Enseñanzas Del Quijote Para La Vida Moderna — Eugenio Suárez-Galbán / Teachings Of Don Quixote For Modern Life by Eugenio Suárez-Galbán (spanish book edition)

Sin duda me parece una muy grata lectura y que se adapta a los tiempos modernos.
El Quijote, cuyo protagonista adolece justamente muchas veces de un exceso de imaginación. Pero es que a ese excesivo uso de la imaginación ejemplificado tantas veces por don Quijote es a lo que se dedica a criticar Cervantes una y otra vez. No se trata, pues, de amonestar sin más contra una facultad, que, si puede ser peligrosa, también puede resultar beneficiosa por cuanto nos fomenta la creatividad y la expansión de nuestras posibilidades a sus límites más aceptables dentro de lo razonable. Aunque tampoco hay que descartar una imaginación que pueda parecer absurda, siempre y cuando no amenace con llevarnos a actuar irresponsablemente.
Si la imaginación del escritor Julio Verne en el siglo XIX lo llevaría a ser considerado el padre de la ciencia ficción por sus adelantos a inventos que se descubrirían después —el submarino, naves espaciales, el helicóptero—, ¿qué decir de don Quijote y Sancho volando ya por el espacio como astronautas modernos sobre el caballo Clavileño? (II, 41). Y si pasamos de la ciencia al arte, ¿qué decir ahora de aquel pintor de Úbeda, el tal Orbaneja, que pintaba a lo que saliere, de suerte que era menester escribir junto a su pintura: «Este es gallo» (II, 3)? ¿No resulta un claro preludio humorístico del arte abstracto del siglo XX? Incluso nos podemos retrotraer más atrás todavía, a la imaginación de Leonardo da Vinci, con sus máquinas de vuelo también, paracaídas, bicicleta, carros que de alguna manera se anticipan al automóvil, y un largo e impresionante etcétera.

Don Quijote sale al mundo para poner en efecto su pensamiento, es decir, para reparar en la medida de lo posible lo que él consideraba injusticias y abusos. Sus lecturas no quedan en su biblioteca, sino que van con él a sus aventuras. Un conocimiento aplicable a una utilidad innegable en cuanto al vivir al máximo la vida que nos ha sido dada, empezando por el reconocimiento de la realidad que nos circunda. Comienzo y fin del Quijote, podría decirse, por la simple y sencilla razón de que si no nos percatamos de nuestra realidad inmediata y sus consecuencias a la hora de enfrentarla y actuar, ¿cómo vamos a entender, para mejor manejar, nuestro mundo y las personas y acontecimientos que conlleva esa existencia nuestra? De tan lógico como resulta puesto así, puede llegar a parecer esa pregunta, y también su respuesta, una perogrullada más. Pero de perogrullesco no tiene nada la novela de Cervantes, sino más bien de todo lo opuesto: de mensajes ocultos que como un arca de múltiples candados, precisamente porque guarda valiosos tesoros.
Cervantes es un ejemplo perfecto del autor que respeta tanto a su lector hasta animarle a leer a veces entre líneas y detrás de las palabras. Nos invita a participar en su creación.

Será el propio Sancho quien nos recordará las palabras de don Quijote que justifican colocar como el mayor en este primer lugar el autoconocimiento. Fue en el antepenúltimo capítulo del libro (II, 72), cuando regresan a La Mancha, y el escudero, emocionado, dirigiéndose a la patria chica, proclama que vuelve el caballero vencido de brazos ajenos, pero vencedor de sí mismo, que, según le había dicho el propio don Quijote, es el mayor vencimiento que se puede desear. También es ese el lugar más apropiado para colocar semejante logro, pues, en efecto, ese reconocimiento de parte de don Quijote sella el largo proceso que viene planteando la novela desde sus capítulos iniciales.
Lógicamente, si no te analizas y conoces a ti mismo, mal te irá a la hora de enfrentar la vida y el mundo. En ningún momento nos oculta Cervantes que, además de querer arreglar el mundo, a don Quijote le interesa mucho aumentar su honra, entiéndase ya la fama que cobraría su nombre, al punto de imaginarse famoso en los venideros tiempos.
Que los sueños pueden ocultar igualmente problemas y defectos que no queremos enfrentar, tampoco hace falta hoy explicarlo. Seguirán siendo sueños, como quizá aprendimos de memoria si el profe nos pidió que aprovecháramos para ello los bellos versos de La vida es sueño de Calderón de la Barca. Pero no sueños sin más, sino cargados de un significado que puede ser importante. Es lo que le ocurre a don Quijote en la Cueva de Montesinos: lo que todos conocemos como el subconsciente le va revelando una realidad a don Quijote de la que él no parece darse cuenta, pero que con el tiempo veremos que sí va cuajando en la medida en que a partir de este momento iremos viendo progresivamente cómo lo que don Quijote alega que vio en la Cueva, se va manifestando en su visión cada vez más realista del mundo. Pues ahí dentro, el mundo caballeresco pierde su idealización.

