La Francotiradora De Stalin — Lyudmila Pavlichenko / Lady Death: The Memoirs Of Stalin’s Sniper by Lyudmila Pavlichenko

Estas son las memorias de Lyudmila Pavlichenko, por cierto no conocía su historia y me parece muy interesante. Una joven rusa que tenía el don de la puntería. Y cuando la Alemania nazi invadió su país, dejó la universidad y tomó las armas para defender su tierra natal. Una historia que cada feminista debería leer y reflexionar. Ella es sincera y genuina. Y debería ser un héroe para cada persona en el mundo que se opondría al fascismo.
Fue una mujer francotiradora soviética durante la Segunda Guerra Mundial, y como tal, registró un récord de 309 muertes, antes de que la sacaran del frente y la enviaran a una gira de conferencias por los Estados Unidos y Europa durante la segunda mitad de la guerra, antes de regresar a La escuela, y terminando su vida como historiadora. Era una comunista entusiasta, y parecía pensar que era un honor sacrificar a casi todos / todo por su país, lo que puede ser un poco difícil de entender o compadecer con los pueblos libres modernos. Sin embargo, ser tan apasionado acerca de sus creencias, cuando otros no lo eran tanto, es encomiable, y no es tan fácil de encontrar en estos tiempos. La mayoría de nosotros nunca sabremos lo que es vivir en un país devastado por la guerra, perder a familiares, hogares, todo, a un enemigo implacable, y leer esto ayudó a ver, a pesar de los ojos del autor, lo que la gente común soportó. Por el bien de su país y sus familias.
Uno de los aspectos de estas memorias que los hace tan interesantes es que tiene una maestría en historia y pasó el resto de su vida militar / civil como historiadora militar de la Unión Soviética y se nota. No solo se basa en su propia experiencia como soldado de primera línea, sino también en su extensa investigación sobre las tácticas militares alemanas y soviéticas. Tenga en cuenta que ella es un soldado del ejército rojo y es un comunista muy orgulloso y ofrece una perspectiva única. Sin embargo, ella es muy rápida para criticar ciertos aspectos de la Unión Soviética, especialmente Molotov y la máquina de propaganda, y el hecho de que casi nunca se mencione a Stalin proporciona una perspectiva interesante entre sus propias opiniones personales. También como francotiradora, le encantan sus armas si eres fanático de la historia, las armas o la Segunda Guerra Mundial. En general, mira este libro, es una de las lecturas más fascinantes que he leído en mucho tiempo.

Las armas de fuego de mano son los artilugios más perfectos creados por la mente y la mano humanas. En su construcción siempre se ha hecho uso de las últimas innovaciones. Las soluciones tecnológicas necesarias para su manufactura se perfeccionaron rápidamente y se implementaron en unos procesos de producción de los que han salido millones de ejemplares. En el caso de los modelos de más éxito y mundialmente reconocidos, el talento aportado por la ingeniería ha culminado en la creación de formas ideales y perfectas. A su manera, las armas de fuego son, simplemente, bellas. Son agradables de empuñar y cómodas de utilizar. Se han ganado el amor de la gente que las ha llevado consigo en guerras de increíble brutalidad. Algunas de ellas (como el fusil Mosin Tres Líneas, el subfusil Shpaguin, la metralleta ligera Degtiariov y la pistola Tula-Tokarev) se han erigido en símbolos de toda una época.
Pero lo que gustaba a mis amigos era, sobre todo, disparar. Practicábamos en el campo de tiro sobre dianas y en distintas posiciones: de pie, cuerpo a tierra, en posición sentada, con la rodilla en el suelo y apuntando con la ayuda de una correa bajo el brazo izquierdo.
El salvaje bombardeo sobre Guernica, en el País Vasco, levantó una oleada de indignación. No era un blanco militar estratégico. Sin embargo, en abril de 1937, más de medio centenar de aeroplanos alemanes lanzaron un ataque contra la ciudad, que estaba en manos de los republicanos. Quedó prácticamente arrasada. Muchos civiles perdieron la vida. Posteriormente, el extraordinario artista español Pablo Picasso, que había quedado conmovido por este crimen, pintó un cuadro llamado Guernica; hoy, la obra es mundialmente conocida. El episodio de la tragedia de Guernica conmocionó al pueblo ruso durante mucho tiempo. Además de cargar con esta pena, también pensábamos en lo que significaría una nueva guerra y cuándo llegaría a nuestros hogares.
En elprograma de la escuela de francotiradores, es cierto que allí se entrenaba a «supertiradores» para servir en el Ejército Rojo. Se dedicaban veintidós horas a clases de política, catorce a la instrucción en el patio de armas, 220 a la formación en armas de fuego, sesenta a tácticas, treinta a ingeniería militar y veinte al combate cuerpo a cuerpo. Las pruebas sobre el contenido del curso ocupaban treinta horas. Los cadetes que aprobaban los exámenes finales con un «excelente» pasaban a engrosar unas listas especiales de las oficinas de reclutamiento municipales y del distrito y eran llamados periódicamente para asistir a cursos de repaso o competiciones de tiro de distintos niveles. En líneas generales, los francotiradores no fueron ignorados y recibieron la consideración que merecían.

