Fake News. La Nueva Arma De Destrucción Masiva: Cómo Se Utilizan Las Noticias Falsas Y Los Hechos Alternativos Para Desestabilizar La Democracia — David Alandete / Fake News The New Weapon of Mass Destruction: How False News and Alternative Facts are Used to Destabilize Democracy by David Alandete (spanish book edition)

— Piensen en su grupo de amigos u enemigos, siempre hay alguno que malinterpreta los hechos para su conveniencia, seguro que han pasado por una situación así. Pues bien este es el tema que trata este magnífico libro, de fácil y apasionante lectura, desenmascarando a supuestos adalides de la democracia como el señor Assange, el cual queda expuesto y retratado, a la Rusia de Putin, a la que cualquier persona coherente sabrá poner en su lugar tras la lectura.
— Y es que esa es la mayor virtud de la obra exponer todas las injerencias, ataques a la democracia, el riesgo que corre el sistema atacado por populistas, ignorantes, mercenarios y malintencionados, como se muestra capítulo a capítulo con el apoyo ruso al golpe de estado en Catalunya, Ukrania, Brexit y separatistas de todo el mundo.
— En definitiva una obra INDISPENSABLE, para conocer este fenómeno que cuenta con el consejo del investigador Javier Lesaca, lo cual es sinónimo de sabiduría, éxito y lucidez contada como un artículo domincal que, atrapará al lector, le formará, ilustrará y en definitiva le invitará a salir de la cueva, ¿qué más se puede pedir?.
— No se pierdan el capítulo donde la democrática Rusia, organiza un simposio sobre el derecho a decidir de Puerto Rico, Miami, California, Cataluña,Escocia etc etc, a la vez que elimina con su ejército (polonio mediante) a todo disidente político, periodístico.

No es ningún secreto que los medios de comunicación tradicionales han perdido el control de la distribución de información, con unos efectos todavía inciertos para la salud de las sociedades democráticas.
La nueva realidad del ejercicio del periodismo: si un informador publica una noticia incómoda, se le apunta con el dedo para invalidar lo que dice tratando de desacreditarle a él personalmente.
Assange y otras personas afines a su causa, como Snowden y Glenn Greenwald, han dado ya a la prensa tradicional por muerta, sustituyéndola ellos mismos y su legión de seguidores en redes por una mezcla de periodismo y activismo que va en contra de la razón de ser del oficio de la información.
Desde que el actual modelo de Estado democrático se consolidara en Europa y Norteamérica después de la segunda guerra mundial, los periodistas hemos sido administradores de un derecho que no nos pertenece: el de una sociedad a estar bien informada. Son las dictaduras y los regímenes autoritarios los primeros que históricamente han metido a periodistas en la cárcel y han instaurado desde bien temprano imperios de propaganda a través de los cuales aniquilan cualquier crítica, mezclando hechos, opiniones y mentiras.
Toda esta crisis (catalana e influencia rusa) se enmarca en un contexto inédito en el que la desinformación ha tenido un papel central en procesos políticos con efectos reales en las elecciones en Estados Unidos e Italia o el referéndum de salida del Reino Unido de la UE. Por primera vez, políticos y gobernantes populistas con poder —incluidos los catalanes— han convertido a la prensa en el objeto principal de sus críticas, «el partido de la oposición», como le llama Steve Bannon, el polémico consejero de Trump, hoy centrado en llevar sus ideas ultranacionalistas y antiinmigración al corazón de Europa.