Cuidado con corregir al leer lo que escribe un autor, por mucho que tu lectura se atenga a las reglas de la gramática, pero que ignora o pierda de vista que el autor comete adrede faltas gramaticales que encierran un mensaje o aspecto importante, en este caso, cómo no declamar; y de paso, esa escritura gramaticalmente deficiente denuncia la picardía y el teatro falso, o al menos poco profesional, de Maese Pedro. Por otro lado, si nos preguntamos ahora a qué se debe ese acierto del muchacho, la respuesta es evidentemente que a esa gracia suya a la hora de improvisar que tanto contrasta con la ausencia de lo mismo en el cuento de Sancho y se parangona, en cambio, con la narración que emplea Cervantes para contar cuento tan desabrido e insulso como el del escudero.
Tampoco debemos pasar por alto, sin embargo, una lección ahora contraria y positiva. Y es que don Quijote reacciona como es debido cuando una persona refuta o contradice a otra de forma directa pero correcta, sin alboroto ni ira. No solo pide disculpas, sino que además le da la razón al cabrero y promete no volver a interrumpir. Las palabras que antes utilizó despóticamente cuando forzó a Sancho a que se sentase junto a él, ahora resultan perfectamente aplicables a sí mismo, o sea, las del refrán «A quien se humilla, Dios le ensalza».

Bastante condena tienen ya los personajes con ese fin que pudieron evitar si en vez de aceptar y actuar de acuerdo a una educación y un prejuicio social misóginos, hubiesen rectificado su conducta reconociendo el mayor derecho de la libertad y del respeto debido a todo ser humano.

Evidentemente, es en el papel de Sancho como gobernador, y su contraste en este sentido con el gobierno de los Duques, donde radica el gran provecho político que le podemos sacar al Quijote. Es asimismo un cabal ejemplo, o sea, la vida como teatro, y el teatro que termina tornándose vida: lo que empezó como otra broma (que Sancho sería gobernador de una ínsula), terminó como teatro (Sancho, en efecto, asume el gobierno de Barataria, nombre que ya de por sí implica que se trata de otra burla) que dará paso a una lección político-moral que repercute irónicamente sobre los burladores.
El mero hecho de que un hombre analfabeto y de la clase campesina llegue a ser gobernador, ya de por sí supone un fenómeno de carácter revolucionario frente a la tradición y la época. No habrá que recordar que desde Platón a Maquiavelo, se daba por sentado que fuera una persona instruida la que ejerciera el papel del responsable de gobierno. Para Cervantes, sin embargo, está claro que Sancho posee ciertas cualidades sobresalientes aprendidas de la vida y de la experiencia que suplen la falta de educación libresca y formal, como el sentido común, incluyendo flexibilidad a la hora de gobernar (caso de las casas de juego, que si eran de ricos, no perjudicaban a pobres), la astucia para adivinar verdaderas intenciones de la gente…
El poder mal llevado corrompe es un mensaje clarísimo al registrarse el nivel indudable de crueldad que alcanzan las bromas. Plantea para nosotros la conveniencia de limitar el tiempo que puede permanecer en el poder un gobernante.
Paciencia y barajar, que diría Sancho, por mucho que nos cueste ver pasar el tiempo y tener que seguir soportando injusticias. Porque, ¿qué otra alternativa hay? Convertirse en cínicos y desesperar de la democracia es abandonar la única y última esperanza de enderezar entuertos que en otros sistemas políticos ni siquiera se consideran enmendables. Es, además, abandonar a aquellos políticos que están en el ajo, los que de veras tienen vocación y a los que les duele tanto como a los ciudadanos decentes la conducta de sus supuestos compañeros.
Pues sí: paciencia y barajar, no hay otra. Pero no lo digamos resignados, sino al contrario, determinados y decididos. Ellos, los políticos, no son duques que disfrutan de por vida y título de privilegios y poder abusivo. Es más, por una vez aprendamos algo de los mismos políticos corruptos, como hemos visto que podemos sacar utilidad y provecho de los personajes picarescos y hasta de un Juan Haldudo. ¿Qué es lo primero que dicen esos corruptos cuando los pillan? Pues que creen y confían en la justicia, la misma que ellos han burlado durante años. Y cada día más, su cinismo está resultando ser profeta involuntario de su propia desgracia, pues se van multiplicando juicios y condenas. Confiemos, pues, en su profecía, en que, tarde o temprano, las cosas caerán en su sitio.

