Viaje A Las Puertas Del Infierno — Fermín Bocos / Trip To The Gates Of Hell by Fermín Bocos (spanish book edition)

Me ha parecido un libro original y muy bien escrito, además me ha abierto las puertas a lugares muy especiales, eso si hablando de dichos sitios se necesitarían fotografías.

No solo en Grecia hay una entrada del Hades. Resulta que a varios miles de kilómetros del territorio continental de la Hélade, existe un lugar que encaja como un dedo en un guante en la descripción que hace Homero de la llegada de Ulises al Aqueronte. Está al sur de España, en Palos de la Frontera, Huelva, en el lugar que hoy ocupa el monasterio de Santa María de la Rábida. Palos fue antaño el pueblo de pescadores en el que se gestó el primer capítulo del descubrimiento de América, hecho estelar de la Historia de España.
«La mejor victoria del Demonio es hacer creer que el Infierno no existe». Algo parecido había escrito un siglo antes Armand Barthet: «Todo el mundo le sirve, pero nadie cree en él; sublime sutileza del Diablo».

En el principio fue el caos. Escrito está. Y nada menos que en la Biblia. Lo que el viajero ignora hasta que no se encuentra en ruta, circulando por las autovías y carreteras de los alrededores de Nápoles, es que allí, en esta región del sur de Italia, la Creación todavía no ha terminado. Siguen en el caos. Por obra sobre todo de los miles de motoristas para los que no rige código alguno de circulación.
Desde Nápoles, para llegar a Cumas y al Lago Averno hay que tomar la tangenziale, una de las varias autovías que circundan a esta gran ciudad del sur, la más mediterránea de las capitales italianas. La emoción es grande desde el mismo momento en el que se inician los preparativos para cualquier viajero que haya leído la Odisea y recuerde el paso de Ulises por estos territorios en su navegar errante tras el saqueo y la destrucción de Troya. El destino es Cumas y el antro en el que profetizaba la Sibila. La cita aviva los recuerdos de la narración homérica, pero también sale al paso la memoria de otro héroe, el troyano Eneas, que, según el decir de Virgilio en la Eneida, llegó hasta la Sibila para escuchar la profecía de la grandeza reservada a sus descendientes, a quienes cupo la gloria de fundar Roma.
No era un lago cualquiera, había llegado a las inmediaciones del Lago Averno.
Los antiguos creían que este lugar era una de las entradas del Infierno. Hoy es una lámina de agua quieta y oscura rodeada por orillas despejadas de construcciones y pinos y otros árboles que se esparcen por doquier hasta el pie de las colinas. Un pequeño mirador a modo de área de descanso improvisada en uno de los costados de la carretera permite contemplar el paisaje. Es más lo que se puede evocar que lo que se ve en este lugar que era de uno de los objetivos del viaje; su nombre recorre la mitología y la literatura de la época clásica. También ha sido fuente de inspiración para pintores que, como el inglés Turner, se dejaron arrastrar por la fuerza evocadora del mito.
Su nombre latino, Avernus, procede del griego áornos, «sin aves», una voz que señalaba una de las peculiaridades del lugar. No había aves, quizá porque evitaban el paraje alertadas de los efectos letales de las emanaciones sulfurosas.

En el monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Iba en busca de otra puerta del Infierno. No era aquel un día cualquiera en la ordenada vida del gran cenobio madrileño antaño regentado por jerónimos y en nuestros días gobernado por monjes agustinos. Era, y así viene siendo desde hace cuatro siglos, un día señalado para celebrar un ritual tan solemne como espectacular: la ceremonia de desagravio a la hostia de Gorkum. La Sagrada Forma que se guarda como una de las más señaladas reliquias en un recinto en el que se custodian alrededor de otros 7.000 testimonios del paso por este mundo de personas veneradas por su vida ejemplar o por su muerte en martirio. Cada 29 de septiembre y 28 de octubre se oficia en el monasterio una misa especial que recuerda un hecho singular tenido por milagroso: la aparición de tres manchas de sangre en una hostia consagrada que fue pisoteada por un lansquenete durante el sitio y posterior asalto de la ciudad holandesa de Gorkum. Los hechos ocurrieron en 1572.
Al evocar la leyenda de El Escorial como entrada del Infierno, resulta inevitable reparar en la idea del Diablo, la figura cuya huella durante siglos llenó de angustia, miedo y misterio la vida de cuantos nos precedieron en el largo peregrinar de los hombres sobre la faz de la Tierra. Evocar la figura del Ángel caído hasta cierto punto resulta muy fácil para los habitantes de Madrid, puesto que en la capital de España se levanta uno de los escasos monumentos erigidos en honor del Maligno. El otro, está en Italia, en Turín.

