Ártico. La Batalla Por El Gran Norte — Marzio G. Mian / Artico. La Battaglia Per il Grande Nord ( Arctic. The Battle For The Great North) by Marzio G. Mian

Sin duda un magnífico libro donde destaca:
* Excelente explicación de las causas y el porque de muchas actuaciones geopolíticas, es más, me malicio de que el autor es sincero y sólo busca informar, dado que este tema está fuera de los focos mediáticos.
* Por lo tanto aprenderemos de la ruta que usará China para ganar más, de las estaciones de radares de la OTAN, de como los Daneses exterminaron Inuits, de los submarinos nucleares rusos y occidentales y sus juegos a lo Octubre Rojo, injerencias rusas en toda la Europa báltica, las chulerías y amenazas de Vladimir…en fin a disfrutar sin parar.
* Un libro escrito en forma de crónica periodística, ágil, sencillo de leer que nos llevará a conocer algo normalmente ajeno al gran público y algo no tan ajeno al hombre, la cara y la cruz de la carrera por los recursos.
* El último capítulo, es memorable. El Ártico se ha ido haciendo cada vez más geoestratégico, los cambios climáticos han abierto nuevas rutas hacia el norte, ahorrando tiempo y combustible, haciendo que los canales de Panamá y Suez sean menos rentables, sus territorios son ricos en materias primas preciosas, como el cobalto y el litio, indispensable para las baterías de máquinas eléctricas. Estas son solo algunas anticipaciones de por qué estoy interesado en saber más sobre esta área y este es uno de los libros más recientes sobre el tema. Se lee en pocas horas y es agradable. Da mucha información intentando permanecer legible. Está actualizado y bien escrito. Me hubiera gustado algo más y más detalles, pero sigue siendo bueno.

El valor del petróleo y del gas estimado por el Servicio Geológico de Estados Unidos es de 18 trillones de dólares, el equivalente a la economía estadounidense entera. El Ártico guarda el 40 por ciento de las reservas mundiales de combustible fósil, el 30 por ciento de todos los recursos naturales; pero es el mismo Ártico en el que cabe atribuir a las variaciones climáticas naturales solo entre el 30 y el 50 por ciento de su deshielo, según un estudio de Nature Climate Change. El resto se debe a la actividad humana, es decir, al consumo de combustible fósil. La fiebre polar, la carrera de la compañía Sati para apoderarse del botín de riquezas ahora disponibles en la región gracias al derretimiento del hielo, galopa a velocidad vertiginosa; el hielo, en cambio, adelgaza, se rompe, retrocede, se desvanece.
Es el nuevo El Dorado y, sin embargo, está desapareciendo rápidamente. Desde 2011, desaparecen en Groenlandia 375.000 millones de toneladas de hielo al año, el equivalente a un cubo de ocho kilómetros por cada lado y a 400 millones de piscinas olímpicas. Solo los dos glaciares más grandes del nordeste, Zachariae Isstrom y Nioghalvfjorden, en los que el proceso de deshielo es más evidente, son capaces de elevar los mares más de un metro. Si Groenlandia llegara a derretirse, ese metro se convertirá en ocho.

