Damas En Bicicleta. Cómo Vestir Y Normas De Comportamiento — F. J. Erskine / What to Wear and How to Ride by F. J. Erskine

Algunos de los consejos del libro me hicieron reír a carcajadas, pero algunos de ellos probablemente sean válidos hoy. Un libro agradable, aunque bastante corto.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la reina Victoria gobernó, con un palo y una zanahoria, un imperio que se extendía desde Canadá y el Caribe, abarcando buena parte de África, extensas posesiones en Oriente Medio, la India, hasta Australia y algunas de las más importantes islas del Pacífico. Medio mundo estaba bajo su dominio. Victoria era una monarca omnipotente en cuyo país, paradójicamente, las mujeres carecían del derecho de sufragio, del derecho a litigar en juicio y a poseer bienes propios. Las mujeres estaban circunscritas exclusiva y específicamente a la esfera doméstica, y se requería de ellas que mantuvieran la casa limpia, la comida en la mesa y a los hijos educados. Cuando un hombre y una mujer contraían matrimonio en la era victoriana, los derechos de la mujer se cedían a su marido. Bajo las leyes inglesas, la pareja se convertía en una entidad única, representada por el marido, que pasaba a controlar todo lo referente a la familia: el dinero, las posesiones y el propio destino del matrimonio. Las mujeres se convertían, de hecho, en otra posesión más de sus maridos.
Montar en bicicleta en la década de 1890 fue poco menos que «una erupción, un exceso de exuberancia, un temblor sísmico que sacudió la economía y las bases mismas de la sociedad». Y en nadie fue más evidente esa violación de los sagrados principios de la moral que en las mujeres. Para ellas no resultó sencillo adaptarse a una práctica que se esperaba exclusivamente masculina, pero fue la evolución de la propia tecnología de la máquina (la introducción de la cadena, que hacía más fácil el pedaleo, o el diseño de bicicletas con ruedas de parejo tamaño, que «democratizaban» la práctica del deporte ciclista) lo que permitiría que el ejercicio del ciclismo femenino se extendiera de manera masiva por todos los rincones del mundo británico. Se convirtió en una práctica «de moda».
Así, y junto con otros factores, la práctica del ciclismo entre las damas propiciaría el nacimiento en la década de 1890 de un nuevo temperamento y una nueva condición en la existencia femenina: el surgimiento de la «Nueva Mujer».
La «Nueva Mujer» se situaba en igualdad de condiciones con el hombre, y la bicicleta ayudó en gran medida a que algo así, tan impredecible e inimaginable en la época, se hiciera posible.
Las mujeres que decidieron subirse a una bicicleta no solo consiguieron algo que no habían tenido hasta entonces (movilidad física por sus propios medios), sino que la práctica del ciclismo les ayudó a ampliar sus horizontes más allá de los barrios en que vivían y habían vivido siempre, y les hizo descubrir una libertad de la que habían carecido, gracias, en parte, a la eliminación de lo que en gran medida había estado asfixiándolas: su atuendo. Los restrictivos ropajes de las mujeres victorianas (corsés, pesadas y largas faldas con enaguas…).

Cada vez es más evidente que el ciclismo, practicado con moderación, puede resultar extraordinariamente beneficioso. El ejercicio, sin ir más lejos, constituye un perfecto antídoto contra la anemia y otros desórdenes relacionados con nuestro agobiante y angustioso modo de vida. Antes de que el ciclismo acudiera en nuestra ayuda, no había ningún medio sencillo y práctico de hacer deporte en Londres. El golf, en la ciudad, exige dedicarle una gran cantidad de tiempo y dinero, incluso para poder acceder a los campos más cercanos a nuestras casas. Tampoco es fácil practicar el tenis. Caminar es excelente si lo que se quiere es acabar con un dolor de cabeza, y en verano el calor agobiante anula cualquier deseo de entregarse a un ejercicio que pueda considerarse mínimamente exigente.

