Las Buenas Madres. La Historia Real De Las Mujeres Que Se Enfrentaron A La Mafia Más Poderosa — Alex Perry / The Good Mothers by Alex Perry

Esta es una historia de tres mujeres que tenían suficiente de vivir una vida servil y querían salir de este estilo. Deben ser alabadas por su valor. El hecho de nacer y lavarse el cerebro desde una edad temprana para vivir la vida de una esposa mafiosa no era tan atractivo como The Mob Wives of New Jersey. Estas mujeres del país de las colinas de pueblos pequeños en el sur de Italia necesitarían profundizar y encontrar la extraordinaria fuerza de voluntad para intentar escapar.
Aquí hay solo un ejemplo de la fascinante historia …
“Descubrir la paradoja de cómo este lugar desesperado (la costa oeste de Calabria) podría ser el hogar de un imperio criminal tan rico fue clave para la historia del surgimiento moderno de ‘Ndrangheta. Comenzó a las 3 am del 10 de julio de 1973, cuando una pequeña pandilla de las fortalezas de las aldeas cercanas a Gioia Tauro, secuestró a John Paul Getty III fuera de su casa en Piazza Farnese, en el centro de Roma. Después de 5 meses (y una oreja cortada) Getty Sr. finalmente cedió y pagó un rescate de $ 3 millones … estos comienzos sucios fueron las semillas de un imperio. La ‘Ndrangheta pasó a organizar 150 secuestros más. En Gioia Tauro, usaron el dinero del rescate para comprar camiones de construcción … ”
La mafia de Calabria (Italia) conocida como ‘Ndrangheta, una de las organizaciones criminales más ricas y sangrientas que haya existido, controla el 70% del tráfico de drogas en Europa con raquetas de extorsión de miles de dólares y un imperio de lavado de dinero para el crimen organizado en todo el mundo. Se estima que billones de dólares se movieron a través de las manos de esta organización de una manera u otra. Desde luego, no sabía que tres madres jóvenes, esposas de sus mafiosos, ayudaron a unir a Italia en su contra a través de su testimonio y (por dos de ellas) muertes. Las mujeres se convirtieron en símbolos de coraje y fuerza, ayudando a cientos de personas a la cárcel e impulsando al Papa Francisco a excomulgar a todos los miembros de la mafia de la Iglesia Católica.
Este libro podría no haber sido impreso. El autor, Alex Perry, fue amenazado. Varios abogados (y otros) en todo el mundo intentaron detener su publicación. Por esa sola razón, vale la pena leerlo. Más importante, sin embargo, es la verdadera historia de lo que ocurrió para atacar el corazón de un mal que había explotado en el poder, previamente sin oposición. Lo recomiendo altamente.

