Psicopatología Del Poder: Un Ensayo Sobre La Perversión Y La Corrupción — Jorge L. Tizón / Psychopathology Of Power: An Essay On Perversion And Corruption by Jorge L. Tizón (spanish book edition)

Sin duda un buen libro que expone los tiempos que estamos viviendo y sirve para generar debate.
Creo que estamos inmersos en una grave coyuntura, en una auténtica convulsión social que, a diferencia de otras anteriores, ha sido provocada, puesta en marcha, desarrollada y al menos parcialmente dirigida por las élites dominantes en nuestros países. En lo que sí coincide con otras crisis anteriores es en que a gran parte de la sociedad le toca «pagar los platos rotos», fenómeno habitual en las crisis, pero que coincide en esta con que las élites dominantes han seguido aumentando, incluso exponencialmente, sus beneficios, manteniendo además sus privilegios. Por el contrario, la inmensa mayoría de la población ha visto devaluar sus bienes, sus ahorros, sus pensiones, su formación y sus conocimientos, las conquistas sociales en educación, servicios sociales y sanidad, tan trabajosamente logradas a lo largo de siglos…
En este contexto conviven cotidianamente manifestaciones de protesta de ciudadanos indignados, junto con grandes grupos sociales tan sometidos al desánimo, a la confusión, a la desesperanza, al empobrecimiento progresivo vivido como irremediable, que ya ni tan siquiera se deciden a lanzarse a la calle a protestar. Un contexto en el que los casos de venalidad, delincuencia sociopolítica organizada y corruptelas varias y omnipresentes de las élites dirigentes han sacado a la luz la profunda corrupción, la corrupción estructural con la cual nos habíamos acostumbrado a vivir sin parar mientes en la misma, sin ser conscientes de ella.
La situación social actual debe ser considerada muy grave, no solo a nivel económico, sino político y social, puesto que pone en duda la vigencia de todo el modelo de política que se difundió en los países tecnológicamente desarrollados, en particular europeos, desde al menos la «edad moderna»: la democracia parlamentaria basada en los partidos políticos y en la organización social inspirada en los ideales de la Revolución Francesa de «libertad, igualdad, fraternidad».

Es evidente que los grupos dirigentes en nuestras sociedades están administrando certeramente el miedo y otras emociones, según la doctrina del shock (Klein, 2007) y según los conocimientos adquiridos durante decenios en prestigiosas universidades, think tanks, fundaciones ideológicas privadas y demás medios de captación de conocimientos y expertos para la formación y la consolidación de grupos dominantes. Hace más de un siglo que vienen creándose (o apadrinándose) prestigiosos centros de conocimiento, universitarios y extrauniversitarios, con el claro propósito de usar su producción para la consolidación del Poder realmente existente.
En el neoliberalismo el primer elemento que hemos de tener en cuenta es la mencionada falta de democracia real de los medios de comunicación de masas en cualquiera de los países avanzados: su concentración en manos de los poderes económicos dominantes, unida a las capacidades de influencia y control que les proporcionan el uso científico de las emociones individuales y colectivas, le confieren un poder nunca antes soñado por esas élites y castas dominantes. Por eso, la lucha por hacerse con el control de esos poderes mediáticos es la primera escaramuza que se abre ante cada cambio en la política de los partidos y los grupos de poder económico tradicionales.
El segundo elemento que explica parcialmente esa baja capacidad de oposición a las estafas generalizadas a las cuales se está sometiendo a la mayoría de la población europea tiene que ver con la pérdida de la capacidad de movilización por parte de la izquierda política y la izquierda del sistema, que eran quienes se suponía que deberían responder activamente ante tamaños desafueros.
El avance de la psicopolítica neocon aún solo es aplicable a una parte de la población de nuestro país y todavía a un más reducido porcentaje a nivel mundial. Creo que en nuestra sociedad aún sigue poseyendo gran importancia la influencia de otros medios de presión, ortopedia y sujeción del poder tardocapitalista, sistemas previos a la autosujección mediante la autoexigencia extenuante y la sumisión aceptada al poder psicopolítico.
Y, entre esos otros medios de apuntalamiento y consolidación del poder neoliberal, probablemente hemos de pensar, en primer lugar, en el miedo y el uso del miedo en nuestras sociedades, en «el poder del miedo». En efecto, el uso del miedo por parte de los poderes dominantes es cuantitativa y cualitativamente diferente que en el capitalismo primitivo y liberal.
En último extremo, lo que más temen (y tememos) es la «convulsión social»: El metamiedo de la catástrofe. Pero ¿puede haber una convulsión social mayor que el órdago a la organización democrática y social europea puesto en marcha desde 2008 por los especuladores transnacionales a los que políticos timoratos y periodistas piadosos siguen llamando «los mercados»? Aunque a sus agentes, a toda esa élite dirigente oculta, en justicia ni siquiera podemos llamarlos ya «mercaderes transnacionales», pues sus transacciones multibillonarias no llegan ni tan siquiera al trueque o a la compraventa, sino que se sustentan en la pura especulación para obtener enormes beneficios económicos. Así, especulan con los alimentos básicos (que solo en 2010 subieron, al parecer, el 25 por ciento, lo que significa la muerte de millones de personas en todo el mundo), con el agua, con las armas, con el terrorismo, con los muertos y el peligro de muerte…

