El Río De La Conciencia — Oliver Sacks / The River of Consciousness by Oliver Sacks

Sin duda este libro póstumo es una joya. Esta colección de 10 ensayos, algunos de los cuales apareció anteriormente en la New York Review of Books, fue recopilada por tres colegas a partir de un resumen proporcionado por Sacks dos semanas antes de su muerte en 2015. Aquí, el autor explora la evolución, el tiempo, la memoria y el olvido, la experiencia, la creatividad y la conciencia. Como sus colegas señalan, Sacks “cuestiona la naturaleza no solo de la experiencia humana sino de toda la vida (incluida la vida botánica)”. Los lectores verán cómo el trabajo botánico de Darwin proporcionó la evidencia más sólida de la evolución y la selección natural, las diferentes formas en que el tiempo es percibido y experimentado, y la falibilidad de la memoria (explorada en una pieza fascinante sobre la criptomnesia o plagio inconsciente). El ensayo sobre las palabras mal escuchadas, un problema real para los viejos sacos, es la entrada más corta y también la más divertida. El más especulativo es “Scotoma”, un término neurológico para una desconexión en la percepción, que Sacks usa para referirse a la negligencia o la supervisión de una idea propuesta o un descubrimiento hecho antes de tiempo. Esto le da al autor la oportunidad de explorar cómo la historia de la ciencia podría haber sido diferente. El más largo, denso y técnicamente más exigente es el ensayo del título, “El río de la conciencia”, en el que Sacks examina lo que los neurocientíficos han comenzado a aprender acerca de las bases neuronales de la conciencia, desde mecanismos relativamente simples como la percepción hasta temas más complejos como Como memoria, imágenes y reflexión.

La mayoría de estos ensayos se publicaron anteriormente en el “New York Review of Books” y son un tesoro de los intereses de amplio alcance del autor. Mi favorito es “Darwin y el significado de las flores”. Darwin no era un simple coleccionista de rarezas botánicas. Después de que el “Origen de las especies” hubiera pasado por cinco ediciones, podría haberse retirado a los “extensos terrenos alrededor de Down House, y [sus] cinco invernaderos, pero para él se convirtieron en motores de guerra, desde los cuales arrojaría grandes misiles. de evidencia a los escépticos fuera … una masa de evidencia de evolución y selección natural aún más abrumadora que la presentada en el ‘Origen’ “.
Hay un ensayo autobiográfico sobre la velocidad y la percepción humana, con observaciones tomadas del interés del autor en la fotografía y su trabajo con los pacientes post-encefalíticos ‘congelados’ en Beth Abraham (ver “Despertares”).
Otro ensayo, “Sentience: The Mental Lives of Plants and Worms” se sumerge profundamente en el río de conciencia de Sacks. Comienza con el libro final de Darwin, publicado en 1881, que fue “un estudio de la humilde lombriz de tierra … para Darwin, la habilidad de [lombriz de tierra] para modular las respuestas [a la luz] indica ‘la presencia de una mente de algún tipo’. “Mientras otros victorianos recolectaban conchas marinas en la playa, otro de los autores favoritos de Sacks, George John Romanes estaba estudiando las manifestaciones conductuales de la” mente “en invertebrados como medusas, estrellas de mar y erizos de mar.
Luego aparecieron los conductistas y negaron que la “mente” pudiera definirse por las respuestas al estímulo. Incluso los protozoos reaccionan a los estímulos.
Bien, bien, ¿qué pasa con la memoria? ¿Qué pasa con las criaturas que pueden “recordar, aprender, pensar y comunicarse de formas bastante ricas e inesperadas?” No, Sacks no habla de Homo sapiens. Está hablando de avispas de papel.
Estos ensayos representan a Sacks en su mejor momento juguetón y pedante. Se comunica de formas bastante ricas e inesperadas.
Aunque la colección se publicó póstumamente, el autor fue responsable de la disposición del material. Esto es importante porque hay una estructura suelta en el trabajo que revela implícitamente la visión general de la conciencia del autor. El primer ensayo, Darwin y el significado de las flores, explora los mecanismos de estímulo-respuesta en las plantas. El tercer ensayo, Sentience: The Mental Lives of Plants and Worms (Sentimientos: las vidas mentales de las plantas y los gusanos), avanza hacia el árbol evolutivo y examina los mecanismos neuronales “simples”. Finalmente, después de una revisión del último trabajo sobre la conciencia humana individual, el ensayo final es un esbozo de la conciencia humana colectiva tal como se expresa en la historia de la ciencia: Scotoma: olvido y negligencia en la ciencia. Por su propia estructura, el trabajo es una fenomenología oblicua de la conciencia.
