Marte. La Próxima Frontera — José María Maza Sancho / Mars. The Next Frontier by José María Maza Sancho (spanish book edition)

Es una obra interesante y entretenida. Entendible para cualquier persona con mínimos conocimientos. Muy gráfico e ilustrativo. Puede conducir a error el título, un libro sobre el planeta rojo que va sobre otro tema. A saber, la carrera espacial.
Si alguien busca aprender sobre el planeta rojo y la exploración espacial, este libro no va sobre eso. Básicamente habla de las misiones Apolo, de modo que el libro está completamente bien pero se deben leer otros.

La idea de la pluralidad de los mundos habitados tiene ya una larga historia. Muchos pueblos se han preguntado, mirando el cosmos, si será la Tierra el único lugar con vida de todo el universo o si, por el contrario, seremos una isla en un enorme archipiélago de lugares habitados en el cosmos. Antes de Copérnico este tema difícilmente podía ser concebido, pues tanto la Luna como los planetas eran totalmente distintos a la Tierra y el Sol. El gran Aristóteles lo enseñó así, y por mil quinientos años la visión del estagirita impregnó la sabiduría occidental cristiana. El cielo, a partir de la Luna, estaba hecho de una quinta esencia que era perenne, perfecta, divina. Sin embargo, las cosas cambiaron a partir de 1543, cuando Nicolás Copérnico publicó su gran tratado Acerca de las revoluciones de las esferas celestes. En esta obra se plantea que el centro del universo es el Sol y que nuestra Tierra es tan solo un planeta más orbitándolo. Si el Sol es el centro de todo y Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno son pequeños cuerpos que giran a su alrededor, el cosmos renacentista se expandiría enormemente…
La idea de “seres de otros mundos” se mantuvo en los círculos intelectuales europeos, pero nadie quiso seguir el camino de Giordano Bruno y esas ideas no fueron expuestas públicamente hasta finales del siglo xvii, cuando dos intelectuales, un francés y un holandés, la presentaron nuevamente. Bernard Le Bovier de Fontenelle, intelectual y científico francés, que después pasó a ser secretario perpetuo de la Academia de Ciencias de Francia, publicó en 1686 un interesante libro titulado Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos. En el libro, en una conversación con una curiosa y joven marquesa en una casa de campo expone la idea de que la Luna y los planetas están habitados por seres de diversas características que el autor no duda en aventurar.
La conquista del espacio o, mejor dicho, la conquista de la tecnología que posibilitaría la salida del hombre al espacio, se había iniciado algunos años antes. El 4 de octubre de 1957 el Sputnik 1 se había convertido en el primer satélite artificial de la Tierra. Hoy no parece gran cosa: miles de satélites cruzan el cielo cada día, docenas de satélites de telecomunicaciones nos conectan con el mundo. Sin embargo, todo empezó el 4 de octubre de 1957, cuando yo aún no completaba una década de vida. Después siguió la perra Laika, más satélites, sobre todo estadounidenses, pero nunca un hombre a bordo.
Aquel 12 de abril de 1961 Yuri Gagarin salió de Baikonur en la nave Vostok 1, cruzó la parte norte de Asia, empezó a bajar hacia el sur y entró al océano Pacífico por el norte de Vladivostok. Cruzó la noche del Pacífico en diagonal, hasta pasar al sur de Punta Arenas, cerca de la península antártica. Enfiló hacia el norte por el océano Atlántico, cruzó África entrando por Angola y salió por Egipto. Atravesó el extremo oriental del Mediterráneo, Turquía y el mar Negro para terminar aterrizando unos 300 km al suroriente de Moscú. Esa epopeya de un joven ruso de veintisiete años rompió nuestra ligazón gravitacional al globo terráqueo; por primera vez en la historia del hombre alguien flotaba ingrávido en el espacio.
El 27 de marzo de 1968, mientras realizaba un vuelo de rutina con el instructor de vuelos Vladimir Seryogin en un avión MIG-15UTI, Gagarin sufrió un accidente que le costó la vida. Las causas nunca fueron aclaradas del todo, pero ese día había mal tiempo y tal parece ser que un avión Sukhoi 15 pasó muy cerca del avión de Gagarin y Seryogin, rompiendo la barrera del sonido a baja altura. Eso descontroló y el Mig cayó.