Fundada hace más de 150 años por pastores calabreses, la ‘Ndrangheta está considerada la mafia más poderosa del mundo: trafica con el 70 % de la cocaína y la heroína de Europa, negocia acuerdos ilegales de venta de armas con criminales y terroristas, y blanquea miles de millones de euros al año. Es el imperio del crimen más poderoso, afirma Alex Perry, pero lo extraño es que pocos de nosotros hemos oído hablar de ella.
¿Qué papel desempeñan las mujeres en esta organización criminal? Cuando Alessandra Cerreti llegó a Calabria en abril de 2009 como nueva fiscal antimafia de la región, se hizo esta pregunta, y siguió en su empeño en averiguarlo pocos meses después, con la desaparición de Lea Garofalo, quien había testificado contra su marido mafioso en 2002 y llevaba más de doce años huyendo con su hija.
En Calabria, la desaparición de Lea Garofalo no necesitaba explicación. La mafia había acuñado incluso un término para la gente que un día, sin más, desaparecía: lupara bianca, «escopeta blanca», una muerte sin cadáver que nadie había presenciado. En Pagliarelle, la remota aldea de montaña en el arco de la bota italiana en la que habían nacido Lea y Carlo, la gente sabía que no debía volver a pronunciar jamás el nombre de Lea.
Como sus primas más conocidas de Sicilia y Nápoles, la ‘Ndrangheta había nacido entre mediados y finales del siglo XIX. Pero si bien los sicilianos, sobre todo, habían visto su poder constantemente erosionado por la ofensiva del Estado y la resistencia popular, la ‘Ndrangheta se había ido fortaleciendo cada vez más. La organización todavía la dirigían sus fundadores originales, ciento cuarenta y una antiguas familias que se dedicaban al pastoreo y al cultivo de naranjos, y que gobernaban los valles aislados y los pueblos de Calabria. Sus peones seguían recaudando miles de millones al año a comerciantes, dueños de restaurantes y heladeros calabreses (y asesinando a algún que otro agente de policía testarudo, o al juez o al político que se interpusiera en su camino). Con todo, lo que había transformado a la ‘Ndrangheta era la internacionalización. Ahora, esta traficaba con el 70 por ciento y el 80 por ciento de la cocaína y la heroína de Europa. Saqueaba al Estado italiano y a la Unión Europea muchos miles de millones de euros más. Negociaba acuerdos ilegales de ventas de armas con criminales, rebeldes y terroristas de todo el mundo, incluidos todos los bandos de la guerra civil siria. Según cálculos de la fiscalía, en 2009 el imperio de la ‘Ndrangheta abarcaba cincuenta países, la cuarta parte del planeta, desde Albania hasta Togo, y era el nexo de unión entre una guerra de bandas en Toronto y el asesinato de un abogado en Melbourne. Era la dueña de todo un barrio de Bruselas y también de una pizzería de Queens, Nueva York, llamada Cucino a Modo Mio (cocino a mi manera), donde se distribuía cocaína. Al inicio de la segunda década del nuevo milenio, la ‘Ndrangheta era, según casi todos los parámetros, el sindicato del crimen más poderoso de la Tierra.
Si la violencia despiadada era el combustible de su imperio global, su resultado era una riqueza inusitada. Todos los años, la organización obtenía unos ingresos de entre cincuenta mil y cien mil millones de dólares,2 el equivalente al 4,5 por ciento del PIB italiano, o el doble de los beneficios de Fiat, Alfa Romeo, Lancia, Ferrari y Maserati juntos.
La ‘Ndrangheta (pronúnciese andrāngueta), palabra que deriva del griego andragathía que significa sociedad de hombres de honor y valor, era un misterio incluso para muchos italianos. En realidad, esa ignorancia se debía tanto a la percepción como al engaño. A muchos italianos del norte les costaba incluso concebir que en el sur hubiera riqueza o cualquier tipo de éxito.
Solo la sangre limpiaba el honor de la familia, decían los hombres. A menudo quemaban los cadáveres o los disolvían en ácido para asegurarse de borrar del todo la vergüenza familiar.