Darwin y el significado de las flores es una especie de ensayo revisionista sobre Darwin, ya que se concentra en su trabajo posterior. Después del origen, Darwin publicó numerosos estudios botánicos detallados:
Plantas insectívoras 1875
1. Los efectos de la cruzación y la autofertilización en el Reino vegetal 1876
2. El poder del movimiento en las plantas 1880
3. La formación de moho vegetal a través de la acción de los gusanos 1881
Si el Origen pintó el argumento en amplias pinceladas, estos trabajos posteriores colocan los mecanismos evolutivos bajo el microscopio. Proporcionan una masa de evidencia empírica detallada para la evolución y Darwin vio esto como clave para el debate ideológico. Escribió a su amigo Asa Grey en Harvard: “nadie más ha percibido que mi principal interés en mi libro de orquídeas ha sido que era un ‘movimiento de flanco’ sobre el enemigo”. La otra dimensión de estas obras, y la que Oliver Sacks está más ansioso por aprovechar, es el afán de Darwin por desdibujar las divisiones entre el mundo vegetal y el mundo animal. Como señala: “Las plantas y los animales, ahora sabemos, comparten el 70% de su ADN” (página 25). El ensayo termina con una nota elegíaca en la que Sacks se hace eco de los sentimientos de su héroe: “Me regocijo en el conocimiento de mi singularidad biológica, y mi antigüedad biológica y mi parentesco biológico con todas las demás formas de vida”.
El segundo ensayo, Speed, discute el reloj interno de la conciencia. Sacks se basa en su práctica clínica para describir los extremos del procesamiento temporal desordenado. Al hablar de la enfermedad de Parkinson: “Con los trastornos de la escala de tiempo parece que casi no hay límite para el grado de desaceleración que puede ocurrir, y la aceleración del movimiento a veces parece estar limitada solo por los límites físicos de la articulación”. Pero, para el paciente , el paso del tiempo parece bastante normal. Mientras que el parkinsonismo posencefalítico produce un movimiento de la lentitud glacial, la de Tourette conduce a aceleraciones rápidas. Sacks finaliza el ensayo señalando los correlatos neuronales de estas patologías temporales: “Las lesiones en la corteza tienden a producir déficits“ simples ”como la pérdida de visión del color o la capacidad de reconocer letras o números. En contraste, las lesiones en el sistema regulador del subcórtex que controlan el movimiento, el tempo … socavan el control y la estabilidad … “Aunque Sacks no lo hace, es difícil resistir la metáfora de un reloj de computadora que se requiere para sincronizar El procesamiento de datos. Sin esta capacidad no puede haber inteligencia.
El tercer ensayo, Sentiencia: Las vidas mentales de gusanos y plantas, discute la evolución de una maquinaria neuronal cada vez más compleja. Mientras que las plantas exhiben varios mecanismos de estímulo-respuesta, la señalización electroquímica en las plantas es relativamente lenta, ya que depende de los canales de iones de calcio. Una característica distintiva clave de la vida animal es la velocidad de los mensajes: “La velocidad requiere canales iónicos que puedan abrirse y cerrarse en cuestión de milisegundos, lo que permite generar cientos de potenciales de acción en un segundo. Los iones mágicos aquí, son iones de sodio y potasio, que permitieron el desarrollo de células musculares de reacción rápida, neuronas y neuromodulación en las sinapsis. Estos hicieron posibles organismos que podrían aprender, aprovecharse de la experiencia, juzgar, actuar y, finalmente, pensar. ”Los sacos también indican indirectamente una correlación entre la conciencia y su sustrato neuronal simplemente al enumerar el número de neuronas de diferentes organismos:
– Aplysia (el tema del trabajo de Eric Kandel sobre la memoria) tiene 20,000 neuronas
– Las abejas tienen hasta un millón de células nerviosas.
– Un ratón tiene entre 75 y 100 millones.
– Los cefalópodos tienen hasta 500 millones.