(El hombre a la luna) Algunos dicen que un indicio de montaje es que la bandera que clavó Neil Armstrong en suelo lunar “flameaba”. Esto probaría que “había aire” en el lugar, cosa que en la Luna es imposible. Sin embargo, sabemos que la bandera tenía un alambre en su parte superior para que colgara bien. Al clavarla, la estructura del mástil y el alambre osciló y, como no hay aire en la Luna, la bandera se movió por más tiempo que el que lo habría hecho en la Tierra. La oscilación no se disipaba por la falta de atmósfera; es decir, fue la misma falta de aire lo que “hizo” flamear la bandera.
Otro argumento en favor de la teoría conspirativa es que en las imágenes de los astronautas en la Luna se ve un cielo negro y sin estrellas. Pues bien, el rango dinámico de las cámaras era limitado en ese entonces y en la Luna existe tanta luz que las exposiciones estaban calculadas para destacar bien a los astronautas, por lo cual era imposible que salieran estrellas en las fotos (las estrellas son miles de veces más débiles que la luz ambiente en la Luna). Si todo hubiese sido un truco, un montaje, no habría habido problemas en inventar estrellas en un telón de fondo. Pero si el telón de fondo hubiese estado lleno de estrellas, hubiese sido una prueba inequívoca de que todo era falso. Y no hay estrellas de fondo.

Con el Apolo 17 se cierra el ciclo del programa Apolo. Pese a haberse programado para los viajes de las naves 18, 19 y 20, la misión lunar terminó con el Apolo 17. El 4 de enero de 1970 se suspendió el vuelo del Apolo 20 para usar ese impulsor (Saturno V) y poner en órbita el SkyLab, un laboratorio en órbita. Finalmente, el 2 de septiembre de 1970 fueron cancelados los vuelos de los Apolo 18 y 19. El presidente Nixon quiso incluso cancelar los vuelos del Apolo 16 y 17, pero, afortunadamente, esas cancelaciones no ocurrieron.
En los años setenta se desarrollaron cuatro proyectos espaciales: el SkyLab, las estaciones Salyut, la estación Mir y el proyecto Apolo-Soyuz, una colaboración entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Alrededor de cada estrella hay una media docena de planetas, algunos muy cercanos, como Mercurio y Venus en nuestro sistema, y otros muy alejados, como Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Sin embargo, alrededor de cada estrella debe haber, a lo menos, un planeta a la distancia justa, en la zona habitable, donde, si hubiese agua, esta podría estar líquida a una buena temperatura. Esto nos lleva a 20.000.000.000.000.000.000.000 de planetas como la Tierra, esto es, veinte mil trillones de planetas en el universo observable. Si la vida surgió en la Tierra, debe haberlo hecho también en muchos sitios más. Aquí la vida se demoró menos de 1.000.000.000 de años en surgir (la edad de la Tierra es de 4.600.000.000 de años).
El universo debe estar lleno de vida, pero como las distancias entre las estrellas son enormes, entre un planeta con vida y el siguiente más cercano debe haber aproximadamente unos ciento cincuenta años luz de distancia.
Ojalá el ser humano logre algún día tener certeza acerca de la existencia de alguna forma de vida en otro planeta, en torno a otra estrella. Por el momento, ir a explorar la vida en otro sitio se ve como una empresa muy difícil y, por ende, muy remota. Por ahora tendremos que conformarnos con ir conociendo cada vez un mayor número de exoplanetas y tratar de averiguar si poseen atmósferas (condición esencial para que sobre su superficie exista agua líquida), y si esta se constituye de oxígeno o vapor de agua.
A fines de 2017, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, expresó su voluntad de ir a la Luna nuevamente, instalar una base y desde ella, eventualmente, emprender un viaje tripulado a Marte. Logísticamente, una base en la Luna es el siguiente paso en complejidad después de la Estación Espacial Internacional (EEI). Quizás, para ir y venir a la superficie de la Luna, la estrategia lleve a construir una estación espacial orbital en torno a la Luna. Así, el viaje podría tener tres tramos bien diferenciados y la logística podría ser más sencilla. Las estaciones espaciales orbitales podrían ser verdaderas áreas de servicio en el camino. Allí se podrían reabastecer de combustible, provisiones, ayuda técnica, etcétera.
Una base lunar se parecería a las bases árticas o antárticas de hoy en la Tierra, donde el personal está asignado por un año y luego regresa a su cotidianeidad. Es muy difícil que un ser humano pueda volver a vivir en la Tierra si se queda por más de un año. La adaptación a una gravedad seis veces menor le hará perder mucha masa ósea y muscular. Al regresar a la Tierra encontrará que la fuerza de gravedad terrestre es demasiada: ¡no se acostumbrará a pesar seis veces más!
Como la rotación y la translación lunar en torno a la Tierra están en perfecta sincronía, la Luna muestra siempre la misma cara a la Tierra. Por esa razón, hay una cara de la Luna que no vemos nunca (desde allá jamás se ve la Tierra): es la llamada “cara oculta” de la Luna. Erróneamente, algunos se refieren a ella como la cara oscura de la Luna. No, el Sol va iluminando progresivamente en el curso de un mes toda la Luna.
Si se confirma categóricamente la existencia de agua sólida (hielo) en los polos lunares, habría buenas razones para instalar cerca de ellos una base permanente. Si se establecen satélites sincrónicos para telecomunicaciones en la Luna para telecomunicaciones, no habría problema alguno en instalar la base en la cara oculta de la Luna. Un satélite que gire con la misma velocidad angular que la Luna (que tenga un período de 27,3 días) estaría muy alto sobre el suelo lunar, y con tres de ellos se podría cubrir perfectamente la comunicación desde la Tierra con cualquier base lunar.
Una base lunar cerca del polo, idealmente en la cara oculta de la Luna, sería un laboratorio formidable.

