All Blacks: La Leyenda Del Mejor Equipo De La Historia — Fermín De La Calle / All Blacks: The Legend of the Best History Rugby Team by Fermín De La Calle (spanish book edition)

Buen ensayo haciendo un repaso de la historia de los all blacks. Se citan datos anecdóticos e interesantes que de seguro hacen a la historia de este mítico equipo. La historia de los All Blacks es más que interesante, independientemente de ser o no aficionado al rugby. Es una lección de como un equipo puede llegar a lo más alto, sin tener en cuenta la disciplina deportiva que practique. A lo largo de todo el ensayo nos vamos convirtiendo en fans y más fans de los All Blacks.

En los primeros cien años de la historia de los All Blacks ningún entrenador pasó más de cuatro años en el banquillo de la selección neozelandesa, algo que muchos justifican argumentando que el rugby no alcanzó el estatus profesional hasta 1995. Graham Henry, que pasó ocho años persiguiendo el Santo Grial de la Copa William Webb Ellis, fue el primero en hacerlo.
Los All Blacks no aspiran ganar a sus rivales, ni siquiera ganar el mundial y ser el mejor equipo de rugby del planeta. Su objetivo es ser el mejor equipo del mundo, por encima de cualquier otro equipo sea cual sea su disciplina deportiva Es por eso por lo que han sido nominados como el mejor equipo del año en cuatro de las últimas seis ediciones de los premios Laureus y por lo que recibieron el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2017. Se trata de algo que no ha logrado ningún otro conjunto. Ese es el camino a la excelencia: «Piensa en grande para ser grande».

El 15 de agosto de 1903 el ambiente en el Sydney Cricket Ground era inigualable. Hasta allí había llegado la expedición neozelandesa después de pasar un mes embarcada en el buque Morokei. Capitaneados por el bigotudo Jimmy Duncan, quien tapaba habitualmente su prominente calva con una vieja gorra de paño. Australia vistió camiseta azul, divisa clásica del club New South Wales, y fue capitaneada por Montgomery Wickham.
Pasadas las 15:30, James Joyce, honorable nombre del segunda línea australiano al que apodaban El Toro, puso en juego la primera pelota de la historia de los All Blacks en un Test Match. Nueva Zelanda alineó un equipo a la vieja usanza: dos primeras, tres segundas, tres terceras, un halfback, dos five-eights, tripleta de tres-cuartos y un zaguero. La primera letanía negra se recitaba así: Tyler, Udy; Long, Cook, Fanning; Nicholson, McMinn, Gallagher, Kiernan; Duncan, Wood; Asher, Robert McGregor, Duncan McGregor; y Wallace. El juego de los keewees (kiwis) entusiasmó a los espectadores y el 3-22 final demostró que estaban preparados para dejar atrás el mar de Tasmania y desafiar a las poderosas selecciones del hemisferio norte.
En el encuentro ante Escocia experimentaron por primera vez la sensación de ir abajo en el marcador, pese a que terminaron venciendo un duelo muy disputado (7-12). En Inverleith, en un clima muy hostil, en lugar de pagarles un adelanto decidieron compartir la taquilla con ellos. Además utilizaron innumerables tretas para desestabilizarlos, como llenarles las botas de migas de pan rancio o jugar con un balón deforme que dificultaba el juego a la mano. Fue la etapa más ingrata de la gira.
Precisamente en la gira nació el nombre de los All Blacks, aunque fue fruto de un malentendido. Según Billy Wallace, un periódico londinense informó que los neozelandeses jugaban como si fueran tres cuartos, por eso los bautizaron en una crónica como «all backs». Pero, debido a un error tipográfico, el «all backs» cambió a «all blacks» (los hombres de negro), denominación que los diarios The Express y el Echo de Devon decidieron adoptar relacionándola con la equipación en lugar de con la forma de jugar del equipo, popularizando así ese nombre, que arraigó en Gran Bretaña, y así fue como, más allá de ser la selección neozelandesa de rugby, en adelante se conocería como los All Blacks. Cuando regresaron a casa, el Herald aclamó a los «New Zealand footballers», aunque el acto de recepción oficial por parte de políticos e instituciones oficiales del país se bautizó como «The Return of the All Blacks».