Como todos los otros ensayos en el libro, el cuarto ensayo, El otro camino: Freud como neurólogo puede leerse en varios niveles. Es, en parte, la historia del viaje de Freud de la biología a la psicología. Pero también es un esbozo más general de la historia de la neurociencia: de la frenología a las teorías localizacionistas de Broca y Meynert, y, finalmente, a los puntos de vista más dinámicos y evolutivos de finales del siglo XX. Sacks ve a Freud como una figura fundamental en esta transición: “Desde el último tercio del siglo XX, todo el tenor de la neurología y la neurociencia se ha estado moviendo hacia una visión tan dinámica y constructiva del cerebro, en un sentido que incluso a lo sumo Niveles elementales: como, por ejemplo, rellenar un punto ciego … el cerebro construye una hipótesis o patrón plausible “. Según Sacks, la insatisfacción de Freud con el movimiento de localización lo llevó a una visión muy similar del funcionamiento del cerebro. Y finalmente, Sacks ve en este punto de vista un posible puente entre la psicología y la neurociencia: “vemos un indicio de cómo los universos aparentemente dispares – los universos del significado humano y de la ciencia natural – pueden unirse”.
El quinto ensayo, La falibilidad de la memoria, es una reflexión adicional sobre la visión dinámica y constructiva de la mente: pero esta vez en conexión con la memoria. Examina el tema de la maleabilidad de la memoria en una variedad de manifestaciones diferentes: memorias falsas, memorias reprimidas y memorias implantadas. Como señala Sacks: “Parece que no hay ningún mecanismo en la mente o en el cerebro para asegurar la verdad, o al menos el carácter verídico, de nuestros recuerdos”.
Mishearings, el sexto ensayo corto, continúa el tema. Saquea los casos de documentos (muchos de ellos por experiencia personal) en los que el oyente “llena” los espacios en blanco cuando no han escuchado algo correctamente. Considera que esto es parte de nuestra maquinaria neuronal básica y no está necesariamente conectado a ningún proceso psicológico más profundo: “Recolectando errores en los últimos años sin ninguna selección o sesgo explícitos, me veo obligado a pensar que Freud subestimó el poder de los mecanismos neuronales, combinado “Con la naturaleza abierta e impredecible del lenguaje, para generar malentendidos que son irrelevantes tanto en términos de contexto como de motivación subconsciente”.
En ningún momento del libro, Oliver Sacks discute sobre Inteligencia Artificial. La omisión es, sin duda, deliberada. Evita las pendientes resbaladizas de las comparaciones conjeturales y limita sus exploraciones al terreno más sólido de la psicología empírica. Por lo tanto, en el séptimo ensayo, El yo creativo, no hay excursiones a las posibilidades de la inteligencia artificial como vehículo para la inteligencia creativa. En cambio, hay un bosquejo, desde una perspectiva psicológica, de la gestación de nuevas ideas. Oliver Sacks ve tres condiciones previas para la creatividad:
1. Un período de imitación en el que los ides y formas existentes (en el arte) se asimilan completamente.
2. Un período de incubación inconsciente.
3. Y, por último, “una audacia o subversión especial para avanzar en una nueva dirección” (p140)
Para ilustrar su punto acerca de la incubación inconsciente de nuevas ideas, se refiere a un par de episodios en la vida de Henri Poincare en los que la solución a un problema particularmente intratable solo se le ocurrió cuando “olvidó” el problema y lo atendió. algo completamente diferente. Si bien este ensayo se ocupa principalmente de la psicología de la creatividad, en el párrafo final hay una conjetura de que, algún día, podemos encontrar un correlato neural para los procesos creativos.
El octavo ensayo, Un sentimiento general de desorden, examina la conexión entre el mantenimiento de la homeostasis del sistema autonómico y la sensación subjetiva de bienestar del individuo. El sistema nervioso autónomo normalmente opera por debajo del horizonte de la conciencia. Sin embargo, cuando la homeostasis se altera, como en el caso de una enfermedad, se produce una conciencia de malestar. A la inversa, la recuperación de una enfermedad puede producir una sensación extrema de bienestar. El ensayo es particularmente conmovedor porque sus observaciones se basan en su propia lucha contra el cáncer.
