La Intrusa. Retrato Íntimo De Gala Dalí — Monika Zgustova / Intrusive. Intimate Portrait of Gala Dalí by Monika Zgustova (spanish book edition)

Me ha parecido un interesante libro para conocer más de esta mujer en una época a destacar culturalmente. El libro añade un anexo de fotografías de Gala.
Gala, cuyo verdadero nombre era Elena Dmítrievna Diákonova, se trataba a sí misma con brusquedad; no se permitía caer en la nostalgia. Su padre, al que perdió a los once años, había deseado que fuera Elena aunque su madre hubiera preferido el nombre de Galina. Su madre, Antonina Diákonova, y con ella todos los de su casa, además de sus amigos, la llamaba siempre Galia o Gala.
Gala había nacido el 7 de septiembre de 1894 en Kazán, una ciudad junto al Volga marcada por tradiciones asiáticas ancestrales, que se caracterizaba por ser una ciudad de mujeres fuertes y sensuales. El apellido de soltera de su madre, Deúlina, es un típico apellido tártaro de la región del Volga, aunque su madre provenía de Siberia, donde su familia tenía minas de oro. Pero Gala añoraba sobre todo Moscú con sus bulevares, la bien surtida biblioteca de su padre, envidia de sus invitados, y la casa de los Tsvetáiev, siempre llena de vida intelectual.
Estaba enferma. El médico del sanatorio había dicho que la tuberculosis estaba en su fase inicial y por lo tanto era fácil de curar, pero Gala no se fiaba de los médicos. De hecho no confiaba en nadie. Salvo en sus padres.
Tras más de un año de enamoramiento en el ambiente cerrado del sanatorio en la montaña mágica encima de Davos, a Paul y a Gala les dieron el alta: en abril de 1914 los consideraron curados. Gala volvió sola a Moscú, a Paul le fue a buscar su madre para llevárselo a París. Antes de separarse, los amoureux se juraron amor eterno, convencidos de que volverían a encontrarse muy pronto.
Ninguno de los dos podía intuir que solo tres meses más tarde Austria-Hungría declararía la guerra a Serbia y así empezaría un conflicto bélico que pronto se convertiría en mundial. Y aquella guerra se llevaría a Paul primero a la retaguardia y luego, a petición del joven, guiado por el sentimiento de solidaridad con los soldados, a las trincheras.

Gala tenía un ejemplo a seguir: su amiga Marina Tsvetáieva que también se había ido de viaje a París sola; cuando la poeta regresó, las dos chicas fortalecieron su amistad. Además, Gala no era una joven como otras: tenía una voluntad de hierro y una gran perseverancia. Era una romántica y una apasionada: por aquel a quien amaba hubiera sido capaz de hacer cualquier cosa.
Max Ernst pintó a Gala desnuda, sonriente, con el cuerpo abierto desde los pulmones hasta el pubis y los órganos a la vista. Al lienzo lo llamó La belle jardinière. La pintó también en el cuadro Le rendez-vous des amis como única mujer en un grupo de hombres, alguien que está y no está en el grupo de surrealistas –entre los cuales está cómodamente sentado Fiodor Dostoievski– y hace ademán de separarse. Además pintó las paredes y el techo del palacete de Eaubonne, a dieciocho kilómetros de París, donde se trasladaron los Éluard; Paul había ganado dinero trabajando con su padre y quiso que la enfermiza Gala respirara aire limpio en las afueras de la capital.
Gala había descubierto que, contra su creencia de jovencita, Paul no era el único amor de su vida, que ella era capaz de amar a otros, como había amado a Max Ernst. Y Gala se aburría. Se aburría entre los colegas de Paul que no la apreciaban. Se aburría paseando por los barrios elegantes de París que ya conocía de memoria. Se aburría incluso en los sanatorios opulentos donde acudía para pasar el tiempo con el pretexto de tener que curar sus frecuentes resfriados y jaquecas, que no eran sino fruto de la frustración.
Lo único que seguía satisfaciéndola era la lectura, toda clase de lecturas. Durante las veladas que pasaban juntos, Paul leía en voz alta sus poemas nuevos; como siempre, Gala los escuchaba con una entrega absoluta y, con un gran respeto por la creación artística, nunca censuraba el contenido ni cuestionaba la fuente de su inspiración. Además de escuchar a Paul, la lectura, tanto de los clásicos como de los contemporáneos, seguía siendo una de las actividades que más la deleitaba.