Llegar a Trecén es tener enfrente Poros, una isla que está a tan poca distancia de la orilla continental que uno tiene la sensación de que podría llegar a ella caminando sobre las aguas. Trecén, para aquellos familiarizados con los parajes famosos del Peloponeso, está en la misma comarca de Epidauro y, aunque hoy es una población menor, aparte de la historia de Teseo ha tenido otro momento de gloria en la Historia de Grecia, pues fue allí en 1828 donde, tras la derrota turca en la batalla de Navarino, fue elegido el primer Presidente de la República de Grecia: Ioannis Kapodistrias, un griego nacido en Corfú que había sido ministro del Zar de Rusia.
Siglos atrás, en tiempos del Imperio Romano, había sido el puerto en el que desembarcaban los patricios de la Urbe que viajaban hasta Grecia atraídos por la fama del santuario y balneario de Asclepio en Epidauro, donde se encuentra el teatro más famoso del Mundo Antiguo.
El cabo Ténaro como accidente geográfico constituye un punto de referencia de un paraje marítimo particularmente duro para los navegantes; los fuertes vientos que azotan la zona y las corrientes convirtieron aquellas aguas en área donde eran frecuentes los naufragios. Aún hoy, los barcos procuran alejarse de la costa.

Volviendo a Turín y por analogía con el ángel caído —figura que se encuentra en el Parque del Retiro de Madrid, esta sí tenida oficialmente por una representación de Luzbel—, me inclino a pensar que el conde Marcello Panissera di Veglio, el arquitecto de Turín, colocó en la Piazza Statuto la estatua del ángel coronado por una estrella pensando más en Lucifer, la criatura cuya soberbia le llevó a rebelarse contra Dios, que en la difusa alegoría del progreso que como construcción política apellida a la República.
El monumento de la plaza turinesa es el candidato más firme a cobijar otra de las entradas del Infierno. Según ciertos autores, se encontraría en la misma plaza, pero un poco más lejos, bajo el pequeño obelisco que hay unos metros más allá. Los obeliscos eran, para los antiguos egipcios, marcadores solares, antenas entre este mundo y las estrellas. En Turín, por cierto, hay un Museo Egipcio excepcional. Casi único por el número e importancia de sus piezas originales. Tal es el valor de la colección que compite y supera la que guarda el Louvre parisino. Una de las piezas más interesantes de la amplia colección de antigüedades traídas del país de los faraones es un ejemplar del enigmático y famoso Libro de los Muertos.

La catedral de Chartres es una Biblia abierta, un relato en piedra de las principales historias y personajes de lo que en Occidente, durante siglos, hemos conocido como Historia Sagrada. El avatar histórico del pueblo de Israel, sus profetas y sus reyes y, en paralelo, el relato cristiano de la biografía de Jesús, su vida y milagros, la Pasión de Cristo y los hechos de los apóstoles y los principales santos y mártires, fueron la fuente de inspiración para confeccionar el glorioso retablo de personajes esculpidos a lo largo y ancho de los muros y puertas del templo. Para cada historia, un retablo a modo de película tallada en piedra. Con la enigmática excepción de la fachada principal, en la que está ausente cualquier referencia a la Crucifixión.
El fenómeno del rayo de Sol en el solsticio acontece una sola vez al año para recordar a los iniciados el secreto confiado por los canteros masones que construyeron la catedral: bajo la baldosa atravesada por el clavo se abre un pozo profundo que señala un lugar sensible, un nudo de fuerza que une Chartres con otros dos puntos sensibles en el solar de la vieja Europa: la Grand Place de Bruselas y la catedral de Santiago de Compostela. El Camino de Santiago, la misteriosa construcción espiritual cultural de la Edad Media, que aún retiene muchas claves por desvelar… En fin, otra de las versiones, por desmitificadora, parecía la más certera. La escuché en boca de un hombre flaco vestido de negro y con apariencia de ser un archivero de costumbres vegetarianas. Según pude comprobar después en uno de los libros que narran la historia de la catedral, explicó la versión canónica, la que, como digo, desmitifica la cosa. Le escuché decir que no es un fenómeno esotérico ni sobrenatural. «En realidad, es un reloj solar», explicó en un francés culto que paladeaba las sílabas. Un reloj construido en el siglo XVIII por un canónigo de la catedral que quiso establecer el mediodía local en el solsticio de verano con la intención de ajustar todos los demás relojes del templo.