Además las posibilidades de usar el fitness como negocio económico son casi infinitas, al menos con las subpoblaciones shooting stars. Ese uso estético del cuerpo y esa comercialización del mismo en seudoprevención y seudoasistencia son otra de las bases fundamentales para la «burbuja sanitaria», tanto como el miedo a perder la salud o la belleza.
Insisto: deberíamos tener más en consideración la gravedad de la «burbuja sanitaria», es decir, el espejo cambiante e inflado que promete que, con más gastos en salud y en su prevención medicalizada, se va a mejorar la salud individual y poblacional. Hoy sabemos que, a partir de un determinado nivel, esos gastos disparatados en supuesta salud y en «prevención sanitaria», si no se cambian hábitos individuales y sociales, solo significan lo que significan y producen lo evidente: un espejismo hinchado de falsedades escasamente organizadas y de delicuescentes promesas que se difunden utilizando fraudulentamente el miedo. El miedo al envejecimiento, el miedo a perder la salud, el miedo a la enfermedad, el miedo a perder el aspecto «juvenil» y la «forma física», etcétera. Y, encima, contribuyendo al profesionalismo desmedido y a la heteronomía de la población. Bastantes países tecnológicos han alcanzado una nada despreciable edad media de su población.

Poner en primer plano de la vida social y de la comunicación los temas de «violencia de género» y «violencia doméstica» indudablemente ha supuesto un avance importante para la cultura humana de los siglos XX y XXI. Pero ahora ya, y tal vez desde el principio de ese cambio de perspectiva, deberíamos atender mucho más a la complejidad bifronte del sadomasoquismo en esas relaciones interhumanas, de forma que las actuaciones sociales sobre la «violencia de género y doméstica» no quedaran tan solo reducidas a los ámbitos ideológicos, culturales y policiales. Eso no significa que hayamos de minusvalorar el impacto social renovador que lo ideológico y cultural posee, desde luego. Pero creo que, además, hoy deberíamos ser capaces de ayudar mejor a las personas concretas involucradas en ellas y no solo conseguir más encarcelados, más homicidas, más suicidas o más estadísticas anuales o mensuales de «violencia de género». Y en esa línea, para poner en práctica actuaciones más eficaces y eficientes que ayuden de verdad a las personas concretas, necesitamos el cambio de perspectiva que implica el considerar en toda su radicalidad y toda su complejidad las relaciones sadomasoquistas y tenerlas en cuenta como la perversión básica que son.
A lo largo del siglo XX y principios del XXI, el declive de lo utópico ha coincidido con dos fenómenos trascendentes: por un lado, las utopías alumbradas por el Renacimiento y la Ilustración fueron tornándose distopías a medida que pasábamos a la posmodernidad. Obras como Un mundo feliz, del Aldous Huxley; 1984 y Homenaje a Catalunya, de George Orwell; Farenheit 451, de Ray Bradbury, o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick. Filmes como Metrópolis, de Von Harbou y Lang; La naranja mecánica, de Kubrick; Blade Runner, de Scott, o la saga Matrix, de los hermanos Wachowski, son ejemplos de la conversión del sueño en pesadilla, de la utopía en distopía… Todo ello en el campo cultural, sin aludir directamente al campo social y político, donde situaciones como Auschwitz y la «solución final», las carnicerías de la Primera Guerra Mundial, los fusilamientos en masa en la Segunda Guerra Mundial y la contrarrevolución española, el gulag o algunos epígonos de la Revolución Cultural en China y Camboya son las mayores muestras de esa transformación de la utopía en distopía…
Por otro lado, la perversión de antiguas utopías es usada por la ideología fascinista como justificación última de la hictopía, una utopía del solamente ahora. Se trata de imponer como ineluctable un mundo que renuncia a nuevos horizontes, el que interesadamente nos quieren imponer como bálsamo de Fierabrás de los sufrimientos supuestamente provocados por utopías anteriores. Una muestra más de la inteligencia neoliberal para la explotación: la libertad ya no consiste en realizarse mutuamente, solidariamente, sino en triunfar esforzadamente en un escenario aislado, transparente y tenebroso, pero impuesto y autoimpuesto como inamovible.