El 3 de septiembre de 1949 se dio un hecho sin precedentes: los All Blacks perdieron dos partidos el mismo día. La situación se explica porque los maoríes no eran bien recibidos en la racista Sudáfrica, por lo que decidieron quedarse en Nueva Zelanda. Y aquel infausto día, mientras un combinado con marcado protagonismo maorí perdía en Wellington ante los australianos (6-12) frente a treinta y dos mil personas, los All Blacks caían en Durban ante los bokkes por casi idéntico resultado (11-6). Y aún perderían un segundo encuentro para cerrar 1949 con un inexplicable bagaje de seis derrotas en seis partidos.
En los años 1950, 1951 y 1952 maquillaron su peor época con victorias ante los British Lions, de gira por Nueva Zelanda, y en una reponedora serie ante los australianos en casa y en suelo Aussie. Las derrotas ante los Springboks convirtieron el deseo de ganar a los sudafricanos en necesidad.

Si hubo una década en la que los All Blacks se instalaron en el Olimpo del deporte, esa fue la de 1960. En esa época completaron memorables giras por Gran Bretaña y Francia, en 1963 y 1967, además de por Sudáfrica en 1970. Además ejercieron de anfitriones con éxito ante los Springboks en 1965, los Lions en 1966, la laureada Francia del primer grand slam en 1968 y el mejor Gales de la historia en 1969.
La leyenda de los All Blacks aumentaba sin la aparente amenaza de ningún rival, hasta que en 1971 se plantaron en Nueva Zelanda unos melenudos de largas patillas al estilo Beatles, los British & Irish Lions galés. Dirigidos por Carwyn James, el hombre que maravillaba a las islas británicas con el rugby expansivo de sus London Welsh, los británicos desplegaron su desparpajo habitual desde que pisaron suelo kiwi. En la rueda de prensa de bienvenida el mánager, Doug Smith, le preguntaron por la forma en que habían pensado doblegar a Nueva Zelanda, a lo que respondió de forma jocosa: «Pues 2-1 y con un empate». Fue premonitorio.

El hecho más trascendental para el rugby en 1995 no fue la disputa de la tercera Copa del Mundo en Sudáfrica. Ese año se proclamó la profesionalización del rugby, una decisión de consecuencias insondables para un deporte abrazado al amateurismo y que hoy en día mantiene ese carácter en muchos países como Argentina o España. El profesionalismo trajo consigo la creación de la SANZAR (Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia), lo que provocó la creación del Torneo de las Tres Naciones (Tri Nations) y del Super 12, cuyos derechos fueron adquiridos por Rupert Murdoch por quinientos cincuenta millones de dólares durante diez años. El dinero comenzaba a entrar en el rugby y los All Blacks eran las top models de la pasarela. Los neozelandeses ganaron el Tri Nations en 1996 y 1997, completando un pobre torneo el año previo al mundial del 99.

En esa búsqueda de su identidad resulta reseñable un partido que jugaron ante Australia en el año 2000. Lo recuerda así el que fue capitán del equipo, Todd Blackadder: «No podía creer lo que pasaba a mi alrededor. No habíamos ganado una melé ni una touch. No habíamos tenido ni una pelota clara ¡y ganábamos por 21 puntos!». Ocurrió en el partido que el 15 de julio de 2000 medía a australianos y neozelandeses en Sídney. A los quince minutos de juego los All Blacks arrasaban a los Wallabies (0-24) con tres ensayos de Umaga, Alatini y Cullen. Después del posado del Express de Paekakariki, John Eales reunió a sus compañeros y les dijo: «Podemos darle la vuelta a esto». Y lo hicieron posando cuatro ensayos. El capitán kiwi emuló a su colega wallaby y alentó a su tropa: «Esto va de atacar y placar. Somos mejores atacando, solo tenemos que placar». Y a ello se pusieron. Un ensayo postrero de Lomu rescató a los neozelandeses a dos minutos del final colocando el 35-39 definitivo en el que se dio en llamar «el mejor partido de siempre».
El volumen de partidos había crecido notablemente con la llegada del profesionalismo. Así, entre 1993 y 2002 los All Blacks disputaron noventa y siete partidos, de los que ganaron setenta y uno, empataron tres y perdieron veintitrés. La excelencia aún estaba lejos… y en 2003 tampoco disputaron un buen mundial, pues cayeron en semifinales ante una Australia anfitriona que posteriormente fue testigo directa del primer título de un país del hemisferio con aquel glorioso drop de Jonny Wilkinson. Luego llegaría aquel infausto 16 de octubre de 2007 en Cardiff. Un punto de inflexión y una decisión, la de mantener a Henry, que ha cambiado la historia y la cultura de los All Blacks.
Desde entonces los hombres de negro se han convertido en el mejor equipo que ha pisado un campo de rugby. Tras ganar dos títulos del mundo consecutivos, en Nueva Zelanda en 2011 y en Inglaterra en 2015, y han exorcizado todos sus fantasmas. La historia siempre da una segunda oportunidad, y los All Blacks pudieron vencer su racha de fracasos ante los franceses en un partido muy simbólico, el 17 de octubre de 2015, en un mundial y ante Francia, como en 2007.