Enna, la ciudad conocida como el ombligo de Sicilia, se yergue en la cima de los montes Erei y era uno de los tres principales destinos de mi viaje. De los otros dos, el volcán Etna y un convento de clausura en el que se guarda una carta escrita por el Diablo.
Todas las tierras que rodean la montaña en la que se yergue la ciudad de Enna forman una inmensa planicie surcada por ríos que han hecho que estos parajes de elevada fertilidad sean conocidos desde la más remota Antigüedad como el granero de Sicilia. La ciudad, que dista unos ciento cincuenta kilómetros de Palermo, está en el centro mismo de la isla, de ahí lo del «ombligo de Sicilia».
Enna, una ciudad levantada en lo alto de la amplia meseta que corona una montaña cortada a pico y que mide cerca de mil metros, las construcciones religiosas parecen baluartes salvados de la descomposición de las antiguas murallas. En el empinado recorrido interior que lleva hasta la cumbre sobre la que un día señoreó un castillo, hoy en parte rescatado de las ruinas, todo resulta a la vez vertical y coriáceo. Es el Castello di Lombardia. Fue una inmensa fortaleza de murallas inexpugnables construida sobre restos de castros antiguos. Sobresale de ella un contrafuerte levantado sobre una roca horadada cuya entrada hoy es visible y parece que antaño ocultaba el mayor secreto de la ciudadela: una puerta de escape. Hoy, en sus proximidades, se yergue una estatua de bronce que representa la figura en gesto dramático de un hombre rompiendo las cadenas que ataban sus manos. Recuerda a Euno, un esclavo que en el siglo II a.C. —unos cuantos años antes de que lo hiciera Espartaco— encabezó una revuelta que acabó en guerra abierta contra el poder de Roma.

La leyenda del emperador Akbar y de los sabios de su Corte, que hablaban con los dioses. Un círculo del que formaban parte hombres muy cultos procedentes de diferentes partes del mundo. Entre ellos había estudiosos del Corán, sacerdotes de Vishnu y Shiva, hombres santos seguidores de Buda, astrólogos que rezaban a Zoroastro y también ¡algunos jesuitas españoles y portugueses! Akbar, el gran maharajá o emperador de la dinastía mogol que tenía su capital en la ciudad del Taj Mahal, construyó el palacio y los demás edificios de la bellísima ciudad de Fatehpur Sikri en el lugar en el que un hombre santo —Salim Chishti— le anunció que su mujer le daría un heredero, un varón.
Construido en arenisca de color rojo por arquitectos, geómetras y artesanos venidos de Persia, Fatehpur Sikri es un complejo majestuoso, cuyas proporciones y armonía impresionan. Tardaron nueve años en levantarlo y solo estuvo habitado durante otros catorce. Otras fuentes hablan de diecisiete. Al morir el Rey, su hijo trasladó de nuevo la corte a Agra. Desde hace cuatro siglos es una ciudad fantasma visitada durante el día por viajeros occidentales con aires de turista y entregada durante las sombras de la noche a los monos.
Era un recinto en el que algunas de las actividades que allí se desarrollaban guardaban semejanzas con el oráculo de Delfos o el conocido como «el observatorio» en uno de los espacios religiosos mayas hoy sumergidos en las selvas del Yucatán mexicano.
El edificio es un cuadrado perfecto que, visto por fuera, semeja tener dos alturas y por dentro se resuelve en una estancia en cuyo centro se yergue una única columna en forma de árbol. Está tallado en una sola pieza de piedra arenisca roja. En aquel recinto, el maharajá reunía a los sabios venidos de las cuatro partes de su reino y aun de lejanas tierras.

