El Infierno De Treblinka — Vasili Grossman / The Hell of Treblinka by Vasily Grossman

Libro corto (70 páginas) dónde se narra con todo lujo de adjetivos cómo Treblinka se convirtió en una fábrica de muertos y como se terminaron sublevando los condenados. Realmente este libro es un capítulo del libro “años de guerra “ escrito por Grossman.
Treblinka no era un campo de concentración, era un campo de exterminio. Cualquiera que no sepa la diferencia entre los dos debe leer este libro breve, impactante e inolvidable. La descripción de Grossman de los horrores de Treblinka es clara, concisa, inolvidable. La cuenta más poderosa de la inhumanidad de la máquina de matar de la Alemania nazi que he leído … y he leído muchas de estas cuentas.
Quien lea este libro breve no tendrá la experiencia de vida necesaria para entenderlo en un nivel diferente al de los dibujos animados. Pero para las personas mayores que ya han leído otros libros sobre este tema, el impacto de este libro es terriblemente vívido e impactante y perturbador. Te golpea como una tonelada de ladrillos y crea un entendimiento que es horroroso, pero debe ser conocido para evitar que esto vuelva a suceder. Antes de leer este libro, sería mejor leer “El archipiélago Gulag” (versión abreviada autorizada) de Solzhenitsyn, “Survival In Auschwitz” de Primo Levi y “Night” de Elie Wiesel. Cuanto más sepa, más poderosa será la terrible y verdadera historia de este libro. Esto es especialmente cierto para aquellos lectores que visitaron Israel y visitaron el museo llamado “Yad Vashem – The World Holocaust Remembrance Center”.

El campo N.° 1 existió desde otoño de 1941 hasta el 23 de julio de 1944. Fue completamente suprimido cuando los detenidos oían ya el sordo rugido de la artillería soviética…
El 23 de julio por la mañana temprano los guardianes y los SS, después de beber unas copas para armarse de valor, emprendieron la liquidación del campo de concentración. Por la noche habían sido muertos y enterrados todos los presos. El carpintero de Varsovia Max Levit logró salvarse saliendo herido de entre los cadáveres de sus compañeros cuando se hizo oscuro, y se arrastró hacia el bosque. Contó cómo, tumbado en la zanja, oyó a treinta chicos que al ser fusilados cantaron la canción Mi gran país querido, oyó cómo uno de los muchachos gritaba: «¡Stalin nos vengará!», oyó cómo el jefe de los muchachos, el niño Leib, querido en todo el campo, al caer a su lado en la zanja se irguió después de sonar la descarga y pidió: «¡Señor guardián, ha errado el tiro, por favor, señor, otra vez, otra vez!».

¿Quiénes eran las gentes que fueron transportadas en los trenes a Treblinka? Fundamentalmente hebreos y también polacos y gitanos. A mediados de 1942, toda la población judía de Polonia, Alemania y las regiones occidentales de Bielorrusia fue recluida en guetos. En estos guetos de Varsovia, Radom, Chenstojov, Lublin, Bielostok, Grodno y en muchas decenas de otros más pequeños fueron reunidos millones de judíos entre los que había obreros, artesanos, médicos, profesores, arquitectos, ingenieros, maestros, artistas, hombres de profesiones liberales, con sus mujeres, sus hijos, hijas, madres y padres. Sólo en el gueto de Varsovia había cerca de quinientas mil personas. Según parece, este encierro constituía la fase previa y preparatoria del plan hitleriano de aniquilamiento de los hebreos. El verano de 1942, época del éxito militar del fascismo, se consideró como el momento adecuado para la puesta en práctica de la segunda parte del plan fascista de destrucción física de los judíos.