Marte tiene una rotación en torno a un eje muy parecida a la de la Tierra. El día marciano es de 24 horas con 40 minutos. Además, el eje está inclinado con respecto a la perpendicular a la órbita en 25,2°, mientras que el eje de la Tierra está inclinado en 23,5°. Como esa inclinación es la que determina las estaciones, existen en Marte, al igual que en la Tierra: primavera, verano, otoño e invierno. La diferencia es que las estaciones en Marte duran el doble, porque el año marciano es de 687 días, casi dos años terrestres. Las estaciones duran en promedio 172 días, es decir, casi seis meses terrestres cada una. Como la órbita de Marte es bastante más elíptica que la terrestre, las estaciones cerca del perihelio duran bastante menos que las que ocurren en la parte opuesta. Las estaciones “cortas” duran entre 146 y 160 días, mientras que las “largas” duran entre 182 y 199 días. La secuencia día/noche en Marte es tan parecida a la de la Tierra que el ritmo circadiano de los terrícolas que se avecinden en Marte no se va a ser alterar por esos 40 minutos de diferencia. El ritmo circadiano tiene que ver con los períodos de vigilia y de sueño de los seres humanos, asociados al día de 24 horas, que se traducen en ligeros cambios cíclicos en la temperatura corporal.
Para tener imágenes detalladas de la superficie marciana fue necesario esperar la visita que hicieron al planeta las primeras sondas espaciales, como los Mariner y luego los Viking. Actualmente se han enviado sondas robóticas que han operado por mucho tiempo desplazándose por la superficie y estudiando la composición del suelo.
En 2018 Marte estará en oposición, el 27 de julio, a tan solo 57.000.000 km, mientras que en 2020 la oposición todavía será bastante buena (62.000.000 km), pero las siguientes no serán así (ver tabla). Para ir a Marte hay una ventana de oportunidad cada dos años y dos meses, cuando recurren las oposiciones, pero cada quince años las circunstancias más favorables vuelven a repetirse. El hombre debería pensar en ir a visitar Marte en 2033 o particularmente en 2035. Nos quedan solo 17 años, y como no es nada fácil, debemos apurarnos. La siguiente oportunidad realmente favorable no vendrá hasta 2050.
La diferencia en el tiempo de viaje es de 8 meses a 9,5 meses. Para realizarlo en menos tiempo la nave debe acelerar más y alcanzar una mayor velocidad, pero luego debe “frenar” para llegar a Marte a la velocidad con que Marte se desplaza en el sistema solar (de 24,2 km/s). Para acelerar y frenar la nave debe gastar combustible, que es siempre un bien escaso. El problema con el viaje “de energía mínima” es que tomará cerca de dos años entre la ida y el regreso. Eso representa un enorme desafío para la salud de los astronautas, pues en la nave la protección que tendrán de los rayos cósmicos será deficiente.
Al comenzar el siglo xx el imaginario popular no dudaba de la existencia de “los marcianos”. Se escribieron libros, artículos, canciones. Una canción nos decía “Los marcianos llegaron ya…”, mientras otra más romántica nos invitaba a pensar en una “marcianita, linda y bella”. Desgraciadamente, la exploración espacial del planeta rojo puso un violento final a esas especulaciones. Las imágenes nos lo muestran como un gran desierto, con una atmósfera muy tenue, que “casi” no tiene agua y que no tiene hoy las condiciones para albergar forma de vida alguna.