Cervantes propone varias posibilidades para que el lector las baraje por la caída del gobierno de Sancho. Por inadmisible que parezca debido a los éxitos de Sancho, él mismo al final está convencido de que no nació para ser gobernador, es decir, culpa el determinismo de nacimiento y pertenencia a una clase social carente de educación que termina pasándole factura. También lo explica como vanitas, o la vanidad de la vida que nos hace olvidar que la ambición y la gloria del mundo también terminan con la muerte. Obviamente, ha caído en una profunda depresión ante la incesante crueldad y hasta sadismo, al fin y al cabo, a los que le someten los Duques. Que es, en definitiva, la razón fundamental y más concreta para su caída del poder.
Se trata, pues, de un boicot político que plantea ya a comienzos del siglo XVII un problema que aún nos preocupa: cómo desalojar del poder a los que lo tienen y se resisten a compartirlo.
Sancho y su decisión contra toda evidencia de abandonar el gobierno, dizque porque no había nacido para gobernador. La depresión en la que ya dijimos que había caído obviamente Sancho, como nos ocurre a nosotros tantas veces, incluso sin participar directamente como él en la política, es precisamente contra lo que hay que luchar, pues equivale a hacerles el juego a políticos deshonestos y despóticos. Pero ¿por qué, cómo fue posible que Sancho llegara a creer semejante despropósito? ¿Por qué desmentimos contra toda razón lo que la prueba empírica asegura sin lugar a duda? Inseguridad y subestima es la no menos obvia respuesta. En el caso de Sancho, intervienen muy posible, cuando no probablemente, prejuicios sociales heredados, mucho más prevalentes en aquella época, pero aún vigentes hoy. Pero no confundamos las cosas: una es reconocer tus limitaciones naturales, y otra las impuestas por otros. Que Sancho ceda a la presión, burlas y abusos de los Duques es una cosa; otra, que él no naciera para gobernador, cuando su misma gobernación no admite duda de lo contrario.
Sancho renegó del poder, don Quijote huyó de los poderosos. Ambos eligieron la libertad, pero nosotros confiamos nuestra libertad precisamente al sistema democrático, participando activamente en él, y de acuerdo, por supuesto, a sus principios de diálogo, manifestación cuando sea necesaria para expresar colectivamente nuestras preferencias, votación y respeto mutuo.
En el palacio de los Duques, don Quijote y Sancho tenían todo asegurado: techo, comida, lujos, pero a costa de convertirse en el hazmerreír de los Duques y sus criados. Pero les faltaba lo que todos anhelamos, muchas veces sin saberlo: esa libertad que no tiene precio. ¿Cuántos no están dispuestos a sacrificar valores con tal de vivir más cómodamente? Y, ¿cuántos no eligen profesiones más lucrativas, sacrificando sus inclinaciones, y hasta vocaciones, quizá, por el dinero?.

Es dentro de este contexto que tenemos que insertar las alusiones, y son muchas, al tema morisco en el Quijote. Tampoco es cuestión de entrar ahora en la mitificación de la Historia llevada a cabo por historiadores nacionalistas que han terminado falsificando hechos y sucesos. Solo hace falta preguntar si de veras es posible una guerra que dure más de ocho siglos, por un lado, y por el otro, si es posible asimismo considerar una población cuyos orígenes en la Península se remontan a ese mismo número de siglos como una no española o nacional, o como foránea. En fin, que hubo un período de relativa convivencia entre los tres pueblos y religiones durante unos seis siglos, que después fue resquebrajado, dando paso gradualmente a la supremacía de reinos cristianos que con los Reyes Católicos cuajan por fin en una sola nación, parece ser la indudablemente más lógica y aceptable interpretación. Sobra decir ahora que el tema morisco debió ser uno particularmente arriesgado en aquel momento, y más aún quizá después, en 1615, cuando aparece la segunda parte del Quijote.
El caso de Ricote ya no podrá ocultar lo más mínimo la flagrante injusticia contra unos individuos que de la noche a la mañana pasan de ser vecinos y ciudadanos a convertirse en exilados por un plumazo. Sería difícil llegar a una conclusión definitiva en cuanto a lo que realmente pensaba Cervantes: la aquiescencia de Ricote frente a la expulsión de los moriscos, ¿no responde más bien a un ardid tanto del moro como de Cervantes para despistar de la verdadera hondura de la tragedia que le cayó encima a esos españoles moriscos y manchegos por un edicto tan injusto? Que Cervantes sabía «marear la perdiz» de la censura no es, dicho sea de paso, una lección práctica tan lejana para los que vivieron y escribieron durante la dictadura franquista, y podría seguir siendo aleccionador para los que aún escriben bajo regímenes intolerantes que no vacilan en castigar con la cárcel, o peor, a autores disidentes. O, por el contrario, ¿no estará Cervantes ahora apoyando y disculpando al rey por su decisión de expulsar a los moriscos?.
De lo que no cabe dudar es de que Cervantes expone la injusticia que sufre Ricote con tal patetismo y sentido de injuria que hace imposible que el lector no sienta una profunda ira y sed de justicia ante tamaño atropello de una población y un grupo étnico-religioso arraigado desde siglos en la misma tierra. La cuestión de la intolerancia plantea el qué hacer ante una ley que consideramos injusta. En definitiva, de lo que se trata es de enfrentar al lector con una decisión abstracta y general de conveniencia política frente a una injusticia humana en concreto, la misma, no hace falta recordar, por la que atraviesa la Unión Europea en estos momentos.
La única respuesta que nos da Cervantes en el caso de Ricote es que no puede resolver su problema, pues queda lejos en el tiempo. Radica su solución, además, lejos también geográficamente, en Alemania, donde Ricote en sus andanzas de exilado dice que se encontró con una tolerancia y una libertad de conciencia que no puede menos que recordar las palabras de Zoraida respecto a la tolerancia. Que sea Alemania el lugar donde Ricote quiere terminar con su esposa e hija, que en ese momento están en Algeria, tampoco es casual, desde luego. Cuna de Lutero y del protestantismo, centro desde donde detonaron las guerras religiosas que dividieron y abrumaron a Europa, Cervantes una vez más guiña un ojo al lector para convertirlo en cómplice de la crítica de su sociedad inquisitorial, censurista e intransigente. Guiño que se repetirá después cuando, en contra de lo que exigía el edicto de expulsión, se les permite a Ricote y su hija permanecer en España (II, 65).