Una noticia falsa no tiene por qué ser una completa mentira. La desinformación contiene muchos elementos de verdad: existió una cumbre independentista en Moscú en 2016 y al político catalán Enric Folch, que acudió a ella, le preguntaron si una Cataluña independiente reconocería que Crimea es rusa. Los desinformadores utilizan hechos como ésos para torcer las reglas del periodismo, con una técnica tan necesaria para ellos como perniciosa para la sociedad: la manipulación de las fuentes. De esa práctica surge un espacio a medio caballo entre la verdad y la mentira que algún avezado profesional de los medios de propaganda rusa ha descrito como «realidad alternativa».
Hay un ejemplo que en el estallido de la crisis independentista catalana logró cierta prominencia y que sirve para una definición anatómica de una noticia falsa. Es el caso de la nota del portal RT «“Tanques en las calles de Barcelona”: España y Cataluña al borde de un desenlace violento», publicada el 28 de octubre de 2017.
La importancia de lo que se dice y quién lo dice condiciona posteriormente elementos como el tamaño, la posición o la distribución de la propia noticia.
La línea editorial de un diario o las simpatías de editores y periodistas tienen también una influencia indudable sobre la información, aunque éstos lo nieguen.
La desinformación se extiende principalmente con titulares. Diversos estudios recientes reflejan que una gran mayoría de los lectores en internet comparte enlaces en las plataformas sociales sin haber leído el texto de la noticia previamente. En total, un 59 por ciento ni siquiera llega a abrir el vínculo adjunto en el mensaje, según un informe de un grupo de ingenieros de la universidad estadounidense de Columbia y el Instituto Nacional Francés, que analizaron durante un mes 59.088 enlaces a informaciones que fueron compartidos 2,8 millones de veces en Twitter. Por eso, los titulares son el instrumento principal con el que esa maquinaria de injerencias difunde sus argumentos, y es en ellos donde quedan claras sus intenciones y prioridades.
Un mundo de titulares exagerados, tendenciosos y opinativos abre la puerta a una representación alternativa de la realidad.

La desinformación no opera en el vacío. Moscú no se inventó ninguna crisis independentista en Cataluña del mismo modo que no creó el malestar británico o italiano con la UE ni el caldo de cultivo populista que aupó a Trump a la presidencia de Estados Unidos o provocó las protestas de los chalecos amarillos en Francia. En todos estos casos hay una técnica parasitaria: las noticias falsas rusas se posan sobre una situación ya de por sí conflictiva y amplifican el mensaje de una de las partes, por lo general la que más coincide con sus intereses: antiglobalista o antiamericana. En el caso de Cataluña, esa maquinaria se encontró con un nutrido historial de mitos y fantasías disfrazados no sólo de noticias, sino también de documentales, libros de texto y volúmenes de historia. Y todo de acuerdo con un plan diseñado desde las élites políticas catalanas e implementado de una forma muy disciplinada y exitosa.
Cuando llegó el momento culminante de la crisis independentista, en la recta final hacia el 1 de octubre de 2017, los medios de desinformación rusos encontraron en Cataluña un caldo de cultivo idóneo para aumentar la temperatura varios grados con noticias abundantes sobre violencia, represión, tanques y bombardeos. Finalmente intervino el mismísimo Putin, recordándole a Europa que había jugado con fuego al apoyar veladamente la independencia de Kosovo en 2008 y ahora la caja de Pandora estaba ya abierta. Antes, sin embargo, entró en escena Julian Assange.
No es de extrañar que muchos votantes independentistas, intoxicados en esa burbuja nacionalista, creyeran que ya, por fin, el día 11 de octubre se levantarían en una república independiente, libres del yugo español y dueños de sus presupuestos, su moneda, sus carreteras, sus puertos y su espacio aéreo. Pero el 10 de octubre Puigdemont, tras declarar la república y suspenderla, se marchó a las fiestas patronales de Gerona, desde donde emitió otro discurso todavía más confuso. Tanto que el propio Rajoy tuvo que escribirle una carta preguntándole si «alguna autoridad de la Generalitat de Cataluña ha declarado la independencia y/o si su declaración del 10 de octubre ante el pleno del Parlamento implica la declaración de independencia al margen de que ésta se encuentre en vigor o no».
En una pirueta epistolar, Puigdemont respondió, pero de nuevo no aclaró nada, y aquello dio lugar a la aplicación del artículo 155 de la Constitución española, la suspensión del autogobierno y la intervención de la Generalitat por parte del ejecutivo español. Todo aquel proceso, con las manifestaciones, las leyes de desconexión y el referéndum, había acabado no dándole la independencia a Cataluña, sino costándole su autonomía.

La era de la posverdad surge también de la desconfianza en los argumentos racionales y la descalificación de quienes los transmiten. Según apunta el periodista británico Matthew D’Ancona en un estudio en el que se centra en el brexit y el ascenso de Trump, «el hundimiento de la confianza es la base social de la era posverdad: todo fluye de esta única fuente venenosa. Para decirlo de otra manera, todas las sociedades desarrolladas confían en un grado relativamente alto de honestidad para preservar el orden, respetar la ley, hacer que los poderosos rindan cuentas y generar prosperidad».
No son sólo Trump o los líderes del brexit quienes descalifican a los académicos que los contradicen o a los periodistas que publican informaciones incómodas para ellos. Todos los populismos lo hacen y por eso es tan importante para los que ostentan el poder contar con todo un entramado de medios afines que se limitan a ratificar sus puntos de vista y sus argumentos.
Esa caza y hostigamiento de intelectuales, académicos y expertos ha abocado al independentismo al callejón sin salida en el que se encuentra y al que ha arrastrado a España. Los independentistas han creado dos bandos, se han atrincherado en uno de ellos y han colocado al resto en otro. En la escena internacional han encontrado más bien pocas simpatías y signos de apoyo muy escasos, y los que han llegado han sido por vías oscuras y motivos espurios.