La guerra significa muerte, dolor y sufrimiento para millones de personas. Pero cuando el enemigo viola a traición las fronteras de tu país natal, no te queda más remedio que prepararte para responder con autoridad. Así, los pacíficos residentes de prósperas ciudades y pueblos se ven obligados a transformarse en guerreros implacables y sacrificados, y a soportar la presión de un enfrentamiento prolongado. La guerra realza la verdadera esencia de las personas. Los cobardes y canallas cometen los actos más nauseabundos y la gente buena, valerosa y honorable es capaz de llevar a cabo las más grandes hazañas.
Los soldados de mi regimiento, diez en total, me seguían enfundados en sus capas y cascos impermeables. Después de que el mayor general Petrov me entregara el fusil con la dedicatoria grabada, el comandante de nuestro regimiento, N. M. Matusievich, solicitó que yo pusiera en marcha inmediatamente un programa acelerado de formación para entrenar a fusileros capaces de dar al enemigo sin fallar. En respuesta a mi queja de que era imposible llevar a cabo tal empresa en tres o cuatro días, el mayor Matusievich me concedió generosamente una semana, me permitió elegir a los soldados más aptos de todo el regimiento y me entregó 500 cartuchos con balas ligeras para practicar puntería.

En primer lugar, consideraban que estaba hechizada, que una bruja me había hecho un conjuro para protegerme de la muerte por haberla salvado de los rumanos en el pueblo cercano a Odessa. En segundo lugar, estaban convencidos de que nadie me encontraría entre los árboles porque en todo momento me acompañaba el mismísimo Señor de los Bosques, el duende sin miedo. Él era quien me protegía de los enemigos con su enorme cuerpo arbóreo y sus ramas ásperas y nudosas, desviando hacia él las balas y la metralla lanzadas contra mí. La tercera leyenda (creo que completamente inventada por el guardabosque) se refería a mis habilidades. Corría el rumor de que el hada del bosque, con su agudo oído, me había enseñado a saber qué sucedía a un kilómetro a la redonda, a ver de noche igual de bien que de día, a moverme por los senderos en completo silencio y a esconderme allí donde nadie más podía. De ahí el mote que me pusieron en el regimiento: el lince.
Es muy duro perder a un camarada de armas en la guerra, sobre todo si ha demostrado su eficacia en el campo de batalla. Por entonces pensaba, y lo sigo creyendo, que la guerra, por su crueldad, es el mejor sitio para descubrir cómo es de verdad una persona. La calidad humana de los que me acompañaron en Sebastopol era insuperable.