Dulcinea del Toboso (Aldonza Lorenzo) es posible perteneciese a una casta marginal o morisca, y si es verdad que el Toboso era en el siglo XVI un pueblo de moriscos, posiblemente de los que fueron trasladados a La Mancha después de la sublevación de las Alpujarras en 1568, todo cambia en cuanto a su papel novelesco, y, para nosotros, un mensaje y una lección útil que también concierne la tolerancia social. En ese caso, Cervantes enamora al caballero de origen judío converso de la labradora morisca, no solo como otra prueba humorística adicional de su locura, sino además como un amor imposible debido a razones sociales, más concretamente a las diferencias étnico-religiosas. Se explica el motivo por el cual don Quijote nunca expresó su amor a Dulcinea más allá de que fuera por una timidez exagerada que lo llevó en vez a vivir una novela caballeresca en la que Dulcinea figuraba como su dama. Y se explica asimismo la honda tristeza que invade el texto cuando al final del primer capítulo se nos dice sin más que don Quijote simplemente nunca le expresó su amor a Dulcinea.
Puede que hoy no valgan para nosotros en Occidente casos tan extremos de intolerancia por razones sociales, étnicas o religiosas, pero lo que sí debemos aprovechar aquí es cómo nuestra tolerancia es la garantía de que vivimos en una sociedad en la que lo opuesto, o la intolerancia, puede llegar a limitarnos hasta en el amor.

El dinero y las clases sociales tal como los conocemos hoy era algo todavía relativamente nuevo en tiempos de Cervantes. Lo prueba la misma preocupación que revela el Quijote en este sentido. Los dos capítulos dedicados a las Bodas de Camacho (II, 20, 21) no dejan lugar a dudas en cuanto a la actitud de Cervantes frente a esa nueva sociedad, que por un lado prometía mayores posibilidades de ascenso social, y por el otro, iniciaba un sistema que podría alcanzar altas cotas de miseria y desesperación si no se controla de alguna manera la ambición de determinados sectores sociales. Es el mismo que conocemos hoy día, y que intentamos perfeccionar para asegurar más lo primero y menos lo segundo.
Por qué Quiteria y Basilio no se casaron sin más, sin tener que pedir permiso al rico Camacho, o tener que teatralizar un drama. Obviamente, la férrea división de clases que podía terminar exigiendo una sumisión ante el poder no lo facilitaba. No hay que olvidar que escasamente un par de siglos antes, podía existir aún el derecho de pernada, el del señor feudal de dormir con la esposa del siervo la noche de bodas. En todo caso, la lección de Basilio es clara: lucha contra el poder injusto, no te sometas. Hoy, al menos en Occidente, no hay que temer semejante injusticia. Lo único que debemos temer es una ambición egoísta, que es la que tantas veces acarrea injusticias y conflictos sociales que no permiten garantizar el bienestar común, y provocan disidencia y disconformidad que pueden alcanzar niveles de violencia que no favorecen a nadie y perjudican a todos.

Así es la vida y así es la muerte: un equilibrio de alegría y tristeza. Don Quijote no se deja abrumar por la situación, sino que, al contrario, como creyente, es capaz de agradecer a Dios los bienes que le ha dado la vida, de la misma manera que, creyentes o no, ¿quién de nosotros puede renegar por completo de ella? Si lo pensamos bien, ¿cuántos de nosotros nos arrepentiríamos de nuestra condición mortal al mirar atrás? Que ha habido trabajos, tristezas, y hasta tragedias, si se quiere, de acuerdo. Pero también ha habido alegrías, amor, el nacimiento de una hija, de un nieto, risas, la amistad, en fin, tantas experiencias y cosas que agradecer.