En el noveno ensayo, El río de la conciencia, el tema central del libro se discute directamente: la cualidad aparentemente perfecta de la conciencia. La primera parte del ensayo explora el tema con referencia a nuestra percepción del movimiento. La capacidad del cerebro para fusionar las “instantáneas” en una percepción de movimiento continuo se había discutido ampliamente desde que William James (como señala Sacks, los zoetropes eran muy populares en los hogares victorianos). Sacks se basa en su experiencia clínica para explorar un fenómeno relacionado: la ceguera por movimiento. La discusión del movimiento es el vehículo para introducir un tema más profundo: “no solo calculamos el movimiento como lo hace un robot; Lo percibimos. Percibimos el movimiento, tal como percibimos el color o la profundidad como una experiencia cualitativa única … ”En otras palabras, los qualia de la conciencia.
Y esto nos lleva de nuevo a la pregunta científica: ¿es posible descubrir los correlatos neurales de la conciencia? Muy recientemente, la tecnología nos ha proporcionado dos herramientas poderosas:
1. Las MRI funcionales nos permiten ver las interacciones de cientos de neuronas
2. El modelado neural computarizado nos permite simular el comportamiento de grupos de neuronas mucho más grandes
Paralelamente a este trabajo empírico, parece surgir un nuevo marco conceptual para comprender la conciencia. Sacks se refiere a la obra de Gerald M. Edelman en la década de 1980 (The Remembered Present: A Biological Theory of Consciousness) y finaliza con una larga discusión del documento de 2003 de Crick and Koch: A Framework for Consciouness. La conciencia, en este punto de vista, es una “actividad de umbral”. Un grupo de neuronas necesita disparar repetidamente durante un período de tiempo determinado. Además, este grupo necesita involucrar a otros grupos para formar una coalición: “Finalmente, la actividad de una coalición, o coalición de coaliciones, para alcanzar la conciencia no solo debe cruzar un umbral de intensidad sino que también debe mantenerse allí por un período de tiempo. cierto tiempo – aproximadamente cien milisegundos. Esta es la duración de un momento perceptivo “.
Este ensayo es exploratorio. Todavía no tenemos una teoría científica de la conciencia. Pero, por primera vez en la historia, están presentes los componentes básicos para tal teoría. Oliver Sacks nos ha dado una visión tentadora de las posibilidades que nos esperan.
Cuando hablamos de conciencia, generalmente nos referimos a la experiencia subjetiva individual de conciencia. Los primeros nueve ensayos exploran la evolución de este tipo de conciencia, comenzando con la mayoría de las formas primitivas de sensibilidad y culminando en la conciencia subjetiva humana. Pero el río de la conciencia no termina allí. La objetivación de la mente está instanciada en la historia del pensamiento. El último ensayo, Scotoma: Forgetting and Neglect in Science, explora algunas de las similitudes entre la creatividad subjetiva individual y el progreso de la investigación científica. El ensayo recoge un tema que el autor exploró en The Creative Self. Pero ahora se explora el proceso de gestación intelectual como un fenómeno cultural e histórico. De la misma manera que podemos esperar encontrar correlatos neurales para la conciencia, podemos imaginar la conciencia subjetiva individual como un correlato para la historia de la ciencia. Esta idea se explora con referencia a un tema muy específico: el de las ideas que no obtienen aceptación en la corriente principal de la ciencia porque son “prematuras”. Ofrece múltiples ejemplos de descubrimientos que no se incorporaron en el canon de la ciencia porque los paradigmas dominantes no pudieron acomodarlos:
1. Teoría de la deriva continental de Alfred Wegener en 1915.
2. El descubrimiento de ADN de Oswald Avery en 1944: “un descubrimiento totalmente pasado por alto porque nadie podía apreciar su importancia”.
3. El ensayo de Herschel sobre las migrañas oculares (de especial interés para Oliver Sacks porque esa fue el área de su investigación inicial).
4. etc etc
El proceso por el cual las ideas entran en el marco más amplio de la ciencia se asemeja a la manera en que las ideas emergen en la conciencia: “No es suficiente aprehender algo,” obtener “algo en un instante. La mente debe ser capaz de acomodarla, de retenerla. La primera barrera radica en permitirse a sí mismo encontrar nuevas ideas, crear un espacio mental, una categoría con conexión potencial, y luego llevar estas ideas a una conciencia plena y estable, darles una forma conceptual, teniéndolas en mente incluso si se contradicen. las creencias existentes de uno, o categorías.