Good essay making a review of the history of the all blacks. Anecdotal and interesting data are cited that surely make the history of this legendary team. The history of the All Blacks is more than interesting, regardless of whether or not they are fond of rugby. It is a lesson in how a team can reach the top, without taking into account the sport discipline that they practice. Throughout the trial we are becoming fans and more fans of the All Blacks.

In the first hundred years of the All Blacks’ history no coach spent more than four years on the bench of the New Zealand team, something that many justify arguing that rugby did not reach professional status until 1995. Graham Henry, who spent eight years chasing the Holy Grail of the William Webb Ellis Cup, he was the first to do so.
The All Blacks do not aspire to win their rivals, not even win the World Cup and be the best rugby team on the planet. Their goal is to be the best team in the world, above any other team whatever their sporting discipline. That is why they have been nominated as the best team of the year in four of the last six editions of the Laureus Awards and by what they received the Princess of Asturias Award for Sports 2017. It is something that has not achieved any other set. That is the path to excellence: «Think big to be great».

On August 15, 1903 the atmosphere at the Sydney Cricket Ground was unmatched. The New Zealand expedition had arrived there after spending a month aboard the ship Morokei. Captained by the mustachioed Jimmy Duncan, who usually covered his prominent bald head with an old cloth cap. Australia wore blue shirt, classic badge of New South Wales club, and was captained by Montgomery Wickham.
After 3:30 p.m., James Joyce, the honorable name of the second Australian line nicknamed El Toro, put the first ball in the history of the All Blacks into play in a Test Match. New Zealand lined up an old-style team: two first, three second, three third, one halfback, two five-eights, three-quarter hat-trick and a full back. The first black litany was recited as follows: Tyler, Udy; Long, Cook, Fanning; Nicholson, McMinn, Gallagher, Kiernan; Duncan, Wood; Asher, Robert McGregor, Duncan McGregor; and Wallace. The keewees (kiwis) game excited the spectators and the final 3-22 showed that they were prepared to leave the Tasman Sea behind and challenge the powerful selections of the Northern Hemisphere.
In the match against Scotland they experienced for the first time the feeling of going down on the scoreboard, even though they ended up winning a very disputed duel (7-12). In Inverleith, in a very hostile climate, instead of paying them an advance they decided to share the box office with them. They also used innumerable tricks to destabilize them, such as filling their boots with stale bread crumbs or playing with a deformed ball that made it difficult to play at hand. It was the most ungrateful stage of the tour.
Precisely in the tour the name of the All Blacks was born, although it was the result of a misunderstanding. According to Billy Wallace, a London newspaper reported that the New Zealanders played as if they were three quarters, so they were christened in a chronicle like “all backs”. But, due to a typographical error, the “all backs” changed to “all blacks” (men in black), a name that the newspapers The Express and the Echo of Devon decided to adopt by relating it to the kit instead of the form of to play the team, popularizing that name, which took root in Great Britain, and that’s how, beyond being the New Zealand rugby team, from now on it would be known as the All Blacks. When they returned home, the Herald hailed the New Zealand footballers, although the act of official reception by politicians and official institutions in the country was baptized as “The Return of the All Blacks”.