– Empieza por reconocer que, si no aceptas la realidad, difícil te será vivir al máximo con tranquilidad y mayor felicidad. Procura, por tanto, distinguir bien entre el ser y el querer, lo que quieres y lo que puedes, para evitar tener que sufrir tantos golpes como don Quijote. Y si te equivocas, vuelve a intentarlo, pero imitando ahora al caballero cuando se fue dando cuenta de que no era tan infalible su juicio, y empezó a repensar la vida y el mundo desde una perspectiva más cauta y humilde.
– Vuelve a tu infancia, como hicieron don Quijote y Sancho, potenciando al máximo la creatividad que nos aportan esos años tan creativos cuando vamos descubriendo mundos que nos brindan a través de nuestra imaginación aventuras insospechadas. Déjate ir de vez en cuando por un capricho creativo espontáneo que te hace ilusión
– Primero de todo, en tu descubrimiento de la realidad, descúbrete a ti mismo, conforme nos recordó Sancho esas palabras de don Quijote al regresar a La Mancha. Aprovecha, no te reproches, cualquier pronto o pataleta para conocerte mejor, analizando tus reacciones y sus orígenes.
Lo inmediatamente anterior fortalece tu personalidad, cultívala al máximo, no se la entregues al criterio social
– Hablar implica también escuchar, no sea que caigamos en uno de esos debates que parecen más bien competencias a ver quién grita más. Pero escuchar a su vez implica captar bien con quién estás hablando, para adaptar tu palabra y saber hasta dónde puedes llegar con tu interlocutor, y si merece la pena seguir dialogando, o intentando hacerlo. No olvides que ambos fallos en estos sentidos le trajeron a don Quijote un par de palizas (y a saber lo que traerían hoy como está el patio en estos momentos).
– La hipocresía peor puede muy bien ser la que no reconocemos, de la que no estamos conscientes, como fue el caso de don Quijote y Sancho en determinados momentos: asegúrate de que tu liberalismo está a prueba de práctica, no solo de boca.
El machismo y la misoginia son males autodestructivos y destructivos de todo. Libérate de perpetuar con tus hijos e hijas tradiciones que deshumanizan a mujeres y también a los hombres que las imponen.
– La Buena Muerte es parte natural de la Buena Vida: prepárala como si fueras a salir a un paseo más, dejando atrás la casa y las cosas bien recogidas, satisfecho de despedirte con los gratos recuerdos de cariño, familia, alegrías que volverías a vivir gustosamente.

To my way of thinking a very pleasant reading and one that adapts to modern times.
Don Quixote, whose protagonist suffers justly many times from an excess of imagination. But it is that the excessive use of imagination exemplified so many times by Don Quixote is what Cervantes criticizes again and again. It is not a question, then, of admonishing against a faculty, which, if it can be dangerous, can also be beneficial because it encourages creativity and the expansion of our possibilities to its most acceptable limits within reason. Although we must not discard an imagination that may seem absurd, as long as it does not threaten to lead us to act irresponsibly.
If the imagination of the writer Jules Verne in the nineteenth century would lead him to be considered the father of science fiction for his advances to inventions that would be discovered later – the submarine, spaceships, the helicopter – what can we say about Don Quixote and Sancho? flying already through space as modern astronauts on the horse Clavileño? (II, 41). And if we pass from science to art, what can we say now about that painter from Úbeda, that Orbaneja, who painted what came out, so that it was necessary to write next to his painting: “This is a cock” (II, 3) )? Is not it a clear humorous prelude to abstract art of the twentieth century? We can even go back even further, to the imagination of Leonardo da Vinci, with its flight machines as well, parachutes, bicycles, cars that somehow anticipate the car, and a long and impressive etcetera.

Don Quixote goes out into the world to put his thought into effect, that is, to repair as much as possible what he considered injustices and abuses. His readings do not remain in his library, but go with him to his adventures. A knowledge applicable to an undeniable utility in terms of living to the fullest the life that has been given to us, beginning with the recognition of the reality that surrounds us. Beginning and ending of Quixote, it could be said, for the simple and simple reason that if we do not realize our immediate reality and its consequences when facing it and acting, how are we going to understand, to better manage, our world and the people and events that this existence of ours entails? As logical as it is put like this, that question may come to seem, and also its response, a truism. But Cervantes’s novel has nothing of perogrullesque, but rather of everything opposite: of hidden messages that like an ark of multiple locks, precisely because it keeps valuable treasures.
Cervantes is a perfect example of the author who respects both his reader and encourage him to read sometimes between the lines and behind the words. It invites us to participate in its creation.