El uranio solo representará el 10 por ciento del valor total, pero es imposible evitar la producción de desechos radiactivos. No se puede hacer una tortilla sin romper los huevos.» Admite que China posee el monopolio mundial en el procesamiento y comercio de las tierras raras, «pero, por otro lado, China es también el único país que tiene la receta para separar los 17 elementos que se usan para la electrónica, por ejemplo para esos teléfonos móviles tan queridos incluso por vosotros los ecologistas…», dice Ib. Explica que con los minerales extraídos en Kvanefjeld se construirán superimanes para turbinas de viento y baterías para automóviles híbridos: «Groenlandia, en lugar de ser un receptor pasivo del calentamiento global, puede contribuir a la tecnología verde». El lema de GME es «Mining for Greenland».
El calentamiento climático es el mejor aliado de quienes aspiran a hincar el diente en Groenlandia. Pero el gobierno de Nuuk también usa el factor calor y la desaparición de pedazos de casquete polar. Lo que el resto del mundo ve como una pérdida angustiosa, muchos políticos groenlandeses lo transforman en marketing: «El victimismo por los efectos del cambio climático es en Nuuk un instrumento para hacer negocios».
Hasta 2015 inclusive, no se produjo ninguna inversión china en Groenlandia. En 2016 dio comienzo una fuerte ofensiva —con la complicidad de los independentistas del gobierno—, que culminó con la opa sobre la empresa australiana que aspira a la concesión y explotación del complejo minero de Kvanefjeld, en Narsaq. La empresa Shenghe Resources Holding de Shanghái, que es ya un coloso en la explotación de tierras raras, ha adquirido el 12,5 por ciento de GME, con opción a aumentar su cuota hasta el 60 por ciento.
Estados Unidos duda en planificar una mayor participación en el gran juego del Nuevo Ártico en el siglo XXI, mientras se está desmarcando del siglo XX en los desiertos de Oriente Próximo, cada vez más absorbido en el tablero asiático. Entre las naciones árticas es la más distraída a pesar de la presencia rusa, cada vez más agresiva. Por el contrario, la adquisición de Alaska se produjo animada por una estrategia imperial, fruto de la visión de un hombre decisivo para el futuro papel global del país. El nuevo objetivo de Trump es la madre de todos los yacimientos árticos norteamericanos en tierra firme —estamos hablando de 6.000 millones de barriles—; el único problema es que se encuentra en la reserva natural de North Slope, la mayor del país. Desde hace 30 años, las empresas presionan para obtener acceso a la llamada Área 1002 del parque, capaz de producir 120.000 barriles por día. Ahora Trump ha dicho que las perforaciones en el Arctic National Wildlife Refuge son una «prioridad» para sanear el presupuesto federal. Se trata del último santuario que queda para los pastos y la migración del caribú, el «reno americano», una manada de un millón de cabezas que se desplaza entre el este de Alaska y Canadá; agrupaciones de 70.000-80.000 ejemplares en marcha, de un horizonte a otro, siguiendo de manera milimétrica las huellas de los batidores en la nieve alta. Uno de los espectáculos migratorios más conmovedores de la Tierra.

Según el Financial Times, el Ártico ruso custodia una caja fuerte de petróleo y gas equivalente a 20 trillones de dólares, en condiciones de garantizar a Rosneft y Gazprom —las únicas empresas autorizadas—producción hasta 2050. El 40 por ciento del PIB nacional proviene de pozos más allá del círculo polar. La producción conjunta rusa en 2016 fue de 547,3 millones de toneladas de petróleo y de 555.000 millones de metros cúbicos de gas.
Las tres principales regiones petroleras del Ártico, Yamalia-Nenetsia, Nenetsia y la República de Komi, bombearon en 2016 un 17 por ciento más respecto al año anterior. Unos 100 millones de toneladas del petróleo nacional provienen de las plataformas árticas terrestres y oceánicas, y estas últimas aumentaron un 23 por ciento en 2017, sobre todo en el mar de Pechora, con casi tres millones de toneladas en conjunto. El orgullo de Putin aquí se llama Prirazlomnaya, la única plataforma repelente de hielo del mundo; se encuentra a 60 kilómetros de la costa en el mar de Pechora y al sur de Nueva Zembla: el objetivo es de 5,5 millones de toneladas por año para 2020.
Prácticamente toda la producción de gas proviene del Ártico, con una reserva de 43 trillones de metros cúbicos y un potencial de 73 trillones extraíbles. El 85 por ciento del gas ruso se extrae en la península de Yamal, donde se ha construido en cuatro años un puerto de 29.000 millones de euros, 12.000 de los cuales provienen de Pekín: de hecho, el objetivo es alimentar al país donde mayor es la demanda de gas natural líquido (LNG), que es transportado mediante petroleros a través de la ruta marítima del Norte, ruta polar que los chinos ya llaman la Ruta Azul de la Seda.
Además al igual que calla sobre los planes rusos de construir un puerto en las Svalbard en su sector de Barentsburg, oficialmente para garantizar la seguridad de los buques pesqueros rusos, de lo que se encargan a la perfección las estructuras noruegas. Hay información que nos deja muy inquietos —agrega—, también en la ampliación de la base científica rusa de Barentsburg. El Tratado de 1920 no prevé control alguno sobre las actividades de investigación, pero está cada vez más claro que para los rusos, y no solo para los rusos, estas bases se están convirtiendo en una tapadera para actividades muy distintas.

