El Coloso De Nueva York — Colson Whitehead / The Colossus of New York by Colson Whitehead

Pese al título de coloso para nada lo es. Colson Whitehead es un escritor talentoso, como se puede ver fácilmente en sus primeras novelas. Entonces, cuando leí que él estaba escribiendo una no ficción sobre Nueva York, estaba encantado con las perspectivas. Pero no sé qué hacer con este libro.
La mayoría de las 13 partes tienen la misma estructura. Tener un lugar. Escribe oraciones cortas que expliquen lo que verías en ese lugar. Incluye acciones y pensamientos de esos personajes.
En el papel, suena horrible, y de alguna manera lo es. Es las 176 páginas más cortas que jamás leerá, pero este estilo se vuelve muy repetitivo. En lugar de explicar por qué eligió estos lugares o lo que significan para él, Whitehead incluye poco sobre sí mismo. Hay simplemente una visión nula del alma de la ciudad.
Pero el libro tiene sus puntos fuertes. Las escenas de Whitehead son muy evocadoras y a menudo me encontré sonriendo y asintiendo con la cabeza ante sus descripciones de lo que había visto en Nueva York. Se da cuenta de cosas de Nueva York que das por sentado. A veces, sus habilidades brillan a través.
Pero finalmente se sintió como leer las notas de un buen escritor antes de que él las convirtiera en un libro real. Quería mucho más de este libro, y según lo que hay (y también el maravilloso primer ensayo, que es diferente de todos los demás en la estructura), tengo la sensación de que podría estar allí. Todos tienen su propia versión de Nueva York y todavía estoy esperando a ver cómo Whitehead realmente ve a su ciudad natal. En última instancia, se lee como un poema astuto pero repetitivo.

Existen ocho millones de ciudades descarnadas en esta ciudad descarnada: polemizan y discuten entre sí. La ciudad de Nueva York en que tú vives no es mi ciudad de Nueva York; ¿cómo podría serlo? Este lugar se multiplica cuando no miras. Nos trasladamos de un lado para otro. A lo largo de una vida tantos traslados suman muchos barrios, que conforman el variopinto material de construcción de tu metrópoli de edificación chapucera. Tus quioscos, restaurantes, cines, paradas de metro y barberías favoritos son reemplazados.
Nuestras calles son almanaques que contienen quiénes fuimos y quiénes seremos a continuación. Nos vemos en esta ciudad todos los días mientras paseamos por la acera y descubrimos nuestro reflejo en los escaparates de las tiendas, nos buscamos en esta ciudad cada vez que rememoramos…

Después de tanta preocupación y tantos mares revueltos, la noche vuelve a puerto. Pese a todo, algunos han conseguido llegar a la orilla. Él conoce un sitio para desayunar. Mira la hora. Mírame a mí. Míralos a ellos cogidos de la mano. Se han pasado la noche charlando. Mientras todos los demás enloquecían ellos se han encontrado. No están hechos el uno para el otro pero tal vez estén hechos el uno del otro. La misma sustancia, igual que la ciudad es una sustancia, hasta el último centímetro, de cabo a rabo. Sólida. Inmutable. Irrompible. Todos fuera. Última parada. Mira al cielo. Hacia el este. Se ve la luz del sol con sus colores de fábrica, la luz del sol cargando contra cristales rotos, la luz del sol sobrepasando por fin los edificios, y estamos a salvo.
Esta ciudad es una recompensa por todo lo que te permitirá alcanzar y un castigo por todos los crímenes que te forzará a cometer. Es como si aquella mujer hubiera resuelto un enigma mientras espera en la esquina a que cambie el semáforo, mírale la cara, sonriéndole a la nada. A esa luz pura y titilante. Siempre se sienten un poco raros cuando logran entender este lugar. Parados en las esquinas, evitados por el gentío como si fueran profetas o vagabundos. Esquívalos como harías con cualquier ángel que te pasara rozando. La soledad es lo peor, porque este conocimiento no se puede compartir, solo padecer. Menos mal. ¿Por qué cualquier otro tendría que tenerlo más fácil? Así habla un verdadero neoyorquino.

Otros libros del autor comentados:

https://weedjee.wordpress.com/2017/10/18/el-ferrocarril-subterraneo-whitehead-colson-underground-railroad-by-whitehead-colson/

You can be reading colossus in the title and no. Colson Whitehead is a talented writer, as one can easily see in his first novels. So when I read that he was writing nonfiction about New York, I was thrilled at the prospects. But I don’t know what to make of this book.
The majority of the 13 parts have the same structure. Take a place. Write short sentences that explain what you would see at that place. Include actions and thoughts of those characters.
On paper, it sounds awful, and it some ways it is. It is the shortest 176 pages you will ever read, but this style gets highly repetitive. Rather than explaining why he chose these places or what they mean to him, Whitehead includes little about himself. There is quite simply zero insight into the soul of the city.
But the book does have its strong points. Whitehead’s scenes are very evocative and I often found myself smiling and nodding at his dead-on descriptions of what I had seen in New York. He notices things about New York that you take for granted. At times, his skills shine through.
But it ultimately felt like reading a good writer’s notes before he turns them in to an actual book. I wanted so much more from this book, and based on what is there (and also the wonderful first essay, which is different from all others in structure), I get the feeling it could be there. Everyone has their own version of New York and I’m still waiting to see how Whitehead really sees his hometown. Ultimately it reads like an astute but repetitive poem.

There are eight million empty cities in this stark city: they argue and argue with each other. The city of New York in which you live is not my city of New York; How could it be? This place multiplies when you do not look. We move from one place to another. Throughout a life so many transfers add many neighborhoods, which make up the diverse construction material of your botched building metropolis. Your favorite kiosks, restaurants, cinemas, subway stops and barber shops are replaced.
Our streets are almanacs that contain who we were and who we will be next. We see each other in this city every day as we walk along the sidewalk and discover our reflection in the shop windows, we look for ourselves in this city every time we remember …

After so much worry and so many troubled seas, the night returns to port. In spite of everything, some have managed to reach the shore. He knows a place to have breakfast. Look the hour. Look at me. Look at them holding hands. They have spent the night chatting. While everyone else went crazy they found each other. They are not made for each other but they may be made for each other. The same substance, like the city is a substance, to the last centimeter, from end to end. Solid Immutable. Unbreakable. Everybody out. Last stop. Look to the sky. To the east. You see the sunlight with its factory colors, the sunlight charging against broken glass, the sunlight finally surpassing the buildings, and we are safe.
This city is a reward for everything that will allow you to reach and a punishment for all the crimes that will force you to commit. It is as if that woman had solved an enigma while waiting in the corner to change the traffic light, look at her face, smiling at nothing. In that pure and flickering light. They always feel a little weird when they manage to understand this place. Standing in the corners, avoided by the crowd as if they were prophets or vagabonds. Skim them as you would with any angel that passed by you. Loneliness is the worst, because this knowledge can not be shared, only suffer. Goodness. Why would anyone else have to have it easier? This is how a true New Yorker speaks.

Many other books from the author commented:

https://weedjee.wordpress.com/2017/10/18/el-ferrocarril-subterraneo-whitehead-colson-underground-railroad-by-whitehead-colson/

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