It will be Sancho himself who will remind us of the words of Don Quixote that justify placing as the greatest in this first place self-knowledge. It was in the penultimate chapter of the book (II, 72), when they return to La Mancha, and the squire, excited, addressing the homeland, proclaims that the knight defeated with arms of others, but winner of himself, which, according to Don Quixote had said to him, it is the greatest expiration that can be desired. This is also the most appropriate place to place such an achievement, since, in effect, this recognition by Don Quixote seals the long process that the novel has been proposing since its initial chapters.
Logically, if you do not analyze yourself and know yourself, it will be wrong for you to face life and the world. At no time does Cervantes hide us that, in addition to wanting to fix the world, Don Quixote is very interested in increasing his honor, let us now understand the fame that his name would earn, to the point of imagining himself famous in the coming times.
That dreams can hide equally problems and defects that we do not want to face, nor does it need to be explained today. They will continue to be dreams, as perhaps we learned by heart if the teacher asked us to take advantage of the beautiful verses of Calderón de la Barca’s La vida es sueño. But not just dreams, but loaded with a meaning that may be important. This is what happens to Don Quixote in the Cave of Montesinos: what we all know as the subconscious is revealing a reality to Don Quixote that he does not seem to notice, but that over time we will see that it is curdling in the As of this moment, we will gradually see how what Don Quixote alleges he saw in the Cave, is manifesting in his increasingly realistic vision of the world. Well in there, the knightly world loses its idealization.

Be careful to correct when reading what an author writes, however much your reading adheres to the rules of grammar, but ignores or loses sight of the author intentionally committing grammatical errors that contain a message or important aspect, in this case , how not to declaim; and by the way, that grammatically deficient writing denounces the mischief and false, or at least unprofessional, theater of Master Pedro. On the other hand, if we ask now what is the reason for this success of the boy, the answer is evidently to that grace of his when improvising that contrasts so much with the absence of the same in the story of Sancho and parallels, in change, with the narration used by Cervantes to tell a story as bland and insipid as that of the squire.
Nor should we overlook, however, a lesson now contrary and positive. And it is that Don Quixote reacts as it should when a person refutes or contradicts another directly but correctly, without fuss or anger. Not only does he apologize, but he also agrees with the goatherd and promises not to interrupt again. The words he once used despotically when he forced Sancho to sit next to him, are now perfectly applicable to himself, that is, those of the proverb “Whoever humbles himself, God exalts him.”

Condemning the characters enough for that purpose they could avoid if instead of accepting and acting according to a misogynistic social education and prejudice, they would have rectified their behavior recognizing the greater right of freedom and respect due to every human being.

Obviously, it is in the role of Sancho as governor, and its contrast in this sense with the government of the Dukes, where lies the great political advantage that we can get from Don Quixote. It is also a good example, that is, life as theater, and theater that ends up becoming life: what started as another joke (that Sancho would govern an island), ended as theater (Sancho, in fact, assumes the government of Barataria, a name that in itself implies that it is another mockery) that will give way to a moral-political lesson that reverberates ironically on the mockers.
The mere fact that an illiterate man and the peasant class becomes governor, is in itself a phenomenon of a revolutionary character against tradition and time. It will not be necessary to remember that from Plato to Machiavelli, it was assumed that it was an educated person who exercised the role of the head of government. For Cervantes, however, it is clear that Sancho has certain outstanding qualities learned from life and experience that supplement the lack of formal, bookish education, such as common sense, including flexibility when it comes to governing (case of the houses of game, that if they were rich, they did not harm the poor), the cunning to guess people’s true intentions …
The badly carried power corrupts is a very clear message when registering the undoubted level of cruelty that jokes reach. It raises for us the convenience of limiting the time a ruler can remain in power.
Patience and shuffle, what would Sancho say, no matter how hard it is to see the time pass and have to continue to endure injustice. Because, what other alternative is there? To become cynical and to despair of democracy is to abandon the only and last hope of correcting wrongs that in other political systems are not even considered amenable. It is also to abandon those politicians who are in the loop, those who really have a vocation and those who are as hurt as decent citizens, the behavior of their supposed companions.
Yes, patience and shuffle, there is no other. But let’s not say it resigned, but on the contrary, determined and determined. They, the politicians, are not dukes who enjoy for life and title of privileges and abusive power. Moreover, for once we learn something from the same corrupt politicians, as we have seen that we can make use of and profit from the picaresque characters and even from a Juan Haldudo. What is the first thing that those corrupt say when they are caught? Well, they believe and trust in justice, the same that they have mocked for years. And every day more, his cynicism is proving to be an unwitting prophet of his own misfortune, as trials and convictions multiply. Let us trust, then, in his prophecy, that, sooner or later, things will fall into place.