On September 3, 1949, an unprecedented event occurred: the All Blacks lost two games on the same day. The situation is explained because the Maori were not welcome in the racist South Africa, so they decided to stay in New Zealand. And that unfortunate day, while a combination with marked Maori prominence lost in Wellington to the Australians (6-12) compared to thirty-two thousand people, the All Blacks fell in Durban before the bokke for almost identical result (11-6). And still they would lose a second encounter to close 1949 with an inexplicable baggage of six defeats in six parties.
In the 1950s, 1951 and 1952 they painted their worst period with victories against the British Lions, touring New Zealand, and a replenishing series against the Australians at home and on the Aussie floor. The losses to the Springboks turned the desire to win the South Africans in need.

If there was a decade in which the All Blacks were installed in the Olympus of sport, that was the 1960. At that time completed memorable tours of Britain and France, in 1963 and 1967, as well as by South Africa in 1970. They also exercised of successful hosts against the Springboks in 1965, the Lions in 1966, the laureate France of the first grand slam in 1968 and the best Wales in history in 1969.
The legend of the All Blacks increased without the apparent threat of any rival, until in 1971 they were planted in New Zealand a long hair whiskers Beatles style, British & amp; Irish Lions Welsh. Directed by Carwyn James, the man who marveled the British Isles with the expansive rugby of his London Welsh, the British deployed their usual self-confidence since they stepped on kiwi soil. At the welcome press conference, the manager, Doug Smith, was asked about the way in which they had thought of beating New Zealand, to which he responded jokingly: “Well, 2-1 and with a draw.” It was premonitory.

The most momentous event for rugby in 1995 was not the dispute of the third World Cup in South Africa. That year the professionalization of rugby was proclaimed, a decision of unfathomable consequences for a sport embraced by amateurism and that today maintains that character in many countries such as Argentina or Spain. The professionalism brought with it the creation of SANZAR (South Africa, New Zealand and Australia), which led to the creation of the Three Nations Tournament (Tri Nations) and the Super 12, whose rights were acquired by Rupert Murdoch for five hundred and fifty million dollars for ten years. Money began to enter rugby and the All Blacks were the top models of the catwalk. The New Zealanders won the Tri Nations in 1996 and 1997, completing a poor tournament the year before the World Cup of 99.

In this search for his identity, a match they played against Australia in the year 2000 is noteworthy. He is remembered by the captain of the team, Todd Blackadder: “I could not believe what was happening around me. We had not won a melee or a touch. We had not had a clear ball and we won by 21 points! ” It happened in the match that on July 15, 2000 measured Australians and New Zealanders in Sydney. At fifteen minutes of play the All Blacks devastated the Wallabies (0-24) with three rehearsals of Umaga, Alatini and Cullen. After the posing of the Paekakariki Express, John Eales gathered his companions and said: “We can turn this around”. And they did it by posing four essays. The kiwi captain emulated his colleague Wallaby and encouraged his troop: “This is going to attack and attack. We are better at attacking, we just have to tackle ». And they got it. A final rehearsal of Lomu rescued the New Zealanders two minutes from the end placing the final 35-39 in what was called “the best match ever.”
The volume of matches had grown significantly with the arrival of professionalism. Thus, between 1993 and 2002 the All Blacks played ninety-seven games, of which they won seventy-one, tied three and lost twenty-three. Excellence was still far away … and in 2003 they did not play a good World Cup either, as they fell in the semifinals to a host Australia who later witnessed the first title of a country in the hemisphere with that glorious drop by Jonny Wilkinson. Then came that unfortunate October 16, 2007 in Cardiff. A turning point and a decision, to keep Henry, who has changed the history and culture of the All Blacks.
Since then the men in black have become the best team that has stepped on a rugby field. After winning two consecutive world titles, in New Zealand in 2011 and in England in 2015, and have exorcised all their ghosts. History always gives a second chance, and the All Blacks could overcome their streak of failures against the French in a very symbolic match, on October 17, 2015, in a World Cup and against France, as in 2007.

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