La ‘Ndrangheta era un rompecabezas extraordinario, un mosaico con muchos niveles. A partir de las transcripciones de las llamadas telefónicas intervenidas y las conversaciones interceptadas, descubrió que los ‘ndranghetisti tenían su propio lenguaje, el baccagghju, una jerga derivada del grecánico que resultaba incomprensible para casi todo el mundo menos para los iniciados. A pesar de que hablaban en italiano, los miembros de la organización recurrían a un código de metáforas para disfrazar lo que querían decir. Una familia de la ‘Ndrangheta que tuviera una asociación delictiva con otra decía que «caminaba con» ella. Más que exigir de manera descarada dinero a cambio de protección, los ‘ndranghetisti solicitaban «un donativo para los primos», en alusión a aquellos hombres encarcelados cuyas familias necesitaban apoyo. Si un jefe decía de un hombre que era «molesto» o «problemático», eso equivalía a dictar una sentencia sobre él, indirecta pero inequívoca.
Una de las mentiras más osadas de la ‘Ndrangheta era su relación con la Iglesia. Aunque se trataba, claramente, de una organización no cristiana, el hecho de provenir de una de las tierras más católicas, apostólicas y romanas del mundo le llevaba a insistir en lo contrario. Invocaba a los santos, y sobre todo a la Virgen y al arcángel san Miguel. En sus rituales reproducía oraciones y oficios religiosos. Y captaba y engendraba sacerdotes. En misa, algunos curas en zonas de la ‘Ndrangheta exhortaban a sus congregaciones a resistirse a los forasteros. En las festividades de los santos, pedían a los asistentes inclinarse ante las imágenes de la Virgen situadas frente a las casas de los capos, y en Semana Santa, el honor de portar las imágenes de Jesús, san Juan y la Virgen María se reservaba a los picciotti. El ejemplo más llamativo de esa perversión del cristianismo por parte de la ‘Ndrangheta se producía el 2 de septiembre, todos los años, cuando miles de personas se congregaban en el pueblo de San Luca, en las montañas del Aspromonte, para conmemorar la festividad de Nuestra Señora de Polsi.
Aunque a la organización el cristianismo le resultaba útil, Alessandra llegó a la conclusión de que, en el fondo, la ‘Ndrangheta era más bien un culto de sangre. La sangre era el vínculo entre las familias, y estas eran la fortaleza de la ‘Ndrangheta. El acto de derramar sangre también se reverenciaba como fuente de un poder que inspiraba temor. Ello había llevado a algunas enemistades despiadadas en el seno de la ‘Ndrangheta. La masacre de Duisberg de 2007 (que la policía identificó como un ataque durante un ritual de iniciación de la ‘Ndrangheta cuando se encontró una imagen quemada de san Miguel en el bolsillo de un joven de dieciocho años) era la última atrocidad en una batalla entre dos clanes de San Luca.
A la ’Ndrangheta la movían dos motivaciones. Blanquear de manera segura sus riquezas y ser tan indispensable para la economía internacional que atacarla supondría para cualquier gobierno causarse un daño a sí mismo. Según Lombardo, la ’Ndrangheta había logrado en gran medida estos dos objetivos. «Se han convertido en los principales interlocutores en el mundo del crimen —afirmó—, pero además han logrado ser una potencia mundial.»

Lea Garofalo, Giuseppina Pesce, Maria Concetta Cacciola, y ahora Denise Cosco habían desenmascarado esa mentira. La reacción de la ‘Ndrangheta había sido implacable: las mujeres debían morir.
Cuando el juicio de Lea Garofalo se suspendió en noviembre de 2011, aquello pareció un desastre. Pero en cuestión de una semana ya se había nombrado a una nueva juez, Anna Introini, y esta imprimió una nueva celeridad a los procedimientos.
Introini era una de las mujeres de mayor rango en la judicatura italiana. Curtida en varios casos relacionados con la mafia, así como en sus intentos de perseguir judicialmente a Silvio Berlusconi, su experiencia la llevaba a demostrar muy poca paciencia con las maniobras de la defensa y los retrasos procesales, y aguantaba aún menos la misoginia de la mafia. Consciente de que la prisión preventiva de Carlo no podía alargarse más allá del 28 de julio de 2012, Introini ordenó, desestimando las objeciones de la defensa, que no se repitieran las vistas previas, y consideró que el testimonio condenatorio de Denise seguía vigente.
La confesión de Carmine resultaba sorprendente tanto por los motivos por los que había hablado como por lo que había dicho. El código de honor daba mucha importancia a la disciplina y a la supresión de los sentimientos. Los ‘ndranghetisti vencían endureciendo sus corazones. Matando y aterrorizando podían desbancar a sus rivales. Y a pesar de todo ello ahí estaba Carmine, un traficante de drogas que trabajaba para uno de los hombres más duros de la ‘Ndrangheta.