De ambos lados del edificio de la muerte salían unas líneas de vía estrecha por las que unas personas con amplios monos empujaban unas vagonetas reversibles.
Las anchas puertas se abrían lentamente y dos ayudantes de Schmidt, jefe del edificio de la muerte, aparecían en la entrada. Eran unos sádicos y unos monomaniacos; uno era alto, de unos treinta años, anchas espaldas, rostro cetrino, sonriente y alegremente excitado, y cabellos negros; el otro era más joven, de corta estatura, castaño, con mejillas amarillentas como si acabara de tomar una fuerte dosis de acriquina. Los nombres y apellidos de estos traidores a la humanidad son conocidos por todos.
El más alto sostenía en la mano un grueso tubo de conducción de gas de un metro de largo y una fusta; el segundo estaba armado con un sable.
En ese momento los SS soltaban a unos perros amaestrados que se arrojaban sobre la multitud y clavaban sus dientes en los cuerpos desnudos de los condenados. Los SS, con gritos salvajes, a culatazos, arreaban a las mujeres aterrorizadas y que permanecían petrificadas.
En el interior del edificio actuaban los ayudantes de Schmidt, que empujaban a la gente hacia las puertas abiertas de la cámara de gas.
En este instante aparecía junto al edificio uno de los comandantes de Treblinka, Kurt Franz, que llevaba cogido del collar a su perro Bari.

Al principio, la incineración de los cadáveres no funcionaba de ninguna manera, pues éstos no querían arder; aunque es cierto que pudo observarse que los de las mujeres ardían mejor. Se gastó una enorme cantidad de gasolina y aceite para quemar los cadáveres, pero el sistema salía muy caro. Parecía que la cosa se encontraba en un callejón sin salida. Pero desde Alemania llegó un SS, hombre robusto de unos cincuenta años, especialista en la materia. ¡Cuántos especialistas no habrá creado el régimen hitleriano, tanto para el asesinato de niños pequeños, el estrangulamiento y la construcción de cámaras de gas, como para la destrucción científica de grandes ciudades en un solo día! Se encontró también a un especialista para la exhumación y la cremación de millones de cadáveres humanos.
Bajo su dirección se comenzaron a construir hornos. Se trataba de un tipo especial de hornos-hoguera. Ni el crematorio de Lublin ni cualquiera otro de los más grandes del mundo habría estado en condiciones de quemar en un plazo tan breve una cantidad tan gigantesca de cuerpos.

Hoy en día toda persona está obligada ante su conciencia, ante su hijo y ante su madre, ante la patria y ante la humanidad a contestar con toda la fuerza de su alma y de su inteligencia a la pregunta de quién dio nacimiento al racismo, qué es necesario para que el nazismo, el hitlerismo no resucite en ningún sitio ni a este ni al otro lado del océano, nunca por los siglos de los siglos.
La idea imperialista de la nacionalidad, de la raza y de cualquier otro exclusivismo condujo lógicamente a los hitlerianos a la construcción de Maidánek, Sobibor, Belzec, Auschwitz, Treblinka.
Debemos recordar que los fascistas van a sacar de esta guerra no sólo la amargura de la derrota, sino también la dulzura del recuerdo de los fáciles asesinatos en masa.
De esto debe acordarse diariamente y de manera severa todo aquel que aprecie el honor, la libertad, la vida de todos los pueblos, de toda la humanidad.

Short book (70 pages) where it is narrated with all the luxury of adjectives how Treblinka became a factory for the dead and how they ended up revolting the condemned. Actually this book is a chapter of the book “years of war” written by Grossman.
Treblinka was not a concentration camp, it was a death camp. Anyone who does not know the difference between the two should read this short, impactful and unforgettable book. Grossman’s description of Treblinka’s horrors is clear, concise, unforgettable. The most powerful account of the inhumanity of Nazi Germany’s killing machine I’ve read…and I’ve read lots of these accounts.
who reads this short book is not going to have the life experience needed to understand it on other than a cartoon level. But for much older people who have already read other books about this subject, the impact of this book is terrifyingly vivid and shocking and disturbing. It hits you like a ton of bricks and creates understanding that is horrifying but needs to be known to help avoid this ever happening again. It would be best before reading this book to first read “The Gulag Archipelago” (authorized abridged version) by Solzhenitsyn, “Survival In Auschwitz” by Primo Levi, and “Night” by Elie Wiesel. The more you know, but more powerful the awful, true story of this book becomes. This is especially true for those readers who have visited Israel and toured the museum there called “Yad Vashem – The World Holocaust Remembrance Center”.