La población indígena del Ártico tiene las tasas más altas de suicidio del mundo; en Groenlandia es una auténtica masacre. «No es por la oscuridad, como suele decirse, o por alcohol, que también es una forma de suicidio. Es la globalización, créeme. Nos sentimos inútiles, completamente inadecuados para lo que se nos viene desde fuera.» El suicidio es hoy el gran tabú de los inuits, pero lo es aún más decir lo que en realidad todos saben y que proviene de las profundidades de su estirpe, de siglos de lucha por la supervivencia en ese entorno implacable, donde solo ellos han logrado adaptarse y transformarlo en su patria: a los hombres y las mujeres que suponían un peso para la comunidad, o que ya no eran indispensables en la caza, se los quitaban de en medio o se les obligaba a suicidarse.
La presión de los ecologistas, muchos de los cuales desconocen todavía que en Groenlandia hay un pueblo que lleva milenios viviendo en el hielo y no puede pasar de la caza a la agricultura ecológica, llevó a Europa a bloquear las importaciones. Algo que todos los inuits del Ártico occidental vivieron como una injusticia y un insulto a su sistema de vida. Porque la caza es el pivote de su existencia; es alimento, factor de agregación social, plegaria.
El «territorio» de Nunavut ocupa el 21 por ciento de Canadá, ocho veces la extensión de Gran Bretaña, con una población de 35.000 inuits. Un autogobierno único en el mundo, sin partidos políticos, pero sostenido por personas elegidas sobre la base de los valores expresados y atestiguados en la comunidad durante su vida. El primer principio de la constitución afirma que «las decisiones se tomarán después de discutirlas, pero el silencio no significa consenso». Con todo, la experiencia utópica de Nunavut, nacido en 1999, solo llegó después de enormes sufrimientos, décadas de negociaciones, luchas y procesos.
A diferencia de Groenlandia, por ejemplo, los inuits canadienses no obtuvieron el derecho a voto hasta finales de los años cincuenta. Canadá, país al que Reagan llamaba «unos Estados Unidos descafeinados», empleó en su Gran Norte el puño de hierro, manchándose las manos de graves violaciones contra los derechos humanos. Es la potencia ártica que, junto con Rusia, ha dotado de mayor carácter a sus territorios más inhóspitos, esos tres millones de kilómetros cuadrados de tundra, convirtiéndolos en un centro de gravedad geoestratégico y baluarte de defensa de la frontera norte, que representa el 65 por ciento de sus costas, más extensas que las de cualquier otro país del mundo.
Hoy las que se asoman al Nuevo Ártico son naciones prósperas, envidiadas e imitadas por el mundo. Encabezan todas las clasificaciones que cuentan: son las más felices, las más ricas, las más justas, las más sostenibles. Confirmando la profecía de Stefánsson.
Escandinavia, como todo el Norte, el ártico y el subártico, está destinada a ser cada vez más central para la gran narración humana, por lo que es importante conocerla más allá de los estereotipos y las modas. Saber distinguir entre lo que podría resultar útil adoptar y lo que corre el riesgo de ser indigerible en nuestras latitudes y para nuestra tradición cultural. Pero, sobre todo, es útil contar la realidad para tomar las medidas del mundo que se acerca. Se predice el trastrocamiento de la región sobre la base de cuatro fuerzas tractoras destinadas a cambiar la geografía humana en las próximas décadas: las tendencias demográficas, la creciente demanda de petróleo y de agua, el cambio climático y la globalización. Dando la vuelta al teorema aristotélico, estos cuatro jinetes del Apocalipsis, según Smith, llevarán a las naciones más cercanas al círculo polar ártico a volverse cada vez más habitadas, ricas, poderosas, políticamente influyentes, mientras que los países más próximos al ecuador tendrán que lidiar con la sequía, el envejecimiento en megalópolis inhumanas amenazadas por continuas inundaciones y desbordamientos. En el norte, por el contrario, en Escandinavia y sobre todo en la América ártica, la presión global transformará las naciones polares en una zona de frenética actividad, de creciente valor estratégico y con una importancia económico-financiera cada vez mayor. El motor económico del planeta.

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Without a doubt a magnificent book where it stands out:
* Excellent explanation of the causes and why of many geopolitical actions, what’s more, I am wary that the author is sincere and only seeks to inform, given that this issue is outside the media spotlight.
* Therefore we will learn about the route that China will use to earn more, from the NATO radar stations, how the Danes exterminated Inuits, the Russian and Western nuclear submarines and their games to the Red October, Russian interference throughout the Baltic Europe, the chulerías and threats of Vladimir … in order to enjoy without stopping.
* A book written in the form of journalistic chronicle, agile, simple to read that will lead us to know something normally foreign to the general public and something not so alien to man, the face and the cross of the race for resources.
* The last chapter, it is memorable. The Arctic has become increasingly geostrategic, climate changes have opened new routes to the north, saving time and fuel, making the Panama and Suez channels less profitable, their territories are rich in precious raw materials, such as cobalt and lithium, indispensable for the batteries of electrical machines. These are just some anticipations of why I am interested in knowing more about this area and this is one of the most recent books on the subject. It reads in a few hours and is nice. It gives a lot of information trying to remain readable. It is updated and well written. I would have liked something more and more details, but still good.