Lana arriba y lana abajo, lana por todas partes; tal es el consenso deportivo al que han llegado tirios y troyanos en lo que a normas de saludable higiene ciclista se refiere. Las camisetas de algodón para largos recorridos, desde el punto de vista higiénico, son inviables. Se empapan enseguida, la dama ciclista se para por cualquier razón, y rápidamente empieza a tiritar, coge un buen resfriado y se ve obligada a guardar cama, al tiempo que culpa de todo ello a la práctica del ciclismo. En Inglaterra, una nunca está segura del tiempo que va a hacer al día siguiente… ¡ni siquiera a la hora siguiente!.
En el universo ciclista es esencial contar con unos pantalones bombachos de corte perfecto en lugar de faldas. Pueden conseguirse en la mayoría de las sastrerías femeninas, y su coste ronda habitualmente una libra. Lo mejor es que incluyan refuerzos de piel, igual que si sus dueñas fueran a montar a caballo. Deberían tener una hebilla por debajo de la rodilla, pero no han de apretarse mucho: en este punto, no son recomendables las gomas. En este mismo sentido, para asegurar las medias son preferibles las ligas.

Las formas de los cuadros se dividen en dos tipos: el cuadro angular recto y el doble curvado. El sencillo curvado también tuvo su momento; a las jóvenes modernas les gustaba porque no molestaba tanto ni entorpecía el movimiento del vestido a la hora de desmontar, pero ningún cuadro sencillo curvado resiste la tensión necesaria del ángulo donde se sujetan el plato y los pedales. Singer y Starley Brothers fabricaron durante muchos años el sencillo curvado, pero creo que en la actualidad los hacen dobles. Para viajes por el extranjero, la bicicleta femenina más resistente del mercado es la del cuadro triangular, patentado por Humber & Co. En esta bicicleta, el plato se encuentra precisamente en el ángulo donde se unen los dos tubos principales, de modo que la bicicleta es tan rígida y resistente como las de los hombres. Otro cuadro muy resistente es el de las Raleigh; estas cuentan con un cuadro de doble ángulo también en el manillar, lo cual les confiere una extraordinaria resistencia.
Los mejores manillares son los sencillos, rectos en el frontal y ligeramente curvados hacia atrás. Los que están curvados y retorcidos como los cuernos de un carnero, hacia arriba, no solo son más incómodas, es como ir en silla de ruedas.
En Inglaterra, la norma es que las bicicletas circulen por la izquierda, mientras que todos los vehículos se cruzarán con nosotras por la derecha. Es imprescindible entender y comprender esta regla a la perfección, pues nada molesta y enfurece tanto a los conductores como los ciclistas que circulan por el lado equivocado de la calzada. Pero mantenerse a la izquierda no significa ir metidas en el bordillo. La mayoría de las calles de las ciudades tienen una pequeña inclinación a ambos lados de la calzada, y por eso es extraordinariamente importante mantenerse en el centro de la calle. Los ciclistas que se mantienen cerca del bordillo están siempre en trance de ser golpeados o empujados por el tráfico que transcurre a su derecha, y en estas circunstancias montar en bicicleta se convierte en una práctica tan cargada de tensiones de todo tipo, que no la soportará ni la más templada de las amigas ciclistas. El lugar adecuado para las bicicletas es, pues, la hilera de tráfico que se forma en la parte izquierda de la calzada. Una vez asumido esto, debe tenerse muy en cuenta que, a ojos de la autoridad, una bicicleta es un vehículo como cualquier otro.

Lo mejor es descansar durante las horas de más calor, de doce a tres, y luego continuar nuestra ruta con el fresco de la tarde, con la previsión de alcanzar nuestro destino alrededor de las cinco o las seis de la tarde. Un baño, cambiarse de ropa, y por último una buena cena, sencilla, tras lo cual nos iremos a la cama, es todo lo que se precisa para cerrar la jornada con un broche de oro. La dama ciclista debería dormir como un tronco y de un tirón, y levantarse alrededor de las siete de la mañana al día siguiente, fresca y lozana. Lo mejor es comenzar el día con un buen café, si es que se puede conseguir en la posada donde una se aloje. Hay que decir que en el extranjero una apenas encontrará otra cosa que no sea café, pero en Inglaterra es difícil hallar un establecimiento donde lo hagan bueno. Para tales casos, una excelente alternativa es una taza de cacao de Schweitzer. A mucha gente le desagrada el té por las mañanas. Las gachas, para aquellas a las que les gusten, vienen fenomenal como complemento alimenticio. En cuanto a las bebidas para el camino, aconsejo llevar leche o bien soda: no leche a secas, puesto que los días de mucho calor puede sentarnos mal.
Debe evitarse andar en bicicleta en las horas de más calor y cuando el sol brille en todo lo alto del cielo. Para prevenir un golpe de calor o una insolación hay que protegerse la cabeza, especialmente la nuca.