Marte es rojo porque el hierro presente en sus rocas se oxidó hace mucho tiempo, cuando el planeta contenía mucha más agua que hoy, y su atmósfera era más densa y tenía más oxígeno. Marte posee agua en los polos y bajo la superficie. Si toda el agua se derritiera y quedara en forma líquida, podría cubrir el planeta entero con 35 metros, esto si el planeta fuese una esfera perfectamente suave. Los científicos piensan que Marte pudo haber tenido océanos, lagos y ríos hace 3.500.000.000 de años, cuando la presión atmosférica y la temperatura del suelo marciano eran más altas. La atmósfera hoy contiene un 96% de anhídrido carbónico, CO2, mientras el argón y el nitrógeno hacen un 3,8% con solo trazas de oxígeno y vapor de agua. La atmósfera marciana es unas cien veces menos densa que la de la Tierra, por lo que la presión atmosférica de la superficie de Marte es muy baja, y corresponde apenas a un 1% de la presión atmosférica en la superficie terrestre. Por eso, la presencia de líquidos en la superficie del planeta rojo es imposible; sin presión atmosférica o con una muy baja los líquidos pasan a vapor directamente. Solo puede haber materia sólida o gaseosa en Marte. Por la falta de líquidos (agua) y de oxígeno en su atmósfera, la presencia de cualquier forma de vida en Marte se ve muy difícil o simplemente imposible. En Marte pudo haber habido vida, cuando había agua líquida, pero hoy no.
Marte tiene las mayores tormentas de arena del sistema solar. Pese a que su atmósfera es muy tenue, se generan fuertes vientos de hasta 100 km por hora. Esos vientos levantan arena del suelo y producen una tormenta que en ocasiones cubre el planeta entero por meses. Las tormentas de arena deben ser tenidas en cuenta a la hora de pensar en operar una colonia en Marte.
Un gran obstáculo para la vida en Marte es el control de temperatura del astronauta. La NASA tiene experiencia controlando temperaturas extremas con astronautas en trajes espaciales que están externamente en el vacío. En Marte hay un aire tenue, pero hay aire. Si la temperatura exterior es de -70 °C, no es lo mismo en el vacío o en la atmósfera marciana. En la Estación Espacial Internacional (EEI), cuando un astronauta está en una caminata en el exterior y el Sol incide en su traje, se puede elevar notoriamente la temperatura al interior del atuendo; inversamente, en la sombra, la temperatura puede llegar a ser muy baja. La brisa en Marte pone una dificultad adicional al control térmico del astronauta. El traje deberá estar presurizado y ser cómodo y flexible; en Marte los diseños deberán contemplar la existencia de un aire tenue en el exterior.

Elon Musk, el líder de Tesla Motors y de SpaceX, cree que su compañía enviará la primera misión robótica a Marte en 2020 y la primera misión tripulada en 2024. Un gran paso en esa dirección lo dio SpaceX con el lanzamiento del cohete Falcon Heavy el 6 de febrero de 2018, el más poderoso desde el Saturno V. Son tres cohetes Falcon 9 puestos a trabajar juntos. A bordo incluyó un automóvil Tesla, modelo Roadster, que va en ruta a Marte y tomará una órbita alrededor del Sol. Elon Musk acaricia la idea de transformar nuestra sociedad en una biplanetaria. Según él, los riesgos que corremos en el planeta Tierra son tales que debemos a la brevedad transformarnos en una sociedad multiplanetaria para asegurar nuestra continuidad frente a diversas catástrofes que pueden asolarnos aquí en la Tierra. La más notoria es la caída de un meteorito como el que mató a los dinosaurios y el 85% de las especies vivas en la Tierra hace 65.000.000 de años. Si algo así volviese a ocurrir, y la civilización humana estuviese afincada en la Tierra y en Marte, después de la catástrofe el ser humano podría volver a recolonizar la Tierra, cuando las condiciones ambientales volviesen a ser normales. La idea de Elon Musk es poner a un millón de seres humanos en el planeta Marte en un siglo.
Por supuesto, la colonización de Marte tendrá que ir haciéndose por etapas; los colonos deberán preparar el lugar donde vivirán los colonos de la temporada siguiente. Arquitectos, ingenieros y toda clase de técnicos serán indispensables en las primeras temporadas en el planeta rojo; así también ingenieros agrónomos y biotecnólogos, quienes deberán preparar la comida y el oxígeno para los siguientes invitados. Por primera vez tendremos la posibilidad de planear ciudades incluyendo todos sus aspectos, desde cero.
Tanto SpaceX como Blue Origin, empresa del multimillonario Jeff Bezos, dueño de Amazon, hablan seriamente de llegar a la Luna y a Marte por sus propios medios. Musk siempre ha criticado a la NASA por gastar cantidades desproporcionadas de dinero para construir cohetes y naves. Según Musk, a ellos les costó 500.000.000 de dólares desarrollar el Falcon Heavy, mientras que la NASA ha gastado 32.000.000.000 en desarrollar un cohete equivalente. Desde la distancia, a los precios de NASA es muy difícil que la conquista del espacio no sea procrastinada por los gobiernos una y otra vez. Sin embargo, empresas como Space X y Blue Origin parecen tener mayores probabilidades de éxito donde NASA y ESA parecen estar aún algo estancados.