El templo Taisoji, muy cerca de la estación de Shinjuku-Gyoen. Llegué tras coronar una interminable ascensión en una escalera metálica. Está al salir de la boca de metro, cruzando la calle y girando a la izquierda. No sé por qué me había hecho a la idea de que sería más grande, un espacio ceremonial más amplio. Se diría que la burbuja inmobiliaria que ha dejado a Tokio sin suelo empujando a construir rascacielos o complejos comerciales subterráneos también se ha comido parte de lo que en su día debió de ser el solar del templo. Todo parece apretado. Incluso el cementerio anejo que, en forma de isla con sus estelas funerarias de piedra y madera, se defiende frente al paso del tiempo con la memoria de quienes allí reposan. Presidiendo el que en su día debió de ser un gran atrio, un área habitual en los templos orientales, se encuentra una estatua de Buda con un pañuelo rojo anudado al cuello. Orondo y cordial como se presenta a lo largo y ancho de todo Oriente, una figura familiar. Dentro del templo la cosa cambia. Preside una estatua en madera de Enma, también llamado Yama, más conocido como el señor del Infierno. La imagen es inquietante. No exagero al decir que da miedo. Frente a la apacible traza de la iconografía tradicional, es de justicia reconocer que los tallistas de la representación de Yama y sus réplicas adláteres se esforzaron logrando imágenes de un perfil amedrentador más allá de lo habitual en el registro de lo repulsivo.

En el poema de Gilgamesh, relato cumbre del que vive gran parte de nuestros conocimientos sobre la tierra entre ríos de la que fue capital Babilonia, se narra la historia de Uta-na-pistim, un buen hombre al que Enlil —Dios—, harto y molesto con la humanidad, ordenó construir un barco en el que poner a salvo todo tipo de semillas y muchas parejas de animales. Un relato similar se ha encontrado en algunas de las tablillas de barro que narran episodios de la historia de Ur de Caldea, la tierra de la que parece era oriundo el patriarca judío Abraham. Todo remite a todo en las tierras del Creciente Fértil.
“Lo que está en pie e impresiona es la reconstruida muralla de Babilonia en la que destaca la Puerta de Ishtar. No es la original. Para ver la que fue el colosal pórtico de la Avenida de las Procesiones hay que ir a Alemania.
También me deslumbró la magnificencia de la Puerta de Ishtar. Es el arco original, una de las ocho puertas con las que contaba Babilonia. Es una maravillosa construcción alicatada de ladrillos vidriados con lapislázuli, de ahí el intenso color azul que contrasta con los colores rojizos o dorados. Engarzados en el corazón aparentemente inexpugnable de la materia hay toros, leones y dragones heráldicos delicadamente esculpidos, y también filas de flores que recorren la parte interior de la puerta formando un conjunto que resulta deslumbrante. No conozco a nadie capaz de permanecer insensible ante semejante prodigio, pero es seguro que los hay. Sobre todo en tiempo de guerra.
Haber estado en Mesopotamia, en las ruinas de Babilonia, la capital de Nabucodonosor y de la legendaria reina Semíramis, la ciudad en la que murió Alejandro Magno, y haber contemplado las aguas del Tigris y el Éufrates, es un privilegio. Una experiencia inolvidable.
Ojalá Iraq recupere la paz, se cierren las puertas del Infierno, y pueda volver a ser el país hospitalario del que hablaban maravillas los viajeros que a lo largo de los siglos llegaron aquí atraídos por la fascinante historia de Babilonia, los Jardines Colgantes y el misterio de la Torre de Babel, el zigurat en cuya elevada cúspide los sacerdotes de Marduk hablaban con el dios del cielo.