¿Qué hace una mujer como yo en España?», se preguntaba una y otra vez Gala desde el momento de bajar del taxi en Cadaqués en el verano de 1929. Con eso quería decir: «Qué hace una parisina sofisticada en un lugar donde Cristo perdió la alpargata?».
Salvador Dalí era amigo del joven cineasta Luis Buñuel con quien, dos meses antes, había estrenado en París la película El perro andaluz; la idea y el guión del filme eran del pintor y de Luis Buñuel. Además, explicaba Goemans, era amigo del conocido poeta y dramaturgo Federico García Lorca para cuyas obras había diseñado los decorados y el vestuario; la célebre actriz barcelonesa Margarita Xirgu había interpretado el papel principal.
Durante el aperitivo, el pintor de veinticinco años apenas hablaba; se había fijado en una persona allí presente y la contemplaba sobre todo a ella.
El pintor seguía observando a Gala: una parisina refinada, su traje de baño contorneaba sus nalgas bien redondeadas que se acababan en una cintura de adolescente. Con un cierto aire andrógino era su ideal de belleza. Incluso el rostro de Gala, con unos ojos de mirada oscura e intensa, situados muy cerca de la nariz, una nariz de gancho, que le daba un aspecto de ave rapaz, le encantaba al pintor.
Arisca por naturaleza, ahora estaba aún más áspera y desdeñosa que de costumbre. A ella, que en su juventud se había acostumbrado a pasar las vacaciones en los balnearios llenos de jazmines y rosas del mar Negro, y que luego solía veranear en los Alpes o la Costa Azul, aquella naturaleza agreste y, a su juicio, gente salvaje la sacaban de quicio.
Ella reconoció la neurastenia que sufría Salvador. A ese malestar que generaba inseguridad lo llamaba para sí misma angustia, ansiedad y pánico social. Identificó el trastorno de Salvador porque ella también lo había experimentado –aunque en menor medida– cuando padecía la tuberculosis.

La pareja se estableció en Sitges, un pueblo a orillas del Mediterráneo donde se publicaba la revista de arte y literatura L’amic de les arts en la que Dalí colaboraba. Allí el pintor encontró la calma necesaria, allí no tenía miedo de desmayarse al cruzar la calle; estaba rodeado de todo lo conocido: el mar Mediterráneo, las playas y las rocas, los pinos y los olivos, las viñas y los muchos geranios que colgaban de las paredes blancas. Además, era un pueblo que se había convertido en la residencia de artistas contemporáneos de Dalí.
Cuando Salvador llegó a la casa paterna en Figueres, Gala y él habían decidido vivir juntos y no separarse más. Por otro lado, la exposición en París, en una galería donde todos los surrealistas querían exponer, había tenido un éxito notable. Pero a Dalí le aguardaba un descalabro inesperado.
El pintor veía a la mujer enferma con ojos enamorados cuando escribió que «su dolencia le había dado tal aspecto de fragilidad que, al verla en su nocturna camisa rosa de té, parecía una de esas hadas dibujadas por Rafael Kirschner, que parecen a punto de morir por el mero esfuerzo de oler una de las decorativas gardenias cuyo tamaño y peso son el doble de los de sus cabezas».
Al final, la pareja se desplazó a Málaga. Desde Barcelona, el viaje en tren duró tres días y tres noches. Gala estaba muy débil y se pasó el tiempo apoyando la cabeza en el hombro de Salvador, que no cesaba de preguntarse si no había cometido un error al emprender el viaje. Un amigo de estudios de Salvador ayudó a la pareja a alquilar una casita en Torremolinos, por entonces una pequeña aldea de pescadores. En el cálido clima del sur Gala se iba recuperando y ambos disfrutaron de paseos marítimos como en el verano de Cadaqués.