Por invitación mía, la señora Roosevelt visitó nuestro país en dos ocasiones, en 1957 y 1958. Pasamos mucho tiempo en Moscú y viajamos juntas a Leningrado, donde fuimos al teatro y visitamos el Hermitage, el Museo Ruso, Peterhof, Gatchina y Tsárskoye Seló. Eleanor hizo algunas gestiones para que yo pudiera volver a EE. UU., pero el Departamento de Estado (que no había olvidado mis encendidos discursos en los encuentros de 1942) no me concedió el permiso. Reproduzco aquí una de las cartas de la señora Roosevelt:
4 de noviembre de 1957.
Mi querida Liudmila:
Me hizo muy feliz recibir tu carta y te agradezco de corazón las fotografías. Ha sido un acierto por tu parte enviármelas y me gustará conservarlas como recuerdo de nuestro agradable reencuentro en Moscú.
Desde que he vuelto no he dejado de hablar de tu cálida bienvenida y tus muestras de amabilidad hacia mí. Trude y Joey Lash quedaron encantados cuando les dije que nos habíamos visto y se suman a mis profundas muestras de afecto hacia ti.
Espero que puedas devolvernos pronto la visita.
Con mi reconocimiento más profundo y mis mejores deseos.
Cordialmente tuya, Eleanor Roosevelt.

A principios de agosto de 1943 me destinaron a la reserva del alto mando del Ejército Rojo y me hice alumna del curso de tiro táctico «Bandera Roja» de Vystrel para la mejora del cuerpo de oficiales de infantería, impartido en la facultad de comandantes de batallón. El curso tuvo lugar en la población de Solnechnogorsk, Región de Moscú, no lejos del lago Seniezh. Allí, los oficiales con experiencia de combate —a menudo recién salidos de un ingreso hospitalario— mejoraban sus destrezas. El programa era intenso. Las sesiones duraban doce horas y se impartían principalmente en el campo de tiro. Estudiábamos las tácticas modernas de combate en los batallones de fusileros y el arte del mando de tropas en condiciones lo más parecidas posible a las situaciones de guerra, y recibimos formación, con un rigor especial, sobre armamento de mano, que yo, por supuesto, seguí con particular disfrute. Después de tres meses de intensas sesiones prácticas, mis compañeros de curso marcharon al frente para comandar batallones de infantería. Después de graduarme en la facultad de comandantes de batallón —en un curso donde fui la única mujer—, permanecí en esta institución de formación militar tan singular y afamada hasta mayo de 1944, desempeñando labores docentes como instructora de francotiradores.
Durante los años de la Gran Guerra Patriótica, en los cursos de Vistrel se formaron alrededor de 20.000 oficiales, de los cuales unos 200 fueron nombrados Héroes de la Unión Soviética por sus extraordinarias proezas en las batallas contra las fuerzas nazis. Mi nombre también entró a formar parte de este honorífico elenco cuando, el 25 de octubre de 1943, el Presídium del Sóviet Supremo de la URSS me concedió tan excelso título.

Los francotiradores han desempeñado un papel esencial en los combates. Cuando nuestra infantería recibía la orden de avanzar, había que anular los emplazamientos de las ametralladoras enemigas, y de ello se encargaba un francotirador. Una hora o dos antes del avance, un tirador salía a tierra de nadie, se arrastraba hacia la primera línea enemiga y mantenía su arma apuntando al emplazamiento, y eso significaba apostarse justo enfrente de él. También llevábamos a cabo estas misiones.
Durante la defensa de Sebastopol, el alto mando ensalzó la importancia de los francotiradores, algo que merecimos completamente.
Para ser francotirador no solamente hay que saber disparar con puntería. Hay otro factor importante: el odio impasible al enemigo, que permite supeditar las emociones al cálculo. Tener una voluntad de hierro es un factor esencial. Los francotiradores no perdían de vista al enemigo en ningún momento, de noche o de día, y la información de las bitácoras de reconocimiento a menudo tenían que ser contrastadas mediante las operaciones de los francotiradores. Un tirador táctico estaba obligado a conocer de memoria cada montículo del terreno, cada arbusto situado delante de su posición.

El libro se cierra con una serie de láminas de nuestra protagonista.