Otro mundo es posible, pero, a menudo, el miedo nos impide visionarlo, nos cierra incluso la capacidad de imaginar (y no solo de actuar) en su alumbramiento. Aunque quien de verdad quiera saber de propuestas y posibilidades, hoy, gracias a la comunicación globalizada, puede consultarlas en varios idiomas y formatos. Por ejemplo, en los manifiestos de los indignados españoles, estadounidenses, italianos, tunecinos, turcos, egipcios y en los movimientos de Democracia Real y transparencia informativa, todos ellos fácilmente accesibles en diversas webs.
I. Lo que define la situación actual no es la supuesta «crisis económica» y, menos aún, las supuestas presiones de unos entes lingüísticos creados ad hoc como son «los mercados». Creo que hay que entender la situación actual como una grave crisis política y, tal vez, una crisis del modo de producción, del modelo de civilización, es decir, del conjunto de las formas de relación interhumanas tejidas a través de la organización del Poder y de la producción, distribución y consumo de bienes materiales e informacionales.
II. La crisis actual es una crisis política puesta en marcha por los poderes económicos dominantes en nuestro mundo. De forma más o menos consciente, de ahí ha partido: del poder financiero transnacional, de los especuladores transnacionales, piadosamente ocultos tras el término «los mercados». Actualmente, esos poderes fácticos parecen tener dos objetivos: por un lado, aumentar los negocios privados de la clase dirigente; por otro, desmontar los logros de equidad conseguidos a lo largo de siglos desde las revoluciones francesa, rusa, china, española…
III. Algunos de los hechos que la han puesto en marcha son ampliamente conocidos: las quiebras fraudulentas de grandes empresas norteamericanas, seguidas por otras en todas las zonas del mundo desarrollado, quiebras basadas en el funcionamiento habitualmente fraudulento de las mismas y de todas las grandes empresas de nuestro sistema social, incluidas las de auditoría, que existen precisamente para evitar esos fraudes. Su funcionamiento es habitualmente fraudulento.
IV. Empero, en el trasfondo de todos esos hechos se halla ese imparable ascenso de los grandes países antes «subdesarrollados» de nuestro mundo: China, con 1400 millones de habitantes; la India, con 1100; Brasil, con 380… Para que las élites económicas dominantes en Europa y en EEUU puedan seguir con sus grandes beneficios de los últimos decenios solo quedan dos vías posibles. Una consistiría en una nueva guerra de amplitud mundial. Sin embargo, ¿se atreverán a lanzarla contra países con arsenal nuclear? ¿Contra la mitad de la humanidad? ¿250 millones de estadounidenses y 380 millones europeos contra 2600 millones de personas, solo contando con esos tres países emergentes-emergidos? La segunda vía consiste en seguir manteniendo y ampliando sus negocios, beneficios y dominio no controlado democráticamente en otros lugares, y eso solo lo pueden lograr aumentando la sobreexplotación de sus propios súbditos, es decir, de los ciudadanos de los propios EEUU y UE.
V. No se trata de una lucha de países contra países, o de culturas-religiones contra otras culturas o religiones, como interesadamente se suele presentar el tema (el Islam contra Occidente; Alemania contra los PIGS), sino de intentos de diversos grupos económicos y políticos transnacionales de «llevarse el gato al agua», de hacerse con el control político-económico o, como poco, de hacer grandes y rápidos negocios transnacionales. Es una versión actualizada y magnificada de la «lucha de clases»…, solo que ahora una clase es tan minoritaria y, al tiempo, tan poderosa, que casi cuesta considerarla clase y no mera élite social, casta o incluso, grupo de presión conspirativo.