Las pruebas aportadas por Giuseppina habían llevado a la detención y el enjuiciamiento de sesenta y cuatro miembros de la ‘ndrina de los Pesce. Eran tan detalladas, y tan numerosas las acusaciones a las que condujeron, que el juicio se alargó más de un año después de su declaración. Pero poco después de las 18.00 del 3 de mayo de 2013, tras diecisiete días de deliberaciones, los tres jueces regresaron al tribunal de Palmi para dictar sentencia.
Veintidós de los acusados fueron absueltos. Cuarenta y dos, condenados. Tres cuartas partes de las sentencias superaban los diez años de prisión. Las más severas eran para la familia más inmediata de Giuseppina. Su tío, el jefe del clan Antonino Pesce, fue condenado a veintiocho años. Salvatore, el padre de Giuseppina, debería pasar veintisiete años y siete meses privado de libertad. Su marido, Rocco Palaia, fue condenado a veintiún años y dos meses; a su madre Angela Ferraro le cayeron trece años y cinco meses; a su hermana Marina Pesce, doce años y diez meses; y a su hermano Francesco, veinticinco años y ocho meses. Otros diez miembros de la familia Pesce, dos Ferraro y un Palaia fueron considerados culpables y condenados. Incluso la octogenaria Giuseppa Bonarrigo, abuela de Giuseppina, fue condenada a un año y ocho meses por aceptar bienes robados. La única clemencia recayó sobre Giuseppina, condenada a cuatro años y cuatro meses por asociación mafiosa, una pena que en gran parte ya había cumplido como presa preventiva.
Menos de un mes después de las condenas a los Pesce se hicieron públicos nuevos veredictos del caso de Lea Garofalo. La confesión de Carmine había dejado al descubierto la mentira de Carlo según la cual su mujer seguía con vida. Cuando se reanudaron los procedimientos en Milán el 9 de abril de 2013, Carlo intentó desesperadamente recobrar la iniciativa y anunció desde el banquillo de los acusados, al término de la primera sesión: «¡Presidente, quisiera hablar!».
Su abogado, Daniel Sussman Steinberg, no daba crédito. Carlo llevaba todo el día sujetando con fuerza una hoja de papel. Ahora quedaba claro por qué: Carlo Cosco estaba a punto de romper la omertà. Tras una breve consulta entre Carlo y Steinberg, el abogado anunció que su cliente deseaba realizar una «declaración espontánea», y el acusado fue conducido al estrado de los testigos.
—Habría querido hacer algo durante el primer juicio, pero las circunstancias me lo impidieron —prosiguió—. Mi hija me odia con motivo, porque maté a su madre. Pero no puedo soportar la vergüenza de que se me acuse de querer matarla a ella. Para mí, es inconcebible que mi hija se encuentre bajo la protección de nadie. ¿Protegida de quién? Yo daría mi vida por ella. ¡Pobre del que toque a mi hija!
Aquella reacción parecía sorprendente. En el fondo, no había ningún motivo para ella. Carlo ya había sido condenado por el asesinato de Lea.
Cinco meses después, usando pruebas aportadas por Lea diecisiete años antes, diecisiete ‘ndranghetisti fueron detenidos en Pagliarelle, Petilia Policastro y Crotona, acusados de siete asesinatos, tenencia ilícita de armas y tráfico de drogas, cargos que se relacionaban con la guerra de clanes que había incendiado los montes calabreses entre 1989 y 2007.
En el exterior del tribunal, el día en que se confirmó la cadena perpetua de Carlo Cosco

¿Era posible que en el funeral de la hija de un mafioso se vieran atisbos de una nación que finalmente se hacía entera?
El ataúd de Lea fue depositado en un estrado frente a la multitud. Sobre él se colgó una pancarta en la que se leía: «Veo. Oigo. Hablo», un eslogan que, junto con imágenes de Lea, Giuseppina y Concetta, se había convertido en un clásico de las concentraciones antimafia. Después, don Luigi dirigió unas palabras de recuerdo por Lea. Le dijo que no tenía por qué preocuparse. Ahora Denise tenía una familia de miles de personas que cuidaban de ella. «Tu corazón y tu conciencia serán siempre manantiales de libertad —añadió—. Tú fuiste una mártir de la verdad. Tu espíritu no morirá nunca.

This is a story of three women who had enough of living a subservient life and wanted out. They are to be praised for their courage. Being born into and brainwashed from a young age to live the life of a mafia wife was not nearly as glamorous as The Mob Wives of New Jersey. These women from the hills country of small towns in southern Italy would need to deep deep and find the extraordinary strength of will to try and escape.
Here is just one example of the fascinating story…
“Unpicking the paradox of how this desperate place (Calabria’s west coast) could be home to such a rich criminal empire was key to the story of the ‘Ndrangheta’s modern rise. It began at 3 am on July 10, 1973, when a small gang of toughs from the villages around Gioia Tauro kidnapped John Paul Getty III from outside his home in Piazza Farnese in central Rome. After 5 months (and a cut-off ear) Getty Sr. finally relented and paid a $3 million ransom…. these grubby beginnings were the seeds of an empire. The ‘Ndrangheta went on to stage 150 more kidnappings. In Gioia Tauro , they used the ransom money to buy construction trucks….”
The Calabrian (Italy) mafia known as ‘Ndrangheta, one of the richest and bloodiest crime organizations ever to exist, controlling 70% of the drug trade in Europe with billion dollar extortion rackets and a money laundering empire for organized crime across the globe. It’s estimated trillions of dollars moved through the hands of this organization in one way or another. I certainly didn’t know three young mothers–wives of its mobsters–helped unite Italy against them through their testimony and (for two of them) deaths. The women became symbols of courage and strength, helping to put hundreds in jail and prompting Pope Francis to excommunicate all mafia members from the Catholic Church.
This book might not have made it into print. The author, Alex Perry, was threatened. Various lawyers (and others) across the world tried to stop its publication. For that reason alone, it’s worth reading. More important, though, is the true story of what transpired to strike at the heart of an evil that had exploded in power, previously unchallenged. I highly recommend it.

Founded more than 150 years ago by Calabrian shepherds, the ‘Ndrangheta is considered the most powerful Mafia in the world: it deals with 70% of the cocaine and heroin in Europe, negotiates illegal agreements of sale of arms with criminals and terrorists, and blanks billions of euros per year. It is the most powerful crime empire, says Alex Perry, but the strange thing is that few of us have heard of it.
What role do women play in this criminal organization? When Alessandra Cerreti arrived in Calabria in April 2009 as a new anti-Mafia prosecutor in the region, she asked herself this question, and she continued in her efforts to find out a few months later, with the disappearance of Lea Garofalo, who had testified against her mafia husband in 2002. and he had been fleeing with his daughter for over twelve years.
In Calabria, the disappearance of Lea Garofalo did not need explanation. The mafia had even coined a term for the people who one day, without further ado, disappeared: lupara bianca, “white shotgun,” a death without a corpse that no one had witnessed. In Pagliarelle, the remote mountain village in the arch of the Italian boot where Lea and Carlo had been born, people knew that they should never say the name Leah again.
Like its best known cousins of Sicily and Naples, the ‘Ndrangheta was born between the mid and late nineteenth century. But while the Sicilians, above all, had seen their power constantly eroded by the State’s offensive and popular resistance, the ‘Ndrangheta had been growing stronger and stronger. The organization was still run by its original founders, one hundred and forty-one former families who were dedicated to the grazing and cultivation of orange trees, and who ruled the isolated valleys and villages of Calabria. His peons were still collecting billions a year from merchants, restaurateurs and Calabrian ice cream makers (and killing some stubborn police officer, or the judge or politician who got in his way). All in all, what had transformed the ‘Ndrangheta was internationalization. Now, this trafficked with 70 percent and 80 percent of the cocaine and heroin in Europe. It plundered the Italian State and the European Union many billions of euros more. He negotiated illegal arms sales deals with criminals, rebels and terrorists from all over the world, including all sides of the Syrian civil war. According to estimates of the prosecution, in 2009 the empire of the ‘Ndrangheta encompassed fifty countries, a quarter of the planet, from Albania to Togo, and was the link between a gang war in Toronto and the murder of a lawyer in Melbourne . She was the owner of a whole district of Brussels and also of a pizzeria in Queens, New York, called Cucino a Modo Mio (I cook my way), where cocaine was distributed. At the beginning of the second decade of the new millennium, the ‘Ndrangheta was, according to almost all parameters, the most powerful crime syndicate on Earth.
If the ruthless violence was the fuel of his global empire, his result was an unusual wealth. Every year, the organization obtained revenues of between fifty thousand and one hundred thousand million dollars, 2 the equivalent to 4.5 percent of Italian GDP, or twice the profits of Fiat, Alfa Romeo, Lancia, Ferrari and Maserati together.
The ‘Ndrangheta (pronounced andrāngueta), a word that derives from the Greek andragathia which means a society of men of honor and valor, was a mystery even to many Italians. In reality, this ignorance was due to both perception and deception. Many Italians in the north found it hard to even imagine that in the south there was wealth or any kind of success.
Only blood cleaned the honor of the family, the men said. Often they burned corpses or dissolved them in acid to ensure that family shame was completely erased.