This is the memoirs of Lyudmila Pavlichenko, by the way I didn’t know his story and I find it very interesting. A young Russian woman who had the gift of marksmanship. And when Nazi Germany invaded her country, she left University and took up arms to defend her homeland. A story every feminist should read and reflect on. She is candid and genuine. And should be a hero to every person in the world who would stand up to Fascism.
Lady Death was a Soviet female sniper during WWII, and as such, recorded a record 309 kills, before she was removed from the front and sent on a speaking tour of the US and Europe during the latter half of the war, before going back to school, and finishing her life as a historian. She was an enthusiastic Communist, and seemed to think it an honor to sacrifice almost everyone/everything for her country, which can be a bit difficult for modern free peoples to understand or commiserate with. However, to be so passionate about her beliefs, when others were not so much so, is commendable, and not so easy to find in these times. Most of us will never know what it is like to live through a war-torn country, losing family members, homes, everything, to a relentless foe, and reading this helped to see, though the author’s eyes, just what ordinary people endured, for the sake of their country and their families.
One of the aspects about these memoirs that makes them so interesting is that she has a masters degree in history and spent the remainder of her military/civilian life as military historian for the Soviet Union and it shows. She not only draws on her own experience as a front line soldier but also her extensive research into German and Soviet military tactics. Bear in mind she is a red army soldier and is a very proud Communist and offers a very unique perspective. However she is very quick to criticize certain aspects of the Soviet Union most notably Molotov and the propaganda machine and the fact that Stalin is almost never mentioned provides some interesting insight inter her own personal opinions. Also as a sniper she loves her guns if you are fan of history, guns, or World War II in general check this book out it is one of the most fascinating reads that I’ve read in a long time.

Handguns are the most perfect contraptions created by the human mind and hand. The latest innovations have always been used in its construction. The technological solutions necessary for its manufacture were perfected quickly and were implemented in production processes that have left millions of copies. In the case of the most successful and globally recognized models, the talent provided by engineering has culminated in the creation of ideal and perfect forms. In their own way, firearms are simply beautiful. They are pleasant to grasp and comfortable to use. They have won the love of the people who have taken them with them in wars of incredible brutality. Some of them (like the Mosin Tres Line rifle, the Shpaguin submachine gun, the Degtiariov light machine gun and the Tula-Tokarev gun) have become symbols of a whole era.
But what my friends liked was, above all, to shoot. We practiced on the shooting range on targets and in different positions: standing, body to ground, in a sitting position, with the knee on the ground and pointing with the help of a strap under the left arm.
The savage bombing of Guernica, in the Basque Country, raised a wave of indignation. It was not a strategic military target. However, in April 1937, more than fifty German airplanes launched an attack on the city, which was in the hands of the Republicans. It was practically destroyed. Many civilians lost their lives. Later, the extraordinary Spanish artist Pablo Picasso, who had been moved by this crime, painted a painting called Guernica; Today, the work is world-renowned. The episode of the Guernica tragedy shocked the Russian people for a long time. In addition to bearing this penalty, we also thought about what a new war would mean and when it would reach our homes.
In the sniper school program, it is true that “supertyrers” were trained there to serve in the Red Army. Twenty-two hours were devoted to political classes, fourteen to instruction in the parade ground, 220 to training in firearms, sixty to tactics, thirty to military engineering and twenty to hand-to-hand combat. The tests on the content of the course took thirty hours. The cadets who passed the final exams with an “excellent” went on to swell special lists of the municipal and district recruitment offices and were called periodically to attend refresher courses or shooting competitions of different levels. In general, the snipers were not ignored and received the consideration they deserved.

War means death, pain and suffering for millions of people. But when the enemy treacherously violates the borders of your native country, you have no choice but to prepare to respond with authority. Thus, the peaceful residents of prosperous cities and towns are forced to transform themselves into relentless and sacrificed warriors, and to endure the pressure of prolonged confrontation. War enhances the true essence of people. The cowards and scoundrels commit the most nauseating acts and the good, courageous and honorable people are capable of carrying out the greatest deeds.
The soldiers of my regiment, ten in all, followed me in their cloaks and waterproof helmets. After Major General Petrov handed me the rifle with the engraved dedication, the commander of our regiment, N. M. Matusievich, requested that I immediately launch an accelerated training program to train riflemen capable of hitting the enemy without fail. In response to my complaint that it was impossible to carry out such an undertaking in three or four days, Major Matusievich generously granted me a week, allowed me to select the fittest soldiers in the entire regiment, and gave me 500 cartridges with light bullets for practice aim

