Tres Días En El Valle. Mi Experiencia Benedictina — Javier Fesser Pérez / Three Days in Cuelgamuros (Hangmills). My Benedictine Experience by Javier Fesser Pérez (spanish book edition)

Si Dios estuvo de acuerdo con la construcción de este templo podría haber dejado hecho el boquete cuando creó la montaña, porque es demostrable que a los dos mil seiscientos cuarenta y tres obreros que tuvieron que hacerlo en su lugar les llevó casi veinte años y más de un disgusto, sobre todo teniendo en cuenta que algunos de ellos estaban encadenados por el tobillo a una bolita de acero, incomodísima cuando se trabaja en terreno escarpado. El padre Marceliano comenta que la humedad es el gran problema de toda la basílica porque la piedra está colocada pegada a la roca original y que arreglar aquello sería «un obrón». Me imagino inmediatamente la magnitud de la hipotética reforma de la basílica excavada en la roca para dejar una cámara de aire entre la montaña horadada y los setecientos cincuenta mil millones de toneladas de piedra tallada y colocada a lo largo de dos decenios por mano de obra en oferta tres por uno y le doy la razón sin rechistar.

El no tener cuarto de baño me exime de asearme y que además ellos tampoco se han cambiado de ropa y siguen de negro. Como eso no me consuela pienso que me quiero a mí mismo y me acepto tal y como soy. Los pájaros cantan y las nubes se levantan, así que apago el ordenador y me dispongo a dar un paseo. Y caminando caminando llego a la base de la cruz, a mil ochocientos cincuenta metros de altura. Mis pulmones llegan, puntuales, diez minutos más tarde. Las estatuas de Juan de Ávalos me parecen mucho más grandes de lo que recordaba. Y las recordaba gigantescas. No comprendo cómo se puede esculpir algo de semejantes dimensiones. Es el vértigo hecho piedra. ¿Por dónde habrá empezado el escultor? Seguro que tenía un ayudante que era de verdad el que le sacaba las castañas del fuego… Los monjes muertos son como los vivos sólo que no se mueven. Siguen siendo monjes, por así decirlo, pero sin hacer gasto.

Capítulo XXVIII
De los que muchas veces corregidos no quieren enmendarse
Si un monje, corregido con frecuencia por cualquier culpa, y si también excomulgado, no se enmendare, aplíquesele más riguroso castigo, esto es, procédase contra él hasta azotarle. Pero si ni aun así se corrigiere, o si tal vez (lo que Dios no permita), lleno de soberbia, intentase incluso justificar su conducta, entonces haga el abad lo que un sabio médico: si después de haber aplicado fomentos y lenitivos de exhortaciones, medicamentos de las divinas escrituras y, por último, el cauterio de la excomunión o la escarificación de los azotes, aun así advierte que naba obtiene con su industria, úsese entonces lo que es más eficaz su oración por él y la de todos los monjes, a fin de que el Señor, que todo lo puede, obre la salud en el hermano enfermo.
O sea, al final, todos los marrones para Dios.

La comida de hoy es muy similar a la de los dos días anteriores, con la particularidad de que ya está pagada. Tampoco hay narración durante el almuerzo. Como es viernes escuchamos música clásica. No está en su mesa el padre Marceliano y me angustia pensar que él también haya salido del convento y no pueda despedirme de él. Nunca llegamos a pasear juntos por la galería, uno marcha adelante y otro marcha atrás, ni he podido yo enriquecerme con su punto de vista sobre la historia que me ha traído hasta su casa, pero no estoy dispuesto a abandonar el lugar sin decirle adiós. Con firme decisión regreso por última vez a mi celda y me echo una siesta de hora y cuarenta minutos. Luego recojo todo, agarro mi maleta.

Me pareció que precisamente la falta de pretensiones de este relato y la sinceridad tan noble con la que está contada la experiencia personal de este director en tan variopinto lugar, hacen de ésta novela corta una lectura interesante sin embargo empieza con una premisa increíble viniendo del director (que se va a pasar un fin de semana de retiro espiritual… al Monasterio del Valle de los Caídos!!) pero termina siendo nada, un simple libro de viajes, con poca cosa que contar. Una pena aunque entretiene.

 

 

 

If God agreed with the construction of this temple, he could have left the gap when he created the mountain, because it is demonstrably that the twenty-four hundred and forty-three workers who had to do it in their place took them almost twenty years and more. a dislike, especially considering that some of them were chained by the ankle to a steel ball, uncomfortable when working in steep terrain. Father Marceliano comments that humidity is the great problem of the entire basilica because the stone is placed next to the original rock and that fixing it would be “an obstacle”. I immediately imagine the magnitude of the hypothetical reform of the basilica carved into the rock to leave an air chamber between the perforated mountain and the seven hundred and fifty thousand million tons of stone carved and placed over two decades by labor in offer three for one and I give the reason without complaint.

Not having a bathroom exempts me from cleaning up and that they also have not changed their clothes and they are still in black. Since that does not comfort me, I think that I love myself and accept myself as I am. The birds are singing and the clouds are rising, so I turn off the computer and I am about to take a walk. And walking, I reach the base of the cross, one thousand eight hundred and fifty meters high. My lungs arrive, punctual, ten minutes later. The statues of Juan de Ávalos seem to me much larger than I remembered. And he remembered them gigantic. I do not understand how you can sculpt something of such dimensions. It is the vertigo made of stone. Where will the sculptor start? Surely he had an assistant who was really the one who took the chestnuts out of the fire … Dead monks are like the living only they do not move. They are still monks, so to speak, but without spending.

Chapter XXVIII
Of those who often corrected do not want to amend
If a monk, often corrected for any fault, and if also excommunicated, is not amended, apply more rigorous punishment, that is, proceed against him until he is beaten. But even if it is not corrected, or if perhaps (what God does not allow), full of arrogance, even try to justify their behavior, then make the abbot what a wise doctor: if after applying encouragement and leniency of exhortations , medicines of the divine writings and, finally, the cautery of the excommunication or the scarification of the whips, still warns that Naba obtains with his industry, then use what is more effective his prayer for him and for all the monks , in order that the Lord, who can do all things, may work health in the sick brother.
That is, in the end, all sins for God.

Today’s food is very similar to the previous two days, with the peculiarity that it is already paid. Nor is there narration during lunch. Since it’s Friday, we listen to classical music. Father Marceliano is not at your table and I am anguished to think that he has also left the convent and I can not say goodbye to him. We never got to walk around the gallery together, one marches forward and another reverses, nor have I been able to enrich myself with his point of view about the history that has brought me to his house, but I am not willing to leave the place without saying goodbye. With firm decision I return for the last time to my cell and I nap for an hour and forty minutes. Then I collect everything, I grab my suitcase.

It seemed to me that precisely the lack of pretensions of this story and the noble sincerity with which the personal experience of this director is told in such a varied place, make this short novel an interesting reading, however it begins with an incredible premise coming from the director (which is going to spend a weekend of spiritual retreat … to the Monastery of The Valle de los Caídos!) but ends up being nothing, a simple travel book, with little to tell. A pity though entertains.

 

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