The ‘Ndrangheta was an extraordinary puzzle, a mosaic with many levels. From the transcriptions of the intercepted phone calls and the intercepted conversations, he discovered that the ‘ndranghetisti had their own language, the baccagghju, a jargon derived from the Greekic that was incomprehensible to almost everyone but the initiates. Although they spoke in Italian, the members of the organization resorted to a code of metaphors to disguise what they wanted to say. A family of the ‘Ndrangheta who had a criminal association with another said that he “walked with” her. Rather than shamelessly demanding money in exchange for protection, the ‘ndranghetisti requested’ a donation to the cousins’, alluding to those imprisoned men whose families needed support. If a boss said of a man who was “annoying” or “problematic,” that amounted to dictating a sentence about him, indirect but unequivocal.
One of the most daring lies of the ‘Ndrangheta was his relationship with the Church. Although it was clearly a non-Christian organization, the fact that he came from one of the most Catholic, apostolic and Roman lands in the world led him to insist otherwise. He invoked the saints, and above all the Virgin and the archangel Michael. In his rituals he reproduced prayers and religious services. And he captured and begot priests. In mass, some priests in areas of the ‘Ndrangheta exhorted their congregations to resist the strangers. In the festivities of the saints, they asked the audience to bow before the images of the Virgin located in front of the houses of the capos, and at Holy Week, the honor of carrying the images of Jesus, Saint John and the Virgin Mary was reserved for the picciotti. The most striking example of this perversion of Christianity by the ‘Ndrangheta occurred on September 2, every year, when thousands of people gathered in the town of San Luca, in the mountains of Aspromonte, to commemorate the feast of Our Lady of Polsi.
Although Christianity was useful to the organization, Alessandra came to the conclusion that, in the end, the ‘Ndrangheta was more of a blood cult. Blood was the link between families, and these were the strength of the ‘Ndrangheta. The act of shedding blood was also revered as the source of a power that inspired fear. This had led to some ruthless enmities within the ‘Ndrangheta. The Duisberg massacre of 2007 (which the police identified as an attack during an initiation ritual of the ‘Ndrangheta when a burned-out image of Saint Michael was found in the pocket of an eighteen-year-old youth) was the latest atrocity in a battle between two clans of San Luca.
Two motivations moved the ‘Ndrangheta. Whitening its riches safely and being so indispensable to the international economy that attacking it would mean for any government to cause damage to itself. According to Lombardo, the ‘Ndrangheta had largely achieved these two objectives. “They have become the main interlocutors in the world of crime,” he said, “but they have also become a world power”.

Lea Garofalo, Giuseppina Pesce, Maria Concetta Cacciola, and now Denise Cosco had unmasked that lie. The reaction of the ‘Ndrangheta had been implacable: women must die.
When Lea Garofalo’s trial was suspended in November 2011, that seemed like a disaster. But within a week a new judge, Anna Introini, had already been appointed, and this imprinted a new speed on the proceedings.
Introini was one of the most senior women in the Italian judiciary. Tanned in several cases related to the Mafia, as well as in her attempts to prosecute Silvio Berlusconi, her experience led her to demonstrate very little patience with defense maneuvers and procedural delays, and endured even less the misogyny of the Mafia. . Aware that Carlo’s preventive detention could not be extended beyond July 28, 2012, Introini ordered, dismissing the defense’s objections, that the previous hearings not be repeated, and considered Denise’s condemnatory testimony still in force.
Carmine’s confession was surprising both for the reasons he had spoken and for what he had said. The honor code gave great importance to discipline and the suppression of feelings. The ‘ndranghetisti overcame hardening their hearts. Killing and terrorizing could unseat their rivals. And despite all this, there was Carmine, a drug dealer who worked for one of the hardest men in the ‘Ndrangheta.