Los Dalí –a estas alturas, nadie en París los llamaba de otra manera– tenían su rutina establecida: en verano, disfrutaban de su casita de la Costa Brava, el invierno lo pasaban en París. Ahora alquilaban su propio piso; un pequeño apartamento en el popular barrio periférico de Montrouge, entre Vanves y Malakoff. Las gestiones de Gala, su venta por las galerías, les proporcionaban el dinero justo para comprar lienzos y otros materiales y para sobrevivir con alguna salida al cine de vez en cuando.
Las únicas personas con las que a veces se encontraban eran los surrealistas, aunque a los dos les molestaba la postura política de André Breton y la mayoría de los demás. A principios de los treinta, a los surrealistas les parecía que el modelo soviético sería la mejor respuesta a los problemas sociales y la crisis económica que había surgido en Occidente tras el desplome de las bolsas de 1929. Pero Gala había visto con sus propios ojos, durante su viaje a la URSS, la nueva injusticia que había aportado el régimen soviético. De modo que el grupo de surrealistas toleraba a Dalí y Gala y a la vez desconfiaba de ellos; Gala seguía sintiéndose la intrusa.
Estados Unidos trató muy bien a Dalí. Pero Gala ya raramente exhibía su sonrisa franca de antes; se volvió una mujer codiciosa, mujer de poder y dinero con una mirada dura y una máscara inescrutable sobre el rostro; no podía olvidar lo que había visto en la Unión Soviética: algunos de sus amigos de antaño empobrecidos por el régimen nuevo hasta la mendicidad; Gala sufría cada vez más imaginándose que algo parecido le podría suceder a ella. Ahora que podía quería acumular dinero. Los momentos de franqueza y dulzura solo los guardaba para su amado.

Han pasado casi cuarenta años. Gala ha cumplido los ochenta y ocho y acaba de volver de la clínica Puigverd de Barcelona a su casa de Port Lligat. En los últimos tiempos se ha caído varias veces y se ha roto distintos huesos. La han operado pero le queda poca movilidad. Quiere morir.
Como los judíos dejan unas piedrecitas sobre las tumbas de sus rabinos y filósofos predilectos mientras formulan un anhelo, Gala va dejando en distintas grietas y fisuras trocitos de papel, arrugados en unas minúsculas bolas, con sus deseos. Un buen amigo suyo y de Salvador, el pintor Antoni Pitxot, encontró una de esas bolitas en una rendija de su casa de Cadaqués.
Está en la cama; sobre la mesita de noche ha colocado el icono de la virgen negra de Kazán que su madre le regaló cuando se fue de viaje a Davos, hace setenta años. Desde entonces lo lleva consigo a todas partes. Y también hay en la mesita unos libros y un montoncito de fotografías. Se incorpora para mirarlas y cuando se cansa, se estira y dirige la mirada al techo. Le vienen a la memoria personas e imágenes, percepciones y figuras, escenas y pensamientos. Y más imágenes…
Después de la muerte de Gala, en junio de 1982, Dalí se quedó indefenso como un niño. Se encerró en el castillo de Púbol, donde siguió pintando; ansiaba la presencia de su mujer y prefería vivir rodeado de su intimidad. Allí pintó su último lienzo: la cola de la golondrina. Cada día al atardecer escuchaba Tristán e Isolda, de Wagner, esa ópera sobre una trágica pasión amorosa. Al final de su vida se trasladó al Teatro-Museo Dalí en su ciudad natal de Figueres donde, como el filósofo renacentista Montaigne, vivió encerrado en una torre, la Torre Galatea.

Otros libros de esta autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/12/17/la-noche-de-valia-monika-zgustova-valias-night-by-monika-zgustova-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2017/12/16/la-mujer-silenciosa-monika-zgustova-the-silent-woman-by-monika-zgustova/

https://weedjee.wordpress.com/2017/10/07/vestidas-para-un-baile-en-la-nieve-monika-zgustova-dressed-for-a-dance-in-the-snow-by-monika-zgustova/

I thought it was an interesting book to learn more about this woman in a time to stand out culturally. The book adds an annex of Gala photographs.
Gala, whose real name was Elena Dmitrievna Diákonova, treated herself brusquely; He did not allow himself to fall into nostalgia. Her father, whom she lost at eleven, had wished it were Elena even though her mother would have preferred Galina’s name. His mother, Antonina Diákonova, and with her all of her house, in addition to her friends, always called her Gaul or Gala.
Gala was born on September 7, 1894 in Kazan, a city next to the Volga marked by ancient Asian traditions, which was characterized as a city of strong and sensual women. His mother’s maiden name, Deulina, is a typical Tatar surname from the Volga region, although his mother came from Siberia, where his family had gold mines. But Gala longed for all of Moscow with its boulevards, the well-stocked library of his father, envy of his guests, and the house of the Tsvetáiev, always full of intellectual life.
I was sick. The sanatorium doctor had said that tuberculosis was in its initial phase and therefore easy to cure, but Gala did not trust doctors. In fact I did not trust anyone. Except in their parents.
After more than a year of falling in love in the closed environment of the sanatorium in the magical mountain above Davos, Paul and Gala were discharged: in April 1914 they were considered cured. Gala returned alone to Moscow, Paul went to find her mother to take him to Paris. Before separating, the Amoureux swore eternal love, convinced that they would meet again very soon.
Neither of them could guess that only three months later Austria-Hungary would declare war on Serbia and thus begin a warlike conflict that would soon become global. And that war would take Paul first to the rear and then, at the request of the young man, guided by the feeling of solidarity with the soldiers, to the trenches.