El método de funcionamiento de esta maquinaria: sembrar dudas, difundir falsas informaciones, propagarlas a través de las redes sociales, contaminar a los medios tradicionales. El gobierno español ya sabía de este patrón porque la embajada ucraniana le había advertido de las operaciones de RT y Sputnik en España. Aun así, sólo un año después, durante el gran estallido de la crisis catalana, la campaña de desinformación rusa sorprendió al Estado completamente desprevenido.
De momento, ningún otro país se ha tomado tan en serio la amenaza de la desinformación rusa como para iniciar una investigación independiente de dimensiones. Hay, sin embargo, medidas que parlamentos y gobiernos han tomado de forma individual en Europa que vale la pena considerar.

Se considera noticias falsas en la actual guerra de desinformación que sufre Occidente:
– Información inventada: contenido completamente falso.
– Información manipulada: distorsión de información o imágenes reales, por ejemplo, un titular en términos sensacionalistas, que acaba popularizándose con más clics.
– Información de fuentes falsas: suplantación de fuentes por impostores, por ejemplo, con el uso de la imagen corporativa de una agencia informativa.
– Información malintencionada: mal uso de información, por ejemplo, disfrazando un comentario de opinión como un hecho.
– Contexto o conexiones falsos: información real que se comparte con información contextual falsa, por ejemplo, cuando el titular de un artículo no refleja el contenido de éste.
– Sátira y parodia: informaciones humorísticas se presentan como si fueran ciertas. Aunque no se caracteriza habitualmente como noticias falsas, esta categoría puede engañar a los lectores de forma inintencionada.
La totalidad de los ejemplos vistos previamente sobre Cataluña entra en alguna de esas seis categorías.

La tensión existente entre la libertad de expresión y las sanciones por desinformación. Los negacionistas del fenómeno de las injerencias en procesos democráticos, tanto a izquierda como a derecha, han acusado a los gobiernos y parlamentos de todo el mundo que han intentado atajar el problema de estar creando un «ministerio de la verdad», que decidirá qué información es real y cuál no lo es. Flemming Rose, investigador en el Cato Institute, y Jacob Mchangama, director del think tank Justitia, argumentan que, «en lugar de fortalecer a los medios establecidos, prohibir las noticias falsas podría socavarlos a los ojos del público. Si los medios alternativos son perseguidos o clausurados, los medios convencionales corren el riesgo de ser vistos como herramientas de propaganda extraoficiales de los poderes fácticos». Recuerdan ambos que durante una buena parte de la vida de la URSS los medios clandestinos eran de los que más se fiaba el público, frente a la labor burocrática y oficial de grandes cabeceras como Pravda e Izvestia.
¿Cuál es la alternativa, sin embargo? ¿Basta con programas educativos y confiar en que un lector sepa distinguir una noticia real de una falsa? Hasta ahora, no tomar medidas ha supuesto pagar un elevado precio.

En pocos países han invertido los medios de propaganda rusos tantos recursos como en Francia. Sputnik y RT operan ambos en francés y su principal objetivo allí ha sido Emmanuel Macron. Primero, con informaciones sesgadas y malintencionadas en las elecciones presidenciales de 2017 y más recientemente durante la revuelta populista de los chalecos amarillos, que comenzó como un rechazo al aumento del impuesto sobre las gasolinas y pronto pasó a pedir la dimisión de Macron. El 29 de mayo de 2017 el presidente francés hizo algo a lo que pocos líderes mundiales se han atrevido: pedirle contención a Vladímir Putin, a la cara y ante periodistas de todo el mundo durante una visita oficial.