Larry Troups y Stephen Hoffman, de NASA, distinguen cuatro zonas distintas para las colonias marcianas:
• Zona habitada: el corazón de la base. Donde viven los astronautas/colonos, se hace investigación, almacenamiento logístico y unidades para hacer agricultura.
• Zona de potencia: plantas nucleares o solares deben estar aisladas de la tripulación y del resto de la infraestructura, particularmente si son plantas nucleares.
• Zona de despegue y aterrizaje: de donde despegan y aterrizan (amartizan) las naves. Eventualmente se pueden fabricar los combustibles para impulsar los cohetes.
• Zona de aterrizaje de carga: ubicada más cerca del área habitada, estas zonas son áreas de transporte para la carga que está llegando a la colonia.
Diversos robots ayudarán a los astronautas en la exploración y estudio del planeta rojo. Robots-insectos voladores, robots-canguros que se desplacen a saltos, robots-serpientes que se deslicen por el terreno y otras formas ayudarán en a explorar el planeta.

La codicia y la ambición del ser humano han hecho mucho daño en nuestro planeta, pero no me cabe la menor duda de que la inteligencia del ser humano, a la larga, prevalecerá.

It is an interesting and entertaining work. Understandable to anyone with minimal knowledge. Very graphic and illustrative. It can lead to error the title, a book about the red planet that goes on another topic. Namely, the space race.
If someone seeks to learn about the red planet and space exploration, this book is not about that. Basically it talks about the Apollo missions, so the book is completely fine but others must be read.

The idea of ​​the plurality of inhabited worlds has a long history. Many people have asked themselves, looking at the cosmos, whether the Earth will be the only living place in the entire universe or, on the contrary, we will be an island in a huge archipelago of inhabited places in the cosmos. Before Copernicus this subject could hardly be conceived, since both the Moon and the planets were totally different from the Earth and the Sun. The great Aristotle taught it that way, and for fifteen hundred years the vision of the Stagirite impregnated Western Christian wisdom. The sky, from the Moon, was made of a fifth essence that was perennial, perfect, divine. However, things changed from 1543, when Nicolaus Copernicus published his great treatise On the Revolutions of the Celestial Spheres. In this work it is stated that the center of the universe is the Sun and that our Earth is just one more planet orbiting it. If the Sun is the center of everything and Mercury, Venus, Earth, Mars, Jupiter and Saturn are small bodies that revolve around them, the Renaissance cosmos would expand enormously …
The idea of ​​”beings from other worlds” remained in European intellectual circles, but nobody wanted to follow the path of Giordano Bruno and those ideas were not publicly exposed until the end of the seventeenth century, when two intellectuals, a Frenchman and a Dutchman, presented again. Bernard Le Bovier de Fontenelle, French intellectual and scientist, who later became perpetual secretary of the French Academy of Sciences, published in 1686 an interesting book entitled Conversations on the plurality of the worlds. In the book, in a conversation with a curious and young Marchioness in a country house, she exposes the idea that the Moon and the planets are inhabited by beings of diverse characteristics that the author does not hesitate to venture.
The conquest of space or, rather, the conquest of technology that would enable man to leave space, had begun some years before. On October 4, 1957 Sputnik 1 had become the first artificial satellite on Earth. Today it does not seem like much: thousands of satellites cross the sky every day, dozens of telecommunications satellites connect us with the world. However, everything started on October 4, 1957, when I still had not completed a decade of life. Then came the dog Laika, more satellites, mostly Americans, but never a man on board.
On April 12, 1961, Yuri Gagarin left Baikonur on the ship Vostok 1, crossed the northern part of Asia, began to descend to the south and entered the Pacific Ocean through the north of Vladivostok. He crossed the night of the Pacific diagonally, until passing south of Punta Arenas, near the Antarctic Peninsula. He headed north through the Atlantic Ocean, crossed Africa through Angola and left for Egypt. It crossed the eastern end of the Mediterranean, Turkey and the Black Sea to finish landing about 300 km southeast of Moscow. That epic of a young twenty-seven-year-old Russian broke our gravitational link to the globe; For the first time in the history of man, someone floated weightlessly in space.
On March 27, 1968, while on a routine flight with flight instructor Vladimir Seryogin on a MIG-15UTI plane, Gagarin suffered an accident that cost him his life. The causes were never fully clarified, but that day there was bad weather and it seems that a Sukhoi 15 plane passed very close to the plane of Gagarin and Seryogin, breaking the sound barrier at low altitude. That got out of control and the crash Mig.