The value of oil and gas estimated by the United States Geological Survey is 18 trillion dollars, the equivalent of the entire US economy. The Arctic keeps 40 percent of the world’s fossil fuel reserves, 30 percent of all natural resources; but it is the same Arctic in which it can be attributed to natural climatic variations only between 30 and 50 percent of its thaw, according to a study by Nature Climate Change. The rest is due to human activity, that is, the consumption of fossil fuel. The polar fever, the race of the company Sati to seize the booty of riches now available in the region thanks to the melting of the ice, gallops at breakneck speed; the ice, on the other hand, thins, breaks, recedes, vanishes.
It is the new El Dorado and, however, is rapidly disappearing. Since 2011, 375,000 million tons of ice per year have disappeared in Greenland, the equivalent of a bucket of eight kilometers per side and 400 million Olympic swimming pools. Only the two largest glaciers in the northeast, Zachariae Isstrom and Nioghalvfjorden, where the melting process is most evident, are capable of raising the seas by more than one meter. If Greenland were to melt, that meter will become eight.

Uranium will only represent 10 percent of the total value, but it is impossible to avoid the production of radioactive waste. You can not make an omelet without breaking the eggs. “He admits that China has a global monopoly in the processing and trade of rare earths,” but, on the other hand, China is also the only country that has the recipe to separate the 17 elements that are used for electronics, for example for those mobile phones so loved even by you ecologists … », says Ib. He explains that with the minerals extracted in Kvanefjeld, supermanes will be built for wind turbines and batteries for hybrid cars: “Greenland, instead of being a passive receiver of global warming, can contribute to green technology”. The motto of GME is «Mining for Greenland».
Climate warming is the best ally of those who aspire to sink the tooth in Greenland. But the Nuuk government also uses the heat factor and the disappearance of pieces of polar ice cap. What the rest of the world sees as an agonizing loss, many Greenlandic politicians transform it into marketing: “Victimization by the effects of climate change is in Nuuk an instrument for doing business”.
Up to and including 2015, there was no Chinese investment in Greenland. In 2016, a strong offensive began – with the complicity of the government’s independentistas – which culminated in the takeover of the Australian company that aims to concession and exploitation of the Kvanefjeld mining complex in Narsaq. The company Shenghe Resources Holding of Shanghai, which is already a colossus in the exploitation of rare earths, has acquired 12.5 percent of GME, with the option to increase its quota to 60 percent.
The United States is hesitant to plan a greater participation in the great game of the New Arctic in the 21st century, while it is being unmarked of the twentieth century in the deserts of the Middle East, increasingly absorbed in the Asian board. Among the Arctic nations is the most distracted despite the Russian presence, increasingly aggressive. On the contrary, the acquisition of Alaska was animated by an imperial strategy, fruit of the vision of a man decisive for the future global role of the country. Trump’s new objective is the mother of all North American arctic deposits on the mainland -we are talking about 6,000 million barrels-; The only problem is that it is located in the North Slope nature reserve, the largest in the country. For 30 years, companies have been pushing for access to the so-called Area 1002 of the park, capable of producing 120,000 barrels per day. Now Trump has said that drilling at the Arctic National Wildlife Refuge is a “priority” to clean up the federal budget. It is the last remaining sanctuary for pastures and the migration of the caribou, the “American reindeer”, a herd of one million heads that moves between eastern Alaska and Canada; groups of 70,000-80,000 units in progress, from one horizon to another, following in a millimetric way the tracks of the beaters in the high snow. One of the most moving migratory shows on Earth.