Antes de que las primeras informaciones en El País revelaran la intensa actividad de las redes rusas, varios diarios digitales españoles habían sacado ya a relucir el nombre de Soros. Medios de extrema derecha habían publicado titulares como «George Soros financia el separatismo en Cataluña». Remitían todos a la misma información del diario La Vanguardia de agosto de 2016 en la que se afirmaba que la fundación Open Society Initiative, fundada por Soros, destinó en 2014 un total de 27.049 dólares a organizar un acto del Consell per la Diplomàcia Pública de Catalunya, la agencia «paradiplomática» catalana. Se trataba de una jornada sobre la xenofobia y el euroescepticismo que se celebró en Barcelona antes de las elecciones al Parlamento europeo.
La entrada en escena de Soros en la crisis catalana tiene mucho que ver con el apoyo de Rusia a la ultraderecha en España, un fenómeno que no ha sido lo suficientemente analizado pero que va más en línea con los intereses políticos y estratégicos de Putin y su gobierno. Como se vio, el partido de Putin ha explorado y firmado acuerdos con el Frente Nacional Francés, al que Rusia ha concedido cuantiosos créditos, y La Liga en Italia. En el informe «Los caballos de Troya del Kremlin» se hace referencia a la emergente fuerza de ultraderecha española, Vox, como un partido posiblemente favorable a los posicionamientos del Kremlin en el sur de Europa. «Estos actores ven a Putin como un líder duro en materia de terrorismo o como un defensor de la integridad territorial, y ven a Rusia como un baluarte en la defensa de la cristiandad frente al islam», dice el documento. Vox niega cualquier sintonía con Moscú.

3 de octubre 2017 Las palabras del presidente del gobierno se interpretarían como la prueba final de su determinación. Rajoy fue breve, y en su discurso no sólo detalló las medidas a tomar, sino que añadió, de forma destacada, que «Cataluña necesita reconciliarse con la verdad».
No era una afirmación casual o menor. El presidente del gobierno era consciente, según comentó aquellos días a personas de su confianza, que una de las mayores víctimas del proceso independentista había sido la verdad, despojada de relativismos y emociones. Había algo muy cierto en el razonamiento de Rajoy, antes y después de aquel día: Cataluña, a pesar de todo, no era independiente, no podía ser independiente y no iba a ser independiente. El separatismo no era un sentimiento unánime en Cataluña. Sus líderes habían actuado según un plan ejecutado a lo largo de décadas, dando una difusión exagerada a sus ideas, mientras ocultaban un gran entramado de corrupción. «La independencia es desgarradora, triste y angustiosa. Eso es lo que hoy sienten todos los catalanes que no son independentistas, incluso muchos independentistas demócratas que no pueden compartir el destrozo que esta operación basada en mentiras, fraudes e imposiciones está causando en el cuerpo social de Cataluña», dijo Rajoy.
Era la admisión, tardía, de que España había vivido, casi sin darse cuenta, su primera gran crisis de la era de la posverdad. Pero por mucha razón que Rajoy tuviera, había algo que no le acompañaba: el Estado no se había protegido ante uno de los mayores desafíos de su existencia democrática. Rajoy era un político clásico, que todavía daba importancia a los discursos y a la cobertura que le dedicaban medios impresos, radios y televisiones. El sentir ciudadano, sin embargo, estaba ya en otros foros, que a él le quedaban muy lejos: en redes sociales, buscadores, grupos de mensajes abiertos y cerrados, agregadores de noticias y sitios web generalistas y minoritarios. La política, siempre supeditada al estado de ánimo de la sociedad, ya no se jugaba en los campos que Rajoy conocía bien.
El presidente no podía haber hecho nada, es cierto, sobre la creación de una realidad paralela en Cataluña, pues ésta se llevaba fraguando, como se ha visto, décadas. Ningún gobierno anterior, de derecha o izquierda, con mayoría absoluta o no, había intentado detener la implantación de las ideas nacionalistas en instituciones académicas y medios de comunicación, iniciada en los primeros años de Pujol. Pero lo que sí podía haber hecho Rajoy, que llevaba en el poder desde 2011, era tomar medidas para contener el avance de la desinformación en internet. Fueron varios los políticos, periodistas y académicos que le advirtieron de ello, pero él pensó que aquellas vías de comunicación eran algo menor comparado con la posibilidad de que España se rompiera.
Cuando estalló la crisis catalana, el gobierno español ya disponía de informes sobre injerencias en países aliados como Ucrania, Francia o Estados Unidos. RT y Sputnik llevaban años operando en español, con un punto de vista extremadamente crítico no sólo con su gobierno, sino con la salud general de todo el Estado.