Nosotros, en cuanto seres humanos, acabamos teniendo recuerdos falibles, frágiles e imperfectos, pero que también poseen una gran flexibilidad y creatividad. La confusión sobre sus orígenes o la indiferencia hacia estos pueden resultar una fuerza paradójica: si pudiéramos identificar el origen de todo nuestro conocimiento, acabaríamos saturados de información a menudo irrelevante. La indiferencia hacia las fuentes nos permite asimilar lo que leemos, lo que nos cuentan, lo que los demás dicen y piensan, lo que escriben y pintan, con la misma riqueza e intensidad que si fueran experiencias primarias. Nos permite ver y oír con los ojos y oídos de los demás, entrar en mentes ajenas para asimilar el arte, la ciencia y la religión de toda la cultura, entrar y contribuir a la mente común, a la riqueza general del conocimiento. La memoria no surge solo de la experiencia, sino del intercambio de muchas mentes.

La historia de la ciencia, al igual que la vida, ¿podría haber discurrido por un camino distinto? ¿Se parece la evolución de las ideas a la evolución de la vida? No cabe duda de que vemos repentinos estallidos de actividad cuando los avances se llevan a cabo en un periodo muy breve. Así ocurrió con la biología molecular en las décadas de 1950 y 1960, y con la física cuántica en la década de 1920, y en las últimas décadas nos hemos encontrado con un despliegue similar de trabajos fundamentales en el campo de la neurociencia. Esa repentina acumulación de descubrimientos cambia la faz de la ciencia, y a menudo vienen seguidos de largos periodos de consolidación y estancamiento relativo. Me acuerdo de la imagen de «equilibrio puntuado» que nos ofrecieron Niles Eldredge y Stephen Jay Gould, y me pregunto si existe al menos una analogía con el proceso evolutivo natural.
Las ideas, al igual que las criaturas vivas, surgen y florecen, van en todas direcciones, o se abortan y se extinguen de manera totalmente impredecible. A Gould le gustaba mucho decir que si la evolución de la vida en la tierra volviera a empezar, la segunda vez sería completamente distinta. Supongamos que John Mayow hubiera descubierto el oxígeno en la década de 1670 o que la teórica Máquina Diferencial de Babbage –un ordenador– se hubiera construido cuando lo propuso en 1822; ¿habría sido muy distinto el curso de la ciencia? Todo esto es mera fantasía, desde luego, pero una fantasía que nos hace comprender que la ciencia no es un proceso ineluctable sino en extremo contingente.

Otros libros del autor comentados:

https://weedjee.wordpress.com/2016/03/22/en-movimiento-una-vida-oliver-sacks/

No doubt this posthumous book is a jewel. This collection of 10 essays, some of which appeared previously in the New York Review of Books, was compiled by three colleagues from a summary provided by Sacks two weeks before his death in 2015. Here, the author explores evolution, time, memory and forgetfulness, experience, creativity and awareness. As his colleagues point out, Sacks “questions the nature not only of human experience but of all life (including botanical life).” Readers will see how Darwin’s botanical work provided the strongest evidence of evolution and natural selection, the different ways in which time is perceived and experienced, and the fallibility of memory (explored in a fascinating piece about cryptomnesia or unconscious plagiarism). The essay on badly heard words, a real problem for old sacks, is the shortest entry and also the funniest one. The most speculative is “Scotoma,” a neurological term for a disconnection in perception, which Sacks uses to refer to the neglect or oversight of a proposed idea or a discovery made ahead of time. This gives the author the opportunity to explore how the history of science could have been different. The longest, densest and most technically demanding is the title essay, “The River of Consciousness,” in which Sacks examines what neuroscientists have begun to learn about the neural bases of consciousness, from relatively simple mechanisms such as perception to more complex topics such as memory, images and reflection.

The majority of these essays were previously published in the “New York Review of Books” and they are a treasury of the author’s wide-ranging interests. My own favorite is “Darwin and the Meaning of Flowers.” Darwin was no mere collector of botanical oddities. After the “Origin of the Species” had gone through five editions, he might have retreated into the “extensive grounds around Down House, and [its] five greenhouses, but for him these became engines of war, from which he would lob great missiles of evidence at the skeptics outside…a mass of evidence for evolution and natural selection even more overwhelming than that presented in the ‘Origin.'”
There is an autobiographical essay on speed and human perception, with observations taken from the author’s interest in photography and his work with the ‘frozen’ post-encephalitic patients at Beth Abraham (see “Awakenings”).