Gala had an example to follow: her friend Marina Tsvetáieva who had also gone on a trip to Paris alone; When the poet returned, the two girls strengthened their friendship. Besides, Gala was not a young woman like others: she had a will of iron and a great perseverance. She was a romantic and passionate: for the one she loved, she would have been able to do anything.
Max Ernst painted Gala naked, smiling, with the body open from the lungs to the pubis and the organs in sight. He called the canvas La belle jardinière. He painted her also in the painting Le rendez-vous des amis as the only woman in a group of men, someone who is and is not in the group of surrealists-among whom Fiodor Dostoevsky is comfortably seated-and makes a move to separate. He also painted the walls and ceiling of the Eaubonne mansion, eighteen kilometers from Paris, where the Elluards moved; Paul had earned money working with his father and wanted the sick Gala to breathe clean air on the outskirts of the capital.
Gala had discovered that, against her belief as a young girl, Paul was not the only love in her life, that she was capable of loving others, just as she had loved Max Ernst. And Gala was bored. She was bored with Paul’s colleagues who did not appreciate her. He was bored walking through the elegant neighborhoods of Paris that he already knew by heart. He was bored even in the opulent sanatoriums where he went to spend his time on the pretext of having to cure his frequent colds and headaches, which were nothing but frustration.
The only thing that kept satisfying her was reading, all kinds of readings. During the evenings they spent together, Paul read aloud his new poems; as always, Gala listened to them with absolute dedication and, with great respect for artistic creation, never censored the content or questioned the source of her inspiration. Besides listening to Paul, reading, both classical and contemporary, was still one of the activities that most delighted her.

What does a woman like me do in Spain? “Gala wondered again and again from the moment she got off the taxi in Cadaqués in the summer of 1929. By that she wanted to say:” What does a sophisticated Parisian do in a place where Christ Lost the espadrille? ».
Salvador Dalí was a friend of the young filmmaker Luis Buñuel with whom, two months earlier, he had premiered the film El perro andaluz in Paris; the idea and the script of the film were of the painter and Luis Buñuel. In addition, explained Goemans, he was a friend of the well-known poet and dramatist Federico García Lorca, whose works he had designed the sets and costumes; the famous Barcelonan actress Margarita Xirgu had played the main role.
During the aperitif, the twenty-five-year-old painter barely spoke; he had noticed a person there and was looking at her above all.
The painter continued to observe Gala: a refined Parisian, her swimsuit outlined her well-rounded buttocks that ended in a teenager’s waist. With a certain androgynous air it was her ideal of beauty. Even Gala’s face, with dark and intense eyes, located very close to her nose, a hooked nose that gave her the appearance of a bird of prey, fascinated the painter.
He’s wild by nature, now he was even rougher and disdainful than usual. To her, who in her youth had become accustomed to spending her vacations in the spas full of jasmine and roses from the Black Sea, and then used to spend the summer in the Alps or the Cote d’Azur, that wild nature and, in her opinion, wild people They made her mad.
She recognized the neurasthenia suffered by Salvador. To this discomfort that generated insecurity he called it to himself anguish, anxiety and social panic. She identified Salvador’s disorder because she had also experienced it – although to a lesser extent – when she suffered from tuberculosis.