Las vías para suministrar información han cambiado radicalmente desde la irrupción en el mercado digital de las plataformas de internet como Facebook, Twitter y Google. Éstas tienen también una responsabilidad en el problema y deben rendir cuentas por ello. Su argumento de que son meros distribuidores de información no es válido porque desde siempre los medios de comunicación han sido responsables de las noticias que distribuían. Suministrar diarios y emitir informativos en radio y televisión era una parte crucial de su función, de la que hoy han perdido el monopolio, a favor de esas mismas plataformas.
Vista la gravedad del problema, las plataformas deben ser más transparentes. Sus algoritmos están protegidos por las leyes de protección intelectual, y así debe ser para fomentar una sana competitividad en el sector. Pero deben ser más transparentes y permitir el acceso a sus plataformas de las autoridades y los servicios que éstas creen para combatir la desinformación.
Si Facebook, Google o Twitter detectan una alta incidencia de bots o cuentas automatizadas conectadas a sus servicios, deberían informar de ello a las autoridades competentes, revelando el origen geográfico de esa actividad. Si los usuarios les informan de contenido ilícito, injurioso o falso, deben actuar con mayor rapidez para eliminarlo de sus servidores, si es posible en cuestión de minutos, en lugar de horas o días, como sucede ahora.

La noticia sobre las graves injerencias de Rusia quedó relegada a un muy discreto segundo plano con titulares escépticos, débiles y confusos: «El gobierno de Estados Unidos acusa formalmente a Rusia de una campaña de hackeo para interferir en las elecciones» (The Washington Post); «Estados Unidos afirma que Rusia dirigió un hackeo para influir en las elecciones» (The New York Times); «La Administración de Obama acusa al gobierno ruso de hackeo en año electoral» (Politico). Poca investigación hubo en los medios principales de Estados Unidos, y poca preocupación por obtener más detalles de la Casa Blanca y el FBI, que los tenían y en abundancia.
Creo que éste es un ejemplo claro de qué sucede cuando la prensa no cumple con su deber, que está por encima de la lógica y legítima búsqueda de grandes audiencias y abundantes ventas. La noticia del día, del mes y de toda la campaña de 2016 eran las acciones subversivas de Rusia, como ha demostrado una investigación de un fiscal especial y todo tipo de informes de inteligencia y comités parlamentarios en Estados Unidos.
La mejor recompensa a ese trabajo fue la confirmación de esas injerencias por parte de servicios de inteligencia, gobiernos y parlamentos de todo el mundo, así como de instituciones internacionales como la UE y la OTAN. Las campañas de desprestigio y ataques personales como los de Assange y los independentistas no son más que técnicas de defensa de quien no tiene argumentos.

– Think of your group of friends or enemies, there is always someone who misinterprets the facts for your convenience, sure you have gone through a situation like this. Well this is the subject of this magnificent book, easy and exciting reading, unmasking alleged champions of democracy as Mr. Assange, which is exposed and portrayed, Putin’s Russia, to which any consistent person will know Put in place after reading.
– And that is the greatest virtue of the work to expose all interference, attacks on democracy, the risk run by the system attacked by populists, ignorant, mercenaries and malicious, as shown chapter by chapter with Russian support for coup in Catalonia, Ukraine, Brexit and separatists around the world.
– In short, an INDISPENSABLE work, to know this phenomenon that has the advice of researcher Javier Lesaca, which is synonymous with wisdom, success and lucidity told as a dominical article that will catch the reader, form, illustrate and ultimately will invite you to leave the cave, what else can you ask ?.
– Do not miss the chapter where democratic Russia, organizes a symposium on the right to decide Puerto Rico, Miami, California, Catalonia, Scotland etc etc, while eliminating with his army (polonium through) any political dissident , journalistic.