The evidence provided by Giuseppina had led to the arrest and prosecution of sixty-four members of the Pesce River. They were so detailed, and so numerous the accusations to which they led, that the trial lasted more than a year after his statement. But shortly after 6:00 pm on May 3, 2013, after seventeen days of deliberations, the three judges returned to the Palmi court to issue a sentence.
Twenty-two of the accused were acquitted. Forty-two, convicted. Three quarters of the sentences exceeded ten years in prison. The most severe were for Giuseppina’s immediate family. His uncle, the clan chief Antonino Pesce, was sentenced to twenty-eight years. Salvatore, Giuseppina’s father, should spend twenty-seven years and seven months in prison. Her husband, Rocco Palaia, was sentenced to twenty-one years and two months; his mother Angela Ferraro thirteen years and five months; his sister Marina Pesce, twelve years and ten months; and his brother Francesco, twenty-five years and eight months. Ten other members of the Pesce family, two Ferraro and one Palaia were considered guilty and convicted. Even the octogenarian Giuseppa Bonarrigo, Giuseppina’s grandmother, was sentenced to one year and eight months for accepting stolen goods. The only clemency fell on Giuseppina, sentenced to four years and four months by mafia association, a penalty that had largely served as a preventive prey.
Less than a month after the sentencing of the Pesce, new verdicts of the Lea Garofalo case were made public. Carmine’s confession had exposed Carlo’s lie that his wife was still alive. When proceedings were resumed in Milan on April 9, 2013, Carlo tried desperately to regain the initiative and announced from the bench of the accused, at the end of the first session: “President, I would like to speak!”
His lawyer, Daniel Sussman Steinberg, could not believe it. Carlo had been holding a sheet of paper tightly all day. Now it was clear why: Carlo Cosco was about to break the omertà. After a brief consultation between Carlo and Steinberg, the lawyer announced that his client wanted to make a “spontaneous statement”, and the defendant was taken to the witness stand.
“I would have liked to have done something during the first trial, but circumstances prevented me from doing so,” he went on. My daughter hates me for cause, because I killed her mother. But I can not bear the embarrassment of being accused of wanting to kill her. For me, it is inconceivable that my daughter is under the protection of anyone. Protected from whom? I would give my life for her. Poor who touches my daughter!
That reaction seemed surprising. In the end, there was no reason for her. Carlo had already been convicted for the murder of Lea.
Five months later, using evidence provided by Lea seventeen years earlier, seventeen ‘ndranghetisti were arrested in Pagliarelle, Petilia Policastro and Crotona, accused of seven murders, illegal possession of weapons and drug trafficking, charges related to the war of clans that It had burned down the Calabrian mountains between 1989 and 2007.
Outside the court, the day Carlo Cosco’s life sentence was confirmed

Was it possible that at the funeral of a mobster’s daughter they saw glimpses of a nation that finally became whole?
Lea’s coffin was placed on a stand in front of the crowd. Above him was hung a banner reading: “I see. I hear I speak “, a slogan that, together with images of Lea, Giuseppina and Concetta, had become a classic of anti-Mafia concentrations. Later, Don Luigi addressed some words of remembrance for Leah. He told him he did not need to worry. Now Denise had a family of thousands of people who took care of her. “Your heart and your conscience will always be sources of freedom,” he added. You were a martyr of the truth. Your spirit will never die.

2 pensamientos en “Las Buenas Madres. La Historia Real De Las Mujeres Que Se Enfrentaron A La Mafia Más Poderosa — Alex Perry / The Good Mothers by Alex Perry

  1. Sin lugar a dudas que no se puede pasar por alto la lectura de este libro. Todo lo relacionado con la mafia en Italia, trae un sinnúmero de historias de mucho interés. El entretenimiento está garantizado. Como siempre, la reseña es más que suficiente para saber que tu recomendación es de lo mejor.

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