Another essay, “Sentience: The Mental Lives of Plants and Worms” takes a deep dive into Sacks’ river of consciousness. It starts with Darwin’s final book, published in 1881, which was “a study of the humble earthworm…for Darwin, the [earthworm’s] ability to modulate responses [to light] indicated ‘the presence of a mind of some kind.'” While other Victorians were collecting seashells on the beach, another one of Sacks’ favorite authors, George John Romanes was studying the behavioral manifestations of ‘mind’ in invertebrates such as jellyfish, starfish, and sea urchins.
Then the behaviorists came along and denied that ‘mind’ could be defined by responses to stimulus. Even protozoa react to stimuli.
Okay, well what about memory? What about creatures that can “remember, learn, think, and communicate in quite rich and unexpected ways.” No, Sacks isn’t talking about Homo sapiens. He’s talking about paper wasps.
These essays represent Sacks at his playful, pedantic best. He communicates in quite rich and unexpected ways.
Although the collection was published posthumously, the author was responsible for the arrangement of the material. This is important because there is a loose structure to the work that implicitly reveals the author’s overarching view of consciousness. The first essay, Darwin and the Meaning of Flowers, explores stimulus-response mechanisms in plants. The third essay, Sentience: The Mental Lives of Plants and Worms, moves further up the evolutionary tree and examines “simple” neural mechanisms. Eventually, after a review of the latest work on individual human consciousness, the final essay is a sketch of collective human consciousness as expressed in the history of science: Scotoma: Forgetting and Neglect in Science. By its very structure, the work is an oblique phenomenology of consciousness.
Darwin and the Meaning of Flowers is something of a revisionist essay on Darwin as it concentrates on his later work. After the Origin, Darwin published numerous detailed botanical studies:
Insectivorous Plants 1875
1. The Effects of Cross and Self Fertilization in the Vegetable Kingdom 1876
2. The Power of Movement in Plants 1880
3. The Formation of Vegetable Mould Through the Action of Worms 1881
If the Origin painted the argument in broad brushstrokes, these later works put evolutionary mechanisms under the microscope. They provide a mass of detailed empirical evidence for evolution and Darwin saw this as key to the ideological debate. He wrote to his friend Asa Gray at Harvard: “ no one else has perceived that my chief interest in my orchids book has been that it was a ‘flank movement’ on the enemy”. The other dimension to these works, and the one that Oliver Sacks is most anxious to seize upon, is Darwin’s eagerness to blur the divisions between the plant world and the animal world. As he points out: “Plants and animals, we know now, share 70% of their DNA”(page 25). The essay ends on an elegiac note in which Sacks echoes his hero’s sentiments: “I rejoice in the knowledge of my biological uniqueness, and my biological antiquity and my biological kinship with all other forms of life”.
The second essay, Speed, discusses the internal clock of consciousness. Sacks draws on his clinical practice to describe the extremes of disordered temporal processing. In discussing Parkinson’s: “With disorders of the time scale there seems to be almost no limit to the degree of slowing that can occur, and the speeding up of movement sometimes seems constrained only by the physical limits of articulation.” But, to the patient, the passage of time seems quite normal. While postencephalitic Parkinsonism produces movement of glacial slowness, Tourette’s leads to rapid accelerations. Sacks ends the essay by pointing out the neural correlates of these temporal pathologies: “Lesions in the cortex tend to produce “simple” deficits like loss of color vision or the ability to recognize letters or numbers. In contrast, lesions in the regulatory system of the subcortex which control movement, tempo…undermine control and stability…” Although Sacks does not do so, it is hard to resist the metaphor of a computer clock that is required to synchronize the processing of data. Without this capability that can be no intelligence.