Camp No. 1 existed from the autumn of 1941 until July 23, 1944. It was completely suppressed when the detainees heard the deaf roar of the Soviet artillery …
On the morning of July 23 the guardians and the SS, after drinking a few glasses to arm themselves with courage, undertook the liquidation of the concentration camp. At night all the prisoners had been killed and buried. Warsaw carpenter Max Levit managed to save himself by getting wounded from the corpses of his companions when it became dark, and crawled into the forest. He told how, lying in the ditch, he heard thirty boys who, when they were shot, sang the song “My great beloved country”, heard one of the boys shout: “Stalin will avenge us!”, He heard the head of the boys, the boy Leib, beloved in the whole field, when falling at his side in the ditch stood up after sounding the discharge and asked: «Lord guardian, has missed the shot, please, sir, again, again!».

Who were the people who were transported on trains to Treblinka? Fundamentally Hebrews and also Poles and Gypsies. In mid-1942, the entire Jewish population of Poland, Germany and the western regions of Belarus was imprisoned in ghettos. In these ghettos of Warsaw, Radom, Chenstojov, Lublin, Bielostok, Grodno and in many dozens of other smaller ones were gathered millions of Jews among whom there were workers, artisans, doctors, professors, architects, engineers, teachers, artists, men of liberal professions, with their women, their children, daughters, mothers and fathers. Only in the Warsaw ghetto there were about five hundred thousand people. Apparently, this confinement constituted the preliminary and preparatory phase of the Hitlerian plan of annihilation of the Hebrews. The summer of 1942, the era of the military success of fascism, was considered the appropriate time for the implementation of the second part of the fascist plan of physical destruction of the Jews.

From both sides of the death building there were narrow gauge lines through which people in ample overalls pushed reversible trolleys.
The wide doors opened slowly and two assistants of Schmidt, head of the building of the death, appeared in the entrance. They were sadists and monomaniacs; one was tall, about thirty years old, broad shoulders, sallow face, smiling and cheerfully excited, and black hair; the other was younger, short, brown, with yellowish cheeks as if he had just taken a strong dose of acriquina. The names and surnames of these traitors to humanity are known to all.
The taller one was holding a thick three-foot long gas pipe and a whip in his hand; the second was armed with a saber.
At that time the SS released trained dogs that threw themselves into the crowd and dug their teeth into the naked bodies of the condemned. The SS, with savage cries, with rifle butts, drove the terrified women and they remained petrified.
Schmidt’s aides were acting inside the building, pushing people towards the open doors of the gas chamber.
At this moment one of Treblinka’s commanders, Kurt Franz, was standing next to the building, who was holding his dog Bari by the collar.

At first, the incineration of the corpses did not work in any way, because they did not want to burn; although it is true that it could be observed that those of women burned better. A huge amount of gasoline and oil was used to burn the corpses, but the system came out very expensive. It seemed that the thing was in a dead end. But from Germany came an SS, robust man of about fifty years, a specialist in the field. How many specialists the Hitlerian regime will not have created, both for the murder of small children, the strangulation and the construction of gas chambers, and for the scientific destruction of large cities in a single day! He also found a specialist for the exhumation and cremation of millions of human corpses.
Under his direction they began to build ovens. It was a special kind of bonfire oven. Neither the Lublin crematorium nor any of the largest in the world would have been able to burn such a gigantic amount of bodies in such a short period of time.

Today, every person is obliged before his conscience, before his son and before his mother, before the country and before humanity to answer with all the strength of his soul and his intelligence to the question of who gave birth to racism, what it is necessary so that Nazism, Hitlerism does not resurrect anywhere either on this or the other side of the ocean, never for ever and ever.
The imperialist idea of nationality, race and any other exclusivism logically led the Hitlerites to the construction of Maidánek, Sobibor, Belzec, Auschwitz, Treblinka.
We must remember that the fascists are going to take out of this war not only the bitterness of the defeat, but also the sweetness of the memory of the easy mass murders.
All those who appreciate the honor, the freedom, the life of all peoples, of all humanity, must be remembered daily and in a severe manner.

Un pensamiento en “El Infierno De Treblinka — Vasili Grossman / The Hell of Treblinka by Vasily Grossman

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