(Man to the moon) Some say that an indication of montage is that the flag that Neil Armstrong nailed to the moon “flamed”. This would prove that “there was air” in the place, something that is impossible on the Moon. However, we know that the flag had a wire on its top to hang properly. When nailing it, the structure of the mast and the wire oscillated and, as there is no air in the Moon, the flag moved for longer than it would have done on Earth. The oscillation was not dissipated by the lack of atmosphere; that is, it was the same lack of air that “made” the flag flutter.
Another argument in favor of the conspiracy theory is that in the images of astronauts on the Moon you can see a black sky without stars. Well, the dynamic range of the cameras was limited at the time and there is so much light on the Moon that the exposures were calculated to make the astronauts stand out well, so it was impossible for stars to appear in the photos (the stars are thousands of times weaker than the ambient light on the Moon). If everything had been a trick, a montage, there would have been no problems in inventing stars in a backdrop. But if the backdrop had been full of stars, it would have been unequivocal proof that everything was false. And there are no background stars.

With the Apolo 17 the Apolo program cycle is closed. Despite being scheduled for the trips of ships 18, 19 and 20, the lunar mission ended with Apollo 17. On January 4, 1970 the flight of Apollo 20 was suspended to use that impeller (Saturn V) and put into orbit the SkyLab, a laboratory in orbit. Finally, on September 2, 1970, the flights of Apollo 18 and 19 were canceled. President Nixon even wanted to cancel Apollo 16 and 17 flights, but, fortunately, those cancellations did not occur.
In the seventies, four space projects were developed: the SkyLab, the Salyut stations, the Mir station and the Apollo-Soyuz project, a collaboration between the United States and the Soviet Union.

Around each star there are half a dozen planets, some very close, such as Mercury and Venus in our system, and others very far away, such as Jupiter, Saturn, Uranus and Neptune. However, around each star there must be, at least, one planet at the right distance, in the habitable zone, where, if there were water, it could be liquid at a good temperature. This brings us to 20,000,000,000,000,000,000,000 of planets like Earth, that is, twenty thousand trillion planets in the observable universe. If life arose on Earth, it must have done it in many other places as well. Here life was delayed less than 1,000,000,000 years to emerge (the age of the Earth is 4,600,000,000 years).
The universe must be full of life, but since the distances between the stars are enormous, between a planet with life and the next closest there must be approximately one hundred and fifty light-years away.
Hopefully the human being will one day be certain about the existence of some form of life on another planet, around another star. For the moment, going to explore life in another place is seen as a very difficult and, therefore, very remote enterprise. For now we will have to settle for knowing each time a greater number of exoplanets and try to find out if they have atmospheres (an essential condition for liquid water to exist on their surface), and if this is constituted by oxygen or water vapor.
At the end of 2017, the president of the United States, Donald Trump, expressed his willingness to go to the moon again, install a base and from there, eventually, undertake a manned trip to Mars. Logistically, a base on the Moon is the next step in complexity after the International Space Station (ISS). Perhaps, to come and go to the surface of the Moon, the strategy leads to build an orbital space station around the Moon. Thus, the trip could have three differentiated sections and the logistics could be easier. The orbital space stations could be real service areas along the way. There they could refuel, supplies, technical assistance, etc.
A lunar base would resemble the Arctic or Antarctic bases of today on Earth, where the staff is assigned for one year and then returns to their daily lives. It is very difficult for a human being to return to live on Earth if he stays for more than a year. Adapting to a severity six times lower will make you lose a lot of bone and muscle mass. When you return to Earth you will find that the force of gravity on Earth is too much: you will not get used to weighing six times more!
As the rotation and the lunar translation around the Earth are in perfect synchrony, the Moon always shows the same face to the Earth. For that reason, there is a face of the Moon that we never see (the Earth is never seen from there): it is the so-called “hidden face” of the Moon. Erroneously, some refer to it as the dark side of the Moon. No, the Sun is progressively illuminating the entire Moon over the course of a month.
If the existence of solid water (ice) is strongly confirmed at the lunar poles, there would be good reason to install a permanent base near them. If synchronous satellites are set up for telecommunications on the Moon for telecommunications, there would be no problem in installing the base on the hidden side of the Moon. A satellite that rotates with the same angular velocity as the Moon (which has a period of 27.3 days) would be very high on the lunar soil, and with three of them it could perfectly cover the communication from Earth with any moon base.
A lunar base near the pole, ideally on the hidden side of the Moon, would be a formidable laboratory.