According to the Financial Times, the Russian Arctic holds an oil and gas safe equivalent to 20 trillion dollars, able to guarantee Rosneft and Gazprom – the only authorized companies – production until 2050. 40 percent of the national GDP comes from wells beyond the polar circle. The joint Russian production in 2016 was 547.3 million tons of oil and 555,000 million cubic meters of gas.
The three main oil regions of the Arctic, Yamalia-Nenetsia, Nenetsia and the Republic of Komi, pumped in 2016 by 17 percent more than the previous year. Some 100 million tons of the national oil come from the terrestrial and oceanic arctic platforms, and these last ones increased a 23 percent in 2017, especially in the sea of Pechora, with almost three million tons altogether. Putin’s pride here is called Prirazlomnaya, the only ice-repellent platform in the world; It is 60 kilometers from the coast in the Pechora Sea and south of New Zembla: the target is 5.5 million tons per year by 2020.
Virtually all gas production comes from the Arctic, with a reserve of 43 trillion cubic meters and a potential of 73 trillion extractables. The 85 percent of Russian gas is extracted in the Yamal Peninsula, where a port of 29,000 million euros has been built in four years, 12,000 of which come from Beijing: in fact, the goal is to feed the country where it is the largest the demand for liquid natural gas (LNG), which is transported by tankers through the Northern sea route, polar route that the Chinese already call the Blue Silk Road.
In addition to being silent about the Russian plans to build a port in the Svalbard in its sector of Barentsburg, officially to ensure the safety of Russian fishing vessels, which are perfectly charged with the Norwegian structures. There is information that leaves us very restless – he adds -, also in the expansion of the Russian scientific base of Barentsburg. The 1920 Treaty does not provide for any control over research activities, but it is increasingly clear that for Russians, and not only for Russians, these bases are becoming a cover for very different activities.

The indigenous population of the Arctic has the highest suicide rates in the world; in Greenland it is an authentic massacre. “It’s not because of the darkness, as they say, or because of alcohol, which is also a form of suicide. It’s globalization, believe me. We feel useless, completely inadequate for what comes from outside. “Suicide is today the great taboo of the Inuits, but it is even more to say what everyone really knows and that comes from the depths of their ancestry, centuries of struggle for survival in that implacable environment, where only they have managed to adapt and transform it into their homeland: men and women who were a burden to the community, or who were no longer indispensable in hunting, took them away in the middle or they were forced to commit suicide.
The pressure from ecologists, many of whom are still unaware that in Greenland there is a people that has lived on ice for millennia and can not go from hunting to organic farming, led Europe to block imports. Something that all the Inuits of the Western Arctic lived as an injustice and an insult to their life system. Because hunting is the pivot of its existence; it is food, a factor of social aggregation, prayer.
The “territory” of Nunavut occupies 21 percent of Canada, eight times the size of Great Britain, with a population of 35,000 Inuit. A self-government unique in the world, without political parties, but supported by people elected on the basis of the values expressed and witnessed in the community during their life. The first principle of the constitution states that “decisions will be made after discussing them, but silence does not mean consensus”. However, the utopian experience of Nunavut, born in 1999, only came after enormous suffering, decades of negotiations, struggles and processes.
Unlike Greenland, for example, Canadian Inuit did not obtain the right to vote until the late 1950s. Canada, a country that Reagan called “a decaffeinated United States”, used its iron fist in its Great North, staining the hands of serious violations against human rights. It is the Arctic power that, together with Russia, has given more character to its most inhospitable territories, those three million square kilometers of tundra, turning them into a geostrategic center of gravity and defense bastion of the northern border, which represents the 65th percent of its coasts, more extensive than those of any other country in the world.
Today, those who look to the New Arctic are prosperous nations, envied and imitated by the world. They head all the classifications that count: they are the happiest, the richest, the fairest, the most sustainable. Confirming the prophecy of Stefánsson.
Scandinavia, like all the North, the Arctic and the Subarctic, is destined to be increasingly central to the great human narrative, so it is important to know it beyond stereotypes and fashions. Knowing how to distinguish between what could be useful to adopt and what runs the risk of being indigestible in our latitudes and for our cultural tradition. But, above all, it is useful to tell the reality to take the measurements of the world that is approaching. The transformation of the region is predicted on the basis of four driving forces designed to change human geography in the coming decades: demographic trends, the growing demand for oil and water, climate change and globalization. Turning the Aristotelian theorem, these four horsemen of the Apocalypse, according to Smith, will lead the nations closer to the Arctic Circle to become increasingly inhabited, rich, powerful, politically influential, while countries closer to the equator will have to deal with drought, aging in inhumane megalopolises threatened by continuous floods and overflows. In the north, on the contrary, in Scandinavia and above all in Arctic America, the global pressure will transform the polar nations into an area of frenetic activity, of increasing strategic value and with increasing economic-financial importance. The economic engine of the planet.

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