The third essay, Sentience: The Mental Lives of Worms and Plants, discusses the evolution of increasingly complex neural machinery. While plants exhibit a number of stimulus-response mechanisms, the electrochemical signalling in plants is relatively slow as it depends on calcium ion channels. A key distinguishing feature of animal life is the speed of messaging: “Speed requires ion channels that can open and close in a matter of milliseconds, allowing hundreds of action potentials to be generated in a second. The magic ions here, are sodium and potassium ions, which enabled the development of rapidly reacting muscle cells, nerve cells and neuromodulation at synapses. These made possible organisms that could learn, profit by experience, judge, act, and finally, think.” Sacks also indirectly indicates a correlation between consciousness and its neural substrate simply by enumerating the number of neurons of different organisms:
– Aplysia (the subject of Eric Kandel’s work on memory) has 20,000 neurons
– Bees have up to a million nerve cells
– A mouse has between 75 and 100 million
– Cephalopods have up to half a billion
Like all the other essays in the book, the fourth essay, The Other Road: Freud as a Neurologist can be read at several levels. It is, in part, the story of Freud’s journey from biology to psychology. But it is also a more general sketch of the history of neuroscience: from phrenology to the localizationist theories of Broca and Meynert, and, finally, to the more dynamic, evolutionary views of the late 20th century. Sacks sees Freud as a pivotal figure in this transition: “Since the last third of the twentieth century, the whole tenor of neurology and neuroscience has been moving to such a dynamic and constructional view of the brain, in a sense that even at the most elementary levels – as, for example, the filling in of a blind spot…the brain constructs a plausible hypothesis or pattern.” According to Sacks, Freud’s dissatisfaction with the localization movement led him to a very similar view of the functioning of the brain. And finally, Sacks sees in this view a possible bridge between psychology and neuroscience: “we see a hint of how the seemingly disparate universes – the universes of human meaning and of natural science – may come together.”
The fifth essay, The Fallibility of Memory, is a further reflection on the dynamic and constructional view of mind: but this time in connection with memory. He examines the issue of the malleability of memory across a range of different manifestations: false memories, repressed memories and implanted memories. As Sacks points out: “There is, it seems, no mechanism in the mind or the brain for ensuring the truth, or at least the veridical character, of our recollections.”
Mishearings, the short sixth essay, continues the theme. Sacks documents cases (many from personal experience) in which the listener “fills in” the blanks when they have not heard something properly. He sees this as part of our basic neural machinery and not necessarily connected to any deeper psychological process: “Collecting mishearings over the past few years without any explicit selection or bias, I am forced to think that Freud underestimated the power of neural mechanisms, combined with the open and unpredictable nature of language, to generate mishearings that are irrelevant both in terms of context and of subconscious motivation.”
At no point in the book does Oliver Sacks discuss Artificial Intelligence. The omission is undoubtedly deliberate. He avoids the slippery slopes of conjectural comparisons and he limits his explorations to the more solid ground of empirical psychology. Thus, in the seventh essay, The Creative Self, there are no excursions into the possibilities of AI as a vehicle for creative intelligence. Instead, there is a sketch, from a psychological perspective, of the gestation of new ideas. Oliver Sacks sees three preconditions for creativity:
1. A period of imitation in which existing ides and forms (in art) are fully assimilated.
2. A period of unconscious incubation
3. And, lastly, “a special audacity or subversiveness to strike out in a new direction” (p140)
In order to illustrate his point about the unconscious incubation of new ideas, he refers to a couple of episodes in the life of Henri Poincare in which the solution to a particularly intractable problem only came to him when he “forgot” the problem and attended to something completely different. While this essay is mainly concerned with the psychology of creativity, there is, in the final paragraph, a conjecture that we may, some day, find a neural correlate for creative processes.
The eight essay, A General Feeling of Disorder, examines the connection between the autonomic system’s maintenance of homeostasis and an individual’s subjective feeling of well being. The autonomic nervous system normally operates below the horizon of consciousness. However, when homeostasis is upset, as in the case of an illness, a consciousness of ill-being is produced. Conversely, recovery from an illness can produce an extreme sense of well-being. The essay is particularly poignant because his observations are based on his own struggle with cancer.
In the ninth essay, The River of Consciousness, the central theme of the book is discussed directly: the apparently seamless quality of consciousness. The first part of the essay explores the theme with reference to our perception of motion. The ability of the brain to fuse “snapshots” into a perception of continuous motion had been discussed extensively since William James (as Sacks points out, zoetropes were very popular in Victorian households). Sacks draws on his clinical experience to explore a related phenomenon: motion blindness. The discussion of motion is the vehicle for introducing a deeper topic: “we do not merely calculate movement as a robot might; we perceive it. We perceive motion, just as we perceive color or depth as a unique qualitative experience…” In other words, the qualia of consciousness.