Acerca del purgatorio, la doctrina canónica de la Iglesia dice que es el lugar de expiación donde, después de la muerte, los difuntos sin pecado mortal pero que han cometido otros pecados tienen que limpiar esas culpas para poder alcanzar el cielo. Sabido que tras ese período de purificación, las almas accederán al Cielo, pero las plegarias, los rezos e indulgencias que puedan acortar la estancia en el Purgatorio como lugar de tránsito son fundamentales. Sin hacer daño a nadie, en lo humanamente material, de esa esperanza se alimenta la modesta iglesia situada en el número 12 del Lungotevere Prati de Roma.

Monte Athos es el único rincón de la Unión Europea en el que no rigen ni la hora política ni las directivas económicas de Bruselas.
Al parecer, la fórmula era una adaptación de una técnica antiquísima desarrollada en los primeros siglos del cristianismo por los eremitas de los desiertos de Palestina y Egipto. Entre los historiadores de los místicos era conocida como la «Oración del corazón». En esencia, consiste en rezar sin parar buscando la fusión física y mental con Dios. Estas técnicas de oración combinan centenares de repeticiones breves de las mismas palabras con un control de la respiración y de los latidos del corazón.
La comunidad estaba dividida entre quienes apoyaban la práctica de la oración de Jesús —los onomatolatras, los «adoradores del nombre»— y quienes se oponían a semejante identificación del Ser Supremo con la palabra empleada para designarlo. La situación acabó en cisma y quebrando la paz de los cenobios. La pugna entre los monjes fue a más y derivó en actos de violencia. Algún clérigo fue defenestrado. Al final, a petición del Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa, intervino el Zar.
Karyés, un pueblo de casas de piedra con tejas rojas sobre las que destaca la cúpula de una iglesia bizantina singular. Lleva en el nombre de Propaton y el título de ser la iglesia más antigua de Monte Athos. Es una de las joyas del lugar. Está frente a la residencia de la Santa Comunidad, el consejo de veinte monjes, uno por cada monasterio, de los cuales cuatro tienen, por decirlo así, el poder ejecutivo.
El Gran Lavra es el único monasterio de Monte Athos que jamás fue expugnado, todos los demás sucumbieron en algún momento de la Historia a los saqueos o los incendios.

I found it to be an original and very well written book, and it has also opened doors to very special places, if talking about these sites would require photographs.

Not only in Greece there is an entrance of Hades. It turns out that several thousand kilometers from the mainland of Hellas, there is a place that fits like a finger in a glove in Homer’s description of the arrival of Ulysses to Acheron. It is in the south of Spain, in Palos de la Frontera, Huelva, in the place that today occupies the monastery of Santa María de la Rábida. Palos was once the fishing village where the first chapter of the discovery of America was made, a stellar event in the history of Spain.
“The best victory of the Devil is to make believe that Hell does not exist.” Armand Barthet had written a similar story a century ago: “Everyone serves him, but nobody believes in him; sublime subtlety of the Devil ».

In the beginning it was chaos. It is written. And nothing less than in the Bible. What the traveler ignores until he is on the road, driving along the highways and roads around Naples, is that there, in this region of southern Italy, Creation is not over yet. They are still in chaos. By work especially of the thousands of motorists for whom no code of circulation rules.
From Naples, to reach Cumas and Lake Averno you have to take the tangenziale, one of the several motorways that surround this great city of the south, the most Mediterranean of the Italian capitals. The excitement is great from the very moment in which preparations begin for any traveler who has read the Odyssey and remember the passage of Ulysses through these territories in his wandering surf after the looting and destruction of Troy. The destination is Cumas and the den in which the Sibyl prophesied. The quote revives the memories of the Homeric narrative, but also the memory of another hero, the Trojan Aeneas, which, according to Virgil’s words in the Aeneid, reached the Sibyl to hear the prophecy of the greatness reserved for his descendants, who had the glory of founding Rome.
It was not just any lake, it had reached the vicinity of Lake Avernus.
The ancients believed that this place was one of the entrances of Hell. Today it is a sheet of still and dark water surrounded by open banks of buildings and pine trees and other trees that spread everywhere to the foot of the hills. A small vantage point as an improvised rest area on one side of the road allows you to contemplate the landscape. It is more what can be evoked than what is seen in this place that was one of the objectives of the trip; his name goes through the mythology and literature of the classical period. It has also been a source of inspiration for painters who, like the Englishman Turner, let themselves be dragged by the evocative force of myth.
Its Latin name, Avernus, comes from the Greek áornos, “without birds”, a voice that indicated one of the peculiarities of the place. There were no birds, perhaps because they avoided the spot alerted to the lethal effects of the sulfurous emanations.