Some of the advice in the book had me laughing out loud but some of it is probably valid today. A likeable book, albeit quite short.

During the second half of the nineteenth century, Queen Victoria governed, with a stick and a carrot, an empire that extended from Canada and the Caribbean, covering much of Africa, extensive possessions in the Middle East, India, to Australia and some of the most important Pacific islands. Half the world was under his rule. Victoria was an omnipotent monarch in whose country, paradoxically, women lacked the right to suffrage, the right to litigate in court and own property. Women were circumscribed exclusively and specifically to the domestic sphere, and they were required to keep the house clean, food on the table and educated children. When a man and a woman married in the Victorian era, women’s rights were ceded to their husband. Under English law, the couple became a single entity, represented by the husband, who came to control everything about the family: money, possessions and the very fate of marriage. Women became, in fact, another possession of their husbands.
Riding a bicycle in the 1890s was little more than “an eruption, an excess of exuberance, a seismic tremor that shook the economy and the very foundations of society.” And in no one was that violation of the sacred principles of morality more evident than in women. For them it was not easy to adapt to a practice that was expected exclusively male, but it was the evolution of the machine’s own technology (the introduction of the chain, which made pedaling easier, or the design of bicycles with even-sized wheels. , that “democratized” the practice of cyclist sport) which would allow the exercise of women’s cycling to spread massively to all corners of the British world. It became a “fashionable” practice.
Thus, and together with other factors, the practice of cycling among the ladies would lead to the birth in the 1890s of a new temperament and a new condition in female existence: the emergence of the «New Woman».
The “New Woman” was placed on an equal footing with men, and the bicycle greatly helped that something like this, so unpredictable and unimaginable at the time, was made possible.
Women who decided to get on a bicycle not only got something they had not had before (physical mobility on their own), but the practice of cycling helped them to expand their horizons beyond the neighborhoods in which they lived and had lived always, and it made them discover a freedom that they had lacked, thanks, in part, to the elimination of what had largely been suffocating them: their attire. The restrictive clothes of Victorian women (corsets, heavy and long skirts with petticoats …).

It is increasingly evident that cycling, practiced in moderation, can be extraordinarily beneficial. The exercise, without going any further, is a perfect antidote against anemia and other disorders related to our oppressive and anguishing way of life. Before cycling came to our aid, there was no simple and practical means of practicing sports in London. Golf, in the city, requires spending a lot of time and money, even to access the fields closest to our homes. It is also not easy to practice tennis. Walking is excellent if what you want is to end a headache, and in summer the oppressive heat cancels any desire to indulge in an exercise that can be considered minimally demanding.

Wool up and wool down, wool everywhere; such is the sporting consensus reached by Tyrians and Trojans in terms of healthy bicycle hygiene standards. Cotton shirts for long trips, from the hygienic point of view, are unviable. They get soaked right away, the lady cyclist stops for any reason, and quickly begins to shiver, take a good cold and is forced to stay in bed, while blaming all this to the practice of cycling. In England, you’re never sure of the time you’re going to do the next day … not even the next hour!
In the cyclist universe, it is essential to have a perfect cut breeches instead of skirts. They can be obtained in the majority of the feminine tailors, and their cost usually round a pound. The best thing is that they include leather reinforcements, just as if their owners were going to ride horses. They should have a buckle below the knee, but they should not be too tight: at this point, rubber bands are not recommended. In this same sense, to secure the averages, the birdlime are preferable.