And this takes us back to the scientific question: is it possible to discover the neural correlates of consciousness? Very recently, technology has provided us with two powerful tools:
1. Functional MRI’s allow us to view the interactions of hundreds of neurons
2. Computerized neural modeling allows us to simulate the behavior of much larger groups of neurons
In parallel to this empirical work there appears to be emerging a new conceptual framework for understanding consciousness. Sacks refers to the work of Gerald M. Edelman in the 1980’s (The Remembered Present: A Biological Theory of Consciousness) and ends with a lengthy discussion of the 2003 paper by Crick and Koch: A Framework for Consciouness. Consciousness, in this view, is a “threshold activity”. A group of neurons need to fire repeatedly for a given time period . Further, this group needs to engage other groups in order to form a coalition: “Finally, the activity of a coalition, or coalition of coalitions, if it to reach consciousness must not only cross a threshold of intensity but also be held there for a certain time – roughly a hundred milliseconds. This is the duration of a perceptual moment.”
This essay is exploratory. We do not yet have a scientific theory of consciousness. But, for the first time in history, the basic building blocks for such a theory are present. Oliver Sacks has given us a tantalizing glimpse of the possibilities that await us.
When we talk about consciousness we usually mean the individual subjective experience of consciousness. The first nine essays explore the evolution of this kind of consciousness, starting with with most primitive forms of sentience and culminating in human subjective consciousness. But the river of consciousness does not end there. The objectification of mind is instantiated in the history of thought. The last essay, Scotoma: Forgetting and Neglect in Science, explores some of the similarities between individual subjective creativity and the progress of scientific inquiry. The essay picks up a theme that the author explored in The Creative Self. But now the process of intellectual gestation is explored as a cultural and historical phenomenon. In the same way that we can expect to find neural correlates for consciousness, so we can imagine individual subjective consciousness as a correlate for the history of science. This idea is explored with reference to a very specific theme: that of ideas that do not gain acceptance into the mainstream of science because they are “premature”. He offers multiple examples of discoveries that were no incorporated into the canon of science because the dominant paradigms could not accommodate them:
1. Alfred Wegener’s theory of continental drift in 1915
2. Oswald Avery’s discovery of DNA in 1944 – “a discovery totally overlooked because no one could yet appreciate its importance.”
3. Herschel’s essay on ocular migraines (of especial interest to Oliver Sacks because that was the area of his early research).
4. Etc etc
The process by which ideas enter the broader framework of science resembles the manner in which ideas emerge in consciousness: “It is not enough to apprehend something, to “get” something in a flash. The mind must be able to accommodate it, to retain it. The first barrier lies in allowing oneself to encounter new ideas, to create a mental space, a category with potential connection – and then to bring these ideas into full and stable consciousness, to give them conceptual form, holding them in mind even if they contradict one’s existing beliefs, or categories.

We, as human beings, end up having fallible, fragile and imperfect memories, but also possess great flexibility and creativity. Confusion about their origins or indifference to them can be a paradoxical force: if we could identify the origin of all our knowledge, we would end up saturated with information that is often irrelevant. Indifference to sources allows us to assimilate what we read, what they tell us, what others say and think, what they write and paint, with the same richness and intensity as if they were primary experiences. It allows us to see and hear with the eyes and ears of others, to enter other people’s minds to assimilate the art, science and religion of the whole culture, to enter and contribute to the common mind, to the general wealth of knowledge. Memory does not arise only from experience, but from the exchange of many minds.

Could the history of science, like life, have gone down a different path? Is the evolution of ideas similar to the evolution of life? There is no doubt that we see sudden outbursts of activity when the advances are made in a very short period. This was the case with molecular biology in the 1950s and 1960s, and with quantum physics in the 1920s, and in recent decades we have found a similar display of fundamental works in the field of neuroscience. This sudden accumulation of discoveries changes the face of science, and is often followed by long periods of consolidation and relative stagnation. I remember the image of “punctuated equilibrium” offered to us by Niles Eldredge and Stephen Jay Gould, and I wonder if there is at least an analogy with the natural evolutionary process.
Ideas, like living creatures, arise and flourish, go in all directions, or abort and extinguish in a totally unpredictable manner. Gould liked very much to say that if the evolution of life on earth began again, the second time would be completely different. Suppose that John Mayow had discovered oxygen in the 1670s or that Babbage’s theoretical Differential Machine – a computer – had been built when he proposed it in 1822; Would the course of science have been very different? All this is mere fantasy, of course, but a fantasy that makes us understand that science is not an ineluctable process but extremely contingent.

Commented books by Oliver Sacks:

https://weedjee.wordpress.com/2016/03/22/en-movimiento-una-vida-oliver-sacks/

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