In the monastery of San Lorenzo de El Escorial. I was looking for another door to Hell. It was not that any day in the orderly life of the great Madrid monastery once run by Jerónimos and in our days governed by Augustinian monks. It was, and has been for four centuries, an appointed day to celebrate a ritual as solemn as spectacular: the ceremony of reparation to the host of Gorkum. The Sacred Form that is kept as one of the most indicated relics in an enclosure where around 7,000 testimonies of the passage through this world of people venerated for their exemplary life or for their death in martyrdom are guarded. Every September 29 and October 28, a special mass is celebrated in the monastery that recalls a singular event that was considered miraculous: the appearance of three bloodstains on a consecrated host that was trampled by a lansquenete during the siege and later assault of the Dutch city of Gorkum. The events occurred in 1572.
In evoking the legend of El Escorial as the entrance to Hell, it is inevitable to notice the idea of ​​the Devil, the figure whose imprint for centuries filled with anguish, fear and mystery the lives of those who preceded us in the long journey of men on the face from the earth. To evoke the figure of the fallen Angel to a certain point is very easy for the inhabitants of Madrid, since in the capital of Spain one of the few monuments erected in honor of the Evil One stands. The other one is in Italy, in Turin.

Arriving at Trecén is having Poros, an island that is so close to the continental shore, that you have the feeling that you could reach it by walking on the water. Trecén, for those familiar with the famous places of Peloponnese, is in the same region of Epidaurus and, although today is a smaller population, apart from the history of Theseus has had another moment of glory in the History of Greece, it was there in 1828 where, after the Turkish defeat at the Battle of Navarino, the first President of the Republic of Greece was elected: Ioannis Kapodistrias, a Greek born in Corfu who had been Minister of the Czar of Russia.
Centuries ago, at the time of the Roman Empire, it had been the port where the patricians of the city who traveled to Greece disembarked attracted by the fame of the sanctuary and spa of Asclepius in Epidaurus, where the most famous theater of the Ancient World is located.
Cape Ténaro as a geographical feature constitutes a point of reference for a maritime area particularly hard for mariners; the strong winds that hit the area and the currents turned those waters into an area where shipwrecks were frequent. Even today, ships try to get away from the coast.

Returning to Turin and by analogy with the fallen angel -figure that is in the Retiro Park of Madrid, this one officially held by a representation of Luzbel-, I am inclined to think that Count Marcello Panissera di Veglio, the architect of Turin , placed in the Piazza Statuto the statue of the angel crowned by a star thinking more about Lucifer, the creature whose pride led him to rebel against God, than in the diffuse allegory of progress as a political construction called the Republic.
The monument of the turinese square is the strongest candidate to shelter another of the entrances of Hell. According to certain authors, it would be in the same square, but a little further, under the small obelisk a few meters away. The obelisks were, for the ancient Egyptians, solar markers, antennas between this world and the stars. In Turin, by the way, there is an exceptional Egyptian Museum. Almost unique in the number and importance of its original pieces. Such is the value of the collection that competes and exceeds that of the Parisian Louvre. One of the most interesting pieces of the extensive collection of antiquities brought from the country of the pharaohs is a copy of the enigmatic and famous Book of the Dead.