VI. Ante la irrupción de esos nuevos centros de poder en la humanidad, nuestras élites y las castas políticas, profesionales e intelectuales a su servicio han tenido que diversificar una estrategia que hasta ahora, con diversas variantes, venía imponiéndose desde el último cuarto del siglo xx: la estrategia «neoliberal», basada en formas de dominación psicopolíticas (auto-transparencia, autoexigencia, sumisión autoimpuesta, «doctrina del shock», democracia de espectadores-consumidores) más que en el uso de la fuerza directa y la biopolítica.
VII. Las penurias y el miedo de la ciudadanía no deben ocultar el miedo que están sufriendo las clases dominantes y sus ejecutores, recortadores y privatizadores. Nadie sabe cuánto durará esta enormemente inestable y enormemente asimétrica distribución del poder y la riqueza.
VIII. En nuestro país, o en los diversos países que componen nuestra frágil agrupación de países y subculturas, todo ello está agravado y esperpénticamente radicalizado por el hecho de que no solo no se ha elaborado el duelo por las masacres y las destrucciones de la Guerra Civil, sino que ese proceso psicosocial sigue siendo impedido por defensas paranoides y maníacas.
IX. Para intentar una aproximación a la comprensión de todas esas situaciones hay que usar conceptos sociológicos, económicos, políticos, psicológicos y psicoanalíticos.
X. Entre los conceptos psicológicos y psicoanalíticos que, personalmente, me permiten dar algunas explicaciones de lo que estamos viviendo en el ámbito social y psicosocial, he utilizado aquí los de la nueva perspectiva de las emociones (y, entre ellas, el miedo) en el desarrollo personal y social; los conceptos de desimbolización del miedo, desublimación de la agresión, y de venalidad, que no banalidad, del mal; la noción de la psicopolítica, que resume el uso de muchos de esos elementos por parte de la élite dirigente.

Sin duda habremos de echar mano de toda nuestra capacidad de cultivar la confianza y la esperanza, pues los motivos para la desconfianza y la desesperanza son y serán múltiples. Y de toda nuestra integridad y nuestra integración, por ejemplo, para atrevernos a llamar a las cosas por su nombre. Para poder llamar mentiras y tonterías, y mentirosos o incapaces, a los que defienden mentiras y estulticias diversas. Es el escrache emocional, que tanto asusta a los distribuidores del poder del miedo e incluso a algunos de sus críticos. Pero es que el nuevo salto cualitativo en la democracia real solo puede lograrse combatiendo activamente los mecanismos y a los grupos antielaborativos, antimentalización, manipuladores de la emocionalidad y las vivencias, así como a las organizaciones y las defensas perversas que se ponen en marcha ante las posibilidades de un cambio real. Solo contestando persistentemente esas manipulaciones y envites podremos defender y difundir activamente la integración emocional y cognitiva junto con los que nos rodean y rodearon, con los que nos dieron y nos dan, con la solidaridad humana como un sueño progresivamente realizable que nos ayuda a integrar también, por más que duelan, los sufrimientos y los temores que nos van acechando.

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No doubt a good book that exposes the times we are living and serves to generate debate.
I believe that we are immersed in a serious conjuncture, in an authentic social convulsion that, unlike previous ones, has been provoked, started up, developed and at least partially directed by the dominant elites in our countries. What does coincide with other previous crises is that a large part of society has to “pay for the broken dishes,” a common phenomenon in crises, but which coincides with the fact that dominant elites have continued to increase, even exponentially, its benefits, while also maintaining its privileges. On the contrary, the immense majority of the population has seen devaluing their assets, their savings, their pensions, their training and their knowledge, the social achievements in education, social services and health, so laboriously achieved over centuries …
In this context protest rallies of indignant citizens coexist daily, along with large social groups so subject to discouragement, confusion, despair, progressive impoverishment experienced as irremediable, that they do not even decide to take to the streets at all. to protest. A context in which the cases of venality, organized sociopolitical delinquency and the various and omnipresent corruptions of the ruling elites have brought to light the deep corruption, the structural corruption with which we had become accustomed to live without stopping in it, without be aware of it.
The current social situation must be considered very serious, not only at an economic level, but also at a political and social level, since it puts in doubt the validity of the entire policy model that was disseminated in the technologically developed countries, particularly in Europe, from at least the “modern age”: parliamentary democracy based on political parties and social organization inspired by the ideals of the French Revolution of “freedom, equality, fraternity”.

It is evident that the leading groups in our societies are accurately administering fear and other emotions, according to the doctrine of shock (Klein, 2007) and according to the knowledge acquired during decades in prestigious universities, think tanks, private ideological foundations and other means of recruitment of knowledge and experts for the formation and consolidation of dominant groups. For more than a century they have been creating (or sponsoring) prestigious centers of knowledge, university and extra-university, with the clear purpose of using their production for the consolidation of the really existing power.
In neoliberalism the first element that we have to take into account is the aforementioned lack of real democracy of the mass media in any of the advanced countries: its concentration in the hands of the dominant economic powers, together with the capacities of influence and control that provides the scientific use of individual and collective emotions, confer a power never before dreamed by those elites and dominant castes. For that reason, the struggle to gain control of these media powers is the first skirmish that opens up before each change in the politics of the parties and traditional economic power groups.
The second element that partially explains this low capacity to oppose the widespread scams to which the majority of the European population is being subjected has to do with the loss of mobilization capacity on the part of the political left and the left of the system , who were the ones who were supposed to actively respond to outrageous sizes.
The advance of neocon psychopolitics is still only applicable to a part of the population of our country and still to a smaller percentage worldwide. I believe that in our society the influence of other means of pressure, orthopedics and subjection of the late capitalist power, systems prior to self-suspension through strenuous self-demanding and accepted submission to psycho-political power, still hold great importance.
And, among these other means of underpinning and consolidating neoliberal power, we probably have to think, first of all, of fear and the use of fear in our societies, in “the power of fear”. In effect, the use of fear by the dominant powers is quantitatively and qualitatively different than in primitive and liberal capitalism.
In the end, what they fear the most (and we fear) is the “social convulsion”: The metamiedo of the catastrophe. But can there be a social upheaval greater than the charade to the European democratic and social organization set in motion since 2008 by transnational speculators that timid politicians and pious journalists continue to call “the markets”? Although to its agents, to all that hiding ruling elite, in justice we can not even call them “transnational merchants”, because their multibillion-dollar transactions do not even reach barter or sale, but are based on pure speculation to obtain huge economic benefits. Thus, they speculate with basic foods (which only in 2010 rose, apparently, 25 percent, which means the death of millions of people around the world), with water, with weapons, with terrorism, with the dead and the danger of death …