Mars has a rotation around an axis very similar to that of Earth. The Martian day is 24 hours with 40 minutes. In addition, the axis is inclined with respect to the perpendicular to the orbit at 25.2 °, while the Earth’s axis is inclined at 23.5 °. As that inclination determines the seasons, they exist on Mars, as on Earth: spring, summer, autumn and winter. The difference is that the stations on Mars last twice as long, because the Martian year is 687 days, almost two Earth years. The stations last an average of 172 days, that is, almost six terrestrial months each. Because the orbit of Mars is much more elliptical than the Earth’s, the stations near the perihelion last much less than those that occur on the opposite side. The “short” seasons last between 146 and 160 days, while the “long” ones last between 182 and 199 days. The day / night sequence on Mars is so similar to that of Earth that the circadian rhythm of the earthlings that come to Mars is not going to be altered by those 40 minutes of difference. The circadian rhythm has to do with the periods of wakefulness and sleep of human beings, associated with the 24-hour day, which translates into slight cyclic changes in body temperature.
To have detailed images of the Martian surface, it was necessary to wait for the visit made to the planet by the first space probes, such as the Mariner and then the Viking. Currently, robotic probes have been sent that have operated for a long time moving around the surface and studying the composition of the soil.
In 2018 Mars will be in opposition, on July 27, only 57,000,000 km, while in 2020 the opposition will still be quite good (62,000,000 km), but the following will not be so (see table). To go to Mars there is a window of opportunity every two years and two months, when the oppositions recur, but every fifteen years the most favorable circumstances recur. The man should think about going to visit Mars in 2033 or particularly in 2035. We are only 17 years old, and since it is not easy, we must hurry. The next really favorable opportunity will not come until 2050.
The difference in travel time is from 8 months to 9.5 months. To do it in less time the ship must accelerate more and reach a higher speed, but then must “brake” to reach Mars at the speed with which Mars moves in the solar system (24.2 km / s). To accelerate and brake the ship must spend fuel, which is always a scarce commodity. The problem with the “minimum energy” trip is that it will take about two years between the trip and the return trip. That represents a huge challenge for the health of the astronauts, because in the ship the protection they will have from the cosmic rays will be deficient.
At the beginning of the twentieth century the popular imagination did not doubt the existence of “the Martians”. They wrote books, articles, songs. One song told us “The Martians came already …”, while another more romantic invited us to think of a “marcianita, pretty and beautiful”. Unfortunately, the space exploration of the red planet put a violent end to these speculations. The images show it to us like a great desert, with a very tenuous atmosphere, that “almost” does not have water and that it does not have the conditions today to shelter any form of life.