It is no secret that the traditional media have lost control of the distribution of information, with effects that are still uncertain for the health of democratic societies.
The new reality of the exercise of journalism: if an informant publishes an uneasy news, he is pointed with his finger to invalidate what he says trying to discredit him personally.
Assange and others like him, such as Snowden and Glenn Greenwald, have already given the traditional press for dead, replacing it and their legion of followers in networks by a mixture of journalism and activism that goes against the reason of be of the trade of information.
Since the current model of democratic state was consolidated in Europe and North America after the Second World War, journalists have been administrators of a right that does not belong to us: that of a society to be well informed. Dictatorships and authoritarian regimes are the first that historically have put journalists in jail and have established very early empires of propaganda through which annihilate any criticism, mixing facts, opinions and lies.
All this crisis (Catalonian and Russian influence) is framed in an unprecedented context in which misinformation has played a central role in political processes with real effects in the elections in the United States and Italy or the referendum of exit from the United Kingdom of the EU . For the first time, populist politicians and rulers with power – including the Catalans – have turned the press into the main object of their criticism, “the opposition party,” as Steve Bannon, the controversial Trump adviser, today calls it. in bringing their ultra-nationalist and anti-immigration ideas to the heart of Europe.

A false news does not have to be a complete lie. The misinformation contains many elements of truth: there was an independence summit in Moscow in 2016 and the Catalan politician Enric Folch, who came to her, was asked if an independent Catalonia would recognize that Crimea is Russian. The misinformers use facts like these to twist the rules of journalism, with a technique as necessary for them as pernicious for society: the manipulation of sources. From this practice arises a half-horse space between the truth and the lie that some seasoned professional of the Russian propaganda media has described as “alternative reality”.
There is an example that in the outbreak of the Catalan independence crisis achieved a certain prominence and serves for an anatomical definition of a false news. This is the case of the RT portal note «” Tanks in the streets of Barcelona “: Spain and Catalonia on the verge of a violent outcome», published on October 28, 2017.
The importance of what is said and who says it subsequently conditions elements such as the size, position or distribution of the news itself.
The editorial line of a newspaper or the sympathies of editors and journalists also have an undoubted influence on the information, although they deny it.
Misinformation extends mainly with headlines. Several recent studies show that a large majority of readers on the Internet share links on social platforms without having read the text of the news previously. In total, 59 percent do not even open the link attached to the message, according to a report by a group of engineers from the American University of Columbia and the French National Institute, which analyzed 59,088 links to information that were Shared 2.8 million times on Twitter. Therefore, the owners are the main instrument with which this machinery of interference spreads their arguments, and it is in them where their intentions and priorities are clear.
A world of exaggerated, tendentious and opinionative headlines opens the door to an alternative representation of reality.

Misinformation does not operate in a vacuum. Moscow did not invent any independence crisis in Catalonia in the same way that it did not create British or Italian discontent with the EU or the populist breeding ground that brought Trump to the presidency of the United States or provoked the protests of the yellow vests in France. In all these cases there is a parasitic technique: the false Russian news rests on an already conflicting situation and amplifies the message of one of the parties, usually the one that most matches their interests: anti-globalist or anti-American. In the case of Catalonia, this machinery was met with a rich history of myths and fantasies disguised not only of news, but also of documentaries, textbooks and history volumes. And all according to a plan designed from the Catalan political elites and implemented in a very disciplined and successful way.
When the culminating moment of the independence crisis arrived, in the final stretch towards October 1, 2017, the Russian disinformation media found in Catalonia an ideal breeding ground to increase the temperature several degrees with abundant news about violence, repression, tanks and bombings. Finally Putin himself intervened, reminding Europe that he had played with fire by veiledly supporting the independence of Kosovo in 2008 and now the Pandora’s box was already open. Before, however, Julian Assange came on the scene.
It is not surprising that many pro-independence voters, intoxicated in that nationalist bubble, believed that, finally, on October 11 they would rise in an independent republic, free of the Spanish yoke and owners of their budgets, their currency, their roads, its ports and its air space. But on October 10 Puigdemont, after declaring the republic and suspending it, went to the festivities of Gerona, from where he issued another speech even more confusing. So much that Rajoy himself had to write a letter asking him if “any authority of the Generalitat of Catalonia has declared independence and / or if his October 10 statement before the plenary session of the Parliament implies the declaration of independence regardless of whether it is find it in force or not ».
In an epistolary pirouette, Puigdemont responded, but again he did not clarify anything, and that gave rise to the application of article 155 of the Spanish Constitution, the suspension of self-government and the intervention of the Generalitat by the Spanish executive. All that process, with the demonstrations, the disconnection laws and the referendum, had ended up not giving Catalonia independence, but costing it its autonomy.