In addition, the possibilities of using fitness as an economic business are almost endless, at least with subpopulations shooting stars. This aesthetic use of the body and its commercialization in pseudoprevention and pseudoassistance are another fundamental basis for the “health bubble”, as well as the fear of losing health or beauty.
I insist: we should take more into consideration the seriousness of the “health bubble”, that is, the changing and inflated mirror that promises that, with more expenses in health and in its medicalized prevention, individual and population health will be improved. Today we know that, from a certain level, these absurd expenses in supposed health and in “health prevention”, if individual and social habits are not changed, they only mean what they mean and produce the obvious: a mirage swollen with poorly organized falsehoods and of deliquescent promises that spread using fraudulently fear. The fear of aging, the fear of losing health, the fear of illness, the fear of losing the “youthful” aspect and the “physical form”, and so on. And, above, contributing to the excessive professionalism and heteronomy of the population. Quite a few technological countries have reached a not inconsiderable average age of their population.

Putting the issues of “gender violence” and “domestic violence” in the forefront of social life and communication has undoubtedly been an important advance for the human culture of the 20th and 21st centuries. But now, and perhaps from the beginning of that change of perspective, we should pay much more attention to the two-faced complexity of sadomasochism in these interhuman relationships, so that the social actions on “gender and domestic violence” are not only reduced to the ideological, cultural and police areas. That does not mean that we have to underestimate the renewing social impact that the ideological and cultural has, of course. But I think that, in addition, today we should be able to better help the specific people involved in them and not just get more incarcerated, more homicidal, more suicidal or more annual or monthly statistics of “gender violence”. And in that line, to put into practice more effective and efficient actions that really help the concrete people, we need the change of perspective that implies considering in all its radicality and all its complexity sadomasochistic relations and taking them into account as the perversion basic that they are.
Throughout the 20th century and the beginning of the 21st century, the decline of the utopian has coincided with two transcendental phenomena: on the one hand, the utopias illuminated by the Renaissance and the Enlightenment were turning into dystopias as we moved on to postmodernity. Works like A Happy World, by Aldous Huxley; 1984 and Homage to Catalonia, by George Orwell; Farenheit 451, by Ray Bradbury, or Dream Androids with Electric Sheep ?, by Philip K. Dick. Films like Metropolis, by Von Harbou and Lang; The mechanical orange, by Kubrick; Blade Runner, by Scott, or the Matrix saga, by the Wachowski brothers, are examples of the conversion of the dream into a nightmare, of utopia into dystopia … All this in the cultural field, without directly referring to the social and political field, where situations like Auschwitz and the “final solution”, the butcheries of the First World War, the mass executions in the Second World War and the Spanish counterrevolution, the gulag or some epigones of the Cultural Revolution in China and Cambodia are the biggest examples of that transformation of utopia into dystopia…
On the other hand, the perversion of old utopias is used by the fascinating ideology as the ultimate justification of the hytopia, a utopia of only now. It is about imposing as unavoidable a world that renounces new horizons, the one that they want to impose on us as a balm of Fierabrás of the sufferings supposedly provoked by previous utopias. Another example of neoliberal intelligence for exploitation: freedom no longer consists in performing mutually, in solidarity, but in triumphantly succeeding in an isolated, transparent and gloomy scenario, but imposed and self-imposed as immovable.