The Cathedral of Chartres is an open Bible, a story in stone of the main stories and characters of what in the West, for centuries, we have known as Sacred History. The historical avatar of the people of Israel, their prophets and their kings and, in parallel, the Christian account of the biography of Jesus, his life and miracles, the Passion of Christ and the acts of the apostles and the principal saints and martyrs, were the source of inspiration to make the glorious altarpiece of characters sculpted throughout the walls and doors of the temple. For each story, an altarpiece as a film carved in stone. With the enigmatic exception of the main facade, in which any reference to the Crucifixion is absent.
The phenomenon of the sunbeam at the solstice occurs only once a year to remind the initiates of the secret entrusted by the masons who built the cathedral: under the tile crossed by the nail a deep well opens that marks a sensitive place, a knot of strength that links Chartres with two other sensitive points on the site of old Europe: the Grand Place of Brussels and the cathedral of Santiago de Compostela. The Camino de Santiago, the mysterious cultural spiritual construction of the Middle Ages, which still retains many keys to unveil … In short, another version, by demystifying, seemed the most accurate. I heard it in the mouth of a skinny man dressed in black and with the appearance of being an archivist of vegetarian habits. As I could see later in one of the books that tell the story of the cathedral, he explained the canonical version, which, as I say, demystifies the thing. I heard him say that it is not an esoteric or supernatural phenomenon. “Actually, it’s a solar clock,” he explained in a cultured French that savored the syllables. A clock built in the eighteenth century by a canon of the cathedral who wanted to set the local noon at the summer solstice with the intention of adjusting all the other clocks in the temple.

Enna, the city known as the navel of Sicily, stands on top of the Erei Mountains and was one of the three main destinations of my trip. Of the other two, the Etna volcano and a cloistered convent in which a letter written by the Devil is kept.
All the lands that surround the mountain in which the city of Enna rises form an immense plain crossed by rivers that have made these places of high fertility known from the most ancient Antiquity as the granary of Sicily. The city, which is about a hundred and fifty kilometers from Palermo, is in the very center of the island, hence the “navel of Sicily”.
Enna, a city built on top of the wide plateau that crowns a mountain cut to a peak and measuring about a thousand meters, religious buildings seem bastions saved from the decomposition of the old walls. In the steep interior journey that leads to the summit on which one day a castle dominated, today partly rescued from the ruins, everything is both vertical and leathery. It’s the Castello di Lombardia. It was an immense fortress of impregnable walls built on remains of ancient castros. It protrudes from it a buttress raised on a perforated rock whose entrance today is visible and it seems that once hid the greatest secret of the citadel: an escape door. Today, in its vicinity, stands a bronze statue that represents the figure in a dramatic gesture of a man breaking the chains that bound his hands. Remember Euno, a slave that in the second century BC – a few years before Spartacus did it – he led a revolt that ended in open war against the power of Rome.

The legend of Emperor Akbar and the sages of his Court, who spoke with the gods. A circle of which highly educated men from different parts of the world were part. Among them there were scholars of the Koran, priests of Vishnu and Shiva, holy men followers of Buddha, astrologers praying to Zoroaster and also some Spanish and Portuguese Jesuits! Akbar, the great maharaja or emperor of the Mughal dynasty who had his capital in the city of the Taj Mahal, built the palace and the other buildings of the beautiful city of Fatehpur Sikri in the place where a holy man -Salim Chishti- He announced that his wife would give him an heir, a boy.
Built in red sandstone by architects, geometers and craftsmen from Persia, Fatehpur Sikri is a majestic complex whose proportions and harmony impress. It took nine years to lift it and it was only inhabited for another fourteen. Other sources speak of seventeen. When the King died, his son moved the court back to Agra. For four centuries it has been a ghost town visited during the day by Western travelers with the air of a tourist and delivered during the shadows of the night to the monkeys.
It was an area in which some of the activities that took place there were similar to the oracle of Delphi or known as “the observatory” in one of the Mayan religious spaces now submerged in the jungles of Mexican Yucatan.
The building is a perfect square that, seen from the outside, seems to have two heights and inside it is resolved in a room in whose center stands a single column in the form of a tree. It is carved from a single piece of red sandstone. In that room, the Maharaja gathered the sages from the four parts of his kingdom and even from distant lands.