The post-truth era also arises from the distrust of rational arguments and the disqualification of those who transmit them. According to British journalist Matthew D’Ancona in a study that focuses on Brexit and Trump’s rise, “the collapse of trust is the social basis of the post-truth era: everything flows from this single poisonous source. To put it another way, all developed societies rely on a relatively high degree of honesty to preserve order, respect the law, hold the powerful accountable and generate prosperity. ”
It is not just Trump or the Brexit leaders who disqualify the academics who contradict them or the journalists who publish uncomfortable information for them. All populisms do it and that is why it is so important for those who hold the power to have a whole network of related media that only ratify their points of view and their arguments.
That hunt and harassment of intellectuals, academics and experts has led the independence movement to the impasse in which it finds itself and to which it has dragged Spain. The separatists have created two camps, have entrenched themselves in one of them and placed the rest in another. On the international stage, they have met with very few sympathies and very little signs of support, and those who have arrived have been in dark ways and spurious reasons.

The method of operation of this machinery: sow doubts, spread false information, spread through social networks, contaminate traditional media. The Spanish government already knew about this pattern because the Ukrainian embassy had warned him about the operations of RT and Sputnik in Spain. Even so, only a year later, during the great outbreak of the Catalan crisis, the Russian disinformation campaign surprised the State completely unprepared.
So far, no other country has taken the threat of Russian disinformation so seriously as to start an independent investigation of dimensions. There are, however, measures that parliaments and governments have taken individually in Europe that are worth considering.

It is considered false news in the current war of misinformation suffered by the West:
– Invented information: completely false content.
– Information manipulated: distortion of information or real images, for example, a headline in sensationalist terms, which ends up becoming popular with more clicks.
– Information from false sources: impersonation of sources by impostors, for example, with the use of the corporate image of an information agency.
– Malicious information: misuse of information, for example, disguising an opinion comment as a fact.
– Context or false connections: real information that is shared with false contextual information, for example, when the owner of an article does not reflect the content of it.
– Satire and parody: humorous information is presented as if it were true. Although not usually characterized as false news, this category can deceive readers unintentionally.
All of the examples previously seen about Catalonia fall into one of these six categories.

The tension between freedom of expression and sanctions for misinformation. The deniers of the phenomenon of interference in democratic processes, both on the left and on the right, have accused the governments and parliaments around the world that have tried to tackle the problem of creating a “ministry of truth”, which will decide what information It is real and what is not. Flemming Rose, researcher at the Cato Institute, and Jacob Mchangama, director of think tank Justitia, argue that, “instead of strengthening the established media, banning false news could undermine them in the eyes of the public. If the alternative media are persecuted or closed, conventional media run the risk of being seen as unofficial propaganda tools of the de facto powers. ” They both remember that during a good part of the life of the USSR the clandestine media were those that the public most trusted, in front of the bureaucratic and official work of large headers such as Pravda and Izvestia.
What is the alternative, however? Is it enough with educational programs and trusting that a reader can distinguish a real news from a false one? Until now, not taking measures has meant paying a high price.

In few countries the Russian propaganda media have invested as many resources as in France. Sputnik and RT operate both in French and their main objective there has been Emmanuel Macron. First, with biased and malicious information in the presidential elections of 2017 and more recently during the populist revolt of the yellow vests, which began as a refusal to increase the tax on gasoline and soon went on to demand the resignation of Macron. On May 29, 2017, the French president did something to which few world leaders have dared: to demand support from Vladimir Putin, in the face and before journalists from all over the world during an official visit.

Before the first reports in El País revealed the intense activity of the Russian networks, several Spanish digital newspapers had already brought up the name of Soros. Right-wing media had published headlines such as “George Soros finances separatism in Catalonia.” They all referred to the same information in the newspaper La Vanguardia of August 2016 in which it was stated that the Open Society Initiative foundation, founded by Soros, allocated in 2014 a total of $ 27,049 to organize an act of the Consell per la Diplomàcia Pública de Catalunya , the Catalan «paradiplomatic» agency. It was a day on xenophobia and euroscepticism that was held in Barcelona before the elections to the European Parliament.
The entry on the scene of Soros in the Catalonian crisis has much to do with the support of Russia to the extreme right in Spain, a phenomenon that has not been sufficiently analyzed but that is more in line with Putin’s political and strategic interests and its government. As it turned out, Putin’s party has explored and signed agreements with the French National Front, to which Russia has granted substantial credits, and La Liga in Italy. In the report «The Kremlin’s Trojan Horses», reference is made to the emerging Spanish far-right force, Vox, as a party possibly favorable to the Kremlin’s position in southern Europe. “These actors see Putin as a hard leader in terms of terrorism or as a defender of territorial integrity, and see Russia as a bulwark in the defense of Christianity against Islam,” the document says. Vox denies any harmony with Moscow.