Another world is possible, but, often, fear prevents us from seeing it, it even closes us the capacity to imagine (and not only to act) in its birth. Although who really wants to know about proposals and possibilities, today, thanks to globalized communication, you can consult them in several languages and formats. For example, in the manifestos of the outraged Spaniards, Americans, Italians, Tunisians, Turks, Egyptians and in the movements of Real Democracy and informative transparency, all of them easily accessible in diverse webs.
I. What defines the current situation is not the so-called “economic crisis” and, even less, the supposed pressures of ad hoc created linguistic entities such as “the markets”. I believe that the current situation must be understood as a serious political crisis and, perhaps, a crisis of the mode of production, of the model of civilization, that is, of the set of interhuman forms of relationship woven through the organization of Power and of the production, distribution and consumption of material and informational goods.
II. The current crisis is a political crisis set in motion by the dominant economic powers in our world. More or less consciously, that’s where it started: from the transnational financial power, from the transnational speculators, piously hidden behind the term «the markets». Currently, these powers seem to have two objectives: on the one hand, increase the private business of the ruling class; on the other, to dismantle the achievements of equity achieved over the centuries since the French, Russian, Chinese, Spanish revolutions …
III. Some of the facts that have set it in motion are widely known: the fraudulent bankruptcies of large American companies, followed by others in all areas of the developed world, bankruptcy based on the usually fraudulent operation of the same and of all the large companies in the world. our social system, including those of auditing, that exist precisely to avoid those frauds. Its operation is usually fraudulent.
IV. However, in the background of all these facts is the unstoppable rise of the great “underdeveloped” countries of our world: China, with 1400 million inhabitants; India, with 1100; Brazil, with 380 … So that the dominant economic elites in Europe and the US can continue with their great benefits of the last decades, there are only two possible ways. One would consist of a new war of global scope. However, will you dare to launch it against countries with a nuclear arsenal? Against half of humanity? 250 million Americans and 380 million Europeans against 2.6 billion people, just counting on those three emerging-emerging countries? The second way is to continue to maintain and expand their businesses, profits and uncontrolled dominance democratically in other places, and that can only be achieved by increasing the overexploitation of their own subjects, that is, citizens of the US and EU.
V. It is not a struggle of countries against countries, or of cultures-religions against other cultures or religions, as the subject is usually presented (Islam against the West, Germany against the PIGS), but of attempts of diverse economic groups and transnational politicians to “take the cat to the water”, to gain political-economic control or, at least, to do large and fast transnational businesses. It is an updated and magnified version of the “class struggle” … only that now a class is so minority and, at the time, so powerful, that it almost costs to consider it class and not mere social elite, chaste or even conspiratorial pressure group .
VI. Given the emergence of these new centers of power in humanity, our elites and the political, professional and intellectual castes at their service have had to diversify a strategy that up to now, with various variants, has been imposed since the last quarter of the twentieth century: the “neoliberal” strategy, based on forms of psycho-political domination (self-transparency, self-demand, self-imposed submission, “shock doctrine”, spectator-consumer democracy) rather than the use of direct force and biopolitics.
VII. The hardships and fear of citizenship should not hide the fear that the dominant classes and their executors, cutters and privatizers are suffering. Nobody knows how long this enormously unstable and enormously asymmetric distribution of power and wealth will last.
VIII. In our country, or in the various countries that make up our fragile group of countries and subcultures, all of this is aggravated and horrifically radicalized by the fact that not only the mourning and destruction of the Civil War has not been elaborated, but that psychosocial process continues to be impeded by paranoid and manic defenses.
IX. To try an approximation to the understanding of all these situations, we must use sociological, economic, political, psychological and psychoanalytic concepts.
X. Among the psychological and psychoanalytic concepts that, personally, allow me to give some explanations of what we are experiencing in the social and psychosocial field, I have used here those of the new perspective of emotions (and, among them, fear) in personal and social development; the concepts of de-symbolization of fear, desublimation of aggression, and venality, that not banality, of evil; the notion of psychopolitics, which summarizes the use of many of these elements by the ruling elite.

Undoubtedly we will have to use all our capacity to cultivate trust and hope, because the reasons for distrust and despair are and will be multiple. And of all our integrity and our integration, for example, to dare to call things by their names. To be able to call lies and nonsense, and liars or incapacitated, to those who defend different lies and esthetics. It is the emotional scan, which scares distributors of the power of fear and even some of its critics. But it is that the new qualitative leap in real democracy can only be achieved by actively combating the mechanisms and anti-collaborative groups, anti-mentalization, manipulators of emotionality and experiences, as well as the organizations and the perverse defenses that are put in place before the possibilities of a real change. Only by persistently answering those manipulations and challenges can we actively defend and disseminate the emotional and cognitive integration together with those around us and surrounded, with those who gave and give us, with human solidarity as a progressively realizable dream that helps us to integrate also , as much as they hurt, the sufferings and fears that lie in wait for us.

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