The Taisoji temple, very close to the Shinjuku-Gyoen station. I arrived after crowning an endless climb on a metal staircase. It is when leaving the mouth of the subway, crossing the street and turning left. I do not know why I had made up my mind that it would be bigger, a larger ceremonial space. It seems that the housing bubble that has left Tokyo without soil pushing to build skyscrapers or underground commercial complexes has also eaten part of what must have been the site of the temple. Everything seems tight. Even the annexed cemetery that, in the form of an island with its funerary stelae of stone and wood, defends itself against the passage of time with the memory of those who rest there. Presiding over what must have been a large atrium, a common area in oriental temples, is a Buddha statue with a red handkerchief tied around its neck. Orondo and cordial as it appears throughout the East, a familiar figure. Inside the temple things change. He presides over a wooden statue of Enma, also called Yama, better known as the Lord of Hell. The image is disturbing. I do not exaggerate when saying that it is scary. Faced with the peaceful traces of traditional iconography, it is only fair to recognize that the carvers of the representation of Yama and his aftershocks did their best to achieve images of a frightening profile beyond the usual in the register of the repulsive.

The story of Uta-na-pistim, a good man to whom Enlil-God-fed up, is narrated in the poem of Gilgamesh, the summit story of a great part of our knowledge of the land between rivers of which Babylon was the capital. and annoyed with humanity, ordered to build a boat in which to save all kinds of seeds and many pairs of animals. A similar story has been found in some of the clay tablets that narrate episodes in the story of Ur de Chaldea, the land from which the Jewish patriarch Abraham seems to have come. Everything refers to everything in the lands of the Fertile Crescent.
“What stands and impresses is the reconstructed wall of Babylon in which the Ishtar Gate stands out. It is not the original. To see what was the colossal portico of the Avenue of Processions, you have to go to Germany.
I was also dazzled by the magnificence of the Ishtar Gate. It is the original arch, one of the eight gates that Babylon had. It is a wonderful tiled construction of glazed bricks with lapis lazuli, hence the intense blue color that contrasts with the reddish or golden colors. Embedded in the seemingly impregnable heart of matter are delicately sculpted heraldic bulls, lions, and dragons, and rows of flowers that run through the interior of the door in a dazzling ensemble. I do not know anyone capable of being insensitive to such a prodigy, but it is certain that there are. Especially in time of war.
To have been in Mesopotamia, in the ruins of Babylon, the capital of Nebuchadnezzar and the legendary Queen Semiramis, the city in which Alexander the Great died, and to have contemplated the waters of the Tigris and the Euphrates, is a privilege. An unforgettable experience.
I hope Iraq recovers the peace, the gates of Hell are closed, and can return to be the hospitable country that travelers spoke wonders that throughout the centuries arrived here attracted by the fascinating history of Babylon, the Hanging Gardens and the mystery from the Tower of Babel, the ziggurat on whose high peak the priests of Marduk spoke with the god of heaven.

About purgatory, the canonical doctrine of the Church says that it is the place of atonement where, after death, the deceased without mortal sin but who have committed other sins have to cleanse those faults in order to reach heaven. Knowing that after this period of purification, souls will access Heaven, but prayers, prayers and indulgences that can shorten the stay in Purgatory as a place of transit are fundamental. Without harming anyone, in the humanly material, that hope is fueled by the modest church located at number 12 of the Lungotevere Prati in Rome.

Mount Athos is the only corner of the European Union where neither the political hour nor the economic directives of Brussels rule.
Apparently, the formula was an adaptation of an ancient technique developed in the first centuries of Christianity by the hermits of the deserts of Palestine and Egypt. Among the historians of the mystics it was known as the “Prayer of the heart.” In essence, it consists in praying without stopping looking for the physical and mental fusion with God. These prayer techniques combine hundreds of brief repetitions of the same words with a control of breathing and heartbeat.
The community was divided between those who supported the practice of Jesus’ prayer-the onomatophors, the “name-worshipers” -and those who opposed such identification of the Supreme Being with the word used to designate it. The situation ended in schism and breaking the peace of the monasteries. The struggle between the monks went further and led to acts of violence. Some clergyman was ousted. In the end, at the request of the Holy Synod of the Orthodox Church, the Tsar intervened.
Karyés, a town of stone houses with red tiles on which stands the dome of a singular Byzantine church. It bears in the name of Propaton and the title being the oldest church on Mount Athos. It is one of the jewels of the place. It is in front of the residence of the Holy Community, the council of twenty monks, one for each monastery, of which four have, so to speak, executive power.
The Great Lavra is the only monastery on Mount Athos that was never expelled, all others succumbed at some point in history to looting or burning.

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