Mars is red because the iron present in its rocks oxidized a long time ago, when the planet contained much more water than today, and its atmosphere was denser and had more oxygen. Mars has water at the poles and below the surface. If all the water melted and remained in liquid form, it could cover the entire planet with 35 meters, if the planet were a perfectly smooth sphere. Scientists think that Mars could have had oceans, lakes and rivers 3,500,000,000 years ago, when atmospheric pressure and Martian soil temperature were higher. The atmosphere today contains 96% carbon dioxide, CO2, while argon and nitrogen make 3.8% with only traces of oxygen and water vapor. The Martian atmosphere is a hundred times less dense than that of the Earth, so the atmospheric pressure of the surface of Mars is very low, and corresponds to only 1% of the atmospheric pressure on the Earth’s surface. Therefore, the presence of liquids on the surface of the red planet is impossible; without atmospheric pressure or with a very low the liquids go directly to vapor. There can only be solid or gaseous matter on Mars. Due to the lack of liquids (water) and oxygen in its atmosphere, the presence of any form of life on Mars is very difficult or simply impossible. On Mars there could have been life, when there was liquid water, but not today.
Mars has the biggest sandstorms in the solar system. Although its atmosphere is very thin, strong winds of up to 100 km per hour are generated. These winds lift sand from the ground and produce a storm that sometimes covers the entire planet for months. Sandstorms must be taken into account when thinking about operating a colony on Mars.
A great obstacle to life on Mars is the astronaut’s temperature control. NASA has experience controlling extreme temperatures with astronauts in spacesuits that are externally in a vacuum. On Mars there is a faint air, but there is air. If the outside temperature is -70 ° C, it is not the same in the vacuum or in the Martian atmosphere. On the International Space Station (ISS), when an astronaut is on a walk outside and the Sun strikes his suit, the temperature can be markedly elevated inside the outfit; conversely, in the shade, the temperature can become very low. The breeze on Mars puts an additional difficulty to the astronaut’s thermal control. The suit must be pressurized and comfortable and flexible; On Mars the designs should contemplate the existence of a faint air on the outside.

Elon Musk, the leader of Tesla Motors and SpaceX, believes that his company will send the first robotic mission to Mars in 2020 and the first manned mission in 2024. A big step in that direction was given by SpaceX with the launch of the Falcon Heavy rocket. February 6, 2018, the most powerful since Saturn V. There are three Falcon 9 rockets put to work together. On board included a Tesla car, Roadster model, which goes en route to Mars and will take an orbit around the Sun. Elon Musk caresses the idea of ​​transforming our society into a biplanetary. According to him, the risks we run on the planet Earth are such that we must shortly transform into a multiplanetary society to ensure our continuity in the face of various catastrophes that can devastate us here on Earth. The most notorious is the fall of a meteorite like the one that killed dinosaurs and 85% of living species on Earth 65,000,000 years ago. If something like that happened again, and human civilization was settled on Earth and Mars, after the catastrophe the human being could recolonize the Earth, when the environmental conditions returned to normal. The idea of ​​Elon Musk is to put a million human beings on the planet Mars in a century.
Of course, the colonization of Mars will have to be done in stages; the colonists must prepare the place where the colonists of the following season will live. Architects, engineers and all kinds of technicians will be indispensable in the first seasons on the red planet; so also agronomists and biotechnologists, who will have to prepare food and oxygen for the following guests. For the first time we will have the possibility to plan cities including all aspects, from scratch.
Both SpaceX and Blue Origin, company of billionaire Jeff Bezos, owner of Amazon, talk seriously about reaching the Moon and Mars by their own means. Musk has always criticized NASA for spending disproportionate amounts of money to build rockets and ships. According to Musk, it cost them $ 500,000,000 to develop the Falcon Heavy, while NASA has spent $ 32,000,000,000 to develop an equivalent rocket. From a distance, at the prices of NASA it is very difficult that the conquest of space is not procrastinated by governments over and over again. However, companies like Space X and Blue Origin seem to have a greater chance of success where NASA and ESA seem to be still somewhat stagnant.

Larry Troups and Stephen Hoffman, from NASA, distinguish four distinct zones for the Martian colonies:
• Zone inhabited: the heart of the base. Where the astronauts / colonists live, research, logistical storage and units for agriculture are done.
• Power zone: nuclear or solar plants must be isolated from the crew and the rest of the infrastructure, particularly if they are nuclear plants.
• Take-off and landing zone: where the ships take off and land (dock). Eventually fuel can be manufactured to propel the rockets.
• Loading landing area: located closer to the inhabited area, these areas are transport areas for the cargo that is arriving at the colony.
Various robots will help the astronauts in the exploration and study of the red planet. Robots-flying insects, robot-kangaroos that move in jumps, robots-snakes that slide through the terrain and other forms will help in exploring the planet.

The greed and ambition of the human being have done a lot of damage on our planet, but I have no doubt that the intelligence of the human being, in the long run, will prevail.

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