In the first place, they considered that I was bewitched, that a witch had made a spell to protect me from death for having saved her from the Romanians in the town near Odessa. In the second place, they were convinced that no one would find me among the trees because at all times I was accompanied by the Lord of the Woods himself, the goblin without fear. He was the one who protected me from the enemies with his huge arboreal body and its rough and knotty branches, deflecting towards him the bullets and the shrapnel thrown at me. The third legend (I think that completely invented by the ranger) was referring to my abilities. Rumor had it that the fairy of the forest, with its sharp ear, had taught me to know what was happening a kilometer away, to see at night as well as in the day, to move along the trails in complete silence and to hide there where nobody else could. Hence the nickname that put me in the regiment: the lynx.
It is very hard to lose a comrade of arms in the war, especially if it has proven its effectiveness on the battlefield. At that time I was thinking, and I still believe, that war, because of its cruelty, is the best place to discover how a person really is. The human quality of those who accompanied me in Sevastopol was second to none.

At my invitation, Mrs. Roosevelt visited our country twice, in 1957 and 1958. We spent a lot of time in Moscow and traveled together to Leningrad, where we went to the theater and visited the Hermitage, the Russian Museum, Peterhof, Gatchina and Tsarskoye Selo. Eleanor made some arrangements so that I could return to EE. UU., But the State Department (which had not forgotten my fiery speeches in the meetings of 1942) did not grant me permission. I reproduce here one of Mrs. Roosevelt’s letters:
November 4, 1957
My dear Liudmila:
It made me very happy to receive your letter and I thank you from the heart for the photographs. It has been a success for you to send them to me and I will like to keep them as a reminder of our pleasant reunion in Moscow.
Since I returned, I have not stopped talking about your warm welcome and your kindness towards me. Trude and Joey Lash were delighted when I told them that we had seen each other and added to my deep affection towards you.
I hope you can return the visit soon.
With my deepest recognition and best wishes.
Cordially yours, Eleanor Roosevelt.

At the beginning of August 1943, I was assigned to the reserve of the Red Army high command and became a pupil of the tactical shooting course “Red Flag” of Vystrel for the improvement of the infantry officer corps, taught in the battalion commanders’ faculty . The course took place in the town of Solnechnogorsk, Moscow Region, not far from Lake Seniezh. There, officers with combat experience-often fresh from a hospital admission-improved their skills. The program was intense. The sessions lasted twelve hours and were taught mainly on the shooting range. We studied the modern tactics of combat in the battalions of riflemen and the art of command of troops in conditions as similar as possible to situations of war, and we received training, with a special rigor, on hand weapons, which I, of course, I continued with particular enjoyment. After three months of intense practical sessions, my classmates marched to the front to command infantry battalions. After graduating from battalion commanders’ faculty – in a course where I was the only woman – I stayed in this unique and famous military training institution until May 1944, performing teaching duties as a sniper instructor.
During the years of the Great Patriotic War, about 20,000 officers were trained in the Vistrel courses, of which about 200 were named Heroes of the Soviet Union for their extraordinary feats in the battles against the Nazi forces. My name also became part of this honorary cast when, on October 25, 1943, the Presidium of the Supreme Soviet of the USSR granted me such an exalted title.

Snipers have played an essential role in the fighting. When our infantry was ordered to advance, the emplacements of the enemy machine guns had to be canceled, and a sniper was in charge of that. An hour or two before the advance, a shooter went out to no man’s land, crawled to the enemy’s front line and kept his gun pointed at the site, and that meant betting right in front of him. We also carried out these missions.
During the defense of Sevastopol, the high command praised the importance of snipers, something that we deserved completely.
To be a sniper, you do not just have to know how to shoot with aim. There is another important factor: the impassive hatred of the enemy, which allows emotions to be subordinated to calculation. Having an iron will is an essential factor. The snipers did not lose sight of the enemy at any time, night or day, and the information from the reconnaissance logs often had to be contrasted by sniper operations. A tactical shooter was obliged to know by heart each mound of the ground, each bush located in front of its position.

The book closes with a series of pictures of our protagonist.

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