Cervantes proposes several possibilities for the reader to shuffle about the fall of Sancho’s government. As inadmissible as it may seem due to Sancho’s successes, he himself is finally convinced that he was not born to be governor, that is, he blames the determinism of birth and belonging to a social class lacking in education that ends up taking its toll. He also explains it as vanitas, or the vanity of life that makes us forget that the ambition and glory of the world also end with death. Obviously, he has fallen into a deep depression before the incessant cruelty and even sadism, after all, to those who submit the Dukes. Which is, in short, the fundamental and most concrete reason for his fall from power.
It is, then, a political boycott that already raises at the beginning of the XVII century a problem that still worries us: how to evict from power those who have it and resist sharing it.
Sancho and his decision against all evidence of leaving the government, because he was not born to governor. The depression in which we already said that Sancho had obviously fallen, as it happens to us so many times, even without participating directly like him in politics, is precisely what we have to fight against, since it amounts to playing the game against dishonest politicians and despotic. But why, how was it possible that Sancho came to believe such nonsense? Why do we deny against all reason what the empirical evidence assures without a doubt? Insecurity and underestimation is the no less obvious response. In the case of Sancho, they intervene very possible, if not probably, inherited social prejudices, much more prevalent at that time, but still valid today. But do not confuse things: one is to recognize your natural limitations, and other imposed by others. That Sancho gives in to the pressure, mockery and abuse of the Dukes is one thing; another, that he was not born to governor, when his own government does not admit doubt to the contrary.
Sancho denied power, Don Quixote fled from the powerful. Both chose freedom, but we entrust our freedom precisely to the democratic system, actively participating in it, and of course, according to its principles of dialogue, manifestation when necessary to collectively express our preferences, voting and mutual respect.
In the palace of the Dukes, Don Quixote and Sancho had everything insured: roof, food, luxuries, but at the expense of becoming the laughingstock of the Dukes and their servants. But they lacked what we all yearned for, often without knowing it: that freedom that has no price. How many are not willing to sacrifice values ​​in order to live more comfortably? And, how many do not choose profitable professions, sacrificing their inclinations, and even vocations, perhaps, for the money?

It is within this context that we have to insert the allusions, and there are many, to the Moorish theme in Don Quixote. Nor is it a matter of entering now into the mythification of history carried out by nationalist historians who have ended up falsifying facts and events. It is only necessary to ask if a war lasting more than eight centuries is really possible, on the one hand, and on the other, if it is also possible to consider a population whose origins in the Peninsula date back to that same number of centuries as a Spanish or national, or as foreign. In short, there was a period of relative coexistence between the three peoples and religions for about six centuries, which was then cracked, giving way gradually to the supremacy of Christian kingdoms that with the Catholic Kings finally come together in a single nation, it seems to be the undoubtedly more logical and acceptable interpretation. Needless to say now that the Moorish theme must have been particularly risky at that time, and even more so later, in 1615, when the second part of Don Quixote appeared.
Ricote’s case will no longer be able to conceal the flagrant injustice against individuals who, overnight, go from being neighbors and citizens to becoming exiles at a stroke. It would be difficult to reach a definitive conclusion as to what Cervantes really thought: the acquiescence of Ricote against the expulsion of the Moriscos, does not respond rather to a ruse of both the Moor and Cervantes to mislead the true depth of the tragedy that fell on those Moorish and La Mancha Spaniards for such an unjust edict? That Cervantes knew how to “dote the partridge” of censorship is not, incidentally, a practical lesson so far for those who lived and wrote during the Franco dictatorship, and could still be instructive for those who still write under intolerant regimes that do not they hesitate to punish with jail, or worse, dissenting authors. Or, on the contrary, will not Cervantes now support and apologize to the king for his decision to expel the Moors?
What can not be doubted is that Cervantes exposes the injustice suffered by Ricote with such pathos and sense of injury that makes it impossible for the reader not to feel a deep anger and thirst for justice in the face of outrageous population and ethnic-religious group rooted for centuries in the same land. The question of intolerance raises what to do before a law that we consider unfair. In short, what is at issue is to confront the reader with an abstract and general decision of political expediency in the face of a concrete human injustice, the same, it is not necessary to remember, what the European Union is going through at the moment.
The only answer that Cervantes gives us in the case of Ricote is that he can not solve his problem, because it is far in time. His solution lies, furthermore, far geographically, in Germany, where Ricote in his exile wanderings says that he found a tolerance and a freedom of conscience that can not but remember the words of Zoraida regarding tolerance. Let Germany be the place where Ricote wants to end his wife and daughter, who at that moment are in Algeria, is not casual either, of course. Cradle of Luther and Protestantism, center from which the religious wars that divided and overwhelmed Europe detonated, Cervantes once again winks at the reader to turn him into an accomplice of the criticism of his inquisitorial, censorship and intransigent society. Wink that will be repeated later when, contrary to what the expulsion edict demanded, Ricote and his daughter are allowed to remain in Spain (II, 65).