October 3, 2017 The words of the president of the government would be interpreted as the final proof of his determination. Rajoy was brief, and in his speech not only detailed the measures to be taken, but added, prominently, that “Catalonia needs to be reconciled with the truth.”
It was not a casual or minor affirmation. The president of the government was aware, as he said those days to people of his confidence, that one of the greatest victims of the independence process had been the truth, stripped of relativisms and emotions. There was something very true in Rajoy’s reasoning, before and after that day: Catalonia, despite everything, was not independent, could not be independent and was not going to be independent. Separatism was not a unanimous feeling in Catalonia. Its leaders had acted according to a plan executed over decades, giving an exaggerated dissemination of their ideas, while hiding a large web of corruption. «Independence is heartbreaking, sad and agonizing. That is what all Catalans today who are not independentists, including many Democratic independents who can not share the damage that this operation based on lies, fraud and impositions is causing on the social body of Catalonia, “said Rajoy.
It was the late admission that Spain had lived, almost without realizing it, its first major crisis of the post-truth era. But for all the reasons that Rajoy had, there was something that did not go with him: the State had not protected itself against one of the greatest challenges of its democratic existence. Rajoy was a classic politician, who still gave importance to speeches and to the coverage given him by printed media, radios and televisions. The sense of citizenship, however, was already in other forums, which he left very far: in social networks, search engines, open and closed message groups, news aggregators and general and minority websites. Politics, always subordinated to the mood of society, was no longer played in the fields that Rajoy knew well.
The president could not have done anything, it is true, about the creation of a parallel reality in Catalonia, as it had been forging, as we have seen, decades. No previous government, right or left, with an absolute majority or not, had tried to stop the implantation of nationalist ideas in academic institutions and media, started in the early years of Pujol. But what Rajoy could have done, who had been in power since 2011, was to take measures to contain the advance of disinformation on the Internet. There were several politicians, journalists and academics who warned him about it, but he thought that those communication channels were somewhat less compared to the possibility of Spain breaking up.
When the Catalan crisis broke out, the Spanish government already had reports of interference in allied countries such as Ukraine, France or the United States. RT and Sputnik had been operating in Spanish for years, with an extremely critical point of view not only with their government, but with the general health of the entire State.
The ways to supply information have changed radically since the irruption in the digital market of internet platforms such as Facebook, Twitter and Google. They also have a responsibility in the problem and must be held accountable for it. Their argument that they are mere distributors of information is not valid because the media have always been responsible for the news they distributed. Providing newspapers and broadcasting news on radio and television was a crucial part of their function, from which today they have lost their monopoly, in favor of those same platforms.
Given the seriousness of the problem, the platforms must be more transparent. Their algorithms are protected by intellectual protection laws, and this should be to encourage a healthy competitiveness in the sector. But they must be more transparent and allow access to their platforms by the authorities and the services they create to combat misinformation.
If Facebook, Google or Twitter detect a high incidence of bots or automated accounts connected to their services, they should inform the competent authorities of this, revealing the geographical origin of that activity. If users inform them of illegal, abusive or false content, they must act faster to eliminate it from their servers, if possible in a matter of minutes, instead of hours or days, as it happens now.

The news about Russia’s serious interference was relegated to a very discreet background with skeptical, weak and confusing headlines: “The US government formally accuses Russia of a hacking campaign to interfere in the elections” (The Washington Post) ; “The United States claims that Russia led a hack to influence elections” (The New York Times); «The Obama Administration accuses the Russian government of hacking in the election year» (Politico). Little research was done in the mainstream media in the United States, and little concern to obtain more details from the White House and the FBI, which had them and in abundance.
I think this is a clear example of what happens when the press does not fulfill its duty, which is above the logical and legitimate search of large audiences and abundant sales. The news of the day, of the month and of the entire campaign of 2016 were the subversive actions of Russia, as an investigation of a special prosecutor and all kinds of intelligence reports and parliamentary committees in the United States has shown.
The best reward for that work was the confirmation of such interference by intelligence services, governments and parliaments around the world, as well as international institutions such as the EU and NATO. The smear campaigns and personal attacks like those of Assange and the independentistas are nothing more than defense techniques for those who have no arguments.

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