The shapes of the frame bicycle are divided into two types: the straight angular box and the double curved box. The curved single also had its moment; modern girls liked it because it did not bother so much or obstruct the movement of the dress when it came to dismantling, but no simple curved frame resists the necessary tension of the angle where the plate and pedals are held. Singer and Starley Brothers manufactured the simple curved for many years, but I think they are currently doubles. For trips abroad, the toughest female bicycle on the market is the triangular frame, patented by Humber & amp; Co. In this bicycle, the plate is located precisely at the angle where the two main tubes meet, so that the bicycle is as stiff and resistant as those of men. Another very resistant painting is that of the Raleigh; these have a double angle frame also on the handlebar, which gives them extraordinary strength.
The best handlebars are the simple ones, straight on the front and slightly curved backwards. Those that are curved and twisted like the horns of a ram, upwards, are not only more uncomfortable, it’s like going in a wheelchair.
In England, the rule is that bicycles circulate on the left, while all vehicles will cross with us on the right. It is essential to understand and understand this rule perfectly, because nothing bothers and annoys both drivers and cyclists who drive on the wrong side of the road. But staying on the left does not mean getting stuck on the curb. Most city streets have a small incline on both sides of the road, and that is why it is extraordinarily important to stay in the center of the street. The cyclists who stay close to the curb are always in the midst of being hit or pushed by the traffic that runs on their right, and in these circumstances riding a bicycle becomes a practice so loaded with tensions of all kinds that it will not support it nor the most temperate of cyclist friends. The right place for bicycles is therefore the row of traffic that forms on the left side of the road. Once this is assumed, it must be borne in mind that, in the eyes of authority, a bicycle is a vehicle like any other.

It is best to rest during the hottest hours, from twelve to three, and then continue our route with the cool of the afternoon, with the forecast of reaching our destination around five or six in the afternoon. A bath, change clothes, and finally a good, simple dinner, after which we will go to bed, is all that is needed to close the day with a flourish. The lady cyclist should sleep like a trunk and a pull, and get up around seven in the morning the next day, fresh and fresh. It is best to start the day with a good coffee, if you can get it at the inn where one stays. It must be said that abroad one will hardly find anything other than coffee, but in England it is difficult to find an establishment where they do well. For such cases, an excellent alternative is a cup of Schweitzer cocoa. Many people dislike tea in the morning. The porridge, for those who like it, come great as a food supplement. As for the drinks for the road, I advise you to bring milk or soda: no milk to dry, since on very hot days you may feel bad.
You should avoid riding a bicycle in the hottest hours and when the sun shines high in the sky. To prevent heat stroke or heat stroke, protect your head, especially the nape of the neck.

5 pensamientos en “Damas En Bicicleta. Cómo Vestir Y Normas De Comportamiento — F. J. Erskine / What to Wear and How to Ride by F. J. Erskine

  1. Yo nací en el 58. Hasta 1972, cuando una ley reformó el Código Civil, las mujeres menores de 25 años necesitaban contar con el permiso paterno si deseaban independizarse, irse a vivir por su cuenta o incluso sacarse el carné de conducir. Solo había dos supuestos para los que este permiso no era imprescindible: ingresar en una orden religiosa o casarse. En esa misma reforma se reducía la edad a la que se alcanzaba la mayoría de edad hasta los 21 años. Más tarde, la mayoría a los 18 años en España fue recogida en la Constitución.

    Una vez fuera de la casa de los padres, para las mujeres preconstitucionales existía una diferencia de libertades entre las casadas y las solteras. Estas últimas, alcanzada la ya mencionada mayoría de edad, aún requerían pasar una prueba más para conseguir un pasaporte que les permitiese viajar al extranjero. Se trataba de un justificante que mostrase que habían cumplido con el servicio social, una especie de mili femenina. La mujer casada, por su parte, requería autorización de su marido.
    Para las mujeres, casarse conllevaba una restricción de libertades. Dependiendo de con quién se hubiese casado, pues a su arbitrio quedaba autorizar un sinfín de potestades mediante la licencia marital. Por ejemplo, se necesitaba para trabajar. Y eso cuando el matrimonio no conllevaba automáticamente el cese laboral. La licencia marital dejó de existir el 2 de mayo de 1975, y con ello la disposición del patrimonio privativo de las mujeres. Por ejemplo, a partir de ese momento ya podían comprar bienes inmuebles. Esta es una consecuencia derivada de aquel artículo del Código Civil que establecía que “el marido debe proteger a la mujer y esta obedecer al marido”. Aun así, ciertas profesiones todavía se cerraban a las féminas. Por ejemplo, no fue hasta 1979 cuando un grupo de mujeres pudieron acceder al cuerpo nacional de policía como inspectoras. 

    Ufff que rollete he soltado…..
    Un abrazo David de😘😘😘😘😘😘😘😘☺️☺️☺️☺️☺️

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