Dulcinea del Toboso (Aldonza Lorenzo) is possible to belong to a marginal or Moorish caste, and if it is true that the Toboso was in the sixteenth century a town of Moors, possibly of those who were transferred to La Mancha after the uprising of the Alpujarras in 1568, everything changes in its fictional role, and, for us, a message and a useful lesson that also concerns social tolerance. In that case, Cervantes enamors the knight of Jewish origin, convert of the Moorish peasant, not only as another humorous proof of his madness, but also as an impossible love due to social reasons, more specifically to ethnic-religious differences. The reason why Don Quixote never expressed his love for Dulcinea is explained beyond that of an exaggerated shyness that led him instead to live a chivalrous novel in which Dulcinea figured as his lady. And the deep sadness that pervades the text is also explained when, at the end of the first chapter, we are simply told that Don Quixote simply never expressed his love for Dulcinea.
It may not be worthwhile for us in the West such extreme cases of intolerance for social, ethnic or religious reasons, but what we should take advantage of here is how our tolerance is the guarantee that we live in a society in which the opposite, or the intolerance, can limit us even in love.

Money and social classes as we know them today was something still relatively new in Cervantes’ time. It is proved by the same concern that Don Quixote reveals in this sense. The two chapters dedicated to Camacho’s Marriages (II, 20, 21) leave no doubt as to Cervantes’s attitude towards this new society, which on the one hand promised greater possibilities for social advancement, and on the other, It initiated a system that could reach high levels of misery and despair if the ambition of certain social sectors is not controlled in any way. It is the same that we know today, and that we try to perfect to ensure more first and less second.
Why Quiteria and Basilio did not get married without more, without having to ask the rich Camacho for permission, or having to dramatize a drama. Obviously, the iron division of classes that could end up demanding a submission to power did not facilitate it. We must not forget that scarcely a couple of centuries before, there could still be the right of the feudal lord to sleep with the servant’s wife on the wedding night. In any case, the lesson of Basilio is clear: fight against the unjust power, do not submit. Today, at least in the West, there is no need to fear such injustice. The only thing that we should fear is a selfish ambition, which is what so often brings injustices and social conflicts that do not allow to guarantee the common welfare, and provoke dissent and disagreement that can reach levels of violence that do not favor anyone and harm everyone.

This is life and that is death: a balance of joy and sadness. Don Quixote is not overwhelmed by the situation, but, on the contrary, as a believer, is able to thank God for the goods that life has given him, in the same way that, believers or not, who of us can deny completely of her? If we think about it, how many of us would regret our mortal condition by looking back? There have been jobs, sorrows, and even tragedies, if you will, in agreement. But there have also been joys, love, the birth of a daughter, a grandchild, laughter, friendship, in short, so many experiences and things to be thankful for.

– Start by recognizing that, if you do not accept reality, it will be difficult for you to live to the fullest with tranquility and greater happiness. Try, therefore, to distinguish well between being and wanting, what you want and what you can, to avoid having to suffer as many blows as Don Quixote. And if you’re wrong, try again, but imitating the gentleman now when he realized that his judgment was not so infallible, and began to rethink life and the world from a more cautious and humble perspective.
– Go back to your childhood, as Don Quixote and Sancho did, maximizing the creativity that those creative years bring us when we discover worlds that give us unsuspected adventures through our imagination. Let yourself go from time to time for a spontaneous creative whim that makes you illusion
– First of all, in your discovery of reality, discover yourself, as Sancho reminded us of those words of Don Quixote when he returned to La Mancha. Take advantage, do not blame yourself, any soon or tantrum to get to know you better, analyzing your reactions and their origins.
The immediately previous strengthens your personality, cultivate it to the maximum, do not give it to the social criterion
– Speaking also implies listening, lest we fall into one of those debates that seem more like competition to see who shouts the most. But listening in turn implies capturing well who you are talking to, to adapt your word and know how far you can go with your interlocutor, and if it is worthwhile to continue talking, or trying to do so. Do not forget that both failures in these senses brought Don Quixote a couple of beatings (and to know what they would bring today as is the courtyard at this time).
– The worst hypocrisy may very well be that which we do not recognize, of which we are not aware, as was the case with Don Quixote and Sancho at certain times: make sure that your liberalism is proof of practice, not just by mouth.
Machismo and misogyny are self-destructive and destructive evils of everything. Liberate yourself from perpetuating with your sons and daughters traditions that dehumanize women and also the men who impose them.
– The Good Death is a natural part of the Good Life: prepare it as if you were going out for a walk, leaving behind the house and things well collected, satisfied to say goodbye with the fond memories of love, family, joys that you would live again gladly.

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