The couple settled in Sitges, a town on the shores of the Mediterranean where the art and literature magazine L’amic de les arts was published in which Dalí collaborated. There the painter found the necessary calm, there he was not afraid to faint when crossing the street; It was surrounded by everything known: the Mediterranean Sea, the beaches and rocks, the pines and olive trees, the vineyards and the many geraniums that hung from the white walls. In addition, it was a town that had become the residence of contemporary artists of Dalí.
When Salvador arrived at the father’s house in Figueres, he and Gala had decided to live together and not separate anymore. On the other hand, the exhibition in Paris, in a gallery where all the surrealists wanted to exhibit, had had remarkable success. But Dalí was awaiting an unexpected setback.
The painter saw the sick woman with eyes in love when he wrote that “his ailment had given him such an aspect of fragility that, when he saw her in his nocturnal pink tea shirt, he looked like one of those fairies drawn by Rafael Kirschner, which seem on the verge of to die by the mere effort of smelling one of the decorative gardenias whose size and weight are double those of their heads ».
In the end, the couple moved to Málaga. From Barcelona, the train journey lasted three days and three nights. Gala was very weak and she spent her time resting her head on Salvador’s shoulder, who did not stop wondering if he had not made a mistake when undertaking the trip. A friend of Salvador’s studies helped the couple to rent a small house in Torremolinos, at that time a small fishing village. In the warm climate of the south Gala was recovering and both enjoyed sea walks as in the summer of Cadaqués.

Dalí couple – at this point, no one in Paris called them any other way – had their established routine: in the summer, they enjoyed their little house on the Costa Brava, they spent the winter in Paris. Now they rented their own apartment; a small apartment in the popular suburb of Montrouge, between Vanves and Malakoff. The efforts of Gala, its sale by the galleries, provided them with the right money to buy canvases and other materials and to survive with an exit to the cinema from time to time.
The only people with whom they sometimes met were the Surrealists, although they were both bothered by the political stance of André Breton and most of the others. In the early thirties, the Surrealists felt that the Soviet model would be the best response to social problems and the economic crisis that had arisen in the West after the collapse of the 1929 stock exchanges. But Gala had seen with her own eyes, during his trip to the USSR, the new injustice that the Soviet regime had brought. So the group of surrealists tolerated Dalí and Gala and at the same time distrusted them; Gala still felt the intrusion.
The United States treated Dalí very well. But Gala rarely showed her frank smile; she became a greedy woman, a woman of power and money with a hard look and an inscrutable mask on her face; he could not forget what he had seen in the Soviet Union: some of his old friends impoverished by the new regime until begging; Gala suffered more and more, imagining that something similar could happen to her. Now that I could, I wanted to accumulate money. The moments of frankness and sweetness he only kept for his beloved.

Almost forty years have passed. Gala has turned eighty-eight and has just returned from the Puigverd clinic in Barcelona to her home in Port Lligat. In recent times it has fallen several times and has broken different bones. They have operated it but it has little mobility. He wants to die
As the Jews leave a few pebbles on the tombs of their favorite rabbis and philosophers while formulating a longing, Gala leaves in different cracks and fissures pieces of paper, wrinkled in tiny balls, with their desires. A good friend of his and Salvador, the painter Antoni Pitxot, found one of those little balls in a crack in his house in Cadaqués.
It is on the bed; On the bedside table he has placed the icon of the black virgin of Kazan that his mother gave him when he went to Davos, seventy years ago. Since then he carries it with him everywhere. And there are some books and a pile of photographs on the little table. He sits up to look at them and when he gets tired, he stretches and looks at the ceiling. People and images, perceptions and figures, scenes and thoughts come to mind. And more images …
After Gala’s death, in June 1982, Dalí was helpless as a child. He locked himself in the castle of Púbol, where he continued to paint; he longed for his wife’s presence and preferred to live surrounded by his privacy. There he painted his last canvas: the tail of the swallow. Every day at dusk I listened to Tristan and Isolde, from Wagner, that opera about a tragic love passion. At the end of his life he moved to the Dalí Theater-Museum in his hometown of Figueres where, like the Renaissance philosopher Montaigne, he lived locked in a tower, the Galatea Tower.

Many other books of the author:

https://weedjee.wordpress.com/2017/12/17/la-noche-de-valia-monika-zgustova-valias-night-by-monika-zgustova-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2017/12/16/la-mujer-silenciosa-monika-zgustova-the-silent-woman-by-monika-zgustova/

https://weedjee.wordpress.com/2017/10/07/vestidas-para-un-baile-en-la-nieve-monika-zgustova-dressed-for-a-dance-in-the-snow-by-monika-zgustova/

5 pensamientos en “La Intrusa. Retrato Íntimo De Gala Dalí — Monika Zgustova / Intrusive. Intimate Portrait of Gala Dalí by Monika Zgustova (spanish book edition)

  1. Una historia interesante de una mujer tan influyente en la vida de Dali. Siempre me llamó la atención su participación pero no sabía mucho de su procedencia. Ahora tengo satisfecha mi curiosidad gracias a tu blog. Mis saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .