridad española en la aplicación de la justicia dejaba sobre la mesa otro fiasco: que la impunidad de los crímenes rebeldes contrastaba con la vigencia de las sentencias del franquismo.
La ley ha servido «en algunos casos de palanca para retirar del callejero honores a los franquistas», resumía. O para dar la nacionalidad española «a descendientes del exilio» y «a unos pocos brigadistas internacionales». Esta utilidad, recalcaba, «no ha impedido» que en una década de funcionamiento «hayan muerto miles de descendientes de las personas que la represión fascista hizo desaparecer, sin haber recibido ninguna atención por parte de un Estado que ha seguido renovando los títulos nobiliarios concedidos por el dictador Francisco Franco a criminales de guerra y escondiendo en los libros de texto los contenidos de la dura represión».
Los diferentes gobiernos españoles en democracia «viven una autarquía en materia de derechos humanos» que no trata la dictadura «como un enorme crimen» en el sentido que sí apuntan la ONU, el Consejo de Europa y otros organismos internacionales. Es la «radiografía de la cultura democrática española».
La ley memorialista acumuló logros en diez años, como empezar a abrir las fosas comunes o «la erradicación de símbolos franquistas», con más de 3.000 vestigios de la dictadura retirados en los primeros años de aplicación del marco legal. Y «cerca de 340.000 descendientes de exiliados republicanos y combatientes de las Brigadas Internacionales han pasado a disponer de un pasaporte español». Más allá de estos éxitos, criticaban, «el resto de medidas se cuentan por fracasos o por tareas inconclusas».
Los «poderes públicos» deberán adoptar «las medidas necesarias para la protección, la integridad y catalogación de estos documentos, en particular en los casos de mayor deterioro o riesgo de degradación», reza el final del articulado de la Ley de Memoria Histórica. Una teórica buena intención que resultó papel mojado. O para mojar a conveniencia.

La ignorancia sobre las prácticas genocidas ejecutadas en España es la semilla de la que brota el franquismo sociológico. Una mala hierba que no es más que la permisividad ante el silencio, la equidistancia sobre el terror o la apología de la barbarie. «El fascismo español no sólo acabó con la memoria de los vencidos sino que, una vez concluida su tarea destructora y con el objeto de ocultar y blanquear sus orígenes, borró gran parte de su propia
historia (la de sus actos y decisiones) y comenzó un proceso de reescritura constante del pasado que llega a nuestros días».
Porque todos somos, al cabo, víctimas. Todos mojados en sangre, más allá de herencias rancias y nostalgias carpetovetónicas. Y ahí voy: todos estamos inmersos en el viaje de ida y vuelta de la memoria. La individual y la colectiva. Todos somos hijas e hijos, nietas y nietos de la historia, y fomentar el discurso de los derechos humanos como aval de futuro es una tarea común. Verdad, justicia y reparación para lograr la garantía de no repetición. Y construir, entre todos, una memoria viva que deje atrás el país de la desmemoria.

———————————-

I thought it was a great book that delves into things that I can not find rational explanation in Spain. The country of forgetfulness is the abandonment of the defeated. «The distorted reality, the discredit sprinkled with strategic oblivion. As if it were possible to bury all the names ». He is very right. The lie, the defamation, the silence were imposed by the dictatorship to end up beating the survivors of an inferno and their descendants, immersed in an eternal purgatory, guilty for being alive and punished for not belonging to the club of the elect. If abandonment is the basis of forgetfulness, fear feeds it.

Fascists and Nazis turn the coastline into a trap and flee into a butcher shop. It will be the biggest war crime of the Spanish civil war: La Desbandá. The numbers of this Andalusian massacre, in the flight from Malaga to Almería, are not conclusive. They vary according to the different investigations. In round figures it surpasses the 5,000 dead in a human river made up of more than 200,000 refugees besieged by land, sea and air. Thousands of women, old people, girls and boys, defeated and attacked while limiting themselves to flee, without presenting battle. The desperate migration mutates in an unprecedented humanitarian drama. The endless column of women with their babies and small children, the elderly, mostly barefoot, are bombarded from the sea by the artillery of rebel cruisers. They are pursued by the Italian troops, who are machine-gunning them. Bombs also fall from the sky.
The Spanish Civil War is a favorable test bed for the future World War II, and Hitler and Mussolini do not miss it. The Desbandá also serves as a warlike trial. They are worth as a prologue to the international conflict that the Fuehrer and the Duce will provoke soon. In Spain, they rehearse their new weapons, providing decisive support for the future Spanish caudillo. Without the support of the totalitarian beast, materialized in troops of infantry, armament and airplanes, perhaps Franco’s victory in Spain would never have arrived.
These massacres of civilians far from the war front exemplify the genocidal will of the Franco regime: the order to annihilate the social and political adversary to avoid resistance, as the main strategy to win the war, and the pedagogy of terror and extreme violence as tools. A terrorist zeal that resulted, among other things, in the figure of at least 114,226 forced disappearances, whose corpses ended up buried like dogs in 2,500 mass graves.
The anomaly reigns in Spain, a country that has been able to open the judicial way for the dictatorships of Augusto Pinochet in Chile and Jorge Rafael Videla in Argentina applying the principles of universal law. But he has also been able to boycott the only open cause in the world to judge the Franco regime, the Argentine Querella. Because Spain ignores the mandate of the United Nations and never brought before a judge the executioners and torturers, nor has it investigated judicially the most lasting organized repressive practices in Europe. Because Spain did not annul the Francoist trials that ended with death sentences, imprisonment, large fines or professional debugging.
Spain is the country of forgetfulness. A tangled earth in the partial reading of his own story, which has sold for years an equidistant or directly apologetic vision of his cruel recent past as a propitiatory food of the sociological Francoism. A country where many still do not understand that to be a democrat you have to start being antifascist.
The future Francoist regime arises from a pretended “crusade” against the infidel, disguised as “red.” A fantasy hellish and bloody reconquest from which a corrupt dictatorship will be born to the core and settled on mass graves and forced disappearances. Because the stubborn plot against the Republic is based on class hatred. In civil wars who have a monopoly on violence, together with police forces, they often use their intervention to monopolize power. And the rights, like nemesis, trace a fixed course towards the extermination of the democratic experience.
The division between winners and losers has survived four decades of dictatorship and others of democracy. And it resists beyond the construction of a Transition that has always been officially sold as “exemplary” but was never able to judge, or even question, the founding genocide of the Franco regime. The antagonistic dilemma ended up resolved in a Spain that smelled of gunpowder. In a confrontation cainita. As the twilight of democracy, the era of fascism dawned.

What companies used slaves of the Franco regime? The economic exploitation of the vanquished led Franco’s dictatorship to the point of employing more than 400,000 political prisoners as forced laborers. Workers used as spoils of war by private companies in most of the productive sectors, including important companies that are currently listed on the Ibex 35 and that benefited from the war or from the end of the war by having access to free work that facilitated the Francoist side or their subsequent governments. The rebellious army, the Church and public institutions used them to face the necessary progress in the war effort and immediately afterwards in the task of “rebuilding” a country devastated by the war that provoked the failed fascist coup d’état.
The Francoism designed a built labor framework at the expense of inmates who were subjected to a regime bordering on slavery.
The patrons of the conspiracy against the Republic were also rewarded for their support for the coup coup. Franco, corrupt and corrupt, accumulated salaries, commissions, gifts and gratuities. From the business holding of El Pardo amassed a wealth that today is still in the hands of his heirs. In August of 1940, in a country still smoky, broken, destroyed by the war, accumulated a figure close to what would now be four hundred million euros. It is the dark side, and illegal, of a patrimony that was fattening during forty years to the heat of the systemic corruption of the pro-Franco regime.
Francisco Franco (El Ferrol, December 4, 1892-Madrid, November 20, 1975) received countless “gifts”, such as the forced reception that was the gift of Pazo de Meirás or an SUV with which Adolf Hitler presented him and that It is guarded by National Heritage. Then he accumulated decades in which everything was possible under his omnipotent mantle. Like the monthly gratuity of 10,000 pesetas that he received from the Telefónica company or a payroll that in 1935 was 2,493 pesetas and went to 50,000 a month as a leader.
The thievery started big. The wealth of the rebel soldier totaled 34.3 million pesetas a little over a year after the end of the “crusade” against democracy. An amount that, with the subsequent additions, would reach figures that leave in diapers the Gürtel plot and accounts discovered in Switzerland in the name of Luis Bárcenas (47 million euros) or Francisco Correa (18.6).
Franco led the country becoming an advanced manager of revolving doors. Corruption and economic development go hand in hand to allow Franco and his people to amass wealth and consolidate Spanish capitalism. The families of the regime are populated by “businessmen of fortune, middle-class Falangists, opportunist officials, landowners of easy trigger, high positions in the search for multinationals … united in the hunt for money and trained in postwar autarchy to enrich themselves with developmentalism from 1959 », says Sánchez Soler. In the words of Viñas: “If Franco personally benefited from the victory, it seems wise that he should not think badly of those who did too” in the dark shadow of the regime.

Unlike other European monarchs, Juan Carlos came to the throne after the death of the dictator Francisco Franco in 1975 with practically nothing, and has worked hard to generate his own fortune beyond the annual budget of 8.3 million euros “, he said. the NYT. Until reaching a total close to 2,300 million euros according to the North American newspaper. “The way he has accumulated his considerable personal wealth remains secret,” the newspaper said. Palace advisers insist that the king does not receive commissions on the agreements he mediates or promotes. ”
But from that rugged African safari a name jumps, the one of the German princess Corinna zu Sayn-Wittgenstein, of 47 years and labeled like lover or “endearing friend” of the now emeritus king and father of the current king of Spain, Felipe VI. Juan Carlos abdicated after the scandal. The latent shadow of the confused origin of the royal patrimony was lengthened with the episode.
“When he was still a prince, with Franco as a leader of the State, the agreement was signed by which he would collect from each barrel of oil that Spain bought from Saudi Arabia. At least that’s the way several economists have denounced it.

It is shameful how we are portrayed as a country with all this. “” We looked away when it came to pursue our own monstrosities, “the spokesperson for Judges and Judges for Democracy completes. I like to remember that these are not subjects of the past, but of the present. »That the victims« are here and now »and, facing the prevailing impunity,« they have the right to demand a reparation from the State ». The solution, in view of the precedents, is far away. In the words of Joaquim Bosch: “The most likely is that the crimes against humanity of the Franco regime will go unpunished.”

Pazo Meiras is a double symbol. The plundering and impunity of the Franco regime. Meirás is the living mark of the booty that Franco robbed to the defeated ones in the Spanish Civil War. An emblem of totalitarianism that smells old, stale. To Franco. To the claustrophobic trail of the ghost of the dictatorship.
When entering the main building we see a staircase presided over by a tapestry with the Francoist eagle. In front there is a bust of the military coup. On the first floor there are several paintings of the general. In one of them he appears dressed in the Falangist uniform. The dissected heads of dozens of animals …
The strategy of concealment is the nourishment of collective forgetfulness. A tool at the service of the culture of oblivion. To control the symbolic paraphernalia means to dominate the story that allows to build the historical memory of the victors. And the whole molds a reality subjected to silence and impunity.

Rights are recognized and extended and measures are established in favor of those who suffered persecution or violence during the Civil War and the dictatorship. »The title of Law 52/2007 leaves no room for doubt. The framework known as the Historical Memory Law entered into force on December 28, 2007 to articulate and order the necessary reparation owed by the State to the people who suffered the systematic violations of the human rights of the Franco regime. More than a decade later, however, (almost) everything remained the same.
The bet of the socialist government of José Luis Rodríguez Zapatero came to cover one of the most scandalous democratic remnants of Spain. It was going to be the legal support for the victims and an instrument to read well, and once and for all, the period written in blood and fire since the coup against the legitimate government of the Second Spanish Republic until the death of the Franco dictatorship.
But the play was a fiasco. Spain continued to be a nation plagued by mass graves in which tens of thousands of forced disappearances lie. The Spanish bipolarity in the application of justice left on the table another fiasco: that the impunity of the rebellious crimes contrasted with the validity of the sentences of the Franco regime.
The law has served “in some cases as a lever to remove from the street honors the Francoists,” he summarized. Or to give Spanish nationality “to descendants of exile” and “to a few international brigadistas.” This utility, he stressed, “has not prevented” that in a decade of operation “thousands of descendants of the people that fascist repression made disappear, without having received any attention from a State that has continued to renew the nobility titles granted. by the dictator Francisco Franco to war criminals and hiding in textbooks the contents of the harsh repression ».
The different Spanish governments in democracy “live an autarky in the matter of human rights” that the dictatorship does not treat “as a huge crime” in the sense that the UN, the Council of Europe and other international organizations point out. It is the “radiography of the Spanish democratic culture”.
The memorialist law accumulated achievements in ten years, such as starting to open mass graves or “the eradication of Francoist symbols”, with more than 3,000 vestiges of the dictatorship removed in the first years of application of the legal framework. And “about 340,000 descendants of Republican exiles and fighters of the International Brigades have gone on to have a Spanish passport.” Beyond these successes, criticized, “the rest of measures are counted by failures or unfinished tasks.”
The “public authorities” must adopt “the necessary measures for the protection, integrity and cataloging of these documents, particularly in cases of greater deterioration or risk of degradation,” reads the end of the articles of the Law of Historical Memory. A theoretical good intention that turned out to be wet paper. Or to wet to convenience.

The ignorance about the genocidal practices executed in Spain is the seed from which the sociological Francoism springs. A weed that is nothing more than permissiveness in the face of silence, equidistance over terror or the apology for barbarism. «Spanish fascism not only ended the memory of the vanquished but, once its destructive task was concluded and with the purpose of hiding and whitewashing its origins, it erased a large part of its own
history (the one of its acts and decisions) and began a process of constant rewriting of the past that reaches our days ».
Because we are all, after all, victims. All wet in blood, beyond stale inheritances and carpetovetónicas nostalgia. And there I go: we are all immersed in the round trip of memory. The individual and the collective. We are all daughters and sons, grandchildren and grandchildren of history, and promoting the discourse of human rights as a guarantee of the future is a common task. Truth, justice and reparation to achieve the guarantee of non-repetition. And build, together, a living memory that leaves behind the country of forgetfulness.

2 pensamientos en “El País De La Desmemoria. Del Genocidio Franquista Al Silencio Interminable — Juan Miguel Baquero / The Country Of Forgetfulness. From The Francoist Genocide To The Endless Silence by Juan Miguel